Disclaimer: Fire emblem no es mio (T-T por mas que me duela)


Chapter 12: Dudas.

Sienne era simplemente enorme, llena de pequeños mercados, casas y torres de piedra alzándose hacia el cielo. La gente caminaba de un lado para otro haciendo compras, pero ninguno se detenía a charlar con las otras personas, era como si todos tuvieran mucha prisa. A Elena le daba la impresión de que todos estaban huyendo de algo.

-La capital de Begnion.- dijo Melinda muy contenta, observando todo lo que había a su alrededor.-Que lugar más grande, pero ¿Por qué casi no hay personas?

-Un loco asesino anda suelto, no me sorprende en lo absoluto que las personas prefieran permanecer en sus casas.-dijo Raiu sin quitar la vista del frente.

-¿Falta mucho para llegar a la catedral?- preguntó Elena, se sentía un poco fastidiada.

-No, ya estamos muy cerca.- dijo Ranulf.

-¿Estás seguro que es ahí donde esta papá?- preguntó Greil con el mismo tono de fastidio que su hermana.

-Supongo, y si no, podemos pedir que nos digan dónde está.

-¡Mira lo que se ve allá!- dijo Melinda casi gritando de euforia.

Todos voltearon hacia donde apuntaba la joven. No muy lejos, se lograba distinguir torres de piedra más grandes y gruesas que las demás. Elena no soporto más y salió corriendo en dirección a ese lugar. No tardó mucho en llegar y al tratar de entrar un guardia la detuvo.

-¿Qué es lo que buscas, niña?- preguntó aquel hombre de armadura roja, portando una lanza en su mano derecha.

-Necesito entrar a ver a la emperatriz.- dijo Elena si detenerse a pensar por un momento.- Sé que mi padre está trabajando para ella.

-Lo siento, pero no puedo permitir que una mocosa como tú entre, sería una falta de respeto de mi parte.

-Entonces dígale que la hija de Ike está aquí y que quiere verlo.

-Estás loca. La emperatriz está muy ocupada como para perder el tiempo en tonterías como las tuyas. Mejor vete antes de que me canse y te encierre en el calabozo.- dijo el soldado con voz arrogante.

-Oye, solo necesito que me dejes ver a mi padre.

-¿Elena?- dijo la voz de un hombre que Elena reconoció al instante.- ¿Qué estás haciendo aquí?

Elena se dio la media vuelta y sintió como daba un vuelco su corazón.

-Papi.-corrió y abrazo a su padre con fuerza.-Te extrañe mucho.

-¿Qué haces aquí?- dijo Ike correspondiendo al abrazo de su hija, su voz no pudo ocultar la confusión.- ¿Dónde está tu hermano? No me digas que viniste hasta aquí tu sola.

-No, el vino conmigo y Raiu también y el tío Soren y el tío Ranulf también.- dijo mientras soltaba su padre.-Pero ellos se quedaron atrás, no tardaran en alcanzarme.

-¿Saliste corriendo?- preguntó Ike, sus ojos azules como zafiros no podían ocultar la confusión.

-¡Elena!- gritó alguien a sus espaldas.- ¿Por qué saliste…?

Las palabras de Greil se quedaron atoradas en su garganta al ver a su padre.

-Papá.- se acercó a él y le dio un abrazo menos cariñoso que el de Elena.-Me da gusto verte, padre.

-A mí… también me da gusto.-Ike correspondió al abrazo de su hijo.-Pero necesito que me expliquen qué está pasando.

-Bueno…, eso mmm…- comenzó a balbucear Greil. Ike lo miro con seriedad por un instante lo que hizo que Greil se pusiera más nervioso.

-Tus hijos y mi hijo nos desobedecieron.- dijo Ranulf que acababa de llegar.

-Ranulf, Soren.- dijo Ike con una cara seria.- ¿Por qué los trajeron?

-Ya te dije que nos desobedecieron.

-¿Cómo te va, tío Ike?- dijo Raiu con una sonrisa en su rostro.

-Hola Raiu.- dijo Ike sin inmutarse.

-Entonces es usted el señor Ike.- dijo Melinda con su típica alegría.-Un gusto conocerlo, me llamo Melinda y soy amiga de su hija.

-Mucho gusto. Soren, Ranulf, tenemos que hablar sobre esto. Ahora- Ike lucia algo molesto.

Los tres hombres se alegaron y comenzaron a discutir en susurros. Los tres lucían preocupados y molestos al mismo tiempo.

