La joven no creyó lo que vio cuando se volvió a Gohan y notó ese mismo desgraciado recibimiento en sus ojos también. ¿Podría ser… que se conocieran de antes?

-Tanto tiempo sin verte… sobrino. –dijo el sujeto.

¿Sobrino? No. Era imposible. Este hombre no podía ser tío de Gohan. Había mucho en su mirada pero en nada relacionado con la persona que tenía al lado y que conocía más que nadie, ambos Ki chocaban entre sí como cargas eléctricas que en la vida tendrían que haberse cruzado y eso solo ya despertaba un enorme terror en ella.

-¿Por qué te dijo eso? ¿Quién es este sujeto? –.

-Videl, será mejor que vuelvas con los demás.

-Pero…

-Ahora.

La joven tragó fuerte ante la orden y decidió obedecerlo vacilante. El puño de Gohan se contrajo, ahora permitiendo su fuga de apatía sabiendo que no saldría nadie perjudicado a su paso. Pero nunca pensó que tendría que ver esos ojos otra vez, los mismos que habían observado con diversión cómo Goku peleaba por su vida y finalmente terminó en su muerte. Todavía podía escuchar su propio llanto... Vivía en su piel desde ese día. Era una voz que nunca se calló, ni porque subiera su volumen de fuerza hasta el infinito la única pelea que nunca iba a ganar estaba dentro de él con el recuerdo de su cabeza pequeña golpeando el peto oscuro, y la imagen moribunda de Goku y su sangre…

"¡KAKAROTTO! ¡MUEREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!"

"¡PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

Radditz…

El hermano de su padre…

Todo lo que había olvidado de esa infancia arrebatada volvió como un dragón a su garganta y lo hizo un grito dorado en el espacio. Se convirtió en Súper Saiyajin para no soportar más el odio latente, la sola imagen del saiyajin mayor le provocaba tanta matanza a su instinto ahora pero a pesar de todo, la expulsión de sus poderes le concedió una calma ancestral, recordada de su pelea con Cell.

-Asesino. –murmuró.

Esto pareció darle más placer al saiyajin que una vez peleó Goku en el pasado. Hizo una sonrisa de falsa admiración hacia el más joven pese a que estaba alimentando un peligro mucho mayor a él.

-Impresionante, hijo de Kakarotto… realmente impresionante. Se ve que tienes sangre pura de saiyajin en tus venas… pero me cuesta trabajo creer que tú eres el mismo chiquillo llorón que me provocó ese daño en el pasado. Y pensar que no te maté cuando pude…

-¿Por qué te atreviste a regresar? Tú estabas muerto…

-¿Es esa la forma de hablarle a tu tío?

En una fracción de segundo, Gohan estaba ya sobre él y con su mano derecha lo aprisionó por el cuello, elevándolo centímetros del suelo.

-Tú no eres mi tío…

-Ya empiezas… a hablar como- el insecto… de tu padre. –

-No voy a perdonártelo nunca, Radditz… Nunca. –

El hombre más grande intentó zafarse pero el solo reflejo del dorado furioso era suficiente para inutilizar todo su cuerpo, aunque difícilmente esa era la peor parte. Los ojos de Gohan prometían que no lo soltaría a menos que pueda partirlo en dos, estaban dotados de vacío y fanatismo a la vez pero también había cierta complacencia que antes no estaba, alguien así jamás podía estar emparentado con su débil hermano sino con la hermandad de una raza que se deleita y enaltece por la destrucción.

-No veo que quieras suplicar por tu vida. –observó Gohan, con odio.

-¿Quieres… quieres eliminarme ahora? –se complació Radditz. –Puedes hacerlo. Ya te lo había dicho una vez, fuiste el primer sujeto que me lastimó gravemente y tenías solo cuatro años. Ahora, tus poderes son algo que nunca en mi vida había visto pero… es una lástima que ya no te pertenezcan más.

-¿Qué dices?

