Feliciano, después de pensarlo durante unos cuantos minutos, avanzó un par de pasos hacia la mesa donde se encontraba el inglés, aún indeciso. ¿Debería preguntarle? No sería muy difícil... sólo tenía que acercarse y saludar. Acercarse, saludar y preguntarle qué estaba leyendo... sólo eso. Fácil, ¿no? No parecía complicado... seguro que no pasaba nada...

Simplemente tenía que... acercarse...

Pero justo en ese momento el rubio le dirigió una mirada que hizo al italiano dar media vuelta sobre sus pasos y regresar a su mesa. El joven apoyó las manos sobre el mueble de madera y dejó escapar una suave risa nerviosa.

No podía, aquel tipo le crispaba demasiado. ¡Aquella mirada le asustaba demasiado, parecía que le quería pegar o algo! Mejor lo dejaba estar y se tomaba su comida en paz y tranquilidad.

Mientras tanto, el pobre Arthur no tenía ni idea de por qué el italo había dado media vuelta. Parecía que iba a hablar con él, así que le había mirado de reojo para confirmar que se acercaba a él de verdad, pero... entonces había dado media vuelta. No entendía nada. ¿Quizás no quería hablarle realmente, y se lo había imaginado? No es como si quisiese que le hablase ni nada por el estilo, claro, él estaba mejor sólo, pero... sería mucho mejor si dejase de mandarle mensajes contradictorios.

Iba a volver a su lectura, pero por algún motivo desvió la vista hacia la mesa del fondo. El club de cocina estaba siendo tan ruidoso como siempre... sobretodo el idiota de Francis, su voz le estaba taladrando el cerebro... no podía concentrarse así. Debería irse a la biblioteca y dejarles ahí haciendo sus tonterías.

Pero él había llegado antes... no tenía por qué irse. Deberían irse ellos, que eran los que molestaban. Sí, no pensaba moverse de allí. Él había llegado primero y punto. Ya se irían en algún momento. Aún le quedaba un buen trozo del libro por leerse... si se lo acababa antes de que ellos se fueran, pues mejor. Aunque le gustaría leer con tranquilidad... la voz del estúpido del francés le taladraba el cerebro... era como si sólo estuviese hablando él. Le fulminó con la mirada, como si así fuese a cerrar la boca, pero no lo hizo, claro.

...

Espera, ¿le estaba mirando?

¿Por qué le estaba mirando? ¿Y por qué sonreía así? ... Mierda, se estaba acercando. ¿Por qué se acercaba?

- Arthur, mon cher~- Canturreó la rana mientras caminaba a paso rápido hacia la mesa donde estaba sentado el inglés. Éste gruñó, fastidiado.

- ¿Qué quieres, Francis? Déjame en paz...- Murmuró, sin querer mirar su enorme y socarrona sonrisa.

- Me pareció que me estabas mirando~ ¿querías algo de mí?

- No te estaba mirando. Largo.- Musitó el ojiverde, aún sin mirarle.

- No seas así, estoy convencido de que me estabas mirando~ ¿te llamó la atención mi hermosa figura? ¿mi fabulosa melena? ¿o quizás fue mi irresistible sex-appeal? Sé que te atrae todo por igual~

- Imbécil, ¿cómo me iba a...? Agh, no tiene caso hablar contigo, eres un...- El inglés no lograba encontrar las palabras exactas para definir lo que creía que Francis era. Pero no eran precisamente palabras bonitas.

- ¿Un bombón? ¿Un encanto?- Rió el mayor, con aquella risa que ponía aún más nervioso al británico.

- ¡Claro que no! ¡Más bien todo lo contrario! You bloody git!

Feliciano miró la escena, algo atónito. No solía ver a Arthur Kirkland hablando con nadie... aquello era inusual. Es decir, le había visto con aquel chico rumano... Vladimir, creía que se llamaba. Y a veces con Alfred F. Jones, uno de los chicos del curso inferior... ¿no era el capitán del equipo de fútbol americano? Ah, sí, y también le había visto con su hermano Peter, claro... pero aparte de eso, con nadie más.

Así que Francis también le hablaba... ... Bueno, no debía ser tan mala persona entonces... quizás sí debía acercarse.

