Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.
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Extra: Festividades
Londres - Inglaterra
—Papá, papá —gritaban unos niños mientras correteaban por la casa, haciendo una carrera de velocidad para ver quien llegaba primero hasta su padre.
—Niños, ya les he dicho que no correteen por la casa, por favor.
Genkei llegaba a casa después de un día de trabajo muy agotador. Estaba feliz, porque por fin podría pasar esos días de manera tranquila y con su familia. Adoraba ver a sus dos hijos unidos, y alegres. Para ellos, la navidad era sinónimo de unión. La señora Tainaka sonreía afablemente mientras veía como sus pequeños correteaban, queriendo alcanzarse el uno tras del otro.
Ritsu despertó de sus recuerdos con lágrimas en los ojos.
Ese Diciembre cumplía su tercera navidad lejos de casa. Y Lejos de Mio. Se preguntaba cómo le estará yendo a la bajista, si habrá cambiado o seguiría siendo la misma. Cuando podía, entraba al Facebook para revisar su cuenta y de paso, ver que había de nuevo en sus amigas. Jamás se olvidó de ellas, al contrario, siempre las tenía presente, y cuando podía, escribía una carta para cada una. Claro, siempre que se tratara de algún cumpleaños o de fiestas, como Navidad, por ejemplo.
Ritsu miró por unos instantes su habitación. Se sentía extraña al verla tan ordena y limpia. Sonrió con amargura cuando se acordó el porqué estaba así su dormitorio, y también su departamento. Ella empezó a acostumbrarse a ser más organizada y limpia desde que llegó a Londres, ya no tenía a la sirvienta que le hacía los quehaceres domésticos. Con el pasar del tiempo, ella se volvió tan disciplinada y organizada, que termino por hacerlo todo ella sola.
Se metió a la ducha, y dejó que el agua cayera sobre su cuerpo. Cerró sus ojos ámbar, y trato de no pensar en su vida actual. Quiso imaginarse una vida con su familia, tocando su preciada batería, y estando junto al amor de su vida, Mio Akiyama. Suspiro debajo del agua, y sonrió con toda la melancolía del mundo. Estaba más que segura, que aquello no iba a suceder. Y ella no estaba dispuesta a regresar a su país natal, todavía no.
Cuando terminó de tomarse el baño, miro el reloj que colgaba sobre la pared de su habitación y vio que era apenas las 6:30 p.m., sin embargo tenía que apresurarse, o sino su gran amigo inglés la mataría. Él era el clásico inglés que llegaba puntual a todas partes, y si era noche buena, con más razón estaría sentado en el lujoso restaurant reservado para ambos. Se vistió como siempre: pantalón de tela negra, botines negros de tacón, camisa celeste, corbata azul marino y saco negro. Dejó caer su flequillo rebelde, y quedó elegantemente bien vestida.
Cogió lo más esencial: billetera, móvil y las llaves del departamento. Quiso, por un momento, sacar su auto más preciado, pero a último momento decidió que mejor tomaría un taxi. No tenía tantos ánimos para manejar, y si su amigo inglés llevaba auto, él la iría a dejar, que era lo más seguro. Lo conocía tan bien.
Al llegar, miro su reloj muñequera y se dio cuenta que eran apenas las 7:30 p.m. Así que supuso que había llegado extremadamente temprano, porque la cita para la cena navideña era a las 8:00 p.m. Se equivocó. Su amigo la estaba esperando, y rogaba internamente que no haya sido una espera demasiado larga, sino, sus días estaban contados.
Al llegar, Eriol le abrió la silla de la mesa, para que se sentara. Ambos quedaron frente a frente, y Ritsu lo miró con el ceño fruncido. A ella no le gustaba demostrarse como una "damisela en apuros", ese papel se lo dejaba a Mio. A la pelinegra le quedaría muy bien. Hiragizawa la miraba con diversión, sabía cómo le fastidiaba que le hiciera eso, y antes de que ella pudiese reclamar algo, él se le adelantó.
—El hecho de que seas lesbiana, Ritsu, no te quita el hecho de que seas mujer. Y como yo soy todo un caballero inglés, y está en mis modales de educación, protocolo y etiqueta, debo actuar como tal.
—Sí, si, como digas Hiragizawa. A veces me pregunto cómo puedo soportarte tanto.
—Tal vez, porque soy tú único "mejor amigo" en toda Inglaterra. Digo.
—A veces eres insoportable…
Ritsu esbozo una tierna sonrisa.
Eriol era un hombre muy apuesto por el cual llovía mujeres de todas partes del mundo. Alto, de ojos azules, cabello negro-azulado y rebelde, es el prototipo de macho machuchin que desea toda una mujer. Es reconocido por ser un empresario despiadado al momento de negociar, y nadie ha podido superarlo excepto por una rubia de ojos azules profundos.
