Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.


Capitulo II: Tainaka vs. Asano

"Conoce a tu enemigo, y tenle piedad"

La disquera D&C Entertaiment de Daichi Asano, estaba empezando a tener cierta reputación en ciertas regiones del archipiélago nipón. Creada por su padre, Masao Asano, Daichi decidió seguir sus pasos, convirtiéndose en un gran exponente de la música moderna, y llevando a lo más alto el nombre de la disquera. Porque una de sus metas, por no decir la principal, es que sea reconocida por el mundo entero, y estar entre las mejores disqueras, como por ejemplo: Sony Entertaiment, Jive Records, Emi Music, entre otras.

Daichi también tenía en mente otra meta: destruir la disquera de Genkei Tainaka.

La rivalidad de ambos nace cuando cursaban el cuarto año de estudios universitarios. Se conocieron por medio de un conocido de ambos, que reclutaba personas para formar una sociedad empresarial. Asano y Tainaka eran conocidos por ser temibles en cuestiones de negocios, aunque ambos tenían sus propios métodos. Al principio era sólo una mera diversión de parte de estos jóvenes. Sólo tenían en mente en aprender cómo se manejaba una empresa, o cómo lidiar en ella, dentro del mundo de los negocios. Nada fuera del otro mundo.

Sin embargo, Daichi tenía una banda formada junto a su hermana Anzu y dos amigos más. Enseguida se hicieron populares dentro de la comunidad universitaria. Su género era una mezcla entre Pop y Rock, y tenía muy buenas canciones, propias de ellos. Además, solían tocar covers de otros artistas. Pero nada era color de rosas para Daichi, a pesar de que era popular, tenía una banda y su promedio de calificaciones era excelente.

Su hermana, Anzu, había caído enamorada de Genkei. Lo acepto, porque no le vio nada malo. Además, ambos no tenían mucha rivalidad, fuera de los estudios. Ambos competían por tener siempre un promedio alto, y estar dentro de los diez mejores. Resignado, decidió dejar a su hermana que siguiera su camino, mientras el corazón hablaba. Pero jamás dejaría de ser el hermano que ella necesitara, por cualquier cosa.

Aquella relación no duro más de seis meses.

Incompatibilidad.

—Todo está listo para el lanzamiento del álbum de Atsushi, señor.

—Gracias. Puedes retirarte.

Daichi despertó de sus recuerdos con la entrada de su asistente para darle la noticia. Se levantó de su silla, y camino hacia el ventanal que tenía vista hacia la ciudad. Su mirada se perdía con el vaivén del movimiento de las personas. Ahora, estaba todo listo. Su plan no podía fallar. La caída del imperio de Tainaka sería inevitable. Sólo es cuestión de convencer a los herederos, y todo, absolutamente todo, sería de él.

Movió la cabeza negativamente, espantando cualquier pensamiento de derrota contra su persona. Él es un hombre de palabra. Un hombre que juró vengar la muerte de su padre, de su única hermana y de la bancarrota que obtuvo, gracias a los desfalcos que se le hiciera a la empresa. Aceptó que sus allegados murieran. Aquello estaba escrito en el destino, pero lo de su empresa, eso no. Y aquello tenía nombre y firma: Genkei Tainaka.

Londres - Inglaterra

Ritsu acababa de ducharse. Lo necesitaba de manera urgente para olvidar la última discusión que tuvo con su padre. A veces su padre podía llegar a ser paranoico, además de exigente y eso la estresaba. Ya le estaba cumpliendo sus capricho, ¿qué más quería? A veces pensaba que su padre no se conformaba con una simple respuesta, e iba en busca por más. Siempre quería saber todo. No estaba mal aquello, pero él abusaba. Notablemente.

Habían pasado cinco años desde que ella se fue de su tierra natal, Japón. Cinco años, que, a pesar de haber tenido comunicación con sus amigas, no era lo mismo, y eso lo sabía. Extrañaba tocar. Extrañaba coger sus baquetas, sentarse en la batería, y empezar a entonar las melodías de las canciones escrita por Mio. Suspiro suavemente, repitiendo el nombre de la bajista. Ella no se fue nunca de su corazón.

