ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.

La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "The Runaway and the Dragon". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.

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Capítulo 2: Verdad.

Myeong se despertó con los cálidos rayos del sol de la mañana de verano. Su pelo oscuro seguía corto, y ella seguía usando ropa de hombre. Sin embargo, ya no se molestaba en atar sus pechos. Con un estiramiento de sus brazos, ella se puso de pie y miró a su alrededor por el pequeño campamento. La brasas de la fogata de la última noche hacía tiempo que se habían consumido. Su bolsa y sus suministros estaban al lado de un árbol. Su compañero rubio estaba a la vista. Myeong se había acostumbrado a que él en momentos al azar se fuera a ver la luna o el sol.

Se movió para encender un fuego nuevo. Zeno regresaría cuando oliera el desayuno.

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El sol estaba en lo alto, castigándoles con el calor mientras caminaban. El sudor resbalaba por la frente y la nariz de Myeong. Ella lo limpió con su manga con molestia. Zeno estaba unos pasos por delante de ella, completamente imperturbable por el sol abrasador. Al oír la respiración cada vez más trabajosa de su compañera, él giró la cabeza hacia ella.

"¿La señorita está bien?"

"Simplemente no estoy acostumbrada a viajar durante el verano."

"No hay prisa. La señorita debe descansar."

Myeong prácticamente se derrumbó en el suelo. Sacó la cantimplora para beber agua ávidamente y disfrutó de la sensación de frescor. Cuando volvió a levantar la vista, Zeno estaba mirando hacia delante con ojos sombríos e intensos.

"Hay bandidos más adelante." Afirmó él.

Myeong palideció.

"No te preocupes." El rubio la sonrió tranquilizadoramente. "Ellos no nos han sentido todavía. Podemos rodearles."

Él estiró su mano para ayudarla a levantarse. Su piel era suave y lisa, no eran las manos callosas de un guerrero. Aún así Myeong se alegró de que la dejara aferrarse a su mano hasta que estuvieran lejos de los bandidos.

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El verano se enfrió lentamente; y las hojas se volvieron de tonos rojos y naranjas. La manta que había sido prácticamente abandonada durante el clima más cálido ahora era un capullo alrededor de Myeong por las noches.

Una mañana particularmente fría Myeong se despertó con el golpeteo suave de un latido de corazón. En algún momento de la noche se había acurrucado cerca de Zeno (y ella se dio cuenta rápidamente de que había sido ella, ya que Zeno estaba en el mismo lugar en el que había caído dormido). Uno de sus brazos estaba levemente envuelto alrededor de ella, protegiéndola del frío. El rostro de Myeong se volvió tan rojo como las hojas que estaban por encima de ellos cuando repentinamente recordó que Zeno era un hombre joven y ella era una mujer joven y bella.

"No hay nada de lo que avergonzarse. Anoche hacía frío."

"Estás despierto."

Por no hablar de que al parecer él la había estado mirando mientras dormía. Su cara se las arregló para sonrojarse aún más.

"Zeno no quería despertarte todavía."

Myeong se sentó y se deslizó lejos, poniendo unos pocos centímetros entre ellos y tirando de la manta más cerca de ella en un intento por compensar la repentina ausencia de calor.

"Lo siento por eso."

"Zeno ya te lo ha dicho." La respondió casi como si le estuviera explicando algo a un niño. "No hay ninguna razón para que la señorita esté avergonzada."

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El olor del agua salada era más profundo de lo que Myeong se había imaginado. La visión de tanta agua, brillando con la luz reflejada, era inspirador. El rítmico sonido de las olas rompiendo contra la horilla tuvo un extraño efecto calmante.

"Guau." Suspiró Myeong mientras sus ojos verdes absorbían la vista.

"Je, así que la señorita puede hacer esa clase de expresión. Qué linda."

"¡E-Es la primera vez que veo el mar!"

"Tal vez la señorita debería ir a descansar a la sombra." Zeno la sonrió mostrando un afilado diente canino. "Tu cara se está poniendo roja."

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La pequeña ciudad portuaria era un lugar lleno de vida. Los pescadores y comerciantes iban y venían continuamente. Los dos viajeros se habían establecido en una posada durante casi tres meses. Ya que ellos no tenían mucho dinero, pagaban la habitación ayudando en la posada.

