Parte V


"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."

Rayuela- Julio Cortázar


SI SUFRO POR TI, ¿ME AMARÁS?

[2/2]

Se sentía amargo y pesado, todo la noche con el corazón en la garganta, recordando la mirada, y el suave tacto de la mano de Itachi sobre la suya. Sakura sabía perfectamente qué significaba esa señal. Y pasó de ella como una cobarde. Simplemente no podía, se auto-insultaba por haber rechazado a Itachi cuando la necesitaba, y ahora cargaba con un enorme saco de culpa.

No durmió, sólo dormitó unas cuantas horas. No estaba preparada para ir a la habitación de Itachi, y llevar a cabo la rutina de siempre, no se atrevería a verlo a los ojos y no quería saber qué iba a decirle él o cómo iba a tratarla. Estaba cansada, muy cansada.

A pesar de todo eso, 30 minutos tarde, bajó del segundo piso en pijama. Se prepararía un café y primero se quitaría esa cara de pesadumbres que cargaba, no quería que Itachi se diese cuenta de su mal estado.

Cuando entró a la cocina, no esperó aquella imagen: Itachi estaba bebiendo un café sentado sobre su eterna compañera, enfrente de la mesa, con un simple pan y una revista. A Sakura se le fueron los colores del rostro. Itachi alzó su mirada, y despectivamente pasó de ella. Sakura tenía dos posibilidades: retroceder o avanzar, no quedarse ahí de pie. Y tenía que elegir rápido.

Itachi sentía cómo Sakura daba lentos pasos por toda la cocina, preparando un café. Por dentro seguía sintiendo esa extraña emoción de decepción, y no podía evitar apretar la revista que estaba leyendo, la cual era de medicina. El rechazo de Sakura estaba muy latente, su mirada verde y luminosa por la sorpresa seguía hiriéndolo a cada momento que la recordaba.

¿Quién querría amar a un inválido? ¿Cómo pudo desear eso? Se sintió amargado, con infinitas ganas de arrojar la taza de café contra la pared. Pero se contuvo, respiró hondo y exhaló pasivamente. Sakura lo escuchó.

Todo estaba silencioso en la cocina, un silencio incómodo y absorbente. Los oídos de Sakura estaban atentos a cualquier sonido, a cualquier indicio de movimiento. Ella quería enmendar su error, sabía que su traspié podía ser imperdonable, pero... ¿cómo debía haber reaccionado, ante lo que Itachi le pidió con esa mirada?

Terminó de preparar su café, lo vio humeante y negro, parada frente al fregadero con la vista pérdida en ese líquido. Silencio, odiaba ese silencio. ¿Cómo romperlo? Al menos quería que él la insultara. Pasaron casi cinco minutos, y los pies descalzos de Sakura comenzaron a temblar. Era una mañana fría, nublada, pero parecía ser que las grandes y cargadas nubes se habían marchado. Entonces iría al pueblo. Tenía que salir.

Sakura salió de la cocina sin voltear atrás, subió a su cuarto y se vistió rápidamente, tomó su bolso y bajó las escaleras a prisa. Cuando salió, no pudo ver que Itachi se asomaba desde dentro de la cocina al pasillo, con un rostro endurecido. Pensando que ella se había ido para siempre.

·

Sakura pagó las compras al amable cajero que siempre la atendía cada vez que iba a ese mini mercado. Cargó sus bolsas y salió del local, recordando de golpe que tenía que ir a la tienda/biblioteca de libros en busca de "Eros y Ágape".

Caminó unas cuantas cuadras, y por fin llegó al pequeño establecimiento con dos vitrinas grandes y largas donde modelaban libros de diferentes pastas y colores. En medio estaba la puerta, de color verde desgastado con algunas rasgaduras, le daba un toque muy rústico. Entró con todas sus bolsas e hizo sonar la campanita que estaba sobre su cabeza, de inmediato, Joseph, el encargado del local, se dio la media vuelta dejando su trabajo de organización, y la saludó animadamente.

