Hola! Aquí esta otro capítulo de mi fic. Ahora sí fue rápido, pero es corto, me medio sequé (jajaja) No sé hasta cuando vaya a publicar el otro capítulo porque me siento corta de inspiración, pero ya les había dicho que tengo varios capítulos adelantados, así que si no se me ocurre algo más, publicare los que ya tengo.
Sin aburrirlos más con mis cosas. Los dejo con el cap. 18.
Chapter 18: Decisiones difíciles.
Sin decir nada, Elena se marchó rumbo a su habitación, tratando de controlar la mezcla de emociones que estaba sintiendo.
Durante todo el trayecto sintió como alguien la seguía, como si la observaran de cerca. Un escalofrió recorrió su cuerpo. En un intento por terminar con esa sensación, comenzó a caminar más rápido por los desolados corredores del castillo, pero siendo en vano ya que sentía cada vez más cerca esa presencia.
Llegó a su alcoba y al instante cerró la puerta, como si esperara mantener fuera a lo que la estaba siguiendo, aun sujetando el libro en sus manos. Lo observó por un instante, la primera página no tenía nada nuevo, continuó en la siguiente donde encontró algo. Un pequeño párrafo en la lengua antigua estaba escrito en la parte superior de una de las páginas. Lo leyó en su mente, analizándolo y percatándose de que no lo entendía. En ese momento su cabeza era un torbellino de pensamientos que necesitaba analizar, por lo que le restó algo de importancia al hechizo.
Trato de mantener su mente en blanco, concentrando su atención en el objeto que sostenía en sus manos, pero algo la distrajo. Una voz la estaba llamando, una voz que parecía no provenir de ningún lugar en específico. Después comenzó a escuchar esa risa, esa maldita risa burlona, y el llanto, una persona que lloraba como si estuviera sintiendo un dolor inmenso, a lo que le siguió un grito desgarrador, una súplica desesperada de ayuda. Todo comenzaba de nueva, como en el desierto, pero esta vez no había olor a sangre o a podredumbre, ni tampoco los cuerpos de personas mutiladas que salían del suelo.
Un frio recorrió todo su cuerpo, provocando que se estremeciera y recargara su espalda en la puerta. Le comenzaba a costar trabajo respirar, su corazón latía muy deprisa, como si estuviera a punto de salir de su pecho. Podía ver como vapor comenzaba a salir de su boca, el frio se volvía más intenso. Logro sentir que alguien respiraba a su lado, una respiración suave que se convirtió en jadeos al instante.
Del libro comenzó a salir una especie de aura oscura, provocando que Elena lo dejara caer al suelo. Aquella aura desapareció justo en el momento en que la joven lo soltó. Con temor, Elena lo cerró con su pie y le dio una patada lo suficientemente fuerte para meterlo debajo de la cama, por alguna razón, ese era su escondite favorito.
Una sensación en su mejilla hizo que ahogara un grito, era como si una mano tremendamente fría y áspera se hubiera posado en su mejilla, acariciándola de arriba abajo.
Alguien toco a la puerta, provocando que diera un respingo y que se apartara de la puerta al instante, y con ello, toda las sensaciones desaparecieron.
-¿Elena, estas ahí?-dijo la alegre voz de Melinda.
Tratando de recuperar su respiración, y muy probablemente el color de su rostro, la joven abrió la puerta, sintiendo como el alivio la recorría de pies a cabeza al darse cuenta de que ya no estaba sola.
-¿Qué te pasa?-preguntó Melinda, ladeando la cabeza en clara señal de confusión.
-Necesito que me ayudes con algo.-dijo Elena con seriedad, tratando de esconder las otras emociones de terror que aun sentía.
-¿Con que?-inquirió la otra al no comprender lo que su amiga le decía.
Elena dio un profundo respiro, jaló a Melinda para que entrara por completo a la habitación, cerró la puerta y se agachó para sacar el libro de la cama, pero sin levantarlo del suelo.
-Greil nos dijo a Raiu y a mí que tu padre te lo había quitado.-dijo Melinda, abriendo los ojos debido a la sorpresa.- ¿Cómo lo conseguiste?
