Lunes, ocho de la mañana. Los hermanos Vargas llegaban al instituto tras un duro domingo de estudio, cansados y ojerosos. No eran los únicos, ya que aquel día tenían examen de matemáticas. Toda la clase había estudiado duramente para ello, ya que el profesor era muy severo, y consideraba que una nota menor de seis no merecía un aprobado. Varios pobres incautos habían sido llevados a clases de repaso para hacer horas extras de estudio, habiendo sacado un cinco en el examen. Nadie quería eso, por lo que estudiaban mucho cada vez que había examen de matemáticas. Tanto se pasaba el maestro, que muchos le habían cogido manía o le odiaban. Si te dormías en clase te ponía falta. Si hablabas aunque fuese por un segundo, te ponía falta. Era demasiado recto, demasiado serio...
Por cierto... ¿Lo peor de todo? El examen de aquel día era de cuatro temas, y lo tenían a primera hora.
No tendrían ni un segundo de piedad.
Además, Lovino estaba especialmente cansado aquella mañana. Las matemáticas no se le daban muy bien, precisamente... y el profesor era alemán, por lo que le odiaba a muerte, tanto a él como a su asignatura. Entre otros problemas...
- Ese bastardo me ha abandonado... le torturaré con saña cuando vuelva a verle...- Gruñó, cansado y molesto, mientras se frotaba sus cansados ojos.
- Ve... fratello, no lo pagues con Antonio.- Le dijo Feliciano, temiendo por la seguridad del español.
Porque sí, aquella mañana a Antonio Fernández Carriedo se le habían pegado las sábanas. Puede que no fuese del todo culpa suya, (los lunes por las mañanas son horribles), pero Lovino no pensaba perdonarle. Dejarle abandonado minutos antes de un examen tan importante... su venganza sería terrible.
Y suerte que aquella mañana les había llevado su abuelo en el coche. Normalmente no lo hacía, bien porque empezaba la jornada más tarde que ellos, o más pronto... pero aquel día sus horarios coincidieron, y pudieron ahorrar minutos de paseo, los cuales pasaron estudiando extrañas fórmulas demoníacas y miles de cuentas. A Feliciano le iba a explotar la cabeza como viese un mísero número más...
- Ve... voy a suspender...- murmuró el menor, temiendo lo peor.
- ¡No digas eso, maldita sea! ¡No he estado todo mi preciado domingo aguantando tus retrasadas preguntas para que ahora me suspendas!- Gritó casi Lovino, mirándole mal. Aunque sus gritos fueron escuchados por el profesor, quien miró mal al italiano.
- ¡Vargas, no se grita por los pasillos! ¡Y entrad ya a la clase!- Irónicamente, él también estaba gritando, pero al profesor no le podía replicar nadie o se la cargaba. Lovino se hizo pequeñito en el sitio, disculpándose entre dientes mientras entraba al aula. Le odiaría todo lo que quisiese, pero le tenía más miedo que odio, por lo que se quedó callado y no volvió a decir nada más. Sólo le lanzó una mirada acusadora a Feliciano, quien se disculpó con una sonrisa nerviosa.
- Bueno, bueno, rubiales~ no te pases con los chicos~- Feliciano se giró a ver quién le decía eso al profesor en un tono tan informal, y se sorprendió al ver que era su abuelo.
- Romulus, estás estorbando.- Murmuró él, con su cara impasible.
- No digas eso, la clase aún no ha comenzado~- rió él, dando unas palmaditas en el hombro al rubio.- No seas muy duro con ellos, seguro que todos se han pasado el fin de semana estudiando~ recuerda cuando éramos jóvenes; las noches en vela estudiando, sin poder salir a conocer chicas... todo porque teníamos exámenes demasiado complicados...
Feliciano ladeó la cabeza, confuso. ¿Su abuelo conocía al profesor de matemáticas? Primera noticia. Nunca les había hablado de él, y no les veía juntos por el instituto... pero era bueno saber que eran amigos. Aunque el otro no pareciese muy contento con el trato que estaba recibiendo del mayor.
- Romulus, eso ya pasó... y las clases ya han empezado, son y cuarto exactamente... me estás retrasando...
- Tan serio como siempre...- el castaño hizo un pucherito.- ¡Deberías alegrar esa cara, estás muy seco! Vente a pescar conmigo algún día...
- Si te digo que iré, ¿me dejarás hacer mi examen?
- ¿Eso es un sí?
- Es un quizás.- Respondió el alemán, con un suspiro cansado. Romulus a las ocho y cuarto de la mañana no era algo que precisamente él pudiese soportar. A aquel hombre nunca se le parecía acabar la energía. ¿De dónde saldría tanta vitalidad?
- ¡Genial~! Pues nos vemos luego~ Suerte, chicos~- Y así, más feliz de lo que había llegado, el castaño se fue, después de lanzarle un beso a su nieto favorito. Es decir, a Feliciano.
Para cuando el profesor entró en la clase, todos los alumnos estaban dentro, sin excepción, preparando el material para el examen. Lovino ya tenía la calculadora sobre la mesa, junto con la regla y un par de bolígrafos, y esperaba nervioso por que empezase el examen. Esperaba que su cerebro soportase un poco más el peso de toda la información, rogaba por ello.
