Capítulo 2:

Una tarde entre carmín y anaranjada caía sobre las casas de Berk, en dónde cada habitante era ayudado en sus quehaceres diarios por su dragón.

Y en medio de la plaza, se encontraba Astrid recolectando agua con la ayuda de Tormenta, quién le ayudaba a acarrear los baldes, la joven vikinga le sonreía a su compañera por su ayuda, dándole unas palmaditas en su hocico. Pero pronto su tranquilidad se fue interrumpida al ver que Patán se le acercaba coquetamente, con Colmillo rodando sus ojos de fastidio.

-Hola Astrid –le sonrió el vikingo coquetamente a la chica, que sólo dió una mueca de disgusto – sabes ¿Este atardecer no es precioso? Ya sabes, ¿para dar un paseo en el cielo? ¿Los dos solos?

Ante la insinuación de Patán, la joven vikinga le lanzó por la cabeza el cubo de agua fría y luego una patada que lo mandó dentro del pozo.

-En tus sueños Patán –le gritó Astrid desde el borde del pozo, con Tormenta gruñendo en aprobación y Colmillo riéndose entre dientes.

-Vamos nena, sé que te gusta hacerte la díficil –en respuesta, el cubo del pozo fue lanzado con fuerza cayendo directamente sobre la cabeza de Patán.

-¡Hey! ¡Eso realment dolió! –pero Patán se quedó callado al ver la cara de sorpresa de Astrid.

La vikinga no había sido quién le lanzó el cubo, aunque estuvo a punto, puesto que su dragona se le había adelantado y lanzado con su hocico el objeto sobre el vikingo.

-Ok, eso fue sorprendente Tormenta, te has ganado una ración especial de pollo y pescado por un mes chica –le vitoreó a su dragona con un fuerte abrazo.

Colmillo, al ver la escena, volteó a ver a su jinete que trataba de subir por la cuerda del pozo mientras le gritaba por un poco de ayuda. El Pesadilla Monstruosa bufó divertido, alejándose del pozo, para agarrar una roca no más grande que la cabeza de Patán.

Si Astrid no lo hubiera visto, de seguro lo habría creído igual; Colmillo regresó a saltos hasta el pozo con la roca en el hocico, se asomó juguetonamente y la dejó caer de lleno sobre la cabeza de su compañero haciéndolo perder el equilibrio y volver al fondo del pozo con un sonoro ruido. Colmillo gruñó divertido y miró a Astrid con la lengua jadeando y la cola moviéndose entusiasmado.

-Muy bien chico grande, tu también te has ganado un premio especial –le sonrió divertida la vikinga acariciándole la nariz y darle un pequeño beso.

-¡COLMILLO! ¡VAS PAGAR POR ESTO! ¡DRAGÓN TRAIDOR! – la respuesta por parte del dragón no se hizo esperar, esta vez cogió varias piedrecillas con el hocico y las lanzó como ametralladoras contra el vikingo.

-¡JAJAJAJAJAJA! ¿En serio? ¡Colmillo debí haberte pedido ayuda desde un principio para mantener a raya a Patán! –rió entusiasmada Astrid abrazando con fuerza al dragón, que esté lanzó fuego al aire en señal de alegría.

-¡Guau! Eso no se ve todos los días, tú y Colmillo compartiendo un abrazo –Astrid y Colmillo voltearon para ver a Hipo aterrizando con Chimuelo cerca de ellos – Y a todo esto ¿Dónde está Patán?

La vikinga no dejaba de abrazar contenta al Pesadilla Monstruosa, por lo que le indicó con las manos el pozo con una expresión divertida.

Un poco extrañado, Hipo se asomó por el pozo con Chimuelo viendo por detrás, para ver al vikingo en medio del agua, titiritando de frío y con un ojo morado.

-¡Por Thor! ¿Qué pasó Astrid?

-Bueno, casi lo de siempre, Patán moléstandome con sus tonterías yo lo lanzé al agua para que se enfríara un pocos sus ideas, pero los golpes de gracia los dieron estos dos, y yo ni siquiera les pedí ayuda –esto último, lo dijo la vikinga abrazando al los dos dragones, que no dejaban de sonreír.

-No puedo creerlo.

