Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.
Capitulo VIII: Reencuentro de HTT
"Búscate un amigo que te diga que vale la pena vivir"
Tokyo, Japón. Departamento de Ichigo Wakaouji
¿Cómo demonios acabaron las dos en la cama?
Ichigo no tenía ni la más mínima idea de que fue lo que pasó. Sólo se acuerda que estaba en la cafetería con Himeko, luego fueron a su departamento, para finalmente, entre una cosa y otra, terminar las dos desnudas teniendo sexo salvaje por todo el departamento. Y no se arrepentía de nada. ¿Será acaso que lo que sintió por Ritsu fue sólo una mera ilusión? Puede que sea sí. En esos momentos no quería indagar sobre sus sentimientos en el pasado, y ahora en el presente. Había aprendido a vivir el momento y aceptar lo que pasará.
Sintió como Himeko se movía en busca de una mejor posición, para seguir durmiendo. Bueno, es normal si se toma en cuenta que lo hicieron varias veces durante toda la noche y parte de la madrugada. Pero Ichigo necesitaba pensar, y aclarar sus ideas. Necesitaba poner en orden su vida sentimental. Todo era nuevo para ella, y nunca había experimentado algo como lo que está viviendo.
Cuando Ichigo se graduó de la preparatoria, había tomado la decisión de irse lejos de aquellos lugares que le traían recuerdos tristes. Se había enamorado una vez, pero ahora se cuestionaba aquello. Jamás en sus años de vida, se había cuestionado sobre los sentimientos y emociones de las personas, ni de ella misma. Había optado por vivir a lo que se le presentara. Luego se metió de lleno en la universidad, para luego seguir actuación y dirigir el teatro que poseía su familia.
No era una tradición familiar. A ella le había nacido hacerlo.
Porque en el corazón, nadie manda. Es tan rebelde y libre como un pájaro.
Ichigo se movió despacito, procurando no despertar a Himeko, se puso la blusa de la rubia y salió a la sala. Tenía el pelo suelto y enredado, se pasó lo dedos tratando de alisarlo. Había sido hermoso, y Tachibana había sido una de las mejores amantes. Siempre tuvo la duda de aquellos rumores que circulaban en la preparatoria Sakura. Se había dicho que Himeko y Tsumugi habían sido amantes, pero sólo había quedado en eso: un triste rumor.
Ahora entendía el plan de Tsumugi. La Ojou-sama siempre fue buena, y tenía un noble corazón. Se pensaba que por ser heredera de un imperio, y de una fortuna valorada casi en $150.000 millones, sólo de ella, Mugi sería como la clásica niña rica: mimada, caprichosa y despilfarradora. Sumire tiene su fortuna, y sus padres también. Incluso, hay una cláusula dentro del testamento creado por el señor Kotobuki, junto con sus abogados; que todo el imperio más la fortuna él, deberá ser repartida entre su esposa e hijas el 80%. El 20% restante se lo deja para sus empleados y fundaciones sin fines de lucro. Pero en caso de que muriera los dos, Tsumugi por ser la mayor, deberá repartir ese 100% por ciento del imperio y de la fortuna de sus padres, entre ella, su hermana menor, los empleados y las fundaciones sin fines de lucro.
Ahí se veía que clase de familia eran los Kotobuki.
Y eso le molestaba a Daichi y compañía. Ellos no querían repartir el dinero a nadie.
Daichi siempre sintió los celos enfermizos de la familia Kotobuki. En una ocasión, tuvo el agrado de conocer y entablar cierta conversación con el señor Kotobuki, y le pareció que sería la oportunidad idónea para tratar de hacer ciertos negocios. Pero se llevó una desagradable sorpresa, al enterarse que la cabeza de familia, había decidido apoyar a Genkei Tainaka en su disquera y al señor Hirasawa con la revista de música. Desde ese momento, juro venganza contra ellos. Y no le hubiese importado que los descendientes pagaran por ese daño.
