Entre terremoto, tsunami y el trabajo en mi país Chilito me he pasado estás últimas semanas, sin poder actualizar con algo decente.

Bueno, aquí está, el cap final para la historia y ¡CON MÁS DE 400 VISITAS! OMGD!

Quiero dar las gracias a todos los lectores, y recuerden, que si quieren un epílogo, sólo tienen que pedirlo, así como estoy abierta sugerencias de lo que podría tratar.

Psd: Aviso, voy a estar traduciendo al inglés este fic, y a futuro, quiero hacer uno de tmnt 2012 con Donnie de protagonista con una OC. Bueno la historia la haría porque no me gusta el personaje de April, y considero que la tecno-tortuga merece algo mejor... Pero es un proyecto a futuro.

Bueno, que disfruten el cap, no olviden comentar.

Capítulo 4:

Han transcurrido ocho días desde que Hipo se recuperara del polvo de Raíz de Dragón, sin embargo no todos se habían reponido de aquella experiencia.

Constantemente el joven vikingo veía expresiones angustiosas y avergonzadas en cualquiera que se le acercara.

Patapez actuaba nervioso y tartamudeaba más de lo habitual, Patán desviaba su mirada como si estuviera molesto consigo mismo aunque se esmeraba en no demostrarlo, los mellizos intercambiaban miradas de culpabilidad que luego pasaban a los golpes, Estoico disimulaba estar contento aunque no muy bien, Bocón era más sarcástico que nunca por lo ocurrido pero en el fondo se notaba deprimido, los aldeanos se ponían nerviosos y trataban de saludar animosamente a Hipo. Sin embargo la que más preocupaba era Astrid, ya que desde que el jinete del Furia Nocturna se repusiera de la jaqueca, ella se la pasaba todo el día fuera de la aldea con Tormenta y regresaba a altas horas de la noche toda cubierta de tierra, con su hacha desgastada cada vez más, un semblante de dolor y los ojos llorosos.

Hipo se encontraba esa noche en su habitación, recostado en su cama de madera y sosteniendo el peluche de dragón que le dejara su madre tratando de organizar sus ideas, mientras esperaba junto con su dragón a que su padre lo llamara a cenar.

No recordaba nada después que esa bolsa de cuero le cayera encima, sólo tenía extraños sueños de ver a su padre, a Astrid y al resto de los vikingos sufriendo por alguna razón, el recibir varios coletazos molestos de su "otra mitad", así cómo el sentir un fuerte nudo en el pecho. Tenía el presentimiento que no estuvo realmente todo el tiempo inconsciente, ya que ¿De qué otra manera se explicaría que despertara en el puerto de Berk todo empapado y siendo atendido por su padre que parecía tan angustiado? ¿Si desde un principio estaba en la plaza y su padre se encontraba con un firme ánimo? Algo más grave debió haber ocurrido, tanto así que de seguro Estoico el Vasto debió prohibir hablar de eso a toda la aldea.

-¡AAHHH! Ya no lo soporto Chimuelo – se exaspero el joven vikingo, haciéndose un ovillo en medio de su cama y abrazando con fuerza el peluche- Algo más pasó y nadie quiere decirme.

El Furia Nocturna se incorporó preocupado y gorjeó varias veces en diferentes tonos, como si tratara de explicarle a su mejor amigo lo que había sucedido. Una vez que terminó con su "explicación", Hipo le sonrió tristemente y luego lo abrazó.

-Lo siento amigo, no hablo "dragones", aunque daría mi otra pierna por hacerlo y saber lo que ha ocurrido realmente, porque tengo el presentimiento que hice cosas que no debía.

-¡Hijo! ¡Chimuelo! Hora de comer –les interrumpió Estoico desde la planta baja, si algo no había cambiado en el jefe era el tono de su voz.

-Bien –se paró decidido el muchacho, palmeando su cara varias veces – No puedo esperar a que me digan, Chimuelo deséame suerte.

El dragón gruñó contento y decidido siguiendo por detrás a su jinete, llegándo ambos junto al jefe de Berk que ya se encontraba mirando nervioso su plato y luego sonreirle nerviosamente a su hijo.

-Je je je, espero que te guste Hipo, le pedí a la madre de Patapez que me enseñara a hacer por lo menos un caldo decente de Yak.

Hipo no dijo nada, tan sólo se limitó a devolver la sonrisa nerviosa y mecánicamente se sentó junto a su padre, tomando la cuchara y revolver aún más la sopa de su plato. En tanto Estoico, algo incómodo, golpeaba suavemente la mesa con sus dedos mientras tomaba un sonoro sorbo del líquido caliente.

