Bueno he aquí el 4to capítulo de mi fic, espero les guste, con respecto al romance, sí, habrá romance pero las parejas las descubrirán después. Lamento todo el relleno que tiene historia pero ocurre que he estado pasando por una crisis de bloqueos inspiracionales, me disculpo con mis lectores, pero les prometo que cuando supere la crisis, los capítulos serán emocionantes.

Por cierto, Fire Emblem no me pertenece (¿alguien sabe porque tenemos que decir eso siempre?)


Chapter 4: Oscuridad sofocante.

La respiración de Elena ya se había vuelto agitada, se encontraba sola en aquel lugar, con un libro en blanco que había aparecido de la nada y la anciana que se lo dio, había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Quería moverse pero sus piernas ya no respondían, ahora el miedo había hecho que el sentido común y todas las otras emociones desaparecieran.

-¡Elena!- una voz le grito y alguien la toco por el hombro. La joven dio un grito y el libro cayo de sus manos provocando un ruido sordo al caer al suelo.

Se dio la vuelta para ver a la persona que estaba con ella.- Eres un hijo de tu…- le dio un golpe en el brazo.

-Oye, cuida tus palabras, además tenemos la misma "madre".- dijo Greil riendo.

-Así has de tener la conciencia.- ahora era Raiu quien reía.

La joven se agacho para recoger el libro y se quedó en el suelo por un momento tratando de controlarse. Sentía que su corazón saldría disparado de su pecho en cualquier momento y sus manos temblaban.

-Elena ¿Qué tienes?- pregunto Greil con voz de preocupación y agachándose para ver más de cerca a Elena.- ¿Desde cuándo te asustas de esa manera?

Elena levanto la mirada y abrazo a su hermano. Quería sentirse protegida y calmar el terror que estaba sintiendo. Desde que era niña siempre se había sentido protegida cuando estaba con su hermano y con su padre, sin embargo, al ir creciendo, sus miedos se fueron esfumando y la necesidad de protección también. Pero ahora todo había vuelto otra vez, recordaba las pesadillas que tenía cuando era más pequeña y a su hermano tratando de consolarla.

-Hermanita, ahora me estas asustando a mi.- dijo su hermano abrazándola también.- Perdóname, nunca pensé que te fueras a poner así.

-Ambos lo sentimos.- dijo Raiu agachándose también y tratando de calmar a la joven dándole unas palmaditas en la espada.- ¿Elena?

-No fueron ustedes.- dijo en un susurro casi inaudible y separándose de Greil.- Fue la anciana.

-¿De qué anciana hablas?- pregunto el joven sin dejar de mirar a su hermana que aun respiraba agitadamente.-Elena, respóndeme. ¿Qué demonios paso?

-No… no se.- respondió mirando aquel libro que la mujer le había dado.

-Ven, ponte de pie.- Raiu la ayudo a levantarse.- ¿Qué es eso?- pregunto señalando el objeto que la joven abrazaba contra su pecho.

Elena trato de recuperarse de aquella impresión y le entrego el libro al laguz.

-No tiene nada escrito.- Greil estaba observando el libro junto con Raiu.- Elena ¿me vas a decir qué demonios pasa y que es esa mierda?

-Es que no lo sé.- dijo la joven ahora más calmada.- Una anciana me saco de mi cuarto y me dijo que tenía que mostrarme algo. Me trajo hasta aquí y se hizo una cortada en la mano, dijo algo en la lengua antigua y esa cosa apareció.

-¿Cómo que una anciana?- Raiu tenía una expresión de completa confusión en su rostro.

-Una anciana, bajita, de pelo largo y muy opaco y desarreglado, con una capucha negra y ojos…- se detuvo cuando recordó la mirada tan diabólica de la mujer.- ojos grises.

-Ven, los reyes nos están esperando en el comedor, tienes que decirles.- Greil se quedó con el libro y después sujeto la mano de la joven y la guio por el largo corredor que aún seguía sin estar iluminado.

Al llegar al comedor, ambos reyes se sorprendieron al ver lo pálida que estaba la joven y preguntaron lo ocurrido. Elena conto todo lo que le pasó y describió a la anciana que le había entregado el libro.

Sin pensarlo dos veces, Sothe dio la orden para que buscaran a la mujer dentro y fuera del castillo.

-Todo va a estar bien, Elena, tienes que tranquilizarte.- Micaiah se había quedado con la joven mientras que todos los demás buscaban a la mujer que Elena les había descrito. Los dos príncipes estaban también con ellas.

-Perdón.- dijo Tsuya con la mirada clavada en el suelo.

-Tú no me hiciste nada.- dijo Elena con voz dulce.- ¿Por qué te disculpas?

-Es que yo le dije a esa vieja en donde estabas.- dijo ahora mirando a Elena.

-¿Qué dices?- dijo Micaiah sentando al pequeños en sus piernas.

-Me dijo que tenía que hablar contigo.

Elena se sorprendió al escuchar lo que el niño estaba diciendo. Esa anciana la había estado buscando, y al parecer, también la estuvo siguiendo desde hace tiempo, no había otra explicación, o al menos Elena no la encontraba, de que la anciana supiera su nombre y en donde estaban.

