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Capitulo XVI

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No Darien, te aseguro que no pudo ser eso, tú me amas, lo sé. Quiero creer eso y me niego a que mi cabeza me sabotee. No quiero, no quiero volver a tener esas pesadillas… Yo solo quiero, no volver a tenerlas, nunca más.

Las ganas de hablar lo matan, de confirmar sus palabras, del amor que siente por ella, de hacerle saber que jamás, nunca, ni en un millón de años, podrá ver a otra persona; que para él, solo existe ella. Como anhela poder protegerla, incluso en sueños, de velar por ella, por sus temores; de alejar todos sus monstruos.

—… Da igual cuando sea, haga lo que haga. Cuando estoy feliz, cuando las cosas me están yendo bien, entonces me saboteo a mí misma, porque es cuando vuelven a mí todos esos recuerdos.

Suspira con cuidado porque no quiere que ella malinterprete sus movimientos, no quiere que piense que está cansado. Mentalmente, promete no dejar que la relación fracase, no por algo como eso, porque una relación depende de dos y él no va a permitirlo.

—… Simplemente no fue porque me haya entregado a ti… fue porque me permití ser feliz, porque me permití ser amada. Dudo que lo entiendas, tú eres afortunado porque tienes una hermosa familia. Nunca, aunque lo intentes, comprenderás lo que es sentirte el estorbo de la casa. Recuerdo que cuando era pequeña, mis padres, que en aquel entonces aún estaban juntos (sí es que a eso que ellos tenían se le podía decir "estar juntos"), me di cuenta por primera vez que yo no les importaba o que al menos dentro de su relación yo no existía. Aquella noche ellos habían planeado salir, no iban lejos, creo que fueron a cenar. Mi madre me dijo que fuera a casa por algo y entonces ambos aprovecharon para marcharse…. Cuando salí, los vi alejándose, comencé a llamarlos y grité mucho; ellos se voltearon y se rieron, le gritaron a mi abuela materna que me cogiera y me llevara adentro…. Yo aún puedo recordar con claridad su sonrisa. Tenía cinco años y en ese momento lo entendí.

Darien frunce el ceño y admite que nunca podrá comprender esa situación. Sus padres nunca los dejaron solos, ni dejaron que se sintieran tristes por su ausencia. Siempre se las arreglaron para que Jack y él, siempre estuvieran con alguien de confianza, y cuando salían, iban todos, ¿Por qué es lo normal, no? Una familia debe permanecer unida, sobre todo cuando hay niños. Debes llevar a tus polluelos contigo porque son tuyos a fin de cuentas; no puedes dejarlos solos y reírte en su cara por eso. Eso marca a cualquiera.

La familia que a mí me toco es disfuncional en todos los sentidos. Mis padres vivían más tiempo discutiendo y peleados, que juntos realmente. No recuerdo si ya te dije esto pero, yo vivía con mi abuela materna. Como puedes ver… para ellos, yo realmente valía muy poco, o puede que incluso no valiese nada. Ella era muy estricta, demasiado, sobre todo con las notas escolares. Pobre de mí… si me atrevía a sacar una nota inferior al sobresaliente, entonces era golpeada. Una de las veces que me golpeó, lo hizo de forma brutal, y con el pasar del tiempo sus palizas no aminoraron, sino que al contrario, se volvieron más humillantes. A ella le encantaba agarrarme del cabello y hacerme bajar la mirada… tal vez por eso, no puedo sostenérsela a nadie por mucho tiempo.

Esta vez la sorpresa golpea al moreno, ¿Ella no le sostenía la mirada? Eso no podía ser cierto. Ellos cuando hablaban siempre se miraban a la cara. La duda lo invade, pero la deja pasar; ya le preguntaría en otra ocasión a que se refería con eso, porque a lo mejor no se había dado cuenta de que con él si lo hacía. De otros no podía hablar, pero él estaba un ochenta por ciento seguro de que lo miraba al rostro... ¿Había dicho paliza? El enojo comenzaba a perderse, ya ni siquiera estaba seguro si debía sentir eso; la pega un poco más a su pecho, ¿Era normal todo lo que le había pasado? ¿Esas situaciones realmente podían ocurrirle a una persona? Ni en un millón de años hubiera podido imaginarse una escena de ese estilo, no con tantas mierdas. La vida es una mierda, pero por lo general, solo te toca una; no puedes ir acumulándola desde que eres un niño. Eso podría desquiciar a cualquiera.