Decidió trazar un plan perfecto para poder hacerlo. Se levantaría e iría a comprarle un bollo o dos a la cocinera. Luego iría con ellos, con la excusa de querer compartir algo, y luego entablaría una conversación que podría desviar hacia el libro que el joven inglés estaba leyendo... sí, era perfecto.

Así que eso hizo. Se levantó, cogió su cartera y fue hacia la barra para pedir cualquier cosa.

Ah, aunque no cualquier cosa, claro. Tenía que ser algo rico... en estos temas Feliciano era muy exigente. Podría decirse que era todo un gourmet, tenía un paladar muy refinado; si una comida no era lo suficientemente buena, no le gustaría. Suerte que era buen cocinero... aunque su hermano Lovino cocinaba mejor que él, pero como no solía mover un dedo para esas cosas siempre le tocaba cenar lo que su abuelo les preparaba, o pizza a domicilio.

Por eso mismo, por su paladar refinado, estaba teniendo problemas con qué coger. Le apetecía algo rico, pero... ¿qué exactamente? ¿Un bollo relleno de crema? ¿Uno con chocolate y azúcar? O debería pedir un trozo de pastel de manzana? Tenían muy buena pinta... ah, pero debería decidirse ya o Francis podría irse... rápido, rápido...

- ¿Qué te apetece, cielo?- Preguntó la cocinera, una señora regordeta que era responsabe de toda la bollería que había allí. La cafetería tenía una cocina en la parte de atrás, donde ella y un par de chicas más se encargaban de hacer todo lo que se servía. No pedían nada encargado, con la excepción de algunas de las bebidas y chucherías. Precisamente por esa cocina y por todos los materiales que tenían, el club de cocina se reunía allí a cocinar de vez en cuando. Claro está, tenían que traerse sus propios ingredientes, no se los iban a dar de gratis... aunque según Francis, a veces lo hacían.

- Ve... pues... no sé... quizás un par de trozos de pastel de manzana...- El italiano dudaba.

- Ese está recién hecho, seguro que te encanta~- Dijo la señora, con una gran sonrisa.

- Entonces quiero de ese~- Confirmó, mientras miraba de reojo hacia atrás para ver si esos dos seguían hablando. En efecto, seguían enzarzados en lo que parecía una especie de pelea unilateral.

Unilateral porque Arthur era el único que parecía estar peleando. Francis simplemente reía y contestaba tranquilamente, con frases que parecían poner de mal humor al inglés. Era algo extraño pero a la vez entretenido de ver.

Feliciano siguió observando mientras esperaba a que la cocinera le terminase de cortar los trozos de pastel que había pedido. La amable mujer se los sirvió poco después en un plato, junto con un tenedor y un par de servilletas, y le deseó un buen provecho mientras volvía con sus quehaceres. El italiano le dio las gracias y caminó de regreso a su mesa. Bueno, a la mesa del inglés.

La conversación parecía haberse calmado un poco; Arthur había decidido que, si no hablaba más, el idiota del barbudo no podría contestarle, así que estaba callado, para frustración del francés, que quería seguir hablando un poco más.

- Oh, venga, Arthur, no te enfades con moi... sólo quería hacerte compañía un rato...

- ... -Nada, el otro seguía con su silencio. Francis hizo un pucherito, indignado por su indiferencia.

- Ve... ciao, Francis.- Feliciano, quien se había acercado a ellos lo suficiente, saludó con timidez.- C-ciao, Arthur.

- Oh, Feli, ¿qué pasa?- El francés devolvió el saludo, animado por tener a otro integrante en la conversación. El inglés simplemente respondió con un "hello", y luego volvió a su libro, para angustia del mayor.- Mira, me está ignorando. Eso no se hace, Artie...

- No me llames así.- Gruñó el aludido, mosqueado.- Y te ignoro porque eres un idiota, nada más.

- Yo que venía a hablar contigo y a pasar el rato... parecías aburrirte, mon cher.

- Estoy leyendo, no me molestes.

- Eres imposible. Intento darte conversación y me lo pagas así.- Francis se cruzó de brazos, ya empezaba a mosquearse.- Por eso no tienes amigos.

