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Parte VII

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Amada, no destruyas mi cuerpo,

no lo rompas, no toques sus costados heridos.

No me lastimes más.

Me duele el pelo al peinarme.

Duéleme el aliento.

Duéleme el tacto de una mano en otra.

No destruyas mi cuerpo

pensando en sus miserias:

doliendo a pierna suelta

se destruye él solo, amada,

como si creciere hacia una lanza

clavada en la cabeza.

-Eduardo Lizalde.


LA TUMBA DEL AMOR

La angustia la estaba dominando. Sentía que cada vez se absorbía más en sus pensamientos inquietantes que resultaba obvio que algo extraño le sucedía. E Itachi se daba cuenta de eso. Primero había visto a Sasuke en ese mercado, jugando con palabras y tratando de asustarla, eso era lo que había creído, que sólo quería darle un susto. Pero apenas hacia unos días lo vio de nuevo en un auto con dos personas más haciéndole compañía. Y habían estado muy, muy cercas de la mansión. ¿Pero por qué rayos no los dejaba en paz?, se estaba esforzando y por primera vez Itachi le hacía gestos de reciprocidad. Sólo se le venía algo a la mente que podría querer Sasuke de Itachi: Dinero. No se creía lo de "Te quiero a ti", Sasuke se traía algo entre manos, y Dios, su paranoia estaba causándole pesadillas, pesadillas horribles de lo que pudiera hacerle a ella y a Itachi. No sabía de qué era capaz Sasuke y tampoco quería averiguarlo.

—Llevas cinco minutos lavando ese vaso, si no es que más.

Sakura se dio cuenta que de nuevo hacia evidente su estado de ausencia. Si ella se hubiera comportado así días antes, tal vez Itachi no le hubiera prestado atención, pero ahora todo era diferente, y que ella se comportara de esa manera lo estaba exasperando.

Con calma enjuagó el vaso de vidrio y lo puso sobre la superficie cubierta por un trapo seco. Los comentarios de Itachi acerca de su comportamiento no eran precisamente hostigantes, por todos los cielos, él estaba siendo totalmente diferente con ella y se sentía miserable por no aprovechar eso, por perderse de algo por lo que había esperado con desesperación y que amenazaba con derrumbarse si le llegaba a decir que su hermano Sasuke, el culpable de su paraplejia, estaba acechándolos en un auto en medio del bosque.

—Has estado así desde que llegaste toda mojada hace unos días, y no me quieres decir qué sucede.

Estaba mostrando interés, tal vez incluso preocupación por ella, y Sakura deseaba poder disfrutar de eso sino fuera porque el motivo por el cual se comportaba así era a causa de Sasuke.

Tarde o temprano. Tarde o temprano.

Nada duraba para siempre, y casi lloró por el coraje que le provocaba la presencia de Sasuke en el pueblo. Quería enfrentarlo, pero a la vez tenía miedo de ser ella quien lo buscara y le pidiera explicaciones del porqué su presencia acosadora. Era verdad, hasta ese momento se dio cuenta que le tenía miedo, y no por el peligro que suponía para ella, sino para Itachi. Si Itachi se enteraba que su hermano menor andaba merodeando... no quería, no se imaginaba la reacción de él. Explotaría, volvería a volverse un demente de la ira. Un recurrente al desencanto y la amargura.

Maldito Sasuke, no tenía derecho a quitárselo apenas cuando recién comenzaba una nueva etapa con su esposo. ¿Es que acaso no podrían ser felices?

—Sakura, te estoy hablando joder.

Por poco se le resbala el plato de las manos. El tono de voz ya era conocido, era el que Itachi usaba cuando comenzaba a entretenerse con ella por medio de insultos y humillaciones. Volver a escucharlo hablar de esa manera la estremeció de pies a cabeza.

—Estoy bien, creo, cr-creo que iré al pueblo a comprar unos libros, la biblioteca necesita algo nuevo.

No espero a que él respondiera, salió de la mansión colocándose un abrigo y caminó rápidamente por el sendero que tantos recuerdos desagradables y agradables le traía a la mente.