Joseph era un hombre de cinco décadas, ya tenía la cabeza llena de canas, y se estaba quedando un poco calvo de la frente. Con gentileza, le ayudó a poner sus bolsas a un lado del mueble donde se encontraban libros de regalo, que ya no tenían "valor". La mayoría eran diccionarios...

—Hola Joseph, ¿cómo has estado?

—Muy bien, muy bien, me alegra que vengas, hacia ya un tiempo que no te pasabas, jovencita. ¿Cómo ha estado Itachi?

Sakura sintió una pequeña opresión en el corazón.

—Él está bien.

—¡Me alegro! —dijo, dándose la vuelta rumbo a los estantes. —Menuda tormenta la que hemos tenido, eh, por suerte el sol se ha animado a salir unas cuantas horas, hay que aprovechar. Y dime, ¿qué te trae por aquí?

Sakura lo siguió, observando los nuevos libros que estaban empaquetados en cajas de cartón, a un lado de la recepción.

—Estoy en busca de un libro, que quiero comprar.

—Oh, dime y lo buscaré para ti.

—Se llama "Eros y Ágape". —Joseph se dio la media vuelta pensativo, inclusive se llevó la mano a la barbilla.

—No creo recordar un libro con ese título...

—La pasta es guinda, con letras doradas.

—Uhm... ¿autor?

—No lo sé...

—Uhm, eso lo dificulta. Veamos...

Joseph se subió a la escalera corrediza y anduvo de aquí para allá entre todos los estantes, Sakura lo observaba, ansiosa porque encontrase el libro.

—No. —dijo finalmente Joseph, después de casi media hora de búsqueda. —No lo encuentro en ninguna sección, tampoco en la de "especiales". —y con "especiales" se refería a la erótica. —¿Segura que ese es su nombre?

Sakura asintió efusivamente con la cabeza, algo triste por no encontrar el ansiado libro.

—Pues no hay nada, sólo mitología griega. ¿No será mitología?

Lo que Sakura había leído no era precisamente mitología. Era una extraña combinación entre drama y biografía... casi un diario.

Un diario.

El diario de Itachi.

Abrió sus ojos con sorpresa, preocupando a Joseph.

—¿Niña?

Sakura se dio la media vuelta, un poco apresurada.

—¡Muchas gracias Joseph! Se me ha hecho tarde, tengo que regresar a casa porque he dejado solo a Itachi, debe de tener mucha hambre. —y sin más, se marchó dejando contrariado al señor.

¡Un diario! Pensó sorprendida. ¿Cómo no lo había pensado antes? Al principio parecía muy lejano a serlo, porque la narración era impropia a la primera persona, pero esa había sido la intención. Era un extraño diario, a decir verdad, porque por lo que pudo alcanzar a leer, primero daba una explicación sobre las dos distintas formas de "amor", y luego, pasaba a otro plano distinto, que era el de una historia. Sakura se tocó media cara con una mano, poniéndose pensativa mientras cargaba las bolsas con la otra. Era como si Itachi se pusiese un papel de protagonista, porque alcanzó a leer "hombre inválido". Sí, eso tenía que ser, Joseph tenía casi cualquier libro en su tienda, y "Eros y Ágape" sonaba demasiado interesante como para que no lo tuviera. Entonces, Itachi lo había escrito. Pero no estaba segura si era un diario/novela.

Tenía que saber más.

Cuando llegó al camino que la conducía a su casa, sintió una extraña sensación de preocupación. Apresuró más el paso, temerosa de que Itachi se hubiera hecho daño como la última vez. Cuando llegó a la escalinata no escuchó nada extraño, y abrió la puerta.

Silencio.

—¿Itachi?

