Aquí estoy :D

.-. corto, muy corto, pero quería poner esto n.n se que le gustará mucho a una amiga ;D bueno eso espero xDDD

En fin, quiero agradecer a todos los que me leen y dejan su review, LucinaLowell n.n me alegra mucho que te guste esta historia

Bueno, sin nada mas que decir, aquí les dejo este capitulo :D


Capitulo 22: Alberich

Elena se despertó a causa de unos rayos de sol sinvergüenza que se paseaban a sus anchas por su rostro, lastimando sus ojos. Todo su cuerpo dolía, desde su cabeza hasta la punta de sus pies. Además, se sentía demasiado cómoda entre el montón de cobijas como para siquiera moverse, hacer eso era una tortura para sus músculos.

Sus brazos eran los más afectados, se sentían como una tonelada sobre unos pobres huesos y articulaciones rígidas y frías. En un momento de estupidez, se sentía tan vieja. Le era imposible respirar por sus fosas nasales, por lo que mantenía su boca abierta, y el estar debajo de todos esos cubrecamas hacia que le faltara el aliento, por lo que su respiración se escuchaba como unos miserables jadeos de criatura moribunda escondida entre la cama.

Luego, de súbito, sin previo aviso, sintió como unas manos la zarandaban casi de manera brusca. Por puro insistió ella grito y pateo, sin salir de la seguridad de las cobijas, eran un poco gruesas, pero obviamente no lo suficiente para defenderla de un posible depredaron que se haya colado en el cuarto de su padre, pero en ese momento de debilidad mental, para Elena esas cobijas eran como un muro de ladrillo y sus desesperados golpes tratando de defenderse eran diez veces más fuerte porque, efectivamente, estaban cubiertos de ladrillos.

Su mano golpeó algo muy duro, incluso ella misma se lastimó, y al instante, el bramido de dolor de ella y de su atacante se dejaron oír, en sincronía perfecta, como almas gemelas.

– ¡Greil! –espetó Elena al darse cuenta de que su atacante era el malvado de su hermano.

–Elena…te pasaste. –se quejó el muchacho, con un poco de sangre en el rostro y las manos. –Me diste justo en la nariz.

–Es tu culpa por haberme asustado así.

Greil se sentó junto a ella, limpiando los hilillos de sangre que escurrían por su aun perfecta y respingada nariz.

–Sigue estando bonita. –le aseguró, con esperanza de que su hermano no fuera a molestarse con ella. El asintió, con una sonrisa de superioridad en sus labios.

–Siempre será bonita. –dijo. –Hermana, ahora te daré el mejor consejo de tu vida.

Elena le miró con confusión, ansiosa por escuchar el supuesto consejo de su hermano.

–Arréglate, ponte tus mejores garras, maquíllate por primera vez en la vida, péinate bonito y… –detuvo un momento su discurso, miró a los ojos de su desconcertada hermanita y luego le dio un beso en la frente. –Obedéceme que soy mayor que tú.

–Según el tío Soren, –dijo Elena, aclarando su garganta para refutar de la mejor manera al comentario de su hermano. –son solo dos minutos, los cuales no influyen para nada en madurez por lo que tanto tú, el hermano mayor por dos escasos minutos, y yo, la hermana menor por esca…

–Ya entendí. –la interrumpió Greil, frunciendo el ceño, luciendo tan idéntico a su padre. –Te gusta destruir mis ilusiones de saber que nunca seré hermano mayor.

Elena rió, se sintió tan raro, llevaba mucho tiempo sin hacerlo de manera sincera, de manera real que era como si ya lo hubiera olvidado. La vibración en sus cuerdas bocales era tan bizarra y al mismo tiempo reconfortante y placentero. Su pecho se entibió y por un momento pensó que lloraría de felicidad. Pero luego se dio cuenta de que aun faltaba su padre ahí., eso secó su ilusión de inmediato junto con las lágrimas.

–Anda hermana, hazme caso. –insistió su hermano, tomando su mano y apretándola levemente. –No en todo, no necesitas ponerte maquillaje ni nada, eso nunca ha sido necesario para que te veas bonita.

–Te quiero mucho, Greil. –le dijo en un hilo de voz por miedo a que esta se fuera a quebrar, abrazando fuertemente a su hermano.

–Yo también te quiero mucho, Elena.

