Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.
Capitulo V: La nueva asistente
"Y cuando nos quisimos dar cuenta, el destino nos puso frente a frente de nuevo"
Dos meses después
Tokyo, Japón
Mugi estaba ultimando detalles. Para la princesa del teclado, nada le era negado. Ni a ella ni a su hermana menor. Desde que sus padres se retiraron del mundo de los negocios, Tsumugi asumió con responsabilidad e inteligencia la disquera y las tienda de música. Y ambicionaba con tener más. Quería, en el fondo, vengarse de Daichi Asano y los Kobayashi. Ella estaba consciente que él no lo había podido hacer solo, porque en ese mundo se necesitan de contactos. Y Daichi no tenía muchos contactos, exceptos ciertos compañeros de la universidad y de la banda que él formo.
Asano había llevado el plano de los negocios hacia lo personal, sin saber que es ahí donde se queman muchas personas. Una cosa son los negocios, y otra muy distinta los asuntos personales. Y ante esa idea, Mugi estaba ideando el plan perfecto para atacar ese pequeño asunto personal, haciendo ver que todo es meramente cuestión de negocios. Y empezaría por aquel hombre que quiso apoderarse de sus negocios, y que lastimo a la familia de su pequeña hermana, dejándola sin sus verdaderos padres.
Pero había otro asunto, también. Sawako. Aquella profesora que nunca pudo salir de su mente desde que estudio en la preparatoria Sakura. Que fue su mentora y guía, y también su consejera en los momentos más difíciles que vivieron como banda. Yamanaka sabía cómo calmar a cada una, y sabía qué hacer ante cada presentación que tenía la banda. Sawako se manejaba con elegancia e inteligencia. Eso fue lo fundamental para que la señorita Kotobuki pusiera los ojos en su ex profesora. Aunque siempre lo hizo, pero el miedo al rechazo, y que pudiesen ser separadas, por pertenecer a clases sociales diferentes, influyo para que no pasara nada más.
Y con el paso del tiempo, sin saber ninguna de las dos, se extrañaban y se necesitaban. Ahora podrían hacerlo, pero primero había un asunto por el cual Mugi se encontraba en Japón. Y era sacar del camino a Asano.
—Jefa, ya tengo listo los papeles de la academia Akiyama. También el informe del balance general y presupuesto de la disquera de Tainaka, y por último, la situación de la revista de música y entretenimiento de Hirasawa. ¿Necesita algo más?
—No, Fabi. Gracias. Me pondré a revisar cada uno, y empezaré a redactar las ofertas para cada una.
—Está bien, será lo que tú digas.
—Por cierto, Fabi. ¿Qué pasó con la documentación que te pedí acerca de la disquera de Asano y de la academia de música de los Kobayashi?
—Se está terminando de redactar el informe de cada una, y se está adjuntando la documentación necesaria, para pasártela. Eso ya debería estar listo hoy en la tarde, y pasártelo enseguida, mi querida jefa.
—Está bien, Fabi. Si necesito algo más, te aviso.
Mugi iba a por todo.
Iba a defender a sus amigas, e iba a recuperar lo que a cada una le correspondía.
Y la KEM, sería una de las empresas de música más grande que haya existido en el mundo.
Porque ellas vivían de la música.
El ser humano vivía de la música.
Shizuoka, Japón
Ritsu había llegado a la ciudad en la noche, hace un par de días atrás, pasando desapercibida. No fue un trabajo sencillo, pues su padre estaba pendiente de ella. Pero lo había logrado, y ahora empezaría una nueva vida. Sin embargo, no estaba segura de cómo reaccionaría si se encontrará con Mio. Sabía que había hecho un mal en no haber mantenido contacto con ella, pero lo hacía por el bien de las dos. Porque no quería ni ilusionarse ni ilusionarla. Porque no quería ponerla en peligro.
El departamento que consiguió Satoshi no estaba mal. Tenía lo justo como para que ella viva. Además, ella casi ni pasaría en el lugar, sólo era para dormir. Pero tenía lo necesario, como una laptop, impresora, scanner, Internet, disco duro externo, una pen drive, refrigeradora con ciertos alimentos, un armario, colchón, baño, entre otras cosas más. Pero seguía siendo muy básico para el estilo de vida a la que estuvo acostumbrada. Pero eso no le importaba. Sólo quería vivir tranquilamente, y rehacer su vida.
Y no tenía idea de lo que estaba a punto de pasar.
