Al día siguiente, Ludwig Beilschmidt se despertó gracias a un húmedo lametón en toda la cara de no uno, sino dos perros hambrientos y bastante hiperactivos para ser sólo las siete de la mañana.

Por supuesto, el alemán estaba más que acostumbrado a esas constantes muestras de afecto matutinas, así que no emitió ningún tipo de queja, únicamente entreabrió los ojos para ver cuáles de sus tres perros habían acudido a despertarle. La visión de su enorme pastor alemán y de su hovawart le hicieron sonreír levemente, con una calidez que nunca mostraba fuera de su hogar y que seguramente a cierto italiano le hubiese gustado ver; aunque no es como si él supiese eso.

- Guten morgen...- Recién levantado y con la voz algo ronca, el rubio se desperezó y acto seguido llevó sus manos hacia el pelaje de sus dos mascotas, para acariciarlas. Los dos perros agitaron la cola y bajaron de la cama de su dueño para empezar a dar vueltas, agitados. Tenían hambre y querían comer ya.

Pero antes que nada había que vestirse. Esa era la rutina del joven Beilschmidt, se despertaba, se vestía, se aseaba y, después de darle el pienso a sus perros, desayunaba periódico en mano. Pensando aún en lo que había soñado durante la noche, un tren recorriendo de forma constante un túnel que parecía infinito, Ludwig se ajustó la corbata y se apresuró a apagar la alarma de su teléfono, que había empezado a sonar. Normalmente contaba con su fiable alarma despertador, pero en ciertas ocasiones eran los perros los que le despertaban con sus ladridos o sus variadas muestras de afecto, (las que incluían lametones, tirones de ropa o embestidas suaves, entre otras). Aquel día había sido el primero en aquella semana donde había sido así, pero seguramente habría más; después de todo aún era miércoles.

Miércoles... eso le hacía recordar que debía entregar aquel trabajo de lenguaje que había estado preparando durante varias semanas. Seguramente sacaría un diez, como con todos los anteriores trabajos que había hecho aquel curso. Todos los profesores estaban orgullosos de él, sin excepción alguna. Hasta el profesor de italiano, asignatura optativa que había decidido tomar aquel curso para aprender cosas nuevas, decía que había progresado enormemente.

Quizás la razón por la que el pequeño Ludwig escogiese como optativa la asignatura de italiano sea confusa; podría haber cogido alemán, su lengua materna, u otra cualquiera como francés, pero todo se remontaba a aquel viaje que había hecho a Italia hace un par de años. Tanto él como su hermano habían querido ir a Roma, la mejor ciudad del mundo para muchos, y su nueva ciudad favorita desde el momento en el que puso un pie en ella. Era hermosa, soleada y vivaz, la comida era deliciosa... no le importaría vivir allí toda su vida. El problema... era el idioma.

Demasiado rápido, demasiado expresivo.

El alemán se había llevado un diccionario consigo para poder resolver cualquier improvisto que se le presentase, pero nada más le preguntó a un vendedor cuánto costaban las manzanas, éste puso una cara temerosa y le dijo en inglés que se las podía llevar gratis. Luego Gilbert se rió de él. Aquello le había molestado bastante, y había querido aprender italiano desde aquel día, para que ese tipo de cosas no volviesen a suceder jamás. Y lo estaba llevando bien, pero había muchas cosas que aún no comprendía. Los italianos tenían muchas frases hechas que no lograba captar, y luego estaba el lenguaje corporal... Hacían gestos constantemente, y estos gestos constituían más del cincuenta por ciento de lo que decían. Nada que ver con el alemán, que era más articulado y formal... no, el italiano era algo más complicado que todo eso.

Luego observaba a Feliciano Vargas, que iba a la misma clase que él, y le envidiaba un poco por la enorme soltura que tenía al hablar. Claro, él era italiano de nacimiento... ¿de Venecia, había mencionado en una ocasión? ...pero aún con todo, era muy animado y expresivo. Era algo que le gustaba observar, que intentaba aprender. Quizás, ahora que se conocían un poco más, podría pedirle ayuda con esas cosas... ¿o quizás era demasiado pronto?

