CAPITULO III
-¡Goku! ¡A un lado!
Su cabeza no comprendió como regresaba a ése día pero la voz familiar gritando y el aire siendo cortado en una fracción de segundo lo hizo renunciar al paso del tiempo, la ausencia por la felicidad robada renació otra vez en él cuando era todavía un niño. Estaba de piedra, aún sin poder creer cómo la dinamita explotaba muy dentro de su iris en el momento en que el ataque de Freezer perforaba el pecho de su maestro. Ni su padre ni Krillin habían estado en guardia, aún existía recelo en creer que el asesino de Vegeta hubiera sobrevivido a la Genki Dama, pero cuando el olor a sangre ascendió, el cielo de aquel fatídico planeta no fue suficiente para envasar su odio.
Aún lo recordaba como si fuera ayer. El sonido del cuerpo golpeando la costra rocosa invadió sus oídos y la visión frente a sus ojos sofocó sus manos y pies, como si hubiese sido golpeado por un oleaje fuerte y el tronar del agua se filtrara en su cordura. Nada detuvo el rayo de furia que mató para siempre la infancia que vivía en él.
-No… No te mueras… Por favor… Señor Piccoro.
Llegó arrastrándose pero ya no había nada por hacer, y menos para un niño. Pero él no lo podía permitir. No podía permitir que su maestro muriera otra vez. El rictus de quien consideraba su segundo padre no le devolvía lo mismo que antes, estaba apagado y frío contra el suelo, en una imagen que atravesó el pecho de Gohan.
-Huye, Gohan… Aléjate inmediatamente. –ordenó Goku.
-¡No lo haré! ¡Yo también quiero vengar la muerte del señor Piccoro!
La voz de su padre descontento no se privó de transformarse a pesar de que se tratara de su hijo, pero no sabía que al igual que él algo inhumano nacía en el interior de sus entrañas, algo que no estaba ahí antes. Cualquier atisbo de control murió en sus pupilas que ahora estaban lejos de encontrar saciedad, y su Ki se disparó como si el metal de su cárcel se hiciera mil pedazos, aplastado por una oscuridad liberada en él después de dormir por muchos años. Ya era muy tarde para silenciar lo que estaba ocurriendo dentro de él.
"Mátalo… Mátalo, Gohan… Freezer debe morir…"
-Pero…
-¡Gohan! ¿¡Acaso estás esperando a que alguien muera?! –gritó Goku molesto.
"No… No quiero que nadie muera…"
"¿Acaso estás esperando que mate a tu padre? ¿No vas a hacer nada si Goku muere también? Si te hubieses enfadado, Piccoro no estaría muerto ahora…Si escapas y dejas que Freezer asesine a tu padre será tu culpa… Goku murió salvándote la vida cuando Radditz te secuestró y lo único que pudiste hacer fue llorar su muerte… Sabes que no puedes dejar que pase lo mismo…"
Una lágrima se deslizó por sus mejillas. El recuerdo emergió en su memoria inyectado de odio y miedo, derrumbando sus rodillas en una lucha por mantenerse de pie, pero la resistencia lo abandonó para siempre cuando en sus pesadillas el cuerpo del señor Piccoro fue sustituido por el de su padre, y en sus inútiles esfuerzos lo único que pudo hacer fue alimentarlo con su propia culpa, con una parte muy oscura de él, que ya no lo obligó a pelear.
Freezer disparó su segundo ataque hacia él y sólo pudo esperar a morir…
-¡Nooo!
Gohan despertó. La luz del sol lo envolvía en su hogar de siempre apartándolo de aquel eterno eclipse en lo más alto del planeta Namekusei donde había luchado hace unos años atrás. Estaba en su habitación, con su pecho trabajado casi rompiendo las sábanas que lo cubrían y su respiración acelerada pero aspiró profundamente cuando pudo ojear su cuerpo, que dejaba un poco pequeña su cama, y comprobó que había sido simplemente un sueño.
Ahora era un hombre pero aquella época insistía en volver y su cuerpo atravesaba la misma fricción cuando lo hacía como los sismos que fracturaron la corteza hipercaliente, lo que hacía imposible que descansara tranquilo. Había pasado mucho tiempo desde que no tenía esas pesadillas y era como revivir su entrenamiento dentro de la Habitación del Tiempo, sinceramente no se explicaba porque habían vuelto. Primero no podía usar su transformación mística y ahora esto.