Por su parte, Feliciano abrió la mochila lentamente, y sacó el estuche, y sus bolígrafos de la suerte. La iba a necesitar. Luego guardó el estuche y rebuscó hasta sacar la regla, y ahora sólo le faltaba... sacar... la calculadora... ...
La calculadora...
...
¿Dónde estaba la calculadora?
- V-ve... ... -el italiano empezaba a ponerse nervioso por segundos. ¡No podía habérsela dejado en casa, ¿o sí?! No, no era posible... le dio la vuelta a la mochila buscando el aparato, pero no había ni rastro de él. Revolvió tanto la bolsa que acabó llamando la atención de Heracles, que se sentaba a su lado.
- ¿Todo... bien?- Bostezó, mirando con preocupación a su primo.
- N-no encuentro la calculadora...
- Eso es un... problema.- Volvió a bostezar, mientras rebuscaba en su propia mochila para sacar el bolígrafo.- Yo sólo... tengo una. No te la puedo prestar...
- Vee... qué mal... ¿qué hago ahora...?
Justamente en aquel momento, Ludwig entraba por la puerta. Llegaba inusualmente tarde por culpa de su hermano, pero igualmente no se retrasaba demasiado, apenas un par de minutos. Quizás era la única persona de toda la clase que no estaba cansado; era el resultado de haber estado estudiando duramente desde el primer día. Iba totalmente preparado y seguro de que iba a sacar una buena nota.
Al entrar por la puerta, lo primero que llamó su atención fue Feliciano rebuscando en su mochila. Aún estaban vivos en su mente los momentos del sábado anterior; básicamente era lo más interesante que le había pasado en toda la semana, excluyendo los extraños eventos con aquella extraña "hada". Lo normal en su vida era estudiar, ir al colegio, volver a casa, leer, cuidar de sus perros y de su hermano, ocasionalmente cruzar palabras con sus compañeros de clase e ir al club... pero el italiano había vuelto a aparecer, como muchas otras veces, para desordenar su esquemática vida.
No es que tuviese mucha confianza con él, de todos modos... pero después de todo lo que habían pasado juntos, (que no era mucho, pero por algo se empezaba), el alemán creía estar en derecho de acercarse a él para saludarle o, como mucho, preguntarle qué tal le iba... además el italiano era una persona muy abierta, seguro que se alegraba de que alguien le diese conversación. Aunque no lo pareciese, este tema había estado ocupando la mente de Ludwig varias noches; no se le daban muy bien las relaciones con las demás personas, ya que era algo recto y cerrado... pero al menos lo intentaba.
Y, a pesar de que el chico sabía que estaban en hora de examen, éste no había comenzado aún, y le parecía ver a Feliciano bastante apurado, por lo que se acercó a hablarle, algo dudoso al principio.
- Eh... Vargas... ¿algún problema?- Logró decir, nerviosamente. No siempre solía iniciar una conversación; más de uno se extrañó al verle hacer eso. Por su parte, Feli dio un respingo y miró hacia arriba, incrédulo.
- L-Ludwig... ve... buona mattina... eh... am... es que...- El pobre no se habría imaginado para nada que le hablase así, porque sí, por lo que no encontraba nada con lo que responderle, es más, no creía haber entendido lo que le había dicho.
- Sí, buenos días... esto... te veía algo nervioso, así que me preguntaba si...- Aún estaba nervioso; ¿no era raro preguntarle algo a esa hora, cierto? El profesor había ido a por las copias del examen, así que no estaba, tardaría un poco en llegar, y... preocuparse por un compañero era algo natural, ¿no? El joven Beilschmidt dudaba.
- ¡Oh, sí! Es... es mi calculadora... ¡no está!- Tras recuperar la compostura, Feliciano recordó su problema inicial, y se puso a lloriquear, nervioso y blanco como un papel.- Quizás en la clase de al lado alguien tenga una... podría ir y...
- Si es por calculadoras, te puedo prestar la mía. Siempre llevo dos, por si acaso.- Dijo el alemán, más serio al saber ya lo que ocurría.
- ¡¿En serio?! ¡Me salvas la vida, Ludwig, en serio!- Ahora las lágrimas del italiano eran de alegría; casi salta a abrazar al alemán, pero se contuvo como pudo en los últimos segundos al advertir una mirada de odio atravesándole el cráneo. Al mirar hacia atrás vio a Lovino mirándoles con furia; al parecer el mayor aún no había olvidado la "pequeña charla" que le había dado a Feliciano hace un par de días. El menor se estremeció ligeramente; mirándole así parecía que quisiera matarles a los dos, con una motosierra o con algún artefacto similar que hiciese mucho daño.
- Sí, espera, ahora te la doy.- Murmuró mientras colocaba la bolsa en la mesa de Feliciano.- ¿No te importa que use tu mesa?
- Ve, no, tranquilo~- Sonrió él, sintiéndose infinitamente aliviado. Por fin podría hacer el examen sin complicaciones~
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Después del examen, y de que Feliciano le devolviese la calculadora al alemán, seguido de miles de gracias, Lovino fue a la mesa de su hermanito querido, con cara de mala leche. Feliciano, al contrario que su fratello, parecía más bien calmado y relajado.
- Ve~ ciao, fratello~ creo que hoy no catearé matemáticas~- Canturreó, obviamente feliz. La breve conversación con el alemán le había calmado hasta el punto que el examen le salió rodado, es decir, perfecto. Al contrario que el mayor de los italianos, quien sí creía que iba a suspender.