El ambiente era tan tenso, que Chimuelo bufó molesto, le dio un suave codazo a su jinete, y rodando sus ojos, para que hablara con su padre.

-La sopa esta bastante buena.

Chimuelo quedó con el hocico abierto y negando con la cabeza por el cambio de ánimo de Hipo.

-Gracias, hijo, aunque creo que quedó un poco desabrida.

-Sólo un poco, al menos puede comerse.

El dragón no podía creer lo mal que se comunicaban ese par de vikingos, dobló su cabeza hacia atrás en señal de la poca paciencia que le quedaba, se elevó a unos metros de la mesa, y antes que padre e hijo reaccionaran a lo que estaba pasando, disparó una suave ráfaga de plasma que hizo explotar las sopas en sus caras.

-¡Chimuelo! Creo que exageraste bastante con volar la comida.

-Espero que tengas una buena razón dragón.

Chimuelo aterrizó atrás de Hipo y lo empujó con fuerza hacia su padre, luego le bufó molesto en la cara para que una vez por todas empezara con la conversación.

-Por dónde empiezo... –Hipo se rascaba nervioso la cabeza mientras que su padre se limpiaba su barba de los restos de sopa con un viejo paño–Papá, ¿Qué sucedió realmente cuando fui contaminado por la Raíz de dragón?

Estoico quedó estático por unos momentos con lo que hacía, luego se volteó nervioso, apartando su vista de su hijo.

-Papá, por favor, ya han pasado como ocho días desde que desperté, y todo el mundo ha actuado extraño conmigo ¡Por amor a Odín! Si no me dicen lo que sucede realmente creo que volveré a enfermar.

Hipo se sentó derrotado junto a Chimuelo, sosteniendo su cabeza en señal de frustración y ahogando un gemido de impotencia.

-Papá…– Estoico se volteó a ver a su hijo, que tenía el semblante entre serio y culpable – En nombre de Thor ¿Qué fue lo que hice?

-¿De verdad no recuerdas nada hijo?

-No sé si son recuerdos o sólo un sueño, pero tengo la corazonada que dije o hice cosas que no debía…

El jefe de Berk se quitó nervioso su casco y lo dejó en la mesa chamuscada, tomó asiento al lado de su hijo con Chimuelo rodeándolos, luego suspiro profundo tratando de ordenar las palabras que iba a decir.

-Hijo escucha, no me es fácil el contarte esto, pero no es por tí sino por mí y tus amigos, podría decirse que considero lo que sucedió un nuevo castigo de Thor por mi falta de cuidado por tí. Por ser más el jefe de la aldea que un padre…

-¡Por Odín papá! ¿Qué cosas estás diciendo? –le interrumpió Hipo, pero fue calmado por el propio Estoico.

-Hipo, esto es lo que sucedió luego que esa condenada bolsa cayera sobre ti…

El relato de Estoico le fue eterno al muchacho, que sentía como el nudo de su pecho se hacía cada vez más grande y que la actitud del resto de los vikingos se comprendiera aún más. Todo Berk se sentía culpable por lo ocurrido con Hipo antes del termino de la guerra con los dragones, y sentían tal vergüenza consigo mismos que no tenían el valor de verle a la cara.

-No puedo creerlo… - el muchacho estaba con los ojos abiertos, y pasando su mano por su cara tratando de asimilar lo que había ocurrido - ¿En verdad dije todas esas cosas?

-Sí… Y creo, que realmente pensabas eso de todos nosotros ¿verdad?

Hipo miró a su padre dolido, luego apoyó su cabeza en su dragón y suspiró pesadamente.

-Sí, hubo un tiempo que lo pensé… Pero ya había dejado eso atrás, ya los había perdonado. Había decidido empezar de nuevo papá, desde cero… La verdad es que me sorprende que haya hecho todo eso.

-Gothi dijo que la Raíz de Dragón volvía sensibles a los vikingos como la cerveza pero sus efectos son más fuertes… Provocando que digan y hagan cosas que jamás harían o que abrieran viejas heridas… - esto último lo dijo el vikingo moviendo sus dedos nerviosamente.

-Está bien, es claro que ese polvo me hizo meter en un problema enorme, pero hay algo que no comprendo papá ¿Qué pasó con Astrid? De todos ustedes, ella es la única que ha estado actuando más distante conmigo.