Se vistió con un jean ajustado, botas color café, blusa café y encima una gabardina color negro. Además de ponerse una bufanda. Moda Europea. Sonrío con gracia y diversión. Aquello fue idea de Yui, cuando habló con ella días atrás por medio del chat del Facebook. Suspiro derrotada. "A quién engaño. Jamás seré feliz. Tal vez, este sea mi destino." Pensó con melancolía. Sus sueños se fueron al traste, hace cinco años. Ahora, estaba a punto de graduarse, y tomar definitivamente las riendas de la empresa familiar.

Ese no era su sueño. Ese no era su objetivo. Pero para su desgracia, es la primogénita, y la responsabilidad de sacar a la familia adelante, el negocio, caía sobre sus hombros. Satoshi, su hermano menor, también estaba cursando sus últimos años de estudios. Él cogería otra porción de la empresa. Ahora, el destino estaba poniendo en sus manos el reto más grande: salvar la disquera de una bancarrota segura.

Su padre ya no tiene la misma vitalidad que antes. Está más viejo, más cansado, más paranoico, más enfermo. No hay que pensar que Ritsu no lo ama. Lo hace, a su manera. Pero no pudo luchar contra él. Le había quitado casi la mitad de sus cosas, si no obedecía sus órdenes; si no seguía sus reglas. Y para no tener nada a tener aunque sea unas migajas de la familia, acepto. Pero su vida ya no era alegre. No era la misma.

Estando en Londres, y durante esos cinco años, la castaña tuvo alrededor de seis intentos de suicidios. Todos fueron salvados a último momento. Era como si Kami-sama le impidiese morir para subir al cielo… o bajar al infierno. Como fuere. Ella, simplemente, no quería seguir más con ese juego absurdo que se montó su padre con la disquera rival. Genkei se aferró, como ancla de barco, cuando este tiene que detenerse a reposar en medio del mar, a la disquera. Y lo que resultó ser una guerra de negocios, se convirtió en una guerra personal.

Y ella no quería estar ahí.

Sus ojos, sus expresiones lo denotaban. Entonces, ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué seguía el juego de su padre? ¿Acaso también ese era su sueño, pero estaba bien oculto? Movió la cabeza de forma negativamente. No tenía respuesta, tampoco las quería. Miraba cada vitrina de cada local comercial de la ciudad, su mente no estaba ahí, tampoco su mirada. Sólo estaba su cuerpo, moviéndose por inercia.

En las últimas semanas, apenas y si podía dormir. En cada sueño, aparecía la imagen de Mio. Una Mio sonriente, una Mio seria, una Mio soñadora, una Mio… Todo desembocaba hacia la bajista. No es que cortó de golpe la comunicación con ella, pero tampoco hizo algo para mantenerse en contacto con aquella niña de ojos grises que tanto la cautivaba y provocaba que su corazón latiera con más rapidez.

Y la diferencia horaria, fue otro factor.

Su tesis ya estaba terminada. Sólo estaba puliendo ciertos detalles, y la siguiente semana tendría que ir a la universidad a sustentarla. Ritsu se había convertido en una estudiante ejemplar, de buena disciplina y buenos estudios. A pesar de que era cortante, y cerrada, no dejaba su lado tierno y tranquilo. Cuando ayudaba, lo hacía de manera desinteresada. Sólo porque le nacía de lo poco que quedaba de su buen corazón.

Había llegado a un local de instrumentos y frente a ella, en la vitrina, estaba un bajo y una batería. Inmediatamente su mente viajo, cuando fue estudiante de la preparatoria Sakuragaoka, y tocaba para HTT. Sonrió con melancolía.

Aquello había quedado atrás.

6 meses después

Mio recibía su diploma de graduada de la Universidad. Le había costado tanto sacrificio llegar hasta donde llegó. Incluso, paso el momento más amargo de su vida: la muerte de su padre. Fue una muerte repentina, casi como un abrir y cerrar de ojos. La bajista se encerró, aún más, si le era posible, en sus estudios. Le había prometido a su padre graduarse con altos honores, pero sobre todo, seguir con el legado Akiyama.

La academia de música era relativamente mediana. Sólo contaba con ella, como maestra de bajo e introducción a la música, Azusa como profesora de guitarra, Chinatsu como profesora de piano e Izumi como profesora de batería. Además, había tres empleados más en el área administrativa. Sin embargo, todo el peso caía sobre Mio.

—Por fin terminamos. Dios, si mañana fuera un día laboral más, no sé si mi pobre cerebro funcionará. Ya no doy —se quejó Izumi.

