Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.
Capitulo IV: Una antigua amiga
"Hoy le abriré mis brazos a un amigo, sin ver sus defectos"
Tsumugi Kotobuki era más que toda una Ojou-Sama. Era una persona sencilla, que usaba todo su poder para ayudar a los demás. Había donado cantidades considerables a causas nobles, había creado una fundación que luchara contra el maltrato animal, y otra que ayudara a las personas víctimas de enfermedades como el cáncer. La princesa del teclado tenía un lado, que muy pocos la conocían.
Cuando entró a la preparatoria Sakuragaoka, jamás se imaginó que su vida daría un cambio radical. Siempre usando su elegancia y sencillez, supo ganarse el afecto y admiración de muchas estudiantes, incluso de los profesores. En ese momento no era Tsumugi Kotobuki, heredera del emporio Kotobuki Enterprises Music, o KEM, como se la conocía mundialmente. Sino que era una chica normal, con ganas de hacer amistades, y sobre todo, tocar piano.
Al principio pensó en entrar al club del coro de la preparatoria, hasta que se topó en el camino con Ritsu Tainaka y Mio Akiyama. En ese momento, su vida volvió a girar en el plano musical, y tomó la decisión más acertada que jamás haya tenido: pertenecer a una banda de música de la preparatoria. Atrás quedó el deseo de entrar al coro. En ese momento, otra era su prioridad.
—Onee-san, ¿Estás bien? —Sumire le había despertado de sus recuerdos.
—Sí, Sumire. Sólo estaba pensando.
Sumire Kotobuki, antes de apellido Saito, es la "hermana" menor de Mugi. Sumire tiene un físico muy parecido a la de Tsumugi, pero también tiene ciertos contrastes, incluso en la personalidad. Sumire era hija de una ama de llaves con un jardinero provenientes de Australia, y trabajaron para la familia Kotobuki por algunos años. La familia tenía una propiedad en dicho país.
Un día, siendo Sumire apenas una niña, había ido a la escuela local, sin imaginarse que minutos después de su partida, la propiedad Kotobuki estallaría en pedazos, por cuatros bombas puestas en lugares estratégicos de la casa. Sin contar, que habían dejado la perilla de la hornilla de la cocina abierta, uno de los hombres de Asano, provocando así, que el daño sea mucho mayor. Sus padres habían fallecido carbonizados.
Asano había enviado a uno de sus hombres, haciéndose pasar como guardaespaldas desempleado y que tenía todos los requisitos para trabajar bajo las órdenes de la familia Kotobuki. Era la primera estrategia de Daichi, en que buscaba en hacerse del poder del mundo del entretenimiento, y estando libre, sin ninguna competencia, podría monopolizar el mercado y el sería el amo y dueño de todo.
El señor Kotobuki tenía planeado en adquirir un nuevo guardaespaldas para su residencia en Australia, pues quería que su hija, Tsumugi, estuviese bien cuidada mientras disfrutaba de las vacaciones. Así pues, había contratado a este hombre, sin saber que él trabajaba para Asano, y que hacia el papel de agente encubierto, para obtener información. Sin embargo, los planes fallaron, al enterarse que la heredera del imperio Kotobuki no viajaría ese día, sino tres días después. Pero las bombas ya habían sido colocadas, y la fuga de gas ya estaba en marcha.
Había sido tarde.
Al enterarse de la tragedia el señor Kotobuki, este se reunió con sus hombres cercanos y de extrema confianza, ordenando así una investigación exhaustiva para dar con el culpable de esa desgracia.
—No te tortures, Sumire —Mugi, al ver que su pequeña hermana estaba recordando ese episodio de su vida; la despertó para que no continuara — ¿Cuándo llega Nao de su viaje por Francia?
—Se suponía que sería hoy, Onee-san. Pero parece que el clima jugo en contra y posiblemente sea mañana.
Mugi asintió con la cabeza.
Y le pasó la mano por la melena corta rubia de su Imouto, alborotándola un poco.