-Demonios… –maldijo en voz baja.
Se llevó una mano al cabello para tratar de disipar las imágenes que se habían alojado en su mente y chequeó de reojo la hora. Todavía faltaba un poco para ir a buscar a Videl e ir juntos al casamiento de Mister Satán. Obviamente, sus padres también irían después pero los únicos ausentes serían Goten y Trunks, debido a que se encontraban entrenando en la Habitación del Tiempo. Sólo esperaba poder disimular un poco durante la ceremonia porque sólo con ver la masa de sus músculos en lo más crítico de su anatomía era para preocuparse.
Necesitaba darse un baño para poder quitarse la alerta y convencerse de que todo estaba bien.
Entrando a la cortina de agua, dejó que las gotas resbalaran por su físico y alejaran las impurezas de él. Tal vez estaba exagerando demasiado, de hecho era consciente ahora más que nunca que los saiyajins no eran perfectos y lo que había pasado en la pelea contra M. Trunks podría haber sido sólo una inexactitud en un mal momento. O algo mucho más real, falta de práctica.
Si ese era el motivo, entonces no perdería nada con hacer otra prueba de sus poderes… sólo para comprobar si estaba realmente equivocado o no.
El vapor glaseó inmediatamente todo el baño y su ki presumió una santidad épica, donde todo perdió esencia para que él confíe un aluvión de energía al más lejano horizonte, pero una aparente calma reservó su aura y cabello. Y ahí estaba. Lo sintió… Su pecho. Algo le imploraba menos poder… algo implantado en su interior que nacía en cada ápice de energía. Pero no quería… no estaba listo para reservar sus fuerzas.
-¿Qué… diablos—me… pasa?... –
¿Cómo podía hacer? ¿Cómo podía hacer para estabilizarse y no disminuir su ki, si ni siquiera podía respirar cómo esperaba pelear de esa forma? De a poco, luchó por engrosar su mirada y una rápida ojeada fue suficiente. Sobre una de las rinconeras, una pequeña cápsula llevaba años sin tocarse y por lo visto, nadie había reparado en su lugar… pero Gohan sabía perfectamente, que esa era la medicina que hace años le había salvado la vida a su padre.
No lo pensó dos veces y salió del agua como pudo. Su mano la encerró con desesperación y buscó la primera píldora, deslizándola en su interior con urgencia. Fue enseguida, un cese atravesante que alivió su torrente corporal de una forma semejante a las semillas del ermitaño, y concilió el aire que poco a poco volvió a circular. El dolor pectoral lo perdonó momentáneamente, pero aún así su cabeza no.
Miró el frasco aún en su mano. Ahora sabía que no estaba exagerando.
Había gritos y aplausos cuando la tarde cayó en los exteriores de la Mansión Satán. Fiel a su estilo invicto, la propiedad había sido erigida con islas blancas que formaban un mosaico en el jardín atardecido y que se alternaban con pisos de esculturas en honor a Mister Satán y sus millones de posturas triunfales. Ya en su cierre, la ceremonia estaba a la par de las famosas mega fiestas de Corporación Cápsula pero los invitados seguían victoreando a su salvador y más aún cuando hizo el saludo oficial en su balcón acompañado de su nueva esposa.
-Bueno… no podía esperar menos. –comentó Krillin. –Aunque… si hace unos meses atrás alguien me hubiera dicho que Mister Satán se casaría y que Majin Buu sería el padrino creo que me hubiera reído por semanas.
El grupo de Goku y los demás con excepción de M. Trunks, Vegeta, Gohan y Videl se habían unido en el semi-círculo que formaban los árboles circundantes más alejados, aplaudiendo por sobre los coros de las personas. Todos también pensaron lo mismo, la imagen era por demás extraña de ver y ni en un millón de años hubieran imaginado asistir a un casamiento donde uno de sus más duros enemigos y quien casi destruye el mundo estuviera de testigo.
-Todo ha cambiado mucho… Tal vez lo que pasó con Majin Buu nos dejó este presente que merecemos. No pelear y disfrutar de nuestros seres queridos con nosotros. –agregó Bulma con una sonrisa.
-Bulma, tú solo estás feliz porque Trunks está de regreso. –señaló Krillin, junto a 18 y Marron.
-Pero aún así… no lo veo por ninguna parte. –dijo Milk, con un tono de preocupación. –Bueno, Gohan y Videl también se fueron luego de saludar a Mister Satán…
-Milk… ¿no nos vas a decir cuando será la boda de Gohan y Videl? Se ve que esos dos ya han progresado. – rió Bulma.