Ritsu y Yui, fueron las primeras en pagar. Luego llegó Azusa, para luego rematar con Mio. Daichi sabía que ellas tres no eran de tanto problema, pero al ser amigas de Ritsu, especialmente Mio, lastimosamente, deberían ser sacadas de su camino. Asano no dudo en usar sus artimañas, y a sus amigos, como por ejemplo, la familia Kobayashi. Fue una estrategia sucia, pero efectiva. Lamentablemente, las cosas no estaban tomando el rumbo que querían.
Sin imaginarse que era lo que pasaba entre ellos, Ichigo acepto aquella propuesta porque en cierta parte necesitaba capital para el teatro, y la idea de Tsumugi junto con Sawako y Nodoka con Megumi no era tan mala. Se preguntaba si el resto de las chicas estaban de acuerdo. Esperaba que sí, porque siempre fueron tan unidas.
Wakaouji sintió que Himeko le rodeaba la cintura por la espalda. Sonrío al sentir ella que se había despertado de manera cariñosa, tierna. ¿Quién se iba a imaginar que en algún momento ellas dos terminarían juntas? Aunque no estaba dicho claramente que eran, sí estaba tácito que ellas empezaban a tener una relación, aunque no lo dijeran en voz alta. Procurarían llevarlo de manera silenciosa e íntima.
Las sorpresas que da la vida, ¿no?
Tokyo, Japón. Oficina Presidencial de la KEM
Tsumugi miraba con suma atención los papeles que tenía sobre el escritorio, pero su mente estaba en otra parte. A veces, sólo a veces, pensaba si estaba en lo correcto actuar de esa manera, sin embargo, estaba más que consciente, que era la única salida para acabar con todo lo que ha pasado. Un hecho iniciado por un hombre lleno de odio, resentimiento, y que no vio más allá de sus narices. Un hombre que lo quiso tener todo a base de fuerza y corrupción.
Mugi pensaba por ciertos momentos, que la vida es un sube y baja. Como la montaña rusa. Pero más fuerte. Sobre su escritorio había una carta de la jefa de área de ventas y producción de la multinacional. No era tan alarmante lo que leía ahí, pero si la había hecho detenerse un poco y replantear como se llevaría a cabo el golpe final. Quería que todo fuese perfecto. No quería dejar ningún cabo suelto, ni ninguna duda acerca del megaproyecto.
La reina del teclado encontró la manera perfecta para dar a conocer su plan.
Tokyo, Japón. Oficina presidencial de la Disquera Tainaka Enterprises
Chou estaba revisando las hojas de vida de las candidatas para que sea su nueva asistente. Suspiro salían de sus labios cuando recordaba, casi de manera inconsciente, a Mio. ¿Qué será de la vida de ella? ¿Pudo salir adelante con la academia o terminó como su disquera? A veces se recriminaba por no haber sido fuerte, y haber luchado un poco más. Pero ya las cosas estaban hechas, y por lo que veía, jamás obtendría el perdón de Mio Akiyama.
Look into your heart - you will find
There's nothin' there to hide
Take me as I am - take my life
I would give it all I would sacrifice
Don't tell me it's not worth fightin' for
I can't help it there's nothin' I want more
You know it's true
Everything I do - I do it for you
Sonó su móvil, despertándola de sus pensamientos. Miro en el identificador de llamadas, y no se sorprendió al ver quien la llamaba. Decidió no contestar. Estaba más ocupada con la selección de la que sería su asistente. En ocasiones se preguntaba, si lo que estaba haciendo era lo correcto. El aceptar de nuevo la disquera, pero que estuviera el respaldo de la KEM, de los Kotobuki.
Jamás se imaginó todo aquello.
Otra vez, el móvil sonaba.
Satoshi sí que no se rendía.
Puso el móvil en silencio, y aceptaría las consecuencias de un regaño. Si es que lo había.
¿En verdad todo lo que hizo, lo hizo por Mio?
—Mio… Akiyama —suspiro, con la mirada perdida.
