Parte 1

LA NECESIDAD DE SER NECESITADAS

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Víctima del amor

Veo un corazón destrozado.

Tienes una historia que contar.

Víctima del amor;

es un papel muy fácil

y tú sabes representarlo

muy bien.

...Creo que sabes

a qué me refiero.

Caminas por la cuerda floja

del dolor y del deseo,

buscando el amor.

Víctima del amor


Resultaba increíble que el centro de su vida fuera siempre él.

Cada frase, pensamiento, sueño, necesidad, todas comenzaban con un él.

Vivía a su lado, atendiendo cualquier necesidad que él tuviera, cualquier deseo que él deseara. Ella lo amaba demasiado, y ese era el problema. Amarlo estaba haciendo que ella se dejara de amar a sí misma, porque inconcientemente imploraba su atención y su amor, rogaba una mirada o una palabra que llenara ese vacío que la carcomía del corazón.

Pero él, en cambio, con sus perversas estrategias, la hacía caer a lo más bajo, hasta donde se revolcaba en el lodo como si fuera una escoria sin valor.

¿Cómo fue qué llegó a ese punto? ¿Cómo fue que ella pudo haber cedido a tal maltrato?

Lo más probable es que fuera su obsesión, una obsesión a la que le rogaba como si fuera un dios; su único dios.

En sillas de ruedas.

Los ruiseñores cantaban del otro lado de la ventana, y las verdes hojas de los árboles se mecían con el viento fresco de esa mañana. Incluso el sol resplandecía en toda su gloria al ser un día despejado. Toda esa hermosura propagándose, toda la luz recorriendo los pisos de madera de la cocina, hasta llegar al adusto y duro rostro de aquel hombre empotrado a una silla de ruedas.

Para cualquiera su expresión significaría seriedad y hasta indiferencia, pero para Sakura, que bien lo conocía, y que podía verlo por el reflejo de la ventana, esa expresión sólo significaba que su paciencia se estaba agotando, y que no tardaría mucho en atacarla verbalmente para que se apurara con el desayuno.

— Cierra las cortinas, no quiero que ni un rayo de sol entre a la casa. Y apresúrate ya, que tienes demasiado tiempo picando esas frutas, ¡y sabes que no me gustan!, haz otra cosa.

Y con un horrible chirrido de las ruedas se dio la media vuelta, y empujó con sus manos las ruedas hasta salir de la cocina rumbo a la sala, donde también entraban los rayos del sol.

Con molestia, y casi enojo sujetó las cortinas y las cerró de un tirón, luego fue a las siguientes ventanas y de igual forma impidió que la luz del sol entrara a la habitación.

Sakura cerró las cortinas de la cocina, y muy poca luz pudo traspasar la gruesa tela de algodón. Todas las cortinas de la mansión eran del mismo color, un azul oscuro, entre grisáceo, largas y gruesas con dobleces muy elegantes, pero que de nada ayudaba porque junto con el aspecto sombrío del mueblado hacían en conjunto un ambiente muy tenso y pesado, aburrido y monótono.

Itachi se detuvo en medio del pasillo, a su izquierda estaba la entrada principal, y a su derecha las anchas escaleras de largos y amplios escalones de madera ya vieja. Su mirada subió hasta donde comenzaría el segundo piso, pero de éste ni recordaba cómo era exactamente. Ahora que estaba ligado de por vida con esa silla de ruedas ya no podía subir escaleras ni con la ayuda de un hombre, Sakura no implicaba ni la palabra ayuda en su más mínimo sentido.

Ella ni siquiera podía servirle como se debía, y al pasar de los años se arrepentía cada vez más; todas las mañanas cuando despertaba, y más, cuando ella sonreía, y más cuando ella lo sermoneaba con su amplia sabiduría.

No la amaba. No la apreciaba. Ni la quería. Se casó con ella por puro despecho, para restregarle en la cara a Sasuke que su objeto de deseo desde la niñez, ahora era suyo por toda la vida. Claro que el gusto le duró muy poco, porque Sasuke a la vuelta de la esquina se encontró con varias bellas mujeres que estaban dispuestas a hacer cualquier sucia perversidad, cualquier deseo que él les pidiera estaban dispuestas a obedecer como gatas amaestradas.

Pero no lo harían con un inválido. Era asqueroso, repugnante, indeseable.