Ludwig terminó de ponerse la chaqueta y se dirigió al cuarto de baño, aún pensando en el italiano. Últimamente su vida había sido bastante más agitada de lo normal, quizás él tuviese algo que ver, o quizás no... bueno, definitivamente sí tenía algo que ver. Había entrado en el mismo club que él hacía poco, habían hablado en clase, y también fuera de clase. También le había acompañado un par de veces a su casa... el rubio recordó el momento en el que compartieron el mismo paraguas mientras se lavaba la cara. Se secó con la toalla y se miró al espejo, aún divagando. Tenía una expresión cansada, como todos los días; los flecos de su flequillo casi le tapaban los ojos, era momento de cortarlos... quizás aquella misma tarde, o la siguiente a más tardar. Pensando en ello, se echó el pelo hacia atrás, haciéndose su característico peinado de toda la vida, y procedió a lavarse los dientes. Unos ladridos provenientes del piso de abajo le instaban a darse prisa; no quería despertar a los vecinos de tan buena mañana y tener más quejas...

Esperaba bajar a la cocina y encontrarlo todo igual que siempre: Las encimeras vacías e impolutas, el suelo limpio y reluciente, su enorme rottweiler durmiendo en una esquina y dando sus característicos resoplidos, el pienso en un armario bajo el fregadero, el reloj en la pared emitiendo su monótono tic-tac... nada relevante, nada destacable, sólo su día a día rutinario. Lo que no esperaba era encontrar ya platos sucios, cuencos llenos y manchas de huevo en la mesa. Un desorden que sólo podría haber sido causado por el otro ocupante de la casa; su hermano Gilbert.

- ¡Ooh, West! Guten morgen!- Saludó el albino desde la mesa mientras jugaba con un trozo de bacon.- ¿Cómo le va a la segunda persona más grandiosa del mundo?

- Bruder? ¿Qué haces despierto?- Sí, Ludwig estaba sorprendido... Miró el reloj de nuevo. Aún era muy temprano...- Son las siete y cuarto, ¿lo sabes?

- Ja, ja, lo sé, ¿qué pasa con eso?- Preguntó el otro, algo distraído manoseando el desayuno.

- Y hoy es miércoles...- Continuó el menor.

- ¿A dónde quieres llegar?

- Te lo preguntaré directamente, bruder. ¿Acaso tienes pensado ir a clase hoy?- Cuestionó él, esperando que aquella fuese la respuesta. No estaría mal que su hermano fuese a clase algún que otro día.

- Claro que voy a ir.- Respondió Gilbert, resoplando con indignación.- ¿No me viste ayer copiando los deberes de la loca de Elizabeta? No los he copiado por nada, ¿sabes?

- ¡No copies los trabajos de los demás!- Exclamó el otro, algo enojado porque su hermano no se tomase las cosas tan en serio como debería.

Aunque sí, el día anterior Gilbert había hecho los deberes. Sería porque no echaban nada en la televisión, o que se aburría demasiado, pero... la cuestión es que los había hecho. De vez en cuando hay milagros, mira tú por dónde. Ojalá se convirtiese en un nuevo hábito, pensó el rubio a la vez que se servía un bol de cereales. Se sentó al lado de su hermano y empezó a comer mientras éste le contaba sus grandiosas hazañas... sin ir más lejos, hace un par de minutos había logrado un récord personal en lo que a beber leche de golpe y sin respirar se refiere.

La verdad era que... las mañanas eran un poco menos grises si había alguien para pasarlas contigo. Ludwig sonrió levemente y se dedicó a escuchar todo lo que el mayor quisiese decirle, por estúpido que fuese.

Hasta que...

- Y sabes, ayer Franny se dedicó a ignorarme toda la tarde... ¡qué poco genial por su parte!- Gruñó Gil, haciendo un pucherito. Inmediatamente después engulló el último trozo de comida que quedaba en su plato y siguió refunfuñando.- Todo porque necesitaba acabar no sé qué plato para la feria gastronómica. Algo de... hadas... ¿creo? No sé, lo dijo en francés, así que no entendí una mierda.

- ... ¿Hadas?- Ah, ahora recordaba todo el lío con esa tal Hada de los Tomates... ¿cómo se había olvidado de algo así? Lo achacó a la hora y al sueño.

- Sí, algo de frutas. Parecía rico, así que les robé un poco. Luego me echaron de allí... ¡Pero todo sea por la sabrosa miel!- Rió el albino, recordando aquel sabroso dulzor.

- ...

- ¿Qué pasa, West? ¿Y esa cara?

- El... El tomate es una fruta, ¿verdad?

