CAPITULO VI
Bulma se había apartado solo unos metros para fumar un cigarrillo ya que Goku, Vegeta y los demás habían quedando hablando de aún más asuntos privados y el resto se había introducido a la casa a descansar. Se sentía intranquila como todos pero esta brisa de mar siempre lograba tranquilizarla, quizás era por eso que elegía mucho este lugar cuando aun era joven… y tal parecía que no era la única.
Miró sobre su hombro a Videl, quien se le había unido a meditar pero en realidad ni había notado que no estaba sola. Sus ojos del mismo color que el océano buscaban alguna especie de resolución en las aguas que no sean tantos fundamentos inentendibles como los que venía escuchando de todos los mayores, y Bulma sonrió mientras tiraba el cigarrillo. No había que ser una genio como ella para saber cuanto lo extrañaba a Gohan en esos momentos.
-Sabes… aquí fue donde vi a Gohan por primera vez…-comentó, Videl saltó enseguida y se sintió algo avergonzada.
-Oh… Bulma. Perdóname… yo no
-Esta bien. Puedo entender que estabas pensando en él… A veces me cuesta creer cuanto tiempo ha pasado.
-¿Lo… lo conociste aquí? ¿Cómo…
-Si, fue hace mucho tiempo. Él era apenas un niño… Goku lo trajo para que lo conozcamos, imagínate nuestra sorpresa ya que no lo habíamos visto regularmente y de repente se aparecía ya con un hijo… pero desde ese momento supe que Gohan era un niño especial. Bueno, también tuve la misma sensación con Goku y creo que no me confundí demasiado.
-Todos ellos son muy especiales… No es justo que por eso los deseen muertos ¿verdad?
-Videl, ellos son saiyajins. En su momento fueron la raza más odiada del universo entero pero su planeta fue destruido, la fuerza que tienen solo es el precio de los deseos de muerte con los que han vivido hasta ahora y al ser la esposa de Vegeta lo sé mejor que nadie. Y también sé que a pesar de eso nunca los verás perder… o sino se meterán en un gran problema con Milk y conmigo.
Ambas rieron por un momento pero un particular sonido de las ropas de Bulma les llamó la atención. La mujer sacó enseguida de su bolsillo una de sus múltiples cajas con cápsulas y al abrirla notó que una de ellas vibraba.
-Que extraño. –murmuró, recordando que esa era justo de una de sus naves con puerto de comunicación.
Decidió tomarla y arrojarla a sus pies para que su gigante vehículo hiciera aparición y efectivamente había una alerta de llamada en el interior de la cabina, que la llevó corriendo a bordo.
-¿Bulma, qué sucede? –preguntó Goku, quien se acercó enseguida con el resto por el insistente sonido.
-Estoy recibiendo una señal… de… HOPE001. No puede ser… ¡esa es la nave de Trunks!–
La mujer inició el programa y abrió apresurada el mensaje que provenía de la otra nave de su Corporación. Una imagen se proyectó saliendo del interior de la cabina y formó una ventana sobre las cabezas de todos los presentes, quienes no pudieron controlar su sorpresa cuando el rostro del mismo M. Trunks fue virtualmente construido sobre ellos.
"Lamento mucho las circunstancias en las que les deba entregar este mensaje a ustedes. De sobra saben que me encantaría hacerlo personalmente, pero espero sepan comprender las razones por las que Gohan y yo no podemos acompañarlos ahora. Debemos asegurarles la mayor seguridad posible por lo que vieron hoy, de lo que seguramente deben tener muchas preguntas. La verdad es que yo regresé de mi tiempo nuevamente sabiendo ya que lo que enfrentaríamos era inevitable y eso es debido a que me dedique como historiador de mi época a resolver ciertos misterios saiyajin que en mi futuro no cerraban del todo, hoy en este tiempo me doy cuenta de que es como dije… porque aquí aun existe el último sobreviviente Tsufurujin. Los tsufurujins fueron enemigos de los saiyajins desde los tiempos del imperio pero al ser una raza dominada fueron rápidamente borrados del mapa, bueno eso era lo que creía hasta que ciertos estudios me llevaron a la conclusión de que solo uno sobrevivió… Baby. Aunque parezca mentira, él es una gran amenaza ya que todo su material genético se nutre de mucha información saiyajin, más de la que nosotros mismos tenemos, solo porque su deseo de venganza hacia nosotros lo va fortaleciendo ilimitadamente. Además, Baby cuenta con la ayuda de la persona que lo subsanó hasta ahora y me refiero al Dr. Myu, un científico conocido por ser el precursor de la tecnología biomecánica en el espacio y quien creó el planeta entero de M2… Machine Myutant. Lamentablemente, esta persona ha tomado el proyecto de Baby en sus manos y a pesar de no tener fuerza física, es capaz de crear guerreros inclusive más fuertes que nosotros y manipular su propio ejército con tal de proteger a Baby…"
Un frío les recorrió a todos al pensar en esos seres y en lo que pasaría si alguno llegaba a pisar la Tierra. M. Trunks había hecho una pausa en el video como si estuviese midiendo el nivel de shock de los presentes y continuó con su mirada algo más erizada llegando al punto.