-Yo no le quería decir porque me dio mucho miedo, pero me dijo que si no hablaba contigo, tú y todos nosotros nos íbamos a morir.- los ojos de Tsuya comenzaron a llenarse de lágrimas. Micaiah lo abrazo para que dejara de llorar.

-No llores Tsuya, nada fue tu culpa. Esa vieja esta demente, además, sí, da mucho miedo.- dijo Elena también tratando de calmar al niño.

-Maldita anciana, ¿cómo demonios se le ocurre decirle semejante cosa a un pequeño de escasos cuatro años?- Pensó. Sentía una furia inmensa y desprecio en contra de aquella mujer. Se sentía desesperada al no poder hacer nada y tenía mucho coraje al haberse asustado de la manera en que lo hizo, pero cada vez que recordaba la mirada de esa mujer, el temor volvía a hacerse presente.

-Yo creí que Tsuya estaba mintiendo.- dijo Zote mirando a Elena.- Yo no vi a esa mujer, pero si tu estas asustada quiere decir que si daba miedo de verdad.

La voz del niño sonaba muy calmada, ningún sentimiento podía ser detectado ni en su voz o en sus ojos.

La puerta se abrió y, el rey, Greil y Raiu entraron.

-¿La encontraron?- pregunto Micaiah aun con su hijo en brazos.

-No, nadie la vio. Parece que se la trago la tierra.- Sothe se sentó junto a su esposa.- En realidad, tampoco la vieron entrar o rondando los pasillos.

-Tsuya también la vio.- dijo la reina.

A Elena no le sorprendió en lo absoluto. Después de lo que esa mujer hizo, la joven comenzaba a creer que realmente era un demonio o algo sobrenatural.

-De cualquier manera, he ordenado que los soldados aseguren todas las entradas al castillo.- dijo Sothe.- Creo que será mejor que vayamos a descansar.

Todos salieron del enorme salón para dirigirse a sus habitaciones. Greil y Raiu acompañaron a Elena.

-¿Segura que estarás bien, hermana?- Greil dio unos cuantos pasos apresurados y se detuvo justo frente a Elena, impidiendo que siguiera caminando.- ¿No quieres que nos quedemos afuera de tu habitación?

-Greil, ya te dije que estoy bien, solo me asuste y ya, cualquier persona siente miedo alguna vez en su vida.- dijo la joven con una ligera sonrisa en su rostro. Rodeo a su hermano para seguir su camino.

-Sí, tienes razón, todos sentimos miedo, pero no por una anciana loca.- dijo Raiu caminando más rápido para alcanzar a los hermanos.- Además, tú no eres de esa clase de personas que se asustan fácilmente, he llegado a creer que para asustarte se tiene que sacar al mismo diablo del infierno y ponerlo frente a ti, y a veces dudo que eso funcione.

-Pues ni que estuviera echa de piedra ¿acaso creen que no tengo sentimientos o qué?

Raiu se limitó a desviar la mirada con una sonrisa en su rostro, Elena frunció el ceño entendiendo perfectamente la indirecta.

-No, lo que pasa es que tú siempre has sido muy valiente, bueno no cuando eras más pequeña pero, nunca te asustabas tan fácilmente, siempre teníamos que hacer hasta lo imposible para que, por lo menos, dieras un ligero respingo.- Greil caminada por un lado de su hermana y tenía la mirada baja.- Cuando te vi tan nerviosa realmente me preocupe mucho.

Elena no sabía que decirle a su hermano. Cuando eran pequeños, siempre hacían todo juntos y no había manera de separarlos, pero las cosas fueron cambiando conforme ellos fueron creciendo, seguían cuidando el uno del otro pero en cierta manera, Elena sentía que solo lo hacían por que su padre siempre les había dicho que era su responsabilidad. Al escuchar las palabras de su hermano, a la joven se le vinieron a la mente todos esos recuerdos de cuando niños.

-No fue nada, solo que esa mujer actuaba muy extraño, eso es todo.- dijo con voz apagada y sin atreverse a mirar a su hermano.

-¿Qué fue lo que te dijo?- pregunto Greil con un tono de voz algo sombrío.

-¿Qué?- Elena no se esperaba esa pregunta.

-¿Qué carajos fue lo que te dijo? Porque, te conozco lo suficiente como saber que no fueron sus acciones las que te dieron tanto miedo, sino más bien las cosas que dijo.

-¿Cómo diablos lo hace?- Se preguntó Elena. Su hermano siempre sabía lo que le ocurría y lo que sentía, y en ocasiones sabía exactamente lo que ella pensaba.- No me dijo nada, solo que tenía que mostrarme algo y ya.- la voz de Elena no sonaba muy convincente, pero eso fue lo mejor que pudo hacer.

-Si, como no. No me mientas.- Greil volvió a pararse frente a su hermana y esta vez puso sus manos sobre los hombros de Elena para evitar que lo evadiera.

