Hola a todos. Por fin tuve la oportunidad de publicar algo, es que he estado muy ocupada estos últimos días (A los que leen mis otros dos fics, La Leyenda de Zelda, y Juicio a las brujas en Tellius) ya no falta mucho para que publique un capitulo para cada una… Bueno, creo que me tomara tiempo subir uno para Juicio a las Brujas, pero el de Zelda ya está casi listo, como en un día o dos lo subo.

Repuesta a un comentario echo por una de mis lectoras: Sandrita: Edward si va a salir, no estoy segura de sus hijos, y aun tengo dudas sobre Zihark, pero si su hij sale, creo que tendrá un papel un tanto importante. Por cierto, gracias por leer mi fic y dejar reviews.

Sin más que, los dejo aquí con el capítulo 19 de Demonio de la Muerte.


Chapter 19: Un nuevo ciclo.

-¿Pero qué rayos…?-dijo para sí, mientras que su mente trabajaba arduamente para analizar una y otra vez todo lo acaba de escuchar. Miro su mano llena de sangre seca, y comenzó a caminar distraídamente, cayendo al suelo al dar siquiera dos pasos.

-Auh.-se quejó, mirando hacia arriba, ya que la persona con la que chocó, siendo más grande que ella, no había caído.

-Elena ¿Estas bien?-preguntó Greil, ofreciendo una mano para ayudar a su hermana a ponerse de pie.

-Sí.-asintió ella, aceptando la ayuda del muchacho, pero en un descuido, dándole la mano que estaba llena de sangre.

-¡¿Pero qué rayos…?-exclamó Greil, soltando de súbito la mano de su hermana, provocando que ella callera de bruces suelo nuevamente.

-¡Oye!-se quejó la joven, poniéndose de pie por sí sola.- ¿Para qué demonios me ayudas si vas a volver a tirarme?

-Tu mano…

-¿Cómo te hiciste eso?-preguntó Raiu señalando la mano derecha de la joven.

-¿Esto…?-dijo la joven inocentemente, viendo su mano como si tan solo tuviera un pequeño rasguño.-No es nada, solo que me raspe.

-¿Me crees idiota?-preguntó Greil cruzado de brazos y frunciendo el ceño.

-Greil, no creo que te guste la respuesta a esa pregunta.-dijo Raiu con sorna.

Greil se limitó a poner los ojos en blanco, mientras que Elena contuvo la risa.

-Oigan, ¿no han visto a una niña pequeña?-preguntó la joven al recordar la razón por la que había llegado hasta ahí. Con algo de dificultad, Elena trató de volver a colocarse su guantelete.

-No cambies el tema.-dijo Greil con molestia en su voz, arrebatándole de golpe el guante.- ¿Cómo te hiciste eso? Y no te vas a poner el guante, tenemos que curar ese "raspón."

-No Greil, hablo enserio. Vi a una niña chiquita, como de cuatro o cinco años que estaba llorando, y cuando le pregunte que tenía, salió corriendo…

-Pues yo no he visto ninguna niña de esa edad aquí.-habló Raiu.-Buen, están las dos hijas de la emperatriz, pero la más pequeña tiene como diez u once años.

-¿La emperatriz tiene dos hijas?-preguntó Elena con sorpresa.

-Sí, y un hijo también, el otro día nos los presento, pero ahora que lo recuerdo tu seguías inconsciente.

Elena hizo un ligero puchero y cruzó los brazos en señal de disgusto. Tal vez se perdió de demasiadas cosas cuando estuvo dormida, y lo peor era que ni siquiera podía recordar sus sueños. Y eso que solo estuvo fueras como dos días.

-¿De qué más me perdí?-dijo la joven con desanimo.

-Creo que eso es todo… creo.-respondió Raiu, como si tratara de recordar algo más.- ¡Ah! El rey de Crimea se fue ayer porque ocurrió algo en Melior, pero no tengo idea de que fue. Creo que volverá para saber la condena de Nabor.

-Elena, padre me pidió que te dijera que después de la cena entrenaras con nosotros.-dijo Greil de súbito, cambiando por completo el tema de conversación.

-¡¿Qu… que?-espetó Elena

-¿Tienes algún problema con eso o qué? Siempre te ha gustado entrenar con él.

-¿Qué… si tengo un problema?-repitió la joven tratando de esconder su primera reacción.-Claro que no, es solo que creí que él estaba enfadado conmigo.

-Pues lamento decepcionarte, pero sí lo está.-musitó Greil algo desanimado.-Se enfadó mucho porque no le dijiste nada sobre ese libro, y también está enfadado conmigo porque te cubrí en lugar de decirle lo que estaba pasando.

