Pero Steve está más tiempo en su cabeza de lo que le gusta admitir.
Las cosas con él siempre fueron más sencillas. Mientras conversaban, la forma en que pensaban, sus valores, tan similares que asusta.
Era sencillo estar con él, era un magnífico amante.
Sabe que su trabajo es complicado, por eso no se siente solo cuando las semanas se convierten en meses y pronto en un año.
Charles se pregunta si seguirá un patrón con los hombres que le gustan.
Quizá su tipo sea de esos que terminan abandonándolo siempre.
Jane llega en verano.
Su cabello largo, rojo y brillante hace juego con la estación.
Aunque es una niña, Charles se ve reflejado en ella, siente afinidad y pronto se convierte en su mentor.
Por eso duele encontrar a Wanda con el largo cabello de Jane en una mano, mientras sostiene unas tijeras con la otra.
—¿Qué hiciste, Wanda? —es bastante obvio, Charles pregunta más bien con decepción impregnada en su tono.
—No se supone que lo vieras. —admite la niña, su piel pálida. Se siente miserable. Charles no sabe si es por lo que hizo o por haber sido descubierta.
—¿Por qué lo hiciste? —masculla mientras se acuclilla frente a la niña.
—¡La quieres más que a Pietro y a mí! —espeta, casi llorosa.
—La quiero en forma diferente. —comienza a explicar.
—Nos dejarás como hizo papá. —llora.
A Charles se le parte el corazón.
Jane es tranquila y madura para su edad.
Entiende a Wanda.
Ella tampoco quiere perder a los que ama, ya no más.
No se hacen amigas, pero por lo menos, se entienden mejor.
El incidente del cabello queda perdonado.
Pietro, por otro lado, pareciera que cada momento que pasa se aleja más de todos, incluso de Wanda.
—Charles, quiero presentarte a James Howlett.
Un día Raven apareció, diciendo que había conocido a un hombre que podría enseñar historia en el instituto.
Alto, cabello oscuro.
Su aspecto le recuerda a las películas de vaselina.
Charles se ríe de su tonto pensamiento.
—Llámame Logan.
Dice y estrechan sus manos.
Logan es un hombre solitario.
Sin embargo, de alguna manera, su presencia reconforta a Charles.
Los meses pasan y cada día pareciera que pueden comenzar a compartir sus penas.
La muerte de su familia, de su hijo, de su esposa.
La separación inevitable de la mujer que ahora ama.
De cierta forma se identifican.
Se complementan.