Una de las veces que me golpeó, me cogió del cabello y me hizo arrodillar; hizo que le pidiera disculpas por una baja nota… ¿Sabes cuánto era? Un ocho, y creo que es por eso que me cuesta pedir disculpas; no puedo, creo que ya pedí demasiadas disculpas cuando era pequeña. Es como si hubiera agotado en mí esa palabra; muchas veces la digo, pero el noventa por ciento del tiempo no es sincera; inclusive a ti… yo realmente ya no puedo disculparme sinceramente. Si cometí un error, lo cometí, y disculparme no solucionará nada.

Darien entorna los ojos y se pregunta cuando ha sido necesario una disculpa por parte de ella, ¿Se estaría refiriendo al accidente en la montaña? Eso no había sido su culpa, había sido totalmente un descuido e irresponsabilidad suya, no de ella. Darien estaba comenzando a caer en cuenta de que ella se culpaba por absolutamente todo, y tomaba la responsabilidad de eventos que no estaban a su alcance. La habían hecho así; no podía evitar echarse la culpa de todos los problemas a su alrededor, y esa era la razón por la que no podía aceptar las cosas con tanta facilidad. No era porque se sintiera apenada, era porque la habían vuelto susceptible a la felicidad. Ella era incapaz de creer que cosas buenas le podían pasar, como cuando le prometió a Brownie o cuando la sacó de su casa.

No tenía amigas. Crecí como una persona solitaria, viendo de lejos a las niñas de mi edad, sonreír y divertirse con cosas que yo consideraba tontas e infantiles. No podía comprender la gracia en los juegos, no podía. Jajaja, por eso hoy en día soy así. Me comporto como una niña, me río de cosas infantiles y las hago, porque cuando era pequeña no tuve la oportunidad de hacerlas. ¿Te molesta que me gusten los dibujos animados? Noto que me miras raro cuando prefiero ver alguna serie que salir a una discoteca, jajaja… no te imaginas cuantas noches en vela he pasado por ver algún drama y no por salir; y no voy cambiar, no porque no quiera o no pueda, sino porque disfruto lo que hago.

Se siente mal, es cierto. Había estado recriminándola mentalmente cuando la encontraba frente al ordenador riendo por los programas coreanos que veía. Que idiota había sido. Ella disfrutando de su felicidad, de sus pequeñas dichas y él considerándolo tonto; y lo peor era que había sido doblemente idiota, porque sí ella se quedaba en casa siendo feliz, él podía respirar tranquilo, sabiendo que no estaba a la vista de cualquier imbécil. Solo él podía gozar de esos momentos, observarla reír, jugar, llorar. Él era el afortunado.

El que en conjunto con mi disfuncional familia, también se le agregara un pedófilo, tampoco era bueno. No es bueno en ninguna situación en realidad. Esa "persona", y disculpa por no poder decirte su nombre, de solo recordarla me dan náuseas. Gracias al cielo no te llamas como él, porque si fuera así, ni siquiera te hubiera dado una oportunidad… Me pregunto si quieres saber lo que él me hacía… o como me tocaba, o las cosas que me decía.

¿Pregunta retórica?

No estaba seguro sí quería saber, porque si conocía al detalle cada cosa, terminaría cometiendo un asesinato.

Quisiera poder borrar todos esos recuerdos, pero no puedo porque mi mente es una cabrona. Si evito el pensamiento todo el día, en sueños todo se reproduce como una película, y la única desventaja es que en vez de verlo frente a mí, yo me vuelvo de nuevo la protagonista. No sé qué pasó allá fuera, porque no te vi a ti y tampoco escuche tu voz, pero por favor, no vuelvas a perseguirme de esa forma, te lo pido; mi cuerpo entra en pánico y en modo de defensa, cuando siento a un hombre detrás de mí, corriendo en mi dirección.

