Parte VIII


Where you come from is gone, where you thought you were going never was there, and where you are is no good unless you can get away from it.

—Flannery O'Connor


GÉNESIS

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Árboles encorvados con las ramas temblando como sonámbulo. El espejo del lago atrapa la imagen borrosa de los árboles y lo descuartiza en pequeños trozos. De vez en cuando el vapor del viento alza las hojas y unas cuantas caen suavemente en la superficie del espejo. El celaje de las nubes es apreciable en el agua cristalina. Un tranquilo y triste silencio.

La voz de Sakura transmuta oídos, tiene una apariencia que como primera impresión no concordaría con su voz de bizcocho. Hay un viento que la rodea y no la deja en ningún instante, protegiéndola del Sol y los insectos. Sus pies dan pequeños saltos y de su boca no paran de salir frases cargadas de adjetivos. El rostro incandescente y los labios como el borde de una galaxia.

Itachi mira al frente, el horizonte del camino siendo acariciado por la ventisca fría. No hay casi polvo en el suelo, las hojas están tornándose ya amarillentas y el verdor del pasto se está oscureciendo. Su hermano camina más delante de su trayecto, con Sakura muy cercas de su lado. Los ojos de ella debieron ser creados para colmarse de miel por dentro, no estaba seguro, de vez en cuando desea estar ciego para no tener que atraparla viendo detrás de su espalda, dirigiendo miradas furtivas. Sabe que ella tiene un interés en él, pero no sabe si responder a su mensaje sea correcto. Después de todo, Sasuke no gustaba de compartir nada, ni siquiera sus sentimientos.

Las pestañas de Sakura tiemblan con cada vistazo que le dedica. Jamás notó esto antes, sabía que Sakura era la nueva mejor amiga de Sasuke, hija de personas liberales y extremadamente idealistas, pero no que podía voltear estómagos y cegar con tan sólo un par de iris.

Sasuke camina con las manos escondidas, el labio inferior le tiembla y aprieta la mandíbula cuando Sakura le habla de sus grandes hallazgos en el patio trasero de su casa. Flores, insectos, conejos, pequeñas hadas en las hojas.

Itachi presiente que algo anda mal con Sasuke. Por las noches, mientras finge dormir, siente que su pequeño hermano entreabre la puerta y se asoma para verlo. Pasan minutos y él no se acerca ni mueve su cuerpo de entre la rendija. Es como si se contuviera de hablarle, de tocarlo o no creyera que él esté ahí. Pero por alguna razón va en la madrugada y lo observa, sabe que Sasuke quiere comunicarse con él pero no lo hace. Eso es suficiente para quitarle el sueño también.

Apresurarse y obligarlo no es su estilo, su pequeño hermano sabe que si necesita su ayuda él gustoso se la dará. No soportaría si Sasuke estuviera guardándose secretos que lo despiertan a media noche y lo hacen correr a su cuarto. Itachi desea protegerlo, y puede llegar a hacerlo incluso si Sasuke se rehúsa. Por el momento esperará, pero no mucho más. No cree aguantar más la fría distancia que los está separando.

Las hojas crujen y dos abejorros zumban a la distancia. El borrón rosa se pavonea en el denso viento. Itachi encuentra curioso cómo Sakura hace pocos movimientos con la cabeza y todavía así el cabello parece retar a la gravedad. Es algodón de azúcar.

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Los tres están en la misa, Sakura sentada entre ambos y ellos alejados más allá de su pequeño cuerpo. La ausencia de Sasuke es notoria, su cuerpo está ahí, pero la mente de su pequeño hermano deambula entre el cristo crucificado y el agua bendita. No hay sustancia en los ojos de él, simplemente se ha ido.

Sakura repite los rezos con un petulante acento, sus labios, pequeños y húmedos, sonríen después de cada palabra. Ella habla con una sonrisa. La blancura de su piel le recuerda la vajilla que su madre cela con tanto ahínco. Mikoto protege cada plato y vaso como si en este mundo no existiese algo más valioso. No usa ni una cuchara de porcelana ni cuando las vecinas se invitan a tomar el té. Itachi, desde que nació, fue criado con este sentimiento de celar y de proteger la vajilla. Nadie toca la porcelana; nada ni nadie lástima a su mamá.

Sakura tiene la facilidad de transmitir una vulnerabilidad, misma que la de una pequeña y refinada taza. Una pequeña pieza de porcelana, con infinitos detalles en su relieve.