- ... ¿Sí?- Esa pregunta tomó al mayor por sorpresa. ¿A qué venía? Y lo más importante... ¿El tomate era de verdad una fruta? Bueno, era dulce, pero... ¡pero se ponía en la ensalada con la lechuga y la cebolla!- C-creo que deberías preguntarle a Feli sobre eso, y no a mí... no soy experto en tomates. Prefiero las patatas, sabes. Más sabrosas y maleables.

- Lo siento, bruder, sólo dije lo primero que se me pasó por la cabeza.- El menor suspiró, cansado. ¿En qué estaba pensando?

- ¡No, no te preocupes! El pequeño West está diciendo lo que piensa, eso es bueno. Ahora... ya que estás tan sincero, dime si ya te has echado novia.

- B-bruder!

- ¿Qué? ¡Ya que estás siendo honesto me puedes responder, ¿no?!

- ¿Cuántas veces te lo tendré que repetir...?

- Oh, venga, deberías aceptar mis consejos para echarte novia de una vez... ¡Que estás en el instituto, mein gott! ¡Yo a tu edad tenía una novia en cada clase! Mira, lo que tienes que hacer es...

Y ahí empezaba otra vez. En primer lugar, Ludwig dudaba mucho lo de que tuviese una novia en cada clase. En segundo, no iba a seguir sus consejos, que eran muy vergonzosos. Y en tercer lugar... iba a empezar a ignorarle, como siempre que sacaba el tema. ¿Tan difícil era comprender que no estaba hecho para las relaciones íntimas? Cuando alguien le hablaba era para pedirle material o indicaciones... recibía algún que otro "buenos días" por parte de algunos, pero muchas chicas, en general, le miraban con algo de miedo. Algunos chicos también, incluso. Y otros directamente le odiaban... no podía evitar acordarse de Lovino Vargas. O incluso de Arthur Kirkland; ese chico tampoco le solía mirar con buenos ojos.

Pensar en su nula interacción social diaria le deprimía un poco, así que era mejor dejar el tema de una vez.

- Bruder, es tarde. Si vas a ir a clase te sugiero que te vistas ya.- Dijo, interrumpiendo el discurso del mayor.- Recogeré todo esto y te esperaré en la puerta en cuatro minutos.

- ¿Eeh? ¿Esperas que me vista en cuatro minutos?- Rezongó Gilbert, algo molesto porque habían interrumpido su discurso de "cómo ligar". Ahora que estaba llegando a la parte de las poses geniales...

- Lo espero, sí. Venga, date prisa.- Y sin decir nada más, Ludwig se puso a recoger los platos. Su hermano seguía gruñendo, pero al menos le hizo caso y fue a vestirse. Exactamente en cuatro minutos ya estaba listo, tal y como el más alto le había pedido.

- Mira, ¿ves? He podido. ¿Quién es el más genial?- Sonrió mientras se hinchaba entero por el orgullo.

- Tú eres el más genial.- Dijo el rubio, algo monótonamente. Ya se había convertido en una respuesta automática y lo decía por costumbre, aunque parecía ser que el albino no se había dado cuenta.

Los dos hermanos caminaron a paso raudo por las calles camino a la escuela. El mayor continuaba hablando de lo que pensaba hacer aquel día, y de lo que pensaba decir, y... y decía tantas cosas que Ludwig simplemente asentía ante lo que lograba comprender antes de que el otro cambiase de tema. Al menos era entretenido; hacía mucho que no iba con Gilbert por la calle así. Se sentía un poco menos solitario.

Llegaban al instituto justo cuando el albino hablaba de nuevo del plato de Francis. ¿Acaso todos iban a hablar de hadas aquellos días? Elizabeta ya le había dado suficientes quebraderos de cabeza, ¿no iba a parar ya el asunto? De todos modos no pensaba que iba a volver a ver a... quienquiera que fuese esa tal Hada de los Tomates. Ambos pasaron a la vez por el portón de entrada y llegaron al patio, y entonces Ludwig cruzó miradas con alguien más.

Feliciano llevaba ahí un buen rato; aquel día había llegado pronto. No por nada especial, simplemente aquel día había obedecido a la alarma y se había despertado exactamente al escucharla sonar. Luego le tocó ir a despertar a su hermano Lovino... cosa no muy agradable de hacer. Pero unos toquecitos en el brazo durante unos cuantos minutos y ya le tenía de pie, molesto y preparado para golpearle en la cara. Huyó por su vida hasta que el otro se hartó de perseguirle y pudieron desayunar en paz. Su abuelo estaba despierto, pero ni siquiera intentaba parar sus peleas. Decía que así era como "los chicos se hacían fuertes".