Frunce el ceño. ¿Es por eso, que sus piernas se debilitan y se desploma cuando aparecía detrás suyo? Muchas veces había querido sorprenderla, pero lo único que había conseguido era verla colapsarse y terminar en el piso riendo nerviosa por su presencia. Ahora ya sabía el motivo. Su cuerpo se tensa. Debía empezar a prestar más atención a todo lo que hacía a su alrededor porque no había sido lo suficientemente consciente de que ella estaba todo el tiempo alerta.

¿Estás enfadado? Siento tus músculos muy tensos, Darien. No te enfades, no es tú culpa. Takashiro lleva años diciéndome que tampoco es culpa mía. Mi parte objetiva lo entiende y acepta esa versión, pero a mi parte vinculada a lo que pasó, a la parte que aún se aferra a ese pasado, le da igual si alguien dice que no fue su culpa porque ella se seguirá recriminando por siempre. A veces pienso que nunca podré superarlo, porque esa parte está pendiente de mí, me vigila, y si se da cuenta de que estoy comenzando a ser feliz, entonces regresa para recordarme que no soy normal.

Su psiquiatra estaba en lo cierto, pero nada podían hacer si ella no lo creía de corazón. Podían seguir repitiéndolo, sin embargo, si tenían suerte, al final ella podía creerles y comprender que no fue su culpa, que ella no tuvo elección en todo lo que le pasó. ¿Ella? Frunce el ceño preguntándose de quien rayos habla.

¿Estoy loca? Posiblemente. Siento que hay tres versiones de mí. Una es esta: cuando hablo contigo, cuando me permito ser yo misma; puede que no la veas muy seguido o tal vez sí. Ahora mismo estoy un poco confundida porque estás despertándome.

Había notado eso. Cuando le contaba su historia, cuando se abría a él, ella parecía diferente; más centrada, más madura y consciente de su problema.

La otra versión, es la que vez día a día. La infantil, la que juguetea y puede hablar de actos de violación; la que hace bromas sobre eso, como si nunca le hubiera pasado nada. Es una máscara, muy falsa, y temo que la ames a ella y no a mí.

El moreno hace una mueca con los labios. Claro que ama esa parte suya. Ama verla reír y no puede evitarlo, pero también ama a la mujer que le está hablando en este momento.

La otra versión, es la cabrona. La que realmente odia todo y está asqueada de este mundo, del concepto de familia, de amigos, del amor; la que también cree que no puede ser feliz, por lo que siempre se interpone.

Así que esa era la parte que había que controlar, el enemigo dentro de ella que necesitaba vencer. Por como había sido su vida, estaba seguro que la mejor forma de combatirla era amándola; incluso también esa parte suya, porque a fin de cuentas, era ella misma. Seguía siendo su hermosa, cabrona y sexy rubia.

Si te gusta más la falsa, puedo entenderlo. Ella a mí también me cae bien, es alegre y está aprovechando el tiempo; interactúa y puede llevar una conversación normal como cualquiera. Es fuerte, dominante, abusiva y le encanta manipular. Anoche hiciste el amor conmigo Darien, y quiero que comprendas eso. No estoy segura de que algún día pueda ser dominante en la cama porque soy más bien pasiva, y por eso te pedí que tú me hicieras el amor. Yo ahora mismo no podría estar sobre ti, no tengo esa autoestima.

¿No tiene la autoestima?

Seguramente no se veía con claridad. Ella era la cosita más sexy y deliciosa que había visto en su vida. Había hecho el amor con su verdadero ser y eso no necesitaba decirlo, porque él lo sabía; lo supo en el momento en que entró en ella, en ese ser cálido y dulce, en el ser puro que era, a pesar de toda la mierda vivida.