¿Qué pasaría si se encontraran nuevamente?
¿Qué pasaría si se volverían a mirar a los ojos, como cuando eran unas adolescentes?
¿Qué pasaría si…?
Y ahí quedo sus preguntas. Cortadas por el aire que había entrado, casi como un ladrón, a la oficina de Chou.
Tokyo, Japón. Departamento de UI H. y Jun S.
Ui terminaba de revisar los estados de cuentas, mientras que Jun le daba los últimos retoques a su bajo. Ambas estaban entusiasmadas con la idea de volver a los escenarios, pero también tenían la preocupación de que si las ex integrantes de HTT aceptarían volver a unirse y continuar con lo que se quedó inconcluso. Era una situación incierta, y a veces podía llegar a asfixiar a la personas. Especialmente a la menor de las hermanas Hirasawa.
Ui trató de recordar cuando fue la última vez que Yui sonrió, o se comportó de manera infantil, y en su base de memorias, no lo había. Desde el fallecimiento de su madre, tiempo de después de la muerte de su padre, y con un dolor agónico y lleno de sufrimiento, Yui Hirasawa mató por completo lo poco que quedaba de ella. Y eso le partió el alma a Ui. En las noches, y sin que la viera o escuchara, lloraba en silencio, y se juraba que siempre estaría junto a ella para cuidarla y velar que no hiciera ninguna locura.
Hasta que apareció Azusa Nakano, nuevamente, en la escena de la vida de su Oneesan.
Y Jun, también.
—Mugi-senpai no es tonta, Ui. Verás que saldrá todo bien, como se lo planeo.
—¿Crees que es lo mejor? ¿Crees que es lo correcto tomar todo el control de la industria del entretenimiento?
—Si tienes que sacar a Asano y compañía del camino, y todo es legal, es válido y permitido, amor.
—Los negocios…
—Los negocios, cariño, son así. Tienes que actuar, porque si te detienes a pensarlo dos o tres veces… lo pierdes. Y pierdes todo.
Ui pensó en eso último dicho por su esposa.
Ese es el mundo en la vida real. Un mundo lleno de maldad, y de constante cambios, con gente haciendo competencia ilegal, pero que era permitido. Donde la justicia, efectivamente, era sorda, ciega y muda; sólo quedaba rezar a Kami-sama por su justicia severa y justa. En donde cada cual recibe lo que se merece, donde cada quien paga por sus propios pecados… Por su propia maldad.
Jun dejó su bajo en la base y contemplo a su mujer como estaba concentrada en los documentos que tenía enfrente de ella. Le gustaba esa faceta de ella: seria, concentrada, viendo que planes poner en marcha en el negocio. La amaba mucho como para dejarla ir por alguna estupidez. A veces, Suzuki se sentía como estúpida poniéndose celosa de su mujer con su cuñada. Son hermanas, y huérfanas, es evidente que tienen que cuidarse mutuamente. Sólo se tienen las dos, son las únicas que quedan de la familia Hirasawa.
Ui alzo la mirada y se topó con la de Jun. En silencio se dijeron todo lo que tenían dentro de sus corazones: el amor que se tenían mutuamente, el respeto, y la admiración.
Era hora de enfrentarse con todo. Y a todos.
No estaban solas.
Tokyo, Japón. Departamento de Yui Hirasawa
Yui no había ido a la oficina ya una semana. Se la dejo encargada a su mano derecha. Decidió preparar un plan de negocios para la revista, y estaba segura que su hermana menor le encantaría. Music World volvería a estar entre las primeras posiciones de las mejores revistas del mundo del entretenimiento. Y se aseguraría de que no hubiese competencia, al menos que sea una que de verdad valga la pena que este a su nivel, y le diera de verdad una digna pelea en los negocios. No como la revista, o intento de revista que crearon los Kobayashi junto con Asano.