Se sientan y Sasuke se inclina para decirle algo a Sakura, sin que Itachi pueda siquiera adivinar alguna vocal del secreto susurrado. Ella empieza a columpiar las rodillas y a encogerse en su asiento, obviamente cohibida y la vez emocionada.

Cuando todo termina, las personas se ponen inmediatamente de pie. La alegoría comienza en la puerta de la iglesia y confunden la percepción de Itachi, todos esos colores de ojos desviando su atención. No ve a Sasuke ni a Sakura, ellos son pequeños y él tiene que tropezar de vez en cuando para poder alzar el cuello.

Al salir dirige su mirada a cada pequeña cabeza que revolotea en el patio, jugando y riendo. Ninguna de ellas le pertenece a Sasuke o a la pequeña Sakura, no hay ni un borrón carbonizado acompañado de dulce algodón de azúcar.

Baja los escalones analizando cada rostro, apenas está considerando preguntar por el paradero de su hermano cuando por fin los devisa entre un par de arbustos, caminando de la mano hacia unos árboles. Itachi trota hacia ellos.

La pequeña Sakura es la primera que siente su cercanía, ella voltea su nene rostro y parece sorprendida de verlo. Después ve cómo se deprime.

Sasuke voltea, frustrado al verlo a unos cuantos metros detrás de ellos. Es obvio que ha arruinado los planes de su pequeño hermano.

—Sasuke, vamos a casa —le dice con tono tranquilo, mirando a Sakura en lugar de al susodicho—, recuerda que mamá quiere que le ayudemos a limpiar.

—Voy a jugar un rato con Sakura. Dile a mamá que llegaré en un rato.

—Le prometimos ayudarla, y ella no me dijo nada respecto a un permiso para que fueras a jugar.

Sakura los observa silenciosa, esperando la respuesta de Sasuke que tarda unos angustiantes segundos.

—Tú le prometiste ayudarla, yo no.

Veneno. Agrio y rancio.

—Sasuke, está bien, otro día jugaremos —ella habla dulcemente, tratando de amortiguar la escupida sucia y el enlace de miradas unidas con reprimenda y rebeldía—...además, yo tampoco le dije a mamá que iba a jugar contigo. Nos vemos...

La mano de Sakura se deslizó de la de Sasuke, sin reproches. Ella pasó por un lado de Itachi, sonriendo tenuemente, y él, aunque quiso, no pudo darle una franca sonrisa.

Hay un pequeño halo entre los árboles, detrás de Sasuke, una luz amarillenta que ilumina los pequeños ojos de su hermano. Itachi lo observa, planeando sus siguientes palabras.

—Hermano...

—Cállate.

—Sasuke.

Sasuke hace un puchero y aprieta sus dedos, dudando si continuar con su enojo. Tras varios segundos pasa por un lado de Itachi, el cual termina por seguirlo en completo silencio.

La pequeña figura de su hermano va por delante, tratando de caminar con seguridad, ignorando las piedras con las que tropieza y apretando los dedos ante el dolor en los pies. Su pequeña espalda expresando "aléjate, no camines a mi lado, tampoco frente a mí"

E Itachi respeta su silencioso deseo.

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Ahora, el ancho de la espalda proyecta una sombra mayor, angosta y larga, lo suficiente para tocar el umbral del bosque. Sakura abre la puerta, ignorando las exclamaciones de Itachi quien parece acercarse más y más con el chirrido de las llantas.

Una ventisca de viento le lleva el distinguido aroma de Sasuke a las fosas nasales. Él está en el último escalón, con el cabello caído en la frente y los ojos relucientes en rojos, como si de ambos se hubiera derramado sangre.

—Itachi.

A estas alturas no sabe si fue la voz de Sasuke o la de ella. Pero Itachi ha escuchado, él está justo detrás de su cuerpo, su figura sentada apenas asomándose entre sus curvas y la línea recta de la puerta. Igualmente, la expresión es borrosa y oscura.

—Sakura, haz lo que te dije.

La voz de Itachi parece venir del mismo mar. Sus pies tiemblan un poco y no puede apartar la mirada de Sasuke, temiendo que en cualquier momento él aproveche su descuido y cometa una tragedia.

—Pasa, Sasuke. Tenemos muchas cosas de las cuales hablar.

Ella retrocede, Itachi sujeta su brazo para que no tropiece con él. Finalmente lo mira, con claro temor. No es él. El rostro que apenas comenzaba a brillar y a sonreír, está de nuevo engullido entre un vacío y una sombra.

Los siguientes momentos son irreales. La gran sombra de Sasuke entra a la casa, oscurece absolutamente todo. Sakura esta alejada de ambos, mirando el flujo de los movimientos, el recorrido de Itachi hacia la sala y cómo el aroma y la sombra de Sasuke lo siguen.