"Por ahora, los humanos permanecerán a salvo pero eso no quiere decir que no tengan un plan B escondido. Confío en que ustedes saben más que yo de estas cosas y úsenlo antes de decidir pelear con ellos insensiblemente. Nosotros haremos lo posible por tratar de formarles una distracción y alejarlos de ustedes, también me permite a mí disculparme una vez más con todos ya que debí anunciarlo con más anticipación como hice antes aunque temo que eso no habría modificado nada. La situación es distinta a la de siete años atrás y lo fue también para mí en mi tiempo. Les deseo mucha suerte y espero que nos volvamos a ver…"
La comunicación se terminó dejándolos a todos en el aire con ese "espero que nos volvamos a ver" pero un grito de Bulma los hizo descongelarse al acto.
-¿Por qué rayos gritaste? –preguntó Vegeta.
-No puede ser… –susurró angustiada. –La nave de Trunks… la nave de Trunks se autodestruyó. Esto fue lo último que guardó y se hizo pedazos…
-¿Pero porque te pones así? Es obvio que tu podrás arreglarla… No ahora pero… –Krillin se interrumpió.
-¡No lo entiendes! Claro que puedo reconstruirla… pero el combustible de esa nave es irrenovable. Ni siquiera la Corporación Cápsula podrá conseguirlo nunca… Trunks no regresará más a su tiempo…
Ahora si era preocupante.
Sus oídos aun imprimían en su cabeza el rugido de la explosión de la máquina del tiempo, como un último adiós que se hizo eco a sus espaldas pero recién después de volar cientos de kilómetros uno a la par del otro, sólo entonces realmente su consciencia volvió a capturar ese momento. Los pisos de altura eran prácticamente divididos por la velocidad constante de ambos saiyajins como dos balas doradas obedeciendo una formación cerrada, que ambos conocían bien. Desde que escaparon sólo con unos cuántos segundos de ventaja, no habían hecho otra cosa que vencer la gravedad para propulsarse con más fuerza, ya que no podía perder tiempo o sabían que morirían.
Gohan apenas podía distinguir la figura de M. Trunks abriendo el camino en la vanguardia y él pegado a sus talones, sólo que justamente no era la densidad del aire a esa altura lo que dificultaba saber que era lo que pasaba por la cabeza del otro saiyajin. Ya era incómodo para él encontrarse con un tan poco explicativo M. Trunks, quizás cuando era un niño era entendible dejarlo fuera pero ahora simplemente no había necesidad y menos después de lo que acababa de pasar.
-Trunks, ¿Por qué rayos hiciste explotar tu máquina del tiempo? ¡Sabes muy bien que tu madre no puede arreglarla, mucho menos tú! ¿Acaso no vas a volver a tu línea temporal?
-No había otra forma de detener a Rild. –respondió M. Trunks. –Sé que no podré volver pero eso ahora no tiene importancia…
-¡Claro que la tiene! Todo por lo que peleaste hace siete años atrás fue por cambiar ese futuro sin importar lo oscuro que fuese… ¿y ahora estás diciendo que no importa?
