Por fin! Después de siglos de abandono, aquí esta el capitulo 20. Como no tengo excusa por esto, mejor los dejo leer el capitulo n.n
Disclaimer: Fire Emblem no me pertenece.
Capitulo 20: Arduo entrenamiento.
–Otro ciclo. –susurró Elena con preocupación.
– ¿Estás segura? –inquirió Melinda con voz temblorosa.
–Sí, cuando el primer triangulo se formó, la anciana me dijo que el primer ciclo se había completado. –Elena se recargó en un muro cercano y trató de calmar los acelerados latidos de su corazón que le decían a gritos lo mal que estaba la situación. –Tenemos que hacer algo. Hay más personas involucradas aquí en Begnion además de Nabor, y siguen matando a mucha gente.
– ¿Y…se lo dirás a tu padre?
–Pues supongo que…supongo que sí. Pero mi padre es lo de menos en este momento, primero necesito recuperar mi libro. –respondió la joven con mucha determinación en su voz y sintiendo un vacio en el pecho al poner a su padre en segundo plano. Para Elena, Ike siempre fue lo primordial.
– ¿Pero qué tiene que ver tu libro? –inquirió Melinda con desconcierto.
–Mucho. –fue la seca respuesta que dio y sin otra palabra, Elena comenzó a subir las escaleras con rapidez, mientras que Melinda trataba de seguirle el paso.
–Elena espérame. –dijo la joven entre jadeos. – ¿Por qué corres?
–Porque tenemos que terminar con esto rápido. –se limitó a responder sin detener su marcha.
Al llegar al final de las escaleras, Elena trató de ubicarse para poder encontrar el camino que la llevaría a donde quería llegar. La desesperación se hacía presente nuevamente, distrayéndola y molestándola mucho, complicando todavía más la situación.
No pasaron ni tres minutos cuando la joven ya se encontraba en su habitación, sacando el libro que estaba debajo de la cama, sin siquiera saber exactamente como era que había llegado tan rápido. El emblema dorado brillaba ligeramente en donde ya había aparecido el segundo triangulo, tal y como el emblema que encontraron en el piso de aquella habitación.
Sin levantar el libro del suelo, Elena comenzó a pasar las páginas rápidamente, haciéndose pequeñas cortadas en sus dedos a las cuales ignoro por completo o rompiendo un poco las hojas que estaban un tanto carcomidas por el tiempo. Para su sorpresa y gran desilusión, más de veinte páginas estaban llenas con pequeños párrafos y renglones que emitían un extraño y delicado brillo rojizo.
–Elena… –dijo Melinda algo agitada por haber corrido tanto. – ¿Por qué no me esperaste?
Elena no respondió ya que estaba muy concentrada en el libro, por lo que ni siquiera noto que su amiga había llegado.
La luz carmesí se fue apagando lentamente, dejando ver a la perfección las palabras escritas en las páginas amarillentas.
– ¡Elena! –espetó Melinda.
– ¿Qué? –dijo Elena algo aturdida y sobresaltada por la súbita reacción de la chica.
– ¿Qué pasa? –preguntó ella, sentándose en el suelo y echándole un ojo al libro.
–Hay más cosas, pero…
Comenzó a revisar todas y cada una de las páginas, notando que la tinta de poco más de la mitad de las primeras páginas estaba totalmente seca.
– ¿Qué? –insistió Melinda con mucho interés y zarandeando levemente a Elena.
–Nada, solo que necesito mi libro urgentemente.
Elena cerró el libro con fuerza para desquitar un poco todas esas emociones que le estaban lacerando el alma y finalmente lo metió debajo de la cama de un golpe seco.