La cuestión era que había llegado pronto. Su hermano le había abandonado para irse a clase directamente; no se había encontrado con Antonio aquella mañana porque habían salido demasiado temprano, así que dijo que iba a quedarse en clase "por si acaso a ese sucio bastardo se le ocurre presentarse, y de paso le golpeo". Feli sólo se rió ante lo que obviamente quería decir que esperaría pacientemente a que su novio apareciese para darle los buenos días como merecía. O quizás no quería decir eso... quizás realmente iba a golpearle. No había forma de saberlo.

Él, mientras tanto, se pensaba quedar en el patio, sentado en las escaleras de la entrada, mientras repasaba su proyecto de lenguaje y veía pasar a los que iban llegando. O eso tenía pensado hacer... pero sus propias divagaciones le habían acabado traicionando. Que si ese pajarito era muy bonito, que si quería comer pasta y gelato, que si Arthur estaba recorriendo el patio con la cabeza metida en un libro muy grueso... Al final no logró revisar en lo absoluto su trabajo antes de que su mirada se cruzase con la de Ludwig.

- Ve... ¡Ludwig! ¡Ludwiig!- Más que feliz al ver al alemán, el joven se levantó de las escaleras donde se había sentado y corrió hacia donde estaba, con una enorme sonrisa en el rostro. Sí, había decidido ser más abierto con Ludwig para que el incidente del hada de los tomates no volviese a suceder, y qué mejor manera que dar los buenos días con un buen gesto. Aún le daba algo de vergüenza hablar con él, pero era un buen actor, podía ocultar unos pequeños nervios. Lo mejor era actuar con naturalidad, como siempre... sería fácil, ya que el rubio era muy amable, era fácil hablarle.

- ¡Ooh! ¡Feli!- Gilbert fue el primer emocionado por ver al italo, (o más bien, fue el más rápido en verle). No dudó un segundo en atraparle en medio de su carrera para darle un buen abrazo.- ¡Cuánto tiempo, ¿no?! ¿Qué tal~? ¿Extrañabas al grandioso yo?

- Claro que sí, Gil~ deberías venir más a clase.- Sonrió el menor, aceptando el abrazo sin ninguna queja.

- Bueno, si tú me lo pides no dudes que lo haré, Feli~ soy así de grandioso.- Exclamó el albino, con una sonrisa socarrona. Pero fue prontamente ignorado al empezar Ludwig a hablar.

- ¿Vargas? Has llegado bastante pronto hoy. ¿Has madrugado? Normalmente llegas bastante justo...

- Podría decirse que sí~ ve... te dije que podías llamarme Feliciano~- Rió el castaño, ilusionado porque Ludwig sabía la hora a la que llegaba a clase normalmente. Le hacía feliz que se acordase de él~

- Ah, c-claro, es cierto... lo siento.- Murmuró el más alto, algo cortado por haber olvidado ese detalle. Era algo que hacía mecánicamente, no podía evitarlo. Había poca gente a la que llamase por su nombre y no por su apellido. Kiku y Elizabeta eran dos de esas personas.

- ¿Sabes, Ludwig? ¡Hoy el despertador sonó y me desperté a la primera!- Feliciano empezó alegremente una conversación, aún con la idea de querer ser el mejor amigo del rubio para poder estar más cómodo a su lado.

- ¿No lo haces normalmente?- Preguntó Ludwig, quien no sabía muy bien cómo reaccionar ante la alegría matutina del italiano... aunque no era como si le desagradase, claro. Ser vivaz estaba bien.

- Vehehe~ no~ Normalmente me duermo de nuevo hasta que mi nonno me vuelve a despertar.

- Eso no es un buen hábito... ¿qué harás cuando vivas solo?- Volvió a preguntar. Las palabras del otro le hacían preocuparse por su futuro.

- Siempre me quedará mi fratello Lovino para que me despierte~

- Yo no confiaría en ese niñato, tiene pinta de ser más vago que tú.- Interrumpió Gilbert, algo molesto porque le habían dejado fuera de la conversación.

- Sólo para algunas cosas... es más responsable de lo que parece.- Feliciano hizo un pucherito, queriendo defender a su amado fratello. Fratello que le había quitado la tostada del desayuno porque tenía mucha hambre y a él le había dejado sin nada... pero fratello después de todo.

