Parte VIII


¿Desde qué lejana estrella hemos caído para venir a encontrarnos aquí?

Nietzche


GÉNESIS

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Sasuke Uchiha, 5 años de edad. Itachi Uchiha, 7 años de edad. Hermanos uterinos. Un tierno lazo uniéndolos a pesar de eso.

Cuando Sasuke cumplió su quinto año de nacimiento sufrió un accidente de mordedura de serpiente. Sus padres y su hermano lo llevaron de emergencia al hospital más cercano, sin embargo, el hospital no contaba con el antídoto —pues la serpiente resultó no ser de la zona, ni siquiera del país—. Más tarde se enteraron que un amigo de Sasuke había llevado a la serpiente escondida para dársela como un regalo. El padre del niño se disculpó profundamente ante los padres de Sasuke y ante un impertérrito Itachi, que parecía ser el único que no aceptaba sus disculpas.

Sasuke había sufrido mucho. Itachi jamás perdonaría a alguien que le hiciera daño a su hermano; incluso accidentalmente.

Mikoto Uchiha, la madre de ambos niños, se vio obligada a llamar al padre de Itachi. Fugaku Uchiha, padre de Sasuke, se tragó su orgullo mientras Mikoto hablaba por teléfono, lejos en aquel pasillo blanco. Sus sollozos rebotaban en los oídos de Itachi, como un eco cristalino. Pensó que su madre lloraba por Sasuke, y no por alguna otra desagradable situación. Él no tenía idea de que ella hablaba con su verdadero padre.

En poco menos de veinte minutos llegó un helicóptero desde la ciudad, Sasuke y Mikoto se marcharon en el. Fugaku e Itachi la despidieron mientras el helicóptero ascendía. Itachi hizo un intento de agarrar la mano de Fugaku, pero él movió su mano rechazando el gesto. Sentado a un lado de Mikoto, el rostro del padre de Itachi —cubierto por las sombras— languideció en una sonrisa.

Esa fue la primera vez que Itachi logró ver a su padre —aunque no estuviera enterado de que lo fuera—. Y fue la última vez que Fugaku vio a su hermano mayor.

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Transcurrió un mes desde que Sasuke y Mikoto se habían marchado. Itachi sentía la casa muy sola, extrañaba los gritos y risas de Sasuke mientras corrían por la escalera o jugaban en el pasillo principal. El fantasma de su hermano menor corría por todas las puertas con una expresión de felicidad. Y su mamá —su estómago gruñó—, extrañaba mucho la comida de su madre, su presencia y su aroma. De vez en cuando Fugaku hablaba por teléfono con Mikoto y siempre le preguntaba, antes de colgar, cuándo sería su fecha de regreso.

Hasta que Sasuke se recupere por completo.

Después se escuchaba el tono monótono y hondo de la comunicación colgada. Itachi apreció la mueca de desespero en el rostro de Fugaku cada vez que Mikoto le colgaba de esa manera —fría y desinteresada—, y en esos días permanecía en su cuarto lejos de él, puesto que su humor tendía a ponerse volátil. No tenía miedo de su padre, creía que jamás sería capaz de hacerle daño pero no por ello debía tentar su suerte.

Fugaku comenzó a beber habitualmente, bebía demasiado vino y se encerraba en la sala. Alguna vez Itachi se asomó para ver si se encontraba bien y, lo encontró sentado en su sillón preferido, mirando las llamas de la chimenea con una vacía expresión. En los segundos que se mantuvo observándolo Fugaku no pestañeó ni una sola vez, ni siquiera cuando se sirvió más vino en su copa o bebió de golpe. A veces Fugaku no dormía días seguidos y otros días parecía morirse en su habitación. Nadie le cocinaba a Itachi o lo ayudaba en sus tareas escolares. Todas las mañanas se alistaba sin ayuda, bajaba las escaleras y se preparaba el desayuno para después dejar la casa y asistir a la escuela. En la tarde, cuando volvía a casa, nuevamente cocinaba para él mismo y lavaba su ropa sin permitir que se acumulara.

