Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.


Capitulo VII: Ayuda inesperada

"A veces, cuando menos te lo esperas, aparece la persona que siempre estuvo a tu lado, y tú sin darte cuenta de aquello, para tenderte su mano amiga."

Tokyo, Japón. Estación del metro.

Mio estaba en shock por la noticia de Mugi. Aún no podía asimilar lo que su amiga le había dicho.

—Mio-chan. Aquí tienes toda la documentación de la academia. Oficialmente, es tuya —Mugi al ver a su amiga en silencio, le sonrió con ternura y prosiguió —. Lo hice para devolverles lo que de verdad y por derecho les corresponde. Esto es una guerra entre Asano, los Kobayashi y mía.

—No es tu guerra, Mugi —Mio hablo por fin. Se levantó del asiento, y camino en círculos. Prosiguió al levantar la mirada y mirar directamente a los ojos de su amiga —. Asano le declaro la guerra a la familia Tainaka, por la posición del mercado con respecto a la disquera. Y lo sabes bien.

—¿Sabes cuándo empezó a ser mi guerra contra él y su compinches, Mio?

—¿De qué hablas?

—Cuando mi hermana menor, Sumire, vivía en Australia. Ella salió a la escuela como de costumbre mientras que sus padres biológicos se quedaron en la casa trabajando. Ellos trabajaban para mi familia. Su verdadero apellido es Saito y no Kotobuki. Se suponía que yo tendría que haber viajado ese día, pero no lo hice —Mugi apretó muy fuerte el puño, que sin darse cuenta, lo había formado. Prosiguió —. El guardaespaldas que contrató mi papá para que me protegiera cuando estuviera allá, resulto ser uno de los hombres más cercanos a Asano. Lo habían planificado todo, Mio.

—¿Estás diciendo…?

—La explosión de la casa de Australia fue premeditada. La mandó hacer Asano, cuando mi padre investigó el incidente. Los padres de Sumire murieron carbonizados, y estaban irreconocibles. Mis padres adoptaron a Sumire y le dieron el apellido Kotobuki. Mio, esto es asunto personal, porque si bien Asano empezó su rivalidad con los Tainaka, él quería más poder, y para lograrlo, debería destruir a todos los que estaban alrededor de la familia de Ricchan. Supongo que Yui nunca les contó cómo fue que murió su padre y luego su madre, ¿verdad?

—Mugi. Esto es…

El tren llegó al andén a la hora prevista, despertando a Mio de sus pensamientos. No podía creer lo que había escuchado de Mugi. Y ahora, ella tenía la duda de que si su padre de verdad murió naturalmente, o fue asesinado. Pero no quería abrir ese pasado. Su padre ya estaba enterrado con todos los honores, y debía descansar. Ya no le importaba el cómo murió, sino que le dejo un legado el cual Mugi muy compresivamente lo adquirió para luego devolvérselo.

Aunque los documentos estaban en orden, se percató que la academia de música de la familia Akiyama se registraba como una sección de la KEM. Comprendió de inmediato, que ella y su academia estaban fuertemente respaldadas por la Multinacional de la familia Kotobuki. Sonrió con melancolía y alivio. Volvería al ruedo, y su academia entraría con más fuerza que nunca. Cuando llegara a casa, llamaría a las chicas para darles la noticia. Estaba segura que se alegrarán.

Y sin darse cuenta, unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos grises.

Shizuoka, Japón. Departamento de Chou Li

Chou estaba navegando en Internet en busca de un artículo relacionado con los Asano o los Kobayashi, pero no encontraba nada. Recordó que tenía que alistarse para ir al trabajo, pero no quería. Tenía que hacerlo, y dejar de pensar en cosas que no la llevaban a ningún lado. Ella ganaba bien, y hasta ese momento, su identidad verdadera estaba oculta. A veces sentía remordimiento por no ir a ver a su familia, pero no estaba preparada para verlos de nuevo. Y si iba, era muy probable que se encontrara con Mio, y eso era lo que quería evitar a toda costa.

Chou se sentía a gusto en su hogar. Había acomodado el cuarto de música de tal manera, que ahí pudo instalar sin ningún problema su batería. Ya no era la Yamaha hip gig amarilla de 4 piezas. Ahora estaba tocando una Yamaha negra en su totalidad. Obviamente, tenía más cosas que su antigua batería. Sin embargo, aún usaba las baquetas que Mio le regalo en su cumpleaños. Era lo único que no había cambiado. Y era lo único que conservaba como recuerdo de su pasado.

