Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.


Capitulo VI: Recuerdos

"Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidarse es difícil para quien tiene corazón."

Gabriel García Márquez

Shizuoka, Japón

¿Cuándo fue la última vez que Ritsu recordara algo acerca de una convivencia familiar?

¿Cuándo fue la última vez que Ritsu recordara a Mio, su gran amor?

Había pasado tanto tiempo desde que Ritsu rehízo su vida en su llegada a Japón. Ya no se llamaba más Ritsu Tainaka. Había cambiado su nombre, su apariencia física, y su forma de pensar. Había momentos, en que le invadía el sentimiento de culpa por no haber ido a ver a su familia, en la ciudad de Osaka.

Pero había otra parte que le decía que no se sintiera así, que lo mejor es darse tiempo hasta que las heridas estén un poco más cicatrizadas. Había noches que lloraba desconsoladamente, sin recibir un abrazo de consolación, o escuchar unas palabras suaves de aliento, apoyo. Ritsu sentía que lo había perdido todo por no haber sabido ser más firme en sus decisiones. Por no haber aceptado las ideas descabelladas de su padre.

Sin embargo, tenía corazón.

Y se le hacía imposible olvidar aquello.

Y olvidarla a Mio Akiyama, sobre todas las cosas.

—¿Ritsu? —la castaña alzó la mirada y la vio ahí, a su ninfa.

—¿Mio? ¿Qué haces aquí?

—Vine a comprar un par de cosas para la cena —la morena alzó la funda con las cosas, como demostrando que no estaba mintiendo —, pasé por aquí y me detuve a ver como empezaba a nevar. Démonos prisa, Ritsu. Nos vamos a enfermar.

—Sí, Mio. Vamos a casa.

Y caminaron como siempre solían hacerlo: la castaña cargando la funda de compras, mientras que la pelinegra se agarraba de la brazo de su mejor amiga.

Y el silencio les hacía compañía y conversación, porque entre las dos, las palabras sobraban.

—Mio…

Ritsu suspiro pronunciado ese nombre, cerrando sus ojos amielados. Lo hacía desde hace tiempo, podría decirse desde que acepto sus sentimientos hacía la ex bajista del grupo. La mayoría de veces, sonreía pensando que llegaría el día en que se le declararía de la forma más cursi, y que Akiyama la abrazaría, la besaría y le dijera que sí aceptaba ser su novia. Que aceptaba estar con ella en las buenas y en las malas, por siempre. Pero quedaba en eso: un sueño. Una ilusión.

Mientras Chou se movía por el departamento arreglándolo, recordaba más pasajes de su vida.

—Algún día seré famosa y usaré el nombre de Chou Li —dijo Ritsu convencida de que ese día llegaría.

—¿Por qué Chou Li, Ricchan? —preguntó Yui de manera curiosa.

—Porque, mi querida Yui, Chou significa mariposa y Li, porque es un apellido chino que representa mis antepasados. Mi bisabuela era china y cantaba precioso. Quiero demostrar al mundo que soy libre como una mariposa.

Esa conversación quedó en secreto entre ambas castañas, cuando quedaron las dos a solas en la sala del club.

Y ahora que recordaba aquello, nunca le preguntó a Yui si cambiaría de nombre el día que fuese famosa. Sonreía divertida. Si hubiera sido la Yui infantil, de seguro se hubiese llamado Sweet girl, por su amor a los dulces, y eso no era un nombre, sino un apodo. Pero esa Yui ya no existía y no sabría qué nombre se hubiese puesto.

Chou empezó a pulir sus baquetas. Sus amadas viejas baquetas, que alcanzó a guardar de manera recelosa de su padre, y que significaba mucho para ella. Era un regalo de su persona especial por el día de su cumpleaños número quince. Cuando supo que Mio las había mandado a personalizar, decreto que siempre usaría esas baquetas en cada presentación de las HTT, y si llegará el caso de tener que retirarse de la música de manera definitiva, las guardaría en un lugar donde nadie podría llegar, sólo ella.

