Parte V


SI SUFRO POR TI, ¿ME AMARÁS?

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Días largos llenos de lluvia, sin un reflejo apenas del sol. Tres días, para ser exactos, no había parado de llover, tal vez cada quince minutos o cada veinte la lluvia se detenía pero volvía al poco rato. Le sorprendió que no se gotearan o inundaran, también temía por el nivel del mar. Le gustaba vivir ahí, pero cuando el clima se ponía así de horrible lo único que quería era salir corriendo a la ciudad.

La ciudad... hacia tiempo, mucho tiempo que no iba. ¿Qué cosas habrían cambiado ya para entonces?

Sakura se tiró al sillón por enésima vez. Sin tele, sin radio, sin luz. Dios... ¿cómo es que no se había vuelto loca de aburrimiento? ¡Cómo es que Itachi seguía cuerdo! Ella y él no hablaban más de lo necesario, pero Sakura siempre era la que iniciaba una "plática" en la mesa con intención de apartar esa soez agonía de no hacer nada para entretenerse. Pero Itachi no era exactamente un buen compañero de charla, de hecho, la mayoría del tiempo había recibido como respuesta el silencio, o breves gestos de su rostro o cuerpo. Nada más.

Bufó y sentó la cabeza en el cojín del sillón. Desde ahí el techo parecía inalcanzable, gris y oscuro, muy triste. Toda la casa tenía esa tristeza impregnada, no había ni un sólo color chillante que resaltara en la mueblería, puros colores formales y aburridos. Allá en el invernadero tan siquiera sus ojos se alumbraban con el color de las flores, pero ni loca iba a bajar a éste. Estiró las piernas, y con los talones se quitó los zapatos dejando al aire sus pies cubiertos de esas medias marrón oscuro que siempre la hacían ver como una mujer mayor. Vestía esas medias con un faldón de tela pesada color gris, y un suéter guinda que cubría dos blusas de manga larga con cuello de tortuga. Sí, su fuerte nunca había sido el vestir bien y acorde a su edad, de todas formas no le interesaba... si a Itachi le daba igual, entonces a ella también.

Cuando él se iba a dormir, ella entraba a la biblioteca en busca de ese libro que tanta curiosidad le había despertado, pero en esas tres noches no había conseguido encontrarlo, era como si se lo hubiese tragado la Tierra... o Itachi. Tal vez él lo escondió. El mero hecho le despertaba más intriga y curiosidad. "Eros y Ágape". Cuando esa infernal lluvia terminase se iría directo a la biblioteca del pueblo y buscaría ese libro, porque era la primera vez que Itachi celaba algo con tanto ahínco. Al menos así lo sentía.

Escuchó el chirrido de las ruedas de la silla, pero no se movió de su lugar. Cerró los ojos, fingiendo dormir. Lo escuchó acercarse más a ella, y esta vez cerró con más suavidad los párpados.

Desde la entrada la había divisado sobre el sofá, con la cabeza recargada en el costado del mueble, el cabello desparramado por fuera, y los pies al aire. Se acercó chirriando las ruedas para despertarla pero, cuando llegó a su lado vio que estaba "profundamente dormida". Posó su mirada en su pecho, observando su tranquila respiración. Frunció las cejas al ver los bordados que decoraban el suéter: ositos con gorros de navidad, duendes, luces. Infantil.

—Sé que estás despierta. —le dijo con la voz grave. Ella no se inmutó. —Levántate, tengo hambre. Suficiente has descansado todos estos días, no te la pasas más que durmiendo y paseando de aquí para allá.

Ella evitó morderse los labios y fruncir las cejas, no iba a discutirle nada, quería descansar. Pero Itachi tenía hambre, quería comida, maldita sea. Sin mucha fuerza le agarró un seno, el suficiente tiempo como para hacerla enderezarse de golpe con un chillido de sorpresa. Itachi hizo retroceder la silla, ella se puso de pie y le miró de mala forma para después irse a la cocina. Itachi la siguió, "victorioso".

—¡No tenías porqué hacer eso! —le exclamó mientras entraba a la cocina. Aguantando la emoción, de ganas de llorar, de ganas de sentirse mujer.

Itachi ignoró sus siguientes comentarios, estaba huraño y no quería contestarle de mala forma, no ahora.

