Bueno, mi vida familiar es un reverendo caos. Si mi mamá se adapta a la casa de reposo donde pensamos ponerla (alzheimer), nos costará 50 millones mensuales y no sé qué podrá pasar conmigo, la escritura y demás (al menos por la parte emocional y monetaria). Por eso necesito desestresarme, escribiendo una cosa que algunos considerarán tonta y cursi, pero que me voy a permitir, para variar mis emociones un poco.
Disclaimer: Nada me pertenece, excepto la idea. Los personajes, exceptuando mi OC, le pertenecen a la fantástica saga de Harry Potter y a JK Rowling. Fan fic escrito por mero desestrés emocional y sin fin de lucro alguno.
~ Yo quiero ser igual a papá.
Nerissa era una bruja muy inteligente, aún para la edad que tenía, pero realmente diferente de sus padres. Ella no parecía querer poner en práctica su magia, ni tampoco leer todos los libros que pudiera encontrar.
O al menos eso era lo que Severus pensaba al verla. Tenía cuatro años de edad y hasta los momentos, no le interesaba leer sobre pociones, ni escuchar historias sobre los fundadores de Hogwarts, quedándose dormida y a mitad de un párrafo mientras su padre, el profesor de pociones, leía frente al fuego y durante todas las noches. Tampoco funcionaba con Hermione.
Podía ser súper inteligente, pero no era súper aplicada en ninguna cosa.
Hasta cierto día en el que Severus escuchó un ruido en la cocina de su pequeña cabaña, en la que vivía con Hermione quien era su esposa desde hacía ya un par de años. Una mañana fría de invierno, en navidad, así que dudaba de que Nerissa estuviera despierta a tan tempranas horas. Tenía apenas cuatro años y medio, y lo único que le preocupaba era la visita de Santa y nuevas muñecas para jugar. No sabía cocinar y Hermione aún dormía en la cama.
Se encontró la puerta entre abierta y cuidadosamente asomó el rostro para mirar. El largo cabello de su hija, tan rizado y castaño como el de su esposa, le daba la espalda y en un largo camisón blanco, mientras colocaba un par de muñecos tras un par de ollas y se sentaba en el suelo frente a ellos.
- ¡Siencio! ¡Señor Tappy, está haciendo un desastre con su poción! ¡Un millón de puntos menos! - exclamó, señalando un conejo de felpa, con un cucharón y sacudiéndolo como si se tratara de una varita. - Castigado sin galletas. ¿Y usted qué mira, señor Kiki? - dijo, señalando a su vez, a un mono de felpa amarillo. - ¡Tres millones de puntos menos!
Y en ese momento, Severus comprendió que su hija lo admiraba y que aspiraba a ser como él, cuando fuese tan adulta. Hermione no tardó en cruzarse de brazos y preguntarle por qué no, ser como ella y enseñar transformaciones.
- Papi se divierte más. ¡Grita más y quita un trillón de puntos! ¡También castiga más!