El teléfono sonó despertando de sus pensamientos a la mayor de las hermanas Hirasawa. Vio en el identificador de llamadas que era Mio quien la llamaba. Dudo, por milésimas de segundos, en contestar, pero lo hizo porque después de todo Mio era su amiga, y estuvo con ella cuando paso por un mal momento, incluso respeto su silencio, y jamás perdió la fe de que ella volvería a ser igual.
Pero, ¿qué habrá pasado ahora para que la llamara?
¿Será la academia?
Decidió contestar y dejar a un lado sus inquietudes.
—Mio-chan, ¿cómo estás?
—Yui, ¿qué sabes de la disquera de Ritsu? —esa pregunta tan directa la sorprendió por completo.
—La verdad, no sé Mio…
—¡No me mientas! Ritsu volvió al ruedo de la disquera, ¿verdad?
¿Qué le diría a su amiga? Dudo.
Una mentira a medias.
—La verdad, lo único que sé es que Mugi-chan la compró casi en su totalidad. De Ricchan, no he sabido nada, desde hace mucho tiempo.
Un sollozo se escuchó al otro lado de la línea. Eso alarmo a Yui.
—¿Qué pasa, Mio-chan?
—Metí mi carpeta de hoja de vida en la disquera de Ritsu, pero no me acordaba que esa fue su empresa. Ahora no sé si ella está al frente u otra persona. Temo…
—Mio-chan, ¿qué pasó con tu academia? ¿Por qué metiste carpeta en la disquera de Ricchan?
—Necesito dinero extra, Yui. Pero no sé si Ritsu está al frente o no. No sé cómo reaccionaría si la viera de nuevo, después de tanto tiempo de estar distantes.
Era eso.
Yui sonrió con melancolía pero se atrevió a darle un consejo.
—Habla. Mio, la base de toda relación es la comunicación. Si Ricchan está o no al frente de la disquera es lo de menos que te debe importar. Tú vas por un trabajo, no para hacer vida social, pero si la vez de nuevo a Ricchan, habla. Conversen. Es mi consejo.
—Gracias, Yui. Me sorprende ver tu madurez.
—Cuando la vida te golpea, te toca madurar rápido o si no, te queda y sales del camino.
—Seguiré tu consejo…
Y ambas sabían, que la ex guitarrista de HTT, sabía toda la verdad.
Pero había otra pregunta, y muy inquietante: ¿Por qué Mio Akiyama metería la carpeta en la disquera de Ritsu, si sabía que esa era la empresa de la familia Tainaka?
¿Acaso será…?
Tokyo, Japón. Oficina presidencial de la Disquera Tainaka Enterprises.
Ninguna servía.
Ritsu evaluó a todas las candidatas para que sean su asistente, y ninguna cumplió con los requisitos. Sabía que sería un arduo trabajo conseguir a una persona de confianza, y dedicada al trabajo. ¿Por qué Mugi le hacía aquello? Suspiro. La reina del teclado sabía cómo persuadir a alguien, cuando estaba enfocada en obtener lo que quería. No por nada estaba en lo más alto del mundo de los negocios.
Había pasado más de quince días desde que emitió una solicitud para el puesto de asistente en su empresa. Como Chou quería un cambio de imagen, que lo empezó haciendo con su físico, también decidió que sería bueno que la disquera cambiara de imagen. Estaba a punto de aprobarse el cambio de nombre de la Disquera, la imagen y la línea de negocio. Y eso la entusiasmaba hasta cierto punto.
A veces, y por traiciones de su propio corazón, Ritsu pensaba en su familia. Hasta donde supo, su padre seguía enfermo y no daba signos de mejoría. Ya empezó a prepararse para lo peor, y lo peor era que su padre muriera. Una parte de ella se encogió, y escucho como su corazón rompía en llanto, pues si aquello pasaba, su padre se iría del mundo terrenal sin verla por última vez, y ella no sabría si hubo perdón por ambas partes.
Decidió.
La vida es de elecciones, y ella tomó la suya.
Aunque sería la última vez.