Ahora, Chou se sentía libre como una mariposa. Ahora, ella tenía el poder sobre sí misma; sabía que quería y hacía donde iba. Estaba consciente de la situación de la familia, pero ella necesitaba otros aires, conocer a otras personas… Y empezar a cerrar cada capítulo de su vida, para siempre. Porque su libro, su historia, ya estaba llegando a su fin.

Al menos, eso creía.

El destino, muchas veces es caprichoso, y no deja que cerremos esos capítulos, o al menos, no deja que la historia acabe con un final triste. Y si lo hace, inmediatamente, abre otro cuaderno, para escribir una historia donde, esta vez sí, el final sería alegre, o al manes, pasable. Porque en la vida, nada es color de rosas.

La rosa es hermosa. Pero es aún más hermosa, porque su tallo posee espinas.

Y los obstáculos se los vence con tenacidad, y paciencia.

Tokyo, Japón. Departamento de Yui Hirasawa.

—¿Qué quisieras para tu cumpleaños, Yui? —le preguntó su madre de manera cariñosa.

—La verdad. No sé, mamá. Quisiera otra guitarra, o una viñeta o un par de cuerdas nuevas para Gitah. No me decido, aún. Perdona.

—Tranquila, hija. Tu cumpleaños está lejos, pero sería bueno que vayas decidiendo que deseas, porque uno nunca sabe lo que puede pasar de un día para otro.

Yui Hirasawa abrió de manera lenta sus ojos achocolatados. Quiso moverse, pero sintió un peso, ligero, pero peso al fin y al cabo. Y era Azusa, quien dormitaba como un gatito. Estaba acurrucada en su pecho, y la tenía abrazada por la cintura, como si buscase un poco de calor en el cuerpo de su amante. Hirasawa la miro con ternura, y con su mano derecha, empezó acariciarla de manera lenta, cariñosamente, procurando no despertarla de su sueño.

A veces pensaba que no era digna merecedora del amor y del cariño de Azusa. Pero Nakano, siempre estaba ahí, junto a ella, de alguna manera u otra. Cuando descubrió que los padres de la gatita habían fallecido en el viaje que realizaban junto a la banda de Jazz, que realizaba la última gira antes de retirarse de los escenarios, no supo que sentir. Y sin poder evitarlo, recordó, cuando un año antes, recibió la noticia de la muerte de su padre, en aquel incendio producido en una de las oficinas de la revista, y que su madre quedaría parapléjica por un golpe en la columna. Y que meses después, fallecía por una complicación respiratoria. A partir de ese momento, todo cambio para la familia Hirasawa, y para la guitarrista.

Todo era muy confuso.

¿Por qué tantas muertes?

El timbre que marcaba el cambio de hora en la preparatoria Sakura, había sonado con diez minutos de antelación y las chicas habían salido disparadas de sus aulas de clases. Yui y Ritsu caminaban juntas conversando. En ese momento, una idea inquietante asomo por un lado de su mente, y no sabía cómo decírselo a su amiga.

—Yui, ¿Qué piensas del suicidio?

—Ricchan, ¿no estarás pensado en hacerlo, verdad?

—Yui…

En ese momento, la guitarrista principal se paró frente a su amiga, mirándola seriamente y con voz firme le dijo:

—Ricchan, yo perdí a mi padre carbonizado mientras trabajaba, mientras que mi madre quedó parapléjica por ese golpe en la columna. Y sin embargo, meses después, fallecía por una complicación en el sistema respiratorio. Quede a cargo de Ui, y he tratado de salir adelante. Tú lo tienes todo, al menos, tienes una familia. Un hermano, y unos padres. Aunque no comparto el pensamiento de tu papá, él está ahí, para ti. No pienses siquiera en eso, porque no te llevará a ningún lado. Y nos dejarás a todas destrozada, en especial a Mio. El suicidio, Ricchan, es de cobardes.