Los viernes por la noche, tocaba en un bar regular. Ahí iban gente de clase media, y media alta. Ella era la baterista sustituta del grupo que suele tocar ahí. Pero, para haber estado buen tiempo sin tocar, no había olvidado ciertas cosas, y ciertos trucos. Era eso lo que tenía a la banda con harto trabajo, además que la clientela aumento sólo por ir a verla tocar. A veces, caía en la idea de que su padre entraría ahí, la vería y le armaría un escándalo. Pero sólo quedaba en un miedo infundido de manera infantil.

Había momentos que se preguntaba qué tan difícil era decir NO a ciertas personas, entre ellas, miembros de su propia familia. ¿No se trataba de buscar la felicidad de uno mismo? ¿Por qué tenía que complacer a otros, y que ellos fueran felices? Chou se cansó de aquello, y ahora estaba decidida a buscar su propia felicidad, sin importar lo que digan los demás.

Ahora, todo dependía de ella.

E iba al todo por el todo.

Retomando el sueño que alguna vez le fue arrebatado.

All that you want is to criticize
Something for nothing

El ringtone de su móvil sonaba de manera insistente. Sólo por cansancio, decidió contestar, sin mirar quien era la persona que llamaba. Estaba más que segura, que sería alguno de los chicos de la banda, o su jefe. Nadie más tenía ese número de móvil, ni siquiera sus amigas. ¿Quería borrar el pasado para siempre?

—Ricchan, a los tiempos. ¿Cómo has estado?

—¿Mugi? ¿Cómo diablos conseguiste el número de este teléfono?

—¡Vaya! Veo que esa es tu nueva manera de saludar a una vieja amiga tuya, ¿no? —contestó Mugi de manera sarcástica y divertida.

—Claro que no, Mugi. Sólo que… bueno… tú me entiendes, ¿verdad?

—Sí, Ricchan. Yo te entiendo perfectamente —dijo la reina del teclado riéndose de manera divertida.

—¿Qué deseas, Mugi? Tú, cuando quieres algo, buscas hasta lograrlo, ¿o me equivoco?

—No te equivocas. Quería saber si nos podíamos ver, Ricchan.

—No. Lo siento, Mugi…

—Ricchan, es sobre la disquera. Sé que te duele, y que te molesta que te hable de ello, pero quiero decirte que está en mi poder.

—¿Qué estás diciendo, Mugi? ¿Cómo que la disquera está en tu poder? ¿Cuándo la adquiriste?

—Si nos vemos, te cuento.

—¿Dónde, cuándo y a qué hora? —lo dijo tan rápido que le saco varias risas a la rubia tecladista. Se notaba desesperada por saber esa historia.

—En la cafetería que queda en el centro de Tokyo. Ricchan, por si estás pensando que alguien de tu familia te va a ver o por si te topas con Mio-chan, no lo sigas haciendo más. Esa cafetería es mía, y está muy resguardada, no pasará nada.

—Mugi, es muy arriesgado. ¿Por qué estás tan segura?

—Porque nadie te reconocerá con el nuevo look que tienes, además que te llamas Chou Li, y no Ritsu Tainaka. Y, porque esa cafetería la uso sólo cuando trato negocios. Y este es uno de ellos.

—Cuando quieres obtener información, lo haces — suspiro. Aguardo silencio, y luego prosiguió —. Está bien. Nos vemos en esa cafetería tuya. ¿Cuándo y a qué hora?

—El próximo sábado, a las 12:00 pm. ¿Te parece?

—Sí. Es buen día y buena hora.

—Hasta entonces, Ricchan.

—Hasta entonces… —pero quedó en el aire ese despido de Chou.

Chou sonrió. Por primera vez, desde hace mucho tiempo, volvía a sonreír. Recordar esa época tan hermosa, le hacía sentir como si jamás hubiese pasado por tantas cosas, ni hubiese aprendido, de la manera más grosera, cómo son realmente las personas. A veces, las lecciones más duras de la vida, te la enseña tu propia familia comportándose como verdaderos extraños. Y eso duele.

Tokyo, Japón. Oficina personal de Sawako Y.

Sawako estaba revisando unos papeles que le habían sido enviados desde Sendai. Sabía perfectamente quienes habían sido, y también tenía el conocimiento de quien estaba detrás de todo esto. Era un proyecto que debió haber continuado desde que se graduaron de la preparatoria, pero no pudieron porque otros factores de fuerza mayor intervinieron y cada quien hizo su vida.

Sawako estaba más que segura hacia donde se estaba dirigiendo todo ese operativo. Pero también, tenía sus dudas. ¿Mio aceptara aquello? ¿Cómo reaccionaría Yui? ¿Ritsu volvería a sus antiguas andanzas, dejando el legado de su familia? Estaba más que convencida, que las chicas tendrían sentimientos entremezclados. Pues, por un lado, estaba su amor por la música, y por otro, una amistad forjada con el pasar de los años. Una amistad, que nadie podría romperla así porque así.