-Lamento haberles causado tantos problemas.-dijo Elena encogiéndose de hombros.

-No te preocupes, está bien.-respondió el muchacho con una cálida sonrisa en su rostro.-Yo puedo tomar mis propias decisiones, y esa fue ayudarte, también es mi culpa.

-Sí, Greil tiene toda la razón.-dijo Raiu como si estuviera recordando algo malo.-A mí también me regañaron. Mi papá está furioso, nunca lo había visto así, su cola estaba tiesa y con el pelo erizado.

-Por lo menos fue solo el tío Ranulf quien te regaño. A mí me toco soportar las miradas y sermones de mi padre, sin mencionar las cara inexpresiva y fría del tío Soren.-Greil dio un suspiro y se estremeció levemente, como su le diera escalofríos recordar ese momento.-Fue horrible. Oye, a Melinda no le dijeron nada ¿cierto?

-¿Por qué iban a hacerlo?-preguntó Elena.-Ella nos conoció después de que me dieron ese libro y en si no sabía nada, además no creo que mi padre o el tío Ranulf sean capaces de regañarla. Pero ahora que lo pienso, el tío Soren…

-Él sí me regaño.-dijo Melinda de súbito, sorprendiendo a los tres muchachos ya que ninguno se había percatado de su presencia.

-¿Enserio?-preguntaron todos al mismo tiempo.

Melinda se limitó a asentir con la cabeza un poco desanimada, algo que ciertamente era inusual en ella. Realmente inusual.

-¿Qué fue lo que te dijo?-inquirió Elena, sintiéndose culpable por lo que ocurría.

-No mucho, solo me dijo que era una inconsciente por no haber dicho nada y que si te pasaba algo yo tendría mucha culpa.

Soren sabía muy bien cómo hacer que las personas se sintiera mal, y al parecer ni siquiera Melinda, que siempre estaba de buen humor y con una actitud positiva, se había salvado de las frías e hirientes palabras del mago.

-¿Cuándo te dijo eso?-preguntó Elena con un poco de preocupación, recordando que no hacía mucho tiempo, ella y su amiga habían formulado un plan para recuperar "el libro de la discordia" temiendo de que Melinda se haya arrepentido de ayudarla.

-Hace como diez minutos.-respondió a secas.

-Al tío Soren no le importa el daño emocional que le puede causar a las personas.-murmuró Raiu muy pensativo.

-Bueno, Melinda y yo nos vamos.-dijo Elena sujetando por la muñeca a su amiga.-Además, necesito que me cures.

-Pero…-iba a protestar la joven.

-Por favor.

Sin decir otra cosa, Melinda aceptó marcharse con Elena, quien se fue de esa sección del castillo para poder hablar con su amiga a solas.

-Melinda, no has cambiado de opinión ¿verdad?-preguntó la joven, sintiéndose un poco mal por hacer que su amiga y sus hermanos se hayan metido en problemas, pero al mismo tiempo estaba preocupada porque realmente no quería que Melinda le diera la espalda.

-Pues… Es que tal vez tu tío Soren tenga razón.-murmuró la joven con algo de inseguridad- ¿Qué tal si te pasa algo por conseguir tu libro? Yo me sentiría realmente culpable sabiendo que te ayude.

-Vamos. ¿Qué me puede pasar?-insistió Elena.-Es solo un libro.

-Es que no lo sé…

-Está bien, si no me quieres ayudar te entiendo, pero por favor no le digas nada a nadie.-pidió Elena serenamente.

-Pero sería casi lo mismo ¿no?

Elena no respondió, solo torció levemente la boca porque sabía que Melinda estaba en lo correcto. Si ella no decía nada de lo que iba a hacer, seguiría siendo cómplice.

-Elena, tal vez no debas hacerlo.-comentó la joven ahora mirando a su amiga a los ojos.

-Sé que no está bien, pero tengo que hacerlo.-le respondió ella, desviando la mirada.- ¿Podrías curar mi mano, por favor?

Melinda asintió y se limitó a revisar la mano de su amiga. Le hizo entrega de una pequeña bolsita de tela color amarillo y Elena extrajo el contenido de esta, metiendo en su boca.

-¿Cómo te lo hiciste?-preguntó Melinda al ver como se iba desvaneciendo la herida.

-Me raspe con la pared. Ya sabes, a veces soy muy distraída y no me fijo por donde o como camino.-se limitó a responder, colocándose su guantelete nuevamente ahora que la herida ya no se veía.

-Sí claro, te raspaste.-comentó Melinda con un claro tono de sarcasmo en su voz.