Entró, y cerró despacio, dejando las bolsas sobre el suelo del pasillo. La alfombra larga amortiguó sus pasos, y echó un vistazo a la cocina, donde no encontró a nadie, más que a la taza de café que horas antes Itachi había bebido. Sakura se preocupó más, y se dirigió a la sala. Ahí estaba él.

Su marido, sentado en el sillón, tenía la mirada perdida, y los brazos a los lados. Sakura se horrorizó cuando vio manchas oscuras en su pantalón, y supo que era sangre.

—¡Itachi, no! ¡¿Qué has hecho? —corrió a su lado, se arrodilló y agarró sus piernas. Las miró con suma preocupación mientras lloraba, y con desespero le quitó los pantalones para ver qué tan graves eran las heridas.

Dos rasguños. Miró a su lado, y vio el cuchillo de la cocina. Parecía ser que había intentado clavarlo en sus muslos, pero sólo había hecho dos largas rajaduras en ambos. No eran profundas, pero sangraban. Mucho.

—¡Idiota! —le gritó fuerte, dándole al instante una bofetada. Sakura se puso en pie, y agarró el cuchillo para irse a la cocina. Del botiquín tomó gasas, alcohol, todo lo que creyó necesario y volvió con él.

Conocía un poco de medicina, y aplicó esos conocimientos sobre ambas piernas.

—Lo intenté... —escuchó que decía él, muy quedamente. —quise sentir dolor, pero ni el más mínimo rasguño me lo daba. Qué bueno que llegaste a tiempo.

¿Y si no lo hubiera hecho? ¿Se hubiese matado?

Sakura permaneció en silencio, estaba enojada, triste, frustrada. Examinó ambas heridas, y aunque no era médica, pudo asegurar que cicatrizarían en menos de dos meses. Parecía ser que Itachi había empezado a jugar con su piel, como queriendo dibujar sobre ella, y después... no quiso pensar lo que hubiera seguido después.

—No vuelvas a hacerlo.

Itachi inclinó su cabeza hacia abajo, mirando el rostro de Sakura oscurecido por sus cabellos. Pero ella lloraba, y sus lágrimas bajaban por todo su rostro hasta humedecer sus labios.

—¿Por qué no? Es mi vida. —se atrevió a decir cínicamente, y continuó. —Son mis piernas, piernas que no sirven. Deberían de amputarlas, soy un inútil...

Tan depresivo y dramático. Sakura alzó la mirada y lo reprendió.

—No eres un inútil, no es tu vida, es nuestra vida. Son nuestras piernas.

—Sí, tú puedes decir que tienes algo mío, que algo es nuestro, pero es mentira. —su voz bajó de tono, hasta hacerse fría. —Yo no tengo nada de ti, Sakura, y ayer me demostraste que no piensas darme algo.

Le había dado años de su vida.

—¿De qué me sirve tener piernas que no caminan?, son sólo un estorbo. Pero creo que te resultaría más repulsivo si no las tuviera, ¿verdad?

Sakura nunca pensó que él fuera repulsivo.

—No eres repulsivo.

—Lo soy. Por eso me rechazaste.

Tarde o temprano el tema tenía que resolverse.

Sakura se le quedó viendo, y apretando el vendaje, se atrevió a decir:

—Tuve miedo.

Itachi la miró pasivamente.

—La palabra correcta es asco.

—¡No! ¡Yo nunca te he tenido asco! —alzó la voz, y se puso de pie. —¡Jamás te he tenido asco! Me has hecho sufrir demasiado a tu lado...

—¡¿Y por qué no te vas? ¡Te lo he repetido miles de veces hasta el cansancio!

—¡Para qué! ¿¡Para que te dañes! Me he ido por unas horas, y mírate, estuviste a punto de amputarte las piernas.

Itachi bufó.

—Iba a matarme. Me haces miserable.

Eso fue peor que una bofetada.

—Estás llegando al extremo. —Sakura derramó una lágrima, y se limpió el rostro con las manos. —No me casé contigo por lástima, no te tuve lástima ni ahora ni nunca, no sé qué es lo que no comprendes.