Hiroshima, Japón
Ichigo Wakaouji terminaba de revisar sus últimos informes de la escuela de teatro. Muy diferente de las chicas de su antigua clase, y de la ex banda, HTT, Ichigo se dedicó por entero a la actuación. Después de la obra de Romeo & Julieta, interpretada, de manera excelente, por Ritsu y Mio; Wakaouji, que hizo un papel segundario dentro de la misma, le encontró cierto gusto por interpretar a un personaje de ficción.
Un suspiro salió de sus labios, al recordar aquella época.
Siguió mirando los papeles, y sin poder contener la velocidad con que viajaban los recuerdos, apareció uno, en el cual Chika Nojima había interpretado al fraile que apareció en la obra. Los cazatalentos habían quedado impresionados. Eso fue, en un festival que hizo otra preparatoria, y que su director había escuchado hablar de las chicas que interpretaron su papel, con cabalidad, en la famosa obra de W. Shakespeare.
Ichigo recordaba aquellos momentos con cierto aire entre melancolía y nostalgia. No podía evitar que su mente evocara aquellos momentos juntos a sus amigas y compañeras de clase. Wakaouji jamás perdió su elegancia y feminidad, pero era bien sabido, que jamás podría igualarse a la Ojou-Sama. La señorita Kotobuki. Movió la cabeza negativamente, queriendo despejar pensamientos negativos.
Ahora ella tenía una vida. Y estaba agradecida por ello.
Yokohama, Japón
Himeko terminaba de revisar unos papeles, en el cual se hacía una transferencia por una jugadora para su equipo de softball. Mientras chequeaba con detenimiento aquellos documentos, no pudo evitar recordar su paso por la preparatoria Sakura. Acordarse de aquella guitarrista dulce e inocente que se sentaba junto a ella, y que a veces le podía más su despreocupación por la vida, hasta que sufrió ese accidente. Cuando Yui empezó a cambiar, ella fue la que más sufrió. Y le partió el corazón.
Tachibana se había enamorado de Yui secretamente.
Empezó a involucrarse en el softball gracias a su madre y padre. Su madre fue jugadora de un equipo de segunda y su padre perteneció a uno de los mejores equipos de Baseball de los Estados Unidos. Su padre se retiró a temprana edad cuando ella nació. Su madre lo había hecho cuando decidió fundar, junto con su abuelo, una tienda de deportes. Tachibana provenía de una familia de deportistas. Una prima de ella es basquetbolista en los Estados Unidos, y un primo juega en las grandes ligas[1] del mismo país.
—¿Himeko?
—¿Mamá? —levantó la cara para ver a su madre que entraba en el despacho —¿Pasa algo?
—Nada. Sólo quería saber si vamos a ir juntas a casa a cenar.
—Sí, mamá. Deja terminar con esto y nos vamos.
Madre e hija compartía la misma pasión: deportes con negocios. La tienda había crecido hasta llegar a ser una de las más reconocidas den Japón, y parte de Asia. Se habían expandido de manera notable, llegando a otros mercados. Ahora, Tachibana tenía planeado ingresar al mercado Europeo, y estaba consciente de que sería bastante difícil. Tendría como competencia a Reebok y a Nike, marcas ya reconocidas, y con mucho tiempo en el mundo de los deportes.
Pero eso no le impedía luchar por ese sueño. Ver la tienda de sus antepasados en lo más alto a nivel mundial. Aunque se especializaban en Softball y Baseball, también habían adquirido cierto ingreso por Basketball, Football y Volleyball. Himeko iba a por todo.
Movió la cabeza de manera negativa al recordar a Yui. Siempre supo que la ex guitarrista principal de la banda HTT jamás la vería como algo más, pues sus hermosos ojos café claro estaban sólo puesto en Azusa Nakano. Y esa niña, o no quiso aceptar sus sentimientos, o nunca se percató que la mayor de las Hirasawa la veía como algo más que una simple compañera de banda y amiga.