-La verdad hijo, eso me gustaría saber también… Desde que te recuperaste, la muchacha no hablado con nadie, hasta se ha vuelto más violenta de lo usual con Patán, por lo que este ha dejado de molestarla con sus coqueteos… Todo lo que sé es lo que te he dicho, cuándo ella fue a buscarte a la cueva y luego volvió llorando a lágrima viva… Y cómo tú no recuerdas nada y ella no ha contado nada a nadie lo que se dijeron en aquella ocasión… Bueno, quién sabe Thor lo que pasó.

Hipo reflexionó un momento cerrando sus piernas y viendo sus manos, luego posó sus ojos en Chimuelo que le devolvió la mirada de preocupación. El muchacho abrió sus ojos de sorpresa y se cubrió la boca con horror.

No recordaba nada de la discusión con Astrid, pero si estaba tan mal como dijo su padre ahora todo tenía sentido. El joven vikingo se incorporo violentamente sobresaltando tanto a Estoico como a Chimuelo y salió corriendo de la casa.

-¡Hipo! ¿A dónde vas?

-Voy a buscar a Astrid –le contestó apresuradamente mientras montaba a su dragón que le había seguido el paso.

Despegaron con prisa hacia el centro de la isla en busca de la joven vikinga, el muchacho tenía una idea de dónde ella se encontraba, sólo debía buscar árboles astillados por un hacha.

...

Al poco tiempo dieron con un grupo de ramas rotas, muy cerca dónde Astrid suele entrenar sus habilidades a campo libre.

Aterrizaron lo más cerca posible e Hipo desmontó con prisa para seguir el rastro de madera destruida. Luego de avanzar por un sendero formado por los golpes de hacha, los dos amigos escucharon el rugido de un Nadder y el grito de ira de Astrid. Corrieron a prisa hasta el sonido, encontrando a la jinete con su dragona a orillas de uno de los ríos del bosque.

El agua brillaba por la luz de la luna, reflejando la silueta mal trecha de la chica que sujetaba su arma con fuerza y arremetía violentamente contra el árbol, en tanto que su Nadder gorjeaba lastimosamente y batiendo sus alas para tratar de calmar a su compañera.

-¡Por los dioses! ¡Astrid! – Hipo la detuvo por detrás, obligándola a soltar su hacha.

La muchacha ahogó un grito de sorpresa, y al darse cuenta que se trataba del jinete del Furia Nocturna, trató con todas sus fuerzas de separarse de él.

-¡No Hipo! No me mires… -se volteó ella intentando alejarse de él, pero el chico la sostuvo rápidamente de las manos.

La vikinga forcejeó para librarse del agarre mientras que Hipo trataba de calmarla, hasta que ella se fue de espaldas al agua junto con el muchacho que no la soltó.

Ambos emergieron del agua, tosiendo y temblando por el frío. Astrid finalmente se tranquilizó pero cubría su cabeza con sus piernas, mientras que Hipo la sostenía y miraba preocupado.

-¿Astrid…?

La muchacha no respondió, sólo agachó más su cabeza para evitar su mirada. Hipo sentía que se le partía el corazón el verla de ese modo, Astrid siempre le pareció una vikinga fuerte e inquebrantable, pero ahora parecía como una pequeña niña esperando un regaño.

-Astrid... Soy yo, de verdad, por favor mírame.

La joven levantó su cabeza sólo para apartar su mirada avergonzada. Al no recibir más respuesta, Hipo suspiró en frustración, y apretó un poco su agarre, llamando así la atención de Astrid.

-¡Por Odín! ¡¿Qué fue lo que te hice?! – Hipo chasqueó los dientes en frustación en tanto sollozaba y siendo él ahora el que ocultaba su rostro.

Astrid se sobresaltó por las palabras de su amigo, devolvió el agarre haciendo que Hipo la mirara a los ojos. Luego el joven vikingo la atrajo hacia él para abrazarla con fuerza.

-No fue nada malo en realidad, sólo una verdad de la que quería estar ciega...

-¿Por qué dices eso?

Astrid se separó un poco de él y tomó su rostro suavemente, mientras trataba de encontrar fuerza en sus palabras.