También me he dado cuenta de que me gusta cuando te pones posesivo, y no sé si eso me vuelve una enferma. Abusaron de mí y debería odiar ese tipo de comportamiento en un hombre. Debería aborrecerte cuando estás siendo autoritario… y si bien es cierto que hoy me alteré, solo fue porque mi cuerpo llegó a su límite. Es la falla que tiene la Serena falsa, que puede estar cierto tiempo bien, pero cuando se quiebra, entonces aparezco yo. Ella es defectuosa, puede acumular mucha mierda, pero me temo que no por mucho tiempo.

Él asiente al comprender su confusión. Ella debería odiarlo por ser como es, un hombre dominante y al que le gusta mandar. Y aunque se reprimía mucho, al parecer a ella le gustaba su verdadero ser, el cavernícola que vivía en él, y sonríe sintiéndose poderoso, vanagloriándose. Había perdido el control y era por eso que se había quebrado; se había estado guardando mucho, ¿Pero por qué? ¿Acaso había estado aguantándolo a él? Su cabeza comienza a confundirse porque era difícil seguir la línea de sus pensamientos. Ella cambiaba constantemente de tema y él, a fin de cuentas, era un hombre.

Ahh, pero es tan útil porque gracias a ella puedo continuar la mayor parte del tiempo. Es como una cara bonita que sonríe continuamente, como esas modelos de comercial de dentífrico. La cabrona, puede mirarte con verdadero odio; ella aparece también de vez en cuando, cuando realmente piensa que el mundo es una mierda, cuando la modelo no sabe qué hacer… jajaja es bastante gracioso, ellas se disputan por llevar la voz cantante y pareciera que no saben que estoy aquí, que soy yo quien las deja ser; pero las aprecio porque me mantienen de pie. Yo, en cambio, soy demasiado seria, aburrida, antipática y solitaria; me gusta hablar conmigo misma, pero desde que estoy contigo, déjame corregir, desde que hablo contigo, es la primera vez que "hablo" con alguien; nunca, jamás "yo" había hablado con alguien.

Sonríe. Si bien estaba un poco perdido, entendía que estaba hablando de sus "personalidades", pero lo último lo entendió bien y lo importante es siempre quedarte con la idea principal. Sonríe de oreja a oreja, orgulloso porque había conseguido lo que nadie había podido.

Se siente bien estar así, por favor no dudes de eso. Te agradezco que guardes silencio y escuches, sobre todo que me abraces desde atrás, porque no me creo capaz de hablarte de frente.

Besa su cabeza, la aprieta un poco y respira con suavidad sobre sus finos y largos cabellos. Él también prefería estar así, escuchando, dejándola desahogarse, dejándola ser.

Darien… estoy jodida. No pienses que porque me ves sonreír, estoy bien. Estoy completamente destruida y eso nunca lo olvides.

Traga saliva, había olvidado eso. La veía tan bien, no mostrando ningún problema, que para ser sincero con él mismo, ya había olvidado todo lo que le había ocurrido; por eso cuando ella entró en pánico delante de él, no supo cómo reaccionar. A partir de ahora, debía de ser más consciente de la situación, sería cuidadoso y preguntaría; ella necesitaba entender que había alguien a su lado siendo su apoyo, su protector, un hombro donde apoyarse.

Colapsó. A los segundos de parar de hablar se quedó completamente dormida; cerró los ojos de golpe y su cuerpo se relajó por completo. Solo entonces, él se permitió besar su rostro, con cuidado de no despertarla en el proceso; aunque dudaba seriamente que lo hiciera porque debía estar agotada, hasta él se encontraba agotado. La mantuvo en sus brazos durante unos minutos, pegado a ella como una sombra, escuchando el suave susurro de su respirar. Su cuerpo completamente tenso le exigía una ducha con agua caliente, así que con cuidado se levanta de la cama y escucha un pequeño gemido, abriendo los ojos sorprendido al darse cuenta de que es Brownie. El animal al ver a su dueño se detuvo y volvió a echar su cabeza en la cama, había estado junto a ella todo el tiempo.

