=9. Tus sueños son primero…=

Si se ponía a hacer cuentas, entre Londres y Munich había aproximadamente mil y tantos kilómetros de distancia. En avión, podía hacer dos horas de vuelo. El huso horario era el mismo. Pero grabaría 5 días a la semana, desde las 9 de la mañana hasta las 5, incluso a veces más tiempo si las escenas lo ameritaban. Si viajaba dos días a la semana llegaría a las 7 a Munich y tendría que regresar a las 10 para llegar a la media noche y dormir. Y aunque el horario podía cambiar, sus fines de semana no eran seguros pues muchas veces también esos días tenía cosas que hacer. Y sí tenía que admitirlo, no le gustaba que su mente estuviera maquinando ya esos horarios. Y sí tenía que sincerarse, no le gustaba nada, lo que iba a ocurrir.

Mientras caminaba por las calles de Munich con rumbo al campo de entrenamiento del Bayern para ver a Stephan entrenar en su jornada sabatina, Arianne mostraba un semblante triste y preocupado. Sus brazos permanecían cruzados en torno a ella, como di deseara abrazarse y un terrible dolor de cabeza, peor que cualquier resaca o cualquier migraña, estaba por perforar su cráneo. Nada estaba bien.

No lo negaba, estaba demasiado preocupada, más que nada, por el hecho de que aunque de momento se había negado, ella bien sabía, anhelada, poder viajar a Inglaterra. Un país que nunca había pisado, a Londres, una ciudad que jamás había visto, a un nuevo ambiente y a nuevas tierras que sin duda profesaban un mejor futuro para su carrera artística… pero sin Stephan.

Cada que comenzaba a ver las ventajas que llevaría para ella, viajar con su elenco a Inglaterra, una vocecilla interna callaba sus ánimos altos, recordando un solo nombre, en una sola frase: —Pero sin Stephan…— Él rubio no podía viajar con ella, ni estaba a dispuesta a decirle que hiciera él, los viajes por ella. Porque no era justo.

Llegó al campo del Bayern y entró sin identificarse, porque el guarda de seguridad ya la conocía. No había nadie, en esas instalaciones, que no supiera su nombre y su lugar, siempre al lado de Levin. Contemplando con cuidado y una atención que jamás le había brindado a aquel lugar, reparó en el hecho de que llevaba dos años, cruzando los mismo pasillos y viendo a la misma gente moverse de un lugar a otro. Cuando Stephan la llevó por primera vez, la había presentado con toda la gente que se había topado con la pareja, a había llevado de la mano, le había indicado al guarda que si ella lo buscara no se atreviera a negarle la entrada y por supuesto, había besado su mejilla con un profundo cariño cuando la había presentado ante los 22 jugadores (incluidos reservas) que había en el campo.

Cuando puso como era costumbre, un pie en el área de bancas, Arianne miró a la lejanía al rubio cenizo que en esos momentos mantenía el poderío del esférico. Desde la primera vez que lo había visto, se había sorprendido de lo atractivo que era, con sus facciones delicadas, con sus labios delgados, su nariz recta, sus ojos azul cielo profundos y sus pestañas largas, si cuerpo y su cabello rebelde, siempre con un extremo cayéndole sobre el ojo derecho… Y ese movimiento que tenía al caminar, ese ladear de su cabeza para mover su mata de pelo, esa sonrisa de dientes perfectos, esa piel suave que al tacto electrizaba. Desde hacía dos años que se había prensado de esas facciones y también de la personalidad que en su interior habitaba.

Levin era alegre y risueño, cuando quería. Era un cursi y romántico, un completo conquistador. Pero también, tenía ese otro lado, que ella tanto había deseado nunca observar. Porque en realidad jamás lo había visto de esa forma. Pero sabía, por habladurías de sus amigos y secretos que después el confesó… que no siempre había mostrado lo que era como lo hacía con ella. En realidad, había existido una época en la que no sonreía, ni jugaba, en la que era cruel en la cancha y débil en el exterior, sabía —por charlas que ella había sostenido con Karl— que Levin siempre había mantenido desde el primer día que llegó a Alemania, esa constante mirada, apagada, vacía, sin nada que reflejar… y un corazón roto. Por la pérdida de Karen. Por la pérdida de un gran amor y una vida feliz. Que había mejorado cuando ella llegó… Cuando se cruzó con él y le derramó el vino, cuando bailo, cuando rió y lo llevó por Munich de la mano, cuando en una pieza de piano en una fiesta, llegaron como amigos y salieron como pareja, cuando conocieron a Allison y observaron su carácter y sus constantes pleitos con Genzo, cuando conocieron a Edeline y se burlaron con ganas de lo cursi que llegaba a ser Karl…

Arianne jamás había visto mal a Levin y no deseaba ser ella la razón para verlo así. Simplemente, algo en ella sabía que no podría mirarle a la cara sabiendo que fue ella, la que por momentos lo había llevado a la gloria y lo había estampado en un infierno… que ya había pasado.