Elena rodó los ojos pero no dijo nada, sabía que su explicación era extremadamente estúpida y ridícula, pero su mente no se encontraba en condiciones para inventar algo mejor.

-Por cierto, debes de tener cuidado con tu mano, el que no veas la herida no significa que tu piel no este sensible.-saltó Melinda, un poco tarde.

-Hasta ahora me lo dices.-se quejó Elena al sentir el dolor punzante al momento de colocar bien su guante.-Me está doliendo otra vez.

-Lo siento, creí que ya lo sabias.

-No te preocupes, yo lo olvide. Solo vendare mi mano y con eso bastara.

-Con respecto a lo del libro… ¿para que necesitas mi ayuda?-preguntó Melinda.

-No se…-respondió Elena algo pensativa.-Tal vez porque no quiero sentirme sola. Greil siempre me ayuda y me apoya en todo, aunque yo no tenga la razón. Como cuando le dije que vendría a buscar a papá, él vino conmigo aun sabiendo que nos meteríamos en problemas. Y en ocasiones Raiu también es nuestro cómplice. Pero... ahora no quieren saber nada sobre lo que voy a hacer y tienen sus razones.

-Están muy preocupados por ti.-dijo Melinda con la mirada baja.-Todos; Ike, Soren, Ranulf, Greil, Raiu y yo.

-Entiendo que lo estén y realmente lamento causarles tantos problemas, pero no sé qué me pasa… No sé qué es lo que está pasando conmigo y por más que trato, tampoco puedo entender la actitud de mi padre.-Elena sintió melancolía con una extraña mezcla de rabia e indignación.-Esta mañana, cuando le pregunte si me creía capaz de matar a alguien solo porque sí, él no me respondió.

-Bueno, ese libro lo están usando una bola de locos asesinos, tal vez esa es la razón.-opinó Melinda como si tratara de animar a la joven.

-He visto personas que usan tomos de magia como los del tío Soren para hacer sufrir a otros. He visto laguz que les gusta divertirse con el sufrimiento de los demás. Personas que usan espadas, como tú, Greil, mi padre y yo, para matar a gente inocente por el simple gusto de hacerlo. No por eso nosotros somos asesinos también.-replicó Elena en voz baja, como si estuviera hablando consigo misma.- ¿Qué harías si tu madre te creyera una asesina sin siquiera darte la oportunidad de defenderte?

Melinda se quedó callada y Elena sabía que esa no era una pregunta fácil de responder, por lo que decidió continuar.

-Mi padre ni siquiera se molestó en preguntarme si había usado el libro. Es más, ni siquiera lo hojeo, esa maldita porquería no tiene nada escrito en realidad, solo dice algo sobre unos sacrificios y si no me equivoco solo hay un hechizo, o al menos yo solo puedo ver uno. Solo me quitó el libro y dijo que no podía salir del castillo hasta que él diga lo contrario. Ya no confía en mí. Aunque… aunque me duela admitirlo, yo tampoco confiaba en él, nunca le dije nada sobre el libro, y la verdad no tenía pensado hacerlo.

-¿Por qué?-inquirió Melinda alzando sus confundidos ojos verde esmeralda.

-No lo sé…

Ambas jóvenes permanecieron en un silencio algo incómodo que se extendió por varios segundos más, hasta ser interrumpido por el llanto de una niña.

-¿Escuchas eso?-preguntó Elena al percatarse de que el sonido no venía de tan lejos.

-¿Qué cosa?-murmuró Melinda, mirando a su alrededor como si esperara encontrar algo.

-El llanto, se escucha como si alguien estuviera llorando.-después de decir eso, Elena guardó silencio para que Melinda pudiera escuchar los sollozos.

-Yo no escucho nada.-susurró la joven.

-Estás sorda.-se burló Elena, pero mantuvo una expresión seria, tratando de ubicar la procedencia del llanto.

-Y tu loca.-se defendió la joven.

Elena solo frunció el ceño para después comenzar a caminar por el largo corredor muy despacio. El sonido del llanto se escuchaba más cerca con cada paso que daba, pero más sensaciones también se hacían presentes. Un ligero escalofrió recorrió su cuerpo, provocando que se estremeciera un poco y que dudara en seguir buscando a la persona que estaba llorando, pero haciendo caso omiso de su presentimiento, Elena siguió su marcha hasta llegar a unas escaleras que conducían a los pisos inferiores del castillo.

Elena pudo sentir como Melinda se ponía detrás de ella y como su respiración era algo agitada.