Tsumugi Kotobuki.
Si esos dos se unieran, harían del mundo de los negocios un infierno.
Claro están que no se queda para nada atrás, Shaoran Li, primo de Eriol, y Tomoyo Daidouji, amor platónico de Hiragizawa.
Hiragizawa conoció a Ritsu un día de lluvia. Ambos tenían que reunirse para hablar acerca de las acciones que ofrecía la heredera Tainaka de la disquera. Para ese entonces, ya las acciones empezaban a bajar, y Ritsu necesitaba a toda costa, salvar aunque sea el 50% de la empresa. Por esa vez, su padre no intervino, y agradeció a Kami-sama por eso. En esa reunión hablaron de todo, menos de negocios. Eriol vio a una chica desmoralizada, y con ojeras. Había mucha tristeza en su rostro, y suponía, por sus ojos ámbares, que ella en algún momento fue feliz, pero que le cortaron esa felicidad.
Cortarle la felicidad a alguien, es como cortarle las alas a esa persona y no pueda volar.
Desde entonces, ambos se hicieron amigos, y Eriol procuraba darse tiempo para salir a pasear con Ritsu y conocerla un poco más. Le recordaba cuando fue estudiante en el instituto Seijo, y formó una banda con Shaoran, Yamazaki, Tomoyo y él. Sonrió ante el recuerdo. Una ocasión, en una salida, le comentó a Ritsu que él tocaba guitarra y piano cuando formó la banda. Una vez graduados, él tuvo que regresar a Inglaterra a seguir sus cursos universitarios, y asumir una parte de los negocios de la familia.
Aunque siguió tocando, lo hacía más por diversión y quitarse un poco el estrés. Dentro de sus grupos musicales favoritos estaba sin duda alguna The Beatles, y Pink Floyd. Ritsu le contó parte de su vida, y de cómo había sido pertenecer a HTT, junto a sus mejores amigas. Ella tocaba batería y su ídolo era sin duda alguna Keith Moon, baterista de la famosa banda inglesa The Who.
Un día, ellos salieron como de costumbre a dar una vuelta por los alrededores de Londres. Eriol, como siempre tan caballero él, la invito a almorzar y toparon el punto del amor. Ritsu le confeso a su amigo que era lesbiana, y que su "amor platónico" era nada más y nada menos que Mio Akiyama, su mejor amiga de la infancia.
—¿Alguna vez le dijiste lo que sentías? —preguntó Eriol, absorto en sus propios pensamientos.
—No, a decir verdad —Ritsu agachó la mirada hacia su vaso de cola —. Me acobardé a último momento. No quería perder su valiosa amistad, y ahora…
—Te entiendo.
—¿Cómo que me entiendes? ¿Tú no tienes mujer?
—También me acobardé de decirle que la veía como algo más que una simple amiga.
—Somos unos completos tontos y cobardes.
—Ya lo creo.
Eriol le tuvo mucha simpatía a Ritsu, y con el pasar del tiempo, su amistad se fue haciendo cada vez más grande. Y ahora, estaban compartiendo una hermosa cena de navidad los dos, de manera intima.
Aprendieron hablar en silencio.
Hong Kong – China
Azusa paseaba por aquellas calles, tratando de recordar que fue lo último que la hizo feliz. Tocar junto a sus senpais, en especial al lado de Yui Hirasawa. Pero no podía retroceder en el tiempo, pues aquello era muy imposible. Y ahora, ella estaba de vacaciones por navidad y fin de año en China. Tal vez, con ese viaje ella pudiese encontrar algunas ideas para su libro. Nakano había decidido escribir una historia, pero que no sólo tuviese su lado dramático y romántico. También quería paisajes donde pudiese reflexionar el lector.
Quería algo diferente.
Había sido una muy buena alumna de Mio.
Mio ya estaba a punto de lanzar su primer libro. Una historia de amor inconclusa, en donde una de las amantes decide irse de su país de origen y no volver jamás. Y ese amor quedaría ahí, guardado en la oscuridad de la noche, y en las sombras de algún árbol mientras esta el sol iluminando el día.
—¡Cuidado, Jr.! —el grito de una mujer la despertó de sus pensamientos.
Azusa, de un rápido movimiento, alcanzo al bebé y lo agarró antes de que éste pudiese haber terminado en el agua de la plazoleta. Los ojos del niño llamaron la atención de la Neko, pues eran de unos ámbares muy intensos y le recordaba a su senpai, Ritsu. Tenía esa misma chispa cuando Ritsu tocaba la batería, y que luego la perdió cuando supo que tenía que asumir el cargo de la Presidencia de la disquera.
Ironías de la vida.