-Creo que tendremos muchos problemas.- musitó Greil desanimado.

-Ni que lo digas.- Elena sabía, por la cara de su padre, que no les esperaba un día precisamente feliz. Probablemente, después de recibir el sermón de su padre, les esperaba su castigo, y lo más seguro, un largo viaje de vuelta a casa.- ¿Por qué papá no quería que viniéramos?

Los tres adultos terminaron de hablar, Ike parecía ser el más molesto de todos.

Observo a sus hijos por uno instante.

-Están en problemas.- dijo Ike con un tono de voz tan frio que Elena nunca había escuchado en él.

Los pasó de largo y hablo con el guardia. Se hizo a un lado para que Ike pudiera pasar y les hizo señas a los demás para que entraran. Todos lo siguieron, Elena y Greil iban con la mirada baja y no dijeron ni una sola palabra en todo el recorrido.

Caminaron por largos corredores con pinturas de paisajes que estaban colgados en las paredes, cruzaron un enorme y hermoso jardín hasta llegar a una puerta de madera barnizada y enorme.

-Ranulf, Soren, acompáñenme.- dijo Ike dándose la vuelta y mirando con severidad a sus hijos.- Greil, Elena, no se muevan y no hablen con nadie, traten de obedecerme esta vez.

Ike, Ranulf y Soren entraron a aquel lugar, cerrando la puerta y dejando a los jóvenes afuera de la estancia.

-El tío Ike realmente se ve molesto.- dijo Raiu muy serio.-Creí que no se enfadaría tanto porque a fin de cuentas ustedes son sus hijos y hace como más de diez meses que no los ve.

-Papá nunca nos había hablado en ese tono tan frio y cortante.- dijo Elena con una voz que denotaba su tristeza. Se sentía pesimamente mal por haber provocado que su padre se enfadara de esa manera, pero lo cierto era que nunca se había esperado una reacción así.

-Tranquila, lo que pasa es que lo sorprendieron.- dijo Melinda tratando de animar a su amiga.- Pero ya verás que después estará como si nada hubiera pasado.

Un nudo en la garganta le impidió responder al comentario de Melinda, por lo que se limitó a dirigirle una débil sonrisa.

Greil se mantenía con la mirada perdida en alguna parte de aquel lugar tan enorme. No formulaba palabra alguna, pero Elena sabía que era lo que le ocurría, simple y sencillamente, estaba sintiendo y pensando lo mismo que ella.

Permanecieron bastante tiempo en el mismo lugar hasta que, por fin, las puertas se abrieron, dejando ver a los tres adultos que habían entrado al principio.

-Melinda, Raiu. Soren y yo los llevaremos a sus habitaciones.- dijo Ranulf con una pequeña sonrisa.- Elena, Greil. Su padre hablara con ustedes.

Soren, Melinda, Raiu y Ranulf caminaron de una manera titubeante y volteaban a sus espaldas hasta perderse de vista. Ike miraba sus hijos de una manera que no era necesario decir palabra alguna para saber lo molesto que estaba. Era una mirada fría y sin expresión alguna y más penetrante que nunca.

-Vengan.- dijo por fin en un tono cortante.

Sin reprochar nada, los hermanos siguieron a su padre, quien los guio hasta unas escaleras de piedra no muy largas, llegaron a otro largo corredor con ventanas grandes del lado izquierdo y puertas del otro.

-Aquí dormirás tú, Elena.- dijo Ike señalando la habitación del lado contrario a las ventanas.

Elena se limitó a asentir con la cabeza pero no se atrevió siquiera a girar la cabeza para ver el lugar señalado por su padre.

Siguieron caminando hasta llegar al fondo del corredor, doblaron a la derecha para encontrar otras escaleras de piedra, esta vez más largas que las anteriores. Subieron y llegaron a otro corredor muy parecido al primero. Caminaron por lo menos hasta la mitad, cuando Ike se detuvo y abrió la puerta.

-Entren.- dijo haciéndose a un lado para que los muchachos pudieran pasar.-Esta, será tu habitación, Greil.

Ike entró a la habitación después de sus hijos y cerró la puerta, camino hacia el frente y después se dio la vuelta.

-¿Por qué me desobedecieron?-dijo mirando a Greil y a Elena de una manera tan fría capas de congelar las cuevas Kauco.

-¿Por qué te parece tan malo que hayamos venido?-dijo Elena en un tono calmado y mirando a su padre a los ojos.