Tokyo, Japón. Oficina de Yui Hirasawa.
Yui estaba atenta revisando documentos. Quería mantener la mente ocupada en algo, y no recordar lo que había pasado entre ella y Azusa, los días anteriores. Pero sobre todo, cuando hicieron el amor. Ambas se habían entregado sin medir las consecuencias. Y eso había confirmado sus sentimientos hacia la gatita, pero no estaba segura de los sentimientos de Azusa hacia su persona.
Life's a very Sweet & Bitter Beauty Song
So, what are you gonna sing?
Sonrió con melancolía al escuchar el tono de su celular. Pero sabía que ya todo estaba perdido, y que ahora tenía una nueva vida. Ni se dignó en mirar en la pantalla quien estaba llamando. Así que, sin esperar más tiempo, y dejando a un lado la documentación, decidió atender la llamada.
—¡Yui-chan! ¿Cuánto tiempo sin vernos?
—¿Mugi-chan?
—La misma. Te llamó porque necesito hablar contigo —ante el silencio de su amiga, Tsumugi prosiguió —. Son asuntos de negocios, Yui. Y tiene que ver con Azusa.
Yui se puso en alerta. Todo lo que tenga que ver con su gatita, era también de su asunto. Al igual que su pequeña hermana, Ui.
—¿Qué pasa con Azusa, Tsumugi?
La voz de la ex guitarrista principal de HTT era demandante y preocupada. Si tenía relación con la academia de Mio, entonces si era más serio de lo que pensaba.
—Azusa ya no tiene empleo, Yui. La academia de Mio-chan está declarada en bancarrota. Pero, me gustaría verte en persona, pues tengo en mente una idea, y sé que te va a gustar. Te gustan los negocios, y también sé que estás hambrienta de venganza por lo que te hicieron. ¿Qué dices?
—¿Cuándo nos podríamos ver, Mugi?
—¿Te parece hoy a las 4:00 pm en la cafetería que queda cerca del centro de Tokyo?
—Sí. Me parece buena la hora y el lugar. Hasta en ese entonces.
Yui iría a rescatar a la gatita.
Y eso era una promesa.
Tokyo, Japón. Departamento de Mio Akiyama
La señora Akiyama atendía con delicadeza a las invitadas de su hija. Azusa, Chinatsu e Izumi habían ido a la residencia de Mio a pasar la tarde. La academia estaba cerrada, porque fue declarada en bancarrota. Mio estaba desolada, y ahora esperaba por alguien que comprara la academia y la hiciera resurgir. Pero ya no llevaría el legado Akiyama. Y eso le frustraba aún más. Sentía que le había fallado a su padre. Y también a su madre.
—No deberías ponerte así, Mio —dijo Izumi
—¿Por qué dices eso?
—Mira, dejando a un lado la religión y esas cosas, te diré una cosa: lo que te pasa en la vida, es porque así tenía que pasar. Tal vez esa academia ya necesitaba nuevos dueños, o tú necesitabas una nueva academia. Todo depende por donde lo mires. Al fin y al cabo, la vida, en muchas ocasiones, es misteriosa y es difícil que logres descifrarla a la primera.
—En ese punto, apoyo a Izumi, Mio. No te atormentes. Si es por nosotras, ya veremos donde trabajar, nada está perdido —apoyo Chinatsu.
Mio y Azusa estaban en silencio.
Nakano le había pedido ayuda a Yui, pero Yui también tenía sus problemas con su negocio. Sin embargo, había accedido ayudarla, y aunque lo hizo, parece que no fue suficiente. Se necesitaba dinero, y ninguna tenía el capital suficiente para salvar la academia. Sin contar que la infraestructura que se estaba cayendo, y el lugar ya no era seguro. La gatita había hecho su mejor esfuerzo, y sabía que Yui también.
Por un momento, evoco aquella noche que pasó junto a su senpai. La forma en que la toco, le beso, y le decía palabras sutiles mientras hacían el amor. Y ella se entregaba en cuerpo y en alma. En ese momento, sentenció sus sentimientos hacía Yui. Lo que la tenía sin dormir, era si la ex guitarrista principal de la ex banda HTT sentía exactamente lo mismo hacía ella. Esas noches, mientras pensaba en ese evento, pedía porque fuese correspondida. Porque de amores no correspondido, lo conocía muy bien.