- Feliciano, sabes que maldigo tu vida y a todos tus ancestros, ¿verdad?- gruñó, con un mal humor más que notable.
- Pero si tenemos los mismos ancestros, Lovino...
- ¡No me contestes, idiota!- Gritó él, cada vez más enfadado. No se podía creer que el día anterior su fratellino estuviese tan verde con la asignatura y que ahora pareciese tan tranquilo, diciendo lo bien que le había salido todo.- Seguro que sólo crees que te ha salido bien, pero en realidad está todo mal...
- Vee... no digas eso, fratello... encima que tengo confianza...- Feliciano hizo un pucherito, algo tristón porque su hermano no le apoyaba.
- ¿Crees que la calculadora que te prestó el alemán ese tendría algo que te hizo listo por unos momentos? No me extrañaría que tuviese componentes mutantes o algo parecido en las teclas... ¡Feliciano, estás mutado!
- ¡Noo! ¿Qué estás diciendo, fratello?- Ahora el menor estaba comenzando a asustarse, ¿pero qué decía su hermano? ¡No podía ser verdad de ningún modo!
- ¡Sí, mañana cuando te despiertes serás rubio y musculoso!- Continuó Lovino, poniendo cara de asco al imaginarse a Feliciano transformado en patata mutante.
- ¡No es verdad, Lovino, sólo me estás tomando el pelo!- Lloriqueó él, alejándose unos pasos.- No quiero ser rubio, no me quedaría bien...
- ¡Ya verás cómo es verdad, las chicas no querrán acercarse más a ti por patata!
- ¡Veee! ¡No digas eso!
Mientras tanto, desde su mesa, el pobre Ludwig se preguntaba de qué diablos estaban hablando esos dos, más que confuso.
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Después de aquella fatídica y agotadora primera hora, el resto del día les pareció a todos mucho más llevadero y sencillo. Las horas pasaron volando, casi literalmente. Antes de que se dieran cuenta, ya era el final de la última clase. El día había pasado sin mayores complicaciones, y los agotados alumnos querían irse a sus casas lo antes posible. No había más exámenes a la vista, al menos ninguno demasiado importante, y por eso querían relajarse jugando a algún videojuego, leyendo algún libro, o durmiendo la siesta.
Cuando sonó el timbre, la clase se quedó vacía en segundos, y el profesor se quedó con las ganas de explicar más acerca de los colores complementarios y opuestos. Parece que la tarea la tendría que dejar para el siguiente día.
Aunque Feliciano seguía allí, guardando las cosas en su bolsa. La clase de arte le gustaba tanto que quería aprovecharla siempre al máximo, y tardaba mucho más en guardar el material porque le encantaba estar allí. Más que eso, ahora mismo tenía actividades en el salón del Club de Arte, y estaba impaciente por continuar el cuadro que dejó a medio hacer el otro día. Por otra parte, su hermano, quien no tenía nada que hacer, se dispuso a irse a casa.
- No sabes la pereza que me da volver a casa ahora, Feliciano... y más pereza me da tener que hacerme la comida...ugh...- murmuró el mayor, agotado tanto física como mentalmente. El examen de matemáticas había sido suficiente como para drenar toda su energía en apenas una mísera hora. Y el resto del día tampoco le había ido muy bien. Antonio tampoco había aparecido por ningún lado...
- Si estuviese Toni para acompañarte y hacerte la comida, ¿te seguiría dando pereza?- Preguntó Feliciano, curioso. Él no pasaría hambre porque llevaba un hermoso y gigantesco bocadillo de salami en la mochila, el cual se comería en cuanto le entrase hambre.
- Si ese bastardo estuviese aquí, ten por seguro que le reventaba los dientes de un puñetazo.- Gruñó él, más cabreado aún. Era normal que estuviese enfadado, después de todo aquel día había tenido que pasar una prueba muy importante y el español no había estado con él para apoyarle, pero... no sé, parecía enfadado también por otra cosa. Feliciano no sabía el qué, pero... mejor no preguntárselo, por si la tomaba contra él.
- Bueno, bueno... ¿vas a ir ahora a casa, fratello? ¿O irás a algún sitio?
- Ya es tarde, me iré a casa...- Lovino ya no parecía enfadado, daba la impresión de estar... ¿triste? ¿Por qué?- Todos han salido corriendo como prostitutas baratas cuando ha sonado el timbre... ¿será porque ya no quedan más exámenes?
- Ve... pero quedan unos cuantos aún... como las pruebas físicas de la clase de gimnasia, o el examen de plástica...
- Feliciano, NADIE se toma esas cosas en serio.- Suspiró el mayor, frunciendo un poco el ceño.- Técnicamente ya se ha acabado la primera evaluación, sólo faltan dos semanas y un par de exámenes cutres, así que todos quieren salir a ser jodidamente libres, a disfrutar un poco. Y yo... me iré a casa a jugar a algún maldito videojuego.
- Ve~ vale~ yo me iré al club de arte y luego jugaré contigo~
- Ni se te ocurra, siempre acabas arruinándolo todo en el mejor momento.
- ¡No es verdad, fuiste tú el que dejó que el caparazón que lancé te golpease! Sabes que no iba para ti...- Se quejó Feliciano, ya casi saliendo hacia el pasillo; sólo le faltaba meter el estuche...