- No sé yo... oye, si quieres que te despierte yo algún día me lo dices, ¿vale, Feli?- Sugirió el albino, sin venir a cuento. A Ludwig le sorprendió un poco esa enorme muestra de confianza, y quedó confuso por la frase. ¿Acaso estaba sugiriendo quedarse en casa del italiano para así poder despertarle? ¿O se refería a llamarle por teléfono? Eso quería decir que tenía el teléfono del chico... sea como fuere, no estaba del todo cómodo con lo que había dicho su bruder.

- Gilbert, deberías ir a clase, falta poco para que empiecen.- Dijo, algo más serio que al principio de la conversa.

- ¿Eh? ¡Faltan diez minutos! Puedo quedarme hablando con Feli un ratito más...- Protestó el mayor.

- Podrías ir y buscar tu asiento, que no creo que recuerdes dónde está.

- ... Como diría Franny, touché.- Eso dejó pensando a Gilbert, que no recordaba si se sentaba al fondo o si el profesor le había movido al frente en alguna tutoría.- Pero... pero igual puedo...

- Nosotros ya nos íbamos a clase, de todos modos.- Volvió a interrumpir el alemán, algo bruscamente. Su hermano le miró con una expresión que no supo identificar, pero al poco rato asintió, derrotado.

- Bueno, vale... ya hablaré con él después de clase.- Suspiró.

- Ve~ buena suerte con la clase, Gil~

- ¡No necesito suerte! Soy grandioso, ¿recuerdas?- Mencionó el albino mientras les daba la espalda y comenzaba a caminar hacia su aula. Ludwig y Feliciano se quedaron mirando cómo se alejaba durante unos segundos, pero pronto volvieron a mirarse. Ahora que la conversación se había cortado no recordaban de qué habían estado hablando antes. Esta vez fue el rubio quien decidió decir algo, ya que el otro parecía tener problemas, por una vez, para encontrar algo que decir.

- Bueno... ¿vamos a clase?- Preguntó. Era una simple pregunta, pero esperaba que se pudiese desarrollar una conversación a partir de eso. En efecto, el italiano sonrió y asintió, empezando a caminar casi enseguida.

Caminaron un rato por el patio sin decir nada, pero no pasó mucho tiempo hasta que el italo habló de nuevo, sobre cualquier cosa que se le viniese a la cabeza, en realidad, pero algo era algo. Aprovechó para preguntar qué había desayunado el alemán, porque tenía curiosidad. Descubrió que no tomaban la misma marca de cereales, y que normalmente no desayunaba con Gilbert, sino solo... y eso le entristeció un poco. Él siempre desayunaba con alguien, y si no lo hacía enseguida habría alguien que acudiría para estar con él. Su hermano, su abuelo... quizás algún amigo le llamase por teléfono o le mandase un mensaje. Pero... ¿Ludwig no tenía nada de eso? Era algo deprimente si lo pensaba así...

...

¡Ah, claro! ¡Qué gran oportunidad!

- Ludwig, Ludwig~- Empezó a decir Feli, tratando de poner el tono más inocente que pudo. Siempre funcionaba.

- Dime.

- Eso me recuerda que... no tengo tu teléfono.- Claro, el plan perfecto. Así podría aprovechar para enviarle algún mensaje tonto de vez en cuando, antes de clase, después de clase... no quedaría muy raro, ¿no? Él lo hacía con todos sus amigos... sin ir más lejos, aquella mañana había spameado un poco con mensajes a su amigo polaco Feliks, quien le había respondido la mayor parte del spam, con emoticonos la mar de simpáticos.

- ¿Teléfono? ¿Por qué quieres mi teléfono?- Preguntó el menor, confuso. Cierto, no podía decirle el verdadero motivo... pero Feliciano era rápido inventando excusas.

- Bueno, ya sabes... estamos en la misma clase, y en el mismo club... quizás necesitemos decirnos alguna que otra cosa de vez en cuando, y... ya sabes~

- Oh, claro, tiene sentido. No sé cómo no se me ocurrió antes.- Musitó Ludwig mientras sacaba su móvil. Tenía también el teléfono de algunos compañeros de clase, por si acaso pasaba algo. Feli también sacó su móvil, emocionado; al alemán le pareció que sus ojos brillaban más que antes, pero quizás se lo estuviese imaginando.

- Ve~ ve~ entonces... dime tu número, y te apunto~- Canturreó, de un humor excelente. Su plan había funcionado. Era un genio.

Fue un intercambio rápido de números, pero ese detalle fue suficiente para hacer feliz al italiano por el resto del día. Y probablemente de la semana. Reanudaron la conversación poco después de guardar los aparatos, y hablaron de nuevo de cosas muy diversas hasta que llegaron al aula; estaban hablando del proyecto de lenguaje cuando cruzaron la puerta. Eran de los primeros en llegar, aunque claro, Arthur ya estaba dentro.

