He vuelto con otro capítulo de mi fic. No sé si los hice esperar mucho, pero si fue así, me disculpo, pero es que entre la escuela, las prácticas de Tennis, los problemas con el internet y los nuevos videojuegos (por fin conseguí Fire Emblem Shadow Dragon n.n) se me complican las cosas. En fin, no quiero aburrirlos con cosas sin sentido, mejor lean el capítulo para que me digan si todavía les quedan ganas de seguir con esto.

Disclaimer: Creo que es obvio pero lo diré de nuevo. Fire Emblem no me pertenece porque si fuera así todos y cada uno de los juegos hubieran salido en América y habría hecho un remake de Fire Emblem The Sacred Stones y Rekka no Ken para el 3DS.


Chapter 17: ¿Aliándose con el enemigo?

-¿Elena?-dijo una voz desde la puerta.

-Papá.-dijo ella, mirándole con algo de desconcierto.

Ike le abrazó con fuerza, gesto al que ella correspondió.

-Bien, ustedes tres, acompáñenme.-dijo Ranulf refiriéndose a los otros tres muchachos.-Tenemos que dejar que Elena charle con su padre, cosa que es difícil cuando hay pájaros en el alambre.

A regañadientes, Greil, Raiu y Melinda abandonaron al habitación junto con Ranulf, cerrando la puerta tras de sí.

-¿Te sientes bien?-preguntó Ike, soltando a su hija, pero mirándole directo a los ojos.

-Sí, pero estoy algo confundida.-respondió ella, también mirando a los ojos de su padre y rogando porque no le preguntara algo que ella no quisiera contestar.-No recuerdo con claridad lo que paso.

-Elena, ¿dime todo lo que recuerdes?-pidió Ike

-Bueno…-Elena no quería decir nada, pero la mirada profunda de su padre tenía mucho poder sobre ella.-Comencé a ver una luz dorada en el suelo. Conforme moría más gente, la luz brillaba más.

-¿Y qué más?-inquirió Ike con seriedad.

-Escuchaba gritos, risas y llanto.-Elena estaba hablando casi en susurro, sentía que no debía de decir nada, pero con la mirada de su padre era imposible mentir.-Y había personas que salían de la arena.

-Y qué me dices mientras estabas inconsciente.-preguntó Ike sin dejar de mirar los ojos de Elena.- ¿Recuerdas lo que soñaste?

-Solo… solo recuerdo uno.-asintió la joven con voz apagada.-Era sobre… Hikari.

-¿Soñaste con tu madre?-dijo Ike algo sorprendido.

-Sí, pero no era nada importante.

-La última vez que soñaste con ella tenías ocho años.-Ike desvió la mirada.-Cuando aún me tenías confianza.

Elena no entendió las palabras de su padre, por lo que se quedó callada, haciendo que su padre volviera a mirada.

Ike dio un profundo suspiro y sacó algo de una mochila. Elena sintió como el corazón se le venía a la garganta cuando su padre sujetó un libro color vino en su mano.

-Quiero que me digas en donde obtuviste esto.-dijo con voz calmada y mirando a su hija nuevamente.

Elena bajo la mirada, incapaz de sostenerla, pero Ike la tomo por la barbilla para que lo volviera a mirar.

-No me bajes la mirada.-dijo con calma.-Por favor, dime donde conseguiste esto.

No había nada que pudiera hacer contra los ojos tan profundos y serios de su padre, no le podía mentir cuando la miraba de esa forma, cosa que él sabía perfectamente, ya que no le permitía desviar la mirada. Ahora no estaba su hermano para salvarla, tenía que decir la verdad.

-Lo conseguí cuando estuve en Daein.-dijo por fin.

-¿Quién te lo dio?

La joven bajo la mirada nuevamente, dando un suspiro de incomodidad, para que igual que la última vez, su padre la obligara a encararlo.

-Elena, no dejes de mirarme cuando te hablo.-dijo Ike aun en tono calmado pero un poco más severo.- ¿Quién te lo dio?

-Una anciana.-las palabras fluían con una facilidad que hasta parecía descarada, como si su lengua se burlara de ella por ser incapaz de contenerla, pero simplemente le era imposible. Después, todo comenzó a fluir sin la necesidad de que su padre le preguntara algo.-Me dijo algo sobre un demonio y yo no le entendí, pero el otro día, antes de que partiéramos al desierto, se me apareció otra vez y me dijo que tenía que llorar sangre y…

-Está bien.-dijo Ike poniendo sus manos sobre los hombros de la joven.-Cálmate, hablas muy deprisa.