-Este no es el libro que me quito mi papá.-explicó Elena un poco nerviosa.-Este se lo pedí a Nabor.
-¡¿Qué?-saltó Melinda.
-Melinda, no seas tan escandalosa.-dijo Elena poniendo el dedo en sus labios para darle a entender a su amiga que cerrara la boca.-Necesito tu ayuda.
-¿Para qué?-inquirió la joven, ahora hablando más bajo.
-Para recuperar mi libro.-respondió Elena con calma.
-Pero si ya tienes uno.-dijo Melinda algo confundida.- ¿Para qué quieres otro?
-Es que este no es como mi libro.
-Pero sí es igualito.-dijo la joven de ojos verdes, sentándose en el suelo junto a Elena para ver más de cerca el libro.
-No, no lo es.-respondió Elena con desanimo.-Hay algo en ese libro que es diferente, no tiene la rara energía que tiene el otro.
-Elena…-Melinda la mira algo extrañada.- ¿No crees que estas dependiendo mucho de esa cosa?
-Lo se…-murmuró Elena.
-Bien, te ayudare a recuperar el libro.-dijo Melinda encogiéndose de hombros.
-¿Lo dices enserio?
-Claro, somos amigas y las amigas se ayudan cuando es necesario. Pero si veo que te estas volviendo loca por culpa de esa cosa le diré a tu padre lo que hicimos.-le respondió la joven de ojos verdes cruzando los brazos.
-Muchas gracias, hermana.-dijo Elena sonriendo y dándole un abrazo a Melinda.
-No hay de qué. Ahora, ¿Cuál es tu plan?-preguntó la otra joven.
-Bueno, supongo que habrá que esperar a que mi papá no esté en su habitación.-explicó Elena algo pensativa, analizando cada uno de los pasos de su plan muy cuidadosamente.-Pero creo que primero tengo que averiguar dónde está su habitación.
-Si te sirve de algo.-saltó Melinda con su típica alegría.-Estos dos días que has estado dormida, después de la cena, tu padre y Greil se iban a practicar al jardín.
-¿Y no sabes dónde está su cuarto?-preguntó Elena con muchas esperanzas.
-Más o menos.
-Eso es suficiente.-dijo Elena poniéndose de pie de golpe, pero hablando en voz baja ya que sentía como si alguien más las estuviera escuchando, pero sobre todo, teniendo una horrible sensación que oprimía su pecho. La culpa.-Esta noche, después de la cena, entraremos al cuarto de mi padre, buscaremos el libro y dejaremos este en su lugar.
Melinda se puso de pie y asintió con alegría.
Después de esa conversación, Melinda se marchó a su habitación, quedando en que justo al terminar la cena ambas jóvenes se reunirían en la estatua donde habían encontrado un pasadizo secreto gracias a la ayuda de Thalía.
Elena volvió a meter el libro debajo de la cama y sin pensarlo dos veces se salió de la habitación, ya que en el momento en que Melinda la dejo sola todas las sensaciones de temor se estaban acumulando de nueva cuenta en todo el cuarto.
Fue recorriendo los pasillos del castillo sin tener un rumbo fijo, sin percatarse del tiempo. Sentía un como si un agujero se hubiera formado en su estómago y su pecho, una molesta y desesperante sensación de vacío. En su mente seguía estando presente la conversación que había tenido con su padre unas cuantas horas atrás, no podía borrar nada. Le producía un dolor inmenso recordar el momento en que su padre evadió la pregunta, una pregunta crucial, una en la que prácticamente el silencio era suficiente para responderla de la peor manera posible.
"-¿Crees que voy a matar gente?-preguntó Elena incrédula y mirando a su padre.
Ike no respondió y ahora fue él quien desvió la mirada.
-Papá, contéstame.-pidió la joven, sintiendo como si la sangre se le fuera hasta los pies.- ¿Me crees capaz de hacer algo así?
-No puedes salir del castillo hasta que yo diga lo contrario.-Ike se puso de pie y se acercó a la puerta, aun sin mirar a su hija. "
Le costaba mucho trabajo creer que su padre, su propio padre la creyera capaz de matar solo porque sí. Era estúpido e ilógico que él, el hombre que la crió desde que nació, el hombre que la educó y le enseñó principios, a ser una persona honesta, él, que le enseñó que todos eran iguales sin importar si eran laguz o beorc, nobles o personas humildes, la creyera capaz de mata gente inocente. No podía aceptarlo. No quería aceptarlo.