Y en ese momento, él la miró. Agitó la cabeza, se quitó el copete del ojo y le sonrió, mostrando todos los dientes, mirándola con amor y deseando poder correr a ella. Y todo se le olvidó por un momento y ella correspondió. Y se sintió feliz. Y supo… que no podía dejarlo.

¿Qué más daba si trabajaba en Inglaterra o Munich? Era lo mismo, era trabajo. Las oportunidades claro, las encontraría en Londres, donde despegaría como internacional, pero la felicidad, la que pasaba solo una vez en la vida, la que llegaba solo cuando se conoce al corazón que está partido por la misma mitad que el propio. No se iría. No podría. Sin Levin… nada sería mejor, nada sería despegar… simplemente, caería. Y con ese pensamiento, se propuso decirle a Levin, en la comida, contarle lo que había escuchado de Jennyfer, explicarle cuantas oportunidades podría tener y afirmarle que no quería ninguna… porque solo le deseaba a él. Su compañía y su cariño y su amor y su vida entera… a su lado.

Pronto la práctica de sábado llegó a su fin, Allison y Edeline como siempre, juntas (pero no porque así hubieran estado todo el tiempo) hicieron su aparición. La rubia se encontraba trabajando en los preparativos de un recital que presentaría en semanas siguientes y que había llegado a su vida después del Cascanueces que presentó. La pelinegra que se había lanzado como solista, grababa un concierto de piano y se encontraba trabajando en la composición de canciones para acompañar sus piezas, con letras que aunque no lo admitiera estaban inspiradas en sus amigos y en su pareja.

Cuando los futbolistas se acercaron, besaron a sus respectivas parejas y se retiraron a las duchas, las tres inseparables amigas comenzaron a charlar entre sí, primero con el trabajo de Edeline y luego con el de Allison, cuando llegó el turno de Arianne, ella solo les comunicó que pensaba dejar de grabar "Vampire Cities", su serie actual. Cuando la interrogante que todos deseaban responderse era: ¿por qué? Los chicos aparecieron y Arianne argumentó que tenía que hablar con Levin. Así pues y dándole su espacio a la pareja para disfrutar pares por pares su tarde de sábado, Levin y Arianne se marcharon del campo en el Audi R8 del chico con rumbo a Hofbraühaus, para comer.

—Te ves cansado— le dijo Arianne para comenzar a charlas

—No es nada, de hecho estoy feliz— sonrió el rubio— Aunque sí, el entrenamiento fue duro—

—Bueno, eso es obvio, tienen que prepararse para la final— le respondió la chica

—Ganaremos, estoy seguro. Será nuestro segundo año consecutivo y sumado a esto, tenemos también la copa de la Bundesliga— Arianne rió, le fascinaba oír a Stephan hablar de futbol.

—Yo también estoy segura de ello, no pueden perder… la final es aquí y aparte de todo… están preparados porque jugaron la final pasada y vencieron al mismo equipo. ¿Aún con las ventajas Schneider los hace entrenar tanto?

—Pues claro nena. Genzo está seguro de que será difícil porque el capitán del otro equipo también está tomando este torneo para entrenarse para el mundial. Karl nos obliga a lo mismo, a Genzo por ser el portero y también el de su selección. A mí y a Sho, porqué somos capitanes de Suecia y China, respectivamente— se explicó el chico

—Olvide que pasaremos un mes fuera de Munich— le dijo la chica en una sonrisa cuando acaban de llegar al restaurante.

—¿Irás? Es decir, de verdad… ¿viajarás conmigo?— preguntó el rubio, emocionado

—Pues claro tonto. Es nuestro primer mundial y quiero estar ahí, de paso, también apoyaré de cerca a Estados Unidos. ¿Dónde es el mundial?