Tomó el teléfono y marcó un número que ella conocía muy bien.

—Habla Kawaguchi…

—Norimi, ¿cómo estás?

—¿Qué pasó, Sawako? Tú no sueles llamarme, hasta cuando estas metida en un problema de crisis existencial.

—Tienes razón —dijo la ex guitarrista de Death Devil —. Te llamo porque necesito hablar contigo. Y antes que preguntes por lo otro, déjame decirte que todo salió bien. El próximo fin de semana conoceré a sus padres, y vamos a ir despacio.

—Me alegra escuchar esa buena noticia. Ya era hora que te animaras a buscar tu felicidad. ¿Cuál es ese otro asunto, Sawako?

—Quiero resucitar de manera definitiva a Hokago Tea Time y a Death Devil…

Sendai, Japón. Oficina personal de Nodoka Manabe y Megumi Sokabe

—Todo está listo, Megumi. Sólo falta ultimar detalles, y si Mugi lo aprueba, estaríamos entrando al ruedo.

—Me parece genial, Lcda. Manabe. Y ahora… —Megumi le busco la boca a su novia, para que le diera un beso. Y Nodoka no se lo iba a negar. Jamás.

Nodoka estaba segura que tarde o temprano, todo saldría a la luz, y aquellas personas pagarían caro por haberse metido en terreno que no les correspondía. No de la manera en que lo hicieron. Megumi por su parte, tuvo que tranquilizarla cuando se enteró de la forma violenta y trágica de la muerte de los esposos Hirasawa. Sabía que Nodoka le tenía mucho aprecio, porque la habían acogido en la casa como si fuese una hija más. Incluso, sabían de la forma en como cuidaba de Yui.

Y aunque por un momento se confundió con amor, no había sido más, que un amor fraternal. Como el de hermanas.

Nodoka levantó a Megumi de la cintura, y la sentó en el escritorio, mientras se besaban con pasión y ternura. Ambas se amaban, y la una no podía vivir sin la otra. Era algo así como el Yin Yang. Todo Yin tiene su Yang. Así es la ley de la vida. Es la ley del Universo. Megumi enredo sus finos dedos en la cabellera castaña de Nodoka, e inconscientemente, le pedía más. Ella quería más de su novia, y Manabe le daría ese más que su esposa le pedía.

La niña de los anteojos, siempre demostró tener un coeficiente intelectual muy elevado. Podría decirse, que lo tenía un poco más que el promedio. Y eso le atraía mucho a Sokabe. Desde que estaban en la preparatoria Sakura. A veces, sólo a veces, Nodoka demostraba un lado más sensible y comprensivo. Pero no podía hacerlo todo un siempre, por el hecho de que era presidenta del consejo estudiantil, y también, presidenta del club de fans de Mio y HTT.

No quería tener problemas, complaciendo a unos, y a otros no.

A todos los trataba por igual.

—¿Quieres que prosiga, princesa?

—Sí, amor. Por favor, continua —le pidió, casi suplicando, Megumi a su esposa.

Nodoka estaba más que segura, que no saldrían de la oficina.

Tokyo, Japón. Casa de la familia Tachibana

Himeko había llegado a su casa en Tokyo, apenas dos días atrás. Recién se había dignado en despertar después de una larga noche, en la cual trasnocho sólo recordando viejos tiempos. Pensaba, por ejemplo, en cómo hubiese sido la reacción de su madre si le hubiese dicho que seguía artes, o actuación o música. Pero enseguida descartaba esa idea. Himeko estaba hecha para los deportes y los negocios. Y hasta ahora, todo marchaba de la mejor manera. Su tienda, seguía creciendo.

Incluso hasta aumento una sección de ventas vía Internet.

Ella quería más, e iba por más.

What about your

Your 10,000 promises?

That you gave to me

El sonido del móvil la despertó de sus pensamientos. Aquellos que estaban tomando un rumbo que no quería. Sin mirar quien llamaba, contestó.

—Tachibana…

—¿Cómo estás, Himeko?

—¿Ichigo? ¿Cómo así me llamas?

—Quería reunirme contigo. Necesito hablar. Y averigüe que estás aquí en Tokyo.

—Así es. Llegue hace dos días. ¿Qué pasó? ¿Quebró tu teatro?

—No. Nada de eso, Himeko. Tengo un proyecto que quisiera compartirlo contigo. En realidad, es idea de Tsumugi, pero me pareció muy interesante. Ella habló conmigo la semana pasada, pero no pude contactarme contigo a tiempo porque estaba de viaje por asuntos de negocios.