Y de eso se aprovechó Sasuke para devolverle la jugada, burlándose de su condición, y de su compromiso, que ahora creía era su maldición.

Muchas veces recordaba la voz de su hermano menor como si fuese la de un hermano mayor aprovechándose de su pequeño e indefenso hermano, con burla y desprecio, regocijándose en su dolor.

No sabía qué había hecho para merecer sus palabras y su condición actual, pero pensarlo sólo provocaba un gran dolor de cabeza, y por supuesto, una furia que sólo podía ser calmada desquitándose con la única persona que tenía a su alcance. Ella no era un consuelo, no le importaban sus sentimientos ni lo que pudiera pasar, porque estar solo hubiera sido mucho mejor en vez de tenerla jodiendo a cada momento.

La aborrecía. Tan molesta, necia, orgullosa, infantil y exagerada, toda una idiota inmadura que creía que el mundo era color de rosa.

A cada momento aprovechaba para insultarla o hacerla sentir menos, para ver si de una buena vez ella se marchaba. Pero como un parásito se quedaba, ¡ya no sabía cómo hacer que se largara! Incluso se lo hubo dicho directamente, y nomás causó que sus lágrimas se derramaran, para luego esbozar una sonrisa y contestarle que ni todo su odio en forma sólida podrían alejarla de él.

Le faltaron los adjetivos: ignorante y sinvergüenza.

Itachi no se daba cuenta de las verdaderas intenciones de ella, él sólo se centraba en el hecho de echarla y alejarla.

Cuántas veces no quiso sólo un minuto, un mísero minuto otorgado por Dios o Lucifer, para ponerse de pie y abofetearla como se debía, y obligarla a salir de su vida por siempre. ¡Por siempre!

Apretó el metal de la silla de tan sólo imaginarse dándole su merecido, estaba descontrolado, pero es que ella lo ponía así de desquiciado.

Cuando ella estaba tan cercas de su presencia, la necesidad de golpearla se le olvidaba, pero cuando la veía sonriendo o haciendo comentarios como cualquier persona con una vida perfecta, esas ansias volvían hasta alcanzar límites psicópatas.

¿Por qué tanto extremo? : era conciente de que ella no era la culpable de su accidente, pero sí de su existencia. Sakura lo salvó,; para sólo traerlo a un infierno sentado de por vida sobre una silla. Esos años, postrado en la silla, sólo hicieron que su corazón se reforzara hasta macizarse como un diamante en bruto, rodeado de carbón.

No había alguien que lo conmocionara, una, porque nadie lo visitaba, dos, porque a la única persona que tenía cerca, Sakura, no le permitía ni una caricia.

Sakura sintió un estremecimiento por sus brazos, el sonido de las llantitas de la silla de ruedas todavía le causaba esa sensación de... ¿miedo? era más una molestia que un miedo infundido por la persona que las hacía chirriar.

El silencio era tan calmado que hasta podía oír su respiración. Itachi se hizo sentir a propósito, para infundirle algún tipo de sentimiento, claro, con perversidad.

Sakura se dio la media vuelta y en su mano cargaba un plato de frutas picadas, muy coloridas y jugosas. A Itachi no le apetecieron en absoluto, eso siempre la desconcertaba.

La mansión estaba construida en una colina, por lo que habían varios niveles de piso, uno de ellos, y el que más le gustaba a Sakura, era el invernadero que había sido construido sin despegarlo de la construcción de la mansión, ella había visto que muchos otros estaban separados de las casas y tenías que salir en medio de la noche para cruzar y llegar hasta la entrada, pero éste estaba pegado a la casa de tal forma que bastaba con sólo recorrer un pasillo y abrir una puerta secreta para entrar a ese paraíso de ensueño.

Sakura se dirigía en esos momentos al invernadero, y siempre quedaba sorprendida por el choque de aromas exóticos que le golpeaba el rostro a la hora de entrar. Era un olor tan especial que se diferenciaba mucho del olor de la casa, que poseía un aroma a madera mojada o a veces seca, dependiendo de la estación.

Al abrir la puerta recibió la bienvenida del tan ansiado perfume, y pudo escuchar el sonido del agua caer a la fuente principal. Con cuidado cerró la puerta, y comenzó a bajar las largas y angostas escaleras de caracol, las cuales eran de metal oxidado por su antigüedad.