-¡Que bueno que lo dices! –festejó la esposa de Goku. –Bulma, si fuera por mí estarían casados mañana mismo pero mi Gohan primero tiene que ser lo suficiente letrado y con su doctorado hecho, aunque se hará difícil esperar. Pero con lo inteligente que es mi pequeño hijo podrá terminar sus estudios en un año aproximadamente, lo que le llevaría a Videl convertirse en una buena esposa también. Mister Satán me comentó recién que les tiene preparadas unas tres o cuatro casas por el continente, y el dormitorio del bebé ya completo y podrán irse a vivir juntos ni bien Gohan comience a trabajar. ¿No te parece fantástico?
-Oye Milk… ¿no crees que es algo pronto? –intervino Krillin también escuchando. –Gohan aún es un niño. Digo, tiene diecisiete años… No creo que esté pensando en casarse y tener hijos a esta edad.
-Krillin, estuve planeando esto desde antes de saber que Gohan vendría al mundo. Lo lamento mucho pero él no seguirá peleando… no cuando tiene la oportunidad de ser la dignidad de la familia.
-Pero Milk, de todos modos no creo que te quede el título de abuela… eres demasiado joven. –volvió a decir Bulma.
-Lo que pasa Bulma es que estás celosa porque sabes que a ti te falta. –
-¿Qué? ¿Acaso no ves bien a mi Trunks? Estoy segura que estoy más cerca que tú, ahora que él ha regresado y no le hace falta dinero ni belleza.
Vegeta hizo un ruido de fastidio desde su lugar apartado, cruzado de brazos contra un árbol. Aunque no quería admitirlo, estaba más enojado que de costumbre y no solo era por la fiesta, la cual le parecía patética. Los días pasaban, nadie había hecho otra cosa que hablar de la estúpida unión terrícola y si había algo más importante sólo era relevado a un segundo plano, una espera que Vegeta había hecho desde que M. Trunks llegó y al parecer tendría que seguir esperando. Lo estaba matando porque esta versión de su hijo del futuro discrepaba completamente del viejo Trunks previsor que lo asediaba para destruir a Cell en el pasado y en esos mismos ojos, antes consumidos por un futuro perdido, ahora no había otra cosa que desinterés casi insano y evasión absoluta. Es más hasta parecía estar disfrutando de la fiesta.
Su ceño se acentuaba cada vez que lo divisaba entre la gente. Ahora M. Trunks se había reunido con cinco mandatarios, cada uno ostentaba la dirección de todas las grandes agencias espaciales mundiales. Al parecer, estaban conversando y felicitándose por la exitosa misión de la sonda Philae en su descenso sobre la superficie de un cometa.
-¡Trunks! –le gritó furioso, desprendiéndose del árbol. –¿Crees que no te estoy viendo? ¡Deja inmediatamente esa maldita cosa!
M. Trunks tiró el cigarrillo que había estado fumando y le sonrió inocentemente a lo lejos mientras sus colegas seguían conversando.
-Me sorprende que lo trates así, Vegeta. –le confesó Goku, acercándose. –Trunks ya no es un niño.
-Cállate, Kakarotto. El muy idiota va a perder condición física si tiene ese hábito. –
-Está ocultando su fuerza… –observó con cuidado.
-No solamente eso está ocultando. –gruñó el príncipe de los saiyajins. –Supongo que ya te diste cuenta también.
-Sí. Parece ser que pensamos lo mismo pero…
-Tú y yo nunca nos quitamos los trajes de entrenamiento. Es una cuestión básica porque yo jamás me pondría uno de esos ridículos trajes humanos. Pero Trunks… él es el heredero de la Corporación Cápsula y entiende de estos formalismos, como también entiende que es una falta de respeto no usarlo cuando está en presencia de personas importantes. Pero aún así… no vino aquí vestido como ellos…
-…Si está usando su viejo traje de combate como nosotros es porque sabe que algo va a pasar. –confirmó Goku con un tono grave.
-Y no es el único. Veo que tu hijo también tuvo la misma idea…
El saiyajin dirigió su vista hacia la fiesta pero Gohan no estaba por ningún lado, sin embargo sabía por su Ki que no estaba demasiado lejos.