—¿Cuál es esa propuesta?

—¿Mejor nos vemos en persona?

—Claro. Dame quince minutos, me visto y salgo para encontrarnos. ¿En qué lugar?

—Cafetería Miura. ¿Sabes dónde queda?

—Sí. En quince minutos salgo para allá, Ichigo.

—Bien. Nos vemos.

—Nos vemos.

Y ese día, la vida de Ichigo y Himeko cambiaría para siempre.

Tokyo, Japón. Departamento de familia Akiyama.

—¿Es una broma, verdad Mio? —preguntó Izumi de manera incrédula.

Y cómo no estarlo, después de recibir semejante noticia de parte de la misma dueña de la academia de música.

—No, Izumi. No es ninguna broma. Mugi me ha devuelto la academia, y quiere que vuelva a funcionar.

—¡Eso es increíble, Mio! —exclamo muy emocionada, Chinatsu.

—Me alegro mucho, senpai. Ahora la academia volverá como el ave Fénix, eso es seguro —dijo Azusa con una tierna sonrisa. Pero su mente estaba en otra parte.

Las chicas no se quedaron mucho tiempo, debido a que cada una tenía pendientes que realizar. La única que se quedó con Mio, fue Azusa. No sabía si estaba haciendo lo correcto sobre hablar de aquel asunto o no, pero de algo si estaba segura: necesitaba un consejo. La persona más cercana a ella era Mio, o en los últimos casos, la señora Akiyama. Pudo haberse contactado con Ui, pero algo dentro de su corazón le dijo que no.

No era tiempo.

Mio espero, de manera paciente, a que la gatita se animara a decir algo. Ella sabía por experiencia propia que quedarse guardadas aquellas emociones, no le hacían ningún bien. La ex bajista también, en su intuición, comprendía que lo que estaba viviendo Azusa en esos momentos, era algo nuevo. Y quería compartirlo con alguien cercano. Y ella junto a su madre, eran las personas más cercanas a la Neko-chan.

A veces pensaba que el amor no era más que una mera fantasía sacada por aquellos novelistas que imaginaban como era. Que nunca lo habían vivido, y lo plasmaban como si lo hubiesen experimentado. ¿Ironías de la vida? Quién sabe.

—Mio-senpai. ¿Qué opina usted de Yui? —"Así que ya no la llama Yui-senpai, ¿eh? Parece que actúo cupido entre esas dos" pensó Mio.

—Es una chica buena, que por cosas de la vida, tuvo que asumir una responsabilidad. Siempre lo fue, en medio de su distracción e infantilismo, Azusa. Pero acá, ya era algo más fuerte. Además, ella empezó a guardar resentimiento y odio para aquella persona que le hizo daño a su familia. ¿Por qué?

—Lo mismo pensé, senpai. Últimamente, he estado viendo a Yui. Conversamos bastante, pero la noto distancia, incluso de ella misma. No sé si sea por la revista, o por alguna otra razón, pero se comporta así. Con Ui hablo poco, ella no sabe que me veo con Yui. Trato de calmar su sed de venganza, pero no sé hasta qué punto pueda resistir.

—Cuando hay amor, Azusa, todo se puede. Incluso en los peores momentos de la vida y cuando crees que ya nada tiene solución.

Y el silencio, ante esas palabras dichas por Mio, reinó en la habitación.

Tokyo, Japón. Cafetería de la familia Kotobuki.

Chou miraba el lugar con mucho detenimiento. Sonrió con cariño al recordar a su amiga, la reina del teclado, de sus gustos, elegancia y sencillez. También sabía que ella era el tipo de mujer que sacaba sus garras como leona para defender a su familia y amistades. Muy pocas veces, uso su poder como una Kotobuki para conseguir algo. Pero ahora, la duda que rondaba su cabeza, se hacía más fuerte. ¿Cómo Mugi supo de su otra identidad y del problema de la disquera?

Chou no quería darle más vueltas al asunto. Espero pacientemente a la llegada de su amiga, mientras que se servía un café cargado. Desde que estuvo viviendo en Londres, se tardó en adaptarse en tomar café para mantener el calor corporal estable, y sobre todo, despierta. Ya acostumbrada, para ella tomar café, era como tomar chocolate o una gaseosa. Sólo había pedido que se acabara esa pesadilla, y parece que funcionó, pero no del todo.

Ahora, ¿qué sorpresa tendrá la reina del teclado?

