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Capitulo XV
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Ataque de pánico.
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Lo había evitado todo el día. Si él estaba en la sala, ella corría a la cocina con la señora Chiba; si él iba tras ella, ella se concentraba de forma sobrehumana sobre la tarea encomendada. Estaba empezando a sentir pánico. Un sudor frío bajaba lentamente por su columna vertebral, indicándole el posible peligro que estaba enfrentando. La noche anterior… bien, seguramente aún no había sido tiempo, pero había pasado. En un momento de pasión de ambos, se entregaron, completamente, sin reservas, sin ningún tipo de protección. Ellos simplemente dejaron de pensar y culminaron un acto que tendría que haber traído cierta dicha, pero la rubia no se veía contenta.
Había creído que todo estaba bien. Cuando terminaron de hacer el amor —varias veces— ella se había recostado a su lado, había apoyado con delicadeza su cabeza sobre su pecho mientras con sus dedos dibujaba líneas imaginarias en su abdomen; él sonreía satisfecho, muy satisfecho, su cuerpo estaba completamente relajado y realmente no recordaba en qué momento se quedó dormido. El infierno comenzó a la mañana siguiente cuando al despertar, la vio saliendo de la ducha completamente vestida y apenas si le dirigió palabra antes de huir de la habitación.
Habían estado todo el día de esa forma: él detrás de ella y ella correteando por toda la hacienda buscando ex profeso un lugar donde ocultarse; inclusive había buscado a Jack para jugar. Había dejado que su hermano mayor se la llevara lejos para esquiar, lo que fue una completa blasfemia teniendo en cuenta que ella no sabía esquiar y que más bien era un peligro caminando sobre la nieve; sin embargo la había dejado. Si necesitaba espacio, se lo daría.
Pero cuando dieron las cinco de la tarde y ella continuaba evitando su mirada, su cuerpo, su calor y sobre todo su amor, bien, entonces la alarma se había encendido, y esta a todo volumen anunciaba el peligro inminente de su relación con ella. La miraba de reojo, seguía con la vista su bello perfil, desde sus cejas hasta el contorno de sus labios, tragando saliva al recordar que esos labios rosa pálido besaron cada parte de su cuerpo. Ella realmente se había entregado, pero…
Frunce el ceño molesto. Sabe que tenía que haberse controlado y haberla hecho entrar en razón. Todo el mundo tiene un momento de calentura, y a lo mejor él solo había estado en el momento adecuado; aunque eso tampoco lo consolaba, porque pensar que ella podría haberle hecho a otro lo que le hizo a él, hacía que su sangre hierva. Gruñe entre dientes al verla moverse con nerviosismo por la cocina porque es tan evidente su incomodidad. Agradece a su madre por no preguntar nada y hacerle conversa.
Al cabo de dos horas la cena esta lista. El gemelo mayor entra a la cocina en busca de alimentos -chucherías más bien-, y su madre al verlo lo regaña y le dice que la comida se servirá dentro de nada. El primogénito hace un puchero y consigue un pedazo de cake. Serena al ver la escena, se ríe. Elizabeth le pide a los chicos que suban a cambiarse, por lo que Darien se levanta como un resorte de su asiento y sigue a la rubia. Su madre suelta un suspiro, preocupada al verlos alejarse.
—¿Ocurre algo mami? ¿Estas enferma? —pregunta Jack, mientras muerde el trozo de pastel con crema.
—No, cariño. No es nada —sirve un vaso de leche a su hijo —. En cuanto termines esto, subes a cambiarte.
—¡Sí, señora! —bromea haciendo el saludo militar, consiguiendo que su madre ría y olvide un poco la preocupación que la embarga.
La rubia camina a pasos lentos por el corredor. Darien la sigue cauteloso, siente que apenas y respira; un nudo se está formando en su garganta y se obliga a sí mismo a controlarse. Cuando entran a la alcoba, ella va directamente hacia el baño; él no sabe qué hacer, respira hondo y se sienta en la cama. Los pensamientos que lo asaltan al recordar la deliciosa noche, tampoco ayudan en nada. Cuando la rubia sale envuelta en un albornoz con el cabello húmedo y las piernas expuestas, la mira fijamente. Ella se detiene de golpe, asustada por esa mirada.