-Pues creerlo, "Conquistador Dragón", primero Tormenta me lanza el cubo sobre la cabeza y luego ¡COLMILLO ME ACRIBILLA CON ROCAS! ¡¿NO VES MI OJO MORADO?! –le indicó furioso el vikingo castañeando los dientes.

-¿Ves? – le confirmó Astrid, mientras acariciaba la barbilla a cada dragón – tal vez deban llamarme, "Conquistadora Dragón" – el último comentario lo dijo coquetamente mirándolo a los ojos, a lo que Hipo sóloo pudo tartamudear y ruborizarse. En tanto los dragones se reían divertidos.

Chimuelo no perdió el tiempo, y se sentó al lado de su jinete con su tipíca sonrisa desdentada y haciéndole miradas divertidas a Hipo y luego a Astrid. Para luego ronronear divertido, incomódando más a su "otra mitad"

-Gracias por nada, reptil inútil – Chimuelo sólo rió alegremente para luego darle un lengüetazo a su compañero.

-Muy bien, a lo que veníamos amigo, primero que nada, Colmillo saca de ahí a Patán – el dragón bufó molesto al igual que Astrid – Vamos, no podemos dejarlo ahí, se va a enfermar y después no queremos que pueda contagiar a toda la aldea, sin mencionar lo que hará mi padre sí se entera de lo que pasó –le repusó el joven vikingo, a lo que Colmillo le puso ojitos de cachorro y movió su cola torpemente – Colmillo saca de ahí a tú jinete.

El dragón se lamentó en silencio al recibir un regaño de Hipo, y se acercó al pozo sujetándo la cuerda y tomándo un poco de altura.

-Muy bien Patán, agarrate fuerte de la cuerda.

-No tienes que decirlo dos veces.

-¿Es realmente necesario esto Hipo? Por mí, que se quede un poco más –le pidió Astrid, mientras Hipo le hacía señas al dragón que empezó a elevar a Patán hasta la salida del pozo.

-Vamos Astrid –le inquirió Patán Mocoso, parado sobre el borde del pozo, aún sujetándose en la cuerda – sé que esos rechazos agresivos, son porque realmente somo el uno para el otro.

Astrid estuvo a punto de vomitar por el asco siendo reconciliada por Tormenta, en tanto Hipo y Chimuelo se vieron con disgusto. Entonces Hipo miró fijamente a Colmillo que aún tenía la cuerda en el hocico y con un sútil gesto le indicó a Patán.

La Pesadilla Monstruosa sonrió de oreja a oreja y de un tirón lanzó al vikingo al aire, y mientras caía de regreso, Hipo tozió fingido. Tormenta gruñió entusiasmada al entender la indirecta y lanzó sus púas para clavar al mareado vikingo a la pared más cercana.

-¿Qué pasó exactamente Hipo? –le preguntó Astrid contenta, cruzándo sus brazos fingiendo ignorancia.

-N-no sé de qué me hablas Astrid.

-Claro...

-Bien, cambiando de tema ¿Alguien ha visto a los mellizos?

-No, la aldea ha estado tranquila todo el día – respondió la vikinga, recibiendo un cariño por parte de Tormenta.

-Yo tampoco los he visto ¿Pero no debería ser bueno? Es decir, no ha habido explosiones ni cosas como esas en la aldea.

-De hecho, eso es lo que me preocupa, mucho tiempo de inactividad para los mellizos los convierte en una bomba de tiempo... o eso me dijo mi papá cuándo me mandó a buscarlos...

Antes que siguieran conversando, llegó con ellos Patapez con Albóndiga y el inseparable Libro de Dragones en sus manos.

-Hola chicos, guau –se detuvó en seco al ver a Patán clavado en la pared, recibiendo burlas de parte de Colmillo - Astrid, ¿Qué te hizo esta vez Patán?

-Todavía creyendo que soy su novia o algo así, pero esta vez fueron tres dragones lo que lo pusieron en su lugar.

-¿Tres dragones? ¿Quieres decir que Tormenta, Colmillo y Chimuelo dejaron apaleado a Patán? ¡Chu hu! ¡Eso definitivamente tengo que escribirlo en el Libro de Dragones! –sonrió entusiasmado, en tanto alzaba el libro.