Chou también pensaba en Mio. Las pocas veces que lo hacía, evocaba el día en que estuvo a punto de decirle que le quería, pero por miedo, se quedó callada. Y no fue un miedo al rechazo, porque se había preparado para ello. Fue el miedo de que su padre le pudiese hacer algo a ella. Porque ya para ese momento, su padre había perdido la cordura. Y su madre no hacía nada por evitarlo. Satoshi, sólo se limitaba a observar y obedecer, pero tampoco es que hubiese estado al tanto de los sentimientos que ella le tenía a su mejor amiga.

La cafetería era elegante, como lo son los Kotobuki. Pero también había sencillez. Li miraba de un lado para otro, y sin querer recordaba ciertos pasajes de su vida. La primera vez que empezó a fumar, o cuando lloraba abrazando a la almohada de manera solitaria y silenciosa. O cuando se emborracho cuando aprobó tres materias muy difíciles de su carrera, y que pensó, jamás lograría aprobar. Chou lo había vivido todo.

El lugar donde se encontraba Chou, era una sala Vip. Es una sala, con forma de habitación, para eventos sólo especiales. Con colores pasteles, y las luces bajas, daban un toque de suma intimidad para las personas que estuviesen ahí. Y no sólo eso, también le daba esa confianza de que todo lo que se dijera, quedaría ahí, oculto.

—Perdona que te haya hecho esperar, Ritsu —la mencionada alzó su mirada y se encontró con esos ojos azules que tanto conocía.

—Tranquila. Creo que de los nervios, vine antes de la hora prevista.

—¿Cómo has estado?

—No bien. Pero quiero seguir adelante.

—¿Y tu familia?

—Están bien, hasta donde sé…

Mugi se percató que su amiga no quería hablar para nada de la situación familiar. Optó por ir directo al grano.

—Sé que te ha molestado la situación de la disquera, Ritsu, pero la he comprado yo y yo estoy a cargo de esa división.

—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me dices todo eso? La verdad, ya no me interesa para nada la disquera, Mugi. Sólo quiero vivir mi vida, y si puedo, poner mi propio negocio. Si me va mal, pues me va mal. Si me va bien, pues me va bien. Así de simple son las cosas.

—Porque tú eres la heredera de la compañía, Ritsu.

—Ya no me importa eso, Mugi —Chou se levantó repentinamente, y se puso las manos en los bolsillos de su pantalón. Tsumugi, cruzó la pierna, y la observaba con una mezcla de sentimientos —. Esa empresa mató a mi familia. Me mató a mí. Dejé todo, para que al final quedara en manos de la nada.

—Está en mis manos, Chou.

—Pero no en las mías. Yo tenía ideas muy buenas para levantarla, para hacerla crecer y llegara, de nuevo, al éxito. Pero mi padre lo impidió. Deberías saberlo.

—¿Por qué estabas dispuesta a ceder el cincuenta por ciento de la disquera a Asano, Chou? —Tsumugi se percató que a Ritsu le desagradaba que la llamaran por su verdadero nombre. Se sentía muy a gusto haciéndose llamar Chou.

—Era una forma de controlarlo. Mugi, ¿a dónde quieres llegar?

—Ibas a cederle el manejo de los artistas, y la adquisición de los mismos, pero tú te llevarías las regalías, y el manejo administrativo de la disquera. Manejarías también las finanzas, ¿o me equivoco?

—Le iba a ceder la parte artística a Asano, mientras que yo me quedaba con la parte de la producción de los discos de los artistas y del dinero.

—Yo compré la disquera cuando tu padre te prohibió que hicieras ese manejo. Digamos, que tuve una conversación muy amena con él.

Chou miro directamente los ojos azules de Mugi. Estaban muy penetrantes, y decididos hacer algo. La conocía de memoria, sabía de lo que era capaz de hacer. Sólo necesitaba que ella diera la orden.

—Te la devuelvo.

—¿Qué? —Ritsu no podía creer lo que acababa de escuchar.

—Sí, Chou. Te regreso tu disquera. La manejaras como lo quieres hacer. Pero estará afiliada a la KEM. Tendrá todo mi respaldo —Mugi se levantó, y empezó a caminar hasta la puerta con la elegancia que siempre la ha caracterizado, pero antes de irse definitivamente le dijo —. Pero tendrás que conseguirte una Asistente. Vas a empezar desde cero.

Y la puerta de cerró detrás de la rubia.

Tokyo, Japón. Cafetería Miura

Ichigo estaba nerviosa. Después de tanto tiempo, volvería a ver a Himeko. Extrañaba a sus antiguas compañeras de clase. Pensó que tal vez haciendo su vida lejos del lugar donde se educó, no tendría ese sentimiento de nostalgia. Pero se había equivocado. Ichigo añoraba deseos que jamás se le haría realidad, pero al menos lo intentaba en sus sueños. La llamada repentina de Tsumugi, le dio un giro por completo a su vida.

