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PARTE 6
"Cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional e incluso, quizá, nuestra salud e integridad física, sin duda estamos amando demasiado."
Robin Norwood
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TE AMO DEMASIADO
Las campanas de la iglesia hacían eco por el bosque, por el pueblo, esparciendo la señal. La mayoría de la población pertenece a la religión católica. La iglesia estaba saturada, el Padre veía cada par de ojos mientras transmitía la palabra de Dios. El Padre posó su mirada en tres jóvenes, en medio de dos de ellos se encontraba una niña de preciosos ojos verdes, la cual parecía estar custodiada por los dos jovencitos de mirada ámbar. Ah, la juventud, un suspiro breve en la vida.
La vista panorámica de aquella iglesia blanca desapareció en un fulgor. Los árboles se desvanecieron, y Sakura entreabrió sus preciosos ojos verdes. Un nuevo día, y ese sueño se repetía por tres veces consecutivas. Debe ser una señal. Pero Sakura ya estaba cansada de pensar en señales, de creer en "señales"... al final no resultaban ser más que ilusiones suyas.
Se enderezó y con la yema de los dedos de los pies tentó el frío piso de madera. La sabana se escurrió entre sus piernas y dio un profundo bostezo estirando los brazos, levantando sus rebosantes senos que se ciñeron a la bata de algodón. Paladeó el sabor de su boca y se puso en pie, aunque en realidad quería mantenerse acostada y no salir nunca de la habitación.
Mientras se lavaba el rostro, creyó ver un reflejo en el espejo del botiquín, tal vez los nervios le estaban haciendo alucinar, veía por todas partes la silueta alta de Itachi...
Espantada, salió del baño y luego a la entrada de su habitación, corrió descalza escaleras abajo y dio media vuelta para abrir de golpe la puerta del cuarto que era una cueva prohibida. Jadeó de alivio al encontrarlo casi enderezado, con una expresión entre de sorpresa y rareza, ella se acercó y sin pensarlo subió a su cama, dándole un abrazo muy fuerte. Como si fuera la primera vez, sintió su calor invadirle, su aroma penetrar hasta los pulmones y rebosar de placer. Eso fue lo que logró hacerla volver. Abrió sus ojos, lentamente, sorprendida por dentro y con el corazón a mil. Itachi no había intentado separarla.
—¿Piensas quedarte enganchada a mí toda la vida?
Itachi no se dio cuenta del otro sentido de la pregunta.
Ella se separó y deslizó las piernas hasta el piso. Itachi la ignoró por completo, lo hacía porque sintió una fuerte sacudida en todo su cuerpo en el momento que ella lo abrazó; era felicidad. No quería que ella volviera a hacer eso. No quería volver a sentirse igual de débil como la noche anterior. Aunque lo ansiaba.
Sakura estaba de pie, silenciosa y sin saber qué hacer. Cuando tuvo conexión con su cuerpo sintió el peso de sus pechos, el frío traspasar la tela, y las piernas temblorosas. Itachi la miró por encima del hombro, ella supo que estaba fijándose en su apariencia.
—Acerca la silla.
Fue lo único que dijo. No había otra forma de no pasar frente a él, Sakura tenía que caminar o seguir siendo ridícula.
Itachi fijó su atención en las piernas de su esposa, que tambaleantes se movían de lado a lado, en una danza de la naturaleza, avanzando; avanzando por su silla de ruedas. De repente sintió una sensación amarga en el estómago, como una cuchilla.
—Estás muy lenta hoy. Vamos, apresúrate, Sakura.
Intentó sonar amable y a la vez tener el mismo tono de indiferencia, pero hasta él sabía que los hechos acontecidos hacía apenas unas horas jamás serían olvidados. Itachi sabía que su conducta era digna de mofarse.
Sakura quiso aligerarse, pero se avergonzó al sentir que sus senos se zangoloteaban. Maldición, susurró en lo más profundo de su vergüenza.
"Maldición", fue lo que también pensó Itachi al darse cuenta.
El deseo despertó en su cabeza, arrejuntado en una esquina del más recóndito espacio de su inconciente; ahí debía permanecer. Lo único que le quedaba era... maldecir su creciente debilidad.
