DISCLAIMER: Esta historia está basada en el universo creado por J.K. Rowling y los personajes pertenecen a ella.

IMPORTANTE: Este fic participa del Reto Especial: "Los libros de Hermione" del foro "Las Cuatro Casas".


« -¿Le parece… sensato… confiar a Hagrid algo tan importante como eso?
-A Hagrid, le confiaría mi vida-dijo Dumbledore. »


Harry ingresó a su despacho en el ministerio. Ya hacía casi dos años desde que tomó el liderato del departamento de aurores y el papeleo que tenía que realizar lo estaba volviendo demente. Extrañaba sus días en el campo aunque se limitó a perseguir mortifagos durante años al lado de Ron. Su amigo pelirrojo, recordó con amargura, dejó el departamento para dedicarse de lleno a la tienda de su hermano George, no es que lo culpara pero era raro estar sin su mejor amigo por primera vez desde los once años.

Su secretaria –una mujer anciana recomendada por Ginny- le saludó con una sonrisa y le informó tanto los pendientes del día como el hecho de que había recibido una carta por correo Muggle. Harry frunció el cejo, no podía recordar a nadie que pudiera querer comunicarse por ese medio, salvo Arthur Weasley, pero a él lo había visto durante la mañana por lo que lo descartó. Tomó la carta y al ver el remitente se sorprendió: era su primo Dudley del que no había escuchado hablar desde poco después de terminar la guerra. Abrió la carta y leyó el contenido.

Buen día Harry

Te escribo para preguntarte qué tal te ha ido. Hace tiempo que no sabemos nada de ti. Tanto a mi madre como a mí nos encantaría poder verte de nuevo y ponernos al día, mi madre dice que tiene muchas cosas que quiere decirte. Mi padre no está muy emocionado con la idea pero no negó en que le agradaría volver a verte.

Con cariño
Dudley

Terminó de leer la carta y se mantuvo estupefacto. Recordaba que Dudley había sido el único que intento arreglar las cosas la última vez, después de la guerra cuando regresaron a la casa de Privet Drive. Obviamente la situación en general fue bastante incómoda pero el pelinegro se sorprendió a sí mismo cuando se vio emocionado con la idea de reconciliarse con su familia muggle.

Escribió una respuesta y se la dio a su secretaria para que la enviara. Escribió otra carta y ésta la decidió enviar vía lechuza a casa. Quería empezar a arreglar las cosas pero no lo haría solo, quería que los Dursley lo aceptara de nuevo en sus vidas –o al menos Dudley y posiblemente su tía Petunia- como el hombre que era, casado y con un hermoso y risueño bebé.

En la semana siguiente la respuesta le llegó y acordó con su primo juntarse al día siguiente. Harry confirmó con Ginny que estuvieran libres y, aunque la pelirroja parecía reluctante a relacionarse con ellos, aceptó al ver que parecía algo importante para su marido.

Llegaron a Privet Drive No. 4 en coche. Ginny bajó al pequeño James mientras Harry estaba reconsiderando el tema de la reunión. Ahora que estaba ahí, a la puerta, se vio incapaz de timbrar, los nervios lo invadieron y las dudas asaltaron su cabeza, ¿de verdad quería reconciliarse? ¿Valía la pena olvidar todo el sufrimiento de su niñez? No tuvo tiempo de decidir cuando Ginny se encargó de tocar.

La puerta la abrió Dudley, ya ahora un adulto. Era un hombre alto y robusto pero no gordo como cuando eran pequeños. Mantenía los mismos ojos pequeños pero ahora, en vez de malicia, Harry veía bondad. Inevitablemente sonrió.

—¡Harry! ¡Qué alegría! —dijo a tiempo que le daba un abrazo. Harry lo devolvió sin dudar.

—Me alegra que estés bien, Gran D —le contestó el pelinegro, luego prosiguió —, ella es Ginny, mi esposa y el pequeño es mi hijo James.

Dudley saludó alegremente a la pelirroja y le dio un beso al pequeño James que rió alegremente por la atención recibida. Entonces Dudley los guió por el pasillo para llevarlos al comedor. Ahí encontró a su tía que no tardó en saludarlo con la misma, si no es que mayor, efusividad. Su tío Vernon, ahora con la cabeza completamente blanca, le dio una pequeña sonrisa de cordialidad y un apretón de manos. El par no volvió a intercambiar palabra el uno al otro durante el día pero eso no amargó a nadie.

Naturalmente la conversación –que fue acompañada por una agradable cena- los llevó a hablar del hijo del pelinegro. Petunia preguntó por quiénes fueron los padrinos y Harry les dijo de Ron y Hermione, los que eran sus mejores amigos desde primer año. Dudley recordó haberlos visto un par de ocasiones pero nunca intercambió palabra con ellos.

—Creí que escogerías al que te recogió en la cabaña cuando tenías once. Dijiste que era un gran amigo —le dijo Petunia. Harry sonrió recordando al semi-gigante.

—Decidimos que cuando vayamos por nuestro segundo hijo lo nombraremos a él padrino —respondió Harry. Dudley decidió tomarles el pelo un poco.

—¿Tan rápido por el segundo? ¿Los magos no tienen televisión? —dijo soltando una risa.

—Yo sí tengo pero quiero tener a todo el equipo de quidditch —dijo Harry también riendo. Dudley y Petunia no entendieron del todo la frase y al ver la confusión el pelinegro les aclaró —, es el deporte mágico más famoso, son siete jugadores titulares…

Su tía y primo rompieron en carcajadas una vez más pero Ginny ya no estaba tan divertida.

—¡Oh no, Potter! A mí no te me vas ni acercar con esas intenciones. No más de dos o tres niños —le informó Ginny, Harry hizo un puchero y ahora toda la mesa, incluyendo Vernon, rió divertida.

—¿Pero están seguros de seleccionar como padrino al gigante ese? Pareció bastante maleducado, si me lo preguntas —dijo Vernon de repente al matrimonio Potter. El pelinegro notó que su tío no había preguntado con malicia, simplemente genuina curiosidad.

—Por supuesto, a Hagrid yo le confiaría mi vida —respondió con seguridad dejando en claro, de manera educada, que no aceptaría más cuestionamientos del tema. Vernon agradeció con la mirada la educación y, haciendo lo propio, se mantuvo callado.

La tarde se hizo noche y se encontraron con que estaban pasando un rato de lo más agradable. Harry estaba feliz de poder enmendar las cosas con la familia de su madre. Compartieron distintas historias, como el hecho de que Dudley parecía tener una novia de ascendencia oriental muy guapa y Ginny les contó sobre Teddy, el ahijado de Harry que prácticamente era su hijo mayor y, aunque técnicamente vivía con su abuela, la mayor parte del tiempo se la pasaba en su casa.

Cuando se tuvieron que retirar, el matrimonio llevaba una sonrisa en la cara. James hacía horas que se había quedado dormido en los brazos de Petunia. El silencio que los inundaba camino a casa fue roto por Ginny.

—Fueron más agradables de lo que esperé —dijo la pelirroja.

—Sí, creo que nunca había pasado un rato tan agradable con ellos —concordó Harry.

—Por cierto, ¿pensaste lo mismo que yo cuando Dudley nos dijo de su novia? —preguntó Ginny con una sonrisa divertida. Harry soltó una risa.

—¿Te refieres a que si pienso que su novia no es otra que Cho Chang? Sí, ciertamente concuerda bastante la descripción —le informó el pelinegro. A Ginny le brillaron los ojos.

—¿Quién lo diría? La arrastrada que fue tu novia terminó con tu primo —le dijo la pelirroja esperando ver la reacción de su marido quien sólo soltó un suspiro.

—Es una muy buena chica pero no éramos compatibles. Me alegro que haya superado lo de Cedric —dijo Harry algo cansado de que su esposa, a pesar de todos los años que habían pasado, siguiera considerando a Cho de esa manera.

—Como sea. Será interesante la próxima reunión porque Dudley prometió llevarla y presentarla oficialmente —dijo Ginny. Harry simplemente sonrió feliz de que la relación con la familia de su madre finalmente había mejorado.