-¿No te has dado cuenta… porque motivo estoy aquí? Es porque… no estoy solo. Ellos nos están buscando sólo para poder vengarse de nuestra raza. Pudieron posesionar mi cuerpo al morir y pueden hacerlo con cualquier saiyajin porque necesitan nuestra fuerza.

-¿De quiénes estás hablando?

-Tsufurujin… La raza tsufurujin que nosotros extinguimos mucho antes de la historia.

No puede ser… ¿Por qué ahora? ¿Por qué ahora? Era lo único que pensaba Videl mientras corría lo más rápido que podía hacia la fiesta. Sabía que tenía que llegar lo antes posible, antes de que Gohan pelee solo y el infierno entre de nuevo en su vida si algo pasaba. El sólo fragmento de lo que había ocurrido cuando Majin Buu despertó sólo arrancaba gritos de sus ojos, ver caer a Gohan en el Torneo de Artes Marciales, despedirse de él sin saber si volvería a verlo y después las palabras de Goku cuando anunció que su hijo había muerto, todo era un péndulo que estaba volviendo y ella no estaba lista para volver a vivirlo.

La voz de su padre ya un poco alcoholizado la guió y pronto se vio otra vez entre trescientas personas a ciegas de lo que estaba pasando. Se detuvo sin aliento y buscó con la mirada a la familia de Gohan, encontrando sólo a Mister Satán moviéndose en la pista.

-¡Videl! ¡Hija!

-¡Papá! ¿Dónde está el señor Goku? –gritó.

-¿Videl? –

Bulma y Milk volvían juntas de la barra y se reunieron con ella. La esposa de Goku advirtió ligeramente que su hijo no estaba y ladeó su cabeza confundida.

-Ya estás aquí. ¿Y dónde esta mi hijo? –.

-Milk… ¿y el señor Goku? Por favor, tiene que decirme donde está. –suplicó Videl.

-Goku desapareció con Vegeta, no sabemos a donde se fueron. –respondió.

-Y creo que Trunks también se fue con ellos. –dijo Bulma, mirando hacia todos lados. –Me pregunto que estará pasando.

-¿Tsufurujin? ¿Quiénes son ellos? –preguntó Gohan.

-Una raza extinta en la historia debido a la tiranía que ejercimos a sus expensas. Jamás fueron guerreros fuertes como nosotros… pero poseían una inteligencia denotada. Esa misma inteligencia les permitió crear un mecanismo de posesionar cuerpos ajenos, que nosotros jamás supimos hasta mucho después de su total exterminio. Hubo un sobreviviente de esa raza… y en este momento, está llegando a este lugar para completar su venganza contra los que acabamos con su pueblo…

-¿Qué dices? ¿Cómo esperas que pueda creerte eso?

-¿Crees que podrás pelear en su contra? Tu poder de Super Saiyajin no te servirá de nada… Son capaces de invadir este mundo sin hacer mucho esfuerzo y buscar a cada saiyajin vivo o muerto para su propia pertenencia. Es mejor que huyan cuando puedan…

Gohan pareció dudarlo un segundo, aún así no bajó su guardia. ¿Qué podía pensar? ¿Qué alguien estaba por invadir este mundo y que ni siquiera podrían luchar contra él?

-Aunque, por lo que parece, creo que ya es demasiado tarde para huir. –Radditz sonrió y lo miró con burla. –Que irónico… El mismo lugar donde Majin Buu supuestamente tendría que haberlos eliminado… ahora será su tumba…

-Maldito…

-¡Espera Gohan!

El joven saiyajin miró rápidamente sobre su hombro ni bien oír el freno contundente de energía. Goku aterrizó solo a unos pasos de su hermano e hijo, invadido por una mirada asesina pero igual de corriente que Gohan en ese momento, eso formuló una sonrisa en el rostro poco vivo de Radditz. Hace tantos años había ocurrido lo mismo, solo que ahora los papeles habían cambiado un poco, pero podía saberse con seguridad que el odio del hermano menor hacia el mayor no había disminuido en lo más mínimo.