-Patapez, no fue exactamente Chimuelo el tercer dragón que me defendió de Patán Mocoso.

El vikingo vigoroso y su dragona parpadearon unas dos veces, y sus miradas se posaron en un nervioso Hipo que se rascaba la cabeza tratando de desviar la mirada.

-Ahhhh ya veo, así que supongo que el tercer dragón dió el golpe de gracia, ¿cierto?

-Exacto –dijo Astrid coquetamente a Hipo, provocándo una leves sonrisas entre los dragones.

-¡Ok! Esto es embarazoso, bueno –Hipo tosió nervioso – Patapez, ¿has visto a los mellizos de por casualidad? –intentó desviar el tema el entrenador del Furia Nocturna.

-Nop, para nada señor dragón –se burló el vikingo recibiendo un gruñido de apoyo por parte de su Gronckle.

Hipo suspiró derrotado, mientras soportaba los ojitos que le ponía su propio dragón debido a que salió en defensa de la vikinga rubia. El chico se limitó a apartarlo juguetonamente sólo para después ser derribado y recibir los lengüetazos de Chimuelo.

-¡HEY PATAPEZ! – el grito de la vikinga femenina detuvo el juego y las risas del grupo, (excepto de Patán que seguía clavado en la pared) –Al fin te encuentro.

-¿Brutilda? ¿Qué pasó? ¿Dónde está tu hermano y tu dragón? –preguntó confundido Hipo, mientras se incorporaba y se quitaba la baba de dragón.

-Sí, ese es el asunto, resulta que... ¿Cómo era? ¡Ah sí! Sucede... que encontramos una extraña roca, que intentamos volar a pedazos pero no le hemos hecho ningún daño, así que pensamos en buscar al fanático de rocas –esto último lo dijo indicando con su dedo al vikingo rubio, que se sintió un poco ofendido.

-No soy un fanático de rocas, soy un profesional ya que debo cuidar lo que come mi dulce chica –contestó serio el vikingo dando un abrazo cariñoso a su dragona.

-Sí, sí como sea, lo importante es ¿Vienes conmigo o no?

-Bueno sí es un tipo nuevo de roca, me interesa bastante, pero ¿Dónde esta Brutacio y su dragón?

-Daaaaa, Eructo y Escupitajo están con el bobo de mi hermano intentando volar la roca, así que me vine caminando –contestó la chica de mala gana, tirándose al suelo – Así que muevan sus traseros y vamos para allá.

-¿Vas a ir Patapez? –le preguntó Hipo un poco sospechoso por el comportamiento de los mellizos.

-Bueno Hipo, no están tratando de volar la aldea, y sí se trata de una extraña roca, no pueda dejar de estar interesado – al comentario, Patán dio un gesto de asco recibiendo humo de parte de Colmillo que lo ahogó.

-¿Y bien? – repusó, Brutilda incorporándose con mano en cintura.

-Vamos, guianos Brutilda.

Así ambos vikingos se fueron montando a Álbondiga perdiéndose a lo lejos.

-¿Realmente crees eso de la roca Hipo? –preguntó Astrid, seguida por una confundida Tormenta.

-No estoy seguro, pero espero que sólo se trate de un nuevo tipo de roca y nada más serio –respondió preocupado Hipo con Chimuelo gorgojeando igualmente inquieto por lo que pasara ahora en la cabeza de ambos mellizos.

Ambos vikingos llegaron sin grandes problemas a una enorme roca, pero lo curioso es que no tenía marcas de quemadura.

Patapez, extrañado por esto, se acercó para inspeccionarla más de cerca, mientras que Brutilda hacia extrañas señas con sus manos a sus espaldas como si llamara a alguien.

Y mientras el vikingo se encontraba absorto en la roca, Álbondiga olfateó el aire y gruñó molesta hacia un árbol. Al darse cuenta de esto Brutilda trató de deternerla agarrando su cola, pero fue sorprendida por Patapez cuando éste sujeto su hombro, entre molesto y extrañado.

-¿Qué significa esto señorita Thorston? Esta roca, además de no tener ninguna marca de quemadura, es la más común en la isla, y ¿Por qué sujetas la cola a mi dragona?

- Jajajaja, es qué pensé... que tal vez le gustaría un ¿masaje? –contesó nerviosa, tratándo de masajear la cola del Gronckle.