A parte de sus propias necesidades, atendía el invernadero y el vivero, que si no hubiera sido por su cuidado hubieran perecido por la poca atención —su madre era quien los cuidaba con sumo cariño—. Todavía lograba sentir un poco del aroma y presencia de su madre en el invernadero, estar ahí lo tranquilizaba, lo ponía contento y se olvidaba de que ella y su hermano no estaban ahí. Se la pasaba la mayor parte del tiempo entre las flores, haciendo su tarea o dibujando. Fugaku no se molestaba en saber cuál era el paradero de Itachi y el niño tampoco se molestaba en saber dónde se encontraba su padre, eran muy pocas las veces en las que ambos coincidían en la casa. La relación entre padre e hijo había sido de mutuo respeto, pero ahora más que nunca se evitaban inconcientemente —y eso no lo podía comprender Itachi—.

Itachi jamás le dijo expresamente "Papá". Y Fugaku tampoco se dirigía a él como "Hijo". A veces Itachi no podía evitar sentirse necesitado de una figura paternal, lo que en ocasiones lo llevaba a intentar tener contacto con él —físico o emocional, más que nada físico—. Sin embargo, no importaron las veces ni las sutiles maneras en las que Itachi intentó ganarse el afecto sincero de su padre; Fugaku lo rechazaba en silencio, se iba o lo ignoraba.

Desde que tiene recuerdos de Fugaku, siempre le costó ganarse el afecto de él.

Se esforzaba por ser siempre el número uno de la clase, se esforzaba al límite, y si alguna vez no era el número uno entonces entraba en una depresión y se sentía intranquilo consigo mismo. Pero nunca dio señales de irse a dormir con ansiedad, a pesar de que se sentía líquido por dentro. Siempre se guardaba sus sentimientos, incluso su madre a veces no sabía lo que pasaba por su mente en un primer instante.

La única persona que le ofrecía momentos plenamente felices era Sasuke. Sasuke lo liberaba de su estrés. Y le hacía mucha falta tenerlo a su lado. No era plenamente conciente del porqué Fugaku lo rechazaba o porqué los trataban diferente a ambos. Sasuke tenía el afecto de ambos padres e Itachi a veces recibía abrazos y besos de su madre, aunque casi siempre Fugaku la reprimía de hacerlo frente a él —por lo que su madre terminó mostrándole afecto sólo cuando lo llevaba a dormir—. A pesar de eso, en Itachi jamás nació un sentimiento de celos o envidia, por los obvios privilegios con los que contaba Sasuke. No fue hasta que se hizo más mayor y perspicaz que supo la verdad del porqué los trataban tan diferente, porqué Fugaku lo veía a veces con el más inherente rechazo o le impedía hacer ciertas cosas que a Sasuke sí se le permitían.

Eran hermanos, hijos de la misma madre pero no del mismo padre. Sasuke era hijo de Fugaku, y él, hijo del hermano mayor de Fugaku. Lo descubrió una noche, cuando los gritos de sus padres lo despertaron y, preocupado, había bajado a averiguar qué sucedía. Se detuvo en las escaleras al ver que la luz de la cocina estaba encendida, dudó en bajar y espiar —jamás le gustó entrometerse en asuntos que no le concernían— pero su madre estaba ahí también, y con eso bastó para que se acercara más al marco de la entrada y escuchara la confusa discusión.

—No te permito que vuelvas a ver a mi hermano, Mikoto.

El odio en la voz de su padre lo desconcertó, jamás escuchó ese tono de voz proveniente de Fugaku.

—Son puramente negocios, Fugaku. Debes comprender que no es tan fácil como tú crees. Si tal vez consiguieras un trabajo yo no me vería obligada a esto.

—¿Y crees que es muy fácil conseguir un trabajo en este pueblo? ¡Dime dónde hay un trabajo que pague lo suficiente para mantenernos a todos! Si no fuera por tu bastardo, lograríamos subsistir.

Se escuchó un golpe, una bofetada.

—Jamás te dirijas de esa manera a mi hijo, Itachi no tiene la culpa de nada.

—Tienes razón... la culpa la tiene su madre por ser tan...

A Itachi no le costó mucho comprender su situación. Todo encajaba muy bien. Sin embargo, no supo cómo reaccionar a la entera revelación. Únicamente... se sintió un poco solo.

Había nacido el primer brote de desencanto en su corazón.

Sin embargo, todavía contaba con Sasuke, y a veces, huía a los brazos de su madre cuando no podía seguir soportando la realidad que ella le ocultaba. No quería echarle en cara nada a Mikoto, sentía que ella sufriría más que él mismo. Por esa razón, su relación con Fugaku se había vuelto más lejana, y no lo llamó de nuevo padre —con ese desinteresado afecto— ni siquiera en sus pensamientos.