- Bah, como sea... mira, si el abuelo no está en casa cuando vuelva pienso llamar a alguna chica, así no me aburro.- Gruñó Lovino, recuperando el gesto enfadado de nuevo. Se adelantó al menor para salir antes por la puerta, pero entonces chocó con alguien que también quería entrar, y por poco cae al suelo.- ¡Ah, joder, mierda, ostia, puta! ¡Mira por dónde vas, vaffanculo! ¡Hijo de...!
- ¡Oh, lo siento, Lovi! ¡No quería chocar contigo, de verdad! ¡No era mi intención!- Una voz familiar hizo que Feliciano voltease un segundo. ¡Era Antonio! El ibérico estaba en el marco de la puerta, y nada más vio a los italianos, escondió algo detrás de su espalda. Parecía algo nervioso, aunque quizás fuese porque sabía que su novio estaría muy enfadado con él por desaparecer una mañana entera.- Ah, espera... lo que acabas de decir no iba en serio, ¿no? Lo de la chica...
- Ve~ ciao, Toni!- Sonrió, feliz de verle. Lovino, al contrario que él, frunció aún más el ceño y le dirigió la mirada más venenosa que pudo al mayor.
- Mira quién se ha dignado a aparecer... ¿qué haces aquí? vas listo si piensas que quiero ir contigo a alguna parte ahora mismo, imbécil.- Gruñó, visiblemente más enfadado que un par de minutos atrás, y por supuesto ignorando olímpicamente lo que el mayor acababa de preguntarle.
- No digas eso, Lovi... me dijeron que seguías en la clase, por eso vine... si no, hubiese ido a tu casa, y... y yo estaba preocupado por ti... ¿qué tal te ha ido el examen? ¿bien?
- ¡¿Qué?! ¡¿Tienes los huevos de preguntarme eso?!- Al parecer, esa pregunta había encendido aún más la ira del italiano.- ¡Si hubieses estado aquí lo sabrías, capullo! ¡Da gracias a que no te pateo los huevos y te los convierto en tortilla!
- No le ha ido muy bien, Toni... sabes que no le gustan las mates, así que no es una sorpresa.- Feliciano contestó por él.
- ¡Pero no se lo digas, idiota!
- Aw, Lovi, lo siento mucho... sé que debería haber estado aquí, pero... ¡pero te envié un mensaje deseándote suerte! ¡Y con muchos fusososos!- Dijo el español, poniendo cara de perrito apaleado. Lovino enrojeció un poco al escucharle, y desvió la mirada, clavándola en la pizarra.
- E-eso no cuenta, imbécil... además... ¡además, tampoco apareciste en el recreo! Tienes la cara de presentarte ahora...- A pesar de que había empezado tan enérgicamente, el tono de voz de Lovi cada vez era más apagado.
- Lo siento mucho, es que estaba ocupado...
- Ocupado, ya... ¿y puedes decirme con qué?
Entonces, el español sonrió un poquito y sacó las manos. La cara de Lovino enrojeció inmediatamente al ver lo que estaba sosteniendo. Un pequeño ramillete de geranios rojos envueltos cuidadosamente en un bonito papel verde, y adornados con un lacito blanco. Con una tarjetita con corazones colgando del envoltorio. En la tarjeta ponía "Feliz Aniversario". Feliciano sonrió como un idiota al verlo. ¡Era un detalle tan bonito!
Lovino, por su parte, estaba en blanco.
- Feliz aniversario, Lovi~- Dijo el ojiverde, sonriendo tiernamente.- Ya hacemos tres meses exactos, así que quería hacer algo especial~
- Qu... eh... y-yo... n-no, tú... esto... eh...- El pobre chico parecía estar totalmente perdido en la confusión. Y es que era cierto, no tenía ni idea de qué decir o hacer. Debía darle las gracias, pero estaba enfadado con él, así que... ¿debería? Era cierto que le hacía ilusión, porque el idiota español tenía el cerebro como un colador, y realmente no esperaba que se acordase, pero... por otra parte le daba demasiada vergüenza. Estaba confuso, por eso decidió actuar como lo hacía siempre.- M-maldito idiota, trayendo estas cosas al colegio... ¿qué pasa si alguien te ve, bastardo? A-además sabes que no puedo quedármelas porque mi abuelo hará preguntas y... y... joder, maldita sea...
Aunque intentó actuar rudamente, su cara totalmente roja y sus balbuceos consiguieron que ni su hermano ni su novio le tomaran en serio. Antonio se enterneció entero, y fue inmediatamente a abrazarle.
- No pasa nada, Lovi, no queda nadie~ además, no importa que no te las puedas quedar, las puedo guardar yo~- Dijo, feliz, mientras apachurraba a su querido tomate.
- ¿Entonces cuál es el punto de dármelas, imbécil?- Gruñó él, tratando de revolverse del abrazo. No consiguió soltarse.
- Venga, venga~ hoy podemos ir a comer donde quieras~ yo pago~- Feliciano seguía todo emocionado por la escena; le encantaban ese tipo de cosas. Además, se alegraba por su hermano, y al mismo tiempo le hacía gracia verle revolverse tanto. Parecía ser que su enfado se había desvanecido por completo.
- ¿D-donde quiera?- Exacto. Feliciano rió un poco al escucharle, igual que el español. Ya había aceptado la cita, lo que quería decir que no estaba enfadado~ El ibérico asintió y le dio un besito, que rápidamente fue correspondido con un intento de patada en la espinilla, el cual logró esquivar con facilidad. Eso y muchos gritos.
