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Capitulo XVII

Luz y Oscuridad.

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No había nadie en casa y se podía escuchar absolutamente todo sonido que se produjera en la casa. Está en su habitación, traga saliva y mira nerviosa a su alrededor; el hecho de que no escuche nada es sinónimo de peligro y lo sabe, en cualquier momento y antes de darse cuenta seguramente él entrara por la habitación. Sus sentidos se alertan, enfoca su mirada en la puerta y se abraza a sí misma en la cama. Su corazón comienza a acelerarse cuando escucha sonidos provenientes del pasillo y siente como la respiración se le corta de golpe. Él ya está aquí.

Su mirada se vuelve turbia por las lágrimas, la puerta se abre de a pocos y lo ve entrar. "Él" al verla muerta de miedo, sonríe; esa persona realmente ama verla en ese estado porque a fin de cuentas verla así, asustada y temblando, lo excita, lo enciende lo suficiente para tocarla. La pequeña rubia busca sus ojos, entorna la mirada y se enfada.

¡Vete de aquí! —chilla, mostrando una valentía inexistente.

No quiero. Vamos a divertirnos un ratito —sonríe y se acerca a ella, y con cuidado, se sienta en la cama.

¡Ya te dije que no quiero! ¡Eres un idiota y si no te vas ahora, cuando vuelva mi padre se lo diré todo! —amenaza, pero el hombre hace caso omiso de sus palabras y se acerca aún más.

¿Y qué le dirás? —pregunta, pero no permite que la niña conteste —. Él no te creerá nada, me creerá a mí. Vamos no te hagas, sé que te gusta lo que te hago.

¡Eso no es cierto, te odio! —chilla de nuevo. Es entonces cuando el hombre con su fuerza la tumba sobre la cama y abre sus piernas. Ella mira asustada como coloca una de sus manos sobre su sexo y comienza a masturbarla; él sonríe, ella no entiende por qué lo hace y tampoco puede comprender esa extraña sensación que crece en ella a medida que él hace más presión.

Ves cómo te gusta. Ya no dices nada.

Eso la confunde, se siente rara, caliente y siente algo húmedo en su vagina; como si tuviera ganas de orinar, pero no es desagradable, sin embargo sabe que está mal. Entonces se da cuenta, frunce el ceño y comprende que si se lo dice a su padre, él de verdad no le va creer, porque se va a dar cuenta de que le gustó, y si es así, su padre, al final, terminara creyéndole a su hermano mayor.

Sus ojos se llenan de lágrimas. Quiere odiar profundamente lo que está pasando, pero su cuerpo no parece estar en sintonía con sus pensamientos, porque pareciera que le gusta, que acepta ser tocada; un débil gemido que no pudo controlar, se escapa de sus labios. Sus ojos se agrandan al ver la mirada y sonrisa en ese hombre. Una sonrisa de pura satisfacción.

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—Estás enfadada otra vez —Ryuto escribe con cuidado en su ordenador. Había comenzado a preocuparse por la situación de su paciente; en las últimas semanas su estado de ánimo había cambiado drásticamente. Desde que regresó de las vacaciones de invierno, la había visto pasar de estar feliz, a deprimida y a cabreada en cada sesión que habían tenido. Antes al menos padecía una indiferencia absoluta, pero ahora se veía extraña, diferente, como si... como si su escudo protector estuviera sufriendo rupturas continuas, golpes que la dejaban en jaque y no sabía cómo controlarse.

—No lo estoy. Simplemente creo que las cosas están fuera de sitio.

—¿Fuera de sitio?

—No estoy donde debería estar —responde.

—¿Y dónde deberías estar? —frunce el ceño al ver la mirada oscura de la rubia.

—En mi casa, estudiando o al menos haciendo algo realmente productivo.

—¿Quieres ver a Darien? —el castaño se sorprende al oírla reír, irónica.

—Esa no es mi casa. ¿Sabes Ryuto? Estoy pensando seriamente en marcharme de ese lugar. Simplemente, no creo que funcione.

—¿Qué cosa no crees que funcione?

—Una relación con él. Esa persona me puede y ya no soporto su falsedad.