-Lo… siento.-dijo Elena con desanimo.

-No quiero que vuelvas a usar, leer o cualquier cosa que implique ponerle las manos enzima a esta cosa.-dijo Ike con severidad.- ¿Entendido?

-Pero…

-¿Entendido?

-Papá, es que…

-¡No! Elena, este libro es el que han estado usando las personas que están matando gente aquí en Begnion.-dijo Ike subiendo el tono de voz.-No voy a dejar que tú lo tengas.

-¿Crees que voy a matar gente?-preguntó Elena, incrédula y mirando a su padre.

Ike no respondió y ahora fue él quien desvió la mirada.

-Papá, contéstame.-pidió la joven sintiendo como si la sangre se le fuera hasta los pies.- ¿Me crees capaz de hacer algo así?

-No puedes salir del castillo hasta que yo diga lo contrario.-Ike se puso de pie y se acercó a la puerta, aun sin mirar a su hija.-Greil, quítate de la puerta porque la voy a abrir.

Ike sujetó la manija de la puerta y esperó por un par de segundos, al momento de abrirla, su hijo estaba parado del otro lado, mirándole tímidamente, como esperando un regaño.

-¿Cómo supiste que estaba ahí?-preguntó el muchacho.

-Eres mi hijo, no lo olvides.-sin decir más, Ike se marchó, dejando a Elena y Greil solos.

-¿Por qué le dijiste todo?-preguntó Greil, cuando vio que su padre estaba lo suficientemente lejos para no escucharlo.

-No pude mentirle.-murmuró la muchacha con fastidio y cubriendo su cara con las manos.-Me cree una asesina y lo peor es que se llevó el libro.

-Hermana…-comenzó a decir Greil.- ¿Te preocupas por el estúpido libro?

-¡Es que no lo entiendes!-espetó Elena, poniéndose de pie.

-Elena, ese libro te ha causado más que problemas.-dijo Greil tratando de que su hermana entrara en razón.

-¡No!-volvió a explotar, caminando en círculos en la habitación.- ¡Quiero… quiero mi libro! ¡Lo necesito! ¡Necesito mi maldito libro y no voy a descansar hasta conseguirlo! ¡Ya nada importa, mi padre, mi propio padre me cree una asesina!

-¿Quieres calmarte?-dijo Greil, zarandeando a su hermana.- ¡Ya!

-¿Dónde está Nabor?-preguntó Elena, respirando algo agitada y sintiéndose cada vez más desesperada.

-¿Qué?-preguntó su hermano totalmente perplejo.

-¿Qué dónde diablos esta Nabor? ¿Qué fue lo que hicieron con él?

-Está… está en el calabozo.-respondió Greil algo titubeante.-Pero…

Sin esperar un minuto más, Elena salió disparada de la habitación, ignorando los llamados de su hermano. No sabía dónde estaban los calabozos, pero le importaba un comino, necesitaba tener el libro, tenía que recuperarlo a toda costa.

Corrió por varios pasillos, sin tener un rumbo fijo, solo esperando encontrar a alguien que trabajara en el palacio. Pensaba en lo que había ocurrido minutos atrás. Ike no le había respondido a la pregunta. Elena comenzaba a sentir que realmente su padre no confiaba en ella, que realmente la creía capaz de matar por el simple gusto de hacerlo.

-¡Oye!-gritó para llamar la atención de una mujer de servicio que pasaba por ahí.- ¿Dónde están los calabozos?

La joven mujer se dio la vuelta. No muy alta, de cabellos castaños y opacos. Elena se paró en seco al ver los ojos de la mujer, esos ojos grises y fríos que le han estado ocasionando tantos problemas.

-Si corres al fondo de este pasillo y bajas todas las escaleras los encontraras.-dijo la mujer con una sonrisa serena en su rostro.

-Gra… gracias.-respondió Elena, dándose la media vuelta para seguir por el camino señalado, tratando de no pensar en la apariencia de la mujer.

-¿Elena?-la llamo la joven mujer.

Elena se dio la vuelta nuevamente, justo a tiempo para atrapar una pequeña y delgada navaja que la mujer le lanzó.

-Tal vez la necesites.-dijo para después seguir caminando calmadamente y tarareando una melodía escalofriante y extrañamente familiar.

Titubeante, Elena se giró para seguir con su camino. Al llegar al final del pasillo, encontró unas escaleras que conducían a los pisos inferiores. Las fue bajando, cosa que le tomó bastante tiempo, hasta que ya no había más.