Ve por esos tomates—parece decir una cuarta persona en la habitación.

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Una noche de invierno Itachi enfrenta a su pequeño hermano, en el pasillo, con el reflejo azul entrando por las ventanas.

—Sasuke. ¿Qué sucede?, cuéntamelo todo hermano.

La figura se queda quieta, no parpadea. Sasuke ha estado así desde minutos. Ha estado así desde que volvió de aquel hospital con su madre.

—No puedes engañarme, hay palabras que quieren salir de tu boca pero las desvías a tus ojos. Es mucho peor, algún día quedarás ciego.

—Sería mucho mejor así—dice la voz infantil, con apenas tintes de hombre—. Si me quedo ciego, mis ojos no tendrán que ver esta realidad.

—¿Qué realidad te han mostrado en ese lugar?

Itachi comienza a sufrir, recreando escenarios horribles en su cabeza, con su hermano llorando entre sombras rojizas.

¿Qué sucede?—hizo una pausa—, ¿qué es aquello que no me puedes decir?

No puedo decirte algo que no sé.

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Sakura arranca un tomate, demasiado fuerte que el jugo se escurre entre sus dedos y gotea en el suelo. Los ojos están fijos en todo menos que en nada. Las hojas verdes, las flores a su alrededor bien cuidadas en pequeñas macetas rojas, tierra entre los pies y agua escurriendo. Aprieta más el tomate. ¿Por qué nada puede ser cómo ella desea?

No puede siquiera llorar su enojo y tristeza. El rencor está quemando por dentro. Inclusive ahí, rodeada de una tenue luz y un verdor claro, la sombra de Sasuke llega.

Arroja el tomate en la canasta. Un pequeño gusano se arrastra en la tierra, curveando su cuerpo de atrás hacia delante. Sakura recoge la canasta, da pasos firmes y pasa sobre el pequeño parásito.

Prometí ser más fuerte.

Prometí no dejar que nada me derrumbara.

Creí en mis esfuerzos.

Alimenté nuestras esperanzas.

Entonces por qué... ¿por qué estoy a punto de alimentar al mismísimo demonio contra el que he luchado todos estos años?

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Eres mi hermano.

Yo soy tu hermano.

Y aún así, ese agudo dolor en su espalda que comenzaba a palpitar con más fuerza, le decía todo lo contrario. El mismo recuerdo le cortaba en dos.

El agua fría en la punta de sus pies.

La media y cálida sonrisa de su hermano.

Un suave recuerdo del susurro del mar.

Tiene cara a cara a su pequeño hermano. Su verdugo personal. Sentado en la silla favorita del padre.

—Vaya sorpresa.

—Soy una sorpresa, ¿pero soy una sorpresa desagradable o agradable?

—¿Realmente quieres que responda a eso?

—Ya lo has hecho con otra pregunta.

No puede verle el rostro a Sasuke, a pesar de que lo está mirando directo a los ojos. Qué clase de ilusión está usando en esos momentos... eso no lo sabe. Toda su atención está puesta en el respirar de su cuerpo y los casi imperceptibles movimientos de sus dedos. Sasuke no reacciona primero con el rostro, sino con el cuerpo.

Es triste pensar que debe estar concentrado en cualquiera peligro proveniente de aquel con el que compartió la mitad de su vida. De aquel que dejó de reconocer en la mitad de esa mitad. Incluso ahora no puede sentirse en unión con algún sentimiento. Sasuke no emite algún recuerdo, algún pequeño resentimiento o calor.

—Veo que decidiste echar raíces y dejarte pudrir por todo este lugar, hermano. A decir verdad, no esperaba que siguieras aquí... con vida.

Un momentáneo silencio de razonamiento.

—Pero después de todo ella está contigo.

El cuerpo de Itachi reaccionó ante la evocación de Sakura, del aroma y su existencia.

—La tuviste contigo como un ancla. ¿No es así?

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Cuando crezcas será tu propia decisión si quieres compartir la vida con un hombre o con una mujer. No soy yo quien debe decidir eso, tú misma has nacido con ese instinto. Solamente recuerda, que esa persona debe hacerte reír en los momentos más tristes y llorar en los más felices. No andes por la vida divagando en muchas personas, entre más busques más difícil será que encuentres algo. Si esa persona también te está buscando, entonces ambas se verán atraídas por el mismo tesoro que tanto ansían.