Terminó de pararse y con cuidado se metió en el baño, cerrando la puerta trás de sí. Si alguien pudiese ver su rostro, realmente estaría jodidamente asustado. Su tez se había vuelto completamente sombría y tenía una mirada típica de miedo; estaba realmente cabreado. Gira su cuello y hace sonar sus huesos, produciendo un sonido como un "crack", y después de eso comienza a desvestirse para meterse en la bañera.

El agua caliente cae sobre él. Sus músculos aún siguen tensos ya que el solo recordar cada una de sus palabras, provoca que su sangre hierva y el deseo asesino vuelva con fuerza. "Aquellas personas", frunce el ceño. Era mejor que aquellas personas ni se cruzaran en su camino. Sería mejor para ellos que se olvidaran de ella y que dejaran de joderle la vida porque ya habían hecho bastante. Coloca las manos sobre las baldosas y agacha el rostro; abre la boca para respirar y gruñe. Tiene deseos de gritar, pero teme despertarla y es mejor dejarla dormir. Estaba seguro que al día siguiente regresarían en cuanto ella se despertara, consciente de que en la mañana, estaría muy avergonzada y no sabría cómo explicar la situación ni el motivo que la llevó a ese estado.

Regresa a la habitación solo con una toalla en la cintura y en silencio comienza a arreglar todo para la partida. El labrador, al escucharlo, vuelve a alzar la vista, enfoca su mirada en él y pareciera que le dijera que vuelva a la cama y deje de molestar. El pelinegro le sonríe, pero no le hace caso y continúa, y al cabo de unos treinta minutos, todo está en orden. Debido al calor de la chimenea encendida, su cuerpo se secó por completo, por lo que se quita la toalla y al fin decide descansar junto a ella. La abraza por detrás de nuevo y se pega a ella todo lo que puede, apaga la luz y solo entonces, se permite quedarse dormido.

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Gracias, no sabía cómo pedírtelo y no quería ofenderte mira el piso, un poco avergonzada. Él coge con delicadeza su barbilla y la alza.

No te preocupes cielo, es mejor así, además podremos disfrutar de la última semana de vacaciones estando nosotros solos le sonríe mirándola directamente a los ojos —. Bajamos, tomamos desayuno y nos vamos.

—¿Tu madre no se enfadará? —pregunta nerviosa y preocupada.

—Tranquila, estoy seguro que ella comprenderá.

El moreno tuvo que agarrar con fuerza su brazo cuando llegaron a la cocina. La familia Chiba ya estaba allí, comiendo como si tuvieran años sin hacerlo, sobre todo los dos hombres que estaban haciéndole compañía a la señora de la casa. Al verlos llegar los saludaron, y cuando el menor de la casa informó que se irían después de comer, ninguno de ellos se sorprendió. Serena apreció mucho el que ellos no preguntaran y le hablaran con normalidad, tratándola como siempre. Cuando llegó la hora de despedirse, ambos señores le pidieron que volviera en otra ocasión. Jack, por su parte, les dijo que ya se volverían a ver en la ciudad.

Darien acomodó todo en el coche y una vez que estuvo todo en orden, se despidieron una vez más y se pusieron en marcha para regresar a la ciudad. Al cabo de unos minutos, Brownie continuó con su rutina diaria, que consistía en dormir, comer y volver a dormir; evidentemente ya había comido y antes de subir habían hecho que hiciera sus necesidades, así que ahora estaba en su otra necesidad básica: durmiendo.

—Creo que ahora comprendo porque Brownie duerme tanto. No es que sea vago, sino que guarda energía para cuando sea necesario.

—Fue increíble lo que hizo. No esperaba que ya tuviera sus instintos tan desarrollados —dice la rubia mirando hacia atrás —. En cuanto lleguemos a casa, lo revisaré a fondo. Ayer olvidé por completo eso y hoy ni siquiera pensé en que podría estar herido.