Fue la primera vez y única vez que Ritsu vio el lado serio y maduro de Yui. En ese momento, comprendió, que la ex guitarrista había crecido de un solo golpe, pero que no estaba arrepentida de hacerlo. Y Yui lo saco por su amiga, porque necesitaba un pilar y un hombro para apoyarla por lo que estaba pasando con la empresa de su familia, y con su padre. Porque el señor Tainaka había botado todo al traste por sacar esa disquera adelante sin importarle que estuviera perdiendo de a poco a su familia.

Yui se sintió aliviada de haberlo hecho delante de Ritsu. Le dio a entender que ella también sufría, pero que tenía que luchar porque sabía que tenía personas que la querían y que la amaban. Estaba Ui, Azusa y la banda. Aunque se refugió en la música, también aprendió a escribir poemas, y empezó hacerlo a escondidas y en un cuaderno que lo tiene guardado en un lugar que sólo ella puede acceder.

Y la mayoría de los poemas eran dedicados a Azusa.

Nakano se movió, aún dormida, y logró acomodarse mejor. Yui le seguía acariciando con ternura. Sonreía con melancolía, al recordar que una vez la quiso alejar para siempre de su lado. Pero lo hizo con el ánimo de que la gatita no sufriera estando junto a ella, porque sabía que era muy difícil convivir con una persona enferma con depresión. Que a pesar de todo, no había podido cerrar ese pasado que le atormentaba.

—Yui, ¿por qué me alejas de tu lado? ¿Dónde está la Yui infantil, y melosa que solía ser cuando íbamos al club después de clases?

—Esa Yui murió, Azusa. Y no quiero que estés a mi lado. Simplemente, vete, haz tu vida y déjame en paz.

—Me iré, Yui. Pero regresaré, porque me importas mucho, y porque te estimo más que una amiga. Te daré tu tiempo, pero tarde o temprano, volveré, y será para quedarme para siempre a tu lado.

—No lo creo, Azusa —se lo dijo dándole la espalda y abriendo la puerta principal de la casa—. Porqué me iré de este lugar y es definitivo. Yo no quiero vivir en el pasado, y es hora de cerrar este capítulo. Adiós.

Yui se marchó dando un portazo. Camino hasta su casa, cogió la maleta, y emprendió el viaje hacía Tokyo sin mirar atrás. Ahí entró, becada, a estudiar Ingeniería en una de las mejores universidades. Sonreía con tristeza al recordar por qué debía empeñarse en ser mejor alumna. Lo que no hizo en la preparatoria, lo hizo en la Universidad. Todo había cambiado en su vida.

Hasta que Azusa volvió a su vida.

Y esta vez, no la dejaría ir.

La abrazo con ternura, pero con fuerza, procurando no lastimarla, y se volvió a dormir.

Sendai, Japón. Departamento de Nodoka Manabe

Ese día, Nodoka había preparado, junto con las chicas del club de música ligera, una pequeña presentación para el club de fans de Mio Akiyama, bajista y líder de la banda. Lamentablemente, Megumi no había podido asistir por asuntos de la Universidad. Pero había estado esperando ansiosa, fotos y videos de aquel evento. Y lo que vio, le saco varias sonrisas y una que otra lágrima.

El evento había estado a la altura de lo que esperaba. Pero, lo que llegó después, no se lo había esperado. Mio le había dedicado una canción, y le envió, junto con el resto de las chicas, un mensaje de agradecimiento por haber fundado el club de fans de ella y de la banda. También le decía que le deseaba los mejores éxitos en sus estudios universitarios. Nodoka había sido la encargada de hacerle llegar el regalo.

¿Fue ahí cuando se enamoró de la presidenta del consejo estudiantil?

Pero Megumi estaba consciente que desde antes, la había visto como algo más que la futura sucesora del consejo, y como presidenta del club de fans de HTT cuando ella se graduase de la preparatoria. Sokabe estaba decidida a conquistarla a como dé lugar, porque su corazón se lo pedía a gritos.