¿Qué trama la señorita refinada?

Cuando Ichigo asumió el teatro heredado por su padre, supo que sería un reto mantenerlo donde siempre se ha caracterizado estar. Presentar buenos actores, interpretando personajes, que en algún momento, quedaron en el olvido en la mente de los espectadores. Su padre le había enseñado actuación, pero ella había decidido no profundizar en ello, hasta que llegó el día del festival escolar. Aún tenía fresco ese recuerdo hermoso, cuando aún era estudiante de la preparatoria Sakura.

Apenas se graduó, decidió entrar en la academia para artes, mientras que, paralelamente, seguía con administración. Y se graduó con altos honores. Su padre estaba orgulloso de ella. Había criado a una hija de buen corazón, y encima, muy inteligente. Cuando ella confesó ser gay, sintió que el mundo se le venía abajo, pues creía que sus padres jamás la aceptarían, y peor aún, le dieran algo de la herencia de la familia.

—Tú decidiste ser quien eres. Tú formaste tu nombre, no yo ni tu madre. Tú lo hiciste con esfuerzo y sacrificios. Y el hecho de que seas gay, es indiferente. Eres nuestra hija, y eso nos basta. Sólo te pedimos que tengas cuidado al momento de elegir una pareja estable. Pues así como en los heterosexuales, siempre se busca una estabilidad emocional, y debes buscar a alguien con quien pasar el resto de tu vida, Ichigo.

Aquellas palabras de su padre, aún estaban en su mente y en su corazón. Su padre se retiró del mundo de la actuación por su problema en el corazón, pero jamás dejo de estar pendiente de ella, o de guiarla acerca del negocio. Siempre estaba presto a escucharla, cuando ella necesitara de algún consejo suyo o de su madre. Ichigo sabía que estaba bendecida con unos padres tan buenos como los que tenía. A veces se preguntaba por qué no eran así la mayoría de los padres. Pero había la respuesta más simple a esa pregunta: no todos los seres humanos son iguales. Y es una respuesta, que a veces, por el hecho de ser tan simple, no es aceptada.

La cafetería no era tan grande, pero tampoco era similar a la que tenía Tsumugi. Era confortable el ambiente, y era ideal para entablar cualquier tipo de conversación. Desde los negocios, hasta cosas triviales de la vida. La gente entraba y salía, otros se quedaban para estar un rato mientras revisaban su laptop, o móvil. Otros, conversaban amenamente sobre algún tema específico.

16:00.

Himeko vio la hora en su reloj muñequera, y supo que había llegado a tiempo. No supo porque Ichigo la llamó y la citó en ese lugar y a esa hora, pero si sabía que tenía que ver con el proyecto de Tsumugi Kotobuki. Hasta donde tenía entendido, la reina del teclado estaba armando un mega-proyecto, que si se daba como estaba planificado, ella no tendría rival. Y los que tuviese, renunciarían al instante.

—¿Cómo estás, Ichigo?

Ichigo Wakaouji estaba impresionada. Himeko vestía un pantalón de tela beige, con una blusa blanca y botines del mismo color del pantalón. Y su melena rubia oscura, estaba semi-cogida, dándole cierto toque elegante semi-informal. Después de tanto tiempo, algo dentro de la señorita Wakaouji despertaba. Y era ese sentimiento que lo había dejado guardado con mucho recelo.

Tokyo, Japón. Departamento de Yui Hirasawa

Azusa estaba más tranquila después de haber hablado con Mio y la señora Akiyama. Cuando sus padres fallecieron, pensó que quedaría sola, pero no fue así. La familia de Mio la había aceptado con mucho cariño, y la querían como una hija más. Cuando la gatita tenía temores, que la mayoría de las veces eran malos consejeros, recurría a la familia Akiyama. Cuando falleció el señor Akiyama, Azusa cayó en una tristeza profunda. Pues había fallecido no sólo el padre, sino el mentor y el amigo.

Pudo divisar de lejos el carro de Yui. Estaba en casa, y eso le daba, en parte, cierta tranquilidad. Tenía miedo que su senpai hiciera alguna locura, porque Yui estaba cegada con la sed de venganza. Ella no quería que hiciera algo, y por eso estaba decidida ayudarla y calmarla. Pagó al conductor del taxi, una vez detuvo el carro, se bajó del mismo, y camino con cuidado. En el trayecto, su mente iba trabajando en muchas ideas, y una de ellas, era abordar el tema de la revista.

