Parte II
El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña;
Es la madre de la fantasía, de los dioses.
Posee la segunda visión,
las alas que le permiten volar hacia el infinito
del deseo y de la imaginación...Los dioses son como los hombres:
Nacen y mueren sobre el pecho de una mujer...
Jules Michelet
NACEN Y MUEREN SOBRE EL PECHO DE UNA MUJER
Parpadeó intermitentemente, movió la cabeza a un lado y a otro, todo estaba nublado y el cuerpo no dejaba de palpitarle. Cuando al fin pudo visualizar algo fue un claro color marrón. Pestañeó lentamente y cuando trató de levantarse un agudo dolor le clavó en la sien. Las imágenes se combinaban y se superponían una sobre otra como un rompecabezas sin color. A los pocos segundos sintió mucho frío en su piel, y una ráfaga de viento le pasó sobre la cara, estremeciéndola. Se inclinó y estiró una mano para tratar de apoyarse en algo, pero sólo provocó que una pila de libros se viniera casi sobre ella con todo y mantel, se alejó lo más rápido que pudo antes de que le cayera algo más y se puso de pie con torpeza. El dolor se intensificó, y miradla cómo trata de recordar su pobre desdicha.
Las paredes, los estantes, las ventanas, todo encajaba en su sitio; el sitio donde ella existía. Ya estaba en total conciencia, y por su cara no se podía decir que le alegraba. Situarse inmersa en esa oscuridad, con el olor a libros, tan típico para ella, era la vuelta al presente. Movió el pie y éste pegó contra algo, en el suelo yacía el libro de gruesa pasta que le hubo provocado migraña.
De nuevo el chiflido del viento entró por una rendija, el cuello se le estremeció y los vellitos de los brazos se le pusieron de punta. Ignorando al libro se acercó a una ventana con paso lento y, tocó las cortinas hasta traspasar la ventana, dándose cuenta de que de ahí provenían las ráfagas de viento. Una vez cerró la ventana y corrió las cortinas salió de la biblioteca y se dirigió al pasillo, el cual estaba oscuro, debían de ser pasadas las siete u ocho.
— ¿Itachi? —sin querer se le estremecieron los brazos al mencionar su nombre. Él era lo que se le vino a la mente. Lo buscó en la cocina, en la sala, en los cuartos del primer piso, pero no dio con él. Desesperada subió las escaleras al piso siguiente, porque aunque pareciera imposible tenía la esperanza de hallarlo en medio del pasillo o en un cuarto, pero ni eso ni el otro. Él no estaba.
Despavorida bajó y abrió la puerta de la entrada saliendo a toda velocidad. Los grillos ya estaban cantando, y las cigarras se escuchaban desde kilómetros. El pequeño jardín en medio de las escaleras le obstruía la vista, asomó la cabeza a la izquierda y después a la derecha, ahí fue cuando vio el metal, después una rueda, y después unos pies. Su corazón latió frenético como si hubiera corrido por horas.
— ¡Itachi!
Bajó los escalones a prisa encontrándose al final con la penosa escena de él desplomado en el suelo; con la silla de ruedas a medio camino de los escalones, con las piernas torcidas. Sakura pensó lo peor, y con los ojos llenos de lágrimas se acercó al cuerpo que temblaba de frío, cuando estuvo más cerca vio lo pálido de su rostro y lo notorio de sus ojeras. Intentó cargarlo pero era muy pesado, entonces metió sus brazos debajo de sus axilas y lo fue arrastrando por los escalones hasta entrar a la casa, donde lo dejó por breves instantes para ir por la silla de ruedas.
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A la mañana siguiente Itachi despertó a eso de las diez. Sakura no se despegó de él en toda la noche, estuvo al pendiente de cualquier movimiento o señal, pero había dormido de largo. Cuando abrió los ojos la miró con confusión, algunas lagañas surcaban sus párpados, ella sujetó su mano con poca fuerza, el labio le temblaba por las ganas de llorar, gracias a Dios él estaba bien, no podía estar más agradecida...
— ¿Qué tratabas de hacer? —murmuró ella, queriéndole decir lo peor que había pensado al verlo tirado, anhelando besarlo y abrazarle impidiendo que se marchara.
Itachi parpadeó varias veces, enfocó a Sakura después de un momento y recordó de sopetón todo lo acontecido: el golpe, el grito, las lágrimas, Itachi miró directamente a la frente de Sakura, en esta encontró el moretón que le había causado, esta era la primera vez que la golpeaba, y de hecho, no suscitó el placer que había imaginado. Sólo sentía repulsión; repulsión a sí mismo. Viéndose en cama recordó el pasado, él sintió miedo, tanto miedo que había querido ir por ayuda al pueblo pro su propia cuenta, pero todo resultó mal, cada intento que hizo para bajar de las escaleras resultaron en fracaso, y por último probó el amargo sabor de la impotencia al caer. Por esa misma impotencia le contestó:
—Quería huir.