—En Japón, el país de Genzo. El niño tiene suerte, hace 4 años, fue en Brasil y cómo es de esperarse, ganó el equipo sede. Será increíble… la final de la Champions es Barcelona VS Bayern, el mundial es en Japón y ambos equipos van dirigidos por Tsubasa Ozhora— susurró el chico, visiblemente concentrado. Arianne iba a comentar que como Allison (gran fan de Tsubasa) ella quería conocer al capitán por todo lo que se decía de él y el cuál había ganado dos mundiales atrás la Copa del Mundo, perdiéndola un año después frente Brasil quienes deseaban la revancha de que Japón los hubiera eliminado un mundial atrás en la semifinal. Ese año, había sido Argentina el que disputara la final y en la actualidad, Schneider, Levin, Sho, Tsubasa y muchos más deseaban obtener la gloria.

Entraron al restaurante y tomaron una mesa al fondo del lugar, con vista a las afueras, fueron atendidos y no necesitaron mirar el menú, solo había un platillo que les encantaba y ese, era el filete que el restaurante ofrecía. Estaban terminando y ordenaban el postre, cuando la conversación que había estado centrada en el mundial, pasó al día que Arianne se había presentado en su set, para firmar su nuevo contrato.

—Dime ¿qué ha dicho tu preciosa manager?— preguntó Levin alegre, pero nombrando a Jennyfer con amargura, Arianne sonrió, había llegado el momento.

—Nos dijo que pronto nos llamaría a mí y a Derek para firmar. La serie sufrirá unos cambios en cuanto a la grabación. Tenemos una buena audiencia así que los productores no desean perder nada y contrario a todo aumentar el rating, por ello, han decidido que nos mudaremos— comentó con alegría— Grabaremos en Inglaterra, en Londres, Jennyfer dice que será una excelente oportunidad para que la carrera de Derek y la mía despeguen porque se trata de un país muy bien estructurado en el medio del cine y la televisión, bueno… ya sabes cómo son las ideas de los manager…— Arianne hablaba con alegría, mientras el mesero dejaba frente a ellos, dos deliciosas copas de helado napolitano, Stephan había dejado de sonreír.

—Espera…— la interrumpió en cuanto el mesero desapareció.

—¿Qué?— preguntó ella

—Repítelo de nuevo, donde filmarán…— susurró el sueco, Arianne también dejó de sonreír pero solo por un momento.

—En Londres, Inglaterra— respondió

—¿Cuánto dura la temporada?— preguntó el rubio rápidamente, antes de que ella remontara su explicación inicial…

—Bueno… por todo lo que se hará y cosas así, se supone que se grabaría la tercera temporada a inicios de junio, con calma, quizás hasta posponiéndola a agosto, dado que el estreno es para…

—Pero cuando tiempo, eso es lo que te pregunté— le atajó el rubio.

—Bueno… Jennyfer dijo que dos años…

—¿DOS?— se alarmó él.

—Sí pero… yo tengo que…

—Espera. Espera— el chico cerró los ojos, de repente, le había comenzado a faltar el aire y no sabía cómo reaccionar, un escalofrío le recorría toda la espalda y el vello de la piel se le había erizado.

—Stephan…— Arianne no sabía por qué el chico no la dejaba continuar, llegar al punto que ella quería y asegurarle que…

—Te irás— sentenció él con los ojos vidriosos, para sorpresa de Arianne.

—No— respondió enseguida

—No digas eso…— susurró él— Lo harás, te vas a ir— dijo desesperado, pero con suavidad— Y yo… bueno…— le costaba hablar, su mente trabajaba a mil por hora— Será difícil que tú y yo…— continuó, Arianne quería gritarle que se callara, que le dejara hablar, pero a la vez, no se atrevía a interrumpirle…— Estarás muy lejos…— susurró él.

—No, no me iré. No voy a grabar— declaro Arianne con aplomo, queriendo que Stephan le creyera. El rubio la miró y sonrió y acarició su mejilla.

—¿Por mí? ¿Te quedarás, por mí?— dijo con su sonrisa marcada. Los ojos aún vidriosos, hicieron que los de Arianne le imitaran.

—Pues claro, tonto…— dijo con un puchero. Stephan la siguió acariciando con cariño.