Las palabras de mamá retumbaban en cada paso que subía. Fluían con el agua del grifo donde lavaba los tomates. Cortaba más que el cuchillo que estaba utilizando.

La persona que ames y te ame, esa persona no tiene por qué complementarte. Jamás busques algo para saciar un vacío, Sakura. Es tu deber auto complementarte, de otra manera, si crees y esperas demasiado, puede que falles y te encuentres más vacía que nunca. Nadie puede llenar nuestros vacíos; nadie más que nosotros mismos, mi amor.

Todo este tiempo, con cada corte en rodaja, recordó el amor, la comprensión y reciprocidad de su familia. Recordó el funeral de ambos, memorizó todas las sonrisas, y las comparó con la vida que estaba llevando en esos instantes.

¿Qué pensaría su madre de Itachi? ¿Qué pensaría del vacío que comenzaba a notarse en la mitad de su cuerpo?

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Puedes decírmelo todo.

Si algún día lo recuerdo, lo haré.

Todos estos años Itachi enterraba esas palabras, esas conversaciones en el olvido para no hacerse más débil por el resentimiento. Y sin embargo, las estaba reviviendo con cada segundo que pasaba en presencia de su hermano. Un palpitar, uno tras otro, tratando de hacerse paso entre las telarañas de la incomprensión y rencor. Palpitares tiernos de amor, tan secos pero aún así tratando de sobrevivir.

—Realmente sigo desconcertado por tu pasada reacción.

Sasuke se inclina hacia delante, sonriendo y mirando a través de los oscuros irises de su hermano mayor.

—Aquella vez en la cual te preguntaron cómo habías resbalado. No dijiste nada. Me miraste, te detuviste en el rostro de mamá, y le dijiste algo que la destrozó.

Porque quería morir.

—Porque quería morir. Porque querías suicidarte. ¿Quién piensa en suicidarse frente a su hermano menor? ¿Quién le dice eso a su madre enfrente de tantas personas?... te apuesto a que ni siquiera viste el rostro de Sakura.

Itachi miraba pasivo, el metal de las llantas brillando frente a un fuego.

—Ya lo he recordado.

Fue entonces cuando las largas pestañas se abrieron y dieron paso a un pequeño rayo de luz.

—¿Tú lo recuerdas?, esa gran pregunta que me hiciste, Itachi.

¿Qué sucede?

—Si la elaboras ahora mismo, la respuesta será tan larga e increíble.

Su pequeño hermano no dejaba de sonreír.

—Han venido conmigo dos personas: el abogado del diablo y también su doctor. Pero ambos no saben que trabajan para esa entidad. Verás... incluso yo no lo sabía.

Pasaron destellos, memorias repulsivas y cortinas de sombras por todo el rostro de Sasuke.

—Has sido tan afortunado, Itachi.

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Debes estar preparada para la más temible de las crisis que ha enfrentado este mundo, Sakura.

Un plato decorado con rodajas rojas, desde el borde terminando en el centro. Tan perfecto. Sakura lo observó, trayendo consigo recuerdos de tardes coloridas en la casa de Sasuke.

No todas las personas son lo suficientemente fuertes como para lidiar con tal crisis. Algunas terminan siendo dañadas e incluso rotas por siempre. Se convierten en personas peligrosamente corruptas.

Tu madre tiene razón, Sakura. Hay personas que sólo buscan sentirse como todos los demás, pero terminan corrompiéndolas incluso con deseo. Tan sólo para no sentirse solos o no comprendidos. Aléjate de esas personas.

Personas en busca de fieles seguidores. Creyentes y devotos. Son un tipo nuevo de secta que no tiene nombre ni identidad. Una secta mundial de pobres personas depresivas y consumidas por los demás.

Al pensar en eso, al recordar las palabras que sus padres siempre rezaban, el rostro de Sasuke se reflejaba en sus verdes ojos.

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—¿Te acuerdas de él?

Él. Humano. Hombre. Creador. Padre. La sonrisa entre las sombras. Tu verdadera familia.

—Sí—respondió Itachi, con el sonido de aquel helicóptero en sus oídos, el amargo sentimiento en su pecho al recordar el rechazo de Fugaku.

—No vas a creer todo lo que me dijo.

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45 minutos. Sakura llevaba esperando con las manos sobre el fregadero, totalmente indispuesta a llevar ese plato de tomates dentro de esa habitación. Rechazaba la idea de que justamente en ese instante, Sasuke se encontraba hablando con Itachi. Negaba esa realidad. Deseaba borrarla y arrastrar consigo a Itachi dentro de una habitación, solos y quietos, escuchando y tratando de remendar su relación.

