Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.


Capitulo III: Quiebre

"Cae una vez, te levantas. Caes diez veces, y te seguirás levantado."

"Todo pasa por alguna razón. Todo sucede porque está escrito en el destino. Todo lo que das al universo, te regresa, en la misma proporción. Así es como se maneja la historia de la humanidad. Y muchas veces, aquello, no tiene lógica ni sentido común. La vida tiene muchos misterios, y no siempre todos serán resueltos por el humano."

Tokyo, Japón

El ir y venir de la gente. El clima frío que presentaba la ciudad capitalina, propia de la época. Las cafeterías repletas de ejecutivos, estudiantes, adolescentes, pidiendo alguna orden de café, u otro alimento que deseaban degustar. Conversaciones tribales, o de negocios se escuchaba en los establecimientos. Y una castaña de ojos achocolatados, sentada en una mesa mirando la ventana con los pensamientos que iban y venían.

Había quedado de acuerdo con su Koneko para conversar de aquel tema que tanto la tiene perturbada. ¿Se habrá enamorado? ¿Será por eso que la busca para que le dé algún consejo del amor? Cerró sus ojos, y revivió, sin darse cuenta, aquel día en que sucedió la tragedia de su familia. No negaría que se le partiría el alma si sus sospechas se hicieren realidad, pero sabía que no podía hacer mucho. No quería que Azusa Nakano lidiara con una persona que sufre de depresión crónica, truncando así, sus hermosos años de vida joven.

No. Ella, Yui Hirasawa, la escucharía y la aconsejaría. Haría lo que fuere porque aquella persona fuese feliz, así ella no lo sea.

Miro su reloj muñequera, y observo que apenas eran las 15h30. Habían quedado de acuerdo en verse a las 16h00. Todavía tenía media hora para seguir meditando, o, por el contrario, empezar a realizar apuntes de la editorial. Se preguntaba si Azusa seguía estando igual o no. Después de tantos años de estar separadas, y sólo comunicarse por medio de correo electrónico, o a través de una llamada, se volvían a ver.

Sin darse cuenta, se había terminado el café que había pedido. Llamó a una camarera para pedir otro café. Pero esta vez, pediría un chocolate caliente. Desde hace tiempo, y a partir de aquel suceso, Yui perdió el entusiasmo por el té y los dulces. Los comía, pero ya no era lo mismo. Trataba de no preocupar a sus amigas, pero le era imposible. Mugi y Mio intuían que algo pasaba en su vida, y por ello, le pidió de favor que no le dijeran nada a Azusa. Quería protegerla, y cuidarla.

Ambas habían accedido a guardar silencio por petición de Yui, sin saber qué mismo le pasaba. A veces, Yui decía una cosa, y al segundo cambiaba de opinión y decía otra cosa. En ese momento, y días antes de la graduación, se percataron que la guitarrista principal de la banda, no estaba bien emocionalmente, ni psicológicamente.

—¿Llevas mucho tiempo esperando, Yui? —la mencionada alzo la mirada y se topó los ojos café-rojizo de Azusa.

—En realidad perdí la noción del tiempo, Azusa.

Estaba impactada.

Su kouhai estaba realmente hermosa. Y la ropa le asentaba bien. Vestía un pantalón pitillo negro, blusa de tiras blanca con celeste con un estampado de una guitarra, y unas sandalias negras. Tenía recogido el pelo en un solo moño, puesto de un lado. Maquillaje suave, como resaltando un poco más su agraciado rostro. Los años no habían pasado por la segunda guitarra de la ex banda HTT. Pero en su mirada denotaba cierta tristeza, y madurez. Bueno, Nakano siempre fue la madura del grupo, siendo menor al resto con apenas un año.

La "neko-chan" como le apodaban de cariño, después de que Yui le pusiera el apodo "Azu-nyan", se había distanciado un poco del resto de sus amigas. Inclusive, de Ui y Jun, cuando cursaban el último año de preparatoria, y sus senpais estaban cursando primer año de universidad. La vida también la había golpeado, y la soledad, a pesar de haberse rodeado de muchas personas, le seguía haciendo compañía.

Azusa había comprendido que cada una de las que fueron integrantes de la reconocida banda Houkago Tea Time había decidido hacer sus vidas de manera alejada de la industria de la música. Para cuando hablo con la bajista, esta le había explicado que tenía una academia de música y que necesitaba de alguien que pudiera dar clases de guitarra. Entendió que su senpai necesitaba de una persona de confianza, que no sólo enseñara, sino que también la escuchara.