Himeko termino de revisar la documentación, dio visto bueno a algunos, a otros los mando a una segunda revisión, chequeo el mail por última vez, y cerró todo. Era hora de volver a casa. Y seguir con su vida, la que adquirió cuando salió de la preparatoria Sakura.
Tokyo, Japón. Departamento de Yui Hirasawa
Yui se movía inquieta en la cama. Otro cuerpo, quien estaba abrazada a ella se percató que aquella joven no estaba teniendo el mejor de los sueños que se diga. Algo la perturbaba. La inquietaba, y la dejaba alterada por un par de horas, a veces incluso, por un par de días. Azusa quiso calmar a su senpai de manera tierna y compresiva. Ambas estaban desnudas, y se habían quedado dormidas después de hacer el amor por quinta vez.
No supo cómo llegaron a esa situación, pero lo que si sabía es que cada vez se enamoraba más de Yui. ¿Será que la mayor de las hermana Hirasawa se abrirá finalmente al amor? Nakano no lo sabía, pero estaba segura, ahora, de sus sentimientos. Tal vez su timidez, y por qué no decirlo, su recelo, no le permitieron abrirse ante ese amor que estaba creciendo dentro de su corazón. Tal vez su preocupación y temor, era que Yui la hubiese rechazado. Y ella no lo hubiese resistido.
Cuando conoció a Yui, ella era alegre, despistada, despreocupada por la vida. Ya finalizando el año, por la semana del veinte de diciembre, Yui viviría una de sus peores pesadillas hechas realidad, y que le daría paso a convertirse lo que es hoy. Un ser frío, de mirada perdida en el infinito, y con un sentimiento de odio y rencor. Esa alegría, esa inocencia la había matado, y para siempre. Yui no estaba dispuesta a volver a pasar por aquella experiencia y tampoco estaba dispuesta a que su única hermana, y menor a ella, la viviera.
Desde ese entonces, la mayor de las Hirasawa, vivía con constantes pesadillas, provocando que no tuviese un sueño tranquilo y conciliador. Aunque esta vez durmió de largo, la pesadilla había vuelto provocando que se alterara de manera inconsciente, moviéndose de un lado a otro de la cama, pero que no podía hacerlo con total libertad, porque sentía que alguien le estaba impidiendo hacerlo. Azusa le susurraba palabras tranquilas, y llenas de mucho afecto para que la ex guitarrista pudiese volver a descansar en paz.
Azusa se había dado cuenta que la vida de su senpai era por mucho, un poco más estresante y cargaba con más responsabilidades. Durante la conversación pudo darse cuenta que la ex guitarra principal hablaba con madurez, con dolor y tristeza. A veces, la gatita recordaba aquellos momentos que fue feliz junto a Yui, aunque nunca se lo dijera. Cada abrazo, cada palabra de afecto, a ella le alegraban y la hacían sentir amada.
Ahora, su mayor preocupación era ayudar a Mio. En ocasiones, recordaba a Ritsu. Sonreía al rememorar aquellos momentos en que la ex baterista de la banda, hacía de las suyas, y molestaba a la ex bajista. Inconscientemente, evocaba una remembranza de un tiempo pasado que deseaba que volviera, pero que estaba consciente que jamás regresaría. Estaba la academia de Akiyama, y ella quería ayudarla. Porque era su senpai querida, y porque era su amiga.
No estaba segura si fue correcta la decisión de buscar ayuda a Yui, pero algo le decía que fue lo mejor que pudo hacer. Y ante ese pensamiento, se acurruco aún más sobre el cuerpo de Yui, buscando un poco de calor. Ya vendrían mejores días.
Tokyo, Japón. Aeropuerto
El vuelo proveniente de París hacia su magistral arribo sobre la ciudad de Tokyo. Una ciudad metropolitana que jamás descansa, y le ofrece a sus habitantes, lo mejor y lo último en tecnologías. Un estilo de vida estresante y al mismo tiempo relajado, algo contradictorio, pero que, para los que han vivido ahí, lo visitan y viven, lo entiende mucho mejor que el resto. En ese avión estaba Nao Okuda, una chica que estuvo marcada por un desamor, y por una injusticia realizada en su contra.