-Es mucho más complicado que eso. –sentenció el saiyajin, sin quitar sus ojos del frente. –Deja de hacer preguntas y concéntrate, Gohan. Tenemos que llegar al Templo de Kami-sama cuanto antes…
El más joven elevó sus cejas de la sorpresa pero no dijo más nada. Esto se estaba volviendo cada vez más confuso para él pero sabía que a esta altura todo lo que podía hacer era confiar en su viejo amigo, después de todo gracias a él acababan de salvarse. Cumpliéndose la palabra de M. Trunks, ambos pudieron observar como surgía el Templo de Kami-sama en el cielo abierto y no dudaron en acelerar para el encuentro con el Dios de la Tierra, junto con Piccoro y Mister Popo.
Los tres ya los estaban esperando en lo más alto y corrieron a ellos ni bien desconcentraron su técnica.
-¡Gohan! ¡Trunks! Me alegra que estén bien. –saludó Dende, entre alivio y preocupación.
-Tuvieron suerte de salir con vida. –comentó Piccoro. –Esa explosión hizo su trabajo para demorarlo, pero me temo que no fue suficiente para detenerlo.
-Ya lo sé. –respondió M. Trunks, sin mirarlo. –Pero por ahora, nos sirve.
-Es mejor que escapen, cuanto antes. Ya ordené que los demás vengan aquí para buscar refugio. –
-Gracias Dende. –M. Trunks hizo una rápida sonrisa. –Sólo quería asegurarme de algo antes de irme. Quiero que Trunks y Goten no abandonen la Habitación del Tiempo, al menos por ahora… ¿de acuerdo?
-No te preocupes por eso. Ellos estarán bien. –confió Dende.
-Cuídate… Gohan. – Piccoro se acercó a él y apoyó su mano en su hombro a modo de despedida.
-Usted también, señor Piccoro. –Él le sonrió una última vez y miró a M. Trunks, quien enseguida le devolvió el gesto con una orden en su mirada.
Ambos despegaron y en poco tiempo el templo fue perdiéndose de su campo visual junto con todo lo demás, hasta que fue reducido a la nada misma por la distancia que habían alcanzado. Su cuerpo ya algo desgastado se subordinó al otro que dictaba la velocidad uniforme y pronto la instancia de vuelo fue tan exigente que el medio macroscópico llegó a él, donde ya casi no distinguía su existencia más que como un estímulo de luz incandescente que lentamente empezaba a abandonar la Tierra.
-¡Gohan! –escuchó el grito de su amigo. –Vamos a salir de la atmósfera ahora. Necesito que vayas lo más rápido que puedas y en ningún momento me pierdas de vista, ¿esta claro?
-Trunks… ¿A dónde vamos? –.
-¡Sólo sígueme!
Gohan estaba por hacer lo que le había pedido pero un vacío obturó sus ojos antes. Un Ki los estaba persiguiendo y se acercaba a una velocidad incluso mucho mayor a la de ellos, tanto que la colisión podría ocurrir en cualquier segundo.
-Este Ki es… –
-Es Rild. –confirmó M. Trunks, sus miedos volviendo a la vida.
En ese momento, Gohan entendió el porque de la urgencia del hijo de Vegeta. La explosión de la máquina del tiempo no había hecho otra cosa que enfurecer al androide, el margen de dos segundos que habían ganado se estaba anulando y él sabía ahora después de haber desperdiciado su única oportunidad de escapar, que todo lo que podían hacer se reducía a cero. Leía todo eso y más en los ojos de M. Trunks, pero entonces recordó que él había visto esa mirada antes, pero no desde que había llegado. Esto volvía en el tiempo a cuando llegaron los androides 17 y 18 y el futuro que quería proteger se caía en pedazos, como una culpa que se negaba a extinguirse.
-Maldición… –escuchó la voz de M. Trunks, llena de frustración.
-¿No podemos perderlo? –
-No, es imposible… – se lamentó.
Estaban perdidos, no había duda de eso. Si seguían volando hasta agotar sus fuerzas lo más probable era que el General Rild los derribe sin poder poner resistencia por su falta de reservas, y si peleaban contra él morirían. Aunque ante ellos el cielo era una vía de estrellas que no terminaba, se estaba transformando cada vez más en una trampa y sus propios Ki ya podían sentir esa derrota muy dentro de sus venas. Bajo ambas miradas, la ruta de escape empezó a sangrar al verse golpeada por un Ki híbrido que por primera vez despertaba en la Tierra y el amanecer de sus últimos días llegó tan rápido que no fueron testigos del mismo hasta que ya fue demasiado tarde.