— ¿Adónde? —contestó ella con los ojos acuosos, sin dejar de sostener su mano.
— Donde fuera, cualquier lugar lejos de aquí.
— ¿Y pensabas dejarme inconciente? ¿Qué tal si hubiera muerto?
—Por eso pensaba huir. —ella aflojó su agarre.
Ella se puso de pie —Ni a arrastras hubieras podido huir. — y salió de la habitación dando un azote a la puerta.
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Cuando Sakura no soportaba las circunstancias salía al patio a respirar aire fresco, no le gustaba hacerlo porque descuidaba a Itachi, pero precisamente ahora salía por esa razón: para huir de él. También solía dar una caminata por el bosque, la libraba de sus pensamientos y obligaciones, la alejaba de la adversidad y la acercaba a la paz. Comenzaba a cansarse de su vida, pero sabía que dejar a Itachi no arreglaría nada, que sería mucho peor, porque el remordimiento era el seguro castigo que la esperaba al abandonarlo. Era una tonta, sí, pero su vida estaba con él, y afuera nada le esperaba; no tenía educación, no tenía experiencia, no tenía familiares, era hija de hijos únicos y ella también era hija única. ¿A dónde podía ir? Él era su Universo, las circunstancias la unieron a él, y ella no podía romper esa ligadura.
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Domingo...
Cerró la puerta blanca y abrió las llaves de la regadera. Se fue desprendiendo de sus prendas hasta quedar desnuda, sus dedos sintieron la suavidad del tapete y después el frío de la loseta. Tentó el agua con sus dedos y al sentirla bien se metió dentro.
Las duchas normalmente duraban quince minutos, pero esta se extendió hasta los cuarenta y cinco. Estaba segura que Itachi ya no trataría de huir, había aprendido la lección de que en esa silla de ruedas o incluso arrastrándose no llegaría lejos, y sólo lograría lastimarse más de lo que ya estaba, por lo cual podía salir con toda confianza al pueblo: debía de comprar la despensa, ésta ya se estaba agotando.
Cerró las llaves al terminar y sacó una mano para buscar la toalla. Aún dentro de la ducha se enredó en la tela suave y comenzó a secarse. Se colocó las pantaletas, después el brassier negro y la blusilla de algodón que dejaba a la vista el color del brassier ya que era una tela muy transparente, luego se metió la falda de franela de color gris, y se calzó las sandalias una vez se hubo secado los pies. Se miró al espejo recordando una ocasión donde Itachi la criticó por su vestimenta, catalogándola como si se vistiera de cincuenta y tantos, pero era mentira, aunque ella no lo supiera, se veía muy joven y bonita; por eso Itachi le decía todo lo contrario, porque a pesar de que estaban aislados 7 días de la semana los 365 días del año (excepto los domingos cuando iba por la despensa), él no podía evitar sentir celos de que alguien la viera atractiva. La falda de dobleces le llegaba por debajo de la rodilla enmarcando su cintura y ampliándose hacia abajo, contorneando aún más las líneas de sus piernas esbeltas. Además, sostenía la falda con un cinturón de cuero que estaba un poco más debajo de sus pechos, los cuales resaltaban, junto con su cuello desnudo que la hacía ver más alta y femenina, agregándole su cabello corto por debajo de la quijada era como una ninfa urbana. Ésa era la clase de imagen que a Itachi no le gustaba, pero ella "desobedecía" sus órdenes y salía así los domingos de compras, ignoraba y se hacía de la vista gorda cuando alguien la volteaba a ver, o cuando Itachi le hablaba reclamando su "imagen".
Sakura se miró al espejo, el cabello suelto no era mucho de su gusto y, no satisfecha con su imagen se lo recogió con una arañita de metal y varias hebras de cabello le cayeron sobre la frente. Después se colocó un abrigo de brazos anchos y mangas ajustadas, rojo, que le caía libre como el algodón y de lo grande que era se le arremolinaba en la cintura. Se veía vulnerable y tímida, como si no quisiera que nadie descubriera su belleza sensual, sólo su inocente encanto.
Al salir del baño procuró no hacer ruido (todas las puertas de la mansión rechinaban), esa mañana Itachi no la había llamado, ella suponía que seguía dormido por lo cual se apresuraría para ir al mercado y volver, así cuando despertará tendría el desayuno en la cama. Bajó a la primera planta y miró a sus alrededores cerciorándose de que él no andaba por ahí, en la entrada había colocado un canasto donde guardaba las sombrillas y el periódico, también la bolsa de tela, la cual sacó porque ahí era donde cargaba el mandado.