Pero ah, Feliciano no quería molestarles. Estaban teniendo un bonito momento de pareja, y no podrían hacer gran cosa si él se quedaba allí, después de todo, su hermano era bastante... especial para esas cosas. Por otra parte, tenía cosas que hacer. Ese día había quedado con el club de periodismo, y tenía que avisar a los miembros de su propio club, para ajustar sus horarios y demás cosas. Así que, silenciosamente y tratando de no molestar, se fue por la otra puerta. Una vez fuera, sonrió ampliamente y corrió hasta el salón del club de arte; ya llegaba tarde.
En el salón no había mucha gente aquel día. Probablemente fuese por lo que Lovino había dicho antes en clase; los exámenes importantes de la primera evaluación estaban ya casi todos hechos, y la gente quería descansar y divertirse. No había muchas ganas de quedarse después de clase a participar en actividades extraescolares... aunque sí había gente, claro. Tres alumnos de cursos inferiores que estaban siempre, nunca faltaban. En realidad, el jefe del club era uno de esos chicos... los otros dos eran amigos suyos que estaban allí para hacerle compañía, aunque también pintaban, eran miembros de pleno derecho.
- Ve~ ciao~- Feliciano saludó alegremente a sus compañeros de club nada más entrar por la puerta. Los chicos se giraron a verle y devolvieron el saludo.
- Hola, Feliciano.- dijo la chica del grupito. Era menuda, y llevaba su lindo pelo castaño oscuro recogido en una graciosa coletita adornada por una flor. Tenía una nueva tirita en la frente que la semana anterior no tenía, según los recuerdos de Feliciano, y sus cejas medianamente gruesas estaban algo fruncidas.- Pensamos que no vendrías, es algo tarde...
- Scusa, bella.- Sonrió de nuevo, con voz culpable.- Es que... pasó algo, y... eh, tengo que hablar con vosotros...
- ¿Qué pasa?- Preguntó el que parecía más joven de los tres. Era un pequeño niño rubio, con los ojos azules y muy vivaces. Sus cejas también eran bastante grandes.- ¿Tienes una idea para un nuevo dibujo desu yo?
- No, es que... veréis, el otro día me apunté a un club nuevo...- Murmuró él tímidamente. Temía que se enfadasen con él pensando que les había traicionado o algo. ¡Que no era así, él no tenía intención de dejar el club de arte!
- Eso no es nada artístico, Feliciano...- Dijo el chico que estaba en medio de los otros dos, con mala cara. Él era el jefe del club. Tenía una complexión bastante delgada y una cara muy linda, así que nadie sospecharía que era un chico, pero sí lo era. Y el hecho de que tuviese el pelo muy largo y recogido en dos finas trenzas no ayudaba mucho a descifrar su sexo.
- Ve, lo siento, es que... insistieron mucho, y... ¡tampoco es que vaya a abandonar este club! P-pensaba cambiar mi horario para poder asistir a ambos, así que no os preocupéis...- Se excusó el mayor; cualquiera pensaría que exageraba demasiado su preocupación al disculparse tanto ante tres niños menores que él, pero la cuestión es que a él le importaba bien poco la edad que tuviesen; eran los fundadores del club y merecían su respeto. Además, eran sus compañeros, y le preocupaba lo que pensaran.
- Bueno, de ser así no pasa nada... mientras sigas viniendo~- Sonrió la joven.- Eres el que mejor pinta de aquí y, además, entre tú y Francis nos ayudasteis a re abrir el club, así que creo que puedes tomarte las libertades que quieras.
- ¡Eso es! Aunque tienes que seguir viniendo a vernos desu yo...- Murmuró el chico rubio, quien no parecía tan animado con la idea como la niña. El jovencito de las trenzas dio un largo suspiro y siguió mirando su lienzo, el cual estaba a medio pintar.
- De todos modos aquí la gente viene cuando le da la gana...- Dijo, en un tono algo decepcionado.- En fin, ¿a qué club te uniste?
- Al de periodismo~- respondió el italiano, recuperando de nuevo la sonrisa al ver que su propuesta de estar en otro club al mismo tiempo era aceptada sin mucha oposición.- Kiku insistió mucho, además, parece divertido~ ve~
Mientras Feliciano hablaba, el joven de las trenzas bajó de su banqueta y miró el cuadro desde otro ángulo. Parecía bastante concentrado en lo que estaba haciendo, pero no por ello dejaba de escuchar a Feliciano.
- Entonces ajusta el horario... ¿vas a ir a verlos ahora?
- Sí~ ... ¿C-cómo lo sabes?
- Pareces tener algo de prisa, y ni siquiera has sacado tus pinturas...
- Oh...- el mayor rió nerviosamente al ver que había sido descubierto.- Pe-pero pensaba venir luego a pintar algo, casi termino mi cuadro~ Además, sólo tengo que hablar con Kiku, no creo que necesite nada más por hoy.
Como respuesta a eso, el otro chico sólo asintió, para después continuar con el lienzo en el cual estaba pintando. Feliciano avanzó entonces hacia su mesa y sacó la agenda, para pensar qué horas cambiar. La castaña se acercó entonces a él para ayudarle.
- Es una pena, antes venías casi todos los días, y ahora no podrás... ¿qué días quitarás?