—Gracias, por salvar a mi pequeño —le dijo una mujer de cabellos castaños, y ojos verdes como la esmeralda.
—No hay de qué. ¿Ud. no es de aquí, verdad? —Azusa, al ver que cometió una ligera imprudencia, agacho la cabeza avergonzada.
—Tranquila. Siempre me dicen eso. Y no, no soy de aquí. Soy de Tomoeda, Japón. Oh, que descortesía la mía, no me he presentado. Mi nombre es Sakura Li.
—¿Li?
—Sí. Mi esposo es Shaoran Li. ¿Pasa algo?
—No, nada. Sólo que recordé que una amiga tenía una abuela de apellido Li.
—Oh. ¿Quieres venir a mi casa? No es ninguna molestia, si eso piensas. Es un agradecimiento por salvarle la vida a mi pequeñín. Y adición a eso, el apellido Li, aquí en China, es muy común.
Azusa emprendió un viaje de regreso a la casa de Sakura. Lo hicieron en la limosina de la familia, y como siempre, Wei, el fiel mayordomo de la familia Li, conducía el vehículo. Nakano tenía la mirada perdida a través de la ventana, y trataba de no recordar una época muy bonita que vivió junto a sus amigas. Se preguntaba como estaría Yui. De seguro estaría en Alemania, ya que a ella le gustaba viajar para allá por esas épocas.
Sakura miraba a Azusa con una sonrisa. Le recordaba cuando fue estudiante de la preparatoria Seijo y formo parte del grupo de porrista del instituto. Ahí fue donde conoció al que sería actualmente su esposo, Shaoran. Había vivido la mejor etapa de su vida, y cabe decir, que si le preguntase si tenía que retroceder y cambiar algo, ella, muy segura de sí misma, diría que no. Por dos razones simples: una, no se puede retroceder en el tiempo y cambiarlo y dos, porque lo que se vive, se aprende como lección de vida.
Sakura siempre había pensado que sus padres les habían dado la mejor educación del mundo junto a Touya. Fujitaka y Nadeshiko, habían sido dos personas ejemplares que supieron enseñarles a sus dos hijos el lado bueno de la vida, a pesar de los obstáculos.
Cuando el auto se detuvo, Azusa se asombró de ver semejante majestuosidad de casa. ¡Era una mansión con todas las de la Ley, por Kami-sama! Sólo había una persona que podría competir y esa era Tsumugi Kotobuki.
—Bienvenida a casa…
—Azusa. Azusa Nakano. Perdón, nunca le dije mi nombre.
—Tranquila, Azusa. ¿Tienes donde pasar la noche buena y navidad?
—Iba a pasarlo en el hotel….
—No es ninguna molestia para nosotros que pases esta noche aquí en casa. Mandaré a preparar una habitación para ti y pediré que retiren tus cosas personales del hotel.
—Gracias, Sakura.
Azusa se fue al jardín. Al menos, no pasaría noche buena y navidad sola.
Tomoeda - Japón
El parque del Rey Pingüino se encuentra en el centro de Tomoeda, y es muy popular entre los niños, adolescentes y jóvenes del lugar. Es el sitio perfecto para salir en familia a pasear, hacer picnic, o que simplemente los niños jueguen en sus famosos juegos. En una de las bancas se encontraba Mio observando a los demás disfrutar del día. En un momento dado, se percató de dos chicas estaban cogidas de la mano, y una de ellas empujaba un cochecito de bebé.
"¿Así nos veríamos Ritsu y yo, con nuestro bebé?"
Pensó la ex bajista de HTT, y enseguida quito la idea de su cabeza. Ritsu estaba lejos de su país natal, y apenas le había enviado una tarjeta electrónica a su correo deseándole una felices fiestas navideñas. Sonrió con melancolía, puesto que era algo que añoraba con todo su ser. Sabía que no se podía, puesto que Ritsu había decidido apartarla de su vida de manera tajante, y sin dar explicación alguna. Obviamente, la castaña baterista quería dejar enterrado su pasado como música.
No sabía si lo entendía, o no.
Todo era tan confuso.
Para alejarse del ajetreo que había en la gran ciudad de Tokyo, decidió viajar hacía Tomoeda, un pequeño pueblo donde no había tanta actividad estresante por las fiestas navideñas. Al contrario, todo era más tranquilo, pacífico por decirlo así. Sus ojos grises viajaban de un lado a otro observando a las personas: unas reían, otras comían y charlaban, y otras observaban a sus retoños jugar con inmensa alegría.
Sonrió con tristeza.
—La vida puede ser todo un enigma, ¿verdad? —Mio volteo para ver de dónde provenía tan melodiosa voz.
—Sí. Eso creo.
—La vida no sería vida, si no tiene algo preparado para uno. Quién sabe lo que pueda suceder después, sólo el tiempo lo podrá decir.