·

Sasuke y Mikoto regresaron después de cincuenta días. Esa mañana Fugaku salió temprano de su cuarto, se duchó y rasuró la barbilla, limpió las coletas de cigarrillos que había dejado la noche anterior en la sala y escondió las botellas de vino en el cobertizo.

Más tarde Itachi regresó de la escuela y cuando entró a la casa escuchó la voz de su madre en la cocina, y la de un Fugaku furioso.

—¿Por qué te llevó tanto tiempo volver?, ¿qué estaba sucediendo entre ustedes dos?

—Ya te lo dije, Sasuke tardó en recuperarse. A pesar de haber sido tratado por un especialista como Orochimaru, su cuerpo no reaccionó de la mejor manera. Tienes que agradecerle a tu hermano por haber contactado con alguien tan ocupado como Orochimaru, si no fuera por él, Sasuke estaría...

—... ¿Mi hermano intentó algo contigo en todo este tiempo?

Mikoto dejó caer un plato, como si la pregunta la hubiera dejado desprevenida.

—Él no intentó nada. Él me respetó.

Se escuchó un silencio de breves segundos, en los que el agua del grifo caía libremente.

—Me estás mintiendo. Puedo oler tu fétida mentira, Mikoto.

Itachi pasó de largo la cocina, pero pudo ver que Fugaku le dirigía una mirada de profunda antipatía, su madre estaba de espaldas, por lo que no lo vio cruzar el umbral. Se detuvo en el primer escalón al ver a Sasuke sentado en el tercero en descendente.

Entonces estalló.

—¡QUIERO QUE ME MIRES CUANDO ME RESPONDAS! No me cabe la menor duda que mi hermano y tú han tenido algo que ver en todo este tiempo. Cada vez que te hablaba eras cortante y no me dabas casi información. Dime la verdad Mikoto, dímela ahora. ¡¿Te tuviste que acostar con él para que atendieran a Sasuke?!

—¡Yo ya dije todo lo que tenía que decir!

Sasuke estaba en silencio, mirando al final de la escalera y, a pesar de que Itachi estaba al final de ésta, la mirada de Sasuke no se molestó en hacerle notar que lo veía. Fue la primera vez que Itachi sintió el desinterés de su hermano. Su rechazo.

Le dolió bastante. Lo confundió mucho.

Ascendió los escalones y se detuvo frente a él, escuchando de fondo la discusión de sus padres que se tornaba más violenta. Cada paso que dio acompañado de un rechinido.

—¿Cómo estás? —le dijo mientras extendía su mano para tocarle.

Pero Sasuke se movió. Tal como Fugaku.

—Estoy bien—le contestó llanamente. Itachi no se iba a dar por vencido.

—¿Te trataron bien?

—Sí.

—¿Qué te dieron de comer?

El volumen de los gritos en la cocina ascendía, y el de la conversación de ellos bajaba.

—Gelatina de fresa.

Un silencio acongojante nació entre ambos, Sasuke no le dirigió la mirada en ninguna respuesta. Pequeñas partículas de polvo flotaban en el aire, alrededor del cuerpo de Sasuke, mientras una cálida luz entraba por el ventanal.

—¿Estás triste, Sasuke?

Un vidrio se rompió en la cocina. Los sollozos de Mikoto apenas rozaban el umbral del sonido.

—No—finalmente levantó su mirada hacía él—. ¿Me extrañaste, hermano? —su pregunta lo reconfortó.

—Sí.

Sasuke sonrió ante la respuesta. A pesar de ser tan pequeño, él era muy inteligente.

La casa se quedó en pausa, del horizonte nacían nubes grises que viajaban directo al pueblo y una espesa niebla proveniente del mar comenzó a formarse hasta cubrir todo el bosque. La arboleda se mecía con el susurro del viento. Poco a poco la luz que entraba por el ventanal se fue extinguiendo, y el rostro de Sasuke comenzó a ensombrecerse a la vez que su sombra desaparecía detrás de él.

Mikoto salió de la cocina gritando, Itachi dio media vuelta y Sasuke se puso de pie. Fugaku sostuvo a Mikoto del brazo y la abofeteó cuatro veces. Itachi las presenció con pasmo.

—¡Suéltame!

El chillido resquebrajaba toda la madera de la casa.