Al hacer esa pregunta, dio la impresión de que Ike jamás se la huera esperado. Les dio la espalda a sus hijos.

-Elena, te hice una pregunta y quiero que la respondas.

-¿Si respondo tu pregunta tu respondes la mía?- dijo de la misma manera calmada.

-Es suficiente,-Ike se dio la vuelta y se acercó a Elena viéndola con enfado.- deja de comportarte como si fueras una niña pequeña.

-Entonces deja de tratarnos como si lo fuéramos.- musitó Greil, atrayendo la atención de su padre.- ¿Por qué nos tratan como si fuéramos niños idiotas que no nos damos cuenta de nada?

Ambos se miraron a los ojos, con la mirada determínate y penetrante que compartían. Al final, fue Ike quien la desvió, se dio de nuevo la media vuelta y suspiro profundamente.

-Dejaste de enviarnos noticias.- dijo Elena con una voz apagada y sin ninguna emoción.- Estuvimos sin saber de ti como por más de dos meses y medio. Y ahora que te volvemos a ver, después de diez meses, nos tratas como si hubiéramos hecho algo realmente malo.

-Es que sí lo hicieron.- dijo Ike en un susurro, pero lo suficientemente alto para sus hijos lo escucharan.

-¿Por qué?- Elena hizo un esfuerzo monumental para que su tono de voz se mantuviera firme, como se lo había heredado su padre, aunque era cuestión de tiempo para que se quebrara.- ¿Por qué es tan malo que hayamos venido a buscarte? ¿Por qué dejaste de enviarnos noticias? En realidad ¿Por qué lo único que nos decías siempre era que estabas bien y que volverías pronto?

-¿Por qué vinieron?- insistió Ike aun sin darse la vuelta.- Creí haber sido muy claro cuando les dije que me esperaran, que se quedaran en casa hasta que yo volviera.

-Y te esperamos por diez meses.- dijo Greil de una manera fría.- ¿Qué es exactamente lo que está pasando? Nunca nos dijiste que era lo que ibas a hacer o a que parte de Tellius vendrías.

-No entienden nada.- a pesar de que Ike estaba de espaldas, Elena pudo ver como frotaba su frente con una mano.-Nunca debieron haber venido.

-No, la verdad no entiendo nada de lo que está pasando- la voz de Elena por fin sucumbió y se quebrantó un poco, pero de nuevo se esforzó por volver a su tono firme.-O tal vez no quiero entender.

-Volverán a casa mañana.-murmuró Ike.

Elena no espero a que su padre dijera algo más y salió de la habitación. No sabía exactamente a donde correr, el lugar era enorme y la verdad era que no recordaba el lugar donde estaba su habitación. De una manera u otra, se las arregló para terminar afuera, en un jardín enorme con rosas blancas y rojas, pequeños arbustos esparcidos en las orillas y arboles enormes y muy verdes. Una fuente grande de piedra, adornaba el centro de aquel lugar, dándole un aspecto relajado y reconfortante.

Elena se acercó a la fuente y se puso de rodillas frente a ella, jugando con el agua que había en el interior. Las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos, haciendo que su visión comenzara a distorsionarse. Se mordió el labio para acallar los pequeños sollozos que comenzaban a inundar su boca. Cerró sus ojos, cruzo sus brazos en el borde de la fuente y recostó su cabeza en ellos.

-No vas a llorar.- murmuró para sí misma. Un sabor metálico se hizo presente en su boca, había mordido su labio con tal fuerza que comenzaba a sangrar, pero no le importó en lo absoluto, sus dientes lo aprisionaron con mayor intensidad, como si eso contuviera las lágrimas, como si eso evitara que las lágrimas comenzaran a brotar de sus ojos y a resbalar libremente por sus mejillas. El sabor a sangre se volvió más intenso, pero ella, de igual manera, no desistió.- No seas estúpida, llorar es estúpido y no sirve de nada, el llanto solo es el reflejo de tus debilidades y un arma más para que tus enemigos te destruyan. No debes llorar otra vez, ya no.

-¿Te puedo ayudar en algo?


Por fin, aparecio mi heroe jiji. En fin, muchas gracias por regalarme un poquito de su tiempo y leer esta historia.

Un agradeciomiento especial a hydelink por toda la ayuda que me brinda.

Por favor, sus reviews son los que me hacen seguir escribiendo esta historia, son lo que me impulsa a exprimir mi cerebro para poder escribir jaja.