Mio observo a su interlocutora. Era hermosa. Ojos amatistas, cabello negro largo y sedoso, piel blanca y parecía una muñeca de porcelana recién salida de la tienda. Pensó que no le podía hacer una digna competencia.
—¿Estás bien? —la había despertado de sus pensamientos.
—Sí, eso creo. Oh, discúlpame. No me he presentado. Mi nombre es Mio Akiyama.
—Lo sé —sonrió afablemente —. Mis sobrinos no paran de hablar de las chicas de HTT, y en especial de la hermosa bajista que tiene la banda.
—No sabía que éramos famosas.
—Bueno, ahora lo sabes. Mi nombre es Tomoyo Daidouji.
—Si no me equivoco, una de las herederas de la juguetería Daidouji.
—La única, querrás decir.
Los hijos de Touya y Nakuru, los gemelos Kinomoto, eran fanáticos a morir de Houkago Tea Time y se pusieron muy tristes cuando supieron que ellas habían decidido desintegrarse para hacer sus vidas respectivas. Excepto por Mio, que siguió tocando junto a Azusa en la academia donde daba clases. Incluso se habían incorporado Chinatsu e Izumi a la academia para dar apoyo con las enseñanzas musicales.
Tomoyo recordaba con cierta nostalgia cuando perteneció al instituto Seijo, y formó banda con Eriol, Shaoran y Yamazaki. Ella fue la vocalista principal, y en ciertas ocasiones, brindaba su melodiosa voz en el coro del instituto. Su prima, Sakura, en cambio perteneció al grupo de porristas. Buenos recuerdos conservaba en su memoria, la señorita Daidouji. Claro, que también hay registros físico de aquella época como por ejemplo fotos y videos.
Tomoyo sabía de la existencia de Mio por sus adorables sobrinos. Esos pequeños gemelos no paraban de tararear canciones emblema como: No, Thank you, Listen!, Singing, Don't say "Lazy". Ella sonreía con ternura al ver a esos pequeñuelos corretear por la casa mientras tarareaban la canción, o cuando le pedían de favor que les consiguieran un autógrafo de ellas. Y como era una mujer poderosa dentro de los negocios, no le era tan difícil complacer a sus pequeños sobrinos.
Claro está, si se tiene como amiga a la gran Tsumugi Kotobuki.
Tomoyo de vez en cuando hablaba con ella para ese plan que estaba creando dentro del mundo del entretenimiento, y si se daba, que lo más probable es que se dé, ella, Tomoyo Daidouji, crearía las muñecas de HTT con sus accesorios y sería un gran éxito de ventas. ¿Quién no habla de ese famoso grupo de 5 chicas que tocan melodías tipo pop y pop-rock?
Tenía mercado.
Berlín – Alemania
Yui caminaba por aquellas calles que se conocía de memoria. Le traía recuerdos cuando era pequeña, y junto a sus padres y hermana viajaban para allá a pasar las festividades. Sonreía con mucha nostalgia, y en ciertos momentos, pensaba en cómo estarían pasando sus amistades. Ui, había tomado la decisión de quedarse en Japón para pasar esas fechas junto a Jun. Estaba más que segura que estaban recién empezando una relación, o al menos, estaban haciendo el intento.
Cada centímetro de calle recorrida, era un recuerdo que despertaba desde lo más profundo de su memoria. Quería llorar, más no le salía ni una sola lágrima, no porque no pudiese, sino porque aprendió a vivir con aquel dolor, y aquel amarga memoria. Había llorado lo suficiente como para seguir haciéndolo, y es más, hasta pensó que en algún momento aparecería su madre para retarle y decirle: "Yui, ya deja de llorar que todo está bien. Aquí estamos, bebé."
Sin darse cuenta, había terminado en un centro comercial, mirando las vitrinas de los locales. Observo una tienda de música, y vio que había oferta. "Por algo amo estas fechas. La mayoría de las cosas están en descuento", pensó. No se equivoco. Encontró una guitarra Brendon Small Snow Falcon Flying V, toda de blanco preciosa. Se imaginó tocando con ella algunas canciones, y su sonido debe ser espectacular.
Al entrar al local, vio más variedades de instrumentos musicales con sus accesorios, pero quería esa guitarra. No lo pensó dos veces cuando la tuvo en sus manos, y le dio unas suaves entonaciones. Supo inmediatamente que era ese instrumento que le haría compañía junto con su guitarra Gibson Les Paul Cherry Sunburst Standard, que la ha acompañado desde la adolescencia.
Yui quería emprender una carrera de músico, y buscaría la manera de emparejar el tiempo de la editorial con el de la música. Ya tenía algunas canciones escritas, sólo faltaba ponerle notas y ritmo, buscar un productor, un estudio y un amigo que le ayudara con la parte creativa. No dudaría en encontrarlo. Estaba más que segura de ello. Saco su tarjeta de crédito, pagó el valor de la guitarra, más ciertos accesorios, y se dirigió al local de tatuajes de su mejor amigo alemán.
Empezaría el nuevo año de manera diferente. Por ahora, su mente tenía dos cosas: el tatuaje, y la cena de navidad.
31 de Diciembre
Londres – Inglaterra
Ritsu estaba sentada en el sofá de su departamento, con el control del televisor en sus manos. Cambiaba de canal, sin que la programación de alguno de ellos le llamara la atención. Por un momento, recordó la cena navideña junto a su amigo Eriol. Fue divertida, y muy amena. Hiragizawa no para de hacerles bromas, o enseñarle un poco más de la cultura inglesa. Tainaka, en muy contra de su valiosa voluntad, tuvo que aprender inglés, y algo de lo que era Inglaterra.
Su padre había decidido por ella y no podía contradecirle. Cuando Genkei tomaba una decisión, se la cumplía se quiera o no. Y Ritsu, para evitarse más problemas con su padre y darle un mal momento a su madre, acepto a regañadientes. Le molestaba, y le dolía, pero no podía hacer nada, por estar atada de manos y pies. Las decisiones que ella pudiese tomar, no serían jamás escuchadas, peor debatidas.
Era una imposición y había que cumplirla.
Su primer año nuevo la paso realmente sola. No había conocido a Eriol, y casi no tenía muchas amistades creadas en aquel país. Ritsu se sentía una extraña en un país extraño. A quién engañaba, si era una extranjera cumpliendo cual soldado las ordenes de su padre. Al siguiente año, ya había conocido a Eriol, pero no le había dado tanta apertura como para pasar unas fechas de esas magnitudes con él. Y ahora, en su tercer año, se debatía si Eriol la llamaría para pasar año nuevo.
Y ahora, empezamos con el recuento de lo mejor del año 2014. Lo que ha pasado en el mundo de la farándula, lo más destacable en el ámbito político, deportivo, y empresarial. Y si empezamos por lo último…
El timbre de su departamento retumbo por todos los rincones.
—¿Quién demonios será? Si es mi familia, juro que no sabré que hacer. No tengo ganas de verlos —murmuro mientras se levantaba del cómodo sofá para abrir la puerta.
—¡Sorpresa!
Ritsu estaba más que sorprendida. Ahí, parado frente a la puerta de su departamento se encontraba nadie más y nadie menos que Eriol Hiragizawa. Esta vez, el empresario inglés se lo veía totalmente diferente vestido con unos vaqueros, una camisa con las mangas arremangadas hasta los codos, su pelo negro-azulado todo rebelde, y sus ojos azules que brillaban por la emoción del momento. Parecía un adolescente y no un empresario serio. La castaña se río con diversión.
¡Cómo lo adoraba!
Le hizo pasar enseguida, y vio que tenía un par de fundas de alguna tienda. De seguro hizo compras para preparar algo de comida. No iba a mentir, sin embargo, Eriol estaba empeñado en hacerle disfrutar de esas fiestas, a pesar del dolor que tenía por estar lejos del hogar. No culpaba a nadie, excepto a sí misma por haber sido débil. Si se hubiese negado, ¿cuál pudo haber sido su destino? Quién sabe.
Ritsu observaba como Hiragizawa se dedicaba completamente al arte culinario.
—Bueno, al menos cenaré comida decente, y no un McDonald´s —murmuro para sí misma, evitando que Eriol la escuchase.
Hong Kong – China
—¿Qué te motivo a venir a China a pasar las fiestas, Azusa? —pregunto el pequeño Li con cierta curiosidad.
—Me gusta viajar. Y quería ver algo nuevo —respondió con cierta melancolía la pequeña Koneko.
Jr. Li era muy observador para su corta edad. Herencia de su padre. Jr. Miraba con curiosidad a la gatita, mientras ambos paseaban por el jardín de la mansión Li. Azusa estaba maravillada por las flores que habían ahí: rosas blancas, rojas y rosadas; tulipanes, lirios, aloe, clavel, eucalipto, árbol Sakura, entre otros. Bueno, no se podía esperar otra cosa, si estaba dentro del hogar de un multimillonario.
Azusa se acopló muy bien con la familia Li desde que llegó a China. Ha pasado los mejores días, y porque no decirlo, las mejores fiestas. Sentía como si hubiese estado en casa, compartiendo un momento muy ameno con su familia. Los recuerdos de aquellas épocas se hacían presentes en su memoria, sin embargo, la borraba rápidamente con un movimiento de cabeza. Ellos ya no estaban, y estaba más que segura, que desde el lugar que estén, ellos estarían mucho mejor.
Nakano entablo de manera rápida una preciosa amistad tanto con Sakura como con Shaoran. Se sentía como en familia, y ellos se adaptaron a la forma de ser de Azusa, y viceversa. Azusa ayudaba de vez en cuando a Sakura con el cuidado del bebé. Jr. Tenía los ojos verde esmeralda de su mamá y el cabello castaño-chocolate de su papá, además de que era rebelde. Era todo una sensación el pequeño.
Sólo te pido, Kami-sama, que cuides siempre de nosotros. Y nos ilumines para ser mejor persona cada día. Que estas fiestas nos traigan paz en nuestro ser, y nos dé una mente abierta para reflexionar y recapacitar sobre nuestras acciones hacía con las demás personas. Te pido, Kami-sami, iluminación.
La pequeña Koneko, contemplaba absorta el árbol Sakura. No se había dado cuenta, que atrás estaba Sakura con Shaoran, observándola en silencio como tenía a su pequeño hijo en sus brazos. Los Li tienen mucha influencia, y era hora en poner en marcha ciertas negociaciones, en donde unos pierden y otros ganan.
Y ellos jamás pierden.
Tomoeda, Japón
A papá
Ha pasado tanto tiempo desde tu fallecimiento, que me parece que fue ayer. Todavía tengo el vivo recuerdo desde la noticia que recibí, hasta tu entierro. No ha habido un día que no dejara de pensar en ti, papá. Sé que no leerás esta carta, así como las anteriores, sin embargo, me siento mucho más tranquila cuando las escribo. Siento, muy dentro de mi corazón, que estoy hablando contigo, y que puedo escuchar tus sabios consejos.
Papá, estés donde estés, siempre estaré agradecida por tus enseñanzas, y consejos.
Te quiere,
Tu hija: Mio A.
No era la primera, ni sería la última carta que deja Mio en la tumba de su padre cada 31 de diciembre. Para ella, era una forma de mantenerse en contacto con él, aún después de su partida del mundo terrenal. Mio reflexionaba sobre cómo cambio ella y su madre, al saber que las dos quedaban sola, sin la cabeza de familia. A pesar de todo, jamás los Akiyama fueron una familia tradicional en ese sentido, y la ex bajista de HTT, siempre veía a su padre y madre como los cabezas de hogar.
Había emprendido un viaje hacia Tomoeda, para pasar año nuevo. Lo había hecho por insistencia de su mamá, pues le argumentó que necesitaba días de estar lejos de la gran ciudad. Había pasado navidad también fuera de casa, y sin embargo, no sintió el más mínimo remordimiento. Había rejuvenecido bastante, a pesar de que aún es joven. El veintisiete de diciembre viajo de nuevo a Tokio con la finalidad de dejar la carta en la tumba de su padre, y lo hizo el treinta de ese mes.
En la noche emprendió de nuevo un viaje.
Quería volver a hablar con Tomoyo Daidouji.
Y ese 31 de diciembre, el deseo de todos, aunque estuviesen en diferentes lugares, era que el siguiente año, sea mejor, y que aquellos que les costaba perdonar, pudiesen hacerlo, para conservar su propia paz interior.
Mes y quince días después…
14 de febrero
Berlín, Alemania – Tokio, Japón
El 14 de febrero se celebra el día del amor y de la amistad.
Yui Hirasawa, recorría las calles de la capital germana mirando su belleza arquitectónica, y con la mente en varios recuerdos. Muchos de ellos con Azusa Nakano, en la banda HTT. La extrañaba mucho, sin embargo, había decidido intentar olvidarla por su propio bien. Nada de lo que miraba alrededor le ayudaba hacerlo. La llegada del año nuevo le había puesto a pensar que tal vez, las cosas podrían estar cambiando, tomando el curso correspondiente y correcto. El que tenía que haberse tomado desde el inicio.
Yui quería algo más, y no sabía que era. La frustraba bastante no saber, cuando estaba enseñada a saber la mayoría de las cosas. Eso no importaba ya, porque otra vez, sin darse cuenta, había pasado las fechas más importantes de su vida, sin sus padres, y en esta ocasión, sin su hermana menor. Pues sabía que Ui estaba haciendo su vida con la persona que ama, y que al contrario a ella, no se acobardo en decir "sí" a una relación con Jun.
Sin percatarse, entro en una florería. Había de todo un poco, y miro un ramo de flores muy bonito, y el decorado le recordaba un poco al árbol Sakura y a sus alrededores cuando aún era estudiante de la preparatoria Sakura. Saco su móvil y rápidamente tecleo un mensaje a Ui: "¿Azusa aún sigue en Tokio?" Su hermana menor debía saber, pues siempre fue unida a la pequeña Koneko.
Esperaba que saliera bien lo que tenía planeado hacer. Sentía que la perdería sino hacía lago que le dijera a Azusa que ella jamás la olvido, y que por el contrario, siempre está en sus pensamientos mañana, tarde y noche. Que es la mujer que provoca que apenas duerma y pase en vela con un insomnio tremendo. Yui Hirasawa iba al todo por el todo.
Iba a recuperar a su pequeña Kouhai.
En China, Azusa jugaba con el pequeño Li en el jardín. Sakura le había pedido de favor que lo cuidara mientras ella realizaba ciertas gestiones fuera de casa. En realidad, la señora Li, se transformó en cómplice de Yui, cuando esta la llamó. Todo era secreto, y Sakura, con el pasar del tiempo, sabía que los secretos debían permanecer guardados, hasta que el autor decida si publicarlo o no. En este caso, un plan de Yui.
Sakura esperaba paciente por la llegada del vuelo proveniente de Fráncfort, Alemania. En esos momentos, recordaba los maravillosos momentos vividos junto a su esposo, e hijo. Conquistar el carácter de Shaoran había sido un poco difícil, pero no imposible. Pues la niña de ojos esmeraldas, sabía que cuando se ama con el corazón, se podría romper muchas barreras, e incluso, se podría llegar a derretir el hielo convertido alrededor del corazón.
Se comunica que el vuelo del avión Cathay Pacific proveniente de Fráncfort del Meno, Alemania acaba de aterrizar. El avión se encuentra por el terminal 2. Se comunica que el vuelo del avión Cathay Pacific proveniente de Fráncfort del Meno, Alemania acaba de aterrizar. El avión se encuentra por el terminal 2.
La señora Li supo en ese momento que ese era el llamado para ir a recibir a Yui Hirasawa. Ella confiaba plenamente que las cosas se solucionarían, o al menos, Azusa podría recobrar la sonrisa, que en algún momento de su vida, la había guardado para un momento especial. A lo lejos logró divisar a Yui que caminaba a paso mesurado arrastrando su maleta de mano. Era bonita, y se nota que tenía un aire de madurez con cierto toque de inocencia y dulzura.
—Bienvenida a Hong Kong, querida Yui.
—Gracias, Sakura.
A pesar de que sólo se habían comunicado por teléfono, ambas hablaban como si se conocieran de años. Hirasawa siempre estaría agradecida con la señora Li por haber tratado con mucho cariño a su pequeña Koneko. Sobre todo, el haberle hecho compañía, sin siquiera saber nada sobre Azusa. Y hora, Yui llegaba para darle más que una sorpresa, un regalo de corazón, que esperaba que saliera bien.
Porque la necesitaba. Necesitaba verla.
Londres, Inglaterra – Tomoeda, Japón
—¿Estás segura de querer hacer esto, Ritsu? —Eriol le preguntaba por décima vez. No muy seguro de lo que quisiera hacer su mejor amiga.
—¡Ash, Eriol! Mira, te lo diré de esta forma: si tú quieres dejar ir a la mujer de tu vida, hazlo. Yo, no. Sólo que esto es demasiado, y quiero empezar por algo pequeño. Como por ejemplo: deseándole un feliz día de la amistad. ¿En serio es difícil entender esto?
—No…
Hiragizawa no estaba muy convencido del todo, sin embargo, sabía que Ritsu tenía razón en cierta parte. ¿Por qué no arriesgarse? ¿Tendría que perder? Por años, él vivió sumido en la tristeza y con la incertidumbre de saber si Tomoyo ya hubiese hecho su vida. Sabía que trabajaba para juguetería Daidouji, que era Vicepresidenta Ejecutiva, Gerente General y accionista mayoritaria de la misma. Lo que no sabía era si ella estaba ya casada.
—Deja de vivir de las suposiciones, Eriol. Anda, hazlo. Arriésgate.
—Mira quien me da esas clases de consejos: la señorita tímida.
Ritsu lo fulminó con la mirada. Sus ojos ámbares brillaban más de la cuenta, pareciendo lava ardiente. Tainaka no era romántica, pero quería conquistar a Mio. ¿Por qué no enviarle un ramo de flores deseándole un hermoso día por la amistad? Además, ellas aún seguían siendo amigas, y esperaba de todo corazón que Akiyama jamás la haya olvidado a pesar del distanciamiento que se ha ido dando con el pasar de los años.
Y estaba consciente que para ninguna había sido fácil.
—Eriol, debes ir allá y conquistarla. ¿Dejarás ir otra vez la oportunidad de oro que se te presenta?
—¿Cuándo lo harás tú?
—Cuando esté lista para enfrentarme al corazón.
Eriol suspiro. Sabía que era un poco complicado hacer que su amiga castaña cambiara de parecer, sin embargo confiaba plenamente que ella tomaría la mejor decisión para llegar a ser feliz. No lo pensó más, la abrazó, le susurro un "gracias", y salió con dirección al aeropuerto. Ya lo habían llamado a informarle que su Jet estaba listo, esperándolo para partir.
Ritsu se quedó viendo la puerta, y por un momento estuvo a punto de gritarle que se detuviera, que ella también iría, pero lo pensó mejor, y sólo lo vio marcharse en silencio. Sabía que era lo mejor. Miro la hora en su reloj, y estaba suponiendo que el ramo de Rosas y flores estaría llegando al departamento de Mio. En la última conversación, la pelinegra le había dado la dirección donde se encontraba en esos momentos.
Sonrió con cierta melancolía.
Sólo rezaba porque a Eriol le fuera bien.
Que Kami-sama los proteja y los guíe.
En Tomoeda, Mio recibía a un enviado de una florería. No podía creer que delante de ella, estuviera un juego de rosas y flores preciosas. Sonrío aún más la ver quien era la persona que le enviaba: Ritsu Tainaka. Su Ritsu. La extrañaba, y mucho.
Mio:
A pesar de la distancia, jamás me olvido de ti y cuando puedo, recuerdo con cariño nuestros momentos en la banda y el Instituto. Sabes que por razones laborales no puedo estar allá, sin embargo, hoy es una fecha especial, y nuestra amistad vale Oro. Tú eres muy valiosa para mí, Mio, así que espero que te agrade este ramo de flores con rosas. Hice una combinación pensando en todos estos años de valiosa amistad.
Con cariño,
Ritsu T.
La señora Akiyama que veía desde lejos aquello, supo que en algún momento, su "otra hija", como le llamaba cariñosamente a Ritsu, volvería para estar, esta vez, definitivamente con Mio. Al principio le costó asimilar aquello, después, con el paso del tiempo, se acostumbró a la idea que si Mio era feliz con otra mujer, ella también lo sería. Porque una madre sólo quiere lo mejor y la felicidad de su hijo/a.
—Más tarde que temprano, pero Ritsu volverá. Eso es más que seguro —murmuro con cierta sonrisa la señora Akiyama.
Tomoyo se encontraba en su biblioteca personal leyendo un libro. Eriol, parece que olvido que fecha era. Y le extrañaba eso, pues él jamás olvida fechas importantes como esa. ¿Será que…? Unos golpes en la puerta la despertaron de sus pensamiento, y con un breve, pero dulce "pase", invito a la otra persona a entrar a su espacio íntimo. Aunque no sabía muy bien el motivo.
Lo que vino después, fue una grata sorpresa.
Eriol estaba ahí, con un ramo de Lirios, deseándole el mejor día, o al menos, lo que quedaba de esa fecha. Daidouji sonrió con ternura.
—Tardaste en venir.
—Nunca es tarde cuando se quiere empezar de nuevo. Esta vez, quiero hacer bien las cosas, Tomoyo.
El viaje fue largo, pero para Hiragizawa fue el viaje más corto y placentero que haya podido tener en años. Ya era tarde cuando él llegó a la mansión Daidouji, pero quería arriesgarse, y temía que Sonomi lo echara a patadas por llegar a altas horas de la noche. Sin embargo, fue una sorpresa que lo recibiera con una sonrisa, y que al abrazarlo le dijera muy quedamente en el oído: "ella está esperando por ti desde hace mucho, no la hagas seguir esperando."
Tomoyo cogió el ramo de Lirios, miro a esos ojos azules profundos con infinita ternura, y supieron ambos, en ese momento, que estaban cogiendo el camino que dejaron inconcluso hace tiempo atrás. Que ese era el momento de empezar de nuevo todo.
—Tomoyo Daidouji, ¿me concedes el honor y de aceptar mis sinceros sentimientos hacía ti?
—Sí. Claro que sí, Eriol.
Y ese catorce de febrero nacería un nuevo sentimiento para aquellos que pensaron que había sido tarde expresar lo que llevaban guardados dentro de sus corazones.
No siempre, todos tienen un final definitivo…
Notas de la Autora:
Again!
Wow.
Es lo que puedo decir.
No sé como mi Musa pudo mezclar dos Animes diferentes en una sola historia, pero era un sueño que se me estaba haciendo realidad: K-On! con Sakura CardCaptor.
Espero que les agrade este capítulo Extra del fic, y ya se nos acerca la hora de despedirnos. En un mes, posiblemente se termina, pero no apresuro a decir nada, porque aún queda un par de capítulos y puede pasar de todo. Musa es impredecible.
¿Comentarios?
Espero que les agrade. Me despido, espero que disfruten de la lectura y por favor, dejen un Review, me harán una escritora feliz.
Good Bye.
Sayonara.