Y ahora, estaba en la cafetería, parada frente a Yui, la chica de la cual se enamoró sin darse cuenta. De la chica que la supo conquistar con su dulzura y acciones infantiles.

"El pacto diabólico: La leyenda de Fausto tiene base histórica. Hubo un señor alemán llamado Johan Faust que nació a fines del siglo XV y se doctoró en la Universidad de Heidelberg. Luego llevó una vida de aventuras y fue acusado de brujerías, pues poseía una biblioteca llena de libros científicos y de tratados de magia negra. De ello se infirió el pacto con el diablo de las leyendas populares y de alguna puesta teatral o de títeres. En Goethe el doctor se ennoblece, pues aspira a la sabiduría y a la vida en plenitud. Y una legión de ángeles lo salva del demonio."

Mio estaba fascinada leyendo un extracto de la que fue una obra maestra del escritor alemán Goethe, el Fausto. Toda la vida, la ojigris estuvo encantada con la literatura. Recordó, de manera nostálgica, como ella luchaba para que Ritsu pusiera atención a las clases de historia, inglés y literatura. Sonrió con cierta tristeza, al evocar a su mejor amiga. Aquella chica alocada y despreocupada que vivía su vida a su manera, pero qué, por la fuerza de la imposición del señor Tainaka, ella perdió toda esperanza de vida.

Se preguntaba cómo le estaría yendo en Inglaterra. Se preguntaba si algún día la castaña hiperactiva volvería a Japón. Se hacía muchas preguntas, que posiblemente no tendría respuestas. Evocaba con mucho dolor aquellos momentos que vivió con Ritsu, los mismos que optaron por quedarse dentro de su corazón, muy a contra de la voluntad de su mente.

La academia no estaba pasando un mejor momento. De a poco se estaba yendo en picada hacia un quiebre seguro. Pero tenía la fe y la esperanza, de que todo se solucionaría, y la academia de música volvería a resurgir cual ave Fénix. Unas pequeñas gotas de lágrimas salían de sus ojos grises, pues recordaba el porqué estaba luchando por mantener la academia. Y sólo había dos razones de peso: uno, era el legado de su padre; dos, era su pasión transmitir a la nueva generación lo que puede hacer la música creada desde el corazón.

Como transmitir sus sentimientos callados hacia la persona que ama.

Ritsu Tainaka.

—Espero que todo salga bien, Sawako.

—Verás que sí, Mugi. ¿Cuándo no has logrado tu objetivo? ¿Cuándo has flaqueado tirando la toalla?

Tsumugi Kotobuki estaba sentada frente a la que fue su mentora y profesora Sawako Yamanaka, en una de sus cafeterías. Después de años estar viviendo fuera de Japón por los negocios de sus padres, y habiendo terminado la carrera de Negocios, había tomado la decisión de regresar a su país natal. No sólo por reunir a las ex integrantes de la banda, ya desaparecida, Houkago Tea Time, sino por el hecho de ayudar a sus amigas.

Se había enterado por medio de sus contactos que tanto Mio como Ritsu estaban atravesando un duro momento en sus respectivos negocios familiares. Había averiguado absolutamente todo, y se encontró con un par de sorpresas. Y es que para la "princesa del teclado", apodo que se ganó cuando tocó en Alemania hace un par años atrás como solista. Lo hizo como un pasa tiempo, no porque haya tenido que trabajar de eso para ganarse la vida. Nada le era negado. Absolutamente, nada.

Las personas que la había escuchado, quedaron muy impresionados de su habilidad con el teclado, sea un órgano o un piano. Sus dedos se movían rápidamente, sin perder la elegancia ni el ritmo. De vez en cuando sonreía, cerraba sus ojos azules y seguía dejándose llevar por las melodías. Cuando hubiere terminado, el público aplauda con entusiasmo, y a veces, pedían por otra canción. Sólo esas pocas veces, Tsumugi les complacía. Pero en su corazón, todavía vivía el recuerdo de su época de estudiante de preparatoria, y muy en el fondo, quería regresar con sus amigas y resurgir a la banda.