—Eres encantadora… hermosa, inteligente, sexy, divina, risueña y explosiva, tierna pero firme, romántica y cursi y muchas veces hasta chillona y berrinchuda, pero eres un amor… sabes lo que eres para mí. Nunca me había enamorado tanto, no… ni siquiera de Karen, jamás la amé, como te amé ayer, como te amo hoy y como te amaré mañana a ti, solo a ti, ¿lo sabes?— dijo él aun sonriendo, pero con los ojos cada vez más vidriosos, llenos de lágrimas— Pero tú eres la tonta, mi amor— dijo al final, Arianne abrió la boca, pero él, la calló poniendo sus dedos en sus labios— Me amas y crees que esa es la razón por la que debes quedarte y no viajar, me amas y aunque anhelas irte y hacer despegar tu carrera quieres quedarte, para demostrarme que me amas. Me amas y yo lo sé, eso es lo único que debería importarte. Como a mí me importa que tú sepas cuan enamorado estoy, cuan feliz soy a tu lado… Pero… ¿qué clase de amor te puedo profesar? ¿Cómo te demuestro que me importas, negándote irte? Si detengo hoy tus sueños y mañana te llevó a Japón a perseguir los míos, ¿Cuánto te amaría? Nada… No puedo, no puedo pedirte que te quedes, no puedo pedirte que no me dejes y arrastrarte hasta el oriente para que sigas conmigo mi anhelo de ser campeón. Para ello tendría que corresponder… viajar contigo… pero si tú no quieres irte, ahora, por mí, es porqué sabes como yo, que no me es fácil seguirte en estas circunstancias, que no tengo en este momento, cartas para seguirte hasta Londres…. Y te repito, no sería justo. Tus sueños, son primero, mi amor… primero que yo, que tu lugar aquí… tus sueños, son primero para mí, porqué quiero que cumplas en esta vida todo lo que te propongas y que te haga feliz… aunque no sea conmigo— la voz de Levin no pudo más, se quebró, sus ojos, dejaron escapar un par de lágrimas, que no eran comparables con las que corrían por las mejillas de Arianne que muy cariñosamente se aferraba a la mano de su novio que la acariciaba con amor.

—Stephan… no…— sollozó bajito.

—Sonríe. No llores. Prométeme que irás— dijo él dejando de llorar, para lo que haría necesitaba valor, fuerzas y firmeza… que no tenía— Eres y serás para mí, la mejor, ahora demuéstraselo al mundo. Aquí, en América, en Italia, en Japón, en Inglaterra, no importa donde… yo, te voy a amar, te voy a añorar, te extrañaré y susurraré tu nombre siempre en mi mente cuando más te recuerde, cuando me sienta débil mirare nuestras fotos, cuando me sienta enfadado, gritaré tu nombre y cuando esté alegre, te amaré más que nunca siempre un poco más y un poco más de lo más…— le dijo en una sonrisa— No te pido que me sigas amando y que no te des la oportunidad, porque allá donde vas, conocerás a alguien que se enamorará de cada cualidad que yo amo en ti— Arianne no podía dejar de llorar y mirarlo, con cada palabra, Levin alejaba su mano de su rostro— Y me podré celoso, pero sabré que ese idiota, será tan afortunado como lo soy yo, en este momento, por estar a tu lado. Estás oportunidades, mi amor… solo pasan una vez en la vida, no puedes desaprovecharla. No por algo tan inútil y tan vano, como yo…

—Tal vez eres tú, él que pasa una vez en la vida— susurró ella, aún entre sollozos y la mano de Levin se alejó

—No me olvides, por qué yo no te olvidaré. Pero tampoco me busques, porque no puedo estar, será mejor… para ti… que sea aquí, el final. Date el comienzo que mereces. Firma y vete… y recuerda todo lo que te he dicho, todas las veces que te dije que te amaba y todos los besos que te di, porque todos y cada uno, porque incluso los que no he dado ni los te amo que no te he dicho, todos son solamente tuyos, de aquí a la eternidad…— Levin se puso de pie, sonrió, besó los labios de Arianne y se fue. Ella, trató de seguirlo, de correr, de llegar a él y sujetarle, de no dejarle ir… pero sus piernas no respondían, pero su fuerza se había ido.