Nunca quiso preguntarle a Itachi por qué tenían un invernadero, ni tampoco quién se había hecho cargo de él, Sakura suponía que Mikoto, la madre de Itachi, había sido la de la idea a la hora de hacer los planos de la construcción, y había sido la encargada de mantener todo tan vivaz y hermoso.

Pero a la muerte de sus padres, y a lo sucedido con Itachi, el invernadero apenas y podía estar vivo. Las plantas se enredaban en las escaleras, el suelo estaba plagado de ramitas con múltiples florecitas moradas que apenas abrían sus botones, y hasta algunos pajarillos se colaban por los orificios o por los vidrios rotos del techo. En medio del invernadero, se encontraba una gran fuente redonda, de la cual emergía el cuerpo de una mujer enorme, que por la boca aventaba el agua que causaba ese relajante sonido. El agua de la fuente Sakura la cambiaba, y también la limpiada, por lo cual estaba casi cristalina. Al lado de esa fuente, se encontraba una mesita de madera de apenas dos tablones con varias macetas de azucenas rojas ya florecidas.

Sakura había estado cuidándolas y ahora era tiempo de plantarlas fuera de la mansión, para que estas pudieran sentir la libertad.

Se colocó los guantes de cuero, y agarró una de las macetas con una sonrisa amplia en su rostro.

— ¡SAKURA!

El grito asustó a la desprevenida pelirrosa, causando que soltara la maceta y ésta se rompiera en mil pedazos, arruinando la flor.

— ¡SAKURA! —el grito era de Itachi, quién más gritaría de forma más bruta y colérica.

Sakura se lamentó por la planta a sus pies, y se quitó los guantes inmediatamente para subir las escaleras tropezándose en el camino, escuchando de fondo los gritos de Itachi.

Cuando bajó las escaleras del segundo piso, se encontró con Itachi en medio del pasillo principal, con una expresión bastante petrificada y adusta.

— ¡Q-Qué sucede? —alcanzó a preguntar en una bocanada de aire.

— ¿Dónde estabas?

Sakura se enderezó ya con la respiración acompasada, y lo miró sin comprender.

— Estaba...en el invernadero.

Itachi chistó con la lengua. — Te he dicho que no me gusta que estés en ese lugar. ¿Por qué me desobedeces? Te gusta provocarme verdad, ¡tú no eres nadie para desobedecerme!

Sakura se mordió la lengua, no estaba dispuesta a ser víctima de nuevo de sus insultos, pero siempre que tenía algo que decir, él la interrumpía.

— Hay un desorden en la cocina, ve y límpialo. —se quedaron mirando fijamente, e Itachi alzó una ceja. — Ahora, Sakura, ¡apresúrate!

Ella caminó lentamente hacia el umbral de la cocina, y cuando se asomó quedó en silencio al ver todo el desastre causado por Itachi. En la mañana se había esmerado para dejar impecable, y ahora las frutas estaban por el suelo, e incluso por el techo. Qué decir del café, el cual estaba plasmado contra la pared blanca, y todos los restos de porcelana estaban cerca de sus pies, como si hubieran lanzado la taza y el plato a la pared en un arranque de furia. Además, la mesa estaba volteada, y el agua del florero recorría un camino hasta la punta de sus suelas.

Sakura se quedó ahí de pie, con una mano recargada en el marco de la puerta, sintiendo la mirada de Itachi en su espalda.

Cerró sus ojos para juntar las fuerzas, y no ser víctima de una crisis de depresión. Se separó de la pared y caminó dentro de la cocina, a lo lejos escuchó las ruedas de la silla chirriando por el suelo de madera rumbo a la biblioteca. El fuerte golpe de la puerta cerrar no la estremeció. Itachi tampoco ganaría.

·

Una de las razones por las cuales soportaba sus maltratos, era porque comprendía la furia y la negación que Itachi sufría cada día que amanecía, cada día que abría sus ojos y no sentía sus piernas. Ella se daba cuenta de sus pesadillas, y él no se daba cuenta que velaba por su seguridad y su salud. Itachi creía que ella se quería burlar de él, pero era mentira. Sakura lo conoció cuando hubo sido joven y feliz, y a pesar de que había sentido una afinidad por Sasuke, Itachi siempre fué su icono de admiración, su ejemplo a seguir, su apoyo emocional y después, se enteró que lo amaba, y que lo de Sasuke no era más que un gusto físico y primitivo.