—¿Falsedad? Creo que me he perdido Serena, ¿Qué ha pasado esta semana? —pregunta preocupado.

—Nada en especial, pero ayer le grité y él simplemente se quedó callado, escuchándome. Estoy harta de que no diga nada.

—¿Por eso crees que está siendo superficial?

—Es evidente. Al final se terminará cabreando. Solo estoy esperando que estalle y entonces me marcharé.

—¿Qué harás si eso no pasa? —la mira fijamente y observa cauteloso como ella frunce el ceño, confundida.

—¿A qué te refieres?

—Piensas que él se terminara cansando o que al menos se enfadará contigo. Te pregunto, ¿Qué harás si él no se enfada contigo?

—En algún momento lo terminará haciendo. Nadie es tan estúpido como para soportar tanto.

—Entonces tú debes ser estúpida —le habla con dureza y ve como ella se pone pálida —. Porque soportaste durante 21 años a tu madre y hubieras continuado haciéndolo si él no te hubiera sacado de esa casa, ¿o me equivoco?

—Él me terminara odiando, lo sé.

El castaño frente a ella suspira y escribe con rapidez, hace una mueca con sus labios y espera a que ella continúe hablando, más un silencio llena la consulta; alza la mirada y observa como ella está mirando su bolsa y mantiene la mirada fija en ese objeto, sin levantar la vista para nada. Suelta un suspiro.

—Desde que regresaste de esa semana de vacaciones, estás muy distante Serena. Dime ¿Qué pasó, aparte del episodio de pánico que me contaste? ¿Ocurrió otra cosa más?

—Hicimos el amor —Ryuto abre la boca sorprendido; sus manos dudan frente al teclado y entonces ella termina de hablar —. Cuatro veces, bueno, siete, si contamos las veces que lo hicimos cuando volvimos.

—Lo último era información innecesaria, pero agradezco que comiences a abrirte —frunce el ceño cuando la ve riéndose mientras continua viendo el bolso —¿Por qué te ríes?

—Oh, porque realmente me abrí… y mucho —se ríe de su propia broma. El psiquiatra frunce el ceño hasta caer en cuenta de la broma; alza una ceja, irónico y pone los ojos en blanco.

—Al parecer ahora estás de buen humor por recordar que "te abriste" no solo conmigo (hablando en términos de comunicación) sino que además te abriste con él de buena gana.

—¿No debía?

—El problema no es que no debías, sino ¿Lo sigues haciendo? —al ver como su rostro decayó, obtuvo la respuesta —¿Estás asustada?

—No sé por qué lo hice, pero... cuando intentó... no… cuando volvimos a intentar hacerlo, mientras me besaba yo... no pude evitar recordar "eso".

—¿Exactamente qué recordaste? —pregunta preocupado porque, a fin de cuentas, ese era el temor más grande de los dos: que ella no pudiera tener una vida íntima normal.

—Lo recordé a él… a ese hombre… lo que me hacía. Por un momento lo vi a él y no a Darien...Yo...

—No es tu culpa preciosa, no debes asustarte porque es normal. Como nunca antes te habías acostado con alguien, era algo que se veía venir. Tranquila.

—¿Qué? —pregunta desconcertada. Frunce el ceño al ver una sonrisa en los labios de su psiquiatra.

—¿No habrás creído que yo me tragaba el cuento de que tenías parejas ocasionales, verdad? —se ríe al ver como la joven se sonroja fuertemente.

—Nunca dijiste nada —balbucea.

—No quería incomodarte porque encontraba normal el hecho de que intentaras protegerte en todos los sentidos. Está bien, pero por otra parte ¿Lo has hablado con él?

—No, por supuesto que no —se exalta enseguida.

—Entonces lo estás rechazando cuando intenta algo contigo —afirma.

—Solo lo intentó una vez. Cuando recordé eso, no ha vuelto a insistir con el tema.

—Ahh —suelta un suspiro —. Ese es el motivo de tu enojo. Ahora la pregunta es ¿Estás enfadada porque él no vuelve a intentarlo o porque tienes miedo de que vuelva a pasar? ¿O ambas cosas?