Megumi se movía en la cama, buscando el calor de Nodoka. Y Manabe se lo iba a dar. La abrazó por la cintura, y la apego a su cuerpo, y espero paciente, a que Megumi le cruzara el brazo por la cintura, y se apoyara en su pecho. Cosa, que no tardó ni más de dos segundos. Estaba feliz de tener a su senpai junto a ella. De empezar esa nueva vida, juntas, como pareja. Algo que había estado deseando desde que se conocieron, cuando Nodoka entro al consejo estudiantil en la preparatoria Sakura.

A veces se preguntaba que le vio Megumi, pero enseguida, despejaba esa pregunta hacía otro lado. Porque no era necesario la respuesta. Estaban seguras de su amor, y eso tenía que bastar. Y aunque, al principio fue difícil, ya después se fue acoplando a la situación y al momento que estaban viviendo. Aunque era difícil, no era imposible y sabían que podían salir adelante. Los padres de Nodoka la aceptaban, y aceptaban también a Megumi.

Y eso la tranquilizaba bastante a Manabe.

—Megumi, ¿cuál es tu sueño? ¿Qué quisieras hacer realidad en tu vida?

—¿La verdad o la mentira?

—La verdad, Megumi.

—Estar a tu lado. Y si puedo agregar algo más, diría que revivir a Houkago Tea Time.

Nodoka se acordó de esa conversación, mientras pensaba en todo el trabajo que tenía ella y Megumi para Tsumugi Kotobuki. Y estaban dispuestas a relanzar a la banda, y esta vez no iban a jugar a la banda de Rock. Iban al todo por el todo, y querían más. Querían conquistar al mundo con su música y con su estilo. Sólo faltaba Ritsu, pero eso estaba en manos de Mugi.

Y esta vez, ese sueño que Megumi lo vio lejano, ahora estaba más cerca. Sólo era cuestión de ultimar detalles, y el resto llegaría. Porque se habían propuesto aplastar a Daichi Asano y a los Kobayashi.

¿Qué habrán hecho para que la princesa del teclado reaccionara de esa manera?

Nodoka se acomodó mejor. Megumi recibió más calor de parte del cuerpo de su novia, sonrió dormida, y se acurruco. Ese día descansaría, ya que al día siguiente tendrían trabajo. Por el momento, sólo querían ser ellas dos. Y por un segundo, Nodoka pensó en su mejor amiga, Yui. Esperaba de corazón, que aquella niña volviera a ser la que era, antes que pasara aquella tragedia.

Y por lo que sabía, de parte de Ui, es que Azusa estaba ayudándola. Eso tranquilizaba bastante a Nodoka, a su familia y a Megumi. Pues, Sokabe le tenía mucho aprecio a la mayor de las hermanas Hirasawa.

Y estaba segura, que Mugi lo había sabido todo.

Porque a una Kotobuki jamás se le oculta algo.

Tokyo, Japón. Casa de la familia Okuda

—¿A qué le temes, Nao?

—No querrás saberlo, Sumire. Por favor, no insistas.

—Sólo te diré una cosa. Insistiré, hasta que me digas que es lo que te tiene así, Nao.

—¡No! No lo hagas, Sumire. No te va a gustar. Esto es mío, y yo debo enfrentarme a esos demonios.

Nao se había levantado temprano. Y quedó parada en el balcón de su habitación, mirando al cielo. ¿Por qué recordó aquello? ¿Por qué se martirizaba con eso? Ahora estaba con Sumire, y eso ya debería bastarle. Hanako ya no formaba parte de su vida, y se alegraba de ello. Esperaba que ella siguiera con su vida, y no la buscase más. Porque por ella, estuvo a punto de perder a Sumire, y estaba segura, que no se lo hubiera perdonado nunca.

Por Sumire, ella había regresado a Japón. Y por Sumire, daría por finalizada ese capítulo amargo de su vida con Hanako Kobayashi. Ella era feliz con Sumire, y ahora debería estar preocupada por como presentarse ante la familia Kotobuki. Tenía conocimiento que esa familia, no permitía que entrara alguien así porque así. Porque estaban conscientes del poder y del dinero que poseían, y había gente interesada que quería eso.

