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Capitulo XIX
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Una vaga sensación es a veces más peligrosa de lo esperado.
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¿Demasiado pronto? Por momentos, hubiera preferido no haberla tocado. No es que se arrepintiera de haberle hecho el amor, jamás podría; sin embargo, cuando ella se ponía incomoda con su presencia, le daban ganas de golpearse contra una pared por calenturiento. Era consciente de que si hubiera dejado a Darien junior dentro de la bragueta, ella no se mostraría tan lejana, a veces. También era cierto, que no había vuelto a insistir en el tema, ni siquiera lo mencionaba; el sexo, si bien era fundamental en una pareja, a veces -la mayor parte del tiempo- para ellos era como una piedra en el zapato.
Y lo peor no era eso. Su niña, su preciosa y angelical niña, andaba por toda la casa con escasas prendas, ¡Era invierno!... Bueno, puede que ya estuviera por comenzar la primavera, pero eso no era excusa; aún hacía frío, y ella, su delicada y frágil mujer, correteaba por la casa en diminutos shorts, y eso si tenía suerte, ya que al parecer a su rubia le gustaban sus camisas, y muchas veces, las usaba como ropa y... no se ponía nada más. En la parte de arriba, sabía que no había nada de nada, y la parte baja… bueno, en muchas ocasiones estuvo tentado de asomarse para verificar si había algo allí.
La amaba demasiado, pero lo estaba volviendo loco. Terminaría con una buena pulmonía como ella siguiera desfilándose así por casa; eso o terminaría estampándola contra una pared con las piernas bien abiertas y él enterrado en lo más profundo de su ser... Ahhh, toma aire, se gira y vuelve a intentar prestarle atención al televisor. Había vuelto a tener ese tipo de pensamientos sucios con ella; su polla palpita en el pantalón, pero trata de controlarse porque no quiere asustarla. ¡Madre mía! No quiere joderla aún más -si se le permite el juego de palabras- aunque sí quiere hacerlo, y mucho. Gruñe entre dientes, agita la cabeza para dispersar esas ideas y entrecierra los ojos al televisor, y casi pareciera que está furioso con el chef gordo de la TV.
Serena lo mira curiosa, se encoge de hombros y continúa con lo que está haciendo; frunce el ceño cuando lo vuelve a escuchar gruñir, pues si las cuentas no le fallaban, ya llevaba diez, en menos de dos minutos, y nunca lo había escuchado hacerlo tantas veces repetidas, ¿Tan malo era el programa? Debería cambiarlo, entonces. Gira los ojos y termina de hacer el desayuno… ya casi almuerzo, pues eran cerca de las tres de la tarde. Pero no era su culpa el que se hubieran acostado a dormir tan tarde y que se hayan despertado a esa hora.
Lo irónico era que no habían hecho nada productivo y para colmo, el moreno no había intentado sobrepasarse ni un centímetro en las dos horas y quince minutos que duró la película. Serena frunce el ceño aún más, pues estaba convencida de que ponerlo a ver Nueve Semanas y Media debía dar algún resultado, como por ejemplo, ella siendo tomada contra una pared o atada a la cama suplicando por más; sin embargo, el pelinegro se había mantenido firme y solo había besado su cabeza una que otra vez. Para cuando se acabó la película, la única caliente y cachonda había sido ella, por lo que conciliar el sueño no había sido fácil y el hecho de haber tenido un sueño húmedo, solo había sido la conclusión obvia de haberlo querido calentar... o tal vez su castigo.
—Darien, amor, ya está listo. Lo quieres comer en el salón o en el comedor —antes de terminar de hablar, el moreno ya estaba detrás de ella, abrazándola por la espalda.
—Hueles bien —susurra y besa su cuello.
—Darien, yo no soy la comida, aunque a Brownie tambien le dé por lamerme —frunce el ceño confusa. Su cachorro también había amanecido regalón, más de lo normal en él, pues había estado lamiéndola toda la mañana, casi, casi como si la estuviera probando.
—Sabes delicioso, soy testigo —su voz se había vuelto ronca. La rubia traga grueso al identificar esa voz, la misma que aparecía cuando la necesitaba, cuando la deseaba de esa forma.
—La comida ya está, Darien —susurra con la voz entrecortada. Darien, al escucharla, reacciona y se aleja unos pasos de ella, coge ambas bandejas y las lleva el mismo —. Supongo que en la sala —susurra para ella misma, al ver la dirección que ha tomado el moreno, quien está respirando con la boca, rogándole a su miembro que baje un poco, ya que no quiere que ella se dé cuenta de su estado.