Itachi bajó las escaleras escuchando de fondo los gritos de su madre, los gruñidos de Fugaku y sintiendo la inexistencia de Sasuke. Con sus pequeñas manos intentó liberar a su madre del agarre de Fugaku que se adhería brutalmente a su brazo derecho.

Tenía miedo. Sentía vértigo. Sufría un vacío.

Fugaku dejó caer un manotazo en el rostro de Itachi y lo pateó en el suelo.

La hierba del desencanto se extendió más, siseando y esponjándose alrededor del joven corazón.

Itachi se puso de pie pero inmediatamente fue arrojado al suelo. Se enderezó y lo empujaron. Recobró su equilibrio y estabilizó su respiración, ganando valor. Y también enojo. Esta vez, cuando Fugaku planeaba patearlo, él lo esquivó y fue directo al brazo que mutilaba a su madre. Lo mordió con todas sus fuerzas mientras sus lágrimas emergían desde el más profundo desconsuelo.

Mikoto cayó al suelo por la repentina pérdida de equilibrio después de su liberación. Fugaku gritó dos veces antes de que por fin Itachi lo soltara. Sangre escurría por entre la madera del piso, pequeñas gotas bajaban desde un pequeño torrente. Fugaku se apoyó contra una pared sosteniendo su brazo herido, con una respiración errática observó a Itachi ayudando a su madre para que se pusiera de pie. Lo iba a arremeter, hasta que Sasuke se interpuso.

—¡Ya basta papá!

Mikoto e Itachi se dirigieron a la sala cerrando las puertas tras de sí, permaneciendo toda esa noche encerrados en la sala.

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A la mañana siguiente Fugaku no estaba en la casa. Sasuke había sido quien tocó a la puerta avisando que papá ya no se encontraba y que Mikoto e Itachi podían salir. Mikoto lucía pálida y abatida, Itachi estaba igualmente pálido y cansado. A pesar de su estado Mikoto les preparó el desayuno y los ayudó para que asistieran a la escuela como si nada hubiese sucedido.

En el recorrido ambos hermanos no se daban la mano, algo que siempre habían acostumbrado a hacer. Mantenían una distancia de un metro, no hablaban ni se miraban. Algo cambió entre ellos, no se sabía qué era exactamente, pero una brecha nació, una pequeña brecha que se convertiría en un desierto.

·

Varios días habían pasado, Fugaku y Mikoto dejaron de hablarse pero poco a poco —para confusión de Itachi— fueron tratándose de manera normal, incluso llegando a abrazarse. No lo comprendía. No comprendía a los adultos. ¿Ellos se odiaban en unos momentos y después de un tiempo volvían a amarse como si nada?

Se quedaba pensando en eso cada vez que los observaba comportarse de manera cariñosa, a escondidas. ¿Qué era lo que pasaba?

¿Cuál era la realidad?

Sin embargo, a pesar del confuso reconcilio, Fugaku no cambió su manera de ser para con él. Todavía sentía sus vibras negativas pero con el paso del tiempo no lo culpó por sentirse así. Comprendía que no todos podían agradarse unos a otros. A veces, hasta la más impensable persona te odia y tú no te das cuenta —Aunque Itachi agradecía saber que Fugaku lo odiaba—.

Fue haciéndose a la idea de que ya no debía verse obligado a cumplir con expectativas que jamás serían reconocidas. Al menos no por Fugaku. Por eso, comenzó a comportarse tal cual era, se mostraba más abierto a sus compañeros de clase y no era indiferente a los elogios de las féminas. Él era solamente cálido con su hermano menor y su madre, porque Fugaku le había inculcado la idea de que mostrar debilidad ante otras personas era suicidio social. Pero a Itachi le agradó ganarse más amigos, dándose cuenta que las enseñanzas de Fugaku sólo tenían las intenciones de hacerlo sufrir. Aportó su ayuda a otras personas que necesitaban guía en los estudios, fue tutor y llegó a ser ayudante de varios maestros.

Fue así como ganó experiencia.

Daba su ayuda a los demás y se sorprendió por primera vez cuando ellos le dijeron que antes era muy serio y hasta gruñón. Se preguntaban qué había sucedido con el anterior Itachi Uchiha que solamente estaba interesado en ser el mejor de todos sin importarle los demás. Él también se había preguntado eso en su momento.