Cafetería en el centro de Tokyo, 3:45 pm
Yui esperaba ansiosa por la llegada de Mugi. Ella sabía que la Ojou-sama jamás llegaba tarde a una reunión, peor si se trataba de negocios. Mientras la esperaba, se puso a pensar cómo es que le fue a las demás después de que se separaron como banda. Por lo que veía, cada una tuvo éxito hasta cierto punto, pero no lograron mantenerse. Sobre todo Ritsu. La ex baterista se había distanciado por completo de las demás, y la comunicación era cortante y nula.
¿Se debía a la orden que habría dado el señor Tainaka?
Todas sabían que Genkei era posesivo, y que buscaba en su hija mayor, el liderazgo para la disquera, pero que, desgraciadamente no lo hubo y no dejo que la castaña hiciera las cosas a su manera para mantenerla. Ahora, la disquera estaba vendida y no se podía hacer nada. Eso fue una noticia bomba que lo saco los medios de comunicación y no pararon de pasarlo por algunos días.
Yui se sentía mal por su amiga. Ella redacto esa noticia para la revista de la penúltima edición, y lo hizo de la mejor manera: sencilla, elegante y transmitiendo todo su apoyo para esa persona que fue importante en su vida. El cappuccino estaba en la mesa, botando el humo que significaba que estaba caliente todavía. Pero sus ojos achocolatados no miraban el humo que se perdía en el aire. En realidad, no estaban mirando a nada… ni a nadie.
—¿Llegue a tiempo, Yui-chan? —ante la voz dulce de la ex tecladista, Yui levanto su mirada y la vio. Estaba igual que cuando estudiaban en la preparatoria, la diferencia radicaba que Mugi estaba más madura y más decidida que antes.
—No. Creo que no, Mugi-chan —dijo Yui, mientras miraba su reloj Rolex.
—Supongo que esta es tu tercera taza de café, ¿verdad?
—En realidad, es la segunda. Y es cappuccino.
Ambas sonrieron.
No querían evocar un pasado que tal vez no regresaría. Pero era parte de la vida, y de los momentos que se vivieron. Juntas, no sólo formaron una de las mejores bandas, sino que demostraron porque eran las mejores. Tenían una amistad tan sólida, a pesar de sus diferencias y sus distintas personalidades. Su música marco una etapa, no sólo estudiantil, sino que los cazatalentos, sabían que si seguían así, podrían haber sido la mejor banda Japón, y de Asia.
Pero Genkei uso sus influencias y corto todo. Pues, sabía que Daichi estaba detrás de ellas, de su hija, y él no quería eso. Por eso, le prohibió todo contacto con la música, con la batería, con la banda, con sus amigas. Y decidió contratar investigadores privados para que siguieran los pasos de Ritsu y así estar un paso delante de ella. Cuando se enteró que vendería la disquera, el 50% a Asano, él intervino. Jamás le daría a su enemigo lo que le correspondía: su negocio y su hija.
Sin embargo, Genkei jamás escucho a su hija mayor. Y eso lo llevó a la quiebra total.
Si la hubiera escuchado, ahora su disquera estaría de nuevo entre las mejores. Aquello demostraba lo que decía el dicho: "una decisión, por muy pequeña que sea, cambia el rumbo de la historia. O te lleva al éxito, o te lleva al fracaso". Y ahora, cuando Genkei se debatía entre la muerte y la vida, se daba cuenta de eso. Y ya era tarde. Lo había destruido todo.
Tsumugi Kotobuki lo sabía. Ella sabía toda esa historia, como sabía la historia de Yui, de Mio y de Azusa. Y ella tenía el poder de cambiar el curso de la historia a partir de ese momento. No sólo se trataba de dinero, se trataba de marcar el destino, de hacer saber quién es más fuerte con sólo una llamada a corta o larga distancia. Y la princesa del teclado tenía más influencias de lo que se puede imaginar alguien.
Mugi miraba a Yui detenidamente. Había cambiado. Ahora la ex guitarrista estaba más madura, más decidida hacer lo que sea por salvar su negocio y a la gatita. Se le notaba en los ojos que le amaba con locura. Que Azusa era la mujer que podía lidiar con la personalidad de Hirasawa. Que podía llevarla de la mejor manera y no permitir que cayera en picada hacía el infierno.
—Yui-chan, te he citado, casi de un momento a otro, pero debes saber que esto es serio.
—Cuando se trata de negocios, siempre es algo serio, Tsumugi.
Ambas sabían que entrarían al terreno que no hubiesen querido entrar. Y ahora no estaban ahí en reunión social o de reencuentro. Estaban ahí por asuntos serios, como son los negocios.