Levin corrió, después de darle un fajo de billete al gerente, argumentando así su cuenta y pasándose por muchos, muchos euros. Salió y buscó su auto y arrancó tan rápido como sus manos le dejaron y sin rumbo condujo con velocidad hasta que salió a una carretera en la que nunca había estado, hasta que se cruzó con el primer alto en esa solitaria trayectoria, entonces se orilló, ni siquiera quitó las llaves del contacto, bajó y se recargó en la puerta y rompió como nunca en una llanto lastimero y desgarrador, en un grito que se ahogó en su garganta y que no se liberó, en un dolor que le oprimía el pecho… porque una vez más, había perdido… Pero esta vez… Perdía más que una novia, perdía sueños… vidas… perdía al amor de su vida.

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Lunes… 10:00 AM

=Campo de entrenamiento del Bayern Munich=

—Disculpe…— habló el guarda. Arianne que estaba por cruzar la reja de entrada, se detuvo. Iba enfundada en jeans y una blusa casual, su sudadera, aquella que en realidad no era suya sino se Stephan y sus tennis. Llevaba lentes oscuros porque había estados dos días llorando y no deseaba que nadie viera lo moreteados que estaban.

Había pasado un fin de semana horrible. Había ido a ver a Stephan, pero según el casero, él nunca había vuelto. Le había llamado, pero jamás le habían cogido el móvil. Había permanecido en el departamento de él hasta la mañana de ese día, sin éxito de verlo porque él jamás regresó y había vuelto a casa con la esperanza de verle en su pasillo, como la última vez que pelearon, fracasando en la suposición. Y ahí estaba decidida a verlo y hablar, a negarse a irse, a verlo y exponer que si él decía vete, no volvería a insistir, por más que quisiera.

—John… ¿Qué pasa?— preguntó ella, extrañada, de que el guarda la detuviera.

—Bueno… yo… tengo indicaciones de no dejarla pasar— explicó el señor

—¿Cómo dices?

—El joven…— el guarda, se aclaró la garganta, incómodo— El joven Levin me pidió que si la veía por aquí, le pidiera que se fuera. No puede pasar, si cruza este tramo, los guardas de dentro la sacarán. El joven Levin me ha pedido que le dijera que estar aquí es un error para usted, porque usted debe estar preparando su viaje… Me ha pedido que le ruegue no volver y que insista, no la puedo dejar pasar

—Ya… ya veo— balbuceó, dolida. Ni siquiera, podría verlo, él se encargaba de todo—¿Y lo has visto? Dime John… ¿Cómo está el joven Levin? Si me lo dices, con sinceridad, me iré—

—Bueno… no se ve bien. Creo que está enfermo. Llegó pálido, esta mañana y muy temprano. De hecho, apestaba. Si me lo preguntan… no lo había visto así, desde antes de que la conociera a usted. Cuando recién llegó, yo… bueno… parece un muerto, de nuevo— explicó John y el corazón de Arianne, se encogió de dolor. Entonces apareció Allison, radiante.

—John… hola. ¡Ari! ¿Pero qué te pasó? Te vez muy mal… ¿Qué demonios haces aquí y no dentro?— preguntó la pelinegra al ver a su amiga. Arianne no sabía que decir.

—No puedo entrar. Levin me lo prohibió— explicó

—Y al tonto que demonios le pico para dar esas órdenes ¿eh? ¿Acaso él manda aquí?— preguntó Allison mirando a John

—Bueno… yo tengo que seguir las órdenes que los jugadores den, porque ellos... bueno…

—Tranquila, All— le pidió Arianne— Entiendo a Stephan, en verdad. Creo que… bueno, quizás es lo mejor. Me tengo que ir… No sé… Si quisieran venir tú y Edeline a mi casa esta tarde, necesito charlar con ustedes… Te juro que te voy a dejar todo claro entonces, solo no le reclames a Stephan… Por favor…— Arianne sonrió y susurró— Solo dile…

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2:00 PM

Los jugadores se acercaron a la banca. Genzo llegó con Allison y la besó, Schneider tenía que ir al teatro por Edeline así que se retiró a los baños después de saludar, Sho se detuvo a beber agua y Stephan, ni siquiera miró a Allison, ella estalló:

—Ya sé. Bueno… lo imagino, pero dame la cara, no te voy a decir nada, al menos por ahora— le dijo con calma, pero irritada, Stephan la miró— Eso está mejor… y bueno, ella tiene razón, estás mal. No te vez muy bien…

—Bueno eso es porque…— comenzó el rubio, con la cara de Genzo en la completa confusión.