Permanecieron ahí, un rato, abrazados, como solían hacerlo cuando eran más pequeños y Elena temía al hombre en el armario. Ahora sabía que no había nada en el armario, pero seguía necesitando del consuelo de su hermano, más ahora que su padre no le ofrecía nada más que secas palabras y abrazos un tanto amargos.

Greil se despidió de ella, alegando que tenía cosas que hacer, sin dar más detalles, pero insistiendo en que Elena tomara un baño y se arreglara lo más pronto posible. Y ella así lo hizo, no tanto porque su hermano se lo dijera, sino más bien porque estaba aburrida y quería ir a seguir a su padre y ver si quizá podía ayudarlo en algo, o mejor dicho, así podría pasar tiempo con él usando un pretexto.

Sin embargo, una vez que Elena estuvo lista y salió en busca de su padre o alguien más de su familia, pero no encontró a nadie. Al preguntar su paradero se le dijo que habían salido, todos y ninguno le había dicho nada. Era más que obvio que no la querían con ellos. Ni siquiera su hermano le había hablado de ello.

El sentimiento que la embargaba era confuso, estaba molesta, dolida y muy ofendida, no sabía cuál de todos ellos era más fuerte, quería llorar, quería gritar y quería reír, todo al mismo tiempo. Su padre no la quería cerca, por eso no la había llevado a donde quiera que hubiera ido.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas al pensar que su padre ya ni siquiera era capaz de tolerarla cerca de él.

En intento ´por calmarse y distraerse busco una espada y comenzó a practicar, sola, no había nadie con quien pudiera hacerlo más que ese curioso muñeco especial colgado en medio del campo de entrenamiento. En él estaba descargando todo su coraje, no podía pensar con claridad, solo daba golpes, estocadas, zarpazos con ambas manos. Gritaba de rabia y de coraje mientras por sus mejillas corrían las lágrimas indiscriminadamente. Cuando ya no tuvo más energía para poder seguir simplemente se dejo caer de rodillas al suelo, sin dejar de llorar, su llanto era demasiado pesado y demasiado grande como para seguir teniéndolo en el pecho, no la dejaba respirar. Llorar así se sentía tan bien, pero también dolía mucho, dolía mucho que por primera vez su padre no estuviera ahí para abrazarla y consolarla como lo había hecho desde que tenía memoria. Imaginaba que seguramente las cosas serian así de ahora en adelante y eso simplemente le desgarraba el alma, quería tanto a su padre y su desprecio era demasiado para ella.

No supo cuanto tiempo estuvo ahí, no podía siquiera ver o sentir lo que estaba a su alrededor, todo ese rato todo fue el llanto y la liberación que este le brindaba.

–Elena.

Al escuchar esa voz masculina, la chica se sobresaltó tanto que no pudo evitar dar un grito y brincar en su lugar, poniéndose de pie y limpiándose las lagrimas antes de darse la vuelta para encarar a la persona que le hablaba.

Era un muchacho, alto, musculoso de cabello negro y un poco largo, de una piel con un bronceado suave. Cuando Elena vio sus ojos, sintió que el corazón estuvo a punto de salir dispara de su pecho; eran grises, profundos y brillantes. De inmediato recordó al dueño de esa mirada tan cálida y amigable que desde niña despertó tanto en ella.

El muchacho se acercó y limpio las pocas lágrimas que aun quedaban en su rostro y le susurró un "tranquila" con esa voz tan fuerte, varonil, y al mismo tiempo tan calma. Ella no pudo contenerse y se lanzo a sus brazos, llorando de nuevo, pero esta vez era de alegría al volverse a encontrar con él.

–Alberich. –pronunciaba su nombre entre sollozos incontenibles, su pecho se sentía tan tibio al recargar su cabeza en él, el sonido relajado de su corazón también la hizo relajar su cuerpo, y sus fuertes brazos rodeándola la hicieron dejar escapar suspiros temblorosos.

–Mi Elena.

Sabía que con él de vuelta, su mejor amigo, su primer amor, ya no se iba a sentir sola otra vez.


Como siempre, sus comentarios son muy bien recibidos, déjenme su opinión y criticas, creo que tengo muchos errores por ahi .-. siempre se me escapan todos xD

Nuevamente, muchas gracias y hasta luego n.n/!