—Vamos, Izumi-senpai, usted toca esplendido la batería. Hasta podría jurar que se olvida que el tiempo pasa mientras está sentada tocando.

—En eso te doy la razón, Azusa. Pero he tenido unas semanas bastantes agitadas. No sé si podré seguir con este ritmo de vida. Y eso que no salgo de fiestas, sino…

Izumi hizo un gesto como si le hubiese dado escalofríos por toda la columna vertebral. Mio y Chinatsu se reían de las ocurrencias de su amiga. Sin poder evitarlo, la bajista recordó a Ritsu. La castaña era similar a Izumi, pero nadie la igualaba. Ella siempre fue la única en su vida. Sonrió con nostalgia y Azusa se percató de aquello. La koneko también se sentía así con respecto a Yui.

Y el mundo da vueltas.

—¿Cómo te fue con el negocio? ¿Acuerdo o no acuerdo? —Genkei le preguntaba a su hija por teléfono con extrema ansiedad. Necesitaba artistas nuevos, y dar un respiro a la disquera.

—No hay acuerdo. Simplemente la otra disquera le ofrece algo mejor.

—¡¿Cómo es posible aquello?! De seguro no hiciste el negocio como tenías que hacerlo, Ritsu. Siempre tan…

—Mira. El artista simplemente me dijo que nosotros somos "obsoletos", con ideas muy atrasadas. Él hace música de genero Rock-Pop, y eso nosotros no ofrecemos. No es nuestra línea. Simplemente, no estamos a la altura de las otras disqueras. ¿Entendiste?

—Ritsu Tainaka. Esto es simplemente idea tuya. Estás molesta porque… —Ritsu había colgado de un fuerte golpe el teléfono.

La ex baterista de HTT se sentó en el filo de la cama, y se sobaba las sienes con los dedos índices de ambas manos. Su padre no entendía. Simplemente porque no le daba la gana de entender. Estamos en la época moderna. Los chicos, adolescentes y jóvenes escuchan géneros como el Rock-Pop, Punk, Metal, Pop… No quieren nada de música clásica antigua, sino moderna. Pero Genkei seguía con la idea de que era su hija la que ponía las trabas porque no la dejo seguir con la carrera de música.

Su mente estaba cansada. Su alma, también. Y su corazón, hecho pedazos.

La brisa removía su flequillo con delicadeza. Parada ahí, frente a la tumba de su padre y de su madre, recordaba la época cuando todo era tranquilo, y vivía con su familia de manera pacífica y alegre. Ellos lo eran todo para ella y su imouto, su ejemplo de lucha y humildad. Ya no poseía lágrimas, había llorado lo suficiente y se había propuesto a seguir adelante, y ayudar en todo lo que estuviera a su alcance a Ui.

Estaba recordando cuando hizo aquella visita.

Estaba sentada detrás del escritorio de su oficina. Yui había asumido el control de su empresa, una editorial que se encargaba de sacar revista, y libros relacionados con el mundo de la música. Sus ojos achocolatados estaban fijos mirando la puerta de madera, y su mente estaba perdida. ¿Cuándo fue la última vez que tuvo contacto con las demás chicas? No lo recuerda, sólo sabe que fue hace bastante tiempo.

Encima de su escritorio, tenía tres portarretratos: uno con su familia, cuando era pequeña; otro con su hermana menor, cuando ella se graduó; y finalmente, una con las chicas de HTT. Poso su mirada en la última fotografía, y se quedó contemplando a Azusa. Aquella niña de coletas que la traía loca y enamorada. ¿Qué será de la vida de ella? Muy pocas veces conversaron, y en esas veces, sólo se limitó a saber cómo le iba ella en la universidad y si trabajaba.

¿Dónde rayos quedó la Yui extrovertida e infantil?

Enterrada, junto a sus padres. Fue su propia respuesta.

Una sonrisa amarga apareció en su rostro.

Asano estaba convencido que su plan de destruir la disquera de Tainaka funcionaría. Esta vez, se aseguraba de que el plan saliera como se lo diseño. Tuvo tiempo, y en ese lapso, lo diseñaba, lo revisaba dos o tres veces, y se convencía que esta vez, tomaría el control absoluto de la industria musical en Japón. Él ofrecía más variedad de géneros que su rival. Y no tenía pensamientos obsoletos y anticuados.