—¿Qué ocurre? —pregunta con coraje el pelinegro.
—¿De qué hablas? ¿Por qué me miras así? —la rubia traga saliva y se encamina hasta el tocador, se sienta en un banco y comienza a secarse el cabello con otra toalla.
—Has estado evitándome todo el día. Necesito saber que ocurre —dice, a pesar de que sabe que ella es consciente de la situación.
—No ocurre nada. Han de ser ideas tuyas —dice con la voz nerviosa.
—Por favor, Serena. No soy idiota —ella continua evitándolo mientras se seca y viste. Él frunce ligeramente el ceño al verla apresurada, inclusive se está poniendo ropa que ella no usaría en una cena. No le toma ni cinco minutos terminar de vestirse y entonces comienza a ponerse las botas.
—Darien, estás exagerando las cosas. No ocurre nada —vuelve a decir, a pesar de que si el moreno fijara su mirada en sus manos, se daría cuenta del notorio temblor.
—Serena… si me dijeras que estas molesta, lo entendería, pero me está molestando que me estés mintiendo en la cara. ¡Solo quiero saber que pasa! —su voz había comenzado bien, pero la última parte se había elevado unos tonos más de los necesarios, provocando que la rubia pegue un pequeño brinquito y sus manos se aceleren aún más para terminar de vestirse.
—Ya te dije que no es nada —su voz se volvió débil. Incluso en las últimas palabras, su voz se quebró ligeramente; pero el moreno tan enfadado como estaba, ofendido más que nada, no se dio cuenta.
—Serena estoy empezando a cansarme de esto. ¡No eres ninguna niña. Mírame a los ojos y dime que mierda está pasando! —su voz se volvió grave y ruda. No es que gritara, pero tenía ese tipo de voz autoritaria, que en cuanto la escuchas hacia que tu espalda se pusiera recta y te asustaras. La rubia aún continuaba de espaldas, ahora mucho más que nerviosa; la respiración estaba comenzando a faltarle y sabía lo que eso significaba.
—Tengo que ir a ayudar a tu madre, me dijo que volviera… yo…
—¿Estás mintiendo de nuevo? Estaba contigo en la cocina Serena, y ella no dijo nada de eso —el moreno continuaba hablando en ese mismo tono. Ella cautelosa y sin mirarlo, camina en dirección a la puerta. El moreno está en la dirección opuesta.
—Tengo que ir —dice y acelera sus pasos, abre la puerta y se aleja. Estos, sin embargo, toman más fuerza a medida que avanza por el pasillo, y se incrementan al sentir la presencia del moreno detrás de ella.
—Serena vuelve a la habitación. Aun no terminamos de hablar —dice.
Ella ya no lo escucha porque en un momento dado sus oídos se taparon completamente. Había aprendido los caminos de la hacienda, ya que Jack le había enseñado muy bien; ya no se perdía en ellos e inclusive conocía algunos atajos, los cuales está usando para escapar del moreno. Su respiración sigue siendo vertiginosa y superficial. El moreno al verla demasiado lejos de él comienza a trotar con el fin de alcanzarla; pero lo que no pensaba, es que al hacer eso, el infierno se terminaría de desatar.
La rubia al escucharlo correr detrás de ella -o al menos en su cabeza, él estaba persiguiéndola- también comenzó a acelerar el paso, corriendo en dirección a la salida, lográndolo por una de las tantas puertas que daba al exterior. Su mente estaba en blanco, fuera de la realidad, así que cuando se volteó y lo vio de reojo, no vio al moreno que la cuidaba y amaba, lo vio a él, a ese desgraciado maldito que la había violado. Siente como si le hubieran dado un golpe certero en el centro de su estómago que la deja completamente sin aire; lágrimas calientes llenan sus ojos, privándola aún más de la verdadera realidad.