Su vida, tanto en Finlandia como en Alemania, no había sido la gran cosa. Se había concentrado en estudiar, y estar al tanto de la empresa de su familia. Estando en uno de sus viajes de negocios por la ciudad de Hamburgo, se enteró por cosas de la vida, que la disquera de los Tainaka estaba sufriendo un gran revés, y que posiblemente entrara en un proceso de quiebra. Primero en Europa, luego en Asia.

Supo inmediatamente que tenía que hacer algo. Se trataba de una de sus grandes amigas. Ritsu.

Como se había ganado fama de ser una de las mejores tecladista, por no decir pianista, además de ser una de las herederas de una de las corporaciones de gran prestigio, Mugi empezó a tener conexiones alrededor de las ciudades importantes, para obtener así, una información más detallada de la situación. La princesa del teclado estaba sacando su lado serio. El lado que tiene los Kotobuki para hacer negocios, y ganar. Porque para ellos, no hay una derrota ni una negación por la otra parte.

Asi pues, Tsumugi Kotobuki empezaba la cacería por salvar las empresas de sus amigas, pero sobre todo, por quitar del camino a Daichi Asano y compañía.

¿Qué hizo Daichi Asano a los Kotobuki para que la heredera del impero tomara cartas del asunto?

Londres, Inglaterra

Ritsu estaba furiosa.

Satoshi Tainaka jamás había visto a su hermana destilar enojo por todos los poros de su piel blanca. Pero lo que más le tenía miedo, era sus ojos ambarinos. Estaban tan dorados, que parecían lava, que recorre las faldas del volcán, abriéndose camino, y terminar en quién sabe dónde. El menor de los Tainaka, no sólo estaba asustado, sino temeroso de que la reacción de su hermana no sea la más adecuada, y se termine por romper todo lazo que la unía a la familia.

Lo poquito que quedaba.

Genkei había tomado las decisiones por ella. Había provocado que sus subordinados le faltasen el respeto, pero sobre todo, que no le escucharan las órdenes que les daba. Estaba todo listo, era sólo de firmar los papeles en donde le cedía el cincuenta por ciento a la disquera de Asano. Pero ahora, ante el atrevimiento de su padre, la bancarrota era inminente. Sólo sería cuestión de días, tal vez semanas, pero no pasaría más tiempo.

—¿Qué estás diciendo, papá? — Ritsu estaba atónita escuchando a su padre.

—Lo que escuchaste, Ritsu Tainaka. No cederás nada a esa disquera. He cancelado la reunión que tenías previsto con ese hombre.

—…

—Escúchame muy bien jovencita. Yo soy el dueño y presidente de la disquera. Yo doy órdenes, y siempre estaré vigilando para que todo se dé como yo quiero. He mandado a investigar, he mandado averiguar y siempre tendrás detectives detrás de ti viendo cada paso que das, dentro y fuera de la disquera. Por lo pronto siento un alivio de que no hayas vuelto a tocar esa batería. Pero me he decepcionado de ver como estabas tomando las decisiones. ¡Harás lo que yo diga!

Y en una aparente calma, Ritsu contesto lo que siempre ha llevado dentro de su corazón.

—Muy bien padre. Entonces, venga usted y salve a su preciosa disquera de la bancarrota. Ni siquiera ha sabido usted que parte estaba cediendo. Como siempre, tomando decisiones por los demás. Yo, mañana a primera hora, presento formalmente mi renuncia en el área de Recursos Humanos. Y también, le pediría que se ahorre ese dinero, y quite inmediatamente a los detectives, porque a partir de este momento, yo no pertenezco más a la familia Tainaka.

Ritsu había colgado casi con violencia el teléfono. Se sentó en el filo de la cama, apretándose la sien, como si eso pudiera aliviar el dolor que tenía. Se acostó, pensando que tal vez pudiese conciliar el sueño, y dormir. A partir de ese momento, ella no tenía ya, ningún vínculo emocional, familiar y profesional con la familia Tainaka. Se sentía sola, pero tenía que seguir adelante y aprovechar esa nueva vida que se había formado.

Hasta que llegó su hermano menor.

Al principio, creyó que Satoshi había ido por obligación de su padre, pero cuando recibió la llamada de su madre, informándole que esa tarde viajaba su hermano menor por petición de ella, el recelo que tenía la ex baterista se transformó a una mezcla de ternura y nostalgia. ¿Su padre se habrá dado cuenta de cuánto daño ha hecho a la familia? No lo sabe, pero tampoco quería saberlo. Simplemente, quería una vida normal.

Y volver a tocar la batería.