- Ve... no lo sé... puede que el lunes...- el italo negó con la cabeza después de decir esas palabras- No, no, mejor no... prefiero venir aquí los lunes, mejor quito los martes y los jueves, ¿vale?
- ¡Noo! ¡Los jueves tienes que venir a ayudarme con mi proyecto de Plástica!- Gruñó ella, cruzándose de brazos. Feliciano rió un poco y cambió las anotaciones que estaba haciendo al pie de su horario.
- Es verdad~ ve, entonces los martes y los miércoles, ¿vale?- A eso la chica asintió, satisfecha. Feliciano sonrió ampliamente y marcó con su marcador permanente verde sus nuevas actividades. Escogió precisamente el verde porque le recordaba a Elizabeta, y ya que iba a pasar muchas tardes con su amiga a partir de ese día, le pareció adecuado. No sabía qué color iba acorde con Ludwig, de todos modos, así que lo dejó en verde.
Entonces, cuando cerraba su agenda, el niño rubio se acercó a él rápidamente, casi saltándole encima por el impulso.
- ¡Feli, Feli! ¿Qué te parece mi dibujo desu yo? ¡Dímelo antes de que te vayas! He trabajado mucho en él~- Dijo, sonriendo con suficiencia y confianza.- El idiota de mi hermano dice que está feo, pero yo sé que lo dice sólo porque tiene envidia~ seguro que no puede hacerlo tan bien como yo~
- ¿Ve~?- El joven italiano echó una mirada al papel que le estaba enseñando el menor. Era un dibujo de cinco niños tumbados en el césped, durmiendo. No estaba mal... al menos estaba seguro de poder reconocer quienes eran.- Ve~ sois vosotros, ¿verdad? Está bastante bien~
- ¿Eso crees? Mira, también dibujé a Marcello~- Dijo él, señalando al más alto del dibujo.- Aunque creo que me ha quedado algo raro...
- Un poco.- Rió Feliciano.- Mira, las manos le llegan por las caderas~ y tienen que quedar un poco más abajo, si no, no está proporcionado~ y tienes que mejorar la forma de los pies. Y de las manos... y con respecto a las dimensiones de la cara...
- Bueno, bueno, ya. Me centraré en los brazos por ahora, thanks.- Le cortó él. Estaba tan contento con su dibujo, no hacía falta que el mayor le resaltase tantas faltas... con una o dos ya valía. A veces Feliciano era algo estricto con esas cosas... lo cual se agradecía, en el fondo. Pero a veces al pequeño le tocaba un poco la moral, porque él creía haber hecho un dibujo perfecto, y luego descubría que no. De todos modos, tampoco es que pintar le apasionase tanto, él sólo se había unido al club para estar con sus amigos por las tardes.
- Entonces me voy yendo~ nos vemos mañana~- Se despidió Feliciano, volviendo a guardar su agenda. Los chicos se despidieron de él, unos más efusivamente que el otro, y entonces Feli volvió a estar en el pasillo, solo. Ahora tenía que pasarse por el club de periodismo, para hablar con Kiku y los demás... ... el problema es que... no sabía dónde estaba el club de periodismo.
El italiano suspiró y decidió que lo mejor sería ir a preguntar a la sala de profesores. Seguramente tendrían una lista con la información de los clubes o algo por el estilo. Y quizás se encontrase con el club de camino, si tenía suerte.
Decidido, comenzó a caminar por los solitarios pasillos. El instituto estaba extrañamente silencioso a esas horas; apenas eran las tres de la tarde, pero ya no quedaba ni un alma. La jornada de clases acababa a las dos y media, excepto los martes y los jueves, que acababa a las tres y media; aquel día era lunes, y ya pasaba media hora del final de las clases, pero el colegio continuaría abierto por varias horas más, debido a las actividades de los clubes. Había muchísimos diferentes, estaba el club de Manga, el club de Cocina, el club de Natación, el club de Música, el club de los Aficionados a los elefantes, el club de Magia... muchísimos, a cada cual más extravagante. Feliciano había querido crear algún club por él mismo, pero nadie se había interesado en unirse al club de Acariciar gatos, así que se rindió y decidió unirse a uno ya existente.
Su hermano también creó un club, el club de Regreso a casa dos o algo así... ya había un club con este nombre, pero no quería unirse, así que creó uno parecido y le puso el dos al nombre... no aceptaron su idea, pero él sigue actuando como si fuese un club real. Actualmente sólo Antonio y él eran miembros.
Por aquel entonces, el club de Arte no existía, por lo que quiso unirse al club de Cocina, pero no le habían aceptado porque los miembros decían que ellos cocinaban en serio, platos verdaderamente elaborados y refinados, y que él sólo estaba interesado en cocinar pasta y pizza, por lo que no podía unirse. Aunque al joven italiano se le había metido en la cabeza que quería unirse a un club, por eso había seguido a Francis por todo el día, rogándole que le aceptase en el club. Cuando el francés ya estaba de los nervios, vieron a tres chicos de los primeros cursos rogando a uno de los profesores que les dejase abrir de nuevo el club de Arte, que había cerrado por falta de miembros hace tiempo, y no había vuelto a abrirse por falta de interés. Pero el profesor no les dejaba; decía que hacían falta más de tres miembros para abrir un club, hacían falta cinco. Entonces, él y Francis tomaron una decisión, e intercedieron por los chicos, diciendo que también querían unirse, y que al ser cinco, ahora no podían negarse a re abrirlo.