Un nudo se formó en su garganta. Trataba con todas sus fuerzas de contener las lágrimas, aquellas lágrimas que tanto odiaba y que comenzaban a acumularse en sus ojos. Los sollozos trataban de escapar de su boca, pero Elena hacia un esfuerzo monumental por contenerlos. En ese momento deseaba ser tan fuerte como su hermano y su padre, aquellos hombres a quienes admiraba tanto, ellos que no se quebrantaban ante nada ni nadie, pero por desgracia ella tenía el "corazón de pollo" como le decía su tío Ranulf. Por lo que no podía hacer nada más que tratar vagamente de contener su llanto. Aunque llevaba muchos años sin llorar, aun recordaba con exactitud la última vez que dejó que las lágrimas salieran de sus ojos y corrieran libremente por sus mejillas y permitía que los sollozos escaparan de su boca, fue cuando su madre se marchó. Elena no lloró porque su madre se fue, sino más bien porque los había separado de su padre. Desde pequeña, y a partir de ese instante, Elena aprendió lo que era el odio, eso fue lo único que le enseñó su madre, algo que su padre jamás había siquiera mencionado; a odiar con toda su alma, aun incluso siendo ella una niña de apenas cuatro años. Siendo sincera, ella nunca quiso a Hikari, pero no la odiaba y Greil tampoco, aunque así lo dijera, en ese entonces el pequeño Greil no sabía el significado de esa palabra, pero lo aprendió de la misma manera que Elena.
La joven se detuvo justo a un lado de una pared de piedra áspera, se quitó el guantelete de cuero de su mano derecha y golpeó el muro con su puño. Rápidamente pudo sentir como el dolor se apoderaba de su nudillo, pero no le importó, volvió a golpear el muro con incluso mayor fuerza que la vez anterior y de nuevo el dolor se hizo presente, ahora con mayor intensidad. Siguió golpeándolo repetidamente, con solo segundos de diferencia en cada golpe, descargando en la pared todo lo que la agobiaba, tratando de hacer desaparecer las lágrimas que aun insistían en salir. De un momento a otro, la parte del muro que había estado golpeando se tornó de color carmesí, por lo que la joven se detuvo poco a poco. Con la respiración algo agitada, Elena contemplo su nudillo, con la piel destrozada, provocando un sangrado y un intenso dolor, pero en realidad le daba lo mismo, ese dolor no eran ni cosquillas comparado con el que su alma estaba sintiendo.
Dio un profundo suspiro y bajo su mano. No tardó mucho en sentir como las pequeñas y tibias gotas de ese líquido carmesí resbalaban por sus dedos, haciendo un ligero y casi inaudible sonido al caer al suelo. Permaneció ahí, quieta y sin mover un solo musculo, en esos pasillos tan amplios y desolados, siendo su suave respiración y el goteo de su propia sangre que se acumulaba en el piso lo único que rompía con el frágil silencio.
A lo lejos, se lograba escuchar unos pasos, seguidos de un leve llanto. Elena miró a su alrededor, percatándose de que una niña pequeña, de no más de cinco años, de cabello largo y castaño claro amarrado en una cola de caballo con un listón negro, iba caminando unos pocos metros más enfrente de donde se encontraba la joven.
Conforme la pequeña se acercaba, Elena pudo notar que cubría su rostro con ambas manos.
-No lo hagas, o te arrepentirás.-murmuraba entre sollozos.-Sí… te arrepentirás y para ese entonces será tarde, te costara mucho, mucho.
-Oye.-llamó Elena, haciendo que la niña se parara en seco.- ¿Estas bien?
Sin quitar las manos de su rostro, la niña negó con la cabeza. Elena dio unos pasos hacia el frente, pero en ese instante, la pequeña salió corriendo hacia el lado opuesto a una velocidad impresionante.