La última investigación que hizo, descubrió datos muy interesantes. Aquella información reposaba en una carpeta que la tenía guardada en un cajón de su escritorio. Sonreía con triunfo. Sólo era cuestión de coger el teléfono, separar una cita con la heredera de la disquera de Tainaka y llegar a un acuerdo exitoso.

La rivalidad que tenía Asano con Tainaka, llevaba mucho tiempo. Y pareciera que no tendría fin.

Genkei no sólo se enamoró de su pequeña hermana, sino que se encargó, meticulosamente, de destruir su disquera. Lo hizo por envidia, por odio hacia su persona. Porque simplemente, Genkei era un hombre que no aceptaba que las personas fueran diferentes de él. Hasta donde supo, él tuvo un hermano, pero que falleció. Nunca se supo cuáles fueron sus causas, jamás las comento.

Cuando se enteró que su archirrival levantó una disquera, y tenía buenos artistas, lo primero que tuvo en mente fue idear un plan, que se diera de tal manera, que Genkei no se diera cuenta que sus valiosos artistas se iban, precisamente, porque su línea obsoleta de música, no iba acorde a los tiempos modernos, y que por tanto, no les podía ofrecer una saludable y exitosa carrera musical a estos jóvenes prometedores.

La idea estaba ahí.

Y él la pondría en marcha.

—Señor, la señorita Tainaka está en la línea, ¿se la paso?

—Sí. Claro —cogió el teléfono y alzó su mirada verde oscura hacia el techo de su despacho.

Sonrió.

—Dígame, señorita Tainaka, ¿en qué puedo servirle?

—Me gustaría tener una reunión privada con usted, el día viernes a las ocho de la mañana —tan directa como su padre, pensó Daichi.

—Será un placer. ¿De qué trata la reunión?

—Alinear parámetros musicales. Quisiera llegar a un acuerdo con usted sobre la fusión de mi disquera con la suya y que línea podríamos tomar.

Sorpresa.

Admiración.

¿Acaso la hija del gran Genkei Tainaka tiraba la toalla en nombre de su padre?

—Perfecto. La esperaré el día viernes a las ocho, señorita Tainaka.

—Hasta ese día.

Ritsu sabía lo que hacía. Si su padre no lo hizo por cobarde, lo haría ella. Ella rompería ese legado, rompería esa línea de la cual estaba atada su familia. Ella podría levantar otro negocio relacionado con la música, no habría problema. Estaba segura, que aquel hombre, con el cual acababa de hablar, tiene que ver con su padre, su pasado y la rivalidad que hay entre ambas disqueras. Lo intuía. Después de todo, es mujer. Y una mujer, tiene un sexto sentido desarrollado que el hombre no lo tiene.

Sentada en la habitación de su departamento, pensaba con tristeza lo que ha pasado todo este tiempo. Ya graduada, no sabía hacia dónde dirigir su vida. Porque su vida se quedó en Japón, y con ello, el amor de su vida. ¿Sabrá aquel hombre ese secreto que tanto lo ha aguardado con delicadeza y esmero?

Miro la foto de Mio Akiyama ya graduada. Sus ojos grises ya no irradiaban alegría, sino por el contrario, estaban apagados y denotaba una tristeza profunda, ¿qué le habrá pasado a su amada? Ritsu por estar ocupada tratando de negociar con buenos artistas prometedores, descuido de su relación con Mio, y casi no pasaban palabras. Tampoco entraba al Facebook. Era como si se hubiese desaparecido en Londres, por un tiempo largo. Pero ahora era diferente, y quería volver a Japón, y empezar una nueva vida, lejos de su familia.

Cogió las llaves del departamento, su móvil y su billetera, y salió de ahí. Quería tomar aire fresco, que se oxigene sus pulmones, y su mente se despeje para pensar mejor en las cosas. Camino, y camino, hasta que, sin darse cuenta, llegó a una tienda de tatuaje. Se haría uno, así su padre este en contra. Se haría uno, porque quería llevar en la piel, aquel sentimiento que la oprimía desde que era una adolescente. Su padre se encargó de joderle la existencia, ella se encargaría de ponerle punto final a todo ese drama.

—¿Te puedo servir en algo? —preguntó una chica, que tenía un tatuaje en la garganta.

—Sí. Quiero hacerme un tatuaje, en la espalda.

—Bien, pasa por aquí y veremos qué quieres hacerte.