—Mamá está preocupada por ti, onee-san.

—Ahm…

Satoshi no dijo nada más. Sabía cómo se sentía su hermana mayor. Sabía que pensaba de toda la situación, y muy dentro de él, su corazón se rompía, porque su familia también se estaba resquebrajando en pedazos pequeños hasta desaparecer. Él viajo a Inglaterra para tratar de ayudar en lo que más pudiera, y tratar de ser mediador para apaciguar los ánimos alterados de Ritsu. Pero por lo que veía, era imposible. Su hermana mayor, tenía mucho resentimiento dentro de sí misma.

Tokyo, Japón

—Así que es eso. Vaya. No sabía que tan delicado era la situación de Mio-chan.

—¿Cree que podrá ayudarnos, Yui-senpai?

—Volvimos a las formalidades, ¿Eh, Azusa? —dijo Yui con una sonrisa en los labios.

—Perdón, Yui. Aún se me hace raro poderte llamar por tu nombre de pila. Recuerda que aún sigues siendo mayor a mí, y eres mi senpai.

—Sí, es verdad. Pero sólo te gano con un año de diferencia, Azusa. Así que, no soy tan vieja.

Yui y Azusa se encontraban en el departamento de la ex guitarrista principal. La cafetería termino siendo un lugar muy concurrido, y no pudieron hablar del tema que tanto preocupaba a la Kouhai y que era delicado. Así que optaron por servirse el café, conversaron cosas triviales, y luego se dirigieron al hogar de Hirasawa.

Azusa miraba a Yui con admiración. Pero al mismo tiempo, le invadía la nostalgia y la tristeza, porque aquella niña infantil e inocente, ya no quedaba nada. La mayor de las Hirasawa había adquirido una madurez, que era imposible creer que ella, en algún momento, tuvo algo de comportamiento inofensivo e ingenuo. ¿Qué golpe le habrá dado la vida?

Mio se encontraba visitando la tumba de su padre. Como cada domingo, y por hábito que cogió desde que falleciera el señor Akiyama, la ex bajista visitaba su nuevo hogar. Le llevaba tulipanes con flores Sakura, y se quedaba unos minutos frente a la tumba de su progenitor, en silencio. Ya no lloraba, como al principio, pero su corazón se sentía solo y triste. La vida fue muy cruel al arrebatárselo. Aún tenía tiempo para seguir a su lado.

La señora, viuda de Akiyama, trataba de ayudar a su única hija en lo que más pudiera. En lo que estaba al alcance de sus manos. Quería ver de nuevo esa sonrisa en Mio, pero estaba consciente, que no le era fácil volverlo hacer. Había perdido a dos personas importantes en su vida: Ritsu Tainaka, su "mejor amiga", y a su padre.

Ambas vivían juntas en un departamento mediano. Lo habían adquirido con el dinero dejado por el señor Akiyama en el testamento como herencia. No era tan lujoso, pero si poseía todas las comodidades necesarias tanto para madre como hija. A pesar de los esfuerzos de la viuda de Akiyama, Mio no había vuelto a tocar a Elizabeth (su bajo) desde que se graduó. Sólo lo hacía cuando daba clases en la academia.

Mio Akiyama había puesto sobre sus hombros toda la responsabilidad del hogar y de la academia. Aunque su madre no se lo dijera, ella intuía que su progenitora estaba delicada de salud, y por tal motivo, ya no podía hacer tantas cosas, como antes. Akiyama seguía dando vueltas en la cabeza, sobre una posible salida a un quiebre inminente de la academia. Pero, por más que pensara, no encontraba respuestas.

La visita de Mugi en su despacho la había tomado por sorpresa. En aquella última conversación que tuvo con la pianista, no le había dicho nada acerca de regresar a Japón. Más bien, le dio a entender que estaba muy a gusto fuera del país, haciendo su vida por Europa. ¿Qué la motivo a volver? Tsumugi podía ser misteriosa cuando quería.

Ui miraba el portarretrato donde posaba la foto familiar. Estaba triste por la pérdida de sus padres, pero lo que más le preocupaba era Yui. Su hermana mayor. A veces se debatía si debió haberse mudado con Jun a vivir juntas y haberla dejado sola. "Estaré bien, Imouto. Es hora que hagas tu vida, así como yo haré la mía. Pero, escúchame bien, nunca te dejaré sola ni dejaré estar pendiente de ti." Recordaba, casi todo el tiempo, aquellas palabras, cuando Yui la fue a dejar a su nuevo departamento. Incluso, hablo a solas con Jun.

