ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.

La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "The Runaway and the Dragon". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.

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Notas traducidas de MurkyMuse:

Recibí una solicitud de que me enfocara más en Zeno y en cómo se enamoró de Myeong, por lo que surgió este capítulo. Es más corto, abarca (en su mayor parte) la misma franja de tiempo que el último capítulo, pero desde la perspectiva de Zeno.

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Capítulo 3: Cayendo.

Mientras Zeno se encaminaba hacia la puerta de la ciudad lo último que se esperaba era que la chica le persiguiera. Sin embargo ella le estaba llamando y pidiéndole viajar juntos durante más tiempo. Sus ojos verdes estaban fijos en él, esperanzados. Viajar con compañía era un buen cambio de ritmo. Unas pocas semanas más, hasta que llegaran a una ciudad más lejana, no le haría daño. No tendría buena conciencia si dejara a la chica viajar sola.

"¡Está bien!"

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Las semanas se convirtieron en meses. Ella no mostró ningún interés en permanecer en ninguna aldea, pueblo o ciudad que atravesaron. A medida que el clima se volvía cada vez más frío, Zeno pensó que tendría que guiarla.

La ciudad era un puerto marítimo. La novedad del océano debería encantar a su curiosidad. Como era de esperar, el propietario de la posada estaría encantado de contratar a alguien que pudiera cocinar tan bien como ella lo hacía. Que uno de los pescadores de la ciudad rápidamente se callera de rodillas ante ella debería haber sido un mayor incentivo.

Sin embargo, ella rechazó ambas ofertas y en vez de eso preparó los suministros para continuar con su viaje. Cuando el dragón la preguntó sobre ello su respuesta fue simple. Sus ojos verdes brillaban mientras se imaginaba todos los diferentes lugares.

"Prefiero viajar. Hay tantos lugares que quiero ver. Las montañas, la capital de cada una de las tribus, la capital."

Pasión por los viajes. Ella tenía pasión por los viajes.

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Zeno empezó a llevarla a los lugares que ella había mencionado. Si su curiosidad por el mundo que había más allá de la pequeña ciudad en la que se había criado era satisfecha, naturalmente encontraría un lugar en el que establecerse.

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Ella señaló hacia la rama alta de un árbol. "Nunca había visto un pájaro así. ¿Cómo se llama?"

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"Trae, arreglaré eso." Le tendió la mano y murmuró para sí misma. "Nunca entenderé cómo te las arreglabas antes."

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Sus ojos verdes se lanzaron sobre el mercado como un niño al que le habían ofrecido dulces.

"¡Cuántos libros! ¿Por dónde debería empezar?"

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"Están haciendo trampa."

"Zeno nunca ha prestado mucha atención a este tipo de juegos. ¿La señorita cómo lo sabe?"

"Los dados no deberían estar cayéndose en el mismo lado tan a menudo. Debe tener un peso."

"Hmm… ¡Zeno cree que es divertido!"

"¿Qué estás haciendo? Si les llamas la atención o eres atrapado haciéndoles trampa, ellos van a enfadarse."

"¡Eh, no te preocupes por Zeno!"

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Ellos se encontraron con un comerciante que se había torcido el tobillo. Ella rebuscó en su bolsa.

"Este ungüento te ayudará."

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"Muévete." Ella le dio un codazo.

Zeno se deslizó a un lado y se sentaron juntos en un silencio contenido, mirando juntos la luna de la medianoche.

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"Enséñame a hacer eso."

Su frente se arrugo con determinación por dominar una nueva habilidad.

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"Eso es impresionante."

Su risa era como campanillas en el viento. Zeno sonrió mientras continuaba haciendo malabares.

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Era otra noche fría. Sin decir ninguna palabra ella se acurrucó junto a él. La sensación de su espalda presionándose contra la suya era agradable.

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Por el camino Zeno se olvidó de que debería animarla a quedarse en algún lugar, de que le dejara antes de que pasara mucho tiempo. La revelación le cogió con la guarda baja. Ellos habían estado caminando lado a lado. Se dio la vuelta para mirarla mientras ella le hablaba. Sus ojos azules se encontraron con los verdes, sus ojos estaban al mismo nivel. Ella había crecido. ¿Cuándo había sucedido? Solo habían pasado… Ya habían estado viajando durante más de tres años.