Pero no ella. Ni su familia.

Nao amaba con locura a Sumire. Y verla dormitar como bebé, le producía ternura y ganas de protegerla. Y por ella, haría cualquier cosa.

—¿Nao?

—¿Sí, Sumire?

—¿Me amas?

—Como no tienes idea, princesa.

—Me alegra oír eso, Nao. Porque yo te amo tanto, que no sé cómo sería mi vida sin ti.

Nao sólo la abrazó más, y le dio a entender que ella lo era todo para su vida. Y así sería a partir de ese momento. Porque había realizado un viaje largo de Francia hacia Japón, no sólo para sellar el pasado, sino para conquistar y estar junto a Sumire. Porque Sumire Kotobuki, le devolvió la vida. La sonrisa.

—Nunca, mírame Nao y escúchame. Nunca dejes de cumplir tus sueños, porque son tuyos. Y jamás digas que estás sola, porque no lo estás. Yo siempre estaré junto a ti, así tenga que esperarte el tiempo necesario para que cierres varios capítulos de tu vida, que no son más que estorbos que no te dejan mirar hacia el futuro.

—Gracias, Sumire. Te amo.

Y en ese momento, había sellado la promesa que se había hecho en Francia.

Y la cumpliría.

Tokyo, Japón. Departamento de Sawako Yamanaka

Sawako miraba con cierta mezcla de sentimientos aquella fotografía que se había tomado con su antigua clase, la 3-2 de la preparatoria Sakura. Evocaba con nostalgia cada momento vivido durante ese año, no sólo como profesora, sino como guía de la clase. Y muy aparte de eso, como mentora del club de música ligera. Esas tardes de té y pasteles preparados por Tsumugi es lo que más extraña.

—Chicas, aquí tienen. Hay seis pasteles, uno de diferentes sabores para cada una, y aquí está la tetera con el té preparado. Espero les guste.

—Por supuesto que nos gustará, Tsumugi. Tú cocinas delicioso.

—Y en eso estoy de acuerdo con Sawa-chan, Mugi.

Sawako sonreía tiernamente. Era la primera vez que veía a Mugi sonrojarse por un cumplido como ese. Y por un momento, sus ojos se cruzaron los de su alumna. Y fue el segundo más hermoso para ella.

El timbre la despertó de su recuerdo. Pero, al regresar a la realidad, se dio cuenta de una cosa: estaba decidida a conquistar a Tsumugi Kotobuki a como dé lugar. Siempre estuvo atraída por ella, y sentía más estabilidad estando junto a Mugi, que con otra persona. Sawako no se animó jamás hacerlo, por motivos aún desconocidos por ella misma. Sin embargo, estaba segura que esta vez sí lo haría, e iría con todo, así se oponga medio mundo.

—¿Qué tienes, Sawako? —preguntó su mejor amiga, Norimi.

—No lo sé, Norimi. Siento que me falta algo en mi vida. A veces, extraño a mis padres, pues ellos era mí pilar. Mi soporte en mis peores momentos. Y ahora no están.

—No creo que sólo sea eso, Sawako.

Sawako no dijo nada. Así que Norimi prosiguió como si le hubiesen dado piola para hablar.

—Creo que te falta una pareja estable, que logre equilibrar tu vida. Es verdad, que los padres son un pilar en la vida de uno, pero también lo son las personas que te rodean, por ejemplo: las chicas de la banda, tus amigos, tu pareja. Y lo tienes todo, menos pareja.

—No lo sé…

—Lo sabes, pero tienes miedo a aceptarlo.

Hasta el día de hoy, esa conversación siempre ronda por la cabeza de la ex profesora. Y, aunque no quería aceptarlo, su mejor amiga tenía razón. Ella necesitaba de Tsumugi. Porque era el amor que le tenía lo que le hacía detenerse y controlar sus impulsos rebeldes y a veces, hasta violentos. La princesa del teclado sabía cómo controlarla con sólo mirarla, o decirle palabras justas y dulces.