—Tú eres la que no te comprendes. Anda, dime la verdad, te marchabas hoy mismo, y tal vez el remordimiento y la lástima te hicieron volver.

—Fui por la despensa porque te vi comiendo un mísero pan con un café.

Itachi no dijo nada. Sakura continuó hablando, sin perder el tono ahogado por resistirse a llorar.

—Me pides demasiado. —dijo en una exhalación. —Son años los que hemos estado juntos, y parece ser que de poco en poco me odias más. No te entiendo, a veces me haces creer que me quieres... —pero las lágrimas volvieron a emerger. —y después me desprecias. ¡¿Qué juego es este?

—Yo no me casé contigo por amor. Lo hice por venganza.

—¿Qué?

—Sabía que le atraías a Sasuke, y sabía que estabas enamorada de mí. Por eso decidí darle un pequeño golpe a ese bastardo. ¡A ese bastardo por el cual estoy como estoy! —las venas de su cuello se marcaron, y en su frente una pequeña vena resaltaba. —¡Por su culpa soy un eunuco! ¡Por su culpa estoy encerrado en este maldito lugar! ¡Por su culpa tú me rechazas! —y empezó a dar de golpes contra el sillón, con tanta fuerza que los músculos de sus brazos palpitaban después de terminar de golpear.

Sakura lo dejó que se tranquilizara, estaba agotado y sollozaba amargamente, mientras que apretaba los puños y chirriaba los dientes.

—No eres un eunuco. —y con ello, se subió a sus piernas alzándose la falda.

Itachi levantó la cabeza, mirándola cansinamente.

—¿Es lástima la que me tienes ahora? —preguntó con el tono de voz ronco, y una lágrima rodó por su mejilla.

—Ya te lo dije, yo nunca sentiría por ti lástima.

Sakura acarició su pecho, lentamente, e Itachi sintió un extraño escozor en la parte baja de la pelvis. Nunca se había excitado, porque nunca una mujer lo hubo tocado después de su accidente. Y siempre estaba enojado con Sakura. Pero ahora...

—Hay que ver... —dijo ella, con el tono de voz quedito. El valor emergía —...si sientes algo ahí.

Sakura levantó su camisa, Itachi quiso detenerla pero ella metió su mano debajo de sus calzoncillos. Calor, dentro hacia calor. Sakura agarró su polla, e Itachi emitió un gemido. Lo sentía.

Una extraña felicidad embargó el rostro de Sakura, y estampó sus labios contra los de él. Itachi respondió al instante. Pequeños y delgados, dulces y jugosos, Itachi los degustó con ansiedad y brusquedad, mezclando su aliento con el de ella a medida que movían sus cabezas en ese apasionado beso.

Sakura, que no sabía cómo continuar, exploró su intimidad a medida que él profundizaba el beso con sus dos fuertes manos detrás de su cuello. Sintió sus vellos, carne y algo de flacidez, que a los pocos minutos perdió haciéndose más dura y grande, larga y gruesa.

Itachi bajó sus grandes manos por sus hombros, hasta acariciar su cintura. Sakura restregó su rostro contra el de él, sintiendo cómo los labios masculinos le hacían caricias en las mejillas, y la nariz le acariciaba los párpados, su barba le hacía cosquillas. Bajó la cabeza, hasta el cuello de su esposo, y dio besos a su piel, haciendo que él contestara con leves jadeos. Itachi subió más su vestido, animado por el inmenso calor que le provocaba ella cada vez que acariciaba su miembro. Terminó abruptamente en sus glúteos, cubiertos por la tela de algodón, y los acarició suavemente.

Sakura estaba feliz, la opresión en su espalda, la carga, había desaparecido. Sentía una libertad, era como una puerta que se abría y daba paso a una inmensa luz de esperanza. Sintió los dedos de Itachi avanzar más adentro entre sus muslos, y atinó a soltar una exclamación cuando sus dedos largos acariciaron momentáneamente su monte de Venus.

