Al fin :D estoy aquí
Disclaimer: Fire Emblem no me pertenece
Capitulo 23: El Brazalete de Cristal
Se podía pasar todo el día hablando con él, caminar sin rumbo, a su lado, y nunca se aburriría. Admiraba sus ojos tan grises que lucían como la plata liquida; su bronceada piel como la arena de la playa, por donde tanto le gustaba pasear por las tardes cuando aún vivía en la Isla Cangrejo con toda su familia. Su cabello era tan negro como el cielo nocturno y brillante como las estrellas plateadas que lo coronaban todas las noches.
—¿Sabes a qué horas vendrá tu padre? —Preguntó, su voz era como un suave ronroneo en medio del pesado silencio que rondaba por los corredores del castillo—. Quería hablar con él.
Elena, nerviosa como se ponía al hablar con él, meneó la cabeza en gesto negativo. Su padre ya no le decía nada. Apenas y cruzaba palabra con ella, seguramente Alberich ya lo había notado también, era demasiado obvio, incluso para él que apenas había llegado un par de días atrás.
—¿Está…todo bien? —le preguntó, tomando su mano, apretándola con delicadeza—. Elena.
La joven sintió como si las piernas perdieran sus fuerzas, pero se las arregló para sonreír y mirarlo a los ojos.
—No te preocupes —respondió.
—Es que no me parece normal que estés tan alejada de tu padre.
—Bueno…es que…
Alberich la tomó por las mejillas, obligándola a alzar la mirada de nuevo otra vez y mirarlo. Ella adoraba mirar su apuesto rostro, pero ahora no quería hacerlo porque sabía bien que él vería en sus ojos como se estaba sintiendo en ese momento.
—Confía en mí —le dijo y Elena lo abrazó, lo abrazó tan fuerte como le fue posible.
Ya no se sentía protegida cuando estaba con su padre porque simplemente, nunca estaba con él. Y su hermano…Greil se la pasaba con Ike, y Elena estaba segura que comenzaba a evitarla, al igual que Raiu y Melinda.
—Yo… —trató de decir, pero un sollozo escapó de sus labios, triturando las palabras.
Alberich le acarició el cabello de una manera tan suave, besó su frente y la abrazó fuerte, no la soltó hasta que ella se sintió mejor otra vez.
—Todo estará bien —susurró, limpiándole las lágrimas.
—¿Cuánto…cuanto tiempo te quedaras aquí? —preguntó Elena, queriendo cambiar el tema de conversación lo más pronto posible.
Alberich se encogió de hombres, Elena lo notaba cansado, solo después de un tiempo de contemplar su rostro de dio cuenta que debajo de sus ojos se asomaban unas oscuras ojeras y su sonrisa, siempre en sus labios, no era tan radiante como solía serlo hace años.
—…Alber. — susurró, y a pesar de haber sido completamente audible, el muchacho no lo notó. Se quedó con la mirada perdida en el reluciente piso de mármol del castillo, como si eso fuera lo más interesante del mundo, sus ojos brillaban tanto, se asemejaban a la plata derretida.
El suave eco de otras voces les alcanzó, cada vez más alto al igual que el sonido de unos pasos apresurados. Alberich levantó de inmediato la mirada y Elena se dio cuenta de la seriedad que se dibujaba en sus lindas facciones. Elena se volvió también, justo a tiempo para ver a las dos personas que acaban de llegar.
Uno era un hombre alto, de barba y bigotes largos y espesos que le cubrían la boca por completo. Era calvo y su cabeza brillaba tenuemente con la luz que se colaba por los ventanales. Sus ojos eran como unas pequeñas perlitas de color marrón, ocultos parcialmente por las pobladas cejas que había sobre ellos. Llevaba una pesada armadura de acero color blanco y dorado, una capa verde amarrada al cuello con un broche de plata con lo que parecía ser algún escudo.
El otro era un muchacho, quizá un poco más joven que Alberich. Alto, delgado, luciendo unos pantalones blancos, unas botas hasta las rodillas, algo gruesas por el metal de color azul que tenía para cubrir la parte de enfrente y el empeine, una camisa azul de seda, larga, un poco más arriba que la mitad del muslo, también llevaba partes de armadura: en el pecho y los hombros hasta el codo. Guantes de cuero café como el cinto amarrado a su cintura de donde colgaba una espada en una vaina con detalles de oro. Una capa negra amarrada a su cuello ondeaba con la suave brisa que se colaba por los corredores desde las ventanas abiertas para dejar entrar el fresco aire matutino.
Elena lo miraba con detenimiento y sin darse cuenta, sus ojos se habían encontrado con los de él. Azules, claros y limpios como el cielo despejado. Unos pequeños mechones del mismo color caían suavemente sobre su mirada.
—Alberich. —dijo, sin dejar de mirar a Elena, ella sintió algo extraño en el pecho y desvió la mirada rápidamente—. Partiremos a Melior mañana temprano.
—Alteza —Alberich hizo una reverencia ligera, su rostro seguía siendo muy serio, inexpresivo al igual que el del soldado de armadura blanca—. Tan solo hemos estado aquí una semana, su padre…
—Lo sé, pero no hay mucho que hacer aquí hasta que no atrapen a Nabor.
Elena sintió un escalofrío recorrerle la espalda al escuchar ese nombre. Ella lo había dejado esperar, todos los problemas que ocasionara de ahora en adelante serian su culpa y de nadie más.