Llego a un lugar donde la única luz provenía de las antorchas colgadas en las paredes, formando sombras algo escalofriantes, sombras que, ciertamente, no se sabía a quién pertenecían. Se podía escuchar como las ratas chillaban y masticaban cosa, las cuales Elena prefería ignorar. El eco de las gotas de agua cayendo resonaban por todo el lugar, contribuyendo al ya deplorable y mísero aspecto de aquella estancia. Mo en las paredes, telarañas por todos lados e insectos asquerosos caminando por todas partes, eso, mezclado con una extraña briza fría y un olor a humedad.

Llego a una reja con barrotes oxidados que conducía a un largo pasillo más oscuro que el lugar donde se encontraba ahora. Se extrañó al notar que no había ni un alma para resguardar el lugar, pero no le importó, sería más fácil para ella.

Tomó la navaja que la muchacha de servicio le había dado, dispuesta a abrir la cerradura que conducía hacia las celdas de los prisioneros. No pudo evitar soltar un pequeño grito cuando vio que una enorme cucaracha se le subió por el brazo al momento de tratar de abrir la puerta. Se la sacudió, aplastándola con ira al momento que cayó al suelo. Respiró profundamente antes de volver a intentar. Recordando cuando una amiguita del lugar donde ella vivió le enseñaba a abrir cerraduras con un cuchillo, cosa que Elena, siendo apenas una niña inocente, contó a su padre para que después él le dijera que ese tipo de cosas no eran correctas, y cuando Elena trató de explicarle a su amiguita que eso estaba mal, la niña solo le respondió con un "Vete a la mierda" sin volverle a dirigir la palabra nunca más.

Después de pelear unos minutos contra el vendito cerrojo, este se abrió. La joven empujó la puerta y esta se deslizó con facilidad, produciendo un chirrido un tanto molesto.

Algo insegura, Elena caminó por el pasillo, mojando sus botas en los pequeños charcos que había en el piso y provocando un molesto eco, asomándose en cada celda para encontrar al prisionero que buscaba. No todas las celdas estaban llenas, pero si había uno que otro prisionero por ahí, que le silbaban o le gritaban cosas obscenas conforme iba caminando. Sin siquiera girar la cabeza, Elena siguió caminando, con la mirada alta y conteniendo las ganas de golpear a algunos reos.

Llego al final del pasillo, y justo en la última celda del lado derecho, se encontraba Nabor, sentado cómodamente, recargado en la pared.

-Pero mira nada mas quien vino a visitarme.-dijo con una sonrisa de suficiencia en su rostro.-La hermosa hija de Ike. Veo que ya te repusiste de lo que te ocurrió en el desierto.

Elena solo se mantuvo mirándole directo a los ojos. Si era sincera, ella también había heredado algo de la mirada de su padre, así que tendría que hacer uso de ella.

-No sabía que fueras especial. No todos pueden ver lo que tú.-dijo el hombre, poniéndose de pie y acercándose a los barrotes de su celda.-Que ironía. La hija del gran Ike, que pelea por la justicia, es una de nosotros. Eres muy hermosa, lastima, eres una vil plebeya, pero podría hacer una excepción si te pusieras de nuestro lado…

-No digas tonterías, cerdo maldito.-musitó la joven molesta por las palabras del joven hombre.-Yo nunca seré como ustedes.

-Entonces… ¿A que debo el gran honor de tener tu presencia en un lugar como este?-preguntó Nabor, manteniendo una sonrisa arrogante en sus labio.

-Necesito que me digas porque me pasó todo eso en el desierto.-demandó Elena, sin dejar de mirar los ojos del hombre.- ¿Por qué solo yo podía ver esa luz? ¿Y que era esa luz?

-Como ya te dije,-comenzó a hablar con mucha calma en su varonil voz.-eres especial, no todos pueden ver esa luz porque no todos tienen el poder suficiente. Esa luz era el círculo de sacrificios. Conforme más sangre derrames, más brilla el círculo.

Elena no dijo nada, quería que Nabor terminara de relatar todo lo más pronto posible, necesitaba pedirle algo más.

-Cuando el hechicero que lo conjura es débil, es imposible que lo puedas ver, aunque mates a miles.-siguió relatando con la misma sonrisa arrogante.-Los gritos, llantos y risas que escuchaste es algo que ciertamente no me puedo explicar. Supongo que estás loca.

-¿Qué hay del libro?-preguntó la joven con seriedad, ignorando el otro comentario aunque sentía el impuso de borrar la sonrisa arrogante de Nabor de un puñetazo.

-Sabes del Vivlío na zitoún.-murmuró Nabor, incapaz de esconder la sorpresa.