Si Sasuke quería dinero, le diría que estaba en bancarrota y que con lo único que sobrevivían era con lo poco que había heredado Itachi. Sasuke, después de todo, tenía las empresas de su padre, que increíblemente había hecho crecer hasta convertirla en casi un monopolio, eso era lo que decían las revistas que se encontraban en los mostradores de las tiendas. Todos en el pueblo tenían bien sabido lo famoso y rico que se había hecho el hijo menor de los Uchiha, pero ignoraban la desgracia del mayor, e incluso se burlaban y juzgaban cruelmente, Sakura los escuchó hablar tan cerca de ella que juró lo hacían a propósito para también restregarle que ella seguía siendo una "chica fácil". Jamás olvidaría la escena en el funeral de los Uchiha, ni cómo Sasuke le hubo forjado una reputación de la que estaba más avergonzada que enfurecida.

Al salir del bosque recorrió lo que era el fin de la calle, que daba al pueblo, sin embargo, no tuvo que dar más pasos para encontrarse con el Rey de Roma viniendo directo a ella, a pie, con una ropa informal a diferencia de cuando lo vio la última vez.

—¡Sakura! Me has ahorrado la caminata.

Ella se armó de valor, inspiró hondo y fue a su encuentro, debajo de un gran árbol.

—Creí que ya te habías ido del pueblo, ¿qué haces aquí...?

—¿Harás que lo repita de nuevo?, en serio, no sé cuántas veces tendré que decírtelo Sakura...

—No digas mentiras, dime la verdad, dí porqué rayos estás aquí.

Sasuke miró al cielo, después de un lado a otro con mucha tranquilidad, una tranquilidad que no le agradó para nada. Él lucía una seguridad molesta, mientras que ella, parada frente a él, era la tensa y angustiada mujer que trataba de salvar lo último de su matrimonio.

—Quiero enmendar mi error.

—Ya es muy tarde.

—No, todavía se puede hacer algo. Por ti, y por mi hermano. Te propongo un trato, Sakura.

—¿Me propones un trato? —enfatizó con un tanto de ironía, algo que claramente le molestó a él.

—Sí, Sakura, te propongo un maldito trato. Voy a devolverle la movilidad a Itachi, a cambio de que hagas un par de cosas por mí.

Ella lo miró atónita.

—Estás mal si crees que voy a ceder. ¿Qué te crees, Dios?

—Estás siendo egoísta. ¿No te importa Itachi?, ¿no quieres que vuelva a caminar?

—N-no vuelvas a hablar de eso—tartamudeó con enojo—. ¿Cómo te atreves, Sasuke?, ¿cómo puedes decir eso?

—¿Atreverme a qué?, ¿decir qué?... mi adorada Sakura, se nota que no me conoces.

—Y qué bien que no te llegué a conocer lo suficiente—contestó recordando su antiguo gusto por él—. No sé cómo es que llegué a sentir algo por ti...

—Oh... —susurró Sasuke, acercándose de repente y acariciándola de los brazos a lo que ella se alejó inmediatamente— me gusta cuando admites eso, no sabes como me complace escucharlo una y otra vez en mi memoria... Pero creo que hubiera sido más conveniente que me hubieras llegado a conocer en ese entonces, cuando te lo propuse, así no estarías en este embrollo.

—Ni aunque la historia se volviera a repetir.

—Entonces déjame informarte que no vas a lograr nada con esa actitud. He contratado a un doctor para que vea a Itachi, y no me vas a impedir ver a mi hermano. Nuestros problemas no te conciernen a ti.

—Soy su esposa.

Él emitió una risilla modulada.

—¿Te escuchaste?, a mí no me pareció que te creyeras tus propias palabras. No significas nada para él, Sakura, tan sólo fuiste parte de una venganza, ¿no te das cuenta?, ¿no quieres lo que te ofrezco?

—No me interesa nada que venga de ti.

Pasaron unos momentos en los que él la observó con seriedad, comenzó a analizarla, algo que la incomodó, y finalmente volvió su vista a sus ojos.

—He cometido errores que quiero enmendar, soy el único que puede ayudar a Itachi, yo le hice esto, y yo puedo solucionarlo. Y este es el trato: si logras que firme unos papeles, que te entregaré si aceptas, yo voy a devolverle lo que perdió y lo que tanto ansía.