Ella se había enamorado de su estudiante, pero ahora era diferente.

Revisó los documentos pendientes, y a la salida de la jornada de clases, cerraría la oficina y se dirigía hacia el lugar donde estaba más que segura, que la encontraría. Porque necesitaba hablar, pero sobre todo, echar todo al asador, y trataría no quemarse en el intento.

Tokyo, Japón. Oficina presidencial de la KEM.

The birdcage within my heart
Is now opening
I'm flying away into the sublime
Singing songs of freedom

—Está preciosa la canción, Mugi —dijo Mio.

—¿Estás segura?

—Sí. Pon la siguiente estrofa, por favor.

What color is the new sky?
How is a rainbow seven different colors?
I'll check up on the world
As a full capacity of wind passes

If there's a bright, shining miracle somewhere out there
And it fills me with excitement
I'll boldly challenge it
Life becomes an adventure that's only a little bit solemn
I take a deep breath as I spread my wings
And just by having faith
Believing in myself over everyone else
I'll let life run its natural course

—La tenemos. Me gusta, y sé que a las demás también les va a gustar.

—Me alegra oír eso, Mio. Tenía mis dudas, ya que no soy la compositora de la banda, sino tú.

—Nada de eso. Todas tenemos capacidades para escribir, sólo que cada una lo hace de una perspectiva diferente.

—Y cuánta razón tenías, mi querida Mio. Pero esta vez, todo será diferente.

Mugi iba al todo por el todo. Y estaba más que segura, que tenía las pruebas necesarias para sacar a Asano y a los Kobayashi de su camino, y el de sus amigas también. Sonrió con mucha melancolía, al recordar aquella época. Aquella canción, Hummingbird, la escribió pensando en Sawako. Era un poco chocante, porque en ese entonces, Sawako era su profesora, y el amor entre alumno y profesor es prohibido. Pero a ella no le hubiese importado para nada.

Ella era la heredera del imperio que construyó sus padres, con mucho esfuerzo, sacrificios y tiempo. Pero también, con amor y paciencia. Y estaba segura, que su pequeña hermana, Sumire, también sería heredera, y tenía un pedazo de las acciones de la KEM. Se levantó de su sillón, y camino hasta el ventanal, para posar sus ojos azules, en las personas que caminaban de manera presurosa hacía su destino.

Estaba segura, que en su adolescencia, ella no tenía que preocuparse de esas pequeñas cosas. Siempre había sido puntual para llegar a un lugar. Incluso, en el día de hoy, lo seguía siendo. Y Sumire había aprendido aquello, y lo seguía al pie de la letra. Porque también tenía que poner el ejemplo. Ya no eran unas niñas queriendo jugar a ser adultas, ni a querer tener una banda de rock. Eran mujeres adultas, maduras, y sabían lo que querían en la vida.

—¿Quién es tu amor, hermana?

—Si te lo digo, Sumire, ¿aguardarías ese secreto?

—Claro, onee-san. Sabes que puedes confiar en mí.

—Es Sawako Yamanaka…

—¿La profesora de la preparatoria Sakuragaoka?

—Sumire, por favor…

—Tranquila, onee-san. En el corazón nadie manda, y ojalá, puedas estar con ella algún día. No es mala persona. Sólo que necesita ayuda profesional, y personal. Y tú deberías dársela, porque se nota que la profesora esta loquita por ti. Y te aseguro, onee-san, que no va a por ti por el dinero que poseas.

Y Sumire tenía la razón.

Siempre la tuvo.

Su hermana menor sabía leer las emociones de los demás. En eso, tenía cierto parecido con las hermanas Hirasawa, sobre todo, con Yui. Despertó de sus recuerdos, cuando sonó el intercomunicador, y al levantar el auricular, escucho la voz de su asistente pronunciar el nombre de la persona, que justo en ese momento estaba pensando. Y sin dar tiempo de que siguiera, ordeno que la dejara pasar.

Quería escucharla, y decirle de una vez por todas lo que sentía y pensaba.