—Ayúdame. —le pidió cuando ella por fin acercó la silla, desviando la mirada.
—¿Estás bien? —Sakura detectó su voz forzada en ese "ayúdame", como si algo le doliera.
A él le dolía bastante tener que refrenar sus impulsos.
—¡Por supuesto que estoy bien! ¡A ti qué te importa!
Sakura cerró sus ojos mientras lo ayudaba a levantarse, pero Itachi sintió quemazón en su piel desnuda y de repente la soltó.
—¡Itachi! —Sakura lo sujetó con todas sus fuerzas para no dejarlo caer.
Vergonzoso. Itachi sentía vergüenza. Vergüenza de sentir el mismo escozor, el pálpito acelerado, el orgullo resquebrajado.
—Creo que me quedaré un rato más en la cama, retírate... —él la miró por instantes, arrepintiéndose después, pues Sakura le dedicaba una mirada de insistencia. Una insistencia que bien conocía. —... por favor.
Estaba enojado. Qué fácil para él era enojarse. Se enojaba por todo... se enojaba por su excitación, se enojaba por lo delicadas y movibles piernas de Sakura, se enojaba porque sus senos se movían, se enojaba... ¡bastante!
—¡Dije que me soltaras!
Pero Sakura jamás haría eso. Lo que hizo fue acercarlo a la cama antes de que cayera al suelo, lo dejó sentado y éste se dejó caer en el colchón.
Itachi no tenía deseos de sentarse en esa endemoniada silla de ruedas, ya no más. Estaba harto. Quería ser el hombre que ella se merecía, le daba tristeza e impotencia no poder corresponder sus caricias como era debido, sus manos no eran suficientes, la mitad de su cuerpo era insuficiente. Se sentía encadenado, más encadenado que nunca, un inútil.
Ah, ese sentimiento volvía a carcomerle la mente.
—¿Itachi?
Y ella, esa maldita mujer se inclinaba, ofreciéndole sus frutos. No podía ser peor.
—¿Qué es lo que quieres? —dijo a la vez que llevaba su antebrazo delante de sus ojos.
¿Qué era lo que quería Sakura? ¿Torturarlo? Ella siempre hacía eso. ¿Acaso no podía un día desaparecer? No, pues si eso llegaba a suceder seguramente él se volvería loco.
—Sólo quiero saber si estás bien.
—Sí, lo estoy. Ahora vete, por favor. —los músculos de su garganta se tensaron.
—¿Estás seguro? ¿No quieres algo?
Sí, claro que quería algo.
En otras ocasiones, Sakura se marchaba y ese ardor desaparecía. Pero ahora estaba siendo insistente, una molestia muy insistente. Casi podía jurar que lo hacía a propósito. Si tan sólo ella no hubiera abierto las puertas a la posibilidad de... ¿por qué justo ayer ella...? ¿cómo permitió que...?
—Sí, quiero algo...
Despegó su antebrazo de sus ojos, teniendo apenas un breve asomo del cuello de su mujer. Su mujer.
—¿Qué es lo que quieres?
Maldita.
—Quiero...
¿Por qué ahora resultaba tan difícil decirlo? Se suponía que el cachito de libertad que había tentado ayer, hoy debía ser suya. Pero lo estaba convirtiendo en una especie de viaje de regreso al inicio, un laberinto, como de esos juegos que vienen detrás de los cereales. Se sentía atrapado en una encrucijada sin salida.
En su juventud no era así, con los dedos de las manos puede contar sus encuentros, y la mayoría con novias formales... ah, novias, varias novias que... ni para qué decir. En ninguna de esas ocasiones se sintió avergonzado de ser él quien iniciase la seducción, y ahora... su orgullo se estaba aplastando por culpa de la... santo cielo, no quería ni pensar en la palabra timidez.
—¿Itachi?
Maldita mujer obstinada. Daría todo por alzarse, acercarla y enredar sus piernas con las suyas. Tal desesperación que recorría sus venas debía ser imposible, juraba sentir un cosquilleo en sus pantorrillas, una ansiedad profunda, un bochorno. ¡Un bochorno! ¡Qué estúpido!
