Hola! Estoy aquí con otro capítulo de mi fic. Creo que me tardare en subir el siguiente, pero no será mucho tiempo, no se preocupen. Es que me he emocionado mucho jugando The Legend of Zelda Ocarina of Time para el 3D'S y creo que he descuidado un poco mis fics. Pero deberían de ver ese juego, es una maravilla, no hay cambios de la versión original más que los gráficos (son tan bonitos, todo los detalles se ven hermosos) y una cosilla simple que no es relevante en lo absoluto.

Anyways, no estoy aquí para hablar de eso sino para publicar el capítulo 16.

Disfrútenlo!

Disclaimer: Fire Emblem no es mío

Por cierto, ya saben sobre el nuevo juego de Fire Emblem, estoy que no quepo de la emoción, espero que ese juego sea lanzado fuera de Japon.


Chapter 16: Infierno en el desierto.

El cadáver de un hombre de cabello corto y color castaño yacía en el suelo, boca arriba, con una expresión de terror en su rostro, con sus ojos azul claro, sin brillo e inexpresivos, mirando en dirección al cielo nocturno, como esperando que alguien bajara en su ayuda. Hasta donde la arena permitía ver, aquel hombre tenía heridas por todas partes. Su cara estaba completamente cortada y daba la impresión de que le faltaba un brazo. La luz de la luna hacía que la sangre brillara ligeramente.

-La sangre de sus heridas no está completamente seca.-dijo Soren que se había acercado al cuerpo de aquel hombre.-Esto es resiente.

-No se separen mucho.-advirtió Ike desenvainando su espada de hoja dorada y empuñadura negra, mirando a los alrededores.-No bajen la guardia ni por un segundo, estas personas son muy hábiles.

-¿Cuántos creen que sean?-preguntó Melinda con un ligero toque de emoción en su voz pero manteniéndose seria y sujetando con fuerza una Wo Dao que parecía recién afilada.

-Espero que no muchos.-musitó Elena, quien observaba a su al rededor sujetando firmemente su espada de acero y sintiendo como su corazón se aceleraba por la emoción y el nerviosismo.

No pasó mucho tiempo cuando una ráfaga de viento, que parecía formar cuchillas de color verde, estuvo a punto de envestir a Ranulf, quien, ágilmente, se quitó justo a tiempo para evadir el ataque.

-¿De dónde salió eso?-preguntó Ranulf, reponiéndose de la sorpresa.

El suelo arenoso comenzó a brillar tenuemente. Una especie de runas comenzaron a formarse y seis espadachines, con antifaces color vino y que parecían estar hechos de cristal, aparecieron, blandiendo espadas de hojas relucientes de color negra y empuñadura color vino. Los siguientes en aparecer fueron tres magos, cubiertos con capas negras y también con antifaces como las de los espadachines.

-Perfecto.- murmuró Ike con un dejo de sarcasmo en su voz.

-Eres tan predecible.-dijo una que parecía salir de ningún lugar.-No me resultó difícil planear una emboscada. Me has causado muchos problemas, comandante Ike.

Un joven hombre y apuesto, de ojos color verde que brillaban bajo la luz de la luna como si fueran los de un gato y cabello rubio claro, apareció justo enfrente de los magos y espadachines. Llevaba un antifaz igual a la de los demás y sostenía una lanza de plata.

-Con que las sospechas de Sanaki eran ciertas.-dijo Ike con voz calmada y firme.-Tú estás detrás de todo esto. Pero hay algo que no entiendo, ¿Qué tenía que ver la familia real de Crimea en todo esto? ¿Por qué trataste de matar al hijo de Geoffrey?

-Eres una persona tan mal educada, mercenario asqueroso.-dijo el hombre con una sonrisa de superioridad en su rostro.-No aprendes que tienes que tratarme con respeto. Soy un duque.

-A mí no me importa si tienes algún título de nobleza.-dijo Ike subiendo el tono de voz.-Lo único que veo en ti es que eres una persona arrogante que no merece ni la más mínima señal de respeto. Eres un asesino.

-No, yo no soy un asesino.-dijo el hombre, negando con la cabeza.-Seria más prudente usar el término de…

-Demente.-saltaron Ranulf y Raiu al unísono.

-Visionario.-dijo Nabor, como dándose aires de grandeza e ignorando por completo el comentario de los laguz-Sí, eso es lo que soy. Un visionario. Yo solo busco el bienestar de las personas.

-Solo dices tonterías.-profirió Ike, mirando a Nabor directo a los ojos.-Eres capaz de matar a personas inocentes para conseguir tus estúpidos fines egoístas y sin sentido

-¡No me hables así!-espetó Nabor, quitándose la máscara que cubría parte de su rostro y mirando a su adversarios con ira.-Las personas como tú, ignorantes e insolentes, no merecen respirar el mismo aire que nosotros. Por eso, tendremos que acabar contigo y con todos los otros obstáculos que se interpongan en mi camino.

De la nada, un libro aparición en las manos de Nabor. Un libro con cubiertas color vino y un sello color dorado.

-Es igual al mío.-murmuró Elena para sí.

Nabor comenzó a revisar las páginas y dos guerreros con hachas aparecieron de la misma forma que los demás. Antes de que alguien pudiera hacer algo, todos los espadachines magos y guerreros se les vinieron encima a Elena y los demás.

-¡Yo me encargare de Nabor!-dijo Ike, haciendo que su voz se escuchara sobre los gritos enfurecidos de los otros guerreros.-Sanaki lo quiere vivo.

Otras tres runas aparecieron en la arena y tres arqueros y otro hachero hicieron acto de presencia. El lugar iba a convertirse en una auténtica carnicería, con hechizos de viento, trueno y fuego saliendo disparados en todas direcciones, sonidos metálicos producidos entre los contactos de las armas y flechas volando a gran velocidad tratando de derribar al que no fuera ágil para apartarse a tiempo.

-Maldición.-musitó Greil cuando una flecha pasó zumbando sobre su cabeza.- ¿De dónde salen estos sujetos?

-Greil, Nabor tiene un libro igual al mío.-dijo Elena, haciendo un corte vertical en el pecho de un hachero para después girarse rápidamente y enterrar la espada en el vientre de otro.

-¿Estas segura?-preguntó él, bloqueando el ataque de un espadachín, para después darle una patada en la boca del estómago y hacerle un corte horizontal en todo el pecho, provocando que la sangre salpicara un poco su ropa.

-Sí, es el mismo. Tiene el mismo sello y las cubiertas son del mismo color.-dijo, mirando a su alrededor y percatándose de algo que no había visto.

El suelo debajo de ellos brillaba tenuemente, un ligero brillo dorado que se extendía a varios metros lejos de ellos, como formando un circulo que nadie más parecía notar. Miró como su padre se batía en duelo con varios espadachines a la vez, acabándolos con una facilidad impresionante, mientras que Nabor lo observaba con una sonrisa maliciosa en su rostro, y como más guerreros aparecían a su alrededor, impidiendo que Ike se acerque a él.

La arena comenzaba a teñirse de un color carmesí y la luz dorada brillaba con mayor intensidad cada vez que alguien caía al suelo sin vida. El olor a sangre comenzaba a inundar el lugar, haciendo que Elena sintiera nauseas, simplemente era anormal e increíblemente fuerte.

Un dolor punzante en su hombro derecho la hizo reaccionar, un arquero le había enterrado una flecha que probablemente iba dirigida a su pecho, para después ser asesinado por Ranulf, quien al parecer no se percató de que aquel sujeto había herido a la joven. Elena ahogó un grito de dolor, mordiendo su labio y murmurando todas las maldiciones existentes en su vocabulario. Sujetó la flecha con fuerza y la sacó limpiamente, seguida de un chorro de sangre y un poco de un líquido negro y espeso. No iba a poder utilizar su brazo derecho con la misma fluidez durante el resto de la batalla, lo peor era que ella era diestra. Además, el veneno de la flecha no tardaría en hacer su efecto. Buscó a Melinda con la mirada, pero ella estaba muy ocupada peleando con un hachero de tamaño descomunal, por lo que no podría curarla por el momento.

Se incorporó lo bastante rápido para esquivar un mandoble por parte de un espadachín, pero el blando suelo complicaba las cosas. No se encontraba ni las condiciones ni en posición para contraatacar y mucho menos estaba acostumbrada a pelear en un lugar así, el dolor en su hombro empezó a quemarle y su visión le estaba jugando bromas, ya que comenzaba a ver siluetas extrañas saliendo de la arena, cosa que atribuyo al efecto del veneno. Decidió esquivar y cubrir las estocadas del espadachín, pero los movimientos rápidos de su adversario provocaron que callera de espaldas en la arena. El espadachín se dispuso a atacar con otro mandoble que ella logro bloquear, apenas ella logrando sentarse en el suelo, pero no sabía si aguantaría mucho, solo podía usar un brazo, el izquierdo, y aquel hombre tenía bastante fuerza. Por si fuera poco, unos gritos, risas y llantos comenzaban a lastimarle los tímpanos. Su respiración era pesada y su cabeza dolía. Cuando estaba a punto de darse por vencida, una ráfaga de viento golpeó al espadachín, enviándolo a volar varios metros lejos de ella.

-Elena, ¿te encuentras bien?-preguntó Soren, ayudándola a ponerse de pie.

-Sí, pero tío, ¿Qué es esta luz?-preguntó mirando al suelo que cada vez brillaba más. Viendo como la sangre se esparcía, cubriendo la arena, escuchando gritos agonizantes y carcajadas estridentes y diabólicas.-Y todos esos gritos… me están volviendo loca.

-¿De qué hablas?-inquirió Soren mirándola con confusión.

-La… la luz en el suelo.-señalo ella, comenzando a perder la calma y a sentir dolor en todo su cuerpo, como si se quemara de adentro hacia afuera. A respirar con dificultad. Las náuseas que sentía se volvían peores ya que el olor a sangre se hacía más fuerte y se mezclaba con algo que parecías ser podredumbre.- ¡¿Qué acaso no la vez? ¡Brilla más conforme las personas mueren y… los gritos y las risas…!

-¡Elena!-Soren la tomo por los hombros y la zarandeo un poco.- ¡Cálmate!

-¡No, no! ¡Todos tienen que dejar de pelear!-gritó, tratando de que su tío le prestara atención. Comenzando a sentir una desesperación que nunca antes había sentido. Los gritos y las risas se volvían más fuertes a cada instante, sintiendo como si sus tímpanos fueran a estallar y la luz comenzaba a lastimar sus ojos. Personas que salían de la arena, cuerpos cubiertos de sangre y totalmente mutilados que se le echaban encima, pidiendo por ayuda, tomándola por el cuello, los tobillos y brazos, aferrándose a ella como si de ello dependiera la poca vida que les quedaba, mientras que la joven solo trataba de quitárselos de encima.- ¡La luz está brillando más, la sangre hace que brille más! ¡Y los gritos, esos malditos gritos y risas, ya no los soporto! ¡Las personas quieren salir de la arena! ¡Están enterradas en la arena! ¡Tienes que sacarlos, Soren! ¡Diles… diles que me suelten! ¡Yo no quiero ir con ellos! ¡No quiero!

-Elena, princesa.-dijo la voz de otro hombre que la tomo por las mejillas, obligándola a mirarlo a los ojos.-Cálmate. Quiero que te calmes y me escuches.

Elena miro directo a los profundos ojos azules de su padre y se fue calmando de poco a poco.

-Ya término.-dijo Ike mirándole y sin soltar su rostro.-Termino, estarás bien.

-¡Papi!-exclamó ella, abrazándolo fuertemente por la cintura, ignorando el dolor de cabeza, el de su hombro, oídos, ojos, las náuseas… sintiendo como todos los ruidos se fueron apagando, viendo como la luz iba disminuyendo, como las siluetas de las personas mutiladas se desvanecían como humo hasta desaparecer por completo. Elena escuchaba el corazón de su padre, claramente acelerado.-Las… voces. Las personas… quieren… llevarme.

-Nadie te va a llevar, mi amor.-respondió Ike, abrazándola fuertemente.-Todo está bien, mi princesa. No dejare que te lleven.

Sus parpados comenzaron a sentirse pesados y todas las voces de sus conocidos iban extinguiéndose, volviéndose más ajenas a ella. Su cuerpo se volvía más ligero y el dolor se desvanecía.

De pronto, se veía a ella misma, pero más pequeña, como cuando tenía cuatro años. La pequeña Elena estaba sentada en el suelo, en un pequeño cuarto con dos camas de cobijas blancas, jugando con una delgada y brillante cadena de oro blanco que colgaba de su cuello, observando el dije de zafiro con forma de estrella, aquella joya que combina perfecto con sus ojos.

Se puso de pie y camino hacía la cocina, mientras que la Elena mayor se dispuso a seguir a su yo joven, encontrándose con una mujer bella, de cabello largo y negro, y ojos gris oscuro y sin brillo, resaltando en su piel blanca y de apariencia suave.

La pequeña Elena jalo su falda en un intento por llamar su atención. La mujer se dio la media vuelta y con una mirada de ternura fingida, cargada de odio, arrodillándose para quedar a la altura de su hija.

-¿Qué quieres, niña?-preguntó con ese mismo tono de compasión que solo escondía desprecio, ese tono que Elena llego a repudiar tanto.

-¿Dónde está papi?-preguntó ella, mirando a su madre, con una mezcla de cariño y miedo.

-Niña, tu padre no está aquí.-respondió ella, peinando el cabello largo y azul oscuro de su hija.- ¿Y sabes porque? Porque los odia. Te odia a ti y a tu hermano porque arruinaron su vida.

Los ojitos azules de Elena comenzaron a llenarse de lágrimas, mientras que la Elena mayor apretaba sus puños y miraba con odio a la mujer que se suponía era su madre.

-No, no seas estúpida.-dijo la mujer con falsa lastima.-Llorar es estúpido, eso no va a hacer que tu papi te quiera, eso no va a cambiar las cosas. Tienes que dejar de ser estúpida y darte cuenta de que tu padre te odio a ti y a tu hermano.

-Eso no es cierto.-dijo la voz firme de un niño.-El solo te odia a ti.

Parado justo detrás de su hermana, estaba el pequeño Greil, mirando a su madre con esos profundos y brillantes ojos azules, la luz que se colaba por la ventana hacia que el dije de zafiro con forma de rayo que llevaba en el cuello brillara más.

Al instante, la pequeña Elena se fue atrás del pequeño Greil. Después de su padre, él era la persona que la hacía sentirse segura.

-Pobre de ti, pequeño.-dijo la mujer sonriendo maliciosamente.-Tan inocente.

-Eres una bruja.-musitó Greil, sin bajar la mirada.-Mi padre te odia porque eres eso, una bruja malvada y egoísta. No te quiere y nunca te va a querer.

El rostro de la mujer se llenó de ira y se acercó amenazantemente a su hijo.

-Si solo me odiara a mí, ¿no crees que estaría aquí con ustedes todo el tiempo?-dijo, apretando la mandíbula como si tratara de contener su ira, mirando con odio al pequeño que se mantenía firme y sin inmutarse.

-No te quiero.-dijo Greil.-Bruja fea.

-¡Eres un mocoso insolente!-espetó su madre, alzando la mano dispuesta a darle una bofetada.

Elena estuvo a punto de moverse para evitar que su madre golpeara al recuerdo de su hermano pequeño, pero alguien reacciono primero que ella.

-No te atrevas a tocar a mi hijo, Hikari.-dijo una voz varonil, sujetando con fuerza la muñeca de la mujer, impidiéndole golpear al niño, que seguía sin tener un rastro de miedo en sus ojos.

-Amor.-dijo la mujer, poniéndose de pie.-Que gusto verte.

Hikari hizo un intento por besar a Ike, quien se hizo a un lado, soltándole la muñeca de una manera ligeramente agresiva y mirándola de la misma manera en que la miraba su hijo minutos atrás, pero siendo la del hombre la más atemorizante, ya que no había rastro alguno de la inocencia que tenían los ojos de su hijo

-¡Papá!-dijeron los mellizos, abrazando las piernas de Ike.

-Hola, pequeños.-respondió él con cariño, alzando a su hija en brazos y desordenando el cabello negro azulado de Greil, para después sujetar su manita.

Justo detrás de él estaba Soren, con la típica mirada inexpresiva de siempre.

-Hola tío Soren.-dijeron los mellizos al unísono.

Él les respondió con una pequeña y casi imperceptible sonrisa, pero que para Elena significaba mucho, ya que el mago no demostraba sus sentimientos tan fácilmente.

-¿Comerás aquí?-preguntó la madre de Elena, con ese maldito tono de hipocresía y fritando distraídamente su muñeca, ligeramente enrojecida.

-No.-respondió Ike en tono cortante, alejándose, dispuesto a salir de la casa con sus dos hijos.

Elena observaba como su padre y su tío se alejaban, llevándose a su hermano y a la pequeña Elena, dejando a su madre sola.

La mujer apretaba los puños y miraba con odio hacia la puerta.

-Malditos.-murmuró, con la rabia claramente reflejada en su rostro.-Los tres son unos malditos. Pero te juro por mi vida que esto no se va a quedar así, Ike. Me voy a cobrar con tus malditos hijos por haberme despreciado. ¡Te lo juro por mi vida, maldito bastardo!

Sin inmutarse, Elena seguía contemplado a su supuesta madre, viendo como el rostro de la mujer se deformaba con la ira y como apretaba sus puños con fuerza a tal grado que comenzaban a sangrar.

-Ni Greil ni yo somos culpables de lo que mi padre mi padre no te amara-dijo Elena, con voz apagada.

Una luz tenue comenzó a molestarle en sus ojos. Unas voces se escuchaban a lo lejos, como susurros.

-Aún está dormida.-dijo una voz femenina que Elena reconoció al instante.

-Está soñando.-dijo otra voz, esta vez masculina.

La escena donde su madre estaba gritando como loca y quebrando toda cristalería que se cruzara en su camino se fue desvaneciendo lentamente y las voces se hacían más fuertes.

-¿Cómo lo sabes?-preguntó otra voz masculina.

-No se.-respondió Greil.-Solo sé que está soñando.

-¿Y es un sueño lindo o es una pesadilla?-cuestionó Melinda alegremente.

-No es bonito, pero tampoco es una pesadilla.-dijo Greil en voz baja.

-Ustedes dos son… raros.-dijo Raiu en un tono de confusión.

-¿Qué hacen aquí?-se escuchó la voz de Ranulf.-Muchacho, deja en paz a tu hermana.

-Solo quería asegurarme de que estaba bien.-se defendió Greil.

-No te preocupes.-dijo Elena, sentándose en la cama y frotando sus ojos.-Ya estoy bien.

-Hermana.-dijo Greil con una sonrisa de alivio en su rostro y dándole un abrazo.-Por fin despertaste.

Elena no dijo nada, pero sí abrazó a su hermano con fuerza.

-Es la hija de Ike, no será tan sencillo deshacerse de ella.-dijo Ranulf, sonriéndole amablemente.-Le diré a tu padre que ya despertaste.

-¿Te sientes bien?-preguntó Greil, soltándola y mirándola a los ojos con un poco de preocupación.

-Sí.-dijo ella con calma.-Pero ¿Por qué se preocupan tanto? Solo me quede dormida y ya.

-Elena, llevas dormida como dos días.-dijo Melinda, por primera vez, en un tono completamente serio.

-¡¿Qué?-exclamó la joven, haciendo un intento por levantarse de la cama, para después ser detenida por los fuertes brazos de su hermano.- ¿Cómo que dos días? ¿Qué fue lo que pasó?

-Cuando el tío Ike atrapo a Nabor, el tío Soren vio que tú estabas teniendo problemas con un espadachín que se nos había escapado.-relató Raiu con calma.-Te lo quitó de encima y luego tu empezaste a gritar algo de una luz y de unos gritos y que la sangre no sé qué y que teníamos que dejar de pelear. Soren trato de calmarte pero no lo logro, hasta que tu padre se acercó a ti, y luego perdiste el conocimiento.

-Nos preocupaste mucho.-dijo Greil.-Todo había terminado ya, pero tú seguías gritando que escuchabas llantos y que dejáramos de pelear. Papá estaba pálido, nunca lo había así.

-No… recuerdo haber gritado tanto.-dijo Elena en un susurro lo suficientemente alto para que los demás la escucharan.

-Pero sí lo hiciste.-dijo Melinda acercándose un poco más a la cama, mordiendo su labio como si dudara seguir hablando.-Parecías… parecías loca. Soren te zarandeaba y pero tú no te callabas. Decías que había personas en la arena que te estaban llamando y que los tenían que desenterrar, que te estaban pidiendo ayuda y que te querían llevar. Aun cuando estabas inconsciente murmurabas cosas extrañas en lengua antigua que nadie lograba comprender, ni siquiera Soren.

-Creo que recuerdo lo de las personas enterradas.-dijo Elena con una sensación horrible en el pecho y estómago, como si un agujero se estuviera formando dentro de ella.-Pero definitivamente no recuerdo nada de hablar en lengua antigua.

-La flecha con la que te hirieron estaba envenenada.-dijo Melinda aún muy seria.-Tal vez estabas delirando.

-Sí, eso fue lo que pensé…-dijo Elena algo insegura.


Ahí lo tiene, espero que les haya gustado.

Muchas gracias por leer y muchas gracias por los reviews que ya recibí y espero los de este capítulo.

Nos leemos después.

Chao! Adios! Bye! Sayōnara! Arrivederci!