Era hora de poner las cosas en su lugar.

Y esta conversación, no sería como las otras. Ya no era la búsqueda de un consejo, o de un desahogo. Era poner todo sobre la mesa, y decidir.

Tokyo, Japón. Departamento de Ui H. y Jun S.

Ui se movía con agilidad en la cocina. Siempre lo hacía, y no había perdido el hábito. Estaba preparando la comida favorita de su novia. Quería impresionarla, pero sabía que a Jun, cualquier cosa que sea comestible, la comería y le diría que está rico. Porque a Jun le gusta la comida preparada por ella. Incluso llegó a pensar que lo que enamoro a la ex bajista de las Wakaba Girls, era su comida casera.

Había pedido quince días de vacaciones. Quería poner en orden ciertas cosas del departamento, pero sobre todo, poner en orden la información obtenida por Jun de la revista y de la competencia. Estaba más que segura, que las respuestas a sus dudas estaban ahí. Pero sobre todo, del motivo que orilló a su hermana mayor a ser fría y dura; que la motivo a matar a la Yui infantil y despreocupada.

—Ui, por favor, no compliques más las cosas. Sólo haz lo que te digo y vete. Estaré bien.

—Onee-san, por favor, déjame ayudarte…

—No, Ui. Por favor, no insistas. Esto no tiene salvación, y yo cobraré venganza por lo que han hecho. Los buscaré, y les haré saber que se metieron con la persona equivocada.

—Onee-san…

En ese momento, Ui comprendió que Yui iba a vengar la muerte de sus padres, y de las amenazas que recibieran, sobre todo ella, en los últimos días, sino se retiraban del mercado. Yui no estaba dispuesta a ceder lo que le correspondía por derecho a nadie, menos a una gente que estaba acostumbrada a conseguir las cosas bajo amenazas y chantajes.

Por amor a su hermana, y a la memoria de sus padres, recurrió a la que fue su compañera de banda en la preparatoria Sakura, y que sabía que podía ayudarla de manera desinteresada. Porque algo le decía que ellas no eran las únicas afectadas del poder y de la avaricia de esa gente. Cogió el teléfono y marco el número que se lo sabía de memoria.

—¿Hola?

—¿Sumire? Soy Ui Hirasawa, necesito un favor tuyo…

Ui despertó de sus recuerdos cuando sintió el abrazo de Jun por la cintura, y un sutil beso en su cuello. Sin poderlo evitar, gimió de placer, y el sonido no pasó desapercibido para su novia. Ella la amaba con locura, y a veces pensaba, que si de verdad Ui la hubiese dejado, ella podría haber quedado como la idiota más grande del planeta tierra. Porque dejar escapar a una mujer como Ui Hirasawa, sólo los imbéciles lo hacían.

Jun sabía que cosas le pasaba por la mente a su adorada mujer, y por más que la quería calmar, no podía. Ui siempre se preocupaba por los demás, e incluso de su hermana mayor. Estaba más que segura, que esas vacaciones que había pedido en la revista, no sólo sería para acomodar las cosas de la casa, sino también, para zanjar el asunto de su hermana y la memoria de sus padres.

—No lo hagas, Ui. Esto es de Yui, y ella sabe lo que hace.

—Jun… Al menos me tranquiliza que Azusa este con ella, y la pueda calmar de algún arrebato de locura.

—Lo sé, princesa. Lo sé.

Y se entregaron al placer, que sólo ellas dos conocen. La comida… Podía esperar.

Tokyo, Japón. Departamento de familia Akiyama.

—Mio… ¿Qué tienes? Últimamente estás distanciada de Ritsu. ¿Tuvieron alguna pelea?

—No, sensei. La verdad, es que ni yo sé. De un momento a otro, Ritsu empezó alejarse, y apenas cruzamos palabras. Sólo pasa sentada en el árbol Sakura, y apenas ensaya con la banda. Termina, se va. Pocas veces, podemos estar juntas.

—¿Qué nos pasó, Ritsu?