—Puede que un poco de ambas, pero lo peor es que las pesadillas están aumentando Ryuto. Ya no puedo más con esto y siento que me estoy volviendo loca. Despierto gritando y llorando, y él lo único que hace es consolarme y abrazarme, cuando unas horas antes le he gritado horrores.

—Bueno cariño, por lo que me has dicho, él te ama —ella lo mira sin comprender, el castaño suspira y siente compasión —. Cuando alguien te ama de verdad, esa persona es capaz de comprender tus sentimientos y ayudarte a superar todo tipo de problemas. Es normal que esa persona te apoye en todo y se convierta en tu escudo protector contra todo daño posible.

—¿Tú crees que él realmente me ama? —pregunta, mirándolo directamente a los ojos. El miedo en su mirada, conmueve a su psiquiatra, su amigo.

—Bueno, no lo he visto, pero por lo que me has dicho de él, parece que sí —ella se sonroja —. No es imposible que alguien te ame. Tienes amigos que cuidan de ti porque ellos también te aman, solo que de una forma diferente.

—No deberían. Solo terminarán odiándome —mira el suelo, sus hombros se hunden y vuelve a sentir ese peso sobre ella; ese peso que su "familia" consiguió que acarreara sobre todas las situaciones a su alrededor.

—Ya habíamos hablado de esto… te estás volviendo muy terca Serena. Yo conozco muchas facetas tuyas pero estoy completamente seguro de que apenas y me acerco a la verdadera tú. ¿No estás cansada de esto?

—¿A qué te refieres? —pregunta temerosa.

—Digo que es momento de que hagas algo por ti misma. Quiero que a partir de la próxima sesión, vengas dispuesta a querer ayudarte. Haremos lo que debimos hacer desde el comienzo, así que se acabaron las conversaciones graciosas y sarcásticas. Empezarás a contarme todo, sin guardarte nada. ¿Te da vergüenza que te hayan violado? Lo que deberías tener es rabia, no vergüenza por algo que tú no hiciste.

—Tú no puedes comprenderlo, nadie puede —las lágrimas comienzan a formarse en sus ojos, pero como siempre, toma una gran bocanada de aire y se las traga.

—Supongo que no puedo comprenderlo del todo, al menos tus sentimientos, pero de una cosa estoy seguro, tú entras en el perfil típico de una mujer abusada, que fue maltratada física y psicológicamente. Temes que te toquen, que te miren; no soportas las miradas de los hombres. Aún encuentro increíble que estés intentando algo con ese hombre.

—¡Él es diferente! —alza la voz, buscando defenderlo de una acusación vacía.

—Por supuesto que es diferente. Él ha conseguido más que yo. Necesito verlo, y lo más pronto posible. La semana que viene quiero que...

—¡Espera, no… él no vendrá aquí! —lo mira exaltada y preocupada. Ryuto suspira.

—Si vendrá, y le dirás que necesito hablar con él. Necesito verlos a los dos juntos y comprender lo que está pasando.

—Él es una persona ocupada… no es como si pudiera pedírselo y listo. No pienso molestarlo, ya mucho hace teniéndome en su casa.

—No me interesa. Se lo dirás y la próxima semana lo veré aquí Serena, o ya puedes irte olvidando de estas sesiones y buscarte otro psiquiatra.

—Eso es abuso, no puedes hacerme esto. Ya mucho me ha costado hablar contigo como para que...

—Entonces tráelo y asunto resuelto. Dudo mucho que se niegue; si te ama, él vendrá.

—Te odio —dice entre dientes.

—Lo sé, y a partir de ahora comenzarás a odiarme de verdad.

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Camina con los auriculares en los oídos, escuchando bandas de k-pop; mueve la cabeza al son de la música y se ríe al recordar el rostro de su bias, el visual del grupo y vuelve a reírse al darse cuenta de que es un poco superficial. No se percata de que una persona camina detrás suyo, observándola, recorriéndola con la mirada de pies a cabeza, deteniéndose y lamiéndose los labios al ver su redondo y firme trasero en el jean apretado que lleva. Solo cuando él pone su mano sobre su hombro, ella se sobresalta y voltea asustada. Frunce el ceño al ver el rostro del pelinegro.

—Seiya, ¿Cuántas veces te he dicho que odio que hagas eso? —gruñe cabreada.