Comenzó a salir con chicas y dio su primer beso. Sus relaciones no eran muy estables pero no terminaban de mala manera. De hecho, todas las chicas con las que alguna vez salió seguían siendo sus amigas a pesar de que salía con alguna otra. Tampoco era como si saliera con una cada semana, él se preocupaba por hacerlas sentir cómodas y felices y así, además de estar en una relación, nacía una amistad. Lo más que duró con una chica fueron diez meses. Y cada una de ellas —no importando el tiempo que duraba la relación— le enseñó muchas cosas acerca de las mujeres.

Fue aprendiendo a tratarlas y escucharlas antes de hacer un movimiento riesgoso, aprendió a ser más pasivo de una manera cálida y reconfortante, y así hasta se ganaba el cariño de las maestras y las vecinas.

Mas la relación entre su madre y Fugaku todavía le parecía disparatada.

Él sabía que a ninguna mujer le gustaba ser golpeada, insultada o infravalorada. Ellas querían confianza y autoestima. Entonces, ¿qué clase de amor era al que su madre y Fugaku estaban jugando?

Su relación se le hacía cada vez más rara e inconexa.

Tal como Sasuke y él.

No lo notó al principio, pero ahora pasaba más tiempo fuera de casa —salía con amigos, era tutor de algunos de sus compañeros y prestaba horas extras a la escuela—. Fue haciéndose más... ausente de la presencia maternal y hermandad entre él y Sasuke. Pero él intentaba, quería dedicar su tiempo libre a Sasuke. Su hermano menor había sido su primer amigo pero, cada vez que intentaba ofrecer su cariño Sasuke lo rechazaba.

Sasuke se alejaba de todos y se la pasaba encerrado en su cuarto, leyendo o durmiendo. Su mamá había dicho una vez que era parte del crecimiento, y que era mejor dejarlo solo y que él mismo intentara hablar con los demás a obligarlo a hacer algo que no quería. Itachi no estaba muy convencido de esto, siempre sospechó que algo extraño sucedía con Sasuke desde aquella vez en la que había sido mordido a los 5 años —ahora tenía 12—, pero se resistía de presionarlo y al final terminaba por jamás tocar a su puerta.

Itachi sabía que Sasuke no presumía de muchos amigos. Le preocupaba que su hermano se hiciera muy solitario.

—No hay de qué preocuparse—le dijo una vez su mamá mientras él comía y ella lavaba los platos.

Afuera anochecía y Sasuke todavía no regresaba a casa.

—Pero dices que salió desde la tarde y ya se está oscureciendo.

—En este pueblo no hay malas personas, todos nos conocemos lo suficiente. Además, Sasuke conoce muy bien el bosque, Itachi.

No había animales salvajes ni tampoco personas de las cuales desconfiar, pero aún así no podía evitar preocuparse por su hermano.

—Sasuke ha estado saliendo con una niña, ojalá los vieras, se llevan muy bien. Debe estar con ella en estos momentos.

—¿Ah sí?

—Sí —contestó Mikoto enjuagando un plato—. Si bien recuerdo es la hija única de los Haruno. ¿Te platiqué alguna vez de ese matrimonio?

—Sí, creo recordar un poco—dijo él, ubicando rápidamente a la niña de cabello rosado que igualmente prestaba sus horas extras en la escuela, y a la que había visto en algunas ocasiones. Itachi no olvidaba un rostro; mucho menos una cabellera rosada.

—Es muy triste que Mebuki no pueda tener más hijos. La niña es la adoración de ambos—Itachi se llevó una cucharada de sopa y se preguntó desde cuándo Sasuke conocía a Sakura—. Sasuke me platicó que son muy idealistas y que no rezan, y que el papá de Sakura habla francés, creo que le está ensañando algunas palabras a tu hermano; sólo espero que no groserías.

Itachi sonrió ante el fingido tono antipático de su mamá. Él sabía que el matrimonio Haruno —según por lo que su madre le había contado— era una familia respetada, así que su madre siendo algo bromista al respecto le resultaba relajante. No la había visto sonreír o bromear desde hace mucho tiempo.

—¿Entonces no van a la iglesia? —preguntó haciéndose el desinteresado.

Mikoto se dio un poco la vuelta para mirarlo.

—Sí, sí van. Los he visto un par de veces pero yo diría que ellos no son el tipo de personas religiosas. No digo que esté mal, por supuesto que cada quien decide qué creer, es sólo que...

—¿Mm?

—Ya sabes, ellos vienen de la ciudad y en este pueblo cualquier persona que venga de fuera es casi una celebridad. Ellos son muy amigables pero su estilo de vida es poco ortodoxo.