Francis no se pasaba mucho por el club últimamente, porque estaba ocupado desarrollando no sé qué plato francés fabuloso, pero eso no importaba, porque ya tenían más miembros, y las cosas iban bien. Feliciano sonrió nostálgicamente al recordar sus primeros momentos en el club de Arte; cómo fueron a comprar pinturas sin tener apenas dinero, lo mucho que les costó encontrar un aula para poder pintar en paz, incluso lo horrible que resultó tener que limpiar el aula que les asignaron, porque era una especie de desván donde guardaban sillas... sí, todo había sido muy divertido~
¡Y ahora estaba a punto de entrar en un club nuevo! Independientemente de que estuviese Ludwig en él o no, aquello significaba montones de nueva diversión~ seguro que sería una experiencia de esas que recordaría toda la vida, y se lo pasaría genial. Ya tenía ganas de empezar~
La sala de profesores no estaba tan lejos, podía ver el cartel a lo lejos, sólo tenía que llegar al final del pasillo y entonces... entrar y preguntar. No era tan difícil, sería capaz de hacerlo sin despeinarse. Aunque no solía hablar demasiado con profesores que no fuesen su abuelo, así que estaba un poquito nervioso... pero tenía que hacerlo de todos modos, así que abrió la puerta, preparado para encontrarse cara a cara con adultos sumergidos en documentos y exámenes que probablemente no le hiciesen mucho caso... pero lo que no se esperaba era que... la sala estuviese vacía.
- ... Ve...- Feliciano frunció un poquito el ceño, confuso. ¿No había nadie? ¿En serio? Es decir, vale que las clases ya hubiesen acabado, pero él esperaba encontrar al menos a dos profesores como mínimo... más que nada porque los clubes estaban abiertos y aún había menores en el edificio, y alguien debía mirar que no les pasaba nada... o algo así...
...
El italiano estaba confuso.
¡Pero alguien tenía que haber, seguro! Si no había nadie en la sala de profesores, podía probar a buscar en otro sitio... como la cafetería. Sí, quizás hubiese alguien en la cafetería, corrigiendo exámenes mientras tomaba un café con bollos. Sí, eso sonaba definitivamente mucho mejor que estar en la sala de profesores. Seguro que había alguien en la cafetería. De todos modos no tenía opciones mejores.
Soltando un suspiro, Feliciano comenzó a caminar en dirección contraria. La cafetería estaba algo lejos, en el otro edificio, pero en fin, tampoco era para tanto. A los pocos minutos salió al patio y pudo respirar el aire frío de la tarde. Sintió una fría brisa de otoño recorriéndole el cuerpo, y no pudo evitar estremecerse. Ya casi estaban en invierno, pronto empezaría a hacer frío de verdad. No le gustaba mucho el invierno, era... un poquito triste. Mucho frío, llovía más que en verano, las chicas se tapaban más, y no había ganas de salir a pasear o a jugar a fútbol. Ah, pero también era tiempo para pasarlo en familia, porque llegaba la navidad, y todo se iluminaría, y se llenaría de colores, y de regalos y canciones... y de dulces de navidad~ así que tampoco era tan malo. Además había vacaciones para poder disfrutar de todas aquellas maravillas, no podía quejarse.
Aunque... el hecho de que no hubiese más clases significaba que no podría ver a Ludwig tan a menudo como siempre, y eso le deprimía un poco.
Estaba ensimismado en sus pensamientos, cuando una ráfaga de aire frío le hizo estremecerse. Miró al cielo y vio que estaba comenzando a nublarse... probablemente llovería en un par de horas. Pues vaya problema, él que no llevaba paraguas... el italiano se frotó un poco los brazos, para crear calor por fricción, y apresuró un poco más el paso. Al entrar en la cafetería pudo soltar un suspiro de gusto al notar el calor de la calefacción y el olor a bollos recién hechos. Realmente aquel lugar era lo más parecido al cielo que había. Aunque... para su desgracia, en allí tampoco había nadie.
Bueno, no había ningún profesor. Pero en una de las mesas del fondo estaban algunos miembros del club de cocina, que parecían estar probando un nuevo plato. Pudo reconocer a Francis Bonnefoy, jefe del club, y a Yao Wang, hermano de Kiku con el que no se llevaba nada mal. No parecían estar muy satisfechos con los que estaban probando... ¿qué sería?
Aparte de ellos, en otra mesa más alejada estaba Arthur Kirkland, solo, leyendo un libro bastante grueso que Feliciano no pudo reconocer. El británico le daba algo de miedo al joven castaño, así que decidió evadirle para ir directamente a la mesa donde estaba el club de cocina.
- Ve~ ciao, Francis~- Saludó, contento de verle. El francés parecía estar aún más feliz de verle a él, porque le correspondió con una muy amplia sonrisa, así como el resto de personas de la mesa, quienes también le saludaron con alegría. Feliciano no les conocía de nada, pero la gente solía ser muy afectuosa con él sólo por aquel aura tan amigable que desprendía.
- Bonjour, Feli~ ¿qué te trae por aquí? Que sepas que seguimos sin querer aceptarte en el club~
- Vehehe~- rió él; ya se lo tomaba a broma- No quiero unirme ya, Francis, y lo sabes~
- Lo sé, sólo te tomaba el pelo, tontito~
- Ve... ¿Qué estáis comiendo?