—No lo creo cielo, porque si lo estuviera, ya nos estaría dando lata. Debe estar bien —entra en la carretera mirando fijamente al frente. La joven a su lado se recuesta en el asiento, con la cabeza girada en su dirección, observándolo, fijándose concienzudamente en cada detalle, casi como una acosadora, adorando al hombre que ve junto a ella.

—Eres hermoso, ¿sabes? —sonríe con franqueza. El moreno frunce el ceño y de reojo la mira; sus mejillas adquieren un leve tono rosa al darse cuenta de la mirada fija de la rubia.

—¿A qué viene eso ahora? —le devuelve la pregunta, totalmente azorado.

—Por nada, solo estaba observándote —le sonríe de nuevo y sus ojos brillan, mostrando la honestidad de sus palabras.

—Estás poniéndome nervioso —dice mirando al frente, sin siquiera atreverse a mirarla. Un sentimiento de vergüenza, sin saber de dónde viene, lo azota de golpe; jamás pensó sentirse tímido sabiéndose observado por ella.

—¿Te molesta? —pregunta, escuchándose en su voz, un leve tono de preocupación. El moreno al notarlo, se detiene en un semáforo y aprovecha para verla de frente.

—No, en absoluto, es solo que… —traga saliva, la mira a los ojos y le sonríe, no solo con los labios; sus azules y profundos ojos también transmiten sus sentimientos —… jamás pensé que esto podría ocurrirme. Parece un sueño lejano, un sueño que se ha vuelto realidad.

La rubia le sonríe, sus mejillas se sonrojan y sus ojos brillan con más fuerza. En la posición en la que se encuentra, cierra sus ojos, dejándose llevar por la emoción en la voz del pelinegro. Él a su vez, se deleita de su mujer, empapando su mirada en ella, derrochándose de su amor y permitiendo a su mente embriagarse de ese sentimiento al que llamaban amor. Tan absortos se encontraban ambos, que ninguno de los dos se dio cuenta de lo dicho. Las palabras del moreno no se referían en absoluto al presente sino que hacían una clara referencia al pasado, a aquel pasado donde solo podía observarla desde lejos, donde era un sueño lejano el poder tenerla de esa forma, siendo solo suya.

Ella, demasiado empalagada por los acontecimientos y por dejar que su verdadero lado este más tiempo fuera, no se había percatado de sus palabras. Había bajado la guardia y no malentendió el verdadero significado, además, aunque hubiera estado lo suficientemente despierta, tampoco hubiera relacionado la frase con un pasado en común, porque para ella al menos, no había ningún pasado que recordar. Que equivocada se encontraba. Ni siquiera podía imaginarse el verdadero significado, pero era mejor así, al menos por el momento era mejor que ella ni siquiera pensase en cosas innecesarias.

Tal como había llegado a la hacienda, de ese mismo modo volvió a su hogar. Abrió los ojos y ya se encontraba en el estacionamiento de la finca. Un poco asustada se voltea y frunce el ceño al no ver al moreno; mira atrás y es el mismo panorama, su pequeño Brownie tampoco se encuentra donde lo había dejado. Está por bajarse del coche, cuando ve a Darien regresando con el perro a su lado; este le sonríe al darse cuenta que ella ya despertó, se acerca y abre la puerta del copiloto.

—Buenas tardes, bella dama —la saluda sonriendo —. Es una pena que haya despertado, ya que tenía toda la intención aprovecharme y subirla yo mismo.

—Aún puedes hacerlo —le informa y extiende sus brazos abiertos hacia él. El pelinegro al ver esto, sonríe y contento se agacha y la toma en brazos; cierra la puerta con el pie y pone el seguro con el mando a distancia. Ella se ríe y con su mano derecha acaricia con suavidad la nuca del moreno, este se estremece al sentir sus caricias y la mira directo a los ojos. Sus ojos se abren ligeramente al ver la mirada de la rubia, la misma que tenía aquella noche. Su entrepierna se endurece de golpe y traga saliva, luego entra en el ascensor junto al cachorro que los sigue obedientemente.

—Cariño, realmente no quiero malentender, pero esa mirada… —carraspea un poco, ya que su garganta se había secado de pronto.