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Se demoró en llegar al pueblo una hora, pedía a Dios que Itachi no se hubiera despertado ni tampoco intentado levantarse de la cama. Cuando salió de entre los matorrales escuchó a los autos andando por la calle principal, a la gente caminando de aquí para allá con su familia, y las personas comiendo en la fonda de la esquina., era un ambiente muy diferente que la tranquilizaba a pesar de ser recibida con algunas miradas conocidas que sabían muy bien de dónde venía. Muchos en el pueblo —en especial las madres— contaban a sus hijos que en la mansión de los Uchiha existía un horroroso monstruo jorobado, sin sentimientos y sátiro, era casi como la historia de La Bella y la Bestia, Sakura no quiso ni le contaría a Itachi de lo mucho que hablaban los pueblerinos cada vez que ella iba al mercado, seguro y le daba un ataque de ira.
Moviéndose entre la gente, la cual no era mucha, se dirigió al mercado donde siempre compraba la comida. Cuando entró fue bienvenida por la sonrisa del cajero, ella correspondió la sonrisa como saludo. Después se adentró en los pasillos, buscando lo que había apuntado en una hojita de papel.
Estaba muy distraída con lo que hacía, observaba la etiqueta de un frasco de mermelada cuando sintió un escalofrío en su cuello. Una voz profunda la sacó de sus pensares.
—Hola. —lo siguiente fue un susto repentino que hizo que soltara el frasco de vidrio. Una mano impidió que el frasco cayera al suelo, ella tropezó contra algo tras su espalda. La mano masculina, con el frasco, estaba frente a los anonadados ojos de Sakura. Él estaba detrás de ella, a una peligrosa y condenada cercanía íntima. —Ha pasado mucho, mucho, pero mucho tiempo. —mucho tiempo desde que no escuchaba su voz, y esta era más grave, ronca y masculina. El aliento le acariciaba los cabellos rebeldes y rizados que le sobresalían de la nuca, y dándose cuenta se separó de él con brusquedad.
Sakura emitió un jadeó de sorpresa y se abrazó a sí misma viéndole ahí, parado como si nada, vestía un traje formal, pero la camisa que llevaba debajo era de algodón con el cuello en "V", mostrando el inicio de sus fuertes pectorales.
—¿Q-Qué haces aquí?—apenas tenía aliento, era como ver a un fantasma del pasado.
—Vaya bienvenida...—dijo colocando el frasco en su lugar, después dirigió su bruna mirada hacia ella. —Has cambiado mucho, estás más hermosa.
—Contéstame. —preguntó entre dientes, alejándose cada vez que él daba un paso.
—No me temas, a mí no, Sakura. No hay necesidad de que te alejes, no te haré daño.
—Tengo muchas razones para hacerlo. Ahora contesta la pregunta que te hice.
—Hmph, veo que ahora eres más dura, pero eso sólo te hace ver un poco patética.
—Y tú sigues siendo el mismo macho controlador, habla de una vez, si no gritaré.
— ¿Gritarás? Yo no te he hecho nada, simplemente estoy de compras. ¿Lo ves? Estoy comprando una mermelada. —sonrió, sólo como él lo sabía hacer. Sakura lo fulminó con al mirada.
—Sigues siendo despreciable, ese sarcasmo sigue siendo igual de molesto.
—No tan molesta como tú. Pero he de admitir que tu belleza compensa todo tu defecto temperamental.
—¿A qué has venido?—exclamó esta vez, recibiendo como respuesta la dura mirada de él. —Contesta Sasuke, ¿a qué has venido?
— Por ti, he venido por ti...y por la mermelada.
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— ¡Aléjate de mí! ¡No me sigas!
— ¡Sigues siendo igual de tonta! Si en verdad me temieras le hubieras dicho al sheriff, pero no lo hiciste. —gritó desde metros, siguiéndola a través de ese prado que estaban cruzando. Sakura se golpeaba mentalmente por haber escogido ese camino de vuelta a casa, pero Sasuke no era capaz de hacerle daño, ¿O sí?
— ¡Que me dejes de seguir!
— Estoy en todo el derecho, voy a mi casa. —Sakura se detuvo y Sasuke le alcanzó el paso. Ella le increpó con la mirada.
— ¿Cómo que tu casa?—Sasuke sonrió, ella endureció su mohín.
—Sí, así es, voy a mi casa, donde me crié. Ni tú ni Itachi pueden impedírmelo. Soy el dueño de la casa, y la palabra de Itachi no es nada contra la de mi abogado.
—Por favor, no vayas, te lo suplico. —Sasuke levantó la barbilla con un poco de asombro.
—¿Me lo suplicas?—después emitió una corta risa, Sakura todavía estaba consternada con la mera idea de que Itachi y Sasuke se reencontrarán.