- ¿Esto? Es un plato nuevo que estamos desarrollando...- contestó el galo, señalando un pequeño platillo que contenía algo que parecía una muy colorida ensalada de frutas, con algo extraño que parecía gelatina, y que le daba un color y un brillo aún más hermoso al plato.- Quería bautizar a este plato "Fruit de fées", es decir, fruta de las hadas... quería algo bonito y colorido para esta primavera que viene~
- Es precioso, Francis, tiene una pinta buenísima~ sí que tiene muchos colores~- El aspecto era buenísimo; Feliciano en serio quería probar un poco. Además, qué coincidencia que precisamente fuese un plato basado en hadas... eso le daba más ganas de probarlo~ ¿de dónde habría sacado la inspiración para algo así, si estaban en una estación tan poco colorida?
Pero, por muy buena pinta que tuviese, la cara del rubio no parecía la de alguien satisfecho con su comida.
- Bueno... en realidad... no nos está quedando muy bien...- empezó a murmurar, descontento. Enseguida se giró a mirar al asiático a su izquierda, poniendo mala cara.- No, no está bueno... ¡y es es porque Yao se empeña en ponerle esta salsa roja extraña!
- ¿Yo? ¡No es mi culpa aru!- El asiático se cruzó de brazos, molesto.- Sólo pensé que la salsa agridulce le daría colorido... y un toque exótico...
- Más que exótico, asqueroso. Ni se te ocurra hacerlo de nuevo.- Murmuró Francis, desganado.
- Zhùkôu aru! Sólo tenemos que probar otra cosa... la idea era ponerle color, yo sólo quería ayudar, y tú no has propuesto nada mejor.- Refunfuñó el chino.
- Ve~ bueno, yo estaba buscando el club de periodismo... ¿sabéis dónde está?- Feliciano aprovechó para cortar la discusión, no queriendo que sus amigos se peleasen.
- Oh... pues... exactamente no, mon ami, lo siento... sé que está en el segundo piso, por alguna parte, pero...
- Ve... ya veo. Bueno, no pasa nada, gracias, Francis~ al menos ahora sé el piso~ Aunque...- Iba a continuar con su camino para encontrar a sus nuevos compañeros, pero fue detenido por el fuerte sonido de su hambriento estómago.- Ve~ me entró hambre, mejor voy a comer antes de continuar.
- Bien, mon ami, llena ese estómago~- Francis rió y se despidió de su amigo con un gesto, al igual que el resto de los compañeros de la mesa.
- Por cierto~ quizás deberíais probar a poner miel~ la miel es dulce y brillante~ Y si no funciona, usad almíbar~- Dijo por último el italiano antes de irse a una de las mesas más cercanas a la puerta.
El francés y su amigo chino se miraron a los ojos un momento, sorprendidos, como si recién hubiesen descubierto los secretos del universo. Y apuntaron aquello en su libreta de notas; quizás les sirviera en un futuro.
Por su parte, Feli fue a sentarse, esquivando estratégicamente al inglés, quien hacía un rato ya que había estado mirando a la mesa del francés sin que nadie más se diese cuenta. Cuando el castaño dejó al grupo, se concentró inmediatamente de nuevo en su libro, fingiendo que había estado en la misma posición todo el rato. Por supuesto, el italiano ya sabía esto; cada vez que Arthur miraba en su dirección tenía un pequeño escalofrío involuntario. Pero decidió ignorarlo.
Bueno, o eso hubiese querido hacer, pero... algo llamó su atención. En concreto, el libro que estaba leyendo el rubio le llamó la atención.
"Manual enciclopédico de las criaturas mágicas, volumen V: Hadas"
...
No debería... pero... le llamaba tanto la atención... quería saber de qué iba ese libro. No entendía a qué venía aquella obsesión repentina por las hadas, pero... pero... pero no podía evitarlo. Había metido las narices en el asunto, y ahora le llamaba mucho. Demasiado.
Tanto que estaba a punto de levantarse para ir a preguntarle a una de las personas que más miedo le daban de todo el instituto de qué iba el libro que estaba leyendo.
Traducciones:
- Fratello, (italiano) = Hermano [Fratellino = Hermanito]
- Buona mattina, (italiano) = Buenos días
- Vaffanculo, (italiano) = (vete a cagar, [o algo similar a eso (?)] )
- Ciao, (italiano) = Hola
- Scusa, bella, (italiano) = Perdona, guapa
- Thanks, (inglés) = Gracias
- Bonjour, (francés) = Hola, buenos días
- Mon ami, (francés) = Amigo mío
- Zhùkôu, (chino) = Cállate
(Aquí las traducciones que tanto me pidieron :'D (?) )
Ejem, en fin... nuevo capítulo~
No hay mucho que decir, excepto que espero que a partir de ahora comience una etapa de inspiración y actualizaciones rapiditas c:
Feliciano se está metiendo en terreno pantanoso... ... o no, en realidad Iggy es muy majo, sólo un poco tsundere, por eso da la impresión equivocada uwu
En el siguiente capítulo, puede que pasen cosas... o puede que no :o quédense esperando la actualización! Aunque lo siguiente que actualice será el de Cafetería España! :D
Pero bueno~ muchísimas gracias por leer! ^^ Dejar review no cuesta nada y le alegra el corazón a una servidora :'D
Chaosu~