También estaban Vash, Lovino y, para sorpresa de ambos dos, también estaba Antonio. Estaba charlando animadamente con su querido tomatito, tan animadamente que el inglés parecía algo molesto. El suizo simplemente les ignoraba y miraba unos documentos con una expresión neutra.

No pasaron apenas unos segundos desde que habían cruzado el umbral de la clase, que Lovino posó su vista en ellos. Sobretodo en el alemán. Y claro...

- Chigii! ¡¿Pero qué coño hace este aquí?!- Chilló, levantándose abruptamente de su silla y señalando a la mole amarilla. Antes de que Ludwig pudiese responder, el mayor continuó hablando.- ¡Deberías estar enfermo con la polio!

- ¿L-la polio? Lovi...- El español, algo sorprendido, rió nerviosamente y miró al alemán de reojo.- Te dije que no se iba a poner malo...

- ¡Pero mi plan era perfecto!- Se quejó Lovino. Sus palabras se ganaron una mirada confusa por parte del alemán y otra mirada más seria por parte de su hermano menor.

- ¿Plan? ¿Le intentaste hacer algo a Ludwig, fratello?- Preguntó Feliciano, algo frío.- Entiendo que no te caiga bien, pero está muy feo hacer eso...

- N-no... ¡no creas que mirándome así vas a lograr nada!- Protestó el otro, algo desconcertado porque esperaba la reacción llorica de siempre.- Además, te dije que no te acercases a esa cosa o te volverías patata, ¿recuerdas?

- ¡Vee! ¡Eso no es verdad!- Gimoteó el menor, quien intentaba no creer nada de lo que su cruel fratello le decía. Ahora que volvía a lloriquear Lovino se sentía poderoso de nuevo.

- ¡Sí que es verdad! Así que vete a tu silla de una vez, venga, hazme caso.

- Vee...

- ¡Ni "vee" ni mierdas, joder!

- Pero... pero quería que me aconsejase con el proyecto...- Inventó Feliciano. En realidad sólo quería hablar un ratito más, pero no iba a decir eso.

- Mentira. El proyecto se entrega hoy, así que cierra la boca y ves a repasarlo en silencio.

¡Sus mejores planes, profanados! Eso pensaba Feli mientras le hacía un gesto de disculpa a Ludwig e iba a sentarse en su silla. Bueno, al menos había conseguido su teléfono, algo era algo. Algo era más que algo, más bien. Volvió a sonreír como idiota al recordarlo y se apresuró en hacerle caso a su hermano para repasar el trabajo.

- Fratello, ¿tú ya lo has revisado?- Preguntó, curioso.

- En el tiempo que ha tardado este bastardo en venir aquí me ha dado tiempo hasta de tomarme una caipiriña.- Respondió de mala gana Lovino, señalando al supuesto "bastardo", quien sólo rió.

- Oh, venga ya, ¿cómo iba a saber que ibas a llegar tan pronto?

- No podías saberlo, idiota.

- Exacto~ pero igual vine aquí para darte los buenos días~ y todo lo que quieras~- Dijo el español, guiñando un ojo. Lovino se sonrojó, y también Vash, que no parecía ignorarles tanto como pretendía intentar. Esos dos llevaban lanzándose insinuaciones desde que el ibérico pisó el aula, y era algo vergonzoso de escuchar.

También era molesto.

- Carriedo... esas cosas las dejas para después de clase, si no te importa. Es molesto.- Gruñó el sincero suizo, que no solía callarse lo que pensaba.

- Pero aún no es hora de clase, faltan tres minutos.- Antonio hizo un pucherito, tratando de darle pena, pero eso nunca funcionaba. No con Vash.

- ¡Ya sabes a lo que me refiero!- Gritó el otro.- Es molesto escucharos, así que cállate de una vez.

- Si no lo hace siempre podemos decirle al señor Vargas lo que intentas hacer con su nieto, Carriedo~- Arthur, que llevaba un buen rato también molesto por culpa de los tórtolos, aprovechó el momento para atacar. El español le caía lo suficientemente mal como para cumplir con su amenaza. Por coincidencias del destino, el odio era bastante mutuo.

- Kirkland... no te atreverás.- Gruñó Antonio, mirando con odio al inglés.