Unos toques en la puerta despertaron a Ritsu de sus pensamientos. Dudo en contestar. Estaba sola, y estaba saliendo desde lo más bajo, tal como se lo había dicho Tsumugi. Pensó en quien estaría detrás de aquella puerta. Se fue preparando mentalmente para ver a su madre, o a su hermano. Si era algunas de las chicas, no habría tantos problemas, pues ya había hablado con ellas posteriormente, excepto con Mio.
Se armó de valor, y lo que vendría después, sería el comienzo o el fin. Pronuncio la palabra que llevaría a la otra persona a abrir la puerta:
—Pase.
Tokyo, Japón. Pent-house de la familia Kotobuki
Sumire estaba moviéndose con agilidad en la cocina, mientras preparaba el almuerzo. Pensaba en cómo había cambiado las cosas desde que acepto sus sentimientos hacia Nao, y también, porque no decirlo, desde que ella regreso a casa. Sus pensamientos viajaban a la velocidad de la luz. Uno iba más rápido que otro, y le costaba tranquilizarse para ordenarlos dentro de su mente.
Le era imposible.
Nao se movía en la cama, buscando una mejor posición para seguir durmiendo. Había tenido una semana bien ajetreada con el proyecto de su cuñada. Ahora entendía de donde había salido cierta testarudez de Sumire, pero de igual forma, la seguía amando. El ambiente era tranquilo, y en el Pent-house se podía sentir ese aire fresco, y de paz. Ambas estaban más que seguras, del amor profundo que se profesan.
Desde que los padres de Sumire murieron en esa trágica explosión, la niña rubia, había cambiado, no sólo su sonrisa, sino también su carácter. Se hizo más introvertida, y siempre, a lo lejos, admiraba a su hermana mayor. Sumire quería ser como Mugi: elegancia, discreción, sencillez, humildad. La observaba desde los lejos pensando que su vida quería echada a la buena suerte, y todo cambió cuando los señores Kotobuki decidieron adoptarla y criarla como si fuese su hija.
Las apariencias engañan.
Sumire pensaba, en ocasiones, que Tsumugi se había puesto sobre sus hombros demasiada carga. Pero lo hacía por una causa, y era ahora, en estos momentos, que su hermana mayor se la veía más viva que nunca. Más decidida a defender, no sólo a sus amigas, sino también a su familia. Y al amor de su vida.
—No deberías seguir pensando en algo que ya pasó, amor.
—Tienes razón, pero no puedo evitarlo, Nao.
—Más temprano que tarde, ellas tendrán que encontrarse de alguna u otra manera. Es inevitable.
Y era cierto. Aquello iba a pasar, si Tsumugi hubiese intervino o no. Porque al final, cada una de las chicas, hubiesen ido hacia la rubia tecladista a pedirle un consejo. HTT iba a regresar con más fuerza. Lo podían sentir.
Porque las coincidencias no existen.
Sumire se entregó a los brazos de su amada. Olvidarse de todo aquello, olvidarse que allá fuera, lejos de su hogar, había un mudo. Porque el mundo era el amor que se profesaban ambas. Sin importarles lo que pesaran el resto.
3 meses después
Tokyo, Japón.
—Rule out and rule off, Fabi.
Con eso, Tsumugi daba por finalizada su reunión con su asistente. Una vez que se hubo marchado, la rubia tecladista pensaba en todo lo que había pasado en ese lapso de tiempo. Tres meses no pasan en vano. Se preguntaba si todo lo que hacía tendría en su momento alguna recompensa. Movió la cabeza negativamente, y desechó cualquier pensamiento negativo.
Valía la pena.
Se lo decía su corazón, y su corazón, jamás miente.
En cuestión de días, las ex integrantes de HTT se volvían a reunir. Y la princesa del teclado, pedía en sus oraciones, que no sólo todo saliera bien, sino que pusieran punto final a ese capítulo de sus vidas. Aquel que sólo les traía dolor y sufrimiento. Mugi evocaba cada recuerdo grato de su mejor época, pero entendía que si deseaba volver a levantar lo que alguna vez fueron, debía tomar decisiones, manejarse con cautela y moverse de manera rápida.