El resto del día transcurrió con normalidad. Elena no podía permanecer mucho tiempo en su cuarto sin sentirse vigilada y sofocada, por lo que se la pasó recorriendo el castillo, haciendo que el tiempo trascurriera muy lentamente debido a lo aburrida que se sentía en ese lugar que a pesar de ser hermoso, se veía tan solitario y sin vida alguna. Todas esas decoraciones le parecían tan exageradas e innecesarias, las pinturas eran demasiado para ella y no entendía como las demás personas las consideraban obras de arte cuando en más de la mitad, lo único que se podía ver eras figuras extrañas y sin sentido alguno. Las pocas personas que rondaban los pasillos era tan solo sirvientes con sus caras de palo e inexpresivas y uno que otro noble que hacia una leve reverencia al verla o algunos mas groseros que simplemente la ignoraban. Al verlos con detenimiento, Elena se daba cuenta de que sus ropas y todas las joyas que llevaban encima eran igual de exageradas que las pinturas e incluso hasta llegaban a ser ridículas. Definitivamente, ella nunca se atrevería a vestirse así, era mejor llevar las ropas tan simples que siempre usaba, frescas y muy cómodas que le permitían moverse con toda la libertad del mundo.
A la hora de la cena, el grupo se reunió en un amplio comedor, pero al mismo tiempo muy acogedor, con una mesa rectangular de madera barnizada y diez sillas alrededor, más una enorme ventana que se alzaba desde el suelo hasta el alto techo abovedado de la edificación.
Por lo que Greil le dijo a Elena minutos antes de la cena, Ike rechazaba las invitaciones de Sanaki de acompañarlos en el comedor principal ya que no le gustaba estar rodeado de todos los nobles que vivían y visitaban el castillo y mucho menos estar escuchando sus aburridas platicas de política toda la cena. Elena agradeció profundamente el que su padre tomara esa decisión ya que, al igual que a él, a ella tampoco le agradaba mucho la idea de convivir con los nobles, por lo que eso le levantó un poco el ánimo.
Durante los primeros minutos de la cena el incómodo y pesado silencio era solo interrumpido por el sonido de cubiertos chocando contra la fina y elegante cristalería de la que estaban hechos los platos, y más tarde se le sumaron las voces de los empleados provenientes del pasillo que chismorreaban acerca de la actitud del esposo de Sanaki y su amigo, un tal Muarim.
Elena mantenía la mirada clavada en su plato, sin siquiera probar un bocado, solo moviendo su comida de un lado a otro. No se atrevía a levantar la vista, temerosa de encontrar los profundos y azules ojos de su padre clavados en ella, llenos de desconfianza y desilusión.
–No juegues con la comida. –resonó como un eco la potente voz de Ike en el amplio comedor, provocando que Elena se estremeciera levemente al sentir la frialdad inusual en aquellas palabras. –Cómetela.
–Sí padre. –se limitó a responder con un hilillo de voz y sin alzar la mirada.
Elena hizo un esfuerzo monumental para poder tragar la comida, tratando al máximo para que los demás no notaran que quería vomitar. No era que la comida fuera mala, al contrario, simplemente no tenía hambre y el nudo en su garganta no mejoraba su situación.
– ¿Vamos a poder entrenar otra vez en el jardín? –preguntó Greil, probablemente en un intento de romper el incómodo silencio.
–Sí. –respondió Ike secamente.
– ¿Greil? ¿Ike? –habló Ranulf, captando la atención de los presentes. – ¿Cómo es que pueden moverse después de todo lo que comen? Y más aún ¿Cómo demonios es que pueden entrenar?
Raiu y Melinda contuvieron la risa, mientras que Elena sonrió débilmente al ver las caras de confusión de su padre y hermano, siendo ellos dos tan parecidos, incapaces de responder a la pregunta, tratando de explicarse a sí mismos las razones de su apetito feroz.
–No sé. –respondieron por fin padre e hijo al unísono.
–Comen más que Skrimir.
Al escuchar las palabras de Ranulf, Raiu no pudo contenerse y rió abiertamente, ganándose una mirada asesina por parte de Greil. Incluso en los labios de Soren se pudo ver una pequeñísima mueca que quería convertirse en una sonrisa, mientras que Melinda cubría su boca para acallar su risa.
De ahí en más, los ánimos se relajaron y la tención desapareció, dando paso a amenas y tranquilas conversaciones entre todos; Ike discutía con Ranulf, Soren hablaba debes en cuando para resaltar las "incoherencias" del laguz. Greil y Raiu discutían de igual manera, mientras que Melinda los escuchaba atentamente, riendo entre dientes al escuchar las estupideces que decían.