—Quiero...
Se iba a tragar la lengua, la nuez le subió y le bajó al tragar saliva y exhaló el aire. Después: las palabras equivocadas.
—... Quiero que te vayas. Necesito dormir un poco más.
Los ojos de Sakura se hicieron nebulosos, una sombra de tristeza le pasó por su rostro mientras veía a Itachi. Tal vez... el peor castigo de todos era ser destruida y después reconstruida para volver a ser destruida. Una y otra vez.
—Está bien...
Se levantó tan rápido que Itachi sintió el impulso de agarrarla y sostenerla, pero ella podía moverse perfectamente, no como él.
Sakura traspasó el umbral de la puerta, Itachi torció el cuello para verla, y le gritó.
—¡Sakura!
¿Por qué es tan difícil la comunicación? Siempre se le complica esa parte, y odia cuando tiene momentos de debilidad... como este.
Sakura se detuvo, sintiendo de nuevo la sensación de tristeza. Una señal más. Itachi le gritó, con necesidad. Señal que tendría que responder con obediencia...
Es tan incómodo; ¿el qué?; el empezar a amar.
—Quiero que te quedes. Quiero... quiero que...
¿Cómo pedirlo? ¡Asco! Eso le daría a ella si él le dijera lo que exactamente quiere.
Sakura se da la media vuelta, esperando una respuesta de él. Pero Itachi está ya arrepentido de haberla detenido.
¿Por qué, joder, por qué es tan difícil? ¡Si ayer ella le profesó su incondicional amor!
Sakura sólo lo complicaba aún más. Porque ella sabe lo que él desea. Se siente un jovenzuelo torpe. Torpe, torpe, torpe, torpe.
Ella decide acercarse, él la mira a su vez que ella lo hace, pero de cabeza. Se acerca lentamente, una tortura para él.
¿Qué está pasando?; nada, sólo comienza a desenredarse un fuerte nudo. Tú sólo deja que las leyes de la naturaleza hagan el trabajo.
Sakura se cansa de tener que esperar algo de su parte, de seguir esperando más señales. Se acurruca a su lado y acerca su rostro al de él. Unen sus labios.
La cicatriz que Sasuke dejó en su boca se borra con los tersos labios de Itachi. Ya no más recuerdos amargos, antes sentía que la cicatriz ardía aún pasados los años, aún cuando Itachi antes la haya besado. Porque es tranquilo y casi medicinal, como un ungüento. Itachi, hasta ese momento, apenas se da cuenta de ese pequeño borde sobresaliente de sus labios, pero decide no comentar nada al respeto. Pues ese beso es de reconciliación, muy diferente a los anteriores.
Ya es hora de que todo comience a mejorar.
—Creo que te amo demasiado.
—Si tú me amas... ¿por qué sigues conmigo?
Ella lo observa. Itachi siente cosquillas en las mejillas porque los cabellos de su esposa rebozan en su piel.
—Itachi... ya te lo dije... —a diferencia de otras ocasiones, ya no siente temor de decirlo. —te amo.
Era así. Aunque estuviera loco, ella seguiría con él.
—Tal vez suene masoquista y patético... pero me has hecho sufrir lo suficiente. Posiblemente este amor no nos dure por siempre.
Posiblemente ambos están locos.
—Pero, sabes... yo te entiendo, y no quiero irme de tu lado. Creo que ya he pasado momentos difíciles contigo, puede que me esperen más, pero me arriesgo, y será solamente mi culpa salir mal de esto.
—Eres una tonta.
—Sí. —y lo vuelve a besar. —Creo que ya estoy acostumbrada a tus arranques de bipolaridad, y creo que ya me has contagiado con un poco de eso.
—¿Estás dispuesta a sacrificar lo que resta de tu vida conmigo? Tienes muchas oportunidades, ¿no quieres irte y aprovecharlas?
—Tú eres mi única oportunidad. —con embelesamiento, acarició su largo cabello negro.— No siento que pueda irme sin ti.