Tsumugi había jugado todas las cartas, excepto una.
Al otro lado de la ciudad, una chica de cabellos negros y ojos grises terminaba de revisar los documentos que tenía que presentarle a su jefa. No supo en que momento termino trabajando para ella, y, aunque pensó que no sería el mejor de los encuentros, terminó siendo lo opuesto. Eso le daba la tranquilidad de que la distancia que se había formado entre las dos, no fue precisamente por algún problema si resolver.
Nadie más que ella conocía el carácter de su amiga. Muy aparte de su madre.
Se armó de valor, y lo que vendría después, sería el comienzo o el fin. Pronuncio la palabra que llevaría a la otra persona a abrir la puerta:
—Pase.
Giro la perilla de la puerta con mucho miedo, inhalo profundamente y dejó escapar un hilo de aire por sus labios. Cuando la termino de abrir, se topó con una escena muy parecida cuando estaba en la preparatoria Sakura. Entro, y se quedó arrimada en la puerta. No podía creer lo que sus ojos grises veían. Sentada detrás del escritorio, se encontraba Ritsu. Pero estaba cambiada.
—No tengas miedo, por favor. Dame un minuto, hasta mientras, toma asiento —dijo Chou sin levantar la mirada de los papeles.
El ambiente, extrañamente se puso tenso. Recuerdos venían e iban, y en el momento que aquellos ojos ámbar se toparan con los ojos grises de la recién ingresada, se podría desatar un sin número de emociones, y que tal vez, no pudiesen ser controladas. Sería un encuentro después de muchos años de estar distanciadas. Mio Akiyama deseaba con fervor que esa persona delante de ella, sea otra y no Ritsu.
Esos ruegos, no fueron escuchados.
—Mio…
—Ritsu…
No tuvo la necesidad de tocar la puerta. Desde que entro a trabajar como la asistente personal de Ritsu, Mio entraba y salía como si ella fuese dueña también de la disquera. En un par de días, HTT se volvería a reunir. En ese encuentro, estaba más que segura, se definiría si la banda regresaba o se disolvía definitivamente. Akiyama, deseaba lo primero. Volver a tocar su amada Elizabeth, componer canciones nuevas, era sentir como si el tiempo jamás las hubiese separado y al contrario, les dio el tiempo suficiente para reflexionar y crear actividades extras.
Y la bajista sabía perfectamente que la rubia tecladista estaba detrás de ese megaproyecto.
Sonrió.
Estaba absorta en sus pensamientos que no sintió cuando unos brazos fuertes le abrazaban por la espalda cariñosamente. Era Ritsu y lo sabía por el olor que desprendía. Hasta donde sabía, el papá de Ritsu estaba empeorando en su salud, y cada día más, sus esperanzas de vida se veían disminuyendo. Tainaka quería demostrarse fuerte, como siempre ha sido su característica, pero no podía hacerlo delante de su asistente. Porque ella la conocía más que nadie.
—Todo estará bien, Ritsu.
—Lo sé, Mio. Sólo que no puedo evitarlo sentirme así. Me es muy difícil aceptar todo esto.
Le era muy difícil aceptar que su padre se estaba muriendo y ella no podía perdonarlo aún por el daño causado, a causa de su obsesión y paranoia con la disquera. Akiyama se dio vuelta sobre sus talones, quedando frente a Ritsu. En el momento en que se reencontraron, intrínsecamente, acordaron que cuando estuviesen a solas, sólo serían ellas dos. Delante del personal administrativo, serían asistente y jefa. Después de todo, los empleados no sabían que ambas se conocían desde hace mucho tiempo.