-No lo creo –Patapez apartó a Brutilda de su dragón; sin darse cuenta que mientras acariciaba a su dragona, a sus espaldas la vikinga volvía a hacer gestos con las manos subiendo ambos pulgares – Brutilda ¿Estás segura que está es la roca que tanto hablabas?

-S-sí, seguro... ¿No creo haberme equivocado de lugar? – dudó por un momento la chica con la mano en el mentón, haciéndo que Patapez se golpeará la cara con su mano con un gesto de "Dame paciencia Thor"

De pronto el gruñido de Álbondiga llamó la atención de ambos vikingos, y luego la dragona se apoyó en dos patas en el árbol rugiendo sonoramente.

-Hey, tranquila linda ¿Cuál es el problema? – su dragona le indicó la copa del árbol y Patapez vió a Brutacio tratando de desatar el nudo de una sospechosa bolsa de cuero mientras luchaba de no perder el equilibrio.

-¡Ha! Hola Patapez – le saludó el vikingo muy naturalmente a un confundido Patapez, en tanto que la Gronckle no dejaba de rugirle – Sólo espera un momento, lo que sí necesito es que no te muevas de dónde estás.

Patapez lo miró más extrañado al verlo tratando desesperadamente de abrir la bolsa, luego se volteó para buscar alguna respuesta de Brutilda. Pero ella se tapaba la cara con su mano en señal de tratar de tener paciencia con su propio hermano.

-¡AL FIN! –gritó victorioso el vikingo, hasta el punto de casi caerse de la rama. Y luego de recuperarse sacó un puñado de polvo verde brillante con una torcida sonrisa – Muy bien Patapez, no… te… muevas…

-¿Qué tienes ahí Brutacio? - preguntó temeroso el vikingo, tratándo de buscar refugio en su dragona.

-Bueno, ya lo verás – y Brutacio dejó caer el polvo sin dejar de sonreí al igual que su hermana que veía todo entusiasmada.

Pero los emocionados mellizos pronto se vieron decepcionados, al ver como Álbondiga, con una velocidad que enorgullecería a Chimuelo, salvó a su jinete de la travesura, manteniéndolo en su lomo a varios metros sobre el suelo y alejado de los hermanos Thorston.

-¡POR AMOR A ODÍN! ¡¿Qué es ese polvo?!

-Daaaa, es roca de dragón –contestó Brutacio, extrañando a Patapez y ganándose un golpe en la cabeza de parte de su hermana.

-¿Tienes cerebro de yak acaso? ¿No recuerdas lo que encontramos esta mañana? – espetó su hermana, indicando la bolsa.

-No espera, ¿dieme lenchua? –y Brutacio volvía a tirar de su lengua para tratar de recordar el nombre de la planta.

-¡¿Ya quieren decirme lo que sucede aquí?! –les interrumpió Patapez, mientras su dragona no dejaba de gruñirle a los mellizos - ¿Qué hay en esa bolsa? ¿Y dónde están Eructo y Escupitajo?

-Daaaaaaaa, sí ese par se estuviera aquí se volvería loco y querría arrancarse ala por ala a sí mismo, y a parte a nosotros – contestó sarcásticamente Brutacio, obteniendo una fuerte patada en la rodilla por parte de Brutilda.

-Un momento, un momento… ¡UN MOMENTO! ¡¿ESO ES RAÍZ DE DRAGÓN EN POLVO?! ¡¿Y QUERÍAN USARLA EN MÍ?!

-¡Ja! ¡Eso era! Condenada lengua, aungue chevez os yanadas yia vechas que yio llanale achl jinal – Brutacio volvió a tirar de su lengua, y luego cayó al suelo por un fuerte golpe en el estómago que le propinó Brutilda dónde al mismo tiempo le quitaba el polvo de Raíz de Dragón.

-Bien... uno fuera, falta otro, ¡Hey Patapez! ¡Baja de una vez! Necesitamos probar si la Raíz de Dragón funciona en vikingos.

-¡¿Estás loca?! ¿Cómo se les ocurre semejante locura?

-Auch... no es una locura –respondió en suelo Brutacio aún adolorido – Es un experimento.

-Sí, uno muy importante, así que baja de ahí para ver si resulta.