Más tarde durante la noche, mirando a la mujer a través de la fogata, el dragón sintió un antiguo miedo asentarse en la boca de su estómago. El temor enfermizo de ver a sus seres queridos envejecer y morir.

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Zeno estaba seguro de que ella se daría cuenta de que algo estaba mal si seguía cerca de él durante otro año más o menos. Era mejor para ella que se fuera antes de que eso sucediera. Si tan solo el dragón pudiera convencerla sin explicarla la verdad. Sin embargo, cada vez que él sacaba el tema de que ella se quedara en algún lugar ella comenzó a ser más y más reacia. Una tarde lluviosa –con ese miedo burbujeando en su interior- accidentalmente lo llevó demasiado lejos.

"Ese farmacéutico parecía impresionado con la señorita, aunque Zeno no estaba seguro de si quería contratarte como su ayudante o casarse contigo."

"¿Por qué sigues tocando el tema?"

Él hizo una pausa antes de responderla de la forma más cercana a la verdad que pudo. "… Zeno quiere que la señorita encuentre un lugar en el que puedas ser feliz."

"¡Tú… idiota!"

Su fuerte grito y la implicación detrás de él provocaron que él hiciera una mueca de dolor.

"¡Los dos sabemos que ese no es el motivo por el que estás actuando de esta manera! Si quieres que me vaya, solo tienes que decírmelo."

Loa ojos azules de Zeno se agrandaron por la sorpresa.

"Eso no es-"

"No quiero oírlo ahora." Le interrumpió la mujer antes de girar sobre sus talones y precipitarse fuera por la puerta.

Una vez que ella se había ido, Zeno se desplomó contra la pared.

"El problema es que no quiero que te vayas en absoluto…" El dragón se quitó el medallón de Hiryuu y le sostuvo en alto. "No sé qué es lo que debería hacer ahora."

La habitación estaba en silencio. El recuerdo del Rey muerto hacía mucho tiempo no podía darle consejos. Lo mejor que Zeno podía hacer era imaginar lo que su rey o sus compañeros dragones le podrían decir.

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Cuando ella regresó a la posada magullada y temblorosa, su seguridad superó todos sus anteriores pensamientos sobre sus miedos y preocupaciones. De pie en el pasillo mientras ella se cambiaba, Zeno no tardó en notar que los oficiales venían a buscar a la mujer que había insultado al joven Lord de la ciudad. Al igual que la primera vez que se conocieron, su compañera mantuvo la mente clara a pesar el peligro inmediato y reconoció la mejor manera de escapar.

Hay diferentes tipos de fuerza. No tienes que ser un guerrero para ser fuerte. Su rey le había respondido esas palabras a Zeno cuando éste se desesperó por su aparente debilidad a pesar de ser un guerrero dragón.

Su compañera tenía el tipo de fuerza del que le habló el Rey Hiryuu. Sin embargo, a veces ese tipo de fuerza no era suficiente. A veces eran necesarios guerreros.

"¡Por ahí!"

Con media docena de oficiales cargando contra ellos y su compañera fatigada, esta era una de esas ocasiones. Zeno se negó a que su coraje y su astucia se desperdiciaran. El dragón la entregó su bolsa.

"Llega al bosque, señorita."

"Estás a punto de hacer algo estúpido, ¿no es así?"

Su voz estaba llena de preocupación y escepticismo.

"Voy a estar bien. Alcanzaré pronto a la señorita."

Zeno se sintió aliviado al verla llegar hasta los arbustos y desaparecer en el bosque. El dragón cambió su atención a los oficiales que se acercaban rápidamente. Si era sincero, enfrentar a solo seis hombres era decepcionante para alguien que había derrotado a ejércitos enteros. El primero llegó balanceando la espada, golpeando el hombro de Zeno. La fuerza del golpe le hizo tambalearse, pero la herida estaba casi cerrada cuando recuperó el equilibrio. Los oficiales miraron al dragón con confusión y miedo.

"Vosotros tenéis mala suerte. Ha pasado mucho tiempo desde que tuve alguien a quien quiero proteger."