Nao se había ido a París con la idea de rehacer su vida allá, y no volver jamás a Japón. No quería que los recuerdos de un pasado marcado por las intrigas y mentiras, de un grupo de personas que buscaban sólo poder y fama, desprestigiando a su familia, y a ella misma. Se había enamorado de alguien que jamás le correspondió sus sentimientos, y que por el contrario, había buscado sólo la pequeña fortuna de la familia Okuda.
Es bien sabido que las personas que obtienen el dinero de manera sucia, tarde o temprano terminarán sabiendo que siempre hay un Dios que hace justicia, y pagarán por todos los actos atroces que han cometido. Pero así mismo, hay personas que han obtenido dinero de manera limpia y honrada, que serán bendecidos, y multiplicará sus ganancias. Hay justicia divina.
Y eso pasó con la familia Kobayashi. Lo habían perdido todo, y estaban condenados a la maldición eterna.
El avión se acercaba cada vez más a la pista de aterrizaje, y el corazón de Nao latía a más de prisa. No sabía si era porque vería de nuevo a su familia, o porque estaba ansiosa de ver a Sumire, la niña por la cual lo daría todo. De todas maneras, la niña de anteojos quería tocar suelo, y ver a la gente que ama. Que siempre estuvieron a su lado, y que jamás dudaron de sus capacidades.
Por el contrario, y dentro del aeropuerto, una niña de cabellos rubios, buen porte y ojos celestes, esperaba ansiosa por ver nuevamente al amor de su vida. No supo cómo se enamoró, pero lo que si supo, es que Nao era la persona correcta para su corazón. Cuando tuvo el valor suficiente, se lo comunicó a su hermana mayor, y esta, con paciencia y sabiduría, la escucho y le dio los mejores consejos.
A pesar de todo, y aunque Sumire no era de su sangre, ambas se habían criado juntas, y tenían la misma enseñanza de los señores Kotobuki. A pesar de que se diga que es una familia de mucho dinero y poder, en realidad, es una familia muy humilde y sencilla, que les gusta manejar el dinero de la mejor manera, en donde todos salgan ganando. Y eso lo había heredado Tsumugi por naturaleza y Sumire por enseñanza.
Así pues, Sumire era confidente de su hermana mayor, y Mugi era confidente de su hermana menor. En pocas palabras, ambas se confiaban muchas cosas. Otras, quedaban para guardadas para sí misma.
—¿Nerviosa, Kotobuki-san?
Sumire pegó un brinco al escuchar esa pregunta. Provenía de uno de los hermanos de Nao. Le estaba sonriendo afablemente. Y aunque en su interior quería demostrar su preocupación hacia su hermana mayor, algo se lo impedía. Y es que Sumire se había ganado el cariño de la familia Okuda casi sin darse cuenta. Y eso les había gustado. Los Okuda sabían quiénes eran los Kotobuki, y a pesar de todo, aceptaban a Sumire como un miembro más de la familia. Si por Kasumi fuera, él la hubiese invitado y listo. Pero pensó en Nao, y decidió esperar.
Muy al contrario, algo le decía al señor y señora Okuda, que Nao sería quien le dijera a su hermano que invitara a Sumire a su boda. Por eso, previniendo aquello, dejaron lista una invitación sin que sus hijos supiesen algo. La señora Okuda supo de lo que pasó con su hija mayor, y aunque no se culpa de lo que le paso, si se siente responsable de aquello. Pues ella tenía cierto conocimiento de quienes eran los Kobayashi.
—Estoy un poco nerviosa, Haru-san. Pero estoy tratando de controlarme para no asustar a Nao —y le sonrió de manera tierna.