Sabía que a Yui no le gustaba tratar sobre los temas del trabajo en casa, pero sólo por esta vez, tendría que hacerlo. Como asistente de la ex guitarra principal, sabía que el negocio tenía mercado, estaba creciendo y ahora, tenía el respaldo de una multinacional como es la KEM de Mugi. Azusa pensaba, con cierta nostalgia, que a veces las personas deben vivir una tragedia para darse cuenta de cuanto es el valor de la vida, y de que está hecha de pequeños detalles que no pueden ser comprados con el dinero.

Mugi era una buena amiga. Y una excelente persona.

Al entrar al departamento, notó cierto olor a cigarrillo. Suspiro. Yui había vuelto a fumar su clásico Malboro azul. La gatita sabía cuánto se esforzaba su, ¿qué eran en realidad? ¿Novias, esposas, pareja, enamoradas? Bueno, por el momento le llamaría Yui, hasta saber con exactitud que era lo que en realidad estaban teniendo las dos. Azusa estaba consciente de cómo se luchaba por dejar la adicción con el cigarrillo, pero también entendía que le era imposible, por todo lo que ha vivido.

Nakano estaba más que segura que Yui lograría dejar aquel vicio, pero que le tomaría más tiempo de lo esperado. La sala estaba oscura, y el comedor también. Siguió su camino, en total silencio. De seguro, y era algo confirmado, que Yui estaría concentrada revisando balances, documentos, notas de la revista. Estaría en su refugio, que era la pequeña biblioteca que tenía en el departamento. Y no se equivocó.

—¿Yui? —la mencionada alzó la mirada para encontrarse con la de su pequeña gatita. Sonrió con ternura.

—Dime, Azu-nyan. ¿Pasó algo?

¡Cómo extrañaba ese apodo!

Y que Yui lo volviera a decir, significaba que estaba volviendo a ser la que era antes. Bueno, por lo menos con ella se mostraba así. Y eso era un avance, y le gustaba. Esperaba que no lo repitiera delante de los demás, pero por lo que veía, e intuía, era que sólo Yui se mostraba así cuando estaban a solas. Le sonrió con cariño. Y sin poder evitarlo, alzó la mano derecha, y con las yemas de los dedos, le empezó acariciar el rostro. Yui se dejaba, porque lo necesitaba. En la oficina eran dos profesionales, pero en el departamento, eran dos chicas con necesidades básicas, y también con necesidades de afecto y cariño.

—Quería hablar sobre la revista. Sé que te molesta que topemos el tema aquí, pero es necesario, Yui.

—Sabía que lo dirías, Azusa —oh no… Por favor, no.

Yui se dio la vuelta quedando de espaldas a Azusa. La gatita sintió los peores temores del mundo. Vio, en silencio, como Yui caminaba hasta quedar frente a un escritorio que estaba detrás de la silla reclinable. Vio que revisaba casi con desespero, unos papeles que reposaban ahí. Sintió de todo en esos segundos.

—Estamos bajo el respaldo de la KEM, Azusa —era la Yui seria. La empresaria —. Mugi ha sido muy gentil en absorber a Music World, para luego cedérmela. Ella pagó todo. Ahora, lo que estoy buscando es la forma de empezar a obtener ingresos más o menos estables, para devolverle a Mugi cada centavo invertido.

—¿Ella te la cedió o te la devolvió, Yui? —Azusa estaba parada frente a Yui, mientras le acariciaba el rostro. No hizo intención de mirar los papeles.

—Me la devolvió. Pero yo quiero devolverle el gesto que ella hizo, Azusa. Sólo puso el dinero, hizo el cambio de propietario, y luego volvió a poner dinero, como si hubiese invertido con un gran capital en la revista. Yo le agradezco ese gesto para conmigo y mi hermana menor, pero no puedo aceptar que… —Azusa le puso el dedo índice en los labios, callándola.

—Yui, amor, Mugi-senpai lo hizo con cariño. Algo me dice que esto es una pelea entre Daichi Asano contra ella. Ella sólo lo hace para no dejarte desamparada. Nadie podría contra una multinacional. Sabes bien que la KEM es dueña de casi todo lo que es el mundo de la música.

—Lo sé, cariño. Pero no puedo evitar sentirme así. Siento que estoy en deuda con ella.

—No lo estás. Sólo concentremos en hacer crecer el mercado, y obtener nuevos mercados. Music World será reconocida mundialmente, que nadie podrá quitarle los ojos de encima.

Yui, ni corta ni perezosa, le beso en los labios a Azusa. La necesitaba en esos momentos. Y sabía que lo que dijo la gatita era una gran verdad: Mugi lo había hecho sólo para respaldarla y no dejarla sola. Pero algo le decía a la señorita Nakano, que Mugi iba por un proyecto mucho más ambicioso y grande, que respaldar a una revista de mediano y gran alcance en el mercado del entretenimiento.