Se escuchaba tan prometedor con esa sonrisa y esa mirada, que Itachi creyó por unos segundos en sus palabras.
—No te engañes con eso, ¿crees que esto se puede arreglar tan fácilmente?
—No dije que fuera fácil, pero si ponemos de nuestra parte sin duda funcionará.
—No, Sakura...
—¿No qué?, ¿qué es exactamente lo que te impide seguir?
—¿Y todavía me lo preguntas? —se exaltó y sus ojos lo demostraron, pues una pequeña luz de rabia brotó a su rostro. — ¡Son mis piernas! ¿Lo ignoras? ¿¡Ignoras mi inutilidad!
—Ya hablamos de eso, —contestó tranquilamente. — tienes que...
—No, no hablamos precisamente de eso, lo único que tuvimos fue un pseudo y falso toqueteo.
—¿Eso es lo que significó para ti?
—No es lo que significa, Sakura, es...
—¡Pues lo siento mucho! ¡Perdona por hacerte sentir sucio! ¡Perdona por ser tan desagradable!
Sakura se puso de pie, ignoró los gritos que profería Itachi al momento de salir de la casa, en plena mañana fría, con bata de dormir. Se alejó hasta adentrarse en el bosque y se detuvo a una considerable distancia, pudiendo ver la entrada de su casa.
Itachi seguía acostado, dándose de cabezazos contra el colchón ante su increíble comentario, y la forma en cómo ella lo interpretó. ¿Sucio, desagradable? Santo cielo, se sentía tan estúpido.
Afuera comenzó a llover. Las primeras gotas se deslizaron por la ventana de su habitación, y enderezando un poco el cuello se dio cuenta de la gran nube negra que se comía el azul cielo. ¿Dónde había quedado el esperanzador Sol? ¿Dónde estaba ese asomo de cielo?
Sakura comenzó a recibir las ráfagas de viento, las delicadas gotas del aguacero que se venía, y el frío lodo que se hacia paso entre sus dedos. Se abrazó a sí misma, cerrando sus ojos dijo un juramento y comenzó la caminata de vuelta a casa.
Un pasaje del pasado se abrió paso en su memoria.
—Mi hermano está inválido, se ha golpeado fuertemente la cabeza, y posiblemente ya ni te recuerde. ¿Por qué querrías verlo a él?, cuando yo estoy aquí.
—Porque me necesita; nunca lo voy a dejar. Jamás vas a comprenderlo, Sasuke.
Las palabras la detuvieron en seco, la frialdad de la voz le caló más que la temperatura del ambiente. Esas habían sido sus palabras, honestas y llenas de convicción. En ese momento, había roto todos los lazos con Sasuke, menos el que lo unía a Itachi como hermano de sangre; pero de ese se había encargado de romper el propio Itachi.
Sakura seguía caminando a paso normal. Una extraña luz provocó que cerrara los ojos, era un auto, a unos cien metros con las luces encendidas. Se puso tras un árbol, y esperó a que el auto volviera por el camino de vuelta al pueblo. Lo que vio dentro de éste, la dejó atónita. Y no estaba segura de si la había visto o no.
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Cuando entró a la casa sus pies llenos de lodo dejaron marcas en la madera. Las gotas de su cabello fueron consecutivas a sus huellas, y su bata no dejaba de chorrear.
—Quítate la bata.
La voz surgía de la oscuridad.
Ella se a desabrochó, cuatro botones detrás de su espalda fueron libres, y después la tela cayó sobre sus pies. Afuera comenzó a llover más fuerte. La silla de ruedas rechinó a la vez que el cielo tronaba, y un relámpago alumbró el océano. Su cabello largo, rosado y húmedo, le hacía temblar la piel de los pechos y su espalda estaba derecha del frío como una tabla. Unas manos le acariciaron las caderas, después sintió la ráfaga de aire que acompañó la caída de una suave tela sobre su cuerpo. Los dedos volvieron, pero ahora a su estómago. Ella lo observaba atentamente, con una sonrisa.
—Ojalá pudiera secarte el cabello.