Comienza a correr al escuchar su voz. No se voltea, no puede, y solo corre. Muchas veces él la había llamado, había hecho que ella fuera hasta él; su cabeza embotada y caliente piensa que tal vez es una pesadilla, pero ese pensamiento se pierde en cuanto escucha las pisadas fuertes y reales detrás suyo. Un grito se escapa de su garganta, no sabe qué tan fuerte es, pero le duele; mira alrededor las casas, aquellas casas de su infancia, y corre en dirección a una de ellas. Tal vez si se esconde, pueda ocultarse de ese viejo; jadea, se tropieza y lo siente aún más cerca. Las lágrimas caen más, no quiere que vuelva a tocarla; la desesperación la inunda, vuelve a ponerse de pie y continúa corriendo. Solo debe llegar a esa casa y se sentirá a salvo.
Suelta un grito ahogado cuando vuelve a caer; le duelen las rodillas, ambas, se ha lastimado mucho las dos veces que se cayó, pero sabe que sí se detiene aunque sea un segundo, él la atrapará y hará con ella lo que él quiera.
Para Darien, el infierno se desató cuando ella comenzó a correr. Aceleró un poco más el paso al verla ir en dirección al exterior, y cuando gritó su nombre y ella se volteó, su corazón se paralizó por unos minutos; la expresión de su rostro heló por completo su sangre, era la imagen viva del terror; sus ojos se veían vacíos sin vida, sus labios abiertos por el pánico y su cuerpo completamente rígido y listo para atacar por si hacía falta. Pensaba que no demoraría mucho en atraparla, pero se había equivocado. Fuera lo que fuera lo que había activado ese mecanismo de defensa, su hermosa niña tenía la adrenalina a mil, corría sobre la nieve como una posesa, había caído una vez y creyó en ese momento su oportunidad para atraparla, pero ella se levantó en cuestión de segundos -a pesar de que seguramente la caída le había provocado un fuerte dolor- soltó un insulto y continuo corriendo detrás de ella. Justo cuando creía que la cosa no podía empeorar, vio cómo se acercaba peligrosamente a una ladera. Volvió a gritar su nombre con todas sus fuerzas, para hacerla reaccionar pero lo único que consiguió fue que ella volviera a caer por el miedo y llamar la atención de su familia. Su hermano mayor, al ver lo que ocurría y hacia donde se dirigía su cuñada, también comenzó la marcha en su dirección.
Y lo peor ocurrió: ella llegó al final y resbaló. El chillido agudo que penetró el lugar, asustó a los habitantes de la mansión. El perro que había salido con el resto de la familia, en cuanto vio a su dueña corriendo, se había alejado del grupo; nadie se había dado cuenta y solo se percataron de su presencia cuando al desaparecer la rubia de su vista, el labrador se lanzó tras ella. Ambos morenos no cesaron su marcha y en cuanto llegaron, se acercaron al barranco. Una súplica salió de los labios de Darien; la oscuridad no dejaba que viera nada, su garganta se había secado por completo y no estaba seguro si al hablar saliera algún sonido, eso sin contar con las lágrimas que se estaban formando en sus ojos.
Era un barranco lleno de árboles y con mucha vegetación alrededor, pero con las últimas ventiscas que habían caído, todo se había cubierto completamente de nieve. Estaba intentando avanzar pero algo lo detenía, más tarde, mucho más tarde, sabría que había sido su hermano quien lo había estado sosteniendo y evitando que se lanzara tras ella. Al cabo de unos minutos, una luz potente los iluminó a ambos, haciendo que los dos voltearan. El patriarca de la familia, se acercó con el rostro pálido y alumbró la zona donde la rubia había caído.
Los tres hombres soltaron un jadeo al ver el panorama. El perro chocolate estaba sosteniendo fuertemente con sus dientes la ropa de la rubia y con sus patas evitaba que continuaran descendiendo; ayudaba también que esa parte estuviera cubierta por unas cuantas plantas, lo que evitaba la completa caída de ambos. El hombre mayor comenzó a amarrar una cuerda con maestría en un árbol cercano y ambos morenos se pusieron enseguida en acción. El mayor sostenía dos linternas, una para alumbrar a su padre y otra para enfocar a la rubia.