La pregunta era: ¿cuál era ese proyecto?

Shizuoka, Japón. Departamento de Chou Li

—Sí, Chou. Te regreso tu disquera. La manejaras como lo quieres hacer. Pero estará afiliada a la KEM. Tendrá todo mi respaldo —Mugi se levantó, y empezó a caminar hasta la puerta con la elegancia que siempre la ha caracterizado, pero antes de irse definitivamente le dijo —. Pero tendrás que conseguirte una Asistente. Vas a empezar desde cero.

¿Qué estás pensando hacer, Mugi?

Chou no podía creer lo que su amiga rubia le había dicho. ¿Desde cuándo habrá tenido planeado todo? No quería entrar en detalles. Daba vueltas por todo el departamento como león enjaulado. ¿Cómo conseguiría una asistente? Ese era un trabajo muy difícil, pues ella ya no tenía a nadie y había perdido el entusiasmo por trabajar reclutando personal. Sólo había aceptado, por el único hecho, que la disquera era lo último que tenía su familia. Pues, su padre, había empeorado, y los gastos se incrementaron.

El teléfono sonaba, pero Chou lo evitaba. No quería hablar con nadie. Pero al mismo tiempo, quería hacerlo. Algo contradictorio en ella, pero así es como se mueve el ser humano. Queriendo decir algo, pero callarlo al mismo tiempo. Y Chou se había enseñado hacerlo todo sola, sin ayuda de nadie. El sonido empezaba a ser molestoso para ella, pero lo dejaba que siguiera, no quería contestar.

Todo se había acumulado dentro de sí. Dentro de su ser, dentro de su corazón.

Chou había aprendido a ocultar muy bien sus sentimientos, tal es así, que nadie podía saber lo que en realidad pensaba o sentía. Cuáles eran sus verdaderas emociones. A veces se preguntaba si Mio podría leerle lo que había su corazón, pero desechaba esa idea al instante. Había pasado tanto tiempo sin verse, que era muy probable que ya no existiera esa conexión. Tú la dejaste ir, Ritsu. Gruño con fastidio ante ese pensamiento de su consciencia.

En ciertas ocasiones, se decía a sí misma que ella había matado a Ritsu para darle vida a Chou. Ahora, todos debían conocer a Chou Li. La última vez que hablo con su madre, fue precisamente por el tema de la disquera, y que definitivamente, ya no les rendiría los ingresos para mantener la enfermedad de Genkei. En ese segundo, se apiadó, pero luego recordó, como la había tratado su padre y su corazón se endureció. No le importaba nada. Pero con la noticia de Mugi, las cosas cambiaban. ¿Le diría a su familia la verdad?

Miro por medio de la laptop, que la había prendido casi sin darse cuenta, como estaba el estado de su cuenta bancaria. Se sintió orgullosa de lo que veía. Se había enseñado a ser ahorrativa, y tenía dinero, como para ayudar a los gastos de la familia, pero sería de manera indirecta, sin que su madre supiera. Ahora, tendría que planificar bien, para cuando empezaría el reclutamiento de la Asistente.

No sabía que le deparaba en el futuro. No sabía por qué había sucedido todo aquello, o el por qué Tsumugi había adquirido su disquera para luego devolvérsela. Pero lo único que sabía, y de eso estaba muy consciente, era que se le presentaba ante la puerta de su vida, una oportunidad para hacer lo que no se hizo. Para demostrar quién era en realidad, y demostrarle al mundo lo que sería capaz de hacer, si se metían con algún miembro de su familia.

Porque Asano jamás se imaginó que tendría una deuda bien grande con la heredera de la Multinacional del mundo del entretenimiento. Porque nadie, absolutamente nadie, se mete con Tsumugi Kotobuki. Y eso lo sabía Ritsu. Y era hora, de que ella empezara hacer su parte.

Porque en el mundo de los negocios, quien se duerme… paga.


Notas de la Autora:

¡Aquí estoy!

Séptimo capítulo de esta historia.

Aja. Ya sabemos una parte más de la historia de la rivalidad entre los Kotobuki y Asano. Les recuerdo que ya quedan pocos capítulos para terminar la historia y les agradezco que la hayan seguido y me hayan esperado taaaaaanto tiempo en la actualización. Me disculparán, pero estos meses se me han complicado un poco y me costaba sentarme a escribir. Sin más que decir, disfruten de la lectura.

¿Podrían dejar un Review? Me ayudaría como escritora a mejorar.

Bye.