Cuando la familia Okuda se enteró de las preferencias sexuales de Nao, ninguno la cuestiono. ¿Para qué? Cada quien tiene el derecho a elegir lo que desea en la vida, y también tiene derecho a elegir a quien amar. Y mientras haya amor de por medio, todo sería bienvenido y agradecido. Pero desgraciadamente, Nao se enamoró de Hanako Kobayashi, y supieron que sería una lección muy grande para la mayor de los Okuda. Ese día sabría que no todos se enamoran porque así lo sienten, sino porque hay dinero por medio. Y la gente ama el dinero.
Fue la peor época de Nao, hasta que decidió estudiar en la preparatoria Sakura. Ahí conoció a Sawako, una profesora un poco extrovertida pero de buen corazón. Vio lo que nadie había visto, y decidió apoyarla para que sus sueños se fueran cumpliendo. A Nao le gustaba mucho eso de los simplificadores y electrónica, esa mezcla que se hacía desde detrás de la computadora. Pero también podía componer canciones.
Y Sawako ya sabía de qué estaba hecha Nao Okuda, sólo necesitaba un empujón y el resto vendría por sí sólo.
—Quién se iba a imaginar que Nao volvería. Ahora todo está en manos de Kami-sama. Sólo él sabe que es lo mejor para nuestra hija.
—Así es, amor mío. Ahora, vamos a recibirla, pues el avión acaba de aterrizar.
Y era hora de que Nao Okuda enfrentara de una vez por todas ese pasado, para así, dejarlo cerrado y empezar una nueva vida. Y esta vez, a su lado estaba Sumire Kotobuki.
Tokyo, Japón. Departamento de Tsumugi Kotobuki
—Dime una cosa, ¿qué es lo que piensas hacer, Mugi? Hasta donde sé, eres capaz de hacer muchas cosas, con sólo coger el teléfono y decir una orden.
—Y no te equivocas. Pero por el momento, quiero saber sobre el señor Daichi Asano y la familia Kobayashi. Hasta donde tengo entendido, ambos se aliaron para tomar poder de la industria musical.
—Así es. Mugi, por favor, lleva esto de la mejor manera. Recuerda que hay más personas involucradas de lo que te imaginas. Esto es…
—Esto, mi querido y estimado Fabi Ivanov es un asunto algo personal. Nadie, absolutamente nadie, se mete con mi familia, mis amigos y mis negocios. ¿Comprendre?
Fabi es el asistente personal y amigo íntimo de Tsumugi. Ambos se conocieron cuando Tsumugi cursaba unas materias en Alemania, en un programa de intercambio que hizo. Aunque fue por sólo seis meses, fueron los mejores meses en la vida de ambos. Inmediatamente congeniaron, y supieron que podían confiar el uno en el otro, que siempre podrían cubrirse las espaldas, y que jamás estarían solos.
Mugi estaba consciente del peso que recaía sobre sus hombros, de llevar un legado que estaba marcado por su apellido. Y ella demostraba en cada negociación de que madera estaba hecha, y era un roble muy duro de derribar. La reina del teclado sabía lo que hacía, hacia donde iba, y que quería de los demás y de los tratos que cerraba con los otros empresarios. La rubia no tenía un pelo de tonta, y eso lo sabía Fabi.
Fabi Ivanov, por su lado, era descendiente de padres rusos que emigraron hacia Inglaterra en busca de una mejor vida. Fabi había tenido un hermano dos años menor a él, pero que desgraciadamente lo mataron por un asunto que nunca se esclareció, o al menos eso es lo que sabía Fabi y sus padres. Esa información le proporciono la policía. Y a pesar del dolor, tuvo que salir adelante. Buscar un trabajo, y planificar que quería para el futuro.
Y fue cuando conoció a Mugi Kotobuki.
Tsumugi lo entrevisto personalmente cuando apareció por su oficina, después de haber hablado con él en la Universidad. Y la rubia no se equivocó al percibir en él, no sólo la habilidad de los negocios, sino la capacidad de llevar a cabo una orden sin reclamar o justificarla. Sólo lo hacía y punto.