Por otro lado, Elena se mantuvo cayada, tratando de comer lo que estaba en su plato, pero sin tener resultado. Al final, y mientras Ike estaba distraído, Greil le quitaba el plato a su hermana y vaciaba la comida poco a poco hasta terminarla. Elena sabía que su padre se había dado cuenta de ello, pero le sorprendió que no los regañara, muy probablemente porque no era la primera vez que lo hacían.
Una vez que todos terminaron de comer, salieron al jardín. El sol ya se había ocultado por completo, cediendo su lugar a una amarillenta media luna.
–Tú vas primero, Elena. –dijo Ike distraídamente, extendiéndole una espada de entrenamiento más grande de lo normal, muy parecida a Ettar, una de sus espadas favoritas.
– ¿Quieres que use esa? –preguntó la joven, sintiéndose algo confundida ya que siempre usaba espadas de entrenamiento regulares.
–Sí.
Elena sujetó el arma, teniendo mucha dificultad para poder levantarla debido al peso.
–Está muy pesada. –murmuró la joven, haciendo uso de todas sus fuerzas para poder alzar la espada y colocarse en posición de pelea. – ¿Por qué no puedo usar otra?
–Prepárate. –fue la respuesta que le dio su padre, quien ahora sujetaba una espada igual a la de su hija, pero él lo hacía con una sola mano, como si fuera muy ligera, pero para él todo era muy ligero, aun podía levantarla a ella con una sola mano sin el más mínimo esfuerzo. – ¡Ahora!
Apenas teniendo tiempo, Elena bloqueó un zarpazo vertical por parte de su padre, siendo este tan fuerte e imprevisto que la joven cayó de bruces al suelo. Mirando a su padre con mucha determinación, a lo que él respondió con una leve sonrisa, la joven se puso de pie nuevamente, esforzándose para mantener su espada firme.
De nueva cuenta, Ike atacó a su hija, esta vez, bloqueando la estocada por completo, pero trastabillándose hacia atrás, momento que Ike aprovechó para atacar de nuevo, poniendo de golpe la punta de su espada tan cerca de la nariz de la joven, provocando que por puro reflejo ella callera al suelo otra vez.
–Supongo que eso es todo. –dijo Ike con seriedad y mirando a la joven a los ojos.
–No. –respondió ella, poniéndose de pie rápidamente y dando un mandoble vertical que su padre esquivó con facilidad, dándole tiempo también para empujar a Elena, quien, siendo jalada también por el peso de su espada, cayó de rodillas.
Frustrada y respirando pesadamente, Elena apretó su puño lastimado y golpeó el suelo con fuerza, provocando que su herida se abriera de nuevo, mientras susurraba una maldición dirigida a sí misma.
–No creo que tengas lo necesario para seguir con esto. –dijo Ike con seriedad. –Mejor descansa.
–Padre… –intervino Greil con preocupación. –Esa espada es muy pesada para ella.
–Si no puede con pequeños inconvenientes no vale la pena que sigamos.
Elena se puso de pie otra vez, levantando la espada con más dificultad que al principio, pero aun así mirando a su padre con mucha determinación, como si sus ojos fueran dos llamas azules.
–Aun puedo. –dijo la joven firmemente.
–Tan persistente y terca ¿A quién me recuerdas? –dijo Ike con una sonrisa en sus labios. –De acuerdo, tal vez sí me excedí un poco. Usaras una espada común… pero nos enfrentaras a Soren, Ranulf y a mí al mismo tiempo.
– ¡¿Qué? –soltaron Greil y Elena.
–Presta atención, Greil, porque cuando termine con Elena tú eres el siguiente.
Greil frunció el ceño y asintió con la cabeza, dando entender que estaría preparado para lo que viniera.
Elena tomó una espada de entrenamiento regular, por más que le doliera en su orgullo al no haber sido capaz de utilizar la primera. Respiró profundo y trató de relajar sus tensos músculos. Al darse la media vuelta, sus tíos, Soren y Ranulf ya estaban preparados. Soren sostenía su tomo de Elwind y Ranulf ya se había transformado en un gato de color azul celeste, mientras que Ike sujetaba la misma espada del principio.
Elena inhaló profundamente otra vez al sentir como los nervios comenzaban a apoderarse de cuerpo al verse por primera vez en esa situación.
– ¡Ahora! –gritó Ike y el trió lanzó su ataque.