-Kakarotto… nos encontramos de nuevo…

Goku no respondió. Miró a Gohan con autoridad pero el más joven simplemente revoleó los ojos y cerró su puño con una fuerza mayor. Sus dedos ya estaban casi tocándose cuando el grito de Radditz se unió a las roturas óseas que se escuchaban pero sólo cuando sus extremidades pudieron hacer círculos erráticos tratando de retirar inútilmente el brazo de su sobrino, Goku intercedió.

-¿Acaso vas a volver a desobedecerme? –preguntó desafiante el padre, muy molesto por la actitud rebelde de su primogénito. –Suéltalo, ahora.

Ahora si, hizo un chasquido de molestia y soltó de una sola vez al guerrero saiyajin, quien no se preocupó en ponerse de pie tan pronto.

-Kakarotto, ¿quién podría creer que acabas de ponerte de mi lado? –jadeó, mientras se sujetaba el cuello. –Se ve que tus prioridades han cambiado desde que nos vimos… –

-No te confundas, Radditz… solo te di unos segundos más de vida para que me expliques porque estás aquí.

-Jaja-ja… veo… veo que te preocupa el destino de tu preciosa Tierra… ¿Ya no te sientes con tanta suerte como antes?

-¡Habla! Sino quieres que decida terminar lo que dejé pendiente hace años cuando tuve que sacrificarme por ti…

-Dudo mucho que puedas, hermanito… Ya falta poco… Lo que obtuviste peleando contra Majin Buu no te servirá de nada, no importa cuantas fusiones y transformaciones puedan hacer… Lo único que lamento… es no poder verlos cuando Baby los aniquile…

-¿Baby? –murmuró confundido.

- ..RESPLANDOR FINAAAAAAAAAAAAAAAAAAL

Un carril de luz pasó por en medio de Goku y Gohan sin que ninguno lo haya previsto, y antes de que los dos lo anticiparan impactó diametralmente en la posición donde Radditz dio su última sonrisa. Una muralla de energía los envolvió en segundos, repulsando el aire en una explosión viva dorada que lastimaba el solo vistazo y propagó calor a las ondas de choque que arrasaron por completo la zona.

Goku abrió los ojos cuando la gravedad empezó a funcionar de nuevo y observó algo impactado la tierra removida a sus pies pero no había ningún rastro de su hermano. Giró su cuerpo y se encontró con Vegeta, la mano extendida pospuesto su mejor ataque, y M. Trunks también junto a su padre.

-Solo estaba hablando estupideces, maldito gusano. Por qué no se quedó muerto de un principio. –dijo el príncipe saiyajin. –Es imposible que los Tsufurujin estén con vida…

-Vegeta, ¿tu conoces esa raza? –preguntó Goku.

-Fueron unos seres que vivieron durante nuestro apogeo y que les dimos muerte hace tiempo. Solo les tomó muy poco a mi padre y a sus mejores hombres acabarlos a todos porque eran unos buenos para nada…

-Pero, de todos modos me pregunto que quiso decir Radditz y porque se mostraba ante nosotros cuando hace tiempo Piccoro pudo eliminarlo por completo. Se supone que el único poder para revivir a alguien es el de las esferas del dragón, a menos que se haya escapado del lugar donde estaba lo que me resulta imposible… era claro que estaba genuinamente vivo como nosotros… o a través de algo. –

Gohan miró a su padre y después a M. Trunks. El joven no estaba escuchando la conversación de los mayores, más bien retenía sus soles azules en el lugar donde había caído el ataque de Vegeta y su ceño empezó a acentuarse, su boca cayendo levemente a los costados para indicar su tensión y ahora, acompañaban sus puños no tan relajados tampoco.

Gohan confundido miró también. Dio un paso hacia atrás pensando que estaba viendo mal. ¿Desde cuando el ataque de Vegeta no se terminaba de esfumar y dejaba la tierra temblando?

-¿Qué… rayos es eso? –dijo poco convencido y llamó enseguida la atención de los otros dos.

-No puede ser. –murmuró Vegeta atónito.