Mio empezó acariciarle la frente, removiendo un poco su flequillo rebelde. Tainaka se dejaba hacer nomás, porque lo necesitaba. La necesitaba a ella, a su pilar, su amiga. Teniendo tiempo ya trabajando ambas, Ritsu no se animaba a confesarle sus sentimientos profundos, pues el miedo al rechazo, aún era palpable.
¿Cuándo será que Ritsu tome valor y le confiese todos sus sentimientos?
Tal vez… Nunca.
Dos semanas después.
Tokyo, Japón. Cafetería Kotobuki
—Es bueno volvernos a ver, Megumi-san.
—Lo mismo digo yo, Ritsu.
When you are with me I'm free
I'm careless, I believe
Above all the others we'll fly
This brings tears to my eyes
My Sacrifice
Las chicas se encontraban reunidas en una de las cafeterías de los Kotobuki. Azusa, Yui, Mio, Ritsu, Tsumugi, Sawako, Megumi y Nodoka, se encontraban charlando muy amenamente. Pero ninguna podía evitar que llegara la hora de la verdad. El momento en el cual se decidiría el futuro de la banda. ¿Continuaran o cada quien tomará su camino? Azusa era la que más conflictos internos tenía. Si regresaba las HTT, sería el inicio de una nueva faceta de ellas como músicas, pero sino regresaban, eso sería el adiós definitivo y ella se lanzaría como solista. Si es que WG no regresaba tampoco al ámbito musical.
El té se hacía presente después de tanto tiempo. La última vez que se sentaron a conversar mientras tomaban el té con los dulces, sería en la graduación de la preparatoria Sakura. A excepción de Ritsu que se había ido a Inglaterra. Estar ahí era evocar aquella época, añorar, inocentemente, el regreso de una etapa que marco sus vidas y que las cosas no eran tan complicadas como ahora, que ya están adultas.
Mugi se había preparado todos los escenarios posibles, y para cada uno tenía una carta que enseñar. No renunciaría a su sueño, ni al sueño de sus amigas. Porque sabía, muy dentro de su corazón, que ellas querían volver al ruedo de tocar sus instrumentos. De volver a sentir la adrenalina, y la emoción de estar tocando para un público que clama por cada una de sus canciones. Que se las sabe de memoria y cantan junto con ellas. La reina del teclado no tiraría la toalla.
Mio se preguntaba si Ritsu querría volver a sus viejas andanzas de tocar su preciada batería. Pero esa pregunta, jamás fue escuchada por Tainaka.
—¿Por qué te haces llamar Chou Li, Ritsu? —le preguntó Mio, en alguna ocasión mientras le dejaba unos documentos sobre el escritorio.
—No lo sé. Tal vez porque quería olvidar a Ritsu Tainaka, y empezar una nueva vida con otra apariencia y con otra identidad.
—Ritsu… —Akiyama no podía creer lo que escuchaba.
—Mio, sé que es muy difícil de entenderme, pero ese era mi deseo. No quería volver a ser más Ritsu Tainaka.
—¿Y ahora…?
—Ahora es diferente. No sé qué es lo que me pasa. Es la verdad.
Mio sabía que Chou era un nombre que significaba mariposa, y que Li, era el apellido de su abuela fallecida. Ella quería ser libre como la mariposa, y en el viaje por el mundo, dejar su huella como música. Un deseo que se vio opacado por la imposición de su padre de querer que Ritsu siguiera sus pasos, salvar la disquera de Asano, y quedarse en ese mundo, encerrada para siempre.
Y sabía que a Ritsu no le gustaba aquello.
Ahora todo era diferente.
Akiyama seguía con la academia, con ayuda de sus amigas. Ritsu cuando se enteró, le ayudo con el horario para que la bajista pudiera trabajar en el negocio que le había heredado su padre. Sabía que ella lo hacía por amor a la música, y que le gustaba enseñar. Y no quería interponerse en su camino de esa manera.
—¿Cuándo le dirás a Mio que la amas, Ritsu?
—No lo sé. ¿Y si no soy correspondida, Yui?
—No lo sabrás, si no lo intentas.
