Disclaimer: Los personajes son propiedad de Mondo Media. La historia me pertenece y está creada con el fin de entretener, sin fines de lucro.
Envoltorio
Había terminado más rápido de lo que cabía esperar, lo cual presentaba aspectos de ambas caras. Por un lado, era positivo dado que pretendía llegar a su hogar más temprano de lo estipulado, y negativo ya que Handy inevitablemente tardaría más en llegar a su busca con su camioneta. Suspiró cansinamente, abanicándose con la mano en un vano intento de lograr que el viento golpeara levemente su rostro y la protegiera del vil calor, el cual era asfixiante llegados a este punto, y a pesar de llevar encima un ligero vestidito veraniego tan pálido como un copo de nieve para que así no atraiga demasiado la atención que el sol inexorablemente brindaba a los colores intensamente oscuros, realmente se estaba asando.
El sudor perlaba su frente libre de su usual fleco azulado, recogido ahora con una delicada horquilla floreada, al igual que su cabello el cual usualmente llevaba en una cola, ahora era un despeinado moño debido a las idas y vueltas de aquel ajetreado día compuesto en un casi cien por ciento de calor. Petunia no soportaba el hecho de que un mechón de cabello se camuflara con su piel debido al sudor. Se sentía sucia, y eso lograba que se pusiera neurótica. Debería ser ilegal salir a las calles con esas pulverizantes temperaturas, pensó.
Y allí, mientras esperaba pacientemente que el semáforo cambiara del rojo al ámbar para posteriormente tomar el color verde como cual camaleón, vislumbró algo que captó su atención.
Un hombre bastante llamativo para su gusto, con aquel afro anaranjado que resaltaba desde distintos puntos de vista, con aquella vestimenta tan brillante tal como las sonrisas en las publicidades de pasta dental. Parecía caminar al ritmo de una música inexistente para cualquiera que se encontrara allí en ese momento y lugar, mas que sin embargo parecía tener coherente sentido en la mente de aquel pasado de moda individuo.
No supo porqué exactamente, pero una pequeña vocecita en su interior la incitaba a seguir con la mirada cada movimiento que el extraño realizara, por más mínimo que fuera. Y así lo hizo. El afro, como se dispuso a llamarlo a pesar de pretender no volver a verlo nunca más en su vida, sacó de su estridente bolsillo un caramelo de miel, como llegó a atinar debido al transparente y amarillo envoltorio del dulce. Bien, eso no era problema, a ella le gustaban esos caramelos. El problema vino después, y allí fue que entendió lo que aquella vocecita procuraba advertirle.
El hombre lanzó el dulce al aire y lo atrapó con su boca cuando éste cayó, esbozó una satisfactoria sonrisa debido a su acertado tino, y luego sucedió. Botó el ruidoso papel de celofán al suelo. Pero eso no fue todo lo que volvió loca a Petunia, claro que no, lo que se dio a continuación la descolocó de una manera no muy grata. Dos metros después, el extraño entró a lo que parecía ser su casa.
La peliazul pestañeó repetidas veces ensimismada. ¿Esa persona había tirado un papel al suelo cuando sólo a dos metros estaba su casa, donde tranquilamente podría haberlo botado en el tacho donde corresponde? Ah no, eso no podía ser. Así como detestaba sentirse sucia, detestaba de igual manera a las personas sucias y maleducadas.
Frunció su ceño a sabiendas de que no importaría perder momentáneamente su imagen agradable, y pisó fuertemente dirigiéndose hacia el papel recientemente tirado, olvidándose momentáneamente del semáforo que le permitiría cruzar la calle.
Lo tomó bruscamente con la mano, y de igual manera se dirigió a la morada en la que el hombre había entrado.
En primera instancia se planteó llamar civilizadamente al timbre y revolearle por la cabeza el papel al afro. Luego, meditó mejor esa opción y se dijo que la clave de todo es mantener la compostura. Así que, haciendo acopio de oxígeno ya que aquel mínimo tramo recorrido con aquellas temperaturas había logrado asfixiarla levemente, tomó la amarillenta envoltura y la introdujo violentamente en la cerradura, asegurándose de trabarla.
Y a la par que se dirigía nuevamente a cruzar la deshabitada calle, se preguntaba sonrientemente ¿cómo haría aquel hombre para salir de su casa?
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Notas de autor
Hola de nuevo! Espero les haya gustado el escrito, que podría decirse que está basado en hechos reales. Gracias por leer!
CornPie~