Se hizo un silencio sepulcral nada más el galo dijo esas palabras. Arthur parecía obviamente herido, y Feliciano empezaba a sentir que se había metido en algo demasiado grande como para poder manejarlo. Por su parte, Francis creía haber metido la pata hasta el fondo, pero no dijo nada simplemente por orgullo. Él también estaba herido por el rechazo tajante del inglés... eso no justificaba sus crueles palabras, pero igualmente las había dicho y no las pensaba retirar.

- ... Sí que tengo amigos, imbécil.- El ojiverde estaba demasiado herido como para siquiera mirarle, aunque intentaba enmascararlo como si estuviese simplemente ignorándole.

- ¿Aparte de tus amigos invisibles? Sorpréndeme.- Siguió el otro, quien por algún motivo no podía parar de decir cosas hirientes.

- Cállate, claro que tengo...

- No, no tienes, por eso te sientas aquí solo a leer libros que a nadie le interesan...

Quizás no era buen momento para decir nada, pero Feliciano encontró ahí una oportunidad para decir algo.

- Ah... a mí sí que me interesa lo que está leyendo, Francis...- Dijo, algo tímidamente.

- ... ¿En serio?- El francés levantó una ceja, extrañado.

- ¿De verdad?- El inglés miró al italiano, extrañado también; aunque enseguida cambió su expresión de sorpresa por una de confianza y una sonrisa socarrona.- Digo... claro que te interesa. Este libro es una joya donde las haya. Lo que pasa es que la rana idiota esta no sabe reconocer una buena lectura cuando la ve.

El italiano prefirió no mencionar que si no estuviese mezclado en aquel asunto del hada de los tomates, aquel libro no le interesaría en lo más mínimo, ni siquiera como posavasos, y siguió con la conversación.

- Ve... parece interesante. ¿De qué trata exactamente?- Preguntó.- ¿Es un libro que va de hadas, o una historia de fantasía con muchas hadas?

- No exactamente... es un manual donde te explica las distintas hadas que hay en el mundo. Su hábitat, sus costumbres, su tamaño... te lo explica todo.

- Vee... ¿en serio? ¿y hay muchas hadas?

- Montones~- Arthur sonrió, feliz de que alguien se interesase por sus cosas. Estaría feliz de explicarle todas y cada una de las especies de hadas que habitaban en la tierra, pero dudaba que tuviese tiempo material para hacerlo... al menos en aquel día. Pero estaría más que encantado de responderle a todas sus preguntas.

- Suena muuy aburrido...- Suspiró el francés, queriendo que la conversación se desviase hacia él de nuevo. Pero esta vez el inglés tenía algo con lo que contraatacar.

- ¿Sí? Pues parecías más que interesado ayer... recuerdo que me rogaste que te dejase leer un poco... lástima que tu mal gusto sea tan marcado.

- ¿Eeh?- Francis parecía ofendido.- ¡Sólo lo leí porque buscaba inspiración para un plato nuevo! ¡Aunque ni para eso sirve!

- Claro que sirve, lo que pasa es que no tienes imaginación. Por eso no te salen los platos como quieres... mejor dicho, no te salen porque ni sabes lo que quieres.

- Ve, ¿usaste este libro para hacer el plato que me enseñaste antes, Francis?- El galo iba a decir algo, pero Feliciano intervino, en un intento de relajar la situación.- ¿Qué te inspiró exactamente? ¿Hay un hada de la fruta o algo así?

- ¿Eh? Ah... sí, algo así...- Murmuró Francis, sin muchas ganas ya de seguir con aquella discusión.

El inglés sintió entonces que había ganado aquella batalla verbal. Aunque no la guerra, claro está... seguro que el idiota barbudo volvería a molestarle pronto.

Pero dejando eso aparte; empezó a rebuscar entre las páginas del tomo, intentando encontrar el hada en la que el italiano estaba interesado.

- Bueno, en realidad hay varias hadas relacionadas con la comida, pero por ejemplo, te puedo mostrar esta.- Empezó a decir, a la vez que le mostraba una página con una ilustración de un hada pequeñita, delgada y colorida. La imagen provocó que Feliciano sonriese de oreja a oreja ante tanta adorabilidad.

- ¡Vee! ¡Qué bonita~! Me gustaría leerlo, pero tengo que ir al club en un rato, así que no podré...- El italiano puso cara triste, pensando que quizás nunca sabría más de aquellas hermosas criaturas. Tampoco es que fuese vital para su vida el saberlo, pero de todos modos le interesaba, por algún motivo.