—¿Te apetece ver algo? —pregunta para distraerla. Ella mira al frente y observa al chef, meterse a la boca, un gran bocado de comida, que según él, está probando.
—Uhh, sí —coge el mando y comienza a cambiar de canal, y al cabo de unos minutos, se detiene en "Divinity". El moreno alza una ceja al ver el programa: Vestidos de novia.
—¿Desde cuando te gusta eso? —pregunta interesado. La rubia asiente mientras responde.
—Soy una chica. No esperes mucho de mí —muerde un pedazo de pan tostado.
—Lo sé —respondió. La rubia se le queda mirando y alza una ceja dudosa —. Soy testigo, ya sabes, de que eres una chica... lo sé —tartamudea nervioso.
—Respira, Chiba —sonríe.
—Hoy... en la tarde... al final ¿qué haremos? —pregunta y finge una máxima concentración en lo que están diciendo las mujeres sobre el vestido. Al final, rueda los ojos al escuchar la sarta de tonterías que salen por su boca.
—Bueno, nos arreglaremos. Cogeremos el coche e iremos a Arco, respirarás, yo respiraré y dejaremos que Tony tenga su momento friki, por supuesto, hasta que me dé hambre y comience a molestar al resto. Básicamente, lo mismo de siempre.
—Te recuerdo que yo nunca he estado allí antes —la mira de forma lastimera. Quiere su atención ya que se siente un poco perdido con el asunto.
—Es cierto. Tú solo sigue la corriente —toma un poco de zumo, mientras se entretiene con el programa, sin notar la incomodidad del moreno, y que no era causado precisamente por la erección que lo aquejaba hace unos momentos.
—Pero, ¿qué más hacen? —pregunta, sin despejar la vista de la rubia. Estaba preocupado, porque si bien es cierto que se llevaba de maravillas con los chicos, apenas y habían salido, además ya habían pasado meses desde su última salida.
—Cosas —se ríe al escuchar el comentario del vendedor. El moreno frunce el ceño, al ver que no le está prestando atención.
—Pero ¿qué cosas? —pregunta de nuevo, perdiendo de a pocos, la paciencia. La amaba, se repetía una y otra vez en la cabeza, pero la única cosa que no toleraba de nadie, era que no le prestaran atención cuando hablaba.
—No lo sé. Entramos a tiendas y eso —el moreno deja de comer y se queda mirando a su rubio tormento.
—Serena —la llama, pero ella sigue entretenida viendo la televisión —¡Serena!
—¿Qué rayos sucede contigo? Estoy aquí, a tu lado, ¿Por qué gritas? —pregunta cabreada, viéndolo a la cara. El moreno también tiene la cara crispada del coraje.
—Te estaba hablando y no me prestabas atención —le dice, con la voz ronca.
—Te estaba escuchando y te estaba respondiendo —le responde, igual de enojada.
—No, lo que estabas haciendo era ver ese estúpido programa e ignorarme.
—Por favor, Chiba, el mundo no gira a tu alrededor, ¿Qué coño sucede contigo? —pregunta irritada, sin comprender en absoluto, el ánimo enfurruñado del moreno.
—Sucede que quiero que mi mujer me preste un poco de atención —gruñe.
—Estaba escuchándote. No seas tan cerrado —le chilla.
—¡La única cerrada aquí eres tú! —grita como un niño, exponiendo el único punto que se le vino a la mente, teniendo en consideración que, como el hombre primitivo en que lo estaba transformando su mujer, estaba últimamente, pensando más de la cuenta, en sexo.
—¡Y tú eres un reprimido sexual! —le devuelve el grito. El moreno se sintió ofendido, pues nunca, en toda su vida, había sido un reprimido sexual... Bien, puede que en los últimos dos años, se hubiera auto-castrado porque ya no toleraba el contacto con otras mujeres, pero eso era básicamente porque se había sentido impotente frente a ellas. Su rubia, definitivamente, lo tenía en la palma de su mano, desde antes de conocerse.
—¿Yo, reprimido? —definitivamente se sintió insultado —. Si alguien dejara que le abriera las piernas, yo no estaría tan frustrado —explotó, dejando en claro que solo por su causa, era obvio su estado de sequía.