-Vivlío na zitoún…-susurró Elena, pero debido al silencio sepulcral del lugar su voz se pudo escuchar claramente.-Libro de Invocación. ¿Sabes cómo conseguir uno?

Nabor no respondió, solo rió cínicamente.

-Contéstame.-demandó la joven perdiendo la paciencia.

-Sí, puedo conseguir otro.-respondió Nabor, ahora más serio.-Solo algunos podemos hacer un conjuro para conseguirlo, pero necesito algo filoso.

Elena se limitó a mostrarle la navaja que le habían entregado antes de llegar ahí. Nabor la iba tomar pero Elena la apartó rápidamente para mantenerla fuera de su alcance.

-Dime que es lo que tienes que hacer con ella.-dijo Elena sin inmutarse, manteniendo su seriedad.

-Córtame aquí.-Nabor sacó su brazo por los barrotes, con la palma abierta.

Elena le hizo un corte, probablemente más profundo de lo necesario en la mano, provocando que la sangre comenzara a fluir.

Sin ninguna mueca de dolor, Nabor se puso de rodillas y comenzó a hablar en la lengua antigua, como lo hizo la anciana la vez que le entregó el libro a Elena. Pero esta vez había algo diferente, sus palabras no eran las mismas.

Como la primera vez, el libro apareció, Nabor se puso de pie e hizo entrega del objeto. Elena lo tomó y notó que el sello dorado era diferente al que había visto la última vez. Otra línea había aparecido en el círculo, atravesando de manera vertical las otras dos.

-Cumple con tu deber.-susurró Nabor, alejándose de los barrotes para sentarse nuevamente en el suelo.

Elena permaneció quieta por un instante, observando el libro que sostenía en sus manos, esperando a que le transmitiera la energía que había sentido la última vez. Pero nada paso. Dirigió una última mirada a Nabor, quien ahora estaba como ido, con la mirada perdida en la pared que estaba a su lado izquierdo.

Sabiendo que el hombre ya no le diría nada más, Elena caminó por el pasillo sin inmutarse por las habladurías de los reos, subió por las escaleras, topándose con su hermano.

-¿Qué demonios fuiste a hacer?-le reprochó su hermanos con severidad.

Elena se limitó a mostrarle el libro que sujetaba en sus manos, su hermano lo miro para luego volver los ojos hacia ella y mirarla como su hubiera cometido una atrocidad.

-¿Qué piensas hacer ahora que tienes otro?-preguntó Greil con voz totalmente seria.

-Cambiarlo por el mío.-respondió Elena secamente.

-Estás loca.-dijo Greil negando con la cabeza.- ¿Cómo eres capaz de hacer semejante cosa por un estúpido libro que solo te ha causado problemas? Vas a engañar a nuestro padre.

-No… pasara nada si no… se da cuanta.-dijo en pausas, ya que comenzaba a sentir muchas dudas.

-¿Qué carajos hicieron contigo?-Greil sonreía incrédulo, con una expresión de preocupación.-Tu casi nunca has hecho enfadar a papá, siempre lo obedeces, siempre te portas bien. Eres su princesita, Elena, su niñita adorada. Está realmente preocupado por ti, y tú estás pensando en conseguir el maldito libro.

Elena permaneció callada y con la cabeza baja, incapaz de sostenerle la mirada a su hermano. Él tenía razón, tenía toda la razón. Si bien ella y su hermano no era perfectos, tampoco eran malos hijo, Elena, en especial, no podía siquiera decirle una mentirita blanca a su padre su padre, no podía engañarlo, pero tenía que. Necesitaba el libro, y lo necesitaba ahora. El libro que Nabor le dio no era el mismo, el conjuro había sido diferente y aquel objeto simplemente no le transmitía ningún tipo de energía, solo una sensación de vacío, de desconfianza y dolor, y por alguna extraña razón, venganza.

-Cree que soy capaz de lastimar a personas inocentes.-musitó Elena, aun sin mirar a su hermano.-Él ya no confía en mí, nada va a cambiar si lo desobedezco.

Sin esperar una respuesta, Elena pasó de largo a Greil, dispuesta a marcharse, cuando sintió el firme agarre de su hermano.

-Espero que no te arrepientas.-murmuró Greil, para después soltar a su hermana para después marcharse.


¿Qué les pareció? Quiero escuchar su opinión, sus criticas su chismes (jaja) También sus ideas son bien venidas, no se algo como a quien les gustaría ver o algo así.

Gracias por leer esta tontería, espero sus reviews con mucha ilusión.