Ranulf fue el primero en saltar sobre la joven, tratando de herirle el brazo con sus afiladas garras, estando Elena apenas a tiempo para esquivarlo, recibiendo un leve rasguño y regresando el ataque con un zarpazo horizontal, errando el golpe por unos milímetros.
Después una ráfaga de viento trato de envestirla, pero Elena dio una pirueta hacia atrás, estando a penas a tiempo para bloquear otro ataque de Ranulf, esta vez logrando encestarle un golpe en un costado, por lo que el laguz se alejó al instante. Sin embargo, bajo la guardia, recibiendo un golpe de lleno en el estómago por parte de su padre.
Elena apoyó su espada en el suelo mientras trataba de recuperar el aire. Aunque Ike no había usado ni un cuarto de su fuerza, el golpe le había dolido.
Antes de que pudiera reaccionar, una ráfaga de viento la empujó, levantándola del suelo para después dejarla caer en la fuente del jardín.
Al momento en el que salió del agua su padre ya la estaba esperando. Esta vez en lugar de solo defenderse Elena comenzó a atacar, pero su padre bloqueaba todo con suma facilidad.
Elena lanzó un mandoble vertical, Ike lo cubrió y aplicando más fuerza en su brazo empujó ligeramente a la joven, quien se alejó al instante.
– ¡Raiu, Melinda! –gritó Ike.
Elena se dio la media vuelta y vio como un gato negro se le venía encima. La joven se hizo a un lado justo a tiempo y Raiu cayó al agua, haciendo el típico sonido que todo gato hace cuando lo golpean o lastiman, y salió de la fuente a toda velocidad. Las carcajadas de Greil no se hicieron esperar, pero ella no tuvo tiempo de relajarse porque la siguiente en atacar fue Melinda, lanzando estocadas con una velocidad impresionante que Elena bloqueó pero acelerando el paso para poder contraatacar, logrando encestarle un golpe en el estómago que la sacaría de combate por un buen rato.
–Perdón. –se disculpó la joven al notar que tal vez se le había pasado un poquito la mano.
Al darse la media vuelta, y sin siquiera poder defenderse, Ranulf la derribó y antes de que la joven pudiera ponerse de pie, Ike ya había puesto la punta de su espada en su garganta.
–Termino. –dijo con seriedad.
–Déjame intentar otra vez. –pidió y como respuesta solo recibió una risa por parte de su padre.
La joven frunció el seño y curvó sus labios como en un pequeño puchero. Se puso de pie en el momento en que ya no sintió la espada en su garganta.
–Tranquila, no esperaba que lo lograras. –dijo Ike, seguramente al notar la actitud de su hija. –Ve a quitarte eso antes de que enfermes. Pero quiero verte aquí en cuanto termines, ¿Quedo claro?
–Sí papá. –musitó Elena con la mirada baja.
–Buen trabajo, Elena. –la animó Ranulf. –Nunca me había costado tanto trabajo derribar a alguien. Ahora veremos qué tal le va a tu hermano.
La joven solo sonrió débilmente en agradecimiento.
–Gracias por cansarlos. –le susurró Greil una vez que Elena se acercó.
–Como si eso fuera posible.-respondió la joven. –Eso no fue nada, solo míralos. Además, papá te hará usar la otra espada.
–Sí, lo sé. –dijo Greil con una sonrisa de suficiencia. –Pero yo sí puedo usarla.
–Presumido.
Elena se marchó corriendo al interior del castillo, aunque estaba haciendo un gran esfuerzo para seguir de pie y no ceder ante el agotamiento de sus músculos que le pedían a gritos que se detuviera. Pero no podía, simplemente no podía.
Cuando llego a su habitación, cambio sus ropas sucias y mojadas lo más rápido que pudo. Antes de salir de la recamara sacó el libro de debajo de la cama, suspiro profundamente y lo tomó con ambas manos. Era ahora o nunca, tenía la oportunidad de cambiar el libro mientras su padre estaba ocupado.
Ok, eso es todo, prometo echarle muchas ganas para que esto no vuelva a ocurrir, lamento haberlos hecho esperar tanto tiempo.
Ahora me despido, hasta la próxima. Muchas gracias por leer. No olviden dejarme su opinión.