Mio no quería recordar momentos vividos con la ex baterista de HTT. No quería pensar en ella, y en lo que pudo ser. Ella quiso hacer su vida, y lo logró, graduándose con altos honores, es una excelente profesional, y llevó la academia hasta donde pudo. Sus alumnos la recuerdan con cariño, incluso le regalaron un bajo a escala. Era la réplica de Elizabeth, y abajo, en la base, tenía una pequeña dedicatoria.

"A la mejor maestra de música. Y a la mejor bajista que hemos conocido. Gracias"

Esa sola línea, le decía todo.

Pero ahora la academia estaba en manos de la KEM, empresa de Mugi. No podía envidiarle nada, pues la rubia tenía el dinero y el poder para hacer cualquier cosa, y ese aspecto, toda una mujer de negocios, nadie se lo había visto y ahora, que ella lo conocía, sabía a lo que iba su amiga.

Con la adquisición del cien por ciento de su academia, Mugi la remodelaría, pondría profesores capaces de enseñar, y tomaría otro rumbo. Sonreía con tristeza, porque ella quería seguir con el legado de su padre. Quería seguir poniendo el nombre de los Akiyama en lo más alto del mundo de la música. Su padre fue su amigo, su mentor y su profesor. Él le enseñó todo lo que sabe con respecto a la música. Y fue él, quien la apoyo cuando descubrió que su mejor amiga, Ritsu, la había metido en ese mundo.

Su padre jamás le recriminó, ni desaprobó aquello. Por el contrario, la alentó a que siguiera. Y a veces, ayudaba también a Ritsu. Ambas no venían de familias de media clase. Tenían lo suyo, y vivían cómodamente. Pero su padre falleció sin saber que su única hija se había enamorado de su mejor amiga. ¿Le quitaría ese apoyo por su preferencia sexual? Lo dudaba. Sus padres, a pesar de ser tradicionales, eran comprensivos.

—Tu padre siempre te apoyará, Mio. Desde el cielo, lo sigue haciendo.

—Mamá. Soy…

—Lo sé. Siempre lo supimos, y nosotros debemos respetar esa decisión tuya. Si ella te hace feliz, ¿por qué no luchas por ella, Mio? Estoy segura que Ricchan lo está haciendo, pero no de la manera que debería serlo.

—No lo sé, mamá. Esa es la verdad.

—No dejes que el miedo gane las batallas. Porque no te llevarán ningún lado, hija mía. Siempre estaré aquí, para ti.

—Gracias, mamá.

La señora Akiyama se retiró de la habitación. ¿Cómo había entrado? Mio no se pondría averiguar eso. Pero al menos, ahora, estaba más tranquila y relajada. Sentía que había sacado un peso de encima de sus hombros.

—Mio…

—¿Sí?

—Pase lo que pase, siempre estaremos juntas.

—¿Por qué dices eso, Ritsu?

—Sólo quiero que lo recuerdes siempre. Tal vez, esto tome tiempo, pero si es de irme, ten por seguro que volveré, y reviviremos a la banda y tocaremos en el Budokan.

—Ritsu…

Y esa fue, su última conversación por el chat de Facebook, antes que la castaña se fuera a Inglaterra.

El sonido del teléfono la despertó de sus recuerdos. Y sin esperar más, lo cogió.

—Akiyama…

—Mio-chan. Todo está listo para que reabras la academia de tu papá.

—¿Mugi? ¿De qué hablas?

—Sólo te diré una cosa: Ven a mi oficina y te daré lo que te corresponde por derecho, tu academia de música.


Notas de la Autora:

¡Aquí estoy!

Sexto capítulo de esta historia.

Aja. Ya vemos más avances, pero ¿en realidad Tsumugi lo tenía todo fríamente calculado? Bueno, lo veremos en los siguientes capítulos. Que no son muchos los que quedan, por cierto.

Sin más que decir, disfruten de la lectura.

¿Podrían dejar un Review? Me ayudaría como escritora a mejorar.

Bye.