- El libro...- El inglés parecía sumergido en sus pensamientos.- En realidad lo saqué de la biblioteca, así que podrás leerlo cuando lo devuelva...

- Ve~ ¿en serio? Sería genial~- Dijo Feliciano, más que feliz de oír eso. Pensaba que el libro era de Arthur; no tenía la confianza para pedirle prestado el libro, así que se había temido lo peor. Pero el libro era de la biblioteca~

No es que fuese a leerse el libro entero, claro está... el lomo de éste era tan grande como su brazo, así que ni de broma lo leería entero... pero podría ojear las partes que le interesasen. Además, quizás hacer eso podría inspirarle para dibujar algún hada o algo así, seguro que a los niños les gustaba mucho.

Inconscientemente, empezó a mordisquear el trozo de pastel de su plato. Tenía hambre, su mano se había movido por sí sola aunque no fuese su intención. El francés, que había estado observando todo el rato, tuvo un antojo inmediato al verlo; necesitaba quitarse el mal gusto que le había dejado la salsa agridulce del chino de algún modo, y aquel postre parecía el modo perfecto para ello.

- Feli, mon petit~ ¿me darías un poquito de eso?- Preguntó, con tono suplicante.

- Claro, toma un trozo.- Dijo él, dándole un pedazo bastante grande de su bollo, para el regocijo del mayor. A veces Feliciano era demasiado bueno.

- Si me das un trozo tan grande te quedarás sin nada, cher~- Canturreó. A pesar de sus palabras, ya había cogido el pastel y había empezado a morderlo.

- Ve, no te preocupes, tampoco tengo tanta hambre~ ¿tú quieres, Arthur?- Ahora que el italo ya se sentía más cómodo, se atrevía incluso a ofrecerle comida al británico, aunque éste declinó la oferta con una sonrisa nerviosa. No estaba acostumbrado a que le ofreciesen nada.

- No, no, gracias, tengo comida para mí.- Dijo, mientras rebuscaba en su mochila. Sacó un envoltorio de papel de plata y lo abrió, enseñando... algo. El italiano no estaba seguro de lo que era, ni de si era comestible.- Son scones... ¿quieres probarlos? Hice suficientes para cuatro personas, así que... no es que esté ofreciéndote por otra cosa, es que tengo demasiados para mí, y... por eso te estoy dando.

Feliciano miró los scones con desconfianza. Eran algo... extraños. ¿Eran bollos? Parecían deformes... y... ¿ese color oscuro era normal? Bueno, quizás fuesen así de feos en general... a lo mejor estaban buenos... su amor por la comida le obligaba a probar cualquier cosa que estuviese catalogada como tal, así que al principio iba a aceptar... pero al ver a Francis negar con la cabeza frenéticamente, cruzando los brazos como diciendo que por lo que más quisiera, no... ... aquello le hizo cambiar de opinión. Después de todo, si Francis lo decía, sería por algo... ¿no?

Tampoco es como si aquello tuviese buena pinta, para empezar.

- N-non, grazie... no tengo mucha hambre, tengo suficiente con esto.- Respondió entonces, con una sonrisa nerviosa. El francés soltó un suspiro de alivio, y relajó la postura. El inglés, por su parte, parecía algo decepcionado.

- Oh, bueno, no pasa nada... más para mí.- Dijo, haciendo un pucherito. Enseguida cerró el libro y lo guardó en la mochila.- Yo me iré a casa, es tarde y parece que va a llover en cualquier momento...

- Como si te importase mojarte o algo...- Murmuró el francés, sonriendo levemente.

- No me importa, pero tengo libros que preferiría mantener secos, gracias.- Respondió de mala gana Arthur, a la vez que se levantaba y se cargaba la mochila a su espalda.

- Los de mi club ya se van a casa, si quieres te acompaño~

- No, gracias. Estoy bien sólo.- Dijo el inglés, mientras comenzaba a andar hacia la salida. Francis hizo un pucherito, algo decepcionado, y miró el reloj en su muñeca.- Hmm... ¿son ya las cuatro? Sí que es tarde... debería irme.

A Feliciano casi se le cae el pastel de la boca al escucharle.