Reaccionando lo más rápido que pudo, Elena corrió detrás de la niña, quien en tan solo un par de segundos ya llevaba bastante ventaja. Elena apresuró el paso, dando vuelta en un pasillo a la derecha, el cual recorrió hasta llegar a unas escaleras por donde la niña subió rápidamente. Cuando la niña llego al final, dio la vuelta hacia el lado derecho, y para cuando Elena llegó, la pequeña ya se había perdido de vista.
Con la respiración algo pesada y con su mano aun sangrante y doliendo más que al principio, Elena buscó a la niña que la había hecho dar un largo recorrido. Dio unos cuantos pasos por el corredor más largo que había visto desde que llego a la catedral de Begnion hasta que unas voces la alertaron. Por puro instinto y sin siquiera entender su propia reacción, la joven se escondió en un uno de los cuarto que estaban a su derecha como si estuviera huyendo, dejando en la puerta una pequeña rendija para poder ver a las personas que iban discutiendo.
-Creo que te estas precipitando mucho.-se escuchó la voz de Ranulf, provocando un eco que resonó por todo el corredor.
-Sabes muy bien lo que dijo, estabas ahí.-musitó Ike con mucha seriedad.
-Pero no por eso significa que sea cierto.-replicó el laguz.
-Ranulf, yo tampoco quiero que sea cierto, son mis niños, pero todo apunta a que sí lo es, tal y como nos lo dijo.
-Ike, Elena es muy sensible.-dijo la voz fría de Soren.-Y más cuando eres tu quien la reprende. Creo que ahora te excediste, prácticamente le dijiste que no confías en ella, que es una asesina.
Elena contenía su respiración, aun escondida en la habitación, esperando la respuesta de su padre.
-No debieron dejarlos venir.-respondió Ike.
-Como si detener a tus hijos fuera posible.-se mofó Ranulf.-Elena es igual de terca que tú, una vez que toma una decisión no hay poder humano que la haga cambiar de opinión, y con esa persistencia y determinación es imposible lidiar con ella. Y Greil es peor, porque además de que no le gusta que le digan lo que tiene que hacer y su determinación, es muy sobreprotector con Elena. Ese muchacho iría hasta el fin del mundo si se trata de ayudar a su hermana. Tratar de para a tus hijos es como tratar de detener la lluvia con las manos.
-No creo que haciendo esto vayas a resolver las cosas, Ike.-dijo Soren, manteniendo sus emociones al margen, como lo hacía desde que Elena podía recordar.
-No me puedo arriesgar.-respondió Ike en voz baja que se pudo escuchar gracias a que el lugar estaba en completo silencio.
-¿Qué tal si no lo puedes evitar?
-Ike, nosotros también estamos preocupado.-dijo Ranulf con serenidad.-Pero tienes que tomar en cuenta la posibilidad de que tal vez no podamos hacer nada al respecto.
-No vas a conseguir nada haciendo lo que estás haciendo.-continuó Soren.-Solo que Elena se aleje de ti.
-Si tengo que alejarlos de mí para protegerlos, entonces así será.-sin decir una palabra más, Ike se marchó, prácticamente dejando a Soren y a Ranulf con la palabra en la boca.
-¡A eso es a lo que me refiero con la terquedad!-gritó Ranulf poniendo sus manos alrededor de su boca para que su voz se escuchara mas.- ¡Tú y tus hijos toman una decisión y no hay vuelta atrás, y cuidado con que les digas lo que tiene que hacer!
-Greil y Elena son solo nuestros sobrinos.-dijo Soren con seriedad.-Ike es su padre y por lo tanto es él quien tiene la última palabra sobre ellos.
-Pero no por eso vamos a dejar de intentar. Precisamente porque los quiero tengo que tratar…
-El hecho de que los queramos no ayudara mucho.-dijo Soren interrumpiendo al laguz.
Sin decir otra palabra, Soren y Ranulf se marcharon por la misma dirección por donde Ike minutos atrás. Elena esperó un par de segundos más, hasta dejar de escuchar sus pasos, para salir de su escondite, completamente desconcertada y sin entender la conversación que acababa de escuchar.
Eso es todo por hoy, espero que les haya gustado, y si no, pues díganme.
Espero sus reviews con sus críticas, ideas y de todo.
Gracias por leer.