Y con el paso del tiempo, ambos se hicieron grandes amigos. Y ahora, Fabi es la mano derecha de la que prácticamente es dueña del imperio del mundo de la música. Y él le estaba agradecido a la reina del teclado por la oportunidad de confiar en él, y de ayudarlo, de manera desinteresada, con su familia. Y ahora, sabía que su jefa tenía entre ceja y ceja a los Asano y a los Kobayashi. Algo sabía la señorita refinada, Tsumugi Kotobuki.
Londres, Inglaterra
Ritsu terminaba de empacar su segunda maleta.
Había tomado la decisión más difícil de su vida, pero sabía que tenía que hacerlo. Sabía que no podía seguir huyendo toda la vida. Ahora estaba más consciente de que su padre se debatía entre la vida y la muerte. Aunque nunca compartió su forma de pensar, o de actuar, era su padre y necesitaba de sus hijos a su lado. Pero la castaña no iría directamente a su "hogar". Iría a otra ciudad, y empezaría una nueva vida. O al menos, trataría de hacerlo.
Cerró por unos segundos sus hermosos ojos amielados, y recordó la conversación con su hermano menor. Y también la recordó a ella. La mujer por la cual daría la vida. Aquella que le cambio su manera de ser, su forma de pensar, y porque no decirlo, le ayudó a ser mejor. Esa mujer, que un día fue niña tímida, pero que de a poco se fue abriendo, y supo manejarse dentro del mundo cruel.
Tenía muchos sentimientos acumulándose dentro sí.
Ritsu lo había perdido todo cuando permitió que su padre decidiera por ella. ¿Será que Mio Akiyama le perdonará el haberse ido así sin más, y luego volver de la misma manera a su vida? ¿Será que aquella joven de ojos grises, y reservada seguirá siendo la misma, o por el contrario, habrá cambiado?
Unas pequeñas lágrimas salían de sus ojos. Y su mirada se perdía en la oscuridad de la habitación.
Era hora de zanjar asuntos pendientes del pasado. Su pasado.
"El odio y el miedo se vencen únicamente con el amor."
Tokyo, Japón.
Mio Akiyama se encontraba acostada en su cama mirando el concierto de Maroon 5, su grupo favorito. La canción que justo empezaron a tocar se titulaba She will be love, y empezó a recordar a Ritsu. Si tan sólo ella pudo haberle dicho de sus sentimientos en su momento… Pero eso era en el pasado. Y esa oportunidad, se fue con el viento.
Cuando Ritsu se fue, Mio empezó a demostrar que era fuerte y podía salir adelante, pero al mismo tiempo demostraba su lado vulnerable, y en ocasiones se preguntaba si de verdad ella era valiente como su mejor amiga. Pero recordaba que Ritsu ya no estaba ahí, junto a ella, compartiendo momentos, y eso le ayudaba a salir adelante. Pues quería demostrarse a sí misma, y a la distancia, a su amiga, que ella podía salir adelante enfrentando todo obstáculo y temores que se le presentara.
Mio Akiyama dejó de ser la niña miedosa, para pasar a ser una mujer valiente.
¿Qué provoco que Ritsu jamás le volviera hablar?
A veces se preguntaba eso, pero no quería darle más vueltas al asunto. No quería buscar respuestas, que tal vez sólo sean suposiciones y que al hacerlas como una única verdad, le afectara emocionalmente y cayera hundida en una espiral de depresión. Por eso, pensaba que tal vez, y era lo más probable, que Ritsu siguiera al frente de la disquera de su familia y que su padre, le haya cortado todo tipo de comunicación con ella.
Y Mio no estaba tan alejada de la realidad.
Sin darse cuenta, y con el concierto proyectado en su televisor, la señorita Akiyama se fue durmiendo.
Sendai, Japón
Nodoka se encontraba en la cafetería que quedaba cerca del apartamento donde vivía. Había decidido ir a ver a Megumi Sokabe. Y de ese encuentro, sabría si estarían juntas o no. Nodoka quería cerrar algunos capítulos de su vida. Quería dejar por asentado que ella miraba hacia el futuro, y que la Nodoka que alguna vez fue, ya no queda nada. Quería volver amar, y sentirse amada. Quería gritar a los cuatro vientos que su vida había cambiado, y que ahora sí, estaba enrumbada hacia un futuro mejor.