Nunca supo de qué hablaron.

—Yui está bien, Ui —pego un ligero brinco, al sentir los brazos de Jun alrededor de su fina cintura, y hablándole quedamente en el oído.

—¿Cómo lo sabes, Jun?

—Ahm… Sólo lo sé. No te atormentes. Yui te ama, eres su pequeña hermana, pero necesita estar sola. Necesita tiempo para ella, como persona.

—Quisiera saber que ocurrió para que ella cambiara tanto. Saber, el motivo que llevaron a mis padres a la muerte y convertir a mi onee-chan en un ser frío y distante.

—Las respuestas llegarán por sí solas, Ui. Ahora… —y la beso. Un beso demandante, en el cual no le pedía permiso. Le exigía que la complaciera por esos días que no pudieron estar juntas, en la intimidad.

Kekkō bin*

Esa palabra estaba en las pantallas del aeropuerto principal de Tokyo. La familia Okuda estaba extrañada por ese mensaje. Haru Okuda**, uno de los hermanos de Nao, estaba preguntando a que se debía la suspensión del vuelo proveniente de Francia. Hasta donde sabía, ella tendría que ya haber estado en vuelo para llegar a tiempo a la cena familiar, por el compromiso de su otro hermano, Kasumi Okuda.

El señor Okuda, siempre usando la elegancia y discreción, realizó una llamada a Francia, donde tiene ciertas amistades con gente de renombre. Ahí se le informó que, debido al mal tiempo que se presentó en la ciudad de París, ciertos vuelos tuvieron que ser cancelados. Si, el clima mejoraba, era muy probable que a primera hora del siguiente día, el vuelo con destino a Tokyo sea abierto.

Así lo hizo saber al resto de la familia.

—No pude viajar. El vuelo fue suspendido, Sumire. Estoy tratando de comunicarme con mi familia, pero nadie contesta.

—Tranquila, Nao. ¿A qué hora se reabren los vuelos?

—Tal vez mañana en la mañana. Depende de cómo siga la situación climática aquí, Sumire.

—Recuerda que te estaré esperando, Nao.

—Lo sé. Lo sé.

Nao se sentía extraña. Era la primera vez que, desde aquel evento, años atrás, que volvía abrir su corazón. Pero muy dentro de su alma solitaria, había una pequeña luz, y una sonrisa, que daba por significado, que ella volvía amar. Tenía miedo, pero tenía que arriesgarse. Ya graduada de Lcda. En diseño gráfico, y con experiencia en el mercado laboral, podría decirse que había adquirido lo suficiente como para saber defenderse. Aunque desde siempre lo hizo.

Tenía miedo. Pero por Sumire, haría lo que fuere. Y eso, era una promesa.

Sendai, Japón

Nodoka Manabe, se había mudado cuando se graduó de la preparatoria, y las hermanas Hirasawa se habían ido a vivir a Tokyo. Tomó esa decisión, después de haber analizado los pros y los contras. Sobre todo, su familia. Su madre y hermanos. Su padre había fallecido cuando ella era una niña. A veces, buscaba darse tiempo para ir a visitar a su madre y hermanos los fines de semana. Pero últimamente, el trabajo se le había acumulado.

"Me gustaría verte, Nodoka."

Un simple mensaje, anotado en un papel. Reconocía esa letra. Era de su senpai, Megumi Sokabe. ¿Para qué querrá verla? No tenía idea. Pero algo le decía que fuese, que se encontrara con su senpai. Cerró los ojos por un momento, y trato, de poner en blanco su mente. Fue inútil. Aún la seguía amando.

Y por ese amor, ella buscaba alejarse de Sokabe-senpai.

"¿Qué es amor? La respuesta sólo la encontrarás, cuando hayas encontrado a la persona que te acepte tal cual eres, y este a tu lado, siempre."

Aquella frase se la había dicho una señora, ya anciana, de mirada y sonrisa gentil, mientras hacían las compras de la semana. Nodoka, se había enamorado, o, al menos eso creía ella. Fue algo fugaz, que ni Yui se había enterado. Se había enamorado, y se había entregado, pero aquella persona fue bien clara al decirle que no quería nada serio. Sólo buscaba un buen "polvo", y ya. Y eso, la destrozo.