La silla de ruedas se dio la media vuelta, y la agradable sensación de sus dedos se fue con ella. Sakura siguió a la sombra negra que la guiaba, después supo que estaban dentro de un cuarto y la sombra se acercaba a la cama para después alzarse de su silla, lenta y cuidadosamente, colocando una mano sobre el colchón y sentándose.
Ella seguía en ropa interior, con la gran manta sobre su cuerpo rodeándola de confort. Antes se hubiera dirigido a su cuarto, buscado ropa y calor solitariamente. Ahora la sombra de su compañero le invitaba con la mano a acostarse juntos. Ella llegó hasta él y le dio un casto beso en la mejilla, estaban en silencio, pues el único sonido que necesitaban era el de la naturaleza jugando afuera.
Itachi, con cariño, le acarició el cabello, le pasó la tela por cada mecho y lo secó con cuidado, como si fueran hilos de plata. El rostro de Sakura enrojeció como el de una mozuela en su primera caricia, pero también sentía las irremediables ganas de comportarse como una indecorosa.
La tela pasó sobre sus hombros, y sus pezones ya no estaban rígidos solamente del frío. Las dos manos que secaron sus muslos recorrieron el camino al broche de su sostén, y cuando éste cayó ella no pudo evitar soltar un jadeo. Tímida, se dejó acostar para ser cubierta de nuevo por la tela, Itachi la cubrió con ésta por encima de su cuerpo llevándose consigo la humedad.
Las gotas recorrían el camino entre sus entrañas.
Y ahora, cada vez que sentía los dedos cerca de sus caderas, deseba que se insertaran en la orilla de sus bragas.
—Tienes que ir por ropa seca.
En vez de acatar, ella se enderezó y atrapándole en un abrazo ensambló sus labios con los de él. Necesitaba sentirlo. Una debilidad se acrecentaba en su pecho, Sakura tenía la necesidad de tomar fuerzas de él, e Itachi se daba cuenta de ese extraño comportamiento por su parte. Era como si se protegiera, como si necesitara de su protección con ese abrazo posesivo.
O tal vez ella quería que se disculpase y él estaba interpretando todo mal.
—¿Estás bien? —no lo preguntó por curiosidad, lo hizo por preocupación.
—Sí...
Apenas un susurro frágil que no le transmitía lo que quería. Sakura estaba aferrándose más, y la humedad de sus pechos pronto traspasaría la tela de su camisa. Él no estaba seguro de seguir preguntando, tampoco de guardar silencio. Un horrible silencio que podría destruir apenas la primera columna completa de su relación.
—¿A quién viste?
Y con tres palabras había dado el golpe directo. Sakura comenzó a temblar, y no de frío.
—Sakura... dime qué es lo que sucede.
Más fuerzas, más fuerzas, un abrazo más fuerte.
—Estoy bien.
—Mentira. Mira, si es por lo que te dije... discúlpame, yo...
—No, no, no hace falta aclarar eso, por favor.
—¿Entonces?
—No es nada.
—Si queremos que esto funcione... Sakura, tú misma dijiste...
Armándose de valor, juntó sus brazos alrededor de él, preparándose para no separarse, como si fuera suficiente para la sacudida que vendría. Finalmente abrió sus labios, segura de no temblar en su tono de voz, pero al instante comenzó a llorar.
Los océanos azules parecían infinitos al horizonte, tan largos de recorrer de punta a punta, sin tierra a la vista... misteriosos y tramposos. Profundos, oscuros y espesos, monstruos con largos brazos, ojos por todas partes. Descontento, opresión y confusión envenenando las aguas. Incoloro. Sin olor. Sin tacto. Un fuerte puñetazo de inconciencia. Un sabor salobre del pasado.
—Abrázame por favor. —le pidió ella, y él correspondió por fin el abrazo.
Sakura lo abrazó con más fuerza, sujetó su camisa con ahínco y sollozó en su cuello. No podía decírselo, no ahora. Mas todo algún día debía ser aclarado y enfrentado.
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Muchas gracias por sus comentarios, fav y alertas. Lamento mucho la demora, algunas circustancias no son muy favorables.
Saludos,
MC