Se mantuvo así, pensando en todo y a la vez en nada. Escuchando el reloj, las termitas, el latido de su corazón. Ignorando las lágrimas que habían comenzado a derramarse sobre el fregadero.

Porque quería morir.

Le enseñaron, grabaron en toda su mente, que nadie debería desear morir. Mamá y papá creían que la muerte venía cuando era debido, de manera justa. Pero nadie debía desearla, semejante arrogancia era despreciable. A Sakura sólo le causaba mucha tristeza. Y escuchar esas palabras provenir de Itachi fueron demasiado. Ella misma había arriesgado su vida, las creencias de sus padres y su amor, tan sólo para salvarlo.

Que él haya dicho eso fue demasiado doloroso, en todos los sentidos.

Se estaba dado cuenta, que todo aquello que fue inculcado con tanto amor, lo olvidó de a poco, con cada momento que pasaba con Itachi. No podía describirlo. Todas sus creencias daban la vuelta y se convertían en signo contrario. Y era así que aprendía que sus padres siempre tuvieron la razón.

Nadie puede llenar un vacío en otra persona. Es sólo una ilusión.

Deseaba que ellos le hubieran enseñado cómo lidiar con toda esta situación. Deseaba tenerlos con ella. Sakura miró el plato con más significado. Lo sostuvo y comenzó a caminar fuera de la cocina.

En medio del pasillo se detuvo, frente a la gran puerta de la sala. Todo seguía silencioso, casi claustrofóbico.

52 minutos.

Había fallado en salvar a Itachi. Había fallado en seguir el consejo de sus padres. Estaba fallando una y otra vez, y no dudaba en que había caído en esa mencionada crisis.

53 minutos.

Alguien se levantó, pudo sentirlo. Era Sasuke. Su sombra se movía de nuevo. Itachi colocó las manos sobre las llantas de su silla, el metal reflejando las piernas que se movían hacia la entrada.

Un deja vú, donde el hermano menor camina frente al mayor, y la pequeña está tras los árboles observando todo. Pero a diferencia de aquella vez, el rostro de Sasuke está relajado y el de Itachi es difuminado y oscuro entre los reflejos naranjas y amarillentos tras la botella de alcohol.

La mano de Sasuke toca la perilla, y empuja. Sakura recibe toda la sombra, el aroma y el golpe de su mirada. Sasuke se hace a un lado, dejándole ver una visión peor.

La figura de Itachi encorvada en la silla, con la mirada muerta y los labios hacia abajo. La ropa ceniza, el cabello cubriéndole casi la expresión.

En cualquier momento siente que dejará caer el plato. Sasuke estira su brazo y toma ágilmente dos rodajas entre sus dedos, llevándoselas a la boca.

—Sakura.

Está tan paralizada, no puede pensar en nada más que en las siguientes palabras que él dirá.

Algo ha sucedido. Terribles cosas han sido reveladas. Los ojos de Itachi se posan en su corazón, y sabe que algo está a punto de cambiar para siempre.

—Lleva ese plato a la cocina y prepara toda mi ropa. No empaques nada más que mi ropa.

No acaba de comprenderlo, pero aún así ella pregunta lo más obvio:

—¿Por qué?

Sasuke vuelve a deslizar los dedos para sostener tres rodajas de jugoso tomate.

—Eres libre.

Ruidos de llamas húmedas quemando el cielo.

—He decidido irme con Sasuke.


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Cómo me detesto por esto. He decidido pegar mi trasero a la silla y terminar de una vez por todas este capítulo. No le he dado una revisada, perdonen mi tardanza, los errores, la redundancia o sin sentidos que haya escrito, pero realmente quiero terminar esto (ughhhh ajsgmgpls!). Los próximos días no podré hacer nada, por eso quise publicarlo ahora, así que ya después lo revisaré hah (se ahorca).

Muchas gracias por sus comentarios, ¡de veras! Y lo sé, soy pésima, he dejado un tipo de cliffhanger heh. Pero siento que he deshecho un nudo mayor y que ahora puedo avanzar con más facilidad en la trama, así que... puede que eso me ayude a actualizar más frecuentemente. Ughh eso si no caigo en otro vortice del olvido. En fin... gracias a todos aquellos que siguen leyendo, ¡lo siento tanto por la espera!, no me detesten más de lo que ya lo hago *sigh*

¡Buenas noches!

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pd. Pasen por mi perfil para que pueden checar otra historia inspirada en uno de mis dibujos, recién iniciada por ¡firey girl!

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