—¿Y quién te impide que lo hagas? —le chilla. El pelinegro se levanta y le toma la palabra, tirándola en el sofá y devorando sus labios.
La rubia, sorprendida al principio, se queda fría, hasta que comienza a responder a su beso. Gime cuando siente las manos del moreno colándose dejaba de la camisa, alzándola, y sobre todo, abriendo sus piernas para poder acomodarse.
—¿Entonces, no vas a impedírmelo, no? —pregunta, con los labios hinchados por el beso.
La rubia tiene los ojos bien abiertos, pues realmente no se había dado cuenta para donde iba la discusión; es decir, ni se imaginó que terminaría allí, tumbada con él, acechándola. Si bien es cierto, había estado provocándolo toda la semana, con ropa diminuta y viendo películas, consideradas eróticas; al parecer el resultado se hizo tardar, pero supuso que era de "respuesta lenta", como ciertas medicinas.
—Oh.
—¿Es lo único que vas a decir? —sus manos acarician sus muslos. La rubia traga grueso al sentirlas sobre ella, y por dentro, sonríe y chilla de alegría, haciendo su merecido baile de la victoria —. Te ves tan linda, justo así.
—Pervertido —susurra, esperando que él comience con, su ya bien sabido, juego de seducción.
—Lo sé, pero es tu culpa. Si no quieres que esto se repita, deja de usar ropa tan pequeña —ronronea el moreno, demasiado cerca, pero a la vez demasiado lejos de ella, quien ya anhela la cercanía del moreno y tenerlo mucho más cerca de lo normal.
—Es tuya y no es pequeña —murmura con los ojos cerrados, tentándolo a que la desvista, disfrutando de las caricias intimas del pelinegro.
—Tienes razón, esto es mío, así que si quiero, puedo quitártelo —hunde su rostro en los senos de la rubia, mordisqueándolos sobre la tela y jugando con su pezón erecto por el deseo —¿Te gusta esto?
—Uhu —su mente se ha vuelto de papilla, su cuerpo entero se siente como si fuera arcilla en sus manos, lista para ser moldeada.
—Bien, porque voy a morder más, y en otros lugares también. Quiero que me pares si te sientes incomoda —le avisa.
—Uhu —pero la rubia está tan concentrada en lo que está sintiendo, que apenas y detecta que el moreno le está dando a elegir. Aunque es claro, ella está como quiere estar y por supuesto, donde había planificado estar, toda la semana.
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Dos horas más tarde, la joven está intentando con todas sus fuerzas, empujar al hombre que tiene sobre ella. Suspira pesadamente y gruñe imitándolo, mira la mesa de centro y observa el desayuno olvidado… bueno, la comida de la tarde, e intenta adivinar la hora. Está convencida de que son pasadas las cuatro de la tarde, lo que significa que tiene que moverlo ya, sino quieren llegar excesivamente tarde.
—Darien, amor, despierta —susurra en un principio, pero poco a poco comienza a impacientarse — ¡Darien, por favor, despierta de una puta vez!
—Grrr —gruñe con fuerza, apretándola aún más y consiguiendo un fuerte sonrojo en la rubia, al notarlo de nuevo listo.
—Si te levantas, te dejaré que me hagas el amor una vez más antes de irnos —suplica y negocia. Eso parece convencer al moreno que se alza sobre sus codos al oír la indecente propuesta; aún medio adormilado, sonríe risueño y mueve las caderas, dando pequeños empujes contra ella —. Vamos al baño, cielo. Mientras nos duchamos, puedes hacerlo, ¿Qué te parece?
El pelinegro asiente y se levanta, llevándola con él, envuelta en sus caderas, ambos desnudos y unidos de la forma más íntima posible; la besa en la frente y la lleva al baño. Luego de cuarenta minutos allí metidos, por fin salen, y la mujer corre presurosa por la habitación, buscando que ponerse. El moreno, húmedo, se tira en la cama disfrutando del paisaje que su mujer le ofrece.
—¿Y si nos quedamos en casa, haciendo el amor toda la tarde? —pregunta haciendo un ligero puchero. Su mujer, apenas y lo toma en cuenta.
—Levántate y arréglate Chiba. No voy a volver a repetirlo —dice, mientras se sienta frente a la cómoda donde está su maquillaje, cremas, lociones, perfumes, accesorios, y comienza a arreglarse. El moreno le gruñe.