Sus hombros lo obligaron a detenerse e imprimió todo su desgaste en una respiración dolorosa.
-¿De verdad creyeron que podían escapar tan fácilmente? –
Sus ojos chocaron con el General Rild justo sobre ellos, como si hubieran estado volando hacia él todo el tiempo. Su piel blindada, la misma que había detonado toda la soberanía del espacio aéreo, parecía emitir una corona solar a su alrededor como sentenciando su futuro, y Gohan entendió con una leve intuición que si no los había matado hasta ahora era porque no le parecía divertido hacerlo.
-Esa fue… una buena explosión, príncipe saiyajin. Es una lástima que ya no puedas volver a hacerla, porque tu máquina del tiempo no te salvará ahora. –
M. Trunks no dijo nada pero sus ojos quemaban con un fuego que Gohan pocas veces había visto.
-Tienes razón. –asintió, en tono glacial. –Pero te equivocas solo en una cosa, Rild. No es la última explosión que puedo hacer.
Sin esperarlo, el saiyajin llamó a su Ki y el estado de SSJ ascendió como la luz de una supernova entre la oscuridad pero Gohan lo observó impactado. ¿Qué era lo que pensaba hacer? ¿Acaso pretendía pelear contra él cuando justamente le había dicho que no tenían posibilidades de ganarle?
-Te decidiste a pelear, por lo que veo. –Rild no quitó su sonrisa, sus retículas visuales observaban con un interés casi humano.
El estado de SSJ2 se empezó a agitar y algo golpeó incesantemente la garganta del joven quien emitió un leve llanto emergente cerrando sus ojos para tolerarlo pero al mismo tiempo rompiendo una barrera casi sinfónicamente. Su mano envuelta en altos flujos de energía buscó la espada que yacía guardada y la sujetó firmemente, pero en ese instante algo ocurrió y los ojos de Gohan se helaron de espanto. M. Trunks no apuntó hacia su enemigo, sino que de un solo movimiento giró la espada y la punta afilada descansó sobre su propio pecho, justo arriba del corazón.
La imagen petrificó a Gohan. Ahora, casi podía asegurar que el saiyajin mayor se había vuelto loco pero la expresión de sus ojos era obligante y no permitía dudar de lo que pretendía hacer. Pero eso solo fue suficiente para que el General Rild cambie y su confianza desaparezca de un momento a otro.
-¿Vas a quitarte tu propia vida? –cuestionó, sus ojos corrompidos por un frío inesperado.
-Sabes que si esta espada me atraviesa, mi Ki ordenará destruir todo mi cuerpo. –gritó M. Trunks. –Voy a volar en pedazos y la sangre real saiyajin que tanto deseas poseer desaparecerá para siempre.
-Tú no eres el único heredero. –contestó el guerrero biomecánico, desconfiando. –El niño todavía vive…
-Trunks, mi yo en este tiempo, tiene ocho años y esta en un lugar fuera de tu alcance. Tú y tu ejército podrán buscarlo toda la vida y nunca lo encontrarán.
Un rayo atravesó el rojo profundo de los ojos metálicos, los cuales extrañamente habían frenado su clamor por ver sus muertes. La espada sobre el corazón de M. Trunks parecía ser algo que había revertido lo que en un momento era inevitable pero el porque era algo que escapaba de toda comprensión. ¿Qué importancia tendría realmente M. Trunks para ellos si su razón de existir era justamente ver a todos los saiyajins muertos?
-Tú decides, Rild… –advirtió el hijo de Vegeta, escoltado por su propio Ki.
-Váyanse. –accedió finalmente el Comandante de la nave Tsufurujin, su furia casi apagando las estrellas. –Pero la próxima vez, no habrá nada que me impida matarlos.
Una media sonrisa cruzó el rostro de M. Trunks y acto seguido guardó su espada en la funda. Sin embargo el brillo ácido en los ojos del General Rild al verlos alejarse era una deuda impaga y no indicaba otra cosa más que no descansaría hasta verla saldada.