¿Pudo haber sido un detonante para que Nodoka se cerrara al amor? Puede que sí.

Termino de arreglar el departamento, y se metió al baño a tomarse una ducha. Quería despejar su mente. Quería pensar, esclarecer sus sentimientos. Por años, le había guardado ese secreto a su madre, pero ahora, ella lo sabía. Sabía que su hija mayor era gay. Y sin embargo, la aceptaba. La amaba, por el simple hecho de que era su hija, y la llevo en su vientre por nueve meses, y le dio la mejor educación que pudo.

Ahora, Nodoka se debatía si ir a encontrarse con Megumi, o simplemente quedarse en casa, leyendo algún libro o viendo películas. Su corazón latía muy presuroso, y su mente, estaba hecho un nudo. No sabía qué decisión tomar, y era algo contradictorio en ella. Pues, siempre había tomado las decisiones sin problema alguno. Pero ahora era diferente, y lo sabía.

Tokyo, Japón

"El cielo sobre Berlín (1987).

Dos ángeles de la guarda sobrevuelan Berlín y son testigos de las vidas solitarias de sus habitantes sin ser capaces de evitar sus sufrimientos. Uno de ellos, Damiel, se enamora de una hermosa trapecista y decide renunciar a su condición de ángel para convertirse en hombre. Luego de que se da cuenta de que su experiencia espiritual no es suficiente para satisfacer la felicidad humana, logra conquistar el corazón de la joven."

Mio estaba en una tienda de películas. No sólo alquilaban, sino que también vendían. Buscaba con la mirada perdida, alguna película que le llamase la atención. Encontró: El cielo sobre Berlín. Leyó su breve reseña, y le gustó. Era tan bonito ver algo como eso. En donde uno renuncia a todo, por el amor que le tiene a una persona. Sin darse cuenta, evoco a Ritsu. Como hubiese querido que la castaña hiperactiva lo hubiese dejado todo por ella. Pero sabía, que Ritsu era muy despistada, y jamás se daría cuenta de los sentimientos que se profesaban.

Sonrió con melancolía.

Tomó la película. La última que quedaba, pagó y se retiró del establecimiento.

Londres, Inglaterra

—¿Estás segura de querer hacer esto, onee-san?

—Sí, Satoshi. Estoy más que segura.

Satoshi no estaba de acuerdo con lo que iba hacer su hermana mayor, pero entendía que ella buscaba su felicidad. Genkei había destruido, no por ambición, sino por el simple hecho de que no quería perder frente a Daichi Asano, y tampoco quería cambiar el rumbo de la disquera. Para el señor Tainaka, la música moderna, no es más que una distracción para los jóvenes, una manera de rebeldía contra los superiores, y eso, no debe ser tolerada.

Cuanto se equivocaba.

Ritsu estaba armando sus maletas. Había tomado la decisión más acertada: irse lejos de su padre. No sabía si regresaría Japón, o muy por el contrario, se iría a Estados Unidos o algún país Sudamericano. Por lo pronto, sólo quería empezar dejar todo en orden, tanto en el departamento, como en la empresa. Quería demostrarle a su progenitor, que ella valía mucho, que ella podría salir adelante, así esté atada de pies y manos.

—¿Le avisaste a mamá de estos cambios de planes, Satoshi?

—No, hermana.

—No le digas nada. Cuando regreses a Japón, diles que me dejaste aquí en Londres, que fue imposible que me hicieras cambiar de opinión, ¿entendiste?

—Sí, onee-san. Sólo ten cuidado. Papá seguirá detrás de ti, así le digas que ya no perteneces a la familia. Después de todo, sigues siendo su hija.

—No lo sé, Satoshi. Por ahora, sólo quiero rehacer mi vida. Y quiero ser feliz.

El menor de los hermanos Tainaka entendía la postura de la castaña. Y por eso la admiraba. Ritsu tenía un carácter bien fuerte, que siempre fue disimulado con sus distracciones e hiperactividad. Pero ahora, simplemente salía por las circunstancias que estaba viviendo. Tenía que serlo, para poderse defender, incluso de ella misma.

Satoshi emprendería el vuelo de regreso a Japón al día siguiente. Ritsu, en tres días tomaría el avión que la llevaría al país que eligió, para nacer de nuevo. Las cosas habían empeorado, ahora, ya no había marcha atrás. Tanto Ritsu como Satoshi, estaban conscientes que la disquera estaba en la quiebra, y que era imposible levantar algo, que ya había muerto por obsoleto.