—No me lo digas, sé que me vas a mentir. En fin… Genzo, tengo que ir a ver a Edeline, dile a Karl que no vaya hoy, ella tiene cosas que hacer. Sé que quedamos en ir a comer, pero debo arreglar algo… Tú también, Levin se los tiene que explicar. Y mientras…— Allison miró a Stephan y sonrió, se acercó a él y susurró en su oído— Arianne está bien, ella te hará caso y no insistirá en verte de nuevo… Solo te pide, te pide que le envíes un último mensaje, uno que pueda ver cada que quiera y que al leerlo la haga sonreír, obviamente no te lo responderá. Pero dice que tú lo sabes…

—Saber... ¿qué?— preguntó Levin confundido y al borde de un llanto nuevo. Allison se alejó y le sonrió, guiñó un ojo.

—Que ella también te ama, más que a nada en el universo…— y acto seguido, besó los labios del portero y se fue, rumbo al teatro, donde Edeline debía estar y donde ambas sabrían que pasó. Mientras tanto en el campo, Levin rompió en llanto ante las miradas de Sho y Genzo, que sintieron como el corazón se les desagarraba al ver a alguien sufrir así. Cuando Karl apareció y vio a Sho abrazando a Levin y a Genzo a su lado, dándole las indicaciones de Allison, supo que Edeline tenía cosas que hacer y que él, no podía irse.

Dejaron a Levin sollozar y gemir, dejaron que liberara todo el dolor que llevaba dentro y luego, pidieron explicaciones, ya una vez él había estado así… Genzo, no lo había visto, pero no lo comprendía y no le gustaba, él quería a su amigo, como era, desde que había conocido a Arianne.

—Y por qué… ¿por qué la dejas?— preguntó Sho, cuando Levin les hubo contado lo ocurrido.

—Porque sus sueños no se pueden detener, ya te lo dije. Y no puedo, aunque quiera, ir con ella…— susurró el chico. Schneider se mordió el labio, lo lamentaría, pero tenía que decirlo.

—De hecho… sí puedes—

—De qué… ¿hablas?— preguntó Stephan mirándolo.

—Este año, después del mundial… tenemos que renovar contratos. Ya sea aquí… o firmar con otro equipo. Como capitán, debí decírselos la semana pasada, pero lo olvide por los partidos. El entrenador se los comunicará cuando acabe la Champions, antes de sus vacaciones de una semana y de su viaje a sus países de origen— explicó el Kaiser.

—Ya pero… ¿sabes quiénes están tras nosotros?— preguntó Sho, Karl asintió.

—Los equipos que los buscan se pondrán en contacto con ustedes por orden del entrenador, la semana que viene, luego de la final y antes de las vacaciones. Sho, a ti te quiere el Real Madrid, de España. A ti Genzo, te está pidiendo el Barcelona, igual de España. A mí, me quiere el Hamburgo y un equipo brasileño, todos esos equipos nos ofrecen un millón más de lo que nos dan aquí por irnos…

—Pero no jugamos por dinero, es por…— comenzó a debatir Genzo

—Ya lo sé, pero es su método para ganarnos. Y bueno… el equipo que pide a Levin está ofreciendo dos millones más porque dejes el Bayern, dado que claro, aunque podemos elegir, el entrenador no querrá dejarnos ir tan fácil, él también me dijo que estará ofreciéndonos dinero por quedarnos… A todo… el equipo que te quiere— le dijo a Stephan— Es el Chelsea, con sede en Londres— Stephan lo miró, sus ojos se abrieron desmesuradamente sin dar crédito a lo que escuchaba. Un equipo inglés. En Londres. Inglaterra. ¡La ciudad a la Arianne iría! No solo lo querían y le ofrecían dos millones más de lo que ganaba… Si iba ¡Podría estar con Arianne! ¡Solo tendría que firmar!

Continuará…

:-:-:-:-:

Ya en el penúltimo capítulo y debo decir, que hasta yo me emocioné con este que escribí. Esperando que les guste y que me dejen su opinión, con todo, absolutamente todo lo que quieran decirme respecto a esta historia, les dejo aquí el capítulo 9 y espero verlas… leerlas… a más tardar, el sábado, para la final de esta bonita historia.

GRACIAS A:

Kaarlaa… Candy….

Con cariño,

JulietaG.28


¡El balón es nuestro amigo!