Una barrera de pinos separaba los dominios que Videl y Gohan habían dejado unos minutos atrás. Habían estado en silencio todo el camino, incluso la decisión de abandonar la concurrida celebración había sido alojada en un cruce de miradas antes de que cualquiera de los dos hablara. Pero antes de llegar lo suficientemente lejos para ser avanzados por el tránsito de las estrellas, el vacío en los ojos del saiyajin avanzaba más que la luz misma y sólo era interrumpido por el alivio de que la joven a su lado todavía no lo había notado.
-Gohan… tengo que ofrecerte una disculpa. –le confesó ella, llamando su atención. –No imaginé lo feliz que mi padre se vería el día de hoy…
-No… No te disculpes conmigo. –le aclaró distraído, su vista clavada en el suceder del cielo nocturno. –Pero creo que él se sentirá mucho mejor si le dices que piensas eso, ¿no crees?
-Sí, tienes razón. –le ofreció una sonrisa. –Creo que todavía tengo muchas cosas que aprender de ti… y si no fuera por lo que hiciste para salvar al mundo creo que no podría hacerlo…
-Videl, yo no salvé al mundo…
-Sí lo hiciste.
-No. No fui yo.
El puño del joven se contrajo cuando el recuerdo del sueño volvió como una neblina, porque ese mismo repudio se instalaba vivamente en su cabeza cuando se veía a sí mismo contra Freezer o contra Buu.
-Fue mi padre. –admitió con voz baja. –Yo no hice nada.
Ella acercó su mano a la de él, y corriendo sus dedos por los del joven, la levantó hasta la altura de su rostro. Hasta ese momento, Gohan nunca se había fijado en cómo todo parecía perderse cuando Videl lo capturaba con sus ojos azules, incluso por unos segundos su pecho liberó la tensión acumulada de esa mañana.
-Para mí fuiste tú quien nos salvó.
-No pude defenderte… cuando Majin Buu los asesinó a todos en el Templo de Kami-sama. -susurró, sintiendo odio hacia sí mismo. –Debiste haber estado muy asustada.
-No… porque yo siempre creí en ti, Gohan. –Ella sonrió mientras él tras una pausa le acarició la mejilla con la mano.
-Te prometo que nunca más pasarás por eso… mientras yo viva.
Videl subió su mentón para deducir la expresión masculina, sólo vio un rayo en los ojos negros que por unos momentos desconoció pero el calor que irradiaba de su cuerpo fue suficiente para que dejara sus sospechas de lado. Escondió su cabeza oscura en el pecho mientras Gohan la abrazaba, de la misma forma en que se volvieron a encontrar después de que la Tierra se salvara. Pero esta vez, había algo distinto…
Cuando ella pudo colocar una de sus manos justo sobre el corazón de él, un pequeño momento de tranquilidad y casi tierna niñez pareció embelesarlo pero agradeció al último momento que no bajó su defensa… porque su espalda vibró junto con la delgada capa de aire a su alrededor y alcanzó a separarse de Videl, empujándola derecho al suelo segundos antes de que un haz blanco les de alcance. Ella cayó sentada y cerró sus ojos cuando sintió el fuerte impacto sobre su cabeza, donde el ataque hizo desaparecer la posición de ellos atrás de una humarada detonación. La joven buscó con horror, pero no tuvo que preocuparse porque Gohan estaba inmóvil a su lado, no había sido nada para el saiyajin que ni siquiera arrugó su traje, pero pudo sentir la furia crecer de golpe.
-¿Qué fue eso? –preguntó aturdida, pero no recibió respuesta.
Los ojos masculinos no se movían, sacando un ceño desdeñador que la dejaron con la piel de gallina. Ella observó lo mismo que él, y otra vez se llevó una sorpresa confusa.
Un hombre de cuerpo edificado y robusto estrechaba su camino, de frente amplia y mirada batalladora que resbalaba un profuso cabello acicular negro hasta la cintura, por donde empezaba a subir su armadura legionaria saiyajin. Videl quedó boquiabierta observando un soldado que nunca antes había visto y que efectivamente disgregaba fuerza guerrera, pero lo más extraño era esa cruel bienvenida en su mirada… como si los conociera de algún lado.
Y no era el único.
La joven no creyó lo que vio cuando se volvió a Gohan y notó el mismo desgraciado recibimiento en sus ojos también. ¿Podría ser… que se conocieran de antes?
-Tanto tiempo sin verte… sobrino. –dijo el sujeto.