-¡POR AMOR A LOS DIOSES! ¡CLARO QUE NO!

Y el vikingo se fue volando de vuelta a Berk siendo perseguido a pie por los mellizos, claro que Brutacio apenas podía mantenerse en pie mientras sujetaba su estómago.

Ya era de noche en la plaza principal de Berk, los tres jóvenes vikingos acompañados con sus dragones esperaban el regreso del resto del grupo, sin dejar de mostrar preocupación en sus rostros, exceptuando claro por Patán que se estaba aburriendo.

-Muy bien, fue suficiente – declaró Hipo, subiéndo sobre Chimuelo –Iré a buscarlos.

-Te acompaño –se ofreció Astrid, con hacha en mano.

-¡Oh por favor! Están haciendo un escándalo, de seguro no es nada importante.

-¿Cómo puedes estar tan seguro Patán? –le inquirió la vikinga amenzándolo con su inserparable arma.

-¿Será por qué estoy viendo Patapez de regreso? ¿Justo ahí? – y el vikingo indicó desinteresado hacia el horizonte dónde llegaba Patapez, extremadamente asustado.

-¿Patapez? ¿Qué pas… - pero fue interrumpido cuando el macizo vikingo saltó de su dragona y lo agarró desesperado.

-¡POR AMOR A ODÍN! ¡CHICOS AYÚDENME! ¡LOS MELLIZOS ESTÁ VEZ SE HAN VUELTO COMPLETAMENTE LOCOS!

Mientras sus compañeros trataban de calmarlo, el escándolo por el entrenador de Gronckle fue tan fuerte que término llegando el Jefe Estoico el Vasto acompañado por su fiel mano derecha y amigo, el herrero de la aldea Bocón.

-¿Qué sucede aquí? –su voz resonó, silenciando a los adolescentes.

-¡Gracias a Thor! ¡Jefe, protégame por favor! –corrió hacia él un desesperado Patapez en busca de refugio.

-¿Protegerte de qué Patapez? –trató de calmarlo el enorme vikingo con un tono paternal, nunca antes había visto al fan de dragones tan asustado.

-Eso quisieramos saber papá, hasta dónde entendemos algo tienen que ver los mellizos.

-¡¿Algo?! ¡Hipo, ese par de lúnaticos están superando a Dagur en demencia!

-Guau ¿En serio Miedopez? ¿Y qué quieren hacerte? –preguntó divertido Patán, recibiendo un golpe de hacha de parte de Astrid.

-Bueno ¿Por qué no les preguntamos? – sugirió Bocón, señalando al par de responsables que llegaban a varios metros de distancia apenas con aire y cayendo de boca por la fátiga.

-¡Muy bien, ya basta! Brutacio, Brutilda ¿Qué planean hacerle a Patapez? – se les acercó molesto Hipo seguido por Chimuelo, desconociendo lo peligroso que era.

Sin embargo, nuevamente a tiempo, Álbondiga detuvo tanto a jinete como dragón a que se acercarán demasiado a los mellizos y su peligrosa carga.

-¡Hipo no! ¡Tienen polvo de Raíz de Dragón en esa bolsa! – reaccionó finalmente Patapez, alertando a todos los vikingos y dragones.

-¡¿Raíz de Dragón?! –exclamó asustado Patán, tomando en cuenta la seriedad de la situación.

-¡Ese par de dementes quisieron ponerme una trampa! Quieren ver si esa cosa funciona en vikingos.

-¡¿Estás de broma?! –exclamó aterrada Astrid, mientras alejaba a Tormenta lo más posible de los Thorston.

-¡Suficiente! –tomó la palabra el jefe, mientras veía a los mellizos levantarse a duras penas, mientras que la Gronckle les gruñía para mantenerlos alejados de su jinete - ¡Ustedes dos! Se llevarán esa cosa al mar y luego tendremos una buena charla.

-Vamos... ¿Es que… acaso nadie quiere saber… lo que hace… está cosa en los vikingos? –preguntó Brutilda mientras trataba de recobrar el aliento.

-¡Sí…! – apoyó Brutacio quitándole de la mano la bolsa próblematica.