-¿Porque rayos tuviste que heredar su mirada?- pensó. La mirada de Greil siempre la hacía sentirse algo incomoda al igual que la de su padre. Le costaba mucho trabajo mentir cuando su hermano o su padre la miraban a los ojos.-Es enserio, no me dijo nada.- respondió la joven algo molesta y mirando al piso para evitar el efecto que los ojos de su hermano tenían en ella.

-Elena, ¿Enserio esperas que creamos que esa vieja que dices solo te dio el libro y ya?-Raiu estaba muy serio.

-Por enésima vez, no me dijo nada.- hizo un movimiento para liberarse del agarre de su hermano y camino unos metros hasta llegar a la puerta de su habitación, pero recordó algo que la hizo detenerse.- ¿Dónde está el libro?

-¿Para qué lo quieres?- le respondió Greil con mirada seria.

-Me choca cuando me respondes con una pregunta.-pensó.-Dime donde esta.- realmente, tampoco tenía una respuesta a la pregunta de su hermano. No tenía ni la más mínima idea de porque quería ese libro, solo tenía la necesidad de sujetarlo en sus manos.

-No te lo daré, si eso es lo que quieres.- su hermano se veía algo molesto.- Dijiste que la mujer dijo algo en la lengua antigua. Tú y yo entendemos un poco. ¿Qué fue lo que dijo?

-Ese libro me pertenece, Greil.

-Pues eso a mí no me importa, ya te dije que no te lo daré. ¿Qué fue lo que la anciana dijo en la lengua antigua?

-Vete a la mierda.- esas palabras brotaron de su boca con una cantidad impresionante de odio. Nunca le había hablado a su hermano de esa manera. No supo cómo reaccionar y lo único que se le ocurrió fue entrar a su habitación y dar un portazo para desahogarse.

-Con mucho gusto, tal vez sea mejor que cuidar de una niña terca y berrinchuda.- pudo escuchar como su hermano le grito desde afuera del cuarto.

Se quedó recargada en la puerta y mantuvo los ojos cerrados y al momento de abrirlos, se dio cuenta de que se encontraba en penumbras. No podía distinguir figura alguna, todo era oscuro. El miedo volvió a invadirla, recordó a la anciana, su voz y todo lo que le había dicho. Sentía como si alguien la estuviera mirando desde alguna parte. "Cuídate del demonio, porque a partir de ahora estará vigilándote siempre." Esas palabras resonaban en su mente y se repetían una y otra vez haciendo que el miedo se volviera más fuerte a cada instante. Su respiración se volvía agitada y los latidos de su corazón se hacían más rápidos con cada segundo que transcurría. No podía moverse, estaba paralizada y por más que tratara, no podía hacer que su cuerpo reaccionara. Escucho una respiración que provenía de algún lugar en ese cuarto.

-Es la tuya, es tu respiración.- trato de engañarse a sí misma, aunque sabía perfectamente que alguien estaba en la habitación con ella. Se fue deslizando por la puerta hasta quedar sentada en el suelo, se tapó la boca para acallar sus jadeos y grande fue su desilusión cuando se dio cuenta que aun podía escucharlos. La respiración de aquella presencia que se encontraba con ella, esa presencia que la vigilaba.

Un frio invadió todo su cuerpo y un aire gélido soplo sobre su rostro. Una voz comenzó escucharse dentro del cuarto, no, era un susurro, eran más de uno solo. No podía comprender lo que trataban de decir y la verdad era que no quería siquiera intentarlo. Se escuchaban más cerca conforme pasaban los segundos. Nunca antes había sentido tanto temor. La oscuridad la estaba sofocando, ahora le costaba mucho trabajo respirar, pero a ese punto era difícil decir si lo que lo provocaba era ella misma o lo que estaba con ella. Pudo sentir como el agua comenzaba a llenar sus ojos pero hizo todo lo que pudo para evitar derramar alguna lagrima, tenía que mantener su mente fría, sabía que las lágrimas no le ayudarían en nada, nunca lo hacían. Recodo el día en que su mamá se fue. Derramo un sin número de lágrimas, y ¿para qué? Al final su madre nunca volvió, al final ella se largó sin importarle dejar a sus pequeños hijos en manos de un loco asesino. Se preguntaba que les pudo haber ocurrido si su padre no los hubiera encontrado.

-Papá.- dijo en voz alta saliendo del trance en que se encontraba.- Papá, por favor ayúdame.

El hecho de creer que su padre tal vez la escuchaba hizo que se calmara un poco.

Cerró sus ojos y cubrió sus oídos para ya no escuchar esa respiración y aquellos susurros que estaban a punto de reventar sus tímpanos, se habían convertido en un molesto zumbido que le daba la impresión de que ni siquiera podía escuchar sus propios pensamientos. Un grito, necesitaba gritar, pero aquella oscuridad seguía sofocándola.

El molesto ruido comenzó a esfumarse lentamente y su mente se fue limpiando de todo el miedo que la estaba consumiendo.


Muchas gracias por leer, con respecto a lo de la madre de Greil y Elena, creo que daré la historia completa después pero aun no estoy segura, pero prometo que si no lo hago en este fic lo hare.

Por favor reviews! Los necesito, me causa depresión el no ver nuevos reviews.