—Sí, mamá, ya voy —arrastra las palabras. La rubia se voltea a verlo y le dirige una mirada amenazadora.
El moreno desvía la mirada y se va derechito a su armario. Quince minutos después, está de nuevo recostado, solo que esta vez, ya está listo; a diferencia de la veinteañera, que aún continua sentada frente al espejo.
—Hermosa, perfecta y deliciosa. Esas palabras te describen sin que te pongas nada de eso, amor. ¿Por qué pierdes el tiempo poniéndote todas esas cosas? Para mí, eres sencillamente, el espécimen más hermoso que existe.
—Es para que me sigas considerando de esa forma y no veas a nadie, Darien —explica.
—Amor, durante años, para mí, has sido la cosita más... —la sangre se le va de la cara. La rubia lo está observando a través del espejo con el ceño fruncido y la confusión escrita en su delicado rostro. Solo entonces, comprende que ha metido la pata, hasta el fondo.
—¿Durante años? —pregunta bastante perpleja.
—Quise decir, que lo serás durante años, toda la vida —intenta zafarse del problema, achacándolo a una mala conjugación del tiempo. La rubia asiente, sin creérselo del todo, pero lo quiere y algunas veces, creer en la palabra del otro debería bastar. El moreno es consciente de eso y vuelve a tumbarse; mirando el techo, se imagina a sí mismo dándose contra una pared. Eres un completo idiota, Darien, un verdadero imbécil.
Serena frunce el ceño ligeramente y continúa con su labor, a pesar de que sus pensamientos están aún en lo dicho por el moreno. Agita la cabeza y deja pasar sus palabras, pues por mucho que intente entenderlas, no consigue procesar, ni darle sentido ni lógica alguna. No hay modo de que se hayan conocido antes, porque para ella hubiera sido imposible olvidar su rostro. Esto la hace fruncir el ceño aún más, porque siempre había tenido la sensación de haberlo visto antes; entonces, abre los ojos como platos: la primera vez que hablaron, recordó haber dicho algo como eso... Que se conocían.
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Inicio Flasback.
—¿Te estoy molestando? —recuerda que le preguntó. Su rostro se veía entre afligido y preocupado.
—Nahh, pero esperaba más —le dijo viéndolo a la cara. Él había asentido.
—¡Yo también esperaba más —eso no lo entendió, ¿Por qué tenía él, que esperar más? —… mucho más!
—Tal vez aún no era el momento —le sonrió al decir eso, y vio durante unos segundos, una mirada de pánico en el moreno.
—Yo no podía esperar más —había dicho. ¿Esperar más?¿ No es como si me conociera de antes?...
—Creo que te he visto antes —susurró. Vio su nerviosismo y como le sonreía antes de responderle.
—El mundo es pequeño. Tal vez me viste por allí y ni te imaginabas que era el futuro padre de tus hijos —se rio nerviosamente.
—Eso me lo hubiera imaginado —recordaba haberlo visto dejar de reírse —. Lo que no hubiera siquiera pensando, era que iba a estar hablando con él, tan pronto.
—Es una casualidad del destino —no le había creído y entonces dijo aquello.
—No creo en eso —mordió con suavidad el donut y dijo aquella frase que siempre repetía —. Las casualidades no existen.
—Solo lo inevitable —termino él, la frase. Recordaba haber pensado que, solo alguien que la conocía, podía decir eso, sin embargo lo dejó pasar, porque cualquiera podía saberla.
Fin Flasback.
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Se mira en el espejo, la duda la asalta con fuerza y busca entre los escombros de su cabeza. Una parte de ella, sabe que lo había visto antes y gruñe quedamente porque es incapaz de recordar donde. Al final, simplemente suspira y termina de vestirse; se voltea para decirle al moreno que está lista y lo encuentra absorto en sus pensamientos. Sonríe y lo llama.
—Amor, ya estoy lista —le dice. El moreno gira el rostro en dirección a su voz, sonríe de forma risueña y se levanta.
—Ok, vamos —pasa a su lado y llama al cachorro —¡Brownie! ¡Ven, monstruo!
—Ya te dije que es un bebé —Serena hace una mueca de enfado.
—Y yo te dije que es un insulto considerar a esto —señala al perro de siete kilos —… un bebé.
—Bien, bien, di lo que quieras —coge la correa de su "bebé" y se la pone —. Vamos precioso.
El pelinegro simplemente se ríe y la sigue juiciosamente. En el ