DISCLAIMER: Esta historia está basada en el universo creado por J.K. Rowling y los personajes pertenecen a ella.
IMPORTANTE: Este fic participa del Reto: "McGonagall quiere jubilarse" del foro "Las Cuatro Casas".
Scorpius, un chico con pelo rubio y ojos grises, caminó alegremente por los pasillos del castillo, con una sonrisa petulante en la cara. Normalmente solía recibir miradas de desdén por el nombre de su familia o incluso insultos pero no ese día porque en ese momento iba tomado de la mano de una chica pelirroja que además llevaba el uniforme de Gryffindor, casa históricamente peleada con Slytherin en la que él estaba.
Un poco más atrás de ellos iba un chico de pelo negro y ojos verdes esmeralda. Este chico, al contrario del rubio, solía recibir miradas de alabanza o incluso envidia porque era nada más y nada menos que el hijo de Harry Potter, el mago de la actualidad más famoso y además era una copia exacta de él, si los anteojos claro. Dicho chico en su expresión mostraba una sonrisa entre divertida y molesta, una extraña combinación porque no podía decidir si estar feliz o enojado.
—¿De verdad van a pasar todos los días así? —preguntó el chico pelinegro decidiéndose estar molesto por el momento.
—No veo la razón por la que te molesta —le respondió la chica pelirroja. Albus abrió los ojos completamente estupefacto.
—¿No ves la razón? ¡Mi mejor amigo está saliendo con mi prima qué es mi mejor amiga también! —les exclamó. La pareja rodó los ojos.
—¿Y eso qué tiene de malo? —preguntó Scorpius. Fue turno de Albus de rodar los ojos.
—No dije que fuera malo pero es terriblemente incómodo —respondió el pelinegro. La pelirroja decidió divertirse un poco.
—¿Por qué no le pides consejo a tío Harry?, después de todo sus mejores amigos se casaron.
—Pero empezaron a salir DESPUÉS de la guerra, Rose —exclamó Albus.
—No —dijo tajantemente Rose, tomó un suspiro y dibujó una sonrisa —, fue DURANTE la guerra —dijo.
—¡Como sea! Mi papá no tenía tiempo para sentirse incómodo.
—Pues encuentra algo más en qué ocupar tu tiempo —le informó Rose con la misma sonrisa, claramente divertida.
—Me gusta caminar con mis amigos —le rebatió Albus.
—¿Por qué no consigues también una novia, Albus? —preguntó Scorpius cometiendo el error de meterse en la discusión de los primos.
—¡Callate, Scorpius! —exclamaron al unísono.
El rubio encogió los hombros nada ofendido por ser mandado a callar, después de todo fue su error entrometerse cuando después de tres años con ese par ya debía saber que sus discusiones no hacían caso a nadie.
El par siguió durante varias horas e incluso fueron regañados durante clase de Encantamientos pero no pararon. Al final terminaron en empate cerca de la hora de cenar para alegría del rubio que lo último que quería era que discutieran de mesa a mesa a gritos, como en más de una ocasión habían hecho, porque Albus también estaba con las serpientes.
La situación durante los meses siguientes no mejoró para Albus y, durante vacaciones, decidió hablar con su padre para que lo ayudara. Sorpresa para él cuando descubrió que también había sido incómodo para él desde tercer año y recordándole que en sus años fue peor porque no empezaron a salir hasta después de cuatro años. Harry le instó a imaginarse cómo hubiera sido si Scorpius y Rose hubieran estado igual y Albus sólo pudo estremecerse ante la perspectiva.
Al final, cuando Rose presentó a su novio en la familia resultó que todos ya se imaginaban que terminarían juntos excepto Ron, que casi le da un infarto cuando descubrió a su hija besarse con un Malfoy.
