El gobierno alemán lo dejó libre.
Más o menos.
Es bueno tener agentes encubiertos que parecen una familia normal más.
Aun cuando las misiones sean menos glamorosas y se limiten a trabajo de oficina.
Erik no piensa en sí mismo como Max, Max murió en Polonia.
Por eso cuando alguien se refiere a él con ese nombre, tarda en contestar.
Los mellizos son su única luz.
No odia a Magda, de verdad. Sabe que muchas de sus decisiones lo pusieron en donde está en esos momentos.
Lejos de Charles.
Se permite ciertos caprichos.
Mensajes.
Llamadas.
A Charles parece no hacerle gracia.
Es sencillo localizar su nuevo número.
Encontrar su nueva dirección.
No es sencillo verlo salir con nuevas personas.
Tampoco verlo marcharse.
Necesita un contacto confiable en Londres.
Es aún de madrugada cuando recibe el folio de McCoy.
Lo odia.
Soso. Desgarbado. Imbécil. Genio.
Muchos intereses en común con Charles.
Tan listo que sus trenes de pensamiento viajan casi a la par.
Erik se sabe egoísta, pero no puede... no quiere perderlo.
Es casualidad.
Se dice.
Sabe que no debió desquitar su frustración en aquel hombre que intentó asaltarlo.
Cuando Magda lo recoge en la estación de policía lo mira fijamente.
—¿Qué sucedió? —pregunta, aunque duda que Max responda.
—Intentó robarme. —Erik se mira los nudillos, aún están rojos, ya no tiene sangre.
—Eres mejor que eso, Max. Perdiste los estribos.
—¿Debía permitir que un criminal cualquiera me asaltara tan fácilmente? —Magda suspira, aprieta las manos sobre el volante.
—Se supone que eres un simple oficinista ¿Cómo explicas que lo mandaras al hospital?
—Suerte. —se encoge de hombros. Magda sabe que Max no la quiere. Regresó por los gemelos. Porque la Agencia lo obligó. Pero no es tonta.
Sabía que había perdido a Max en el momento en que se giró a mirarla aquella tarde hace dos años ya, cuando lo abordó saliendo de la universidad.
Por primera y única vez, vio miedo reflejado en sus ojos.
El recuerdo de aquella fotografía aún le provoca una sensación de ardiente ira.
Pero se obliga a entender.
Charles ha salido con otras personas durante todos esos años.
No que se enorgullezca pero también ha tenido que hacerlo.
El trabajo que tiene lo obliga a adaptarse, a pretender.
Por eso se muestra de acuerdo, cuando le es informado que sus hijos formarán parte de un nuevo programa de entrenamiento elite el siguiente año.