La ex baterista de HTT siguió a la tatuadora y juntas se sentaron a realizar el diseño del tatuaje.

¡Que el mundo se vaya al carajo!

Yui estaba acostada boca arriba, mirando el techo. Su mente se perdía en recuerdos dolorosos, pero también en recuerdos alegres. Ui ya cursaba el último año de su carrera, y pronto sería una profesional. Además que llevaba ya tres años de relación con Jun Suzuki, compañera de Ui de la preparatoria Sakura, y ex bajista de la banda Wakaba Girls. Jun había vuelto a la vida de su pequeña hermana, y le devolvió esa sonrisa que había perdido. No era una mala chica, como creía.

A veces, la ex guitarrista principal se cuestionaba si había sido lo suficientemente buena, como para llevar aquella carga ella sola. Si había sido un buen ejemplo para su pequeña Ui, y sobre todo, una buena guitarrista. Nunca dejo de tocar con su amada Gitah. Al contrario, los fines de semana tocaba en dos o tres bares, y se ganaba ese dinero extra para sostenerse ella y su hermana. Muy aparte del trabajo que tiene, en su negocio. Su propia empresa heredara por sus padres.

Ella les había jurado que protegería a su imouto, y que esa empresa, que con tanto sacrificio la habían creado, la mantendría y la llegaría a convertir en uno de los negocios de alto renombre. Yui, se había jurado a sí misma, no volver a ser la que era antes: la infantil. Había madurado con el pasar de los años, y en ciertas ocasiones, conservaba su esencia. Lo que nunca perdió, fue su capacidad de leer los sentimientos de los demás, y cuando había la oportunidad, le aconsejaba a esa persona de la mejor manera posible.

—Hirasawa… —contestó el teléfono después de unas cuantas timbradas.

—Yui-senpai…

En ese momento, todo se detuvo para la guitarrista. Volver a escuchar esa voz dulce, e inocente de Azusa, cuando creía que jamás lo volvería hacer, le produjo una mezcla de sentimientos. No sabía cómo reaccionar, o que decir. Cómo demostrarse ante su pequeña Kouhai sin asustarla. Respiro hondo, haciendo ejercicios de respiración, y trató de ordenar sus ideas.

—Azusa, ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Cómo has estado?

—Se podría decir que bien, Yui. ¿Qué me dices de ti?

—Bien, relativamente bien… —se quedó en el aire. No sabía sería buena idea preguntarle a que se debía su llamada.

—Yui, te llamo porque quisiera saber si aún estás en Tokyo.

Respuesta contestada a su pregunta interna.

—Sí. Aún estoy aquí. De hecho, vivo aquí en Tokyo con Ui. Pero sola.

—¿Sola? ¿No vives con Ui?

—No. Ui se fue a vivir con Jun más al norte de Tokyo.

—¡Vaya! No lo sabía. Mándele mis saludos, Yui.

—Con gusto lo haré…

—Yui, quería saber si nos podemos ver. Necesito hablar contigo, es un tema delicado.

Azusa se estaba jugando sus últimas cartas. Quería ayudar a salvar a la academia de su senpai, y para ello, necesitaba alinearse o unirse con otra empresa que la pueda ayudar. Nakano nunca fue sociable abiertamente, y su timidez le ganaba, pero eso fue cuando era estudiante de preparatoria. Ahora era diferente, y la vida se había encargado de enseñarle una lección. Y por eso, decidió estudiar ingeniería en Marketing.

Mio revisaba las últimas notas y memorándums de la academia. En sus ojos grises se podía leer con claridad que estaba muy preocupada. Si seguía así, existía una alta probabilidad de que su academia se fuera a la bancarrota. Los estudiantes no eran muchos, y cada vez más, se inscribían menos. No tenía con quien tomar ciertas alianzas estratégicas, y sacarla del hueco. Y en su corazón, sentía como se hacía pedazos por pensar que no estaba cumpliendo el sueño de su padre.

Después de la partida de Ritsu hacia Inglaterra, la bajista había aguardado ciertas esperanzas de que su mejor amiga regresara. Al pasar el tiempo, y la comunicación entre ambas cada vez más distanciada, se fue haciendo de la idea, que la conserva hasta hoy, que Ritsu jamás regresaría a Japón. Sus esperanzas se fueron muriendo con el pasar del tiempo. Quería… Y ahí quedaba. En un "quería".

—Hola Mio. ¿Cuánto tiempo sin vernos?