La sonrisa de Itachi siempre irradiaba confianza, siempre estaba otorgándole su apoyo en las tareas de la academia y, cuando ella sufría, él estaba ahí para prestar su hombro.

Ella sabía que Itachi estaba al corriente sobre su amor a él, pero nunca se lo confesó, no hasta que entró por ese umbral, y en medio de toda la blancura de la habitación, lo vio a él como un punto carbonizado, postrado en esa cama con una venda alrededor de la cabeza, con un brazo cocido y parapléjico.

Le dijo que ella lo cuidaría, que siempre estaría con él, y que lo amaba mucho fuesen como fuesen las cosas.

Ella mantuvo la esperanza, y fue ella quien le propuso matrimonio. Itachi había asentido con un apretón de manos, y no pudo ser más feliz.

No podían casarse ante la iglesia, mucho menos ante la ley, simplemente hicieron sus votos una noche de luna llena, y ellos mismos se juraron amor eterno. Sakura fue muy emotiva, mientras que Itachi decía sus palabras muy frívolamente. Pero ella no quería exigirle felicidad, sería muy egoísta... estaba segura que todo eso cambiaría con el tiempo.

Al pasar de los días, él fue haciendo que se quedara siempre con él en las noches, incluso las enfermeras tuvieron que intervenir en una ocasión para sacar a Sakura, quien no quería marcharse ante la explosión iracunda de Itachi al ver que se la llevaban.

Por nada del mundo Itachi permitía que se la llevaran de su habitación, inclusive tuvo que traerse una maleta de ropa y utensilios de higiene para bañarse en el hospital, debido a que el doctor temía que Itachi sufriera una crisis psicológica debido al abandono de la niña. Porque eso era ella, una niña de apenas doce años, durmiendo con un joven parapléjico de dieciséis.

Itachi no quería ver a sus padres, mucho menos a Sasuke; a la única persona que le permitía la entrada era a ella, y Sakura se sentía muy halagada y especial por ser una persona con ese privilegio de estar tan cerca de él.

Poco sabía que Itachi la utilizaba para una venganza sin sentido ni razón, un capricho sin goce ni victoria. Ella creía que el viejo Itachi, que su dulce corazón, podría ser de nuevo el mismo, y dejar esa fase "vegetal" y fría con la que trataba a todos, menos a ella, ya que cuando la miraba, en sus ojos brillaba un extraño sentimiento.

Cuando el Uchiha mayor salió del hospital, sus padres se lo llevaron a la mansión, junto con un indiferente Sasuke que no parecía lo suficientemente preocupado para ser normal. Sakura los acompañó hasta la mansión, y cuando sintió que debía marcharse lo hizo, y para su decepción, Itachi no tuvo ninguna objeción para dejarla ir.

Lloró porque estaba en la cuenta de que su compromiso había sido un juego de niños, y que fácilmente se podría olvidar. Estaba siendo egoísta, pero ella quería a Itachi todo el tiempo a su lado, y no soportaba estar lejos de él cuando sabía que la podía necesitar.

Por orgullo y como promesa personal, no lo visitó por dos semanas enteras, donde ella misma se torturaba con el pensamiento de Itachi solo, en su habitación, acostado sin nadie a su lado, claro, tenía a sus padres, pero ese sentimiento de soledad no desaparecía, y la idea era tan insoportable que un domingo por la tarde cedió a sus impulsos, y lo fué a visitar.

Sin embargo no pudo llegar a su destino, porque en la vereda del bosque se encontró frente a frente con Sasuke.

— No puedo creer que vayas a ir a visitarlo, porque está claro que irás, es el único camino del bosque que dirige a mi mansión. No deberías de ir. A papá y a mamá no les agradas, Sakura. —hubo una pausa silenciosa, donde el croar de las ranas era lo único que se escuchaba. — Eres una chica muy libidinosa. Le conté a mamá que estabas enamorada de mí, y que ahora, de la nada, lo estás de Itachi. Por supuesto ella se lo dijo a papá, y bueno, el chisme ya se sabe por todo el pueblo, ya sabes como son los pueblerinos, ahora te tachan de chica fácil.

Sakura se preguntaba cómo se había sentido atraída a ese muchacho, qué era lo que había visto en él, era de dos caras...