—Un montón, pero te ves linda cuando te sorprendes.

—Yo no considero eso "lindo" —hace unas comillas en el aire —. Terminarás matándome.

—¿De amor? —hace un puchero para verse adorable. La rubia alza una ceja, irónica.

—Yo diría de asco —se ríe al ver su cara.

—Oye, los chicos planean salir este fin de semana para irnos de fiesta. ¿Te apuntas? —pregunta sonriéndole coqueto.

—Paso.

—¿No te dejan? —pregunta poniendo una expresión seria y molesta.

—No es mi padre, Seiya, es mi... —duda unos segundos, pero no quiere crear falsas esperanzas —. Es mi pareja.

—No te ves tan segura —sonríe de lado, contento por verla vacilar —¿Han peleado? —al ver como la rubia se tensa, sonríe ampliamente al darse cuenta de que ha dado en el clavo —. No deberías estar aguantándolo. Solo déjalo. Es un hombre mayor a fin de cuentas y no te puede dar lo que necesitas.

—Y según tú ¿Qué necesito, Seiya? —le pregunta, mirándolo directamente a los ojos.

—Un hombre de tu edad, que te haga reír, disfrutar de la vida, que te haga sentir libre, no como un cisne encerrado en una jaula.

—Él no me tiene encerrada, Seiya.

—¿En serio? —pregunta sarcástico—. Los chicos dicen que desde que estás con él, apenas y sales con ellos; casi ya ni te vemos, Serena.

—Nunca me ha gustado salir, eso no es un secreto —frunce el ceño y piensa que los chicos no le habían dicho nada sobre el asunto y de lo que pensaban de su relación con el moreno.

—Pero antes salías a pesar de eso. Se te extraña dulzura, antes nos divertíamos mucho —sonríe melancólico, provocando en Serena una extraña sensación.

—Bueno, supongo que no salgo como antes, pero después de lo que hiciste en mi casa la última vez que estuviste allí, ni siquiera estoy segura de que ellos quieran hablarte.

—Yo me hablo con ellos. Me disculpé contigo y con ellos, preciosa.

—¿Y aceptaron? —pregunta un poco sorprendida.

—Bueno, me tienen a prueba, pero como nunca vienes a nuestras reuniones, no pueden evaluarme. No he podido demostrarles que cometí un error aquella noche.

—Uhh —mira el piso y se da cuenta que ya está cerca de la entrada de la universidad.

—Entonces, ¿te vienes con nosotros?

—¿Cuándo? —pregunta olvidando la invitación antes dicha.

—Este sábado. Supongo que Lita te terminará avisando de todos modos, pero piénsalo ¿sí? —pregunta sonriéndole, risueño. La rubia se agita un poco, su corazón se acelera, ya que siempre le había gustado esa sonrisa de él, tan infantil, tan tierna.

—Está bien, lo pensaré —dice nerviosa. El pelinegro frente a ella sonríe de oreja a oreja y antes de marcharse, deposita un cálido y casto beso en su mejilla, provocando en el acto que las mejillas de la rubia se tornen rojas.

—¡Nos vemos! —grita, alejándose corriendo de ella. Ella se queda pasmada y no sabe por qué su corazón aún sigue latiendo con fuerza. Su cuerpo tiembla ligeramente al sentir la brisa y traga saliva al sentir su garganta seca; encuentra extraña la sensación, ya que eso solo lo sentía cuando tenía a su moreno cerca, bastante cerca para entumecerla de deseo.

Su cuerpo se pone tenso, se siente observada y mira hacia los lados; busca la fuente de esa sensación, y solo cuando voltea, encuentra al origen de su deseo.

—Darien —susurra. Apenas y se escucha, pero el moreno sabe que ha dicho su nombre, más sin embargo no dice nada; no se acerca y su mirada se ve oscura (más oscura de lo normal). Una sensación incómoda la invade porque sabe por regla que el pelinegro ya debería estar a su lado, besándola. Observa que su cuerpo está tenso y que su mirada se ha vuelto negra y peligrosa; ella traga saliva y con pasos tímidos se acerca a él.

—Hola —lo saluda con cuidado y alza su cara para mirarlo; él solo la está observando y no dice nada, absolutamente nada sale de sus labios, pero sus ojos, esa mirada lo dice todo. Ella prácticamente puede escuchar lo que está pensando —. Solo se estaba despidiendo. No ha pasado nada.

—Me vio —dice como única explicación. La rubia frunce el ceño al no comprender lo que dice —. Ese tipo es más listo de lo que parece, Serena; me vio y a pesar de eso, te besó frente a mí.

—Solo fue un beso en la mejilla, Darien. Las personas se despiden así.

—No me importa cómo se despidan el resto de personas, Serena. Me cabrea ver a mi mujer siendo besada por un gilipollas y que ella se sonroje como una colegiala enamorada —gruñe, con la voz baja y ronca. Serena se siente culpable, porque a fin de cuentas, sabe que es cierto.

—Lo siento —susurra. Darien al escuchar esas palabras cierra los ojos, muerde con fuerza su labio inferior y expulsa aire de su boca con fuerza.

—Eso solo lo hace peor, Serena —mira hacia otro lado —. Ese tipo ¿acaso te gusta?

—¿Qué? ¡Dios, no! ¡Jamás! —exclama, angustiada —. Solo es un amigo, es solo que...

—Es solo ¿qué? —repite.

—Me hace pensar que yo podría sonreír así, si no hubiera pasado lo que pasé —agacha la cabeza. El moreno frunce el ceño y la observa —. Cuando sonríe como un niño, yo… envidio esa sonrisa. Quisiera poder ser capaz de sonreír así, por eso me sonrojo.

—Tú sonríes así.

—¿Cuándo? —pregunta sorprendida.

—Cuando estás viendo algo que te gusta, pero a diferencia de ese tipo, que solo finge esa sonrisa para agradarte, tú sonríes con los ojos. No envidies algo tan vacío y superficial —se acerca y la agarra de la cintura, pegándola a su cuerpo con fuerza, dejando que cada parte de su anatomía se roce a la de él, marcándola como suya frente a todo aquel que quiera ver —. Tú tienes suficiente luz en ti, cariño.

—Yo más bien diría que son sombras — replica —. Y muchas.

—Eso solo significa que tienes tanta claridad en ti como para proyectarlas. Una vez leí por allí, que la oscuridad es solo la luz que no podemos ver.

—Antes de que me dé cuenta, esto terminará convirtiéndose en un libro porno —el moreno frunce el ceño al perderse en la conversación —. Lo gracioso es que yo no tengo cincuenta sombras.

—¿Cincuenta sombras? —pregunta, frunciendo el ceño.

—Sí, aunque eso a mi lado, queda como un juego de niños ya que yo tengo suficientes sombras en mí para crear mi propio best seller.

—Amor, creo me he perdido —le dice sonriéndole.

—Lo sé —le devuelve la sonrisa —. Bésame.

—¿Ahora? ¿Frente a toda esta gente? ¿Que pasó con aquella señorita que me dijo que no quería ser besada en público?

—Creo que está asustada, así que no preguntes nada y solo bésame.

El pelinegro la mira unos segundos más a los ojos. No comprende qué está pasando pero su mirada toca su corazón; se acerca a ella y la besa, con calma, con cuidado, con ganas de demostrarle que la ama, que no puede estar sin ella y que está allí para ella, para apoyarse en él, un hombro donde descansar en momentos de dificultad. Y dado que estaban viviendo esos momentos en las últimas semanas, era mejor que se deje consentir.

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—¿A dónde quieres ir? —pregunta mientras enciende el motor del coche, observando como la rubia se retuerce en el asiento. La última semana había sido bastante difícil, su estado de ánimo había estado cambiando de extremo a extremo, y a pesar de que comprendía más o menos lo que le estaba pasando, lo cierto era que cada vez se sentía más perdido en cuanto a sus estados de ánimo. A veces, se arrepentía de haberla llevado de viaje, ya que desde que regresaron, ella había cambiado drásticamente, como si algo se hubiera despertado en ella.

—Darien, ahora en la tarde... —mira hacia el exterior, nerviosa; se lleva la mano izquierda a la boca y se muerde la uña del pulgar —¿Tendrás alguna reunión o algo?