- V... ¿ve? ¿Las cuatro, dijiste?- Alterado, empezó a pensar que debía darse prisa también.- Espero que Eliza y los demás no se hayan marchado ya...

- Oh, pues mejor date prisa, cher... ya casi es hora de cerrar... aunque si habías quedado con ellos no creo que se hayan ido todavía...

- D-dijiste que el club de periodismo estaba en el segundo piso, ¿no?

- Sí, sí, date prisa~- Francis le empujó un poquito hacia la salida, sonriendo.- El edificio de secundaria, ¿vale?

- Grazie, Francis~- Dijo el italiano antes de salir por la puerta y volver a encontrarse con el frío aire de la tarde.

Corrió por el patio hacia el edificio que el galo le había dicho, mientras intentaba ignorar el viento helado que le revolvía el pelo y se colaba debajo de su camiseta, provocándole un ligero escalofrío. Era sorprendente el ritmo tan rápido al que el verano estaba desapareciendo. Hace un par de semanas hacía un calor sofocante, y ahora...

Feliciano al final llegó al edificio, y se frotó los brazos para darse calor con la fricción. Suspiró y se dirigió hacia las escaleras para ir al segundo piso, mientras se arreglaba un par de mechones que el viento había despeinado. Luego de eso, subió los escalones de dos en dos, impaciente por llegar. No sabía exactamente dónde estarían todos reunidos, ya que el segundo piso era muy amplio... pero podía ir mirando clase por clase hasta encontrarles. Y eso hizo. Cuando llegó al piso, empezó a comprobar todas las clases, una por una.

Tuvo la mala suerte de abrir la puerta del aula donde estaba reunido el club de Fotografía; le metieron un buen regaño por molestarles mientras revelaban sus fotos... pero al menos no les arruinó nada importante.

Además, para su suerte, los gritos del capitán del club atrajeron a cierta personita que llevaba esperando a Feliciano desde las tres de la tarde.

- ¡Feli!- El italiano estaba cerrando la puerta de nuevo cuando escuchó la voz de la húngara desde el otro lado del pasillo.

- Eliza~ ve, ciao~ justo os estaba buscando~- Dijo Feliciano, más tranquilo al ver que la chica seguía allí. Empezó a avanzar hacia ella alegremente, sin poder evitar sonreír.- Me alegro de que no os hayáis ido todavía~ tenía que arreglar mi horario con el club de Arte y... y luego fui a la cafetería un rato...

- No pasa nada, cielo.- Dijo ella, sonriendo también.- Aunque en realidad ya nos íbamos... pero llegas justo a tiempo.

- Ve... lo siento.- Se disculpó él, sonriendo con algo de culpabilidad. Era cierto que se había entretenido un poco hablando con Francis y con Arthur...

- Mira, ven, te enseñaré dónde está el club, así para la próxima no te perderás.- Elizabeta le cogió de la mano y le arrastró hacia el fondo del pasillo.- Es aquí... nos reunimos todos los días, aunque a veces estamos muy poco rato porque tenemos otras cosas que hacer~

Como Feliciano esperaba, era un aula normal. Aunque todas las sillas y mesas que estorbaban estaban echadas a un lado, y todo estaba extremadamente limpio. Kiku y Ludwig estaban allí dentro; ambos levantaron la cabeza al escucharles entrar. Kiku enseguida se levantó a saludarle.

- Ah, Feliciano-kun, bienvenido.- Sonrió el japonés mientras se acercaba al italiano.- Ya nos íbamos, pero me alegro de que hayas podido venir. Pasa y ponte cómodo.

El joven sonrió. Su amigo seguía tan formal como siempre.

- Ciao, Kiku~ quería venir antes, pero pasaron cosas...- La mirada de Feliciano divagó un momento hacia donde estaba el alemán. También se había levantado, parecía que tanto él como Kiku habían estado recogiendo sus cosas para irse.- Ve... hola, Ludwig...

- Buenas tardes.- Saludó él, con un tono serio y más formal incluso que el que había utilizado el japonés. No sorprendió mucho al italiano, porque el alemán siempre era formal, pero... no pudo evitar ponerse un poquito triste. Aquella mañana parecían amigos, pero ahora volvían a ser los simples desconocidos de siempre.

- Entonces... ¿ya os ibais?- Murmuró, algo desalentado.

- Yo ahora me dirigía a la biblioteca; tengo que encargarme de unas cosas antes de irme.- Dijo Kiku, volviendo hacia donde estaban sus papeles, para guardarlos en su bolsa.- Pero ya que estás aquí, acabemos de discutir el asunto de los horarios. ¿Sabes cuándo serás capaz de venir?

- Ah, sí~- Respondió Feliciano, algo más animado.- Justo aclaré eso con mi club hace un rato~ podré venir los martes y los miércoles. No son muchos días, pero...

- Es totalmente comprensible, Feliciano-kun, después de todo son dos clubs los que tienes que atender...- Murmuró el nipón, mientras anotaba lo que el menor le decía en su agenda. Perfecto, pues... con esto está todo.

- Aunque te argadeceríamos que te pasases algún otro día, aunque sean cinco minutos~- Dijo Elizabeta, quien, ahora que Feliciano se fijaba, tenía la cartera también preparada; parecía que tenía algo de prisa por marcharse.- Yo he de ir a casa ahora, nos vemos mañana, ¿sí?

- Ve, claro~- Dijo el italiano.

- Parece que va a llover de un momento a otro... suerte que me traje un paraguas conmigo esta mañana...

- Sí, ayer pronosticaron lluvias en el parte meteorológico de la noche, así que traje un paraguas también.- Afirmó el alemán, quien también había terminado de recoger sus cosas. Kiku a su vez asintió, indicando que también tenía un paraguas.

- Y-yo no tenía ni idea de que hoy iba a llover...- Murmuró Feliciano.- El cielo parecía tan despejado...

- Ay, Feli...- Suspiró Elizabeta, con una sonrisa.- Bueno, no te preocupes... yo tengo algo de prisa y voy por otro camino, pero seguro que Ludwig te puede acercar a casa... ¿verdad, Lud?

- ¿Eh? ¿Yo?- El alemán parecía sorprendido por las palabras de la chica, pero, por otra parte, no podía negarse.- B-bueno, es cierto que no me supone un problema acercarle...

- ¿Vee? Pe-pero no quisiera ser una molestia... seguro que Ludwig tiene cosas que hacer...

- No, no, no le molestas, cielo, si tiene la tarde libre.- La húngara cogió a Ludwig del brazo y le acercó hasta el italiano, con una sonrisita.- Yo me marcho, pero nos vemos mañana~ Vizslat~

Y tras estas palabras, la joven se fue corriendo por el pasillo.

- Bueno, dicho todo... yo también tengo cosas que hacer.- Kiku, a su vez, también comenzaba a irse.- Un gusto verte, Feliciano-kun. Ludwig-san, nos vemos mañana.

- Ah, sí... adiós...- Logró decir el rubio antes de perder de vista al japonés.

Se hizo un silencio algo incómodo.

Feliciano miró al suelo, luego al techo y luego a las paredes, algo nervioso. No esperaba quedarse a solas con Ludwig, y mucho menos esperaba que éste le acompañase a casa. Aunque por sorprendente que pudiese parecer, ahora era una realidad. El alemán tampoco tenía muy claro cómo reaccionar, aunque debía intentar mantener la cabeza fría y no ponerse nervioso por aquel cambio de planes. Feliciano también trató de tranquilizarse; lo mejor sería iniciar una conversación casual...

- Q-qué cabeza la mía, ¿no? Mira que no traerme el paraguas...- Rió el castaño, algo nervioso.

- Le puede pasar a cualquiera, no te preocupes.- Respondió el rubio, tratando de seguirle la conversación.- Bueno... ¿nos vamos ya, o quieres hacer algo antes?

- No, no, nos podemos ir cuando quieras.- Dijo Feliciano rápidamente.

- Entonces vamos.- Sugirió el más alto mientras salía del aula. El otro le siguió, tratando de no separarse mucho.

Caminaron por los pasillos, mientras conversaban acerca de los exámenes. Al parecer a Ludwig el de matemáticas de aquella mañana le había salido perfecto... aunque a Feliciano no le extrañaba demasiado. Ludwig era muy listo; era otro de los motivos por los que le gustaba... aunque eso no se lo iba a decir, claro.