— No me digas. —dijo ella con la expresión decepcionadamente irónica. — Pues, sabes...no me importa. Sé que haces todo esto porque tienes coraje, porque tu ego no te permite pensar en los demás, y que te gusto. —Sasuke emitió un leve bufido de burla, pero Sakura no se detuvo. — Niégalo si quieres, pero me alegro de no haber caído contigo, porque eres una persona desagradable, narcisista y de poco cerebro racional. Eres infantil, inmaduro. No sé cómo puedes ser hermano de Itachi.

— No lo soy, —dijo tremendamente frío. — Itachi es sólo hijo de mi madre, yo sí soy hijo de ambos, no un bastardo.

La revelación la había dejado sorprendida. Sasuke se llevó las manos a los bolsillos de su short, y se fué acercando a ella con cada paso que amortiguaban las hojas secas.

Se detuvo a su lado, y le sostuvo el brazo con fuerza, haciendo que se retorciera de molestia.

— Podrás ser el amor de Itachi, pero tú siempre serás mía. —y después la besó con salvajismo estampándola contra un árbol, retorciendo sus labios haciéndola sonrojar y sin dejar de toquetearla.

Sakura sintió dolor en sus labios después de aquel beso, y retrocedió huyendo de la escena.

Días después el salvaje beso de Sasuke había dejado su marca, una pequeña cicatriz en su labio inferior que apenas y era perceptible, la cual todavía persistía al pasar de los años, sólo que se confundía como una venita.

Ella siempre se mordía los labios para quitarse esa sensación de escozor que le daba siempre que recordaba su beso, era como una acción para calmar sus sensaciones contradictorias a su amor a Itachi.

Los cinco meses se cumplieron y desde ese entonces no sabía nada de los Uchiha, ni tampoco de Sasuke.

Se enteró, un miércoles en la noche, que los padres de Itachi fueron asaltados y asesinados en una ciudad en el otro estado, en un viaje de finanzas para vender la mansión, ya que por unos tratamientos que pagaban para Itachi, se habían quedado en la ruina total. Claro, que el asaltante se quedó decepcionado por la joyería de fantasía de Mikoto Uchiha, ya que ésta hasta había vendido sus perlas para mantenerlos alimentados. Ahora los medios hermanos se tenían el uno al otro, y el día del funeral en el pueblo, se dio cuenta que si Itachi se quedaba solo, terminaría por enloquecer y morir por su propia mano. Y no confiaba en Sasuke. En lo absoluto.

— Hola...—le dijo ese fatídico día, se había acercado lentamente para darle sus condolencias, y las rodillas le temblaban como si le hubieran puesto detrás de éstas dos cubos de hielo. — Lo siento mucho. —apenas se escuchó. Itachi no le prestó atención, él estaba en una silla de ruedas, y su mirada estaba entrecerrada mirando la nada, porque aunque tuviera enfrente de sí los féretros, no enfocaba ninguna realidad física.

Sakura concluyó que no era tiempo todavía para estar junto a él, y decidió alejarse para dejarlo en paz.

— ¿Por qué no habías venido?

Se paró en seco, dándole la espalda. La voz de Itachi parecía sacada de ultratumba, ronca y desprovista de sentimiento. ¿Qué excusa le podía dar? Tal vez el miedo era la principal de ellas, antes que la de Sasuke.

Sakura se dio la media vuelta, encontrándose inmediatamente con la mirada de un Itachi inhumano.

— Creí...—su argumento murió cuando vio acercarse a Sasuke. Itachi también lo sintió.

Sasuke caminaba con arrogancia, como todo un jovencito de sociedad con un aire de galán y dios en medio de la sala, sabía que lo hacía para escupirle en la cara que él podía caminar, y lo que más le afectaba, era que Itachi sí se lo tomaba muy a pecho, en vez de enfrentarlo mordazmente.

— Vaya, creí que no vendrías, has estado esquivándome siempre, ¿eh?

Sakura no respondió.

Sasuke alzó las cejas. — ¿Podemos hablar a solas?

Itachi entrecerró la mirada y apretó sus manos a los mangos de la silla de ruedas. Sakura lo observó, y notó que los músculos de su cuello palpitaban por la frustración que perfilaba su rostro.

— Lo que tengas que decirme, dímelo aquí, Sasuke. —pero su aparente defensa le resultó mal.

— Bueno, si tú lo quieres. En vista de que estás enamorada de mí, y que yo también lo estoy...—se llevó una mano a la nuca, fingiendo "pena". —...quisiera pedirte que fueras mi novia. Quiero decir, como soy el heredero, necesito una chica, y tú eres esa chica.