Darien nota su nerviosismo, frunce el ceño y siente que algo quiere, algo que necesita pero que no se atreve a pedir.

—Estaré libre, amor. Me he tomado la tarde para estar contigo. Has estado un poco tensa esta semana y quería que nos relajáramos juntos.

—Oh —sus labios forman una "o" y enseguida se ve aún más preocupada. El pelinegro traga saliva y siente que se equivocó en sus palabras. La rubia frunce el ceño al ver el camino que están tomando —¿A dónde me estás llevando?

—A tu terapia —se detiene en un semáforo en rojo.

—¿Vas a ir conmigo? —pregunta asustada.

—Sí. Bueno, pensaba esperarte afuera, así no perdemos tiempo —el pelinegro la observa y ve como ella asiente y se muerde los labios.

—Vale —susurra.

Unos quince minutos después, llegaron al edificio. Ambos bajan y caminan agarrados de la mano. El pelinegro se preocupa al sentir el frío de sus manos; es el final del invierno pero no pensaba que ella tuviera tanto frío. La mira con detenimiento y siente que su mano se hiela más a medida que se acercan a la consulta de su psiquiatra. Una señorita detrás de un escritorio les sonríe y les pide que esperen un momento, se sientan y la rubia mueve sus piernas inquietas, el claro signo de su nerviosismo.

—Oh, veo que ya llegaron —se escucha la voz de un hombre de mediana edad. La rubia salta en su asiento y el pelinegro alza una ceja y se levanta para saludar al especialista frente a él.

—Buenas tardes, mucho gusto. Soy Darien Chiba —se dan un apretón de manos. La rubia se levanta y lo saluda de la misma forma.

—Un gusto. Soy Ryuto, su psiquiatra. Bien, pueden pasar —los invita. El moreno se le queda viendo extrañado.

—Oh, está bien, esperare aquí fuera —dice. Ryuto lo observa asombrado y entonces ve el rostro de la rubia, blanco como un papel.

—¿No te dijo que quería hablar contigo? —pregunta con una ceja alzada mirando en dirección a la rubia. Ella desvía la mirada y es incapaz de ver a su "novio". El pelinegro por su parte, mueve la cabeza, sorprendido y busca la mirada de la rubia, cuyos ojos están escondidos detrás de su rubia melena —¿No tienes algo que decir, pequeña señorita? —el castaño le pregunta, se ríe entre dientes y le explica a Darien la situación —. Le había dicho que necesitaba hablar contigo, con los dos, pero al parecer cierta "niña" tenía miedo de decírtelo. ¿Sabes, Serena? Yo no soy el director de tu instituto y él no es tu padre.

—¿Eso es cierto, Serena? —pregunta el moreno, viéndola, aunque lo único que puede ver de ella es su rubia cabellera; sonríe de oreja a oreja al ver la ternura en ella, se acerca y toma tu cabeza depositando un beso en la cima —. Eres la cosita más mona y hermosa que he visto en mi vida, ¿lo sabes? Solo tenías que decirlo, yo nunca te hubiera dicho que no.

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Nota de Autora:

Bien mis hermosas señoritas, antes que nada:

LO SIENTO! -inclinación de noventa grados.

Para comenzar quiero explicar el porque de mi demora, hace cosa de dos meses, mi madre tuvo un problema con su novio y este nos hecho de su casa...yo estaba O.K. no pasa nada, aún puedo escribir y publicar la historia como siempre, la cosa se complico cuando hace un mes, mi madre se accidento, se "cayo" de la moto y termino con una pierna escayolada (hoy en día sigue igual) cosa que me obligo a alejarme de todo, sobre todo la escritura, me siento muy apenada y a pesar de que el asunto estaba fuera de mis manos, se que han esperado mucho. Estoy tratando de recuperar el tiempo perdido, este verano (VACACIONES!) pienso ponerme al día en la historia y tratar de subir más capitulos de lo normal.

Muchas gracias, por las personas que aún siguen la historia.

Espero que disfruten del capitulo.

Todos aquellos que me han dejado un comentario, lo sé, lo siento -como basicamente me decis lo mismo XD- Me disculpo de nuevo, espero que sigamos leyendonos.

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