Los cuatro se congelaron. El ataque de Vegeta empezó a nacer de nuevo, regalar un brillo casi como el del cielo a los ojos de los saiyajins, quienes observaron como el mismo planeta parecía regenerar la suma de poder en frío. Pero ninguno supo exactamente qué hacer cuando el ataque explotó hacia las alturas, viajando en sus caras a encontrarse fuera de la órbita, más allá de toda ley de la física.

-Está alejándose. –murmuró Goku sin quitar sus ojos. Pero no, no estaba alejándose…

Entonces, finalmente la razón atacó sus mentes por igual. Estaba siendo absorbido… justo en sus rostros.

Ninguno pudo hacer más que mirar como ese retorno de energía era alimento de algo que se acercaba. El planeta tembló ante la succión provocada solo a kilómetros de la superficie y los obligó a cubrirse con sus brazos por tanta pérdida de materia, pero ninguno retrocedió.

-¡Trunks! ¿Sabes que es eso? –gritó Goku.

-¡Creo que si! –respondió.

El joven llevó una de sus manos a su espalda y quitó con firmeza su espada de la funda. Se convirtió en SSJ2 ganando estabilidad que no tardó en trasladar a su arma y la lanzó con un solo movimiento, desapareciendo dentro de una trayectoria a más aceleración que la misma fuerza retroactiva y cruzando como una centella ese enorme jardín de tormentas. Sin embargo, la espada impactó justo en la boca, y fue enseguida arrastrada nuevamente a su dueño.

-No es bueno. –murmuró M. Trunks, guardándola de nuevo. -¡Eso es un campo de fuerza de un objeto inmenso que está bajando al planeta! ¡Si fuese una nave o alguna especie de bola de energía, no tendría tanto campo gravitacional para arrastrar el mismo ataque de mi padre que ya había sido ejecutado!

-¡Entonces que rayos es! –gritó Vegeta al máximo de sus pulmones.

-Es… otro planeta, o un planetoide para ser exactos. Y si mis cálculos no me fallan… debe ser el planeta M2.-

Los vientos fueron descendiendo como miles de túnicas negras en duelos que revivían la pelea de Goku y Buu por las ahora tierras anochecidas, en el ojo de la nueva amenaza. En lo más alto del cielo, la atmósfera pareció incendiarse y ceder ante la apertura de un vacío sólo a kilómetros de la superficie y la constante repulsión de gases fue como unas guadañas calando la piel de todo lo que esté a su paso. Las esculturas de Mister Satán vieron la luz una última vez antes de ser eclipsadas para siempre mientras los ríos de personas huían corriendo o gritando, alcanzados por réplicas que en cada instante devastaban estructuras y levantaban polvillo de vidrio y cemento. Y la peor parte no era verlo sino sentir ese índice de Ki gravitando como una misma Genki-dama pero desperpetuada bajando a la Tierra.

-¡Dios, que es lo qué esta pasando! –gritó Milk, como los demás estaba refugiada entre los escombros.

-¿Acaso será Majin Buu que ha regresado? –dijo Bulma, entre los constantes gritos de Mister Satán a su lado.

-No puede ser… Gohan… y los demás deben estar peleando. –murmuró Videl.

-¡Es muy peligroso que permanezcamos en este lugar! –advirtió Krillin, sus ojos fijos en el horizonte. –No tengo idea de que se trate pero si Goku va a pelear tenemos que irnos cuanto antes.

Todos asintieron, por muy poco que estuvieran de acuerdo en abandonar a Goku y los demás. Videl admiró una última vez hacia el oeste y fue la última en tomar vuelo y seguir a Krillin y 18.

-¿El planeta M2, dices? –cuestionó Vegeta.

-No importa de que se trate. –afirmó Goku, postura en cero y su mirada fija. –Hagamos todo lo que podamos por detener eso.

Vegeta imitó a M. Trunks enseguida y ascendió al SSJ2 como si no pudiera esperar más. Goku buscó el mismo nivel de poder también, pensando que su última transformación de SSJ3 no le permitiría manipular mucho tiempo pero Gohan no hizo más que bajar su mirada. Podía sentir que sus manos sudaban del temor, no estaba seguro de poder mantenerse sobre la línea de fuego en una disputa tan prolongada pero su padre tenía razón… tenían que hacer algo. Fue el último que alcanzó su aspecto de SSJ2 y quizás el más débil de los cuatro pero él sabía lo que era hacer una pulseada de poderes donde se decidían el destino de la Tierra.