—¿De qué estás hablando?, me crees tan tonta, ¿o qué?

Sasuke movió el rostro en una clara señal de molestia y volvió a hablarle.

—Voy a dejártelo en claro, tú tienes algo que quiero, él te ha puesto como heredera legítima de la mansión, la mitad de las acciones de la empresa que estoy manejando y unas tierras de cultivo de vid no muy lejos de aquí.

Esta vez ella retrocedió tres pasos por la sorpresa.

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Abrió el libro después de no haberlo hecho por mucho tiempo. Sucedía que siempre escribía lo que sentía, las emociones más fuertes de su vida y sus reflexiones más importantes, pero ahora... cuando se detuvo a mirar el libro que con tanta amargura había escrito, no podía pensar en nada. No se animó a abrirlo antes por esa razón, porque no tenía razón alguna para abrirlo y escribir en el. Sakura se había hecho cargo de hacer realidad los temores, fantasías y diálogos que él hasta ahora había narrado en esas páginas.

Eros y Ágape.

La razón por la cual se había hundido más en esa silla. Pensaba, pensaba y pensaba en todo lo que anhelaba si no estuviera sentado de por vida en ese colchón duro que le recordaba todos los días de su desgracia. Por eso escribía, para desahogarse, y para aún así acrecentar su desencanto con la vida.

Las caricias, los besos y las palabras de Sakura lo hicieron quemar el libro en la chimenea. Recorrió con la mirada las flamas engullendo la dura tapa roja del libro, las palabras doradas deshaciéndose en letras huérfanas. Viajó por las cenizas, hasta llegar a sus zapatos lustrados, después sus ojos viajaron por sus piernas y una enorme emoción le embargó el pecho. Era como si su estómago le sirviera de trampolín a su corazón.

Santo cielo, sí podía.

Colchón duro.

¿Cómo es que podía disfrutar de la dureza molesta, que ahora le parecía gloriosa, del colchón de la silla de ruedas?

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—Mi hermano tiene oportunidad, Sakura. Los doctores no continuaron con su tratamiento porque papá no pudo pagarles, pero créeme... sino fuera por ese dinero que mi padre necesitó en ese entonces, Itachi andaría corriendo una maratón alrededor de chicas sudorosas en este mismo instante y tú y yo estaríamos felizmente casados y disfrutando de los placeres del matrimonio.

—Estás perdiendo el tiempo.

—Sólo porque tú haces esto más difícil.

—¿Y qué si no acepto tu tonto plan?, porque es una tontería Sasuke, sigo sin poder creer lo que me dices y pides con tanta seguridad.

—Me subestimas, entonces. Ya te lo dije, tienes algo que quiero.

—Yo no tengo nada, no sabía lo que me dices y ni siquiera lo creo.

—¿Y por qué no le preguntas a Itachi entonces?, que él te lo diga, que te revele sus miedos a la muerte.

Sakura apretó los puños y dio un paso adelante.

—¿Lo has estado amenazando?

—No, sería incapaz, ¿cómo crees? Pero es obvio que si fue al grado de heredarte toda esa fortuna, es por algo.

—Eres un maldito—dijo ella entre dientes—. En verdad quisiste matarlo, ¡por Dios!, ¡pero si querías matarlo al aventarlo del risco! ¡Todo por dinero!

—Es algo más complejo que eso, ¡y te sugeriría que no alces la voz!

—Eres un maldito bastardo. Seguramente planeabas matarlo de no saber que yo soy la "heredera" de la susodicha fortuna.

—Bueno, para qué te digo que no.

Finalmente ella lo abofeteó y comenzó a darle de golpes en el pecho con furia. Sasuke la sostuvo de las muñecas y la arrastró de manera bruta dentro del bosque, donde nadie pudiera ser testigo de su escena.

—Cálmate carajo, tranquila... —pero Sakura continuó pataleando en contra de su fuerza—. ¡Que te calmes!

En un ágil movimiento ella se encontraba con los brazos estirados sobre su cabeza y él le sujetaba la barbilla con una mano mientras que con la otra mantenía prisioneras sus muñecas.

Sakura lloraba al imaginarse lo que pudo haber planeado Sasuke todo ese tiempo en contra de Itachi y, a la vez estaba furiosa por estar impotente ante ese desgraciado.