Myeong suspiró mientras caminaba por el mercado solo por hacer algo. Después de meses deambulando constantemente era un poco extraño permanecer en un lugar durante mucho tiempo. Sin embargo, Zeno no había hablado de seguir adelante. A pesar de que ella estaba comenzando a sentirse inquieta, Myeong tampoco tocó el tema. Viajar durante el invierno era poco atractivo.

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"Hey, Myeong-chan, ¿por qué no abandonas al niño y vienes a cocinar para mí para siempre?"

"¿Quién querría casarse con un hombre que huele a pescado podrido?"

"Eres tan cruel como hermosa." Bromeo el pescador.

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Lo peor del invierno estaba llegando a su fin. Myeong ya estaba preparando los suministros que necesitarían para volver a empezar a viajar.

"La señorita parece excitada." La dijo el rubio. "Zeno pensaba que podrías querer quedarte."

Myeong parpadeó. "¿Por qué querría hacer eso?"

"La señorita ha estado recibiendo propuestas de matrimonio." La respondió con voz burlona antes de ponerse un poco más serio. "Además, el propietario le está rogando a la señorita que se quede como cocinera."

"Prefiero viajar. Hay tantos lugares que quiero ver. Las montañas, la capital de cada tribu, la capital."

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Después de eso parecía que Zeno se había tomado en serio la lista de lugares que ella quería ver. En un año visitaron las capitales de tres tribus.

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"¿Cómo es que, sin importar dónde vallamos, pareces conocer el lugar tan bien?"

"Zeno ha viajado la mayor parte de la vida de Zeno."

"¿Solo?"

Él levantó la vista hacia el cielo, con dolor y arrepentimiento grabados en el rostro. Su mano se extendió hacia el medallón que tenía alrededor del cuello.

"… Hubo un tiempo en el que Zeno tuvo hermanos."

Myeong no se atrevió a profundizar más en el tema.

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Una noche Myeong atrapó a su compañero mirándola con la expresión más extraña que le había visto a través de la fogata.

"Estás más alta." La aclaró cuando le preguntó.

"¿De verdad?"

Ella se puso a su lado para medir la diferencia de altura y sonrió al darse cuenta de que ahora le llegaba al rubio hasta la altura del ojo.

"¡Lo soy!"

Sin embargo, su orgullosa sonrisa se desvaneció cuando la expresión de Zeno cambió a una máscara ilegible.

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La distancia entre los dos aumentó, haciendo estragos en su amistad. Zeno insistió en quedarse en ciudades durante más tiempo y mencionó las ofertas de trabajo y las proposiciones de matrimonio que inevitablemente Myeong estaba recibiendo más a menudo. La tensión finalmente de desbordó una noche lluviosa en una posada.

"Ese farmacéutico parecía impresionado con la señorita, aunque Zeno no estaba seguro de qué quería, contratarte como su ayudante o casarse contigo."

"¿Por qué sigues tocando el tema?"

"… Zeno quiere que la señorita encuentre un lugar en el que pueda ser feliz."

"¡Tú… idiota!" Gritó Myeong lo suficientemente alto como para que el rubio hiciera una mueca. "¡Los dos sabemos que ese no es el motivo por el que estás actuando de esta manera! Si quieres que me vaya, solo tienes que decírmelo."

Loa ojos azules de Zeno estaban muy abiertos por la sorpresa.

"Eso no es-"

"No quiero oírlo ahora." Le interrumpió la mujer antes de girar sobre sus talones y precipitarse fuera por la puerta.

Myeong caminó por las calles de la ciudad, simplemente molesta y prestando atención a medias sobre dónde se estaba dirigiendo. Entre la llovizna constante y la luz gris disminuyendo, no había mucha gente fuera y en vez de eso se refugiaban en varias tiendas y restaurantes.

Si Myeong hubiera estado pensando con claridad, habría visto el peligro y tomado medidas para evitarlo completamente. Sin embargo, solo se dio cuenta de los ojos detrás de ella y los chapoteos cerca una fracción de segundo antes de que su brazo fuera rudamente agarrado. Ella giró la cabeza para mirar a un hombre alto.