—Lo sé, Yui. Verás… —Mugi empezó a exponer su idea. Yui la escucho muy atenta.
Como siempre, Tsumugi fue al grano. Directa y concisa. Una característica de ella desde la preparatoria. Y que sin saberlo, fue una de las cosas que atrajo a Sawako. Pero estaba consciente de lo que hacía y que del amor, sólo se encargaría después de haber, por lo menos, ocupado los negocios de Yui y Mio. La disquera de Ritsu sería mucho más fácil de negociar, y adquirirla. Y quería dejarlo como el postre de todo ese plan de venganza que había diseñado.
Si Asano pensó que adquiriendo la disquera de los Tainaka le devolvería lo que le correspondía, se equivocaba. Para hacerlo, tendría que sacar del camino a la Academia de música de Akiyama y a la revista de Hirasawa. Y a él no le interesaba adquirir aquellos negocios, por lo tanto, los mando a sacar del camino, provocando que bajaran las ventas con la incursión de su propio modelo de negocio.
Pero ellos no manejaban esas líneas, y eran novatos frente a las empresas de Akiyama e Hirasawa. Ellas tenía más experiencia y al menos, los Akiyama habían sacado todo el potencial de futuros artistas que pasaron por su academia. Los Kobayashi, a pesar de cierto tiempo en el mercado enseñando y puliendo a nuevos talentos, no lograban marcar la diferencia con los Akiyama, y no tenían tantos clientes como los de su rival.
Y eso les frustraba.
Las mentiras que inventaron los Kobayashi acerca de los Akiyama, surtió efecto, de tal manera que, perdieron clientes y empezaron a tener más egresos que ingresos. Y eso que ninguna de las que enseñaban cobraban sueldo, excepto los empleados de administración. Y ese detalle lo sabía la princesa del teclado. Y sería ella, quien les devolvería a las Akiyama lo que les corresponde.
Por otro lado, Asano había logrado convencer a un antiguo compañero de la Universidad, que estudió periodismo y trabajo del mismo, para que le ayudara a formar un pequeño negocio de revista física y virtual sobre música. Pero esta persona apenas si sabía de música, pero había accedido a la petición de Daichi sólo por el mero placer de experimentar algo nuevo, y porque recibiría una gran cantidad de dinero por ese trabajo.
Pero no contó con la experiencia que tiene la revista de los Hirasawa. A pesar de todo, Asano y su amigo, lograron disminuir la presencia en el mercado de la revista de Yui, y poner la de ellos por encima, por muy pocos puntos. ¿Lo lograría definitivamente si Mugi no hubiese interferido? La respuesta es clara: no. Porque no tenían experiencia, y su modelo de negocios no iba por esa línea. Yui lograría reinventar el concepto de lo que es hacer una revista informativa a nivel del mundo del entretenimiento, y la pondría en lo más alto.
La única diferencia que había, era que Yui no tenía el capital para hacer aquella reinvención.
Porque ahora todo era diferente.
Shizuoka, Japón
—Sí, mamá. Lo sé, será como tú digas.
—Ritsu, por favor. Sé lo que ha hecho tu padre no está bien, pero quiere verte.
—Mamá, iré. Pero no hoy. Deja ver si puedo ir el fin de semana. Estoy ocupada.
—Sé que estás aquí en Japón, pero no sé en qué ciudad. Sólo te pido que pienses bien las cosas. No me mientas, ¿sí?
Ritsu había logrado instalarse sin ningún problema en la ciudad, y enseguida consiguió un empleo. Cambio su nombre y se hacía llamar Chou Li, y con ello, también su apariencia. Se puso lentes de contacto, que al mezclarse con su color natural de ojos, le daban otro color, que le hacía ver sexy y atractiva; se dejó el mismo porte de cabello, el corto que siempre le ha caracterizado, pero se lo tinturo de rubio ceniza, ya no usaba diadema, sino que dejaba su flequillo caído sobre su frente de manera rebelde. Su forma de vestir, como la de un niño. Jeans, converse, y camisetas polo. Si hacía frío, una chaqueta de jean o de cuero.
Sólo en ese trabajo usaba el uniforme, y que por petición de los dueños, lo hacía. Era un terno gris, camisa blanca con corbata azul marino los días lunes, miércoles y viernes. Los martes y jueves, usaba terno negro, camisa blanca, corbata gris. Por su experiencia con el mundo del entretenimiento, por haber trabajado en la disquera, le ayudaba mucho más en ese nuevo trabajo. Y no debía extrañarse de que la hubiesen vigilado esperando por su llegada a Japón.