Pasaron segundos que en su cabeza se convertían en largos momentos. No dejaba de mirarla, sus ojos oscuros la analizaban con más ahínco y lentitud, todo su cuerpo estaba aprisionado por la fuerza bruta que el ejercía contra ella y el árbol que tanto deseaba se hiciera plastilina detrás de su cuerpo, porque quería alejarse lo más posible de él.

Como si adivinara su incomodidad, Sasuke comenzó un restriego lento y molesto contra su cuerpo, provocando que sus senos se aplastaran y se hicieran a gusto según él moviera el tórax.

—Has florecido, Sakura, y me lo perdí porque a ese bastardo se le ocurrió quitarte de mi lado. En serio, ¿cómo pudiste estar con él diez años?, ¿qué te liga a él?

Sus labios, que se habían movido seductoramente al decir esas palabras, se acercaron a su rostro y él comenzó a olfatearla y a frotar su piel con sus mejillas, su nariz contra su cara, y sus carnosos labios seguían amenazando con rozar los suyos.

—Contéstame—instó con la voz ronca.

Sakura apretó los labios justo cuando él abrió la boca y posó sus labios sobre los suyos. Al principio ella creyó que los estamparía y le haría daño como la última vez hace diez años, pero él hizo algo que la estremeció y que causó que todo su cuerpo respondiera en contra de su voluntad: lamió la comisura de su boca. Un recorrido sensualmente demandante que a la vez era acompañado de caricias detrás de su oreja. Ella sintió una chispa descender por toda su columna y después alzó la rodilla golpeándolo en la entrepierna.

—¡Ghh! ¡Sakura, maldita!

Corrió sin detenerse y sin mirar atrás. La cicatriz en su labio parecía tener pulso propio, y se fue limpiando la saliva de Sasuke Uchiha con la manga del abrigo, como si un horrible brebaje le hubiera caído en la boca.

Al estar más cerca de la mansión aminoró el paso y se arregló la ropa, calmó su respiración y caminó despacio, mirando tras su espalda en busca de él. Pero no estaba, aún así jamás podría estar en calma, todo tenía que decidirse ese mismo día.

Tenía que decírselo a Itachi.

Fueron los más largos pasos que dio camino a la mansión, no quería llegar, pero lo hizo, y cuando entró se encontró justamente con él en el pasillo. Seguramente su rostro estaba pálido, porque Itachi la miró con rareza.

Caminó a la cocina ignorando el chirriar de las llantas de la silla, la estaba siguiendo, cielos, ¿cómo iba a decirlo?, ¿qué haría?

—¿Qué te sucede?

Sakura se acercó al lavaplatos de donde se sostuvo. Estaba cerrando los ojos lo más fuerte que podía, deseando que fuera una pesadilla. Sobre la mesa había dos platos juntos, con una comida que el propio Itachi había preparado para comer junto a ella... algo para lo que había tomado valor toda esa tarde porque por primera vez quería hacerle frente a sus temores. Ella no se dio cuenta de eso.

—Sakura, dime de una buena vez que rayos sucede...

Levantó el rostro y miró el techo. Se mordió los labios y volvió a agachar la barbilla. Era mejor decirlo que esperar con angustia la aparición de Sasuke en la casa, y que todo fuera peor.

—Itachi...

Una tensa pausa se hizo entre ambos, Itachi estaba desesperado porque ella no continuaba, y una molesta sensación hizo que apretara los respaldos de su silla.

—... él...

Itachi cerró los ojos.

—... tú hermano está en el pueblo—soltó con la voz hecha añicos.

El sonido de las gaviotas y las olas antes del caos. Los dos platos salieron volando por el aire y se estrellaron contra el suelo.

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Me he tardado demasiado en escribir, pido disculpas por eso, no era mi intención tardar tanto, ni la es tardar más si se presentan más momentos desagradables e inoportunos. Espero no estén exasperados o enojados conmigo por hacerlos esperar, y espero sus comentarios u opiniones de este capítulo. Muchas gracias por leer hasta aquí, en serio xD. También gracias por sus anteriores comentarios, sus palabras hacen que mi estómago sirva de trampolín para mi corazón.

Nos vemos la próxima,

MC