—Bien, como ordene, Alteza —asintió Alberich con tono solemne. El muchacho vio a Elena por última vez y le sonrió antes de macharse junto al saldado de armadura blanca.
—No te vayas, Alber. —fue lo primero que la joven pudo decir, a modo de suplica, con los ojos anegados en lagrimas otra vez, sentía una punzada de dolor en el pecho, una que se sentía como puñalada en el corazón.
—Yo…perdóname —murmuró, dándole un delicado beso en la mejilla—. Hablamos en la cena.
Antes de que Elena dijera otra cosa, Alberich ya le había dado la espalda y caminaba en dirección por donde el muchacho, el príncipe de Crimea, se había marchado junto a su soldado.
Elena no salió de su cuarto en todo el día, ni siquiera cuando su padre volvió, poco antes de que se ocultara el sol. No tenía caso, quería estar con él, como lo había hecho desde que tenía memoria.
Elena no conocía la vida sin un padre, nunca se la quiso imaginar, ahora estaba viviendo en su peor pesadilla, de cual simplemente no podía despertar.
Lloró. Lloró cuando fue una mucama la que le avisó que la cena estaba lista, lloró cuando nadie fue a insistirle que bajara a comer, también lloró cuando la noche iba avanzando y nadie fue a saludarla; no los había visto en todo el día, pensó que tal vez irían con ella después, pero no fue así. Ni siquiera Alberich.
No fue hasta que las lágrimas ya se le habían agotado y los ojos le ardían al estar tan secos, que su padre entró a la habitación.
—¡Papi! —exclamó Elena, sin poder contener la emoción al verlo. Lo abrazó, pero cuando él no correspondió, supo que había hecho mal y sintió un inmenso vacío en el estomago.
—Prepara tus cosas porque te vas mañana —le dijo, de una manera tan fría y cortante que Elena se estremeció.
—¿Me enviaras de vuelta a casa? —preguntó, separándose de él, viendo como sus ojos azules tan idénticos a los de ella eran inexpresivos, carentes de cualquier emoción. Elena recordó al instante que esa era la misma manera en la que Ike veía a Hikari.
—Sí.
—Papá, por favor no, te prometo que me portare bien, te lo juro —pidió, con la voz temblorosa al igual que sus piernas—. Además, mi hermano te está ayudando mucho y Raiu también.
—Ellos no se irán, te irás tú nada más.
La enviaría sola. La estaba dejando sola.
—No, papi por favor no.
—Basta. Prepara tus cosas porque mañana te vas a Crimea junto con Alber. Te llevara a Toha y ahí tomaras un barco de vuelta a la isla. Obedece. —con esa última orden que le cayó a Elena como un balde de agua fría, Ike se marchó.
La joven se sentía sin aire, débil e inútil. Sentía que todo el mundo se le venía encima y que nadie estaba ahí para sostenerlo, solo ella. Estaba sola.
No.
Sintió una cálida briza cepillarle el cabello, era esa misma sensación que sentía cuando su padre la reconfortaba las noches que tenía miedo, pero al mismo tiempo era distinta. Era mejor.
Del armario tomó su libro y lo abrazó con fuerza. Las ganas de llorar desaparecieron y las reemplazó la ira. Una ira contra todo y contra todos, en especial contra su padre.
Pensó en Hikari, en lo que siempre le decía cuando era niña. "Tu padre no te quiere". Aquel horrendo siseo se escuchaba tan claro, tan nítido en su oído.
—Maldita —musitó Elena, al aire, rogando porque la mujer la escuchara a ella también—. Ojala te mueras. Ojala te mueras maldita zorra.
"Si decides venir conmigo solo recita el hechizo que está en la tercera página de tu libro". Esa era la voz de Nabor, mucho más clara que la de Hikari.
Entonces Elena supo bien lo que tenía que hacer. No se iba a quedar sola, ni aunque si padre lo ordenara así.
Abrió el libro, buscó en la tercera página y comenzó a recitar el corto hechizo. Después de leer la primera palabra, un cosquilleo se apoderó de su cuerpo y su lengua parecía moverse por sí sola; su voz sonaba diferente y fue como si muchas otras voces se le unieran, pronunciando cada palabra al unísono, como un canto rítmico que adormecía los sentidos.
Todo a su alrededor parecía diluirse en medio de una profunda oscuridad que comenzaba a apoderarse de cada rincón. Los tapices de las paredes y las pinturas que colgaban de estas se desdibujaban en figuras grotescas hasta formar siluetas sin rostros, todas a su alrededor.
—No estás sola —proclamó una voz firme que hizo callar todas las demás—. Mi reina nunca estará sola.
Elena sintió como si algo la tomara por la muñeca izquierda, y minutos después, un intenso ardor se apoderó de todo su brazo, haciéndola gritar.
Luego, el frió, un intenso frio y un dolor de cuello.
Abrió los ojos y se encontró acostada en el suelo, en una posición demasiado incomoda, temblando, con dolor de garganta. Se puso de pie con cuidado y se acercó a la ventana; unos finos y pálidos rayos de sol peleaban contra las cortinas para poder entrar.
—Ya amaneció —el libro estaba en el suelo, justo en la tercera página. Elena recordó lo ocurrido y miró su brazo, donde había sentido el intenso dolor. El corazón se le aceleró al ver su muñeca decorada con un hermoso brazalete de cristal color vino con una brillante piedra en el centro de color negra.
Después de tanto tiempo, ahí tienen el capitulo n.n
Perdón por todos los errores que han de andar por ahí u.u
¿Me regalan un review por fis? xD
Gracias por leer n.n