—Sabes que Sasuke es muy especial y él mismo sabe qué está mal y qué está bien.

—Lo sé, lo sé —dijo Mikoto en un tono meditabundo mientras secaba los platos—. A mí no me preocupa, confío en ellos. El que no confía es tu padre.

Itachi sintió una pequeña espina enterrarse en su pecho. Él sabía que su mamá no albergaba las intenciones de herirlo con ese comentario, pero hacía mucho tiempo que dejó de ver a Fugaku como una figura paternal.

—Sasuke y ella van a la iglesia los domingos por la mañana; creo que es el único día en el cual tu hermano se levanta temprano sin obligación. ¿Por qué no vas con ellos? —sugirió con una sonrisa finalizando su labor en la cocina.

—Sí, claro.

Mikoto sonrió más ampliamente. Era una costumbre para ella que Itachi le diera el visto bueno a todas las cosas para así poderse sentir relajada. Itachi le aportaba seguridad.

—Bueno, me voy a dormir. Recuerda lavar tu plato.

—Sí.

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Había terminado todas sus labores en la casa, su tarea escolar estaba finalizada desde el viernes en la tarde y no tenía tutorías que dar o tareas extraescolares. A Itachi siempre le gustó tener tiempo libre para irse al bosque y reflexionar, era un secreto para todos, pero Itachi escribía pequeñas historias que después escondía en una pequeña caja la cual ocultaba entre unas rocas del peñasco. Esas historias eran el único secreto que él mantenía a su madre, era lo más personal para él.

Los sábados se los dedicaba a la casa, ayudaba a limpiar y a cocinar, y si faltaba algo más lo terminaba la mañana del domingo para no molestar a su mamá. Sin embargo, ese domingo era diferente, tenía un compromiso con su hermano y su amiga, por lo que Mikoto había insistido en que se fuera y la dejara terminar con el lavado de las cortinas.

—Sólo queda un par Itachi, vete ya. Perderás de vista a tu hermano.

Itachi miró a su mamá, quien se encontraba en la entrada principal. Siempre deseó poder tener el don de dibujar y pintar como muchos artistas famosos, así podría mostrarle a su madre lo hermosa que se veía en la entrada rodeada de todas esas rosas.

—Está bien.

Sasuke lo estaba esperando a unos cuantos metros de los escalones de la entrada, con una expresión seria. Comenzaron a caminar y no tardó mucho en hablar.

—Porqué tuviste que decirle que "sí "a mamá —expresó más como comentario que pregunta.

Itachi suspiró.

—¿Desde cuándo conoces a los Haruno?

—¿Para qué quieres saber?

—Simple curiosidad.

—Desde hace unos años.

—¿Años? Mamá me lo comentó como si apenas tuvieras unos meses de conocer a su hija.

—Pues no todo lo que le digo a mamá es cierto.

—No debes mentirle a mamá, Sasuke—entonó con tono severo, deteniendo la caminata.

—Ella siempre quiere entrometerse en mi vida.

—Mamá se preocupa por nosotros, Sasuke. No se está entrometiendo y no lo hace con malas intenciones. De todos modos, jamás debes mentir.

—Sí, sí, de acuerdo.

Itachi observó cómo su hermano continuaba caminando con paso despreocupado. Casi igual que Fugaku.

Ambos se mantuvieron en silencio el resto del camino, hasta que Itachi notó movimiento a unos cuantos metros enfrente de ellos y vio una cabellera rosada mecerse de repente. No dio un paso más. Sasuke levantó el brazo, como un saludo seco a la acompañante que se les unía en ese cruce de caminos del bosque.

—¡Hola Sasuke! —gritó alegremente, agitando su brazo.

Las campanas de la iglesia comenzaron a sonar.


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Y finalmente- he actualizado ¡yay! dos actualizaciones en un día (aunque no de la misma historia). Muchas gracias por la espera y darme su apoyo lectores, yo creía que mi irresponsabilidad y mi abandono depresivo causaría el desinterés pero me sorprende que todavía sigan conmigo. Los amo. Gracias.

Saludos,

Monochronus

pd. cualquier error encontrado -ya sea ortográfico o de trama- ... ¡disculpen! ando enferma -de la mente siempre he estado-, me dio fiebre y escribí el capítulo no estando en mis cinco sentidos así que... perdonen mis errores.