"Déjame ir."

"Ahora." Su aliento olía a alcohol. "Eso no sería nada divertido."

Él comenzó a tirar de ella hacia un callejón. Con el corazón latiendo en sus oídos, Myeong clavó los talones en el barro convirtiéndose en un peso muerto. Eso solo frustró al atacante. Él se giró hacia ella, golpeándola en la mandíbula. Myeong se tambaleó hacia atrás. Su mente daba vueltas, pensando desesperadamente una manera de escapar a la vez que él daba un paso hacia ella con aire satisfecho. Sola en la lluvia oscura y brumosa. No podía esperar ayuda si gritaba, especialmente porque las ropas de él parecían caras. Era improbable huir de él. Lo único que había disponible como arma potencial era un cubo junto a la cuneta.

Ella echó a correr hacia él, cogiéndole por sorpresa por su repentino movimiento. Ella cogió el cubo y arrojó su contenido al atacante. Antes de que el hombre ni siquiera pudiera registrar que ahora estaba cubierto de suciedad, Myeong arrojó el mismo cubo y apenas logró golpearle en el hombro. Ella hizo una pausa para luego correr lo más rápido que le permitían sus piernas y rezando porque la distracción hubiera sido suficiente.

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Zeno se sentó tristemente, sosteniendo el colgante de Hiryuu. Esta situación era exactamente lo que se había pasado evitando la mayor parte de su anormal y larga vida. Reflexionó brevemente sobre el tipo de consejos que su rey, Guen, Abi y Shu-ten podrían darle. (Cada uno de ellos le decían cosas como "Has vivido durante todo este tiempo y todavía no te has asentado", salvo Shuten que era el único era grosero al respecto.)

La puerta se abrió. Zeno se volvió a colocar rápidamente el colgante en su cuello y luego se giró para saludar a Myeong, esperando que ella se hubiera calmado. Esas esperanzas se desvanecieron. Su compañera estaba empapada por la lluvia, pálida y temblorosa. Se la estaba formando un gran moretón en la mandíbula. Sus ojos verdes brillaban con miedo.

"Yo-Yo todavía estoy enfadada… Pero…"

Zeno corrió hacia ella, envolviendo una manta alrededor de ella y tirando de ella hacia un abrazo. Myeong lloró sobre su hombro hasta que lo sacó todo fuera. Sus ojos estaban rojos y hinchados, su mandíbula amoratada e inflamada, y su ropa estaba todavía húmeda.

"Debería secarme y cambiarme antes de coger un resfriado."

"Luego te pondré un poco de pomada en eso." La dijo Zeno rozando con sus dedos el hematoma ligeramente. "Voy a estar justo afuera."

Myeong asintió aturdida mientras él salía de la habitación. Una parte de su mente notó el cambio en su forma de hablar, pero ella estaba demasiado agotada como para prestarle mucha atención. La mujer tiró la ropa húmeda, se secó el pelo, y luego rebuscó en su bolsa su ropa de repuesto. Una vez vestida abrió la puerta.

"¿Zeno?"

Él estaba al final del corredor espiando desde un rincón. Al oír su voz, el rubio volvió rápidamente a la habitación.

"Parece que has hecho que el joven Lord de esta ciudad se enfade. Los oficiales están buscándote. Vendrán aquí en cualquier momento."

Myeong cerró los ojos y maldijo internamente al Lord de la pequeña ciudad que pensaba que poseía todo y a todos. "Entonces vámonos ahora. Podemos escabullirnos por la parte de atrás."

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Myeong sabía que salir de nuevo a la lluvia sería malo para su estado, pero no tenían mucha elección. Los dos viajeros giraron por los callejones para esquivar a los oficiales que patrullaban. Al igual que las veces que tuvieron que ir por el camino más largo para evitar bandidos, Zeno agarró firmemente su mano. Ella nunca pensó en él como un luchador o un guerrero. Sin embargo, ahora su postura y sus andares eran similares a los de un soldado experimentado.