—¿Qué tiene mi mirada, Sr. Desconocido? —pregunta y a la vez acaricia su cuello, de arriba hacia abajo.

—Ese apodo. Creí que ya lo habías olvidado —sus ojos comienzan a oscurecerse por el deseo que comienza a arder con fuerza en él.

—Por supuesto que no, Sr. Intenso —le dice, mordiéndose el labio inferior. Aún en brazos del pelinegro, este se las ingenia para abrir la puerta, un poco más entusiasta y agitado. La rubia, a verlo en ese estado, ríe entre dientes.

—Lo de Sr. Intenso te lo acepto. Te demostraré hoy cuan intenso puedo llegar a ser —le dice dentro del hogar, cierra de una patada la puerta y la lleva directo a la habitación.

—Espera un momento, quiero ir al baño —le dice y se mueve de tal modo que al moreno no le queda más remedio que dejarla bajar.

—¿No pensarás dejarme así, verdad? —pregunta preocupado.

—No, pero quiero hacer algo —le dice —¿Por qué mejor no vas a traer un poco de nata, esa que tanto me gusta?

—Bien, regreso enseguida —dice y sale de la habitación rápidamente. La rubia se ríe y busca rápidamente algo de ropa del armario y desaparece antes de que llegue su hombre.

En cuanto Darien vuelve, este se muerde el labio y se sienta en la cama, los minutos se le vuelven horas, mira hacia abajo y ve el bulto que se ha formado en su pantalón, que prácticamente parece una tienda de campaña.

—¿Demorarás mucho? —pregunta, gritando en dirección al baño.

—¡Un minuto!

—¡Oh por favor cariño, que un minuto sea un minuto. De verdad no creo que pueda estar mucho tiempo así!

—Entonces aprovecha el tiempo y quítate la ropa —le chilla.

En el baño, ella está terminando de vestirse y frunce el ceño de nuevo al verse en el espejo. El baby doll blanco con encajes azules, parecía más fácil de poner de lo que realmente era; hace un puchero y una vez que cree estar lista, abre tímidamente la puerta, solo para encontrarse al moreno quitándose los pantalones, bastante apresurado. Verlo en ese estado la hizo sonreír y sentir confianza; él realmente la deseaba, así que no debía tener ningún problema en encenderlo un poco más con ropa provocativa.

—¿Te gusta? —pregunta con el rostro sonrosado y una sonrisa deslumbrante. El pelinegro alza la mirada y abre la boca sorprendido por lo que tiene frente a él; un jadeo se escapa de sus labios al saber que solo él, va a disfrutar de su cuerpo.

—Estás deliciosa —murmura embelesado.

—No sabía que era comida —sonríe coqueta y traviesa caminando lentamente hacia la cama. El moreno con sus oscuros ojos sigue cuidadosamente su caminar, deleitándose la vista con el contorno de su esbelto cuerpo, sintiéndose encender cada vez más.

—Oh cariño, eres mucho más que comida —susurra acercándose.

—¿Qué soy? —pestañea mirándolo fijamente al rostro, se sube en la cama y se recuesta. El moreno no se demora mucho en terminar de quitarse todo.

—Eres el exquisito postre que solo yo puedo disfrutar —explica recostándose a su lado.

—¿Si?

—Uhu.

Sus labios se humedecen en cuanto entran en contacto con los labios del otro. Pegan sus cuerpos y ella se estremece al sentir que ya está duro para ella; saberlo tan encendido y caliente, solo provoca lo inevitable: que ella se humedezca de deseo. Poco a poco, entre jadeos, besos y palabras de amor, vuelven a entregarse para volverse uno. Amándose y entregándose por completo.

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Ella respira con suavidad, está dormida, y él la acaricia con cuidado de no despertarla, guardando en su mente cada suspiro que ella da. Sonríe cuando ella lo hace, vigila por si ve algún signo de miedo en ella, la abraza con más fuerza a verla tan relajada y pacífica en sus sueños. Al cabo de unos minutos, él también se deja arrastrar por Morfeo.

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