-Gohan, ¿estas listo? –le preguntó Goku, poniéndose en posición de su mejor ataque.

Asintió, rotándose al mismo ángulo y ahuecando sus manos contra sus costillas de la misma forma. Vegeta y M. Trunks se prepararon con ambos brazos horizontales expidiendo energía, y de a poco el Ki de los cuatro Super Saiyajin empezaba a subir, preparándose para atacar.

-Kame… Hame…

Una luz entre blanca y azul emergió de entre las palmas de ambos padre e hijo e ideó el tamaño justo para el contacto. Los ojos de los dos estaban fijos en la nación cósmica que rompía distancias a una tortuosa lentitud, pero no perdieron la concentración. Finalmente, Goku observó a sus amigos y una sola orden apareció en su mirada.

Los mega estallidos abandonaron sus manos y se fundieron en uno generando un tallo de energía que golpeó la coraza inmediatamente. Por primera vez, luchaban hombro a hombro, a una edad par, pero eso no era suficiente para no preocuparse, porque nuevamente estaban enfrentando a algo de lo que no tenían conocimiento y ninguno, hablando por Vegeta, Goku y Gohan había tenido tiempo luego de la batalla con Buu de entrenarse, es más ni Vegeta ni Goku estaban totalmente recuperados de la última pelea.

La nave se sobrecargó después de la sorpresa de cuatro ataques máximos, pero no redujo su marcha. Tampoco ellos despreciaron sus fuerzas, pero repentinamente el cansancio empezó a hacerse evidente en los dos mayores, lo que aceleró el proceso visiblemente.

-Demonios… –se quejó Vegeta.

Gohan bajó su vista a sus pies y notó que el poder los había movido un metro de donde estaban, aunque lo más preocupante no era eso. Ellos podrían trabar las rodillas e inmovilizarse, haciéndose precisamente casi uno con el planeta entero… pero el problema era que el planeta mismo estaba retrocediendo, y ellos con él. Sus ojos se elevaron, su Kame-Hame-Ha estaba peligrosamente cerca y casi podía sentir su rostro arder.

-Cuando yo les de la orden, tienen que soltarlo. –escuchó a M. Trunks decir. ¿Acaso estaba loco?

-¿Por qué? ¿De qué estas hablando? –.

-Este no es un planeta ordinario, es M2… Un planeta creado por biomecánica y que tiene la facultad de tener vida propia. Seguramente, puede tratar de hacerse uno con sus cabezas o guerreros, y eso no es distinto con nosotros. Es inútil que ganemos ahora, pero lo que no tiene que pasar bajo ningún concepto es que nos absorba, por lo que si dejamos que nuestros ataques nos peguen… estaremos más seguros en su interior que afuera…

Vegeta no podía creer lo que estaba escuchando. De alguna forma muy extraña, tenía sentido… pero era irónico que después de tantos años de pelear, era la primera vez que estaría mejor dejándose pegar por su mismo ataque. Miró hacia el frente y enseguida comprendió lo que su hijo intentaba decir. Lo que parecía ser una ola gigante de metal con vida propia emergió de la superficie y se proyectó sobre los cuatro ataques, sólo hasta que superó la barrera del sonido se dieron cuenta que era una trampa pero ya estaban a sólo segundos de ser parte de su estómago.

-¡AHORA! –gritó M. Trunks y simultáneamente los cuatro cortaron fuego.

Lo último que sintió Gohan fue cómo su propio Kame-Hame-Ha alcanzaba su cuerpo casi a segundos de que una enorme pared sintética lo apresara y lo sacaba fuertemente del lugar barriéndolo lejos, o solo la parte que aún quedaba viva de él, porque ahora podía sentir en carne propia lo que había sentido Cell aquella vez y sus ojos comenzaron a cerrarse lentamente.


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