-Porque soy una cobarde… - el muchacho abrió sus ojos sorprendido – Todos esos años sólo estaba concentrada en una cosa, y era matar dragones. No había nada más importante para mí en ese entonces…, hasta que apareciste tú. Siempre tratando de encajar e intentando aliviar las tensiones con tus sarcasmos, me molestaba que no tomaras las cosas en serio, o eso parecía. Creía que si me acercaba a tí pensarías que lo haría por lástima, y yo trataba de mantenerme alejada porque me ponías nerviosa, por más de una razón... Durante el incidente en el entrenamiento que hubo contra Tormenta, estaba aterrada, terminé descargando contigo mi estrés y el miedo que tenía de lo inevitable en tener que combatir en la guerra. Pero… la verdad es que me estremecía el hecho que pudiste morir; cómo también cuándo pensé que Chimuelo nos atacaba, mi prioridad para mí era protegerte a como de lugar… Pero todo resultó ser diferente, no eras el chico indefenso que pensaba y yo no era la guerrera que creía… Luego que quedarás contaminado por la Raíz de Dragón, la verdad me golpeó en la cara, que no soy digna de tí, jamás lo he sido y jamás lo seré… Por favor, perdóname por priorizar en ser más una vikinga que una amiga…

La muchacha ocultó su rostro en el pecho de Hipo, quién no había quedado mudo ante la declaración.

El joven vikingo suspiró para ordenar sus ideas y luego observó cómo el agua brillaba en el cabello dorado de la vikinga. Sonrió para sí y se volteó a ver a los dragones que miraban expectantes la escena.

-Yo siempre pensé que no era digno de tí, ya que nunca estuve calificado como el guerrero vikingo que se supone que debía ser –le comenzó a decir, mientras le levantaba el rostro – Para mí, siempre has sido tan hermosa como fuerte… Es cierto que me sentía resentido con todo el mundo, pero jamás olvidaré que fuiste tú la primera en escucharme y darme la oportunidad con respecto a los dragones, así cómo te arriesgaste para salvarme en el ring, y que siempre has estado a mi lado para apoyarme en todo. Y para ser sinceros, me sentía extraño que siempre me recalcabas que ya no debía hacer las cosas solo… Todo este cambio de la guerra me hizo ver algo, cómo son realmente todos y que ahora sé cómo eres sin la presión del conflicto, confiaría en tí mi vida… Astrid.

Su nombre lo pronunció antes de dar un pequeño beso en su frente, a lo que la muchacha respondió cerrando sus ojos y disfrutando del tacto.

-Astrid ¿Qué te parece si empezamos de cero? A conocernos mejor, ser amigos y luego el tiempo haría el resto.

-Es lo mejor que he escuchado en estos días, Hipo.

La joven vikinga lo besó en la mejilla, luego el muchacho le ayudó a salir del agua, en tanto que sus dragones les habían preparado una fogata para secarse.

Ambos vikingos se acomodaron al fuego mientras los dragones los acurrucaban en sus alas. Astrid volvió ha abrazar a Hipo, tratando de entrar en calor, luego llamó su atención con una palmadita en su pecho.

-Creo que ¿Deberíamos volver? Tu padre debe estar preocupado.

-S-sí, la verdad, es que pensaba en quedarme aquí –la muchacha lo miró extrañada pero luego sonrió – Bueno, ya sabes, he estado demasiado tiempo encerrado que pensé que n-no sería malo pasar la noche al aire libre.

-¿Te das cuenta que podemos enfermarnos? Recuerda que nos empapamos bastante.

-No importa, bueno, es decir, tenemos dos dragones que ya están secando casi por completo nuestras ropas con sólo usar sus alientos y tampoco esta noche es tan helada... ¿Te molesta? Si quieres puedes… -Astrid lo interrumpió colocando su dedo en sus labios.

-Está bien por mí, la verdad, es que dormir al aire libre me encanta.

Ambos jóvenes se acomodaron junto a sus dragones, sin perder el contacto de uno con el otro y cayeron profundamente dormidos.

...

La mañana siguiente fue todo un caos, la desaparición de Hipo y Astrid durante toda la noche había dejado a todos con el alma en un hilo. Y en cuanto los jinetes arribaron a Berk, fueron interrogados casi todo el día.

El círculo de adolescentes, el jefe de la aldea y Bocón creían que "algo" había pasado entre ellos dos. Por lo que casi todos se ganan un hachazo de la vikinga rubia, si Hipo no la detiene a tiempo.

-¡Por última vez papá! Astrid y yo sólo nos reconciliamos de lo que pasó, pero nada más. Así que quita esas ideas raras de tu cabeza, y lo mismo va para todos… -les explicó por última vez Hipo, en tanto le arrebataba el hacha a Astrid.

A eso Chimuelo se rió divertido, ganándose una mirada de su jinete sobre un "no ayudas", luego tuvo que indicarle a Tormenta que sostuviera en el aire a Astrid, ya que no dejaba de forcejear.