Para cuando estuvo bien agarrada, el moreno sin permiso ni autorización de su padre, agarró el restante y comenzó a bajar. No estaba asustado, no tenía tiempo para asustarse por su vida; solo necesitaba que ella volviera a tierra firme. Desde pequeño habían hecho ese tipo de cosas, así que escalar esa pendiente no debía suponerle ningún problema; sin embargo, el saber que el amor de su vida estaba peligro, eso sí lo tenía muerto de miedo. Cuando llegó a ella, se colocó detrás del animal y la joven, a ella la tomó en brazos, pero en ese momento se dio cuenta de que no había forma de cargarlos a los dos. Frunce el ceño al darse cuenta del problema, cuando siente que otra persona más, baja.
—Muy bien pequeño amigo, lo has hecho muy bien. Ahora deja que tu padre la coja y tú ven conmigo —su hermano mayor le estaba hablando con cariño al animal. Este pareció entender porque se dejó coger por él, y ambos comenzaron entonces el ascenso. Jack fue el primero en volver a la zona segura, mientras Darien iba con cuidado para no resbalar. Agradeció cuando sintió que tanto su padre como hermano, estaban jalando la cuerda en la parte superior, ayudándolo con el peso y la subida. En cuanto estuvo al alcance de ellos, Jack agarró en brazos a la rubia dejando a su hermano la subida libre, sin embargo, en cuanto el moreno volvió a poner los pies en tierra firme, la arrebató de sus brazos.
—Hay que entrar cuanto antes. Está helada —el cabeza de familia habló con voz firme, instruyendo a su hijo.
A pesar del dolor y del frio que sentía, empezó a correr en dirección a la casa. Estaba demasiado fría, la había sentido congelada cuando la tomó en brazos; subió las escaleras y entró a la habitación. Se sorprendió mucho cuando vio a su madre terminando de preparar agua caliente en la bañera.
—Salgan todos, excepto Darien —la orden fue clara y ninguno de los otros hombres objetó nada. Lo que no se imaginaba Darien, es que cuando la rubia fuera desvestida y colocada en la bañera, él también seria echado.
—¿Por qué? ¡Es mi mujer! —grita preocupado.
—Darien, sal. No sé qué fue lo que pasó, pero evidentemente estaba huyendo de ti. Si te ve cuando despierte, solo provocarás que vuelva a ponerse en ese estado.
Otra vez la sensación de vacío embargó su cuerpo y traga saliva al darse cuenta de lo cierto de las palabras de su madre. Sin lugar a dudas no quiere volver a ponerla así.
—Cariño, sé que no hiciste nada malo. Sea lo que fuera lo que hizo que se pusiera así. Es mejor dejarla descansar.
El pelinegro asiente con la cabeza. Le da una última mirada mientras ve como poco a poco, ella recupera el color rosado de su piel, suelta un suspiro y con una mirada significativa deja al amor de su vida en las manos de la persona en quien más confiaba. Cuando llegó al comedor, no le sorprendió en absoluto ver a su familia comiendo como si nada pasara, sin embargo sabía que estaban preocupados. La prueba de ello era la botella de coñac a medio tomar y el hecho de que ambos comían a grandes bocados y bebían por la ansiedad de la situación.
—¿Dónde esta Brownie? —pregunta al cabo de unos minutos, una vez sentado y también sirviendo alimentos en su plato.
—¿No te diste cuenta? —pregunta su hermano masticando un trozo de carne —. Se quedó en la habitación con mi cuñada.
Ante eso el moreno frunce el ceño, buscando en su memoria algún atisbo de recuerdo que confirme las palabras de su hermano.
—Deja de buscar. Estabas demasiado preocupado por tu mujer, hijo. No recordarás al perro aunque quieras —dijo y entonces bebió un gran trago de alcohol.
—Él la salvo. Yo estaba demasiado lejos para siquiera cogerla. Creí que la había perdido en cuanto la vi desaparecer —su voz está ronca, seca y con un sabor amargo debido a la experiencia vivida.