Sakura, en cambio estaba avergonzada, todavía sentía el tacto de sus dedos sobre su tela, traspasando hasta la piel. Una mano grande con dedos largos, que abarcaron mucho espacio. ¡Desvergonzado, canalla, pervertido! ¡Cree que puede hacer lo que se le pegue la gana! Por dentro ardió.

No quiso prestar más atención a lo sucedido y comenzó a preparar una sopa de lentejas con pan. No había nada más, la alacena estaba casi vacía. Si la lluvia no se detenía siquiera por unas horas, al día siguiente entonces morirían de hambre. Itachi la observó fijamente, sin perder de vista cada uno de sus movimientos con las manos. Ella sabía que la estaba mirando, y eso la incomodaba. Afuera un relámpago impactó la Tierra, seguido de un fuerte tronido. La vela parpadeó dos veces, amenazando con apagarse. Sakura dejó el cuchillo con el que cortaba el pan y bajó la llama de la lámpara de gas, sutilmente la iluminación cálida fue bajando hasta apenas iluminar la habitación, estaba ya casi por anochecer completamente, y odiaba que la luz aún no volviera.

Ni siquiera podían escuchar la radio o ver la TV para informarse de la situación. Este era un punto en contra de vivir lejos del pueblo y de la civilización.

—¿Ya está? —a diferencia de las demás veces, donde le hablaba con tono demandante, en esta ocasión Itachi sonó más sosegado. Sakura se mordió los labios.

—Ya casi. —dijo mientras abría la tapa del sartén hondo y movía las lentejas. El pan ya estaba cerca del tostado. Itachi alzó una ceja acercándose a la estufa, colocándose justo a su lado.

—¿Sólo eso vamos a comer?

—Nada más hay eso, si mañana la lluvia cesa iré al pueblo por despensa.

Itachi no dejaba de mirarla. —¿Y qué hay de la fruta del invernadero? ¿Por qué no bajas por algo?

Si sólo quisiera morir. Pensó ella.

A ver si te quedas encerrada dentro. Pensó a su vez él.

—No hay nada de cosecha. —contestó ella.

No quería ponerse de mal humor, pero ver esa miserable comida le provocaba malestar. En ese caso no comería.

—Déjalo, no comeré nada. Mejor acompáñame a mi habitación, voy a dormir.

En otras circunstancias, con otras personas tal vez, esa sería una bonita invitación conyugal. Pero esto era una orden, una orden para ayudarle a acostarse. Nada con tono sugerente o íntimo. Sakura apagó las mechas de la estufa, un tanto indignada por su desconsiderada decisión y desilusionada por otras cosas... y pensar que creyó que él comenzaba a ser más agradable.

Itachi sintió cómo ella le seguía por detrás, con los ánimos por debajo. No era la comida la que lo había puesto así, sino ella. Sakura, siendo iluminada tiernamente por la cálida luz de la vela, preparando comida, y se imaginó ayudándole... de pie.

Apretó los puños en el cuero de la silla, siendo empujado por ella. Cuánto deseaba estar ya de pie...

Sakura lo introdujo en el cuarto, con parsimoniosa delicadez le fue desabrochando la camisa, tuvo que arrodillarse para quitarle los zapatos y el pantalón; agradeció mentalmente a Itachi que él hubiera desabrochado el botón y corrido el zipper, estaba lo suficientemente nerviosa como para fingir que no le provocaba nada.

Lo acostó, siendo rodeada por un fuerte brazo de él para apoyarse y no dejar caer todo su peso al colchón. Sakura le acomodó las piernas dentro de las sabanas, le colocó bien las almohadas y lo miró. La piel de Itachi relucía por una enigmática luz proveniente de las gotas de lluvia. Sakura no se dio cuenta que Itachi la observaba, hasta que él le tomó la muñeca de la mano delicadamente.

Miedo. Sakura fue directo a sus ojos grises, que ahora parecían negros, y encontró algo que le dio miedo. Sin querer se separó de él con brusquedad, la mano de Itachi quedó en el aire y Sakura salió de la habitación dejándolo airado y avergonzado.


Niña, niña, por favor no te vayas.

Creo que me está excitando

esta depresión.

Canción del último blues

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Me he tardado demasiado, lo sé, y lo siento. Y siento que este capítulo haya sido muy corto, pero está escrito que así sea, u.u la próxima parte, su contenido más bien, recompensará esto.

Muchas gracias a sus review, alertas, favoritos!

Saludos,

MC