Era bastante bueno poder hablar con alguien tan inteligente de las preguntas de los exámenes; el italiano había tenido algunas dudas en ciertos apartados, y que el rubio se acordase todavía de las preguntas y pudiese darle las respuestas le alegraba un montón.

- Eeh... así que la respuesta a ese ejercicio era cuatro... vaya, creo que lo tengo bien~- Dijo Feliciano mientras salía junto con Ludwig al patio. Estaba feliz porque había usado un esquema parecido al del alemán para resolverlo.- Creo que voy a aprobarlo~ mi hermano me ayudó mucho el domingo, así que me sentiría mal si suspendiese el examen...

- ¿No se te dan bien las matemáticas?- Preguntó Ludwig.- No son complicadas; sólo tienes que comprender las fórmulas y memorizarlas, el resto saldrá solo.

- Vee... el problema es que no las puedo memorizar bien.- Rió Feliciano, algo incómodo. No quería parecer tonto, pero... las mates no le gustaban, no.

- Bueno, sólo es echarle horas de estudio.

- Seguro que tú estudias mucho, Ludwig~ por eso sacas tan buenas notas.- Dijo el italiano, mientras miraba al cielo encapotado de nubes oscuras. El alemán miró hacia arriba también, con seriedad.

- Sí, paso bastantes horas estudiando.- Tampoco es que tuviese otra cosa mejor que hacer, pensó. Aunque eso se lo calló, claro.

Justo en ese momento Feliciano notó cómo le caía una gota en la nariz. Parpadeó y se pasó el brazo por la cara para secarse.

- Ve... creo que va a empezar a llover ya...

- ¿Debería abrir el paraguas?- Preguntó el alto, quien aún no había notado nada. El italiano esperó un poco, y al notar que le caían más gotas, asintió. Ludwig, quien ya había empezado a sentir la lluvia también, por lo que no se hizo de rogar a la hora de abrir el paraguas.

Era un paraguas simple, gris y grande. Feliciano enseguida se puso más cerca del alemán, para no mojarse en cuanto empezase a llover con más fuerza. Se le hacía raro estar tan cerca... aunque aquella incomodidad que había sentido la primera vez ya no estaba tan presente. ¿Sería que ya le había empezado a tomar confianza?

- Te acuerdas de dónde está mi casa, ¿verdad?- Preguntó entonces, recordando que hacía unos días ya le había acompañado.

- Sí, no está muy lejos, lo recuerdo.- Asintió él, también recordando ese mismo día.

- Ve~ ¿tienes algo que hacer esta tarde?- Feliciano no tenía nada en mente, había preguntado por preguntar. Aunque enseguida pensó que quizás el alemán se lo tomaba como una invitación, así que se apresuró a corregir sus palabras. Después de todo, Lovino estaría en casa con Antonio... al menos aquello era lo más seguro... y no quería llevarse una reprimenda por llevar a Ludwig a la casa.- Yo tengo que terminar un trabajo de la clase de arte, un proyecto extra que me propuso el profesor para subir nota, así que estaré toda la tarde para terminarlo...

- Oh, es cierto, se te da bien dibujar, ¿no?- El alemán más bien parecía hablar para sí mismo.- Quiero decir... nunca he visto uno de tus dibujos, pero... el profesor de arte parece muy contento contigo, y además también estás en ese club...

Feliciano sonrió aún más al ver que el alemán se había fijado en él en clase. Rió un poco, halagado, y empezó a hablar con más ánimo.

- Sí, no se me da mal dibujar... aún me queda mucho que aprender, claro, pero me gusta~ ¿a ti te gusta dibujar, Ludwig?

- Bueno... no es que no me guste... aunque no creo que se me de tan bien como a ti.- Respondió éste, pensando en las clases de arte. Ciertamente, no odiaba dibujar, pero... le costaba un poco. No era algo tan sencillo como recordar fórmulas, era algo más complejo que todo eso...- Aunque si sigo los esquemas de proporciones no me cuesta tanto.

- No es difícil~- Rió el italiano, algo sorprendido al ver que al alemán le costaba hacer algo.- Algún día tienes que enseñarme alguno de tus trabajos, yo tampoco he visto ninguno~

- Algún día...- Asintió Ludwig.

- ¿Cuándo tenemos la próxima clase?- Preguntó el castaño, quien no se acordaba de su horario, pero que estaba seguro de que el alemán sí lo haría.