Sin poder evitarlo, recordó a Yui. Por un momento de su vida pensó que estuvo enamorada de su mejor amiga, pero después, y de un largo auto análisis, se percató que aquello simplemente fue una ilusión, algo que ella, inconscientemente, quería llenar por no sentirse sola. Y la conclusión que obtuvo fue más de lo esperado. Nodoka no se había enamorado de Yui, sino de Megumi, pero por ocultar ese sentimiento, lo disfrazó que era amor hacia Yui Hirasawa. Sólo porque tenía miedo.
—Perdón por llegar tarde, Manabe-chan.
—No te preocupes. En realidad, llegaste a tiempo.
Ambas se miraron, y sabían, en ese momento, que estaban perdidas. Que la una no podía vivir sin la otra. Y aunque lo quisieran negar, Nodoka era la mujer para Megumi, como Megumi era la mujer para Nodoka. Ambas se complementaban. Y Manabe estaba impactada por la vestimenta que llevaba su senpai.
Era hora de abrir nuevos capítulos, cerrando otros.
Ambas estaban conscientes de aquello.
Tokyo, Japón
Las novelas:
En Orgullo y prejuicio, Jane Austen relata la historia de las hermanas Bennet y sus respectivos amoríos, y en Sentido y sensibilidad también se centra en la historia de dos hermanas y sus asuntos amorosos. La abadía de Northanger es una especie de parodia sobre la novela gótica, en tanto que las obras El parque de Mansfield; Emma y Persuasión narran los enredos románticos de tres heroínas, tratados con gracia y profundidad.
Jane Austen nació en Steventon, Inglaterra, el 16 de diciembre de 1775 y falleció en Winchester, Inglaterra, el 18 de julio de 1817. Fue una brillante novelista y una de las pocas escritoras profesionales de su tiempo.
Mio estaba leyendo la biografía de una de las mejores escritoras de todos los tiempos, como lo fue Jane Austen. Y es que la señorita Akiyama quedó prendida cuando leyó por primera vez Sentido y sensibilidad, y luego Orgullo y prejuicio. De ahí, que con mucho esfuerzo, logró conseguir Emma y Persuasión. Y supo que aquella escritora británica seria su ejemplo a seguir. Por la forma educada, y sarcástica (en ciertos puntos de las novelas), y que en ciertos momentos le enseñaba cosas de la vida. Era como si Jane supiese de su existencia y le estaba dando consejos sabios.
Claro, Jane Austen es de la época Georgiana mientras que Mio es de la época moderna. Pero el resultado es el mismo. Y eso lo sabía. Por eso la tomo como su ejemplo a seguir.
Ya no derramaba lágrimas, porque ya no tenía.
Y ahora esperaba por un milagro.
Sin saberlo, que estaba más cerca de lo que creía.
Porque las antiguas amistades estaban apareciendo de a poco, y en diferentes escenarios. Porque serían esas amistades que darían, lo que otros no pudieron dar: una mano amiga desinteresada.
[1] Grandes Ligas: se le denomina así al Baseball en los Estados Unidos. También se la conoce como MLB (Major League Baseball)
Notas de la Autora:
¡Aquí estoy!
Cuarto capítulo de esta historia.
Me di tiempo y conseguí Internet para subir este capítulo de la historia. La verdad, con esto de la mudanza y todo, no sé cuando pueda subir el siguiente, pero espero que no sea por mucho tiempo, y lo tengamos antes de lo que imaginamos.
¿Qué les pareció? ¿Les gusta la actitud de Mugi? En mi opinión personal, a mi me encanta esta actitud de Mugi, ¿qué nos tendrá preparada la reina del teclado? Todo puede pasar, en serio.
Sin más que decir, disfruten de la lectura.
¿Podrían dejar un Review? Me ayudaría como escritora a mejorar.
Bye.