- ¿Es eso un reto, Carriedo?- Sonrió con sorna el rubio.

- Es una amenaza, Kirkland.- Volvió a gruñir el castaño, mirando al otro cada vez con más rabia.

- ¿Ooh? ¿Quieres discutir esto en otro sitio, Carriedo?- Espetó el menor, mirándole con actitud desafiante. Lovino no podía hacer otra cosa que mirarles en silencio, pues temía demasiado al inglés como para meterse en medio de la discusión de ambos. Aunque no tuvo que ser el que detuviese la pelea, porque otra voz se alzó severamente para hacerlo.

- ¡Vosotros dos, ya basta! ¡Si queréis pelear usad el patio o la calle, pero aquí no!- Gritó Ludwig, quien quería tener toda la tranquilidad posible para poder revisar sus trabajos. Ante la potente voz del germano ambos chicos guardaron silencio e inclinaron levemente la cabeza, como disculpándose. Antonio suspiró con culpabilidad y pidió perdón en voz alta, Arthur simplemente volvió a meter la cabeza en su libro.

El español frunció el ceño al ver que el británico no tenía aparentes ganas de disculparse, pero no dijo nada más y lo dejó pasar. Se disculpó de nuevo, esta vez con Lovino, y le dijo que se tenía que ir a clase, que le vería después a la hora del recreo o en un descanso entre clases, lo que llegase antes. Tras eso le guiñó un ojo a su tomatito y salió de clase sin más.

Lovino se quedó mirando los papeles que tenía encima de la mesa, enfurruñado y sin querer prestarle atención a nada más; viendo esta distracción, Feliciano aprovechó para levantarse de la silla y acercarse al asiento de Ludwig, quien aún no había sacado sus cosas.

- Ludwig, eso fue genial~ los hiciste callar al instante~- Dijo, visiblemente impresionado. Él ni siquiera soñaba con hacer enmudecer a Arthur Kirkland... y tampoco a Antonio cuando éste estaba enojado.- Sólo tuviste que decir una frase y se quedaron en silencio~

- N-no es tan impresionante...- El alemán, poco acostumbrado a los elogios por parte de alguien que no fuese un profesor o su hermano, se sonrojó levemente y desvió la mirada.- Sólo he gritado un poco.

- Ve~ pero si yo hago eso nadie me hace caso. ¡Es impresionante~!

- S-si tú lo crees así...- No queriendo discutir con el italo, Ludwig simplemente sacó sus documentos y los dejó ordenadamente encima de su pupitre.- ¿No tienes nada que repasar?

- Oh, es verdad~ bueno, creo que lo tengo bien, porque lo repasé mucho con mi fratello, pero igual le voy a echar un ojo por si hice alguna falta de ortografía~ aunque seguro que tú lo tienes perfecto~

- H-hombre, tanto como perfecto... nada es perfecto...

- Vehe~ Excepto tus trabajos de matemáticas.- Rió el mayor, recordando cómo, hace un par de semanas, el profesor de matemáticas le había puesto de mala gana un diez a Ludwig en el último examen. Lo que le hacía preguntarse... ¿ya tendría corregido el examen que hicieron el lunes? Habían pasado dos días, seguramente sí los tendría. Una sombra de preocupación oscureció su rostro, cosa que Ludwig notó inmediatamente.

- ¿Qué sucede, Feliciano?- Preguntó el alto, para nada acostumbrado a ver aquella expresión en la cara del otro.

- Ve... no es nada. Sólo me preguntaba qué tal habré hecho yo el examen de matemáticas del lunes...- Suspiró Feli, recordando que había salido contento de aquella prueba, pero... quizás le pasaba como otras veces y acababa suspendiendo de todos modos. El profesor era muy estricto después de todo...

- No digas eso, recuerda que hablamos de ello y parecías tener bien las respuestas.

- Pero no hablamos de todas... ve...- Deprimido, el joven italiano no paraba de soltar "vee", "vee". Solía hacerlo más a menudo cuando estaba nervioso o angustiado.

- Ten algo de confianza. Estudiaste duro, ¿o no?

- Sí...

Ludwig iba a decir algo más, pero fue entonces cuando el profesor de Lenguaje entró por la puerta. Era un hombre calmado, así que no le importaba ver a gente levantada al entrar a clase, pero igualmente todos debían apresurarse a volver a sus asientos... no era alguien que esperase a los demás para empezar la clase.