Akiyama alzo la mirada para ver de dónde provenía esa voz y se topó con una grata sorpresa.

Sawako revisaba ciertos documentos. Pero llegado el punto, se quitó los lentes, y se sobo sus ojos cafés. Estaba cansada. A los dos años de graduarse su grupo de estudiantes, fue ascendida como asistente de dirección de la preparatoria Sakura. Iba bien, y le gustaba lo que hacía. Siempre llevaba la agenda, y revisaba si los profesores cumplían con sus obligaciones al pie de la letra. Pero algo no marchaba del todo bien.

Y ese era su corazón.

A pesar de que tenía contacto con las chicas, con la única con quien no lo hizo fue con Tsumugi. Jamás supo que paso con su vida, y eso, con el pasar del tiempo, mortifico su pobre alma. Por lo menos, saber si estaba bien, así sea que haya estado haciendo su vida en otra parte del mundo, con otra persona. Pero nunca supo nada. La vida de Yamanaka se tornó aburrida, y sin sentido. De vez en cuando, posaba su mirada café en aquella foto, la última que se tomaran todas juntas. Y ahí, contemplaba la belleza de la heredera del imperio Kotobuki.

Unas repicas del teléfono la despertaron de sus pensamientos.

—Licenciada Yamanaka, ¿quién es?

—¿Cómo está, Sawako-sensei? —era la voz de quien estaba pensando hasta hace no mucho.

—Bien. ¿A qué se debe tu sorpresiva llamada?

—Saber cómo estabas, nada más.

—Dudo mucho que sea por eso, Mugi. Hay algo más, ¿verdad?

Una pequeña risilla de la hereda Kotobuki llegó a los oídos de Sawako, provocando que esta sonriera.

—Nada se te escapa, ¿verdad?

—Me conoces tan bien.

Ritsu, estaba ultimando algunos detalles para su reunión con Asano. Ella lo que quería era entregar cierta parte de la disquera, y que, con el cincuenta por ciento restante, ella poderla levantar, dándole aire fresco. Esa era su idea. Siempre lo fue. Estaba tan cansada de lo mismo: un padre que la controla, que la amenaza, y ver que su madre no decía nada ni hacia nada por ayudarla, la ponían de mal humor. E incluso, hasta la decepcionaba.

Quería gritar a los cuatro vientos que ella no estaba bien. Quería gritar para dejar salir todas sus frustraciones, y todo su dolor. A veces, sólo a veces, dudaba que Kami-Sama existiera. Porque si lo hacía, debería haberla ayudado librarse del yugo de su padre opresor. La familia Tainaka había dejado, hace mucho tiempo, de ser una familia alegre y unida. Ella estaba consciente de una sola cosa: tomaría venganza.

Nunca supo la historia completa de la rivalidad entre Daichi Asano y su padre. Tampoco supo el motivo de esa pelea tan infantil de los dos, ni tampoco se enteró que tenía que hacer, en esa rivalidad, la presencia de la que fue ex novia de su padre. ¿Dónde quedó el padre que tenía la mente abierta? ¿Dónde quedó el padre que daba todo por su familia primero? ¿O todo este tiempo, su padre era una persona diferente a la que había visto?

Tomo entre sus manos un pequeño portarretrato. En aquella foto, que contemplaba con tristeza a su familia en tiempos alegres. Ya nada era lo mismo. Su padre, el gran Genkei Tainaka, había encargado de destruirlo todo, y con ello, la felicidad de la familia. La ex baterista dejó de admirar a su padre, dejó de verlo como un héroe, para pasar a verlo como el villano de la película. El concepto que había formado de él, ese gran y prestigioso concepto, lo boto a la basura el día en que su padre la encadeno a una cárcel de sufrimiento.


Notas de la Autora:

¡Aquí estoy!

Segundo capítulo de esta historia, recién terminada. Espero les guste.

Bueno, como vimos, se conoce, aunque sea en pequeñas cosas, el porqué el papá de Ritsu estaba actuando de semejante manera. Ahora, con la llegada de su archi-rival, y el resentimiento de su hija mayor, ¿qué es lo que hará Genkei? Por lo pronto, disfruten de este segundo capítulo.

Sin más que decir, disfruten de la lectura y ¡Feliz noche de domingo!

¿Podrían dejar un Review? Me ayudaría como escritora a mejorar.

Bye.