-Elena, esto no es divertido.-murmuró la joven con un pequeño toque de miedo en su voz, pero mezclado con algo que parecía ser emoción.

-¿Y tú crees que a mi si me parece divertido?-replicó ella con seriedad.-Y tu ni siquiera puedes escuchar lo que yo.

Dando un profundo suspiro, Elena comenzó el descenso por las escaleras, seguida muy de cerca por una asustada Melinda.

Las escaleras parecían no tener fin y con cada peldaño que descendían el lugar se volvía más oscuro. Elena pensó que tal vez se dirigían de nuevo a los calabozos, hasta que recordó que eso no era posible, los calabozos estaban prácticamente del otro lado del castillo.

Al bajar todos los escalones, una puerta de madera con adornos metálicos y oxidados les bloqueó el paso.

-¿Entramos o no?-preguntó Elena, queriendo escuchar la opinión de su amiga.

-¿Si digo que no me harías caso?-dijo Melinda como si tuviera esperanza de irse.

-No.-respondió Elena sin el más mínimo tono de preocupación en su voz.-Pero tú puedes irte si quieres.

-Si claro, te voy a dejar sola.-dijo Melinda sarcásticamente.-Mejor voy, ya no quiero volver yo solo, ni siquiera puedo ver la luz al final del túnel.

-No seas dramática-Elena sujeto la oxidada manija de la puerta y la giró para poder abrirla. Sin dar si quiera un paso hacia adelante, por precaución, la joven empujó la puerta, que se abrió con un escalofriante rechinido que le heló hasta los huesos.

-Mas… escaleras.-susurró Melinda.-Que desesperante.

-Quéjate cuando tengamos que subirlas.

Sin decir otra palabra, las dos jóvenes siguieron su camino, bajando escalón tras escalón, Elena aun escuchando el llanto que ahora se estaba volviendo un tanto molesto. Después de unos minutos era tan claro que Elena pudo identificarlo, era el llanto de la niña que había visto poco antes de escuchar hablando a su padre y a sus tíos.

-Melinda, ¿en verdad no puedes escucharlo?-preguntó Elena cuando prácticamente escuchaba los sollozos como si aquella persona estuviera detrás de ella.

-No.-se limitó a responder la joven.

Siguieron su descenso por el oscuro lugar hasta que Elena se paró en seco, provocando que Melinda chocara con ella.

-¿Por qué te detienes?-reprochó la joven con dejo de molestia en su voz.

-Es que ya no se escucha nada.-murmuró Elena.

Estremeciéndose por el extraña e inexplicable corriente de aire gélido que incluso agitaba un poco su largo cabello, o tal vez por el miedo que sentía, la joven aguzó el oído para tratar de ubicar de nuevo el sonido, sin tener resultado alguno más que escuchar el sonido de las ratas que había ahí abajo y las goteras que se formaban en el techo de piedra.

Elena entornó los ojos para tratar de distinguir algo al fondo de las escaleras. No supo si fue una ilusión óptica o si fue real, pero le pareció ver un pequeño destello dorado que se desvaneció al instante.

-¿Viste eso?-preguntó Melinda, sorprendiendo un poco a la joven.

Elena asintió con la cabeza y no supo si estaba feliz o asustada al darse cuenta de que ella no era la única que había visto esa extraña luz.

Las muchachas se miraron por unos segundos para después seguir bajando. Al bajar todos los escalones, pudieron darse cuenta de que el lugar era bastante amplio ya que incluso sus pasos producían un eco que resonaba demasiado.

El suelo brilló con una luz dorada más intensa que la última vez, provocando que Elena y Melinda dieran un par de pasos hacia atrás y ahogaran un grito. Justo debajo de sus pies, estaba dibujado un círculo enorme, idéntico al que tenía el libro que le habían entregado a Elena cuando recién habían llegado a Daein.

-Es como el de mi libro.-murmuró Elena para sí.

-Es cierto.-respondió Melinda sin quitar la vista del extraño circulo.

El emblema emitió una luz aún más intensa y de la nada una línea se dibujó en él, uniéndose con otra para formar un triángulo que atravesaba al otro que ya estaba dibujado desde un principio.

-¿Qué fue… eso?-preguntó Melinda entrecortadamente.

Elena respiraba con dificultad, sintiendo como si su corazón estuviera a punto de salir disparado de su pecho.

-El segundo ciclo.


Eso fue todo por ahora… tengo malas noticias, se me están acabando las ideas , pero hare hasta lo imposible por seguir con este fic. Pero necesito su apoyo así que se los pido de favor, dejen su opinión y críticas, eso me ayuda mucho, enserio.

Gracias por leer.