Ante la amenaza, Álbondiga comenzó a rugir con fiereza, Patapez chilló detrás de Estoico que veía molesto la situación como Bocón. En tanto que Astrid y Patán mantenían alejados a sus dragones por temor que se repitiera el incidente que casi los hace perderlos. Y Chimuelo se había puesto a la defensiva, protegiéndo a su mejor amigo, pero sorpresivamente éste comenzó a correrlo.

-No amigo – le habló tranquilamente – Aquí son los dragones los que corren más peligro, debes alejarte lo más que puedas y llevate a los demás chicos contigo.

Chimuelo gorjeo preocupado y un poco asustado, ambos amigos se miraron fijamente e Hipo asintió en señal de confianza. El Furia Nocturna lo acarició preocupado y se alejó en dirección contraria dando rugidos para que Tormenta y Colmillo le siguieran. Y estos a su vez rugieron para que el resto de los dragones que se encontraba en las cercanías de la plaza comenzaran a volar lo más lejos del lugar.

-¡Bien hecho hijo! –Hipo asintió en aprobación y luego se dirigió hacia Álbondiga, quién le miraba con determinación.

-¡Muy bien Álbondiga! ¡Toma esa bolsa y llevala fuera de aquí!

La dragona dió un fuerte rugido sobre los mellizos que llegó a empaparlos un poco, y de un "mordisco" atrapó la bolsa incluyéndo la mano de Brutacio.

-¡WHAAAAAAAAAA! ¡Me va a comer la mano! ¡Esto es increíble y aterrador!

-Vamos bola de rocas, ¡Suelta la bolsa! – enfureció la vikinga tirándo del brazo de su hermano intentando recuperar la bolsa.

La dragona gruñó entre dientes, y furiosa por el susto que esos dos le hicieron pasar a su jinete, giró varias veces con los vikingos colgándo. Hasta finalmente lanzarlos al aire con todo y dichosa bolsa.

Lo que nadie ahí presente se esperó, es que después que los mellizos se estrellarán en el suelo, nuevamente con Brutilda encima de su hermano, fuese que la bolsa con el polvo de Raíz de Dragón cayera sobre Hipo.

El joven vikingo tosió violentamente hasta caer desmayado, Estoico corrió desesperado hacia su hijo seguido por los demás jinetes, pero es detenido por Bocón antes que lo tomará en brazos.

-¡Suéltame Bocón!

-¡Escucha Estoico! No puedes tocarlo, primero hay que limpiarlo, no sabemos lo que esa cosa le hace a los vikingos –trató de calmarlo su compañero, a lo que el jefe dejó de forcejear – Mira, el chico sólo esta inconsciente, pero mejor llamamos a Gothi.

Estoico apretó los puños y chasqueó los dientes, al ver a su único hijo en el suelo con ese raro polvo verde brillante en su cabeza.

-Muy bien, Astrid ve a buscar a Gothi, mientras tanto Patán y tú vayan por esos dos hermanos, por ni Loki les salvará el pellejo.

-Jefe, creo que eso no será necesario –dijo divertido el herrero al ver la peculiar escena frente a ellos.

Álbondiga estab sobre los mellizos, aplástandolos y gruñéndoles amenzadoramente.

-Auch, auch, auch, ¿Por qué lo tomas con nosotros? Sí fuiste tú la que arrojó el polvo sobre Hipo – se quejó Brutacio, tratándo de salir del aprieto, pero teniendo a una Gronckle y a su propia hermana encima le era imposible.

Álbondiga miró preocupada al inconsciente Hipo a unos metros de ella, sus ojos se entristecieron y bajo sus orejas en señal de culpa, ronróneando deprimidamente.

-Vamos chica, todos sabemos que no fue tu culpa – trató de animarla su jinete.

-¿Seguro? Hasta dónde yo sé, fue ella la que lanzó el polvo, no nosotros – contradijo Brutacio.

-Síp, es cierto – apoyó su hermana, chocándo palmas con él.

A esto, la Gronckle los miró molesta y luego vió preocupada a Hipo que seguía en el suelo, devolvió sus ojos sobre los gemelos, quienes tragaron nerviosos. Seguido a esto, los mellizos recibieron sobre ellos por horas los ataques a cabezasos y coletazos de Álbondiga, hasta dejarlos totalmente amoreteados y casi inconscientes en el suelo.