—¿Por qué ahora? ¿Cuál es tu propósito? Maldito seas, todos estos años, ojalá hubieras muerto...
El viento se interpuso entre sus cuerpos, meciendo sus prendas y sus cabellos al compás del alto pastizal plateado. Sasuke y Sakura no apartaban la mirada del uno y del otro, Sakura respiraba profundamente y Sasuke apenas y parpadeaba.
—No vine por Itachi, si es lo que crees...ya te lo dije...yo he venido por ti.
—Entonces pierdes tu tiempo. Largo, no vuelvas a venir, Sasuke. Olvídate que tienes hermano, o que existo.
—¿Es que no comprendes? No he podido dejar de pensar en ti en todo este tiempo, Sakura, yo...yo te quiero, siempre te he querido, pero mis celos siempre ocasionaban tu desprecio, cuando en realidad quería que me pusieras un poco de atención.
—Pues ya es muy tarde, pude haberte querido hace muchos años, pero ahora estoy casada...
—Con un hombre que no te ama, y que tampoco amas. Yo puedo amarte, puedo hacer que me ames.
—No me digas. —punzó. — No soy tan tonta como para caer, ya no soy una niña. Eres la clase de hombre que creé que puede tenerlo todo, pero no, a mí no me tendrás. Ahora vete Sasuke, déjanos en paz, por favor, y si no quieres hacerlo por Itachi, entonces hazlo por mí.
—No sé si me convenga hacer eso, vengo con toda la intención de llevarte conmigo, y estoy dispuesto a enamorarte de nuevo, estoy dispuesto, Sakura, a que me adores.
—Infeliz, descarado. ¡Ya lárgate!
—Me voy, pero no del pueblo.
—No te quiero cercas de la mansión. ¡No te quiero en nuestras vidas!
—No soy un degenerado, si te quisiera ver lo haría como los caballeros: te invitaría a cenar a un restaurante digno de ti, no te tendría encerrada como lo hace él. Piénsalo, no me iré, porque sé por tu rostro que lo consideras.
Sasuke se dio la media vuelta, comenzó a alejarse entre la altura del pastizal con el porte de un galán, Sakura le seguía con la mirada. Tremenda propuesta sería aceptada por cualquier chica, pero Sakura...ella se rehusó plantando la imagen de Itachi en su mente, y eso le dio fuerzas para rechazar a Sasuke. Ahora todo estaba sobre la cuerda floja, nunca imaginó que Sasuke podría atreverse a volver, admitía que le tenía rencor por sus desplantes, pero ella también sentía desagrado por él porque el mismo Itachi lo repudiaba, si a Itachi no le agradaba, a ella no tenía por qué agradarle. En Sasuke siempre prevalecía el factor duda, aparentaba sinceridad, pero ella sabía muy bien el tipo de hombre que era. Amarlo alguna vez hubo sido el peor error de su vida, él no era el tipo de hombre que se arrepentía de sus errores, él los justificaba tan bien que parecía ser una víctima de un cruel juego del destino. Sólo Itachi sabía el monstruo que Sasuke era, y Sakura apenas y podía ver la profundidad de su oscuridad.
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Muchísimas gracias por todos sus review, nunca creí que tendría 13 comentarios en tan sólo la Introducción y la Primera parte, gracias por el apoyo y sus lecturas, al igual que sus favoritos y alertas, (=
Por ahí leí un comentario que preguntaba si la historia es completamente mía (no recuerdo si es en este fic o en otro, disculpen xD estoy apurada porque aprovecho el internet de mi prepa), pues en parte sí, y en parte no enteramente, ya que he leído otros fic's, novelas, he visto películas y hasta leído poemas, todo ello me ha inspirado en esta historia, así que no podría decir que surgió de repente y originalmente de mí, sino de muchas ideas dispersadas y compactadas aquí.
Esta segunda parte era más larga, de hecho, la tercera parte (la cual está escrita, sólo falta "retocar") era una porción de ésta, pero quedó muy largo y decidí dividirlo en dos (fueron 15 páginas de Word) y bueno, lo vi también conveniente porque necesito de tiempo para enfocarme en otras historias, tal vez en una semana o menos tenga lista la "Tercera parte". Ahora de aquí nos vamos a Mamá, mi otro fic, del cual pienso poner punto final a la brevedad, los invito a leer xD es otro ItaSaku.
Saludos~
M.C.
Nota: El nombre de la historia cambiará a Our Love to Admire, por la simple razón de que ése es su título original, así que no se sorprendan si le ven más título (aunque no puedo cambiarlo por el momento ya que me marca "error". Además, les recomiendo escuchar a Interpol y su álbum con el mismo nombre de la historia "Our Love to Admire", mi canción preferida es "Pioneer to the falls", se las recomiendo porque es una de las que siempre escucho para escribir esta historia, junto con otras.