Lentamente –algunas veces retrocediendo para evitar ser notados- se dirigieron a la salida de la ciudad. Justo cuando el bosque quedó a la vista, una voz de alarma gritó.

"¡Por ahí!"

Media docena de soldados cargaron contra ellos. Zeno se quitó la bolsa de su hombro entregándosela a ella y luego dio un paso adelante poniéndose entre ella y los oficiales.

"Llega al bosque, señorita."

"Estás a punto de hacer algo estúpido, ¿no es así?"

"Voy a estar bien." Afirmó, como si se tratara de un hecho irrefutable. "Alcanzaré pronto a la señorita."

Tal vez fue por su absoluta confianza. Tal vez fue por su agotamiento emocional y físico. De cualquier manera Myeong creyó en él lo suficiente como para desaparecer en el bosque.

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"Vosotros tenéis mala suerte. Ha pasado mucho tiempo desde que tuve alguien a quien quiero proteger."

"¡M-monstruo!"

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Myeong finalmente consiguió encender un fuego bajo un pequeño saliente de un acantilado. Rápidamente puso un poco de musgo en el centro para evitar que se creara humo y luego se acurrucó tan cerca de la llama como se atrevió. Su cara estaba enrojecida, y se sentía mareada. Su mandíbula aún la dolía. Sabía que tenía que hacer la medicina para la fiebre que había predicho (antes de ser forzada a salir bajo la lluvia de nuevo) y poner ungüento en su mandíbula. Sin embargo, lo único que quería hacer era acurrucarse junto al calor del fuego.

"… Estúpido Zeno… No. Yo soy la estúpida, egoísta… yo sabía que él ya no me quería cerca y aún así utilicé su bondad para poder escapar… Probablemente ahora él está…"

El sonido de alguien arrastrando los pies a través de los arbustos llamó su atención. Myeong se tensó, preguntándose si todo eso había sido para nada después de todo.

"Aquí estás, señorita. A Zeno le ha tomado un tiempo encontrar este lugar."

"¿Zeno?"

El rubio apreció ante su vista. Sus ojos verdes fueron inmediatamente atraídos por sus ropas desgarradas y ensangrentadas. Myeong se levantó y corrió hacia él. Antes de que Zeno pudiera responderla, su camisa dañada fue sacada.

"Estás herido. Déjame-"

Excepto porque donde debería haber estado la herida de la puñalada, su piel estaba entera y lisa. Confundida, Myeong comprobó rápidamente las otras heridas. Cada herida que debería haber tendido según el estado de su ropa estaba igual. Era como si nunca hubiera llegado a haber herida.

Él llevaba un medallón con el diseño de un dragón alrededor del cuello… Excepto porque él no parecía tan joven en ese momento… Una mano agarró el colgante que estaba alrededor de su cuello como si se tratara de un salvavidas arrojado a una persona que se estaba ahogando… "¡No! ¡Zeno es un vagabundo sin rumbo!"… Dolor y arrepentimiento… "Hubo un tiempo en el que Zeno tuvo hermanos."… Sin embargo, ahora su postura y sus andares eran similares a los de un soldado experimentado…

Myeong exhaló lentamente. "Un cuerpo fuerte que nunca podrá ser herido…"

Zeno la miró con sorpresa. Ella parpadeó, dándose cuenta de qué era lo que había dicho exactamente.

"La fiebre debe ser peor de lo que pensaba, para que yo recuerde esa vieja leyenda."

"La señorita está en lo cierto." Él la miró directamente a los ojos. "Yo soy Ouryuu Zeno, el guerrero dragón con un cuerpo inmortal."

Myeong le miró perpleja. Sin tener ni idea de cómo responder a esa declaración, pero Zeno no parecía necesitar una respuesta. Con un ceño fruncido el dragón puso su mano en la frente de ella.

"Sin embargo, la señorita está enferma y herida."

La mujer tomó una respiración profunda. Ella podía pensar sobre las implicaciones de que su compañero de viaje fuera un dragón inmortal de leyenda y lo que eso significaba para su relación más tarde. Aquí había algo que ella conocía y comprendía.

"Es cierto. El ungüento está en la bolsa, al igual que las hierbas medicinales que pueden ser utilizadas para aliviar la fiebre."