- Oh, será mejor que regreses a tu sitio, la clase empezará en breves.- Musitó Ludwig, algo apenado porque la clase empezase tan pronto... sentimiento extraño en él, que siempre deseaba empezar cuanto antes mejor.

- Claro~ bueno, igual podremos hablar mucho en el club después de clase, así que no pasa nada~- Dijo Feliciano, feliz de nuevo. Aunque esa felicidad duró poco, porque empezó a sentir una mirada letal fija sobre él... parecía que Lovino había dejado sus papeles y le quería asesinar únicamente con el poder de sus pupilas.- B-bueno, hasta luego... ve...

- Sí, hasta después.- El rubio devolvió la despedida y observó al chico volver a su asiento lentamente. Le miró un rato más y después le dedicó toda su atención al maestro, quien ya había empezado a pasar lista.

La mañana pasó sin muchas complicaciones. Los trabajos fueron entregados sin complicaciones, corrigieron uno como muestra para los otros, algunos rieron, otros lloraron... más rieron cuando, a la hora siguiente, el profesor de Matemáticas dijo que no tenía los exámenes listos porque "cierto impresentable le había arrastrado al lago más cercano y no le había dejado trabajar". Tanto Lovino como Feliciano supieron perfectamente de qué impresentable estaba hablando, sí.

La clase de biología la dedicaron a ver un documental acerca de los paramecios. Fue aburrido para algunos, como por ejemplo Heracles, que se pasó la clase durmiendo. Feliciano, que tampoco tenía cuerpo para ver la reproducción y la alimentación de los paramecios, tampoco pudo evitar caer dormido. Lovino se dedicó a hacer bolitas con papeles y a tirárselos a Ludwig, quien quería ver el documental en paz, pero no le fue posible. Tampoco es que la profesora fuese a decirles algo... después de todo, ya habían acabado los exámenes, el temario y el noventa por ciento de los ejercicios... sólo les quedaba ver películas hasta que el curso terminase. No faltaba mucho, pero aún así... ya podría poner algún vídeo interesante, ¿no?

En resumen, normalidad.

Mucha normalidad.

Demasiada normalidad.

Feliciano debería saber que los días que parecen totalmente normales, en realidad no lo terminan siendo en absoluto.

Eso lo descubrió cuando fue junto con Ludwig al club de Periodismo, aquella tarde. La sala estaba tranquila, Elizabeta estaba ordenando unas fotos, Kiku leía un libro... no parecían tener mucho trabajo. Pero en realidad sólo les estaban esperando, para discutir un tema de posible inserción en el periódico de la semana siguiente. Un tema del que el pobre italiano preferiría no hablar nunca más.

Ludwig, por su parte, creía haberlo olvidado, pero lo que había en la mesa le hizo recordar todo de golpe, como un fuerte impacto contra el suelo al caer de la cama. Ni siquiera sabía si quería tener algo más que ver con ese absurdo tema, pero ahí estaba el título, grande y llamativo. No advirtió el pálido rostro de Feliciano porque no podía dejar de releer las gruesas letras que había escritas en aquel simple papel A4 que había en la mesa.

"Exclusiva: El Hada de los Tomates"


Aquí Kaitogirl reportándose desde su asiento en el tren de ida a la universidad! Lamento no haber dado señales de vida durante estas vacaciones de verano, (invierno en otros países de sudamérica, si no estoy mal informada), pero quería tomarme un descanso bien merecido por tooodo el año en el que he estado exprimiéndome el cerebro en busca de ideas para estos fics.

Las vacaciones me han sentado bien, todo hay que decirlo~ la nueva temporada de Hetalia me ha permitido babear y llorar, además me saqué el carnet de coche y ya puedo atropellar abuelitas con licencia, todos salimos ganando! Lo mejor es que me ha llegado la inspiración de nuevo, así que me puse a escribir de nuevo, no es fantástico? :D

Bueno, fantástico... he de recuperar la práctica, claro xD pero creo que voy bien, y que lo que pronto subiré será bueno! Al menos, eso espero... os lo debo por (más de tres meses?) de espera! Do not worry, no habrá más descansos! Intentaré subir al menos un capítulo por semana! Ese fic de Cafetería España debe acabarse antes de que me muera! He vuelto para quedarme!

Y, tras esta disculpa/saludo/tadaima(?), os agradezco que hayáis seguido leyendo y faveando durante el verano, os adoro a todos mucho mucho! Hasta me llegaron reviews QuQ agradecida me hallo! Ciertamente, dar fav o reviewear no cuesta nada 3

Nos vemos en el siguiente capítulo~