—Onee-san, quiero pedirte sólo un favor —aguardo un minuto de silencio, ordenando sus ideas, y prosiguió —. Si llegara a pasarle algo a papá, prométeme que irás enseguida. No sabemos, si será la última vez que esté con nosotros.

Los ojos castaños de Satoshi se quedaron mirando fijamente a los ojos dorados de su hermana mayor. Era una petición muy delicada, pero que daba entender, de manera implícita, que él sabía que algo no estaba yendo bien con Genkei.

—Lo prometo, hermano.

Pero, algo dentro de ella, se quebró.

Ahora entendía el motivo por el cual su madre mando a Satoshi a verla: su padre estaba muriendo. No dijo nada, ni demostró emoción alguna. Ya lloraría cuando tuviese que hacerlo. Por ese momento, sólo quería empezar una nueva faceta. Dio vueltas por el departamento, mirando, arreglando, acomodando. Dejo sus papeles listos para llevarlos al día siguiente a la disquera, y presentar formalmente su renuncia.

Lo que empezó como un negocio familiar, se convirtió en una pesadilla.

Y ahora, a las puertas de declarar la bancarrota de la disquera, se producía un quiebre.

Cada una vivía su muerte y su resurrección. Cada una, estaba viviendo el peor momento de su vida, pero tenían que entender que era parte de la vida y del crecimiento. Y eso lo tenían que tener presente. Ahora, ¿qué vendrá? ¿Se terminará de quebrar o se seguirá resquebrajando de a poco hasta que se convierta en polvo? ¿Cuál es el futuro?

Ritsu sentía que debía volver a Japón. Por Mio, y por su padre. Como bien dijo su hermano menor: ella aún seguía siendo su hija. Y si estaba en otro país, le sería muy difícil movilizarse para estar al lado de Genkei. Observo a Satoshi que hablaba por teléfono y movía la cabeza en forma de afirmación. Estaba hablando con su madre.

No le comentaría del cambio de planes. Lo dejaría como sorpresa. Debía manejarse, de ahora en adelante con mucha cautela. Así que, prefirió guardar sus movimientos, y luego, si el tiempo quiere decirlo, lo dirá. Ella confiaba plenamente que toda esa pesadilla terminaría en algún momento. Sólo era cuestión de esperar con mucha paciencia.

—Bien onee-san, mañana a primera hora sale mi vuelo para Tokyo. Piensa bien las cosas antes de hacerlas. Es irónico que te las diga yo, pero es lo único que puedo hacer.

—Está bien, Satoshi. Y no te preocupes, he aprendido a moverme pensando muy bien qué pasos debo dar. Nada a lo loco, ¿recuerdas?

Y sonrieron en medio de la tormenta.

Tokyo, Japón

Mugi ya tenía todo listo. Los documentos en sus respectivas carpetas, en donde se confirmaba el quiebre de la disquera Tainaka y de la academia Akiyama. Ahora, era cuestión de días, de llamadas importantes, en donde se procedería a realizar ciertas gestiones, en las cuales ambas empresas, serían salvadas. No en su totalidad, pero si en un porcentaje considerable. Kotobuki estaba preparando el terreno.

Y Asano no tenía la más mínima idea con quien se había metido.


Notas de la Autora:

¡Aquí estoy!

Tercer capítulo de esta historia, recién terminada. Espero les guste.

Significados:

*Kekkō bin significa Vuelo Suspendido.

**En la biografía de Nao buscada en Internet, sólo hace referencia a que tiene 4 hermanos más, y ella es la mayor. Haru, como los otros, son nombres inventado por mí, para darle más sentido a la historia.

Bueno, perdonen la tardanza en la publicación de este capitulo, pero como dije, tuve problemas con la laptop. Parece que todo volvió a la normalidad, aparentemente. Casi pierdo el archivo, pero por bendición, no paso aquello. ¿Y bien? ¿Que opinan? Con la llegada de Mugi en el plano de los negocios, esto se vuelve interesante, ¿qué hará la princesa del teclado? Pero sobre todo, ¿qué pasará con Ritsu y Mio, o Yui y Azusa?

Por lo pronto, disfruten de este tercer capítulo.

Sin más que decir, disfruten de la lectura y ¡Feliz domingo!

¿Podrían dejar un Review? Me ayudaría como escritora a mejorar.

Bye.