No más sufrimiento, no iba a permitir que él volviese a ser el mismo hombre desencantado de la vida. Tal vez el sexo había sido la clave... tal vez tuvo que haberse armado de valor para hacer aquello, y no haber tenido que llevar al extremo a Itachi para que se hiciera daño. No lo sabía exactamente, de lo que estaba atenta era de los demandantes besos de él, y de lo fogoso que se sentía entre sus piernas. Estaba absorta, únicamente existía Itachi, y no quería perderlo en ese momento de nirvana.

Quería darle placer, un medio para arrojar sus tensiones y amarguras por la borda.

Bajó sus calzoncillos, y aunque nunca lo había hecho, estaba preparada para la vergüenza si él le decía que le provocaba daño. Sakura acogió su miembro entre sus manos, las cuales apenas cabían entre el corto espacio de sus cuerpos.

Calor, más calor. Eso era lo que sentía Itachi. Sakura movía las manos tranquilamente, y eso estaba por hacerlo explotar de impotencia. Le tomó las manos, y apresuró un poco más el ritmo, llevando un paso acompasado. Las cuatro manos, juntas alrededor de ese falo, se apretaban entre sí, mientras que sus bocas se unían en besos cortos y húmedos.

Sakura sintió como el pecho de su esposo se hinchaba, y vio cómo su rostro se coloreaba de un hermoso color rosado, pequeñas gotas de sudor surcaban su rostro, y algunas su nariz. Era una imagen hermosa, ella aminoró el ritmo de sus manos, pero apretó un poco más profundizando las sensaciones. Separó una mano y llevó sus dedos hasta sus sacos de esperma, y los acarició debajo, sintiendo como Itachi doblaba la espalda y hacía un delicioso sonido ronco emergiendo desde su boca.

No sólo fue esperma lo que emergió del cuerpo de Itachi, sino también dos lágrimas que Sakura se encargó de beber con sus labios, tiernamente. Ella y él pegaron sus frentes, y sus respiraciones se mezclaron en un torrente de sabores a éxtasis. Los poros de Sakura parecían respirar por sí mismos, y las palpitaciones de Itachi aún no se detenían, escurriendo toda su semilla sobre las manos de ella.

Sakura le dio otro beso, sumado a los infinitos que ya se habían dado. Todo iba a estar bien, esta vez confiaba plenamente en que Itachi no volvería a ponerse la máscara de verdugo, y si se atrevía... ella ya sabía cómo reprenderlo.

Ambos se tranquilizaron, Itachi abrió sus ojos, brillantes y oscuros, opacados por el reciente placer.

—Perdóname... yo no pude...

—Shh... —le dijo ella, sintiéndose tranquila. E inmensamente feliz. —Sí pudiste, pudiste complacerme, Itachi.

Itachi le dio otro beso, más tranquilo y lento. Los comentarios sobraban, se dedicaron mejor a darse mutuo cariño en silencio.

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No, no porque un hombre sea inválido está impotente (si eso es lo que piensan), todo depende del justo lugar del daño, y cómo afecta este. No sé mucho de medicina y el cuerpo humano, pero puedo asegurarles que hay hombres inválidos que pueden tener una erección, eso porque me informé con alguien –mirada misteriosa-.

Ah, pues qué puedo decir, las tensiones sobre mí también han desaparecido, y espero el capítulo les haya mínimo agradado. No soy buena en descripciones sexuales, lo sé, pero espero haya quedado decente, hace tiempo que no escribo lemon. Aunque esto fue un semi-lemon.

Uhm, espero sus opiniones, y nos vemos en el próximo capítulo. Gracias por sus review, por sus favoritos y alertas, ¡se aprecian mucho! Cuídense.

Saludos,

MC