Tal vez pensaron que cuando pisara tierra japonesa, ella iría a donde ellos, y todo estaría bien. Que perdonaría todo lo que hizo Genkei contra ella, y que lo que pasó sólo fue por puro negocios y que jamás quiso herirla ni provocar ese distanciamiento hacia ellos. Pero se equivocaron. Ritsu jamás fue para donde ellos, y se perdió de la vista de los investigadores privados de su padre.
Su madre sabía que ella estaba ahí, porque se lo mando a decir con Satoshi. Pero ni su hermano sabía dónde fue a parar exactamente. Todos la buscaban, pero nadie la encontraba. Nadie sabía que ella ya no se hacía llamar Ritsu Tainaka, sino Chou Li. Nadie sabía que ella fue la heredera de la disquera de su familia, y que poseía mucho dinero. Incluso, para conseguir ese trabajo, tuvo que mentir un poco, y usar a una de sus ex asistentes para que mintiera. Claro está, le pagó una buena cantidad de dinero para que se esté tranquila. Nadie descubriría su otra parte ni la verdad.
De eso se aseguró hasta lo último.
Lo que no sabía, era que Mugi si tenía conocimiento de ese detalle, y la contactaría, días después.
Incluso compró nuevo celular, con línea nueva, y ese número de teléfono sólo lo usaba para su círculo íntimo de amistades y del trabajo. Pero ahora su madre le había localizado al otro número del móvil y quería que fuera a donde ellos. Aunque le dijo que estaba a ocupada con mucho trabajo, su madre sabía cómo persuadirla para que hiciera algún favor. Sin embargo, Ritsu no se encontraba segura del todo. No sabía que se encontraría al ir a ver a su padre. Y no quería delatar su otra identidad.
—Mamá, dame tiempo, ¿sí? Prometo ir, pero no ahora. Déjame cumplir un mes de estadía aquí en Japón, solucionar ciertos problemas, y prometo ir.
—Está bien, cariño. Sólo no me mientas. ¿No me dirás en que ciudad estás?
—Por el momento, no. Lo siento, mamá.
—Está bien, cariño. Lo entiendo. Que Kami-sama te bendiga.
—Igual para ti, mamá.
Y cerró la llamada. Sabía que era lo mejor.
Aunque ya estaba en Japón desde hace mes y medio, su madre, por lo visto, pensó que ella llego hace no muchos días. Por eso se la jugo diciendo que la dejara establecerse por un mes para solucionar ciertos problemas. Como por ejemplo, el cambio de color de su cabello.
Sendai, Japón
Nodoka no sabía que había hecho. Ni Megumi. En realidad, ninguna de las dos supieron cómo fueron a parar a la casa de la primera, y terminaron en la cama haciendo el amor hasta muy entrada la madrugada. Pero fue la mejor experiencia que pudieron tener. Y se confirmaron sus sentimientos, reprimidos desde hace mucho tiempo. Ambas eran atractivas, jóvenes, inteligentes y con una carrera que iba escalando posiciones que envidiaba.
Pero había algo más que las unía.
Y era el amor por la música.
Ambas habían sido presidentas del club de fans de Mio, cuando estuvieron en la preparatoria. Sabían cómo lidiar con ellos, y de cómo mantener vivo el recuerdo de la ex banda HTT. Aún conservaban ciertos recuerdos de esa época, que les serviría para lo que tenían planeado hacer. Megumi la impulso a Nodoka a que desempolvara aquello, y empezara a trabajar en ese proyecto para el cual Mugi les había hablado.
Iban a hacer que Houkago Tea Time regresara a los escenarios.
La gente volvería a saber de ellas, y lo harían con más fuerza que cuando estuvieron en la preparatoria. Porque ahora estaban adultas, maduras y sabían lo que querían en la vida. Y Megumi junto con Nodoka estarían a cargo de toda la logística de la banda. Ya tenían los planos, los informes para presentarlo a Tsumugi. Sabían que le gustaría, y estaría de acuerdo con ellas. Porque Mugi lo había planificado mientras fue estudiante universitaria.
Tsumugi Kotobuki nunca perdió las esperanzas de volver a reunir a las chicas, y volver hacer lo que tanto amaban: música.
—¿Estás segura de hacer esto Megumi?