Y ahí quedó toda la conversación entre ambas castañas.
La llegada de Mio a la vida de Ritsu, le había cambiado por completo su vida.
Ahora todo tenía sentido.
—¿Intentar, eh? —se preguntó a sí misma, la baterista de HTT —Vamos a intentarlo.
Nodoka exponía la idea de que HTT se volviera a unir, aunque sea para lanzar un disco con sus éxitos hecho recopilación, y dar por finalizada con un concierto de reintegro y separación. Las chicas escuchaban muy atentamente las ideas de Nodoka y Megumi, que tenía por soporte a Tsumugi. Quien se imaginaria que ese par terminaría estando juntas, nadie.
Ritsu fue la última en enterarse de todo el plan, por estar pensando en otras cosas.
Por ejemplo, en los ovarios de la gallina, ¿verdad?
Su conciencia hacia acto de aparición. ¡Cómo la extrañaba!
Sarcasmo.
—Deberíamos volver —todas miraron asombradas a Chou. Ella se encontraba con los ojos cerrados y hablaba, casi por inercia —. Como en los viejos tiempos. Sólo que ahora estamos más maduras y nuestro sonido puede ser mucho mejor que lo que era antes.
Tsumugi sonrío tiernamente.
—Si… Deberíamos volver a tocar, como en los viejos tiempos —secundo Yui.
Y a partir de ese momento, era oficial. Hokago Tea Time regresaba a la vida musical. Y el plan de Mugi, era sólo el comienzo del fin de Asano. Con ellas en el medio, Asano se vería imposibilitado a hacer alguna maniobra, pues él no poseía la suficiente liquidez para solventarse en el mundo del entretenimiento y peor si se enfrenta a Tsumugi Kotobuki. Él estaba perdido.
HTT regresaba a los escenarios renovados, y con un estilo musical un poquito diferente, sin perder el que tenían cuando se iniciaron, allá en su época de preparatoria. Ritsu empezaría a usar su nombre verdadero, dejando el Chou de lado momentáneamente. Y no lo hacía porque alguien se lo hubiese dicho, sino porque ese era su deseo. Quería demostrar que ella podía llegar a tener el éxito deseado sin la ayuda de su famoso padre. Tal vez por el apellido, pero ella se abriría el camino por sí sola, eso era más que seguro.
Mio que estaba sentada a su izquierda, automáticamente le puso su mano en el muslo de Ritsu, y ámbares y grises chocaron sus miradas. Esas que decía todo sin la necesidad de emplear palabras que salieran de sus labios. Akiyama la apoyaría en todo, porque la ama. La necesitaba a su lado. No le importaba trabajar para ella como su asistente, con tal de estar a su lado, lo demás era lo de menos.
Yui esbozo una sonrisa, aquella que la había guardado para siempre. Volvería a tocar junto a sus amigas, y junto a su novia. Quería volver a emitir ese sonido dulce y armonioso que salía de su amada guitarra. Aunque tenía otra, jamás dejó a su amada Gitah. Porque con esa guitarra empezó su mundo por la música, y a hacer amigos por todos los rincones del planeta. Y esta vez, se aseguraría de demostrar, que ella merece estar entre las mejores guitarristas de todos los tiempos, como un pequeño tributo a sus padres fallecidos.
Hokago Tea Time regresaba al mundo de la música, con más fuerza…
Notas de la Autora:
¡Aquí estoy!
Again!
Perdón por la mega demora en publicar este capítulo de la historia. He estado a full, y casi no me ha dado tiempo de pasarme por aquí. Pero aquí está el antepenúltimo capítulo de la Asistente. ¿Qué les pareció? ¿Interesante? Poco a poco estamos llegando al final. ¿Dará un giro inesperado en los últimos capítulos? No lo sé, depende de mi amada Musa.
Espero que les guste, como a mi me gustó escribirlo.
Me despido, espero que disfruten de la lectura y por favor, dejen un Review, me harán una escritora feliz.
See you in the next chapter!
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