— ¿Qué dices?

— Lo que escuchaste, Sakura. Mi tío Madara es un famoso abogado, y logró salvar la mansión y las tierras de mi padre antes que el gobierno se las robara, y bueno, soy su heredero legítimo, pero para reclamar lo que me pertenece cuando sea mayor de edad, debo de tener al menos una base estable de vida, y claro, la mayoría de edad, si no el estúpido gobierno puede que no me dé absolutamente todos los derechos.

— ¿Te estás escuchando? ¿Te ubicas bien en el espacio y tiempo que nos rodea? —Sasuke miró a su alrededor como burlándose de sus comentarios. — ¡Es el funeral de tus padres! —susurró.

— Te dije que habláramos en privado. —y en todo ese tiempo Sasuke no había visto a Itachi, e Itachi estaba en un sepulcral silencio en medio de ellos dos, como si fuera un objeto de burla. — Ven. —extendió su mano Sasuke, Sakura la rechazó con una mirada furiosa.

Sasuke bajó la mano suspirando sonoramente. —Estás haciendo el ridículo, ¿lo sabes? Ya te dije que todos no tienen una buena imagen de ti, mira a tu alrededor, todos te critican por estar usando a Itachi...tan sólo mira por fuera la escena, eres como una chica fácil burlándote. ¿Qué clase de falda es esa, por cierto? Es muy corta para un funeral, la próxima vez cúbrete hasta la rodilla, no quiero que nadie te dedique su atención ni te vean como una cualquiera. No a la novia de Sasuke Uchiha.

Sakura terminó por abofetearlo por sobre la cabeza de Itachi, quien no podía verse más ridiculizado ante toda esa escena. Sakura salió del funerario llorando, y se dio cuenta que lo que decía Sasuke era cierto, muchos hombres mayores le miraban al caminar, y para colmo, la falda se le subía más de la cuenta.

De seguro estaba haciendo el ridículo.

— ¡SAKURA!

Sakura arrojó los restos de porcelana a la basura, y miró la cocina ahora impecable.

— ¡SAKURA!

Cerró sus ojos, y salió para dirigirse a la biblioteca donde Itachi la esperaba.

— Dame ese libro de pasta amarilla.

Ella se acercó y estiró el brazo al estante para tomar el libro, leyó su título, y él se lo arrebató.

— Te dije que sólo me lo dieras. Márchate ya.

Sakura comenzó a llorar.

— ¿Por qué no puedes ser como antes? —lo dijo desde la garganta, obstruida por las lágrimas. — ¿Recuerdas esos cuatro días? Después de esos cuatro críticos días, tú te subiste a la silla de ruedas...

— Basta...

— Te pedí que nos casáramos, como una niña en un cuento de hadas, como una boba te lo pedí. Esa noche de luna llena tú me besaste...

— Sakura, basta...

—...y en serio creía que me amab-

— ¡DIJE QUE BASTA!

El libro le dio en la sien, la pasta era tan dura que todo se movió de su lugar y cayó al suelo golpeándose la nuca con el borde de una mesita. Después, quedó inconciente.

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AUCH, ITACHI LA GOLPEÓ DURO, POBRE DE SAKURA, PERO SOBRELLEVAR LA FURIA DE UN HOMBRE NO ES NADA FÁCIL, Y MÁS CUANDO ES EL HOMBRE AL QUE AMAS. BUENO, PARA TODO HAY UN LÍMITE, PERO ESO VENDRÁ MÁS ADELANTE.

MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEW, NO CREÍ QUE TUVIERA ESA RESPUESTA POR PARTE DE USTEDES (: ME ALEGRO QUE LES GUSTE (Y NO SE TOMEN A GRITO MIS PALABRAS EN MAYÚSCULA, ES SÓLO PARA "DIFERENCIAR").

NOS VEMOS EN LA SIGUIENTE ENTREGA.

¿QUÉ MÁS RECUERDOS SURGIRÁN?

¿QUÉ DIRÁ SAKURA AL DESPERTAR?

¿DÓNDE ESTÁ METIDO SASUKE?

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P.D.: Oh sí, también les invito a visitar mi deviantArt, el link está en mi BIO, ahí tengo un dibujo de Sakura que muestra cómo se viste normalmente en este FanFic (: , tiene una falda y una chaqueta roja.