—Nunca he estado más segura que antes. Amo hacer estas cosas, y si podemos ayudar a las chicas, ¿por qué no intentarlo, Nodoka?
Manabe le beso con pasión. Eso amaba de su senpai. No se dejaba de nada ni de nadie. Si había un obstáculo difícil, lo intentaba hasta que lo lograba pasar. Por eso, ambas estudiaron Ingeniería en Marketing y Publicidad. Sabían cómo hacerlo, y a quienes contactar.
Y sólo era de tener paciencia. Lo demás vendría por sí sólo. Así es como fluye el universo con la energía. Así es como se vive en plenitud y saludable.
Y se volvieron a entregar como en la noche anterior.
Tokyo, Japón. Oficina de Yui Hirasawa.
Music World. La revista que le dio pelea a la revista rival creada por Asano, y que salió victoriosa. El que sabe de música, del mundo del entretenimiento y de elegancia, sabe cómo llevar ese tipo de negocio sin perjudicar a nadie. Sin caer en el estigma de ser una revista de chismes y morir ahí. Como pasó con la competencia.
Yui estaba revisando los últimos documentos, y se preparaba para una cita a las 11:30 am con la que sería su nueva asistente. Las postulantes sabían que trabajar ahí, sería una buena referencia laboral en sus hojas de vida. Pero también sabían que debían saber manejarse en la oficina, y llevar la orden a capa y espada que le diera su jefa, Yui Hirasawa.
Al final, Yui había llegado a un acuerdo con Mugi en cederle casi el 100% del negocio a la KEM. Sabía que estaría en buenas manos, y que tendría liquidez suficiente para salir a flote por esos meses, y luego, al año siguiente, empezaría el nuevo reto. El cambio de imagen de la revista, y darle otro enfoque. El mundo del entretenimiento es cambiante y quienes viven en él, deben acoplarse a ello. Es una ley.
—Ing. Hirasawa, aquí se encuentra la última persona que usted va a entrevistar para el puesto.
—Gracias, Jun. Dile que me espere 10 minutos, y la atiendo.
Tal vez guardó falsas esperanzas al creer que Azusa iría en días anteriores para ser entrevistada para el puesto. En el fondo, Yui quería que ella trabajara para la empresa, y así tenerla cerca. Pero vio, con pena, que Nakano no fue a la cita. Pueda ser que se confió mucho de la palabra de Mugi, pero también había que comprender la situación de Nakano. Sola, sin sus padres, y saliendo adelante desde que era joven, con la ayuda de los Akiyama.
Yui se perdió en sus pensamientos por más de diez de minutos, y fue despertada con los suaves toques que provenían de la puerta. Su corazón empezó a palpitar con más fuerza, y tuvo una sensación entre alegría y tristeza. Su empresa estaba a salvo, eso lo sabía. Incluso, tuvo una reunión con Ui y Jun, para que sean sus manos derechas. Ui entraría como jefa del departamento de Diseño e Innovación, mientras que Jun sería jefa del departamento de redacción.
Jun la trataba con formalidad sólo cuando se encontraban en la oficina. Fuera de la misma, el trato cambiaba y se trataban como lo que eran: cuñadas. Un miembro más de la familia.
—Pase.
Y ante la afirmación de la voz que provenía desde adentro de la oficina, la persona abrió la puerta, para entrar.
—¿Yui?
—¿Azusa?
Finalmente, Azusa había tomado la decisión de ir a la entrevista.
Yui Hirasawa, sin pensarlo dos veces, se levantó, camino deprisa hasta la gatita, la tomó por la cintura, y al beso apasionadamente y con cariño. A partir de ese momento, Azusa trabajaría para Yui, y sería el inicio de algo nuevo. No sólo para ellas dos, sino para la revista y para el proyecto que tenía Mugi en mente.
Porque al final, Azusa había decidido darse una oportunidad ella misma. Y con esa nueva faceta, ayudaría a Mio, que sin saber, ya estaba siendo ayudada por la princesa del teclado.
Mugi lo tenía todo fríamente calculado.
Notas de la Autora:
¡Aquí estoy!
Quinto capítulo de esta historia.
Aja. Ya vemos más avances, pero ¿Por qué la reina del teclado esta tan obsesionada con Asano y compañía? Bueno, lo veremos en los siguientes capítulos. Que no son muchos los que quedan, por cierto.
Sin más que decir, disfruten de la lectura.
¿Podrían dejar un Review? Me ayudaría como escritora a mejorar.
Bye.