Así, continuaron hablando todo el camino. Las respuestas del rubio eran algo articuladas al principio, pero poco a poco empezaba a soltarse y a contar más cosas de sí mismo, para alegría de Feliciano.

Hablaron de la escuela, de pintura, de los perros de Ludwig, de Lovino... Feliciano estuvo a punto de soltar sin querer que estaba saliendo con Antonio, pero se acordó y se contuvo en el último momento. Seguro que a Lovino no le haría ninguna gracia que el alemán se enterase.

Por su parte, Ludwig sí le contó que su hermano parecía interesado en Elizabeta, pero que no estaba seguro. Aquello interesó a Feliciano, porque a él también le había parecido que había algo entre esos dos... aparte de todos esos golpes que se daban cuando discutían, claro. Pero sin pruebas no había crimen; no había modo de comprobar sus sospechas... de momento.

Cada vez llovía con más fuerza; el sonido de la lluvia golpeando el suelo pasó a ser una de las pocas cosas que se escuchaban, aparte del ruido de los coches. A Feliciano nunca le había gustado mucho el paisaje lluvioso, le parecía triste, solitario y deprimente... pero con Ludwig al lado tampoco estaba tan mal, pensó.

Los veinte minutos que había desde el instituto hasta su casa se le pasaron volando.

- En fin... ya hemos llegado.- Dijo el alemán, deteniéndose al llegar a la puerta de la casa.

- Ve... ¿ya?- Feliciano hizo un pucherito; ni se molestó en disimular su decepción.- Se me ha pasado muy rápido... es muy fácil hablar contigo, Ludwig~

- Mañana volveremos a vernos en clase.- Murmuró él, sonrojándose un poco con el cumplido.- Podremos seguir hablando si quieres...

- Genial~- Canturreó el italiano, feliz.- Quisiera probar esas wurst de las que me has hablado~

- Mañana puedo traerte unas pocas, si quieres. Tengo que comer en el instituto, de todos modos... tengo que acabar un par de cosas del club.

- Entonces te ayudaré con eso~ mañana es martes, así que tengo que pasarme por allí~

Por algún motivo le costaba despedirse... y eso que hace unos minutos estaba tan inquieto pensando en qué podría decir para romper la tensión. Pero hablar con Ludwig era más sencillo de lo que había pensado, era muy amable y parecía que podías hablar con él de cualquier cosa...

Finalmente, tras unas palabras de despedida, el alemán se fue a su casa, y Feliciano entró en la suya, canturreando una melodía cualquiera que le había venido a la mente. No había nadie, al parecer... no esperaba que su abuelo estuviese allí, pero Lovino podría haber estado... parecía ser que no.

Quizás estuviese en casa de Antonio, o en algún portal cualquiera esperando a que pasase la lluvia... ya que no recordaba que se hubiese llevado un paraguas con él aquella mañana, y Antonio tampoco parecía tener ninguno. Bueno, ya llegaría...

Aún canturreando, Feliciano fue hasta su cuarto y dejó la mochila encima de la cama; tenía que acabar el proyecto de arte del que le había hablado a Ludwig hacía un rato, y estaba de un humor excelente, así que podía dibujar sin preocupaciones.

Había sido un bonito día, aquel... no podía esperar al siguiente.


asdfasdfasdfasd helloes :333

Antes de nada, anuncio que el lunes empiezo la universidad, y que me será más complicado subir actualizaciones de tanto en tanto.

De todos modos, aviso que Hima-sama ha empezado a publicar para la Jump! Hetalia World Stars, así se llama la nueva temporada, y creo que actualizará bastante seguido, no puedo esperar~ (esto significa que no perderé interés en la serie por culpa de los estudios... de todos modos dudo que algo así pasase incluso sin nueva serie, pero se agradece que la haya xDDD)

Miradla, sé que sois niños buenos que quieren verla, pero aún así os digo que la miréis ovo

Ahora aprovecharé para decir que Arthur me da penita, que lo amo y que Francis es un insensible Q3Q Eso y que Elizabeta y Kiku aún no lo tienen como OTP, pero shippean el Gerita~ Soon moar~

Y en fin, no tengo mucho más que decir... espero que disfrutéis el capítulo, una review siempre se agradece~

Nos vemos~ chau :3