-Bueno muchacho, yo te creo… -comentó el herrero, tomándolo del hombro.

-Gracias Bocón.

-Pero de verdad ¿Cómo se reconciliaron?-susurró el vikingo, haciendo sonrojar a Hipo.

-¡Bocón!

-¿Qué? Vamos, todo el mundo quiere saber…

-¡Tormenta, bájame! –ordenó de tal manera Astrid, que calló de inmediato los cuchicheos del grupo, incluso dejó mudo a Estoico.

-¡No puedo creerlo! ¿De verdad piensan que Hipo es esa clase de hombre? ¡No permitiré que hablen mal de él ni de mí!

Astrid por poco se abalanza contra Patán y los mellizos, (quienes habían sido los primeros en las insinuaciones), si el jefe no la detiene a tiempo.

-Wow, tranquila muchacha; yo les creo a los dos y te doy las gracias por estar con mi hijo, pero lo que quiero saber si ¿Todo terminó?

-Sí papá, decidimos empezar de cero, y tal vez nosotros también debamos hacerlo de a poco…

-Muy bien hijo –Estoico lo abrazó contento, aunque le quitara el oxígeno – Te prometo que seré mejor de ahora en adelante…

-Yo también daré lo mejor de mí, papá.

Astrid sonrió satisfecha, hasta que Patán se le acercó coquetamente.

-Bueno, Astrid, parece que quedaste un poco decepcionada anoche ¿Qué te parece si nos vamos de camping nocturno? ¿Los dos solos a la luz de la luna?

Esta vez Hipo se molestó en serio con Patán, así como el resto del grupo, pero antes que hiciera algo, la muchacha lo detuvo con un gesto.

-¿No sabes escuchar, Patán Mocoso? Dije que Hipo no es esa clase de hombre, él me respeta, cuido de mí anoche, por eso puedo estar tranquila con él, confío en él. Hipo es el tipo de hombre que me parece interesante, pero tú Patán, ni a niño llegas para mí.

Estás palabras dejaron helado al vikingo, provocaron risas entre el grupo, Hipo sonrió presumido como Astrid y Colmillo gorjeó histericamente por la risa, cayéndo de espaldas y rascándose la espalda.

-JAJAJAJAJA ¡Auch! –exclamó Brutacio, mientras se secaba una lágrima – Hasta yo entendí eso ¡Muy buena Astrid!

-¡SÍ! A eso le llamo poner a su lugar a Patán Mocoso ¡GRAN ESTILO! –comentó su hermana, riendo a carcajada limpia.

-Creo que Patán la pensara mil veces antes de volver hacer semejantes comentarios – repuso Patapez, con su libro en las manos.

-JAJA ¿Lo ven? –preguntó de pronto Brutacio, llamando la atención de todos, excepto Patán que seguía en estado de shock.

-¿Qué cosa? –preguntó dudoso Estoico, con lo que los mellizos pudieran salir.

-La Raíz de Dragón no fue tan mala después de todo.

-Sip ¿No lo ven? ¡Hizo a Hipo y Astrid novios! –gritó victoriosa Brutilda, chocando palmas con su hermano.

Astrid se sonrojo como tomate, mientras que el resto no sabía cómo actuar ante los comentarios de los hermanos.

-Es cierto –les interrumpió Hipo- Aún no les he devolvió el "favor", que me hicieron la otra vez.

Hipo silbó varias veces, y una manada de Terrible Terrores aparecieron, cargando unos baldes de pescado podrido.

-¿Hijo?

-Había estado guardando esto para los mellizos en cuanto me recuperé.

El muchacho dio una señal, y los pequeños dragones soltaron su carga maloliente sobre los dos causantes del problema original.

Todos los vikingos se partieron a carcajadas, exceptuando Patán, que aún procesaba el rechazo de Astrid.

Estoico se acercó a su hijo, dándole palmaditas en la espalda, y percántandose que este no dejaba de mirar sonrojado a la rubia vikinga, la que le devolvía igual expresión, y le pareció un poco coqueta.

El jefe suspiró tranquilo, sabiendo que todo iría bien con su hijo, y que poco a poco cómo lo ha hecho hasta ahora, iría recuperándolo.

En tanta risa, Chimuelo no pudo evitar burlarse de su jinete con sus típicos gorjeos, luego lo golpeó suavemente en el hombro, a lo que Hipo lo abrazó cariñosamente.

Todo iría bien en Berk.

FIN

Versión arreglada, (espero), la verdad no tengo idea de cómo se repitió el texto -.-", lamento las molestias.