—Vas a tener que comprarle algo caro —se burló su hermano —. Me sorprendió la velocidad de ese perro porque con lo gordo que esta no pensaba que podía correr de esa forma.
—No está gordo —dice, pero sin ver a nadie porque otra vez las lágrimas estaban volviendo a sus ojos —. Solo tiene demasiado pelo.
Esa frase, estaba seguro que se la había dicho ella, en una de sus tantas conversaciones. El miedo, la preocupación y el temor estaban viniendo ya a él, provocando que su cuerpo liberara la adrenalina que aún le quedaba. Sus manos tiemblan al intentar coger el vaso con el trago amargo, y tanto su padre como su hermano se dan cuenta de la situación y lo dejan pensar. Saben que Darien no necesita de palabras de consuelo, solo… solo necesita meditar un poco, organizarse y contemplar el panorama.
Pero algo había cambiado. Sí que necesitaba ser consolado, no por ellos pero sí por su hermosa mujer. Traga saliva y piensa que fue lo que hizo. ¿Acaso él la había asustado así? Es cierto que estaba un poco molesto, pero tampoco nunca había mostrado intención de lastimarla. Una idea cruzó por su mente, volviendo a revivir en sus recuerdos lo que había pasado, desde que comenzaron a hablar y todo se volvió extraño. Podía al menos estar seguro de algo, ella ya estaba asustada desde antes de salir de la habitación: su forma de vestirse, esa prisa y que ni una sola vez lo viera a los ojos. Ella estaba entrando en un estado de pánico desde antes de comenzar a correr por el pasillo, y él no supo darse cuenta.
Tan perdido estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta de que su madre volvió y se sentó junto a su marido. Despertó de su letargo cuando su madre gritó su nombre, buscó su mirada directamente y vio en ella una cierta preocupación.
—Cariño, ella quiere que subas —antes de que su madre terminara la frase, él ya se encontraba en camino hacia la habitación. Su corazón comenzó a golpear contra su pecho con mucha fuerza, pero se detuvo un segundo cuando llegó frente a la puerta. Él también detuvo su frenético caminar y tomó el pomo con cuidado, abrió y la vio envuelta entre las colchas. La chimenea de la habitación estaba encendida, haciendo que su cuerpo resintiera la falta de ese calor y, solo en ese momento, se dio cuenta de que él también estaba congelado.
—Darien —su voz salió en un susurro, débil y sollozante. Se acercó de inmediato cerrando la puerta, corrió junto a ella, sentándose en la cama, revisándola con la mirada y buscando alguna herida externa —. Darien…
—Cariño, debes descansar ¿Te duele algo? ¿Quieres ir al hospital? ¿Necesitas algo? —vomitó las preguntas una tras otra sin respirar. Serena al ver la auténtica preocupación del moreno comienza a llorar y gruesas lágrimas corren por sus sonrosadas mejillas.
—Oh Darien…. —sacó los brazos del edredón y los abrió. El moreno no necesitó más indicaciones y ambos se fundieron en un abrazo. Pegan su frente una contra la otra dejando que sus respiraciones se mezclen, se besan, buscando ambos los labios del otro. No hay más palabras, solo contacto; ella lo toca a él, él recorre cada parte de su cuerpo, se juntan, se miran, se sonríen -y no saben por qué-, vuelven a besarse y vuelven a reír.
—Dios, estaba tan asustado. Creí que moriría —su voz continuaba grave.
—Lo siento, lo siento —susurra mientras se deja mimar por su amante.
—No cariño, fue culpa mía. Debí darme cuenta de que algo andaba realmente mal. No volveré a presionarte —besa su frente con devoción —. No volveré a hacerte el amor, hasta que realmente estés lista.
—Darien… no… no fue por eso —dice. Su voz continúa baja pero entendible. El pelinegro frunce el ceño al no comprender la situación.
—¿Entonces por qué…? —se detiene —. No importa. Si no quieres decirme, no importa. Estaré esperando aquí, el tiempo que haga falta.
—Es que yo… —el moreno la detiene, poniendo con suavidad un dedo sobre sus labios y a continuación besándola.
—De verdad amor, no hace falta —le susurra con delicadeza.
—Pero quiero que entiendas —le explica. El pelinegro la mira a los ojos, ve la necesidad de ella y asiente con cuidado.
—Solo hasta donde te sientas cómoda, cariño. No quiero que te sientas presionada por nada.
—No Darien, necesito que entiendas, porque si realmente quieres quedarte conmigo, me temo que esta no será la única vez que me veas pasando un momento así —mira fijamente sus ojos.
—Amor, me quedare aquí hasta cuando tú me dejes. Por mi parte, yo nunca me iré —besa sus labios.
—Realmente no fue porque hicimos el amor anoche Darien, no creo que haya sido por eso.
Pienso que fue solo el conjunto de cosas que han estado pasando y que he dejado que se acumularan, una tras otra. Desde que te conozco, no he sufrido realmente una crisis y he estado durmiendo toda la noche desde que estamos juntos, ¿Sabes cuantas veces me despertaba antes llorando? Todos los días Darien, todos y cada uno de los malditos días del año. Lo que pasó anoche fue hermoso y me niego a ensuciarlo con mi pasado. No quiero, me niego a aceptar que el hecho de que tú me hicieras el amor, haya hecho que me volviera loca. Me niego. Anoche… yo…. realmente lo amé…
Inicio del Flashback
—¿Estás completamente segura Serena? —pregunta de nuevo, aunque es consciente de que su cuerpo tampoco puede más. Después de decir aquello, él se había lanzado sobre ella, la había besado con fuerza, con pasión, sus labios se habían hinchado de tantas mordidas. Ambos se habían desnudado y él cubría su cuerpo por completo. El fuego chispeaba con fuerza provocando que la habitación quemase aún más. Ella acariciaba con sutileza el antebrazo marcado del moreno y ambas manos recorrían cada uno de sus duros abdominales.
Él por su parte, se deleitaba con las partes suaves y redondas de ella. Besaba sus pechos, mordisqueaba su pezón con extremo cuidado de no lastimarla, sus manos descendían y se perdían por su baja espalda. Entonces con ambas manos, la alzaba por completo, cubriendo con sus rudas y grandes manos su redondo trasero; ella lo imitó, su mano descendió y apretó su trasero, duro por el ejercicio físico. La excitación que despertó en ella, provocó que abriera aún más sus piernas, alojando la pelvis de él sobre la suya.
Sentir su polla sobre ella no era novedad, pero esta vez todo era diferente. Era la primera vez que todo lo estaban haciendo con tanto cuidado, ya que por lo general eran muy pasionales e iban por el orgasmo directamente. Conocían sus cuerpos a la perfección, pero si alguien los veía en ese momento, parecían dos novatos; dos amantes en su primer encuentro, tocándose, explorando el cuerpo del otro, memorizando cada lunar, cada marca, cada curva.
Volvían a besarse cuando uno de los dos incitaba al otro a devorarse con los labios, entonces momentáneamente descuidaban sus roces y se concentraban en sentir el sabor del otro. Estuvieron así por minutos, solo besándose, y entonces la rubia lo volteó dejándolo a él recostado en la cama. Se sentó en su abdomen, se inclinó sobre él y comenzó a besarlo, descendiendo lentamente, desde sus pómulos, su barbilla -donde dio una pequeña mordida-, continuó con su cuello, con su clavícula, y a medida que bajaba su cuerpo también lo hacía, llegando hasta su polla; su coño lo rozaba dejándolo húmedo.
El pelinegro al sentir como ella goteaba por la necesidad y por el deseo, comenzó a acariciarla de nuevo, tocando sus senos, bajando sus manos y moldeando el cuerpo de su mujer; agarrando con firmeza su cintura, aferrándose a ella y bajándola hacia él, dirigiéndola, guiando la entrada de su miembro en su estrecha cavidad.
—Espera…
—¿Qué? —pregunta, con su voz ronca por el deseo.
—Quiero estar abajo —sus mejillas se encienden aún más.
—¿Abajo? —pregunta aturdido.
—Sí. Quiero que tú me hagas el amor —su cuerpo se sonrojó por completo.
—Oh, cariño —su voz se escucha como un jadeo, y aferrada como la tiene, la voltea y se coloca sobre ella. Su polla con lo dura que está, pareciera que no necesita ser guiada. Alza la mirada y la ve sonrojada y tímida, sonríe como un animal y busca de nuevo sus labios, mordisquea y entonces, su polla comienza a introducirse en ella. La rubia suelta un jadeo ahogado al sentir el grosor de su invasor, abre los ojos, asombrada y deseosa, y sus piernas se abren en reflejo; él continúa empujando dentro de ella, poco a poco, y entra por completo. Cada roce, cada tacto, la forma en que se siente estar dentro de ella, lo supera; su cuerpo se vuelve rígido, el calor que lo envuelve, la humedad, la carne caliente apretándolo y pidiendo más.
Entonces su cuerpo se vuelve loco, su mente se nubla y comienza el vaivén; aquel movimiento que tantas veces habían fingido, pero esta vez, él está completamente dentro de ella, entrando y saliendo, saliendo y entrando, hundiéndose, mojándose de ella y liberándose solo por unos segundos para volver a entrar y sentirse como en sus casa. Su polla seguía dura, muy dura, continuaba con el vaivén, el ritmo no disminuía, su hermosa mujer jadeaba, suspiraba, a ratos murmuraba cosas ininteligibles para luego volver a jadear; la cama se movía ligeramente, las sábanas se habían vuelto un desastre por completo, él comenzaba a gruñir al sentir lejos el orgasmo, y ella no parecía nada disgustada de que él continuara moviéndose dentro de ella.
La besaba, mordía, volvía a besar, mientras martillaba su cálida entrada, ahora completamente empapada. Era la primera vez que la sentía así de húmeda; estaba tan resbaladiza, que su polla prácticamente se deslizaba en ella. Ninguno de los dos era consciente del transcurso del tiempo, y poco importaba eso, porque no era un encuentro casual entre dos desconocidos. Ellos eran amantes, amantes que se necesitaban, que se amaban, que anhelaban la presencia y la cercanía del otro.
Cuando ambos sintieron que estaban cerca de liberarse, el ritmo en vez de disminuir aumento. Ambos al mismo tiempo comenzaron a empujar su cuerpo contra el otro, sus pelvis chocaban debido al fuerte impacto que estaban haciendo para conseguir una mayor profundidad; parecía que necesitaban un poco más, pero así como no esperaban terminar esa noche amándose, de ese mismo modo se corrieron, ambos al mismo tiempo; la estrecha cavidad de ella lo apretó con fuerza, mientras él se hundía un poco más en ella y se corría, hinchándola con su semilla.
Ambos cayeron entonces exhaustos, con sus cuerpos sudorosos y sus respiraciones jadeantes. Estuvieron así varios minutos, entonces él la volteo y colocó sobre él. No se dijeron nada, ambos estaban laxos por el deseo liberado, y sin embargo, sus cuerpos querían aún más. Al cabo de unos veinte minutos, el pelinegro volvía a estar duro, totalmente tieso y listo para comenzar una segunda ronda. Ella por su parte debía estar igual de frustrada sexualmente, porque en cuanto lo vio otra vez duro, se rio entre dientes y se sentó sobre él, metiéndolo de una sola estocada.
Para cuando terminaron de hacer el amor, las tres o cuatro veces que lo habían hecho, ya daban las tres de la mañana; ambos estaban cómodos y respiraban ya con relativa normalidad. La rubia se acomodó con cuidado sobre él, besó su mejilla varias veces y entonces comenzó a dibujar líneas sobre él, desde la clavícula hasta su abdomen. El movimiento y los trazos suaves y delicados, provocaron que el moreno sea el primero en dormirse. La rubia se quedó contemplándolo un rato más, sonrío al verlo sonreír a él en sueños; su mirada se dulcificó al darse cuenta del latir de su corazón y de lo mucho que se había metido allí. Con ese pensamiento se quedó dormida.
Sin embargo la pesadilla que la asoló durante todo el resto de la noche, terminó por amargar su hermosa primera vez con el moreno. Tampoco se imaginaba el problema que provocarían sus viejos fantasmas al día siguiente.
Fin del flashback
—No Darien, te aseguro que no pudo ser eso, tú me amas, lo sé. Quiero creer eso y me niego a que mi cabeza me sabotee. No quiero, no quiero volver a tener esas pesadillas… Yo solo quiero, no volver a tenerlas, nunca más. Da igual cuando sea, haga lo que haga. Cuando estoy feliz, cuando las cosas me están yendo bien, entonces me saboteo a mí misma, porque es cuando vuelven a mí todos esos recuerdos. Simplemente no fue porque me haya entregado a ti… fue porque me permití ser feliz, porque me permití ser amada.
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Nota de Autora:
Hola nenas mias! ^^ aqui esta el nuevo capitulo, lo siento, pude haberlo publicado ayer, pero se me hizo muy tarde.
Por otra parte, esta vez no hay necesidad de pañuelos, XD según mi querida Kary Moon, quien se encargo de editarlo -muchas gracias por eso- me dijo que no hay necesidad ...solo tensión, mucha tensión.
Espero que disfruten el capitulo.
Como siempre, a las personas que no tienen una cuenta y quieren dejarme un comentario, por favor usen un nickman para así poder responderles ^^
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Reviews:
princessqueen: jajajajaja por un microsegundo XDD mujajajjajaaja a veces ella es mala...en el siguiente cap, sabrás porque ^^...por otra parte, gemelas niñas?...uhhhh...-_- a este paso Serena se va a llenar de niños XDD mujajajaja
yssareyes48: jajaja gatito mimado y guerrillero XDD básicamente tiene la personalidad de un gato jajajajaja siii hice a la suegrita Chiba así, porque pienso que es el sueño de toda nuera.
Carmenn: jajajaja calenturienta! / con eso lo dije todo!
giselamoon: jajajaja faltan muchos, muchos misterios...la historia a penas si comienza XDD
brujitadcc: jajajaja me alegra que te divirtiera, seee Jack es un gatito, Dar un cachorro...y...Serena es Serena XDD jajajajaja
Jan: jajajaja no fueron necesarios los pañuelos...creo, supongo que depende de cada persona XDD jajajaja poco a poco se va desvelando más el pasado, espero que me sigas leyendo ^^
yesqui2000 : exacto, si ya de por sí es difícil decirle a alguien que lo amas, la situación de Serena lo empeora, en el siguiente capitulo Serena dira una gran verdad, espero que me sigas leyendo.
Hellomoon: jajajaja embarazos, embarazos...ahora todo el mundo lo quiere XDD jajajajaja bueno para saber si eso pasara o no, tendras que seguir leyendome mujajajaja XDD...por otra parte...pervertida! / así que tu si lo harías ehh, pequeña bribona!
Pao Tsukino: muchas gracias por leerme ^^...si han pasado cosillas desde que se conocieron...como tiene que ser, supongo XDD espero que te guste este capitulo...aunque no es alegre...uhhh bueno a partir de ahora ya no habra tanta diversion como antes...creo...XDD
lily: holaaa...ohhhh mellizos?...uhhh no había contemplado esa idea...uhhh me lo pensare XD...porque en principio seran gemelos XDD
Hello moon: jajaja me alegra que te guste tanto...te gusto el cap de hoy? ...Han pasado cosas, y vaya cosas que han pasado...tensas, tensas...
RosyMary81: gracias! Que pasara después?...muchas cosas! ^^ tendrás que seguir leyendo jojojojo es un secreto hasta para Kary, (quien edita el cap)...así que, espero seguir teniendote por aqui ^^
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Bueno queridas mías, espero verlas en el siguiente capitulo, Serenita hará una revelación, con eso podrán entenderla como se debe ^^...ella es más complicada de lo que parece...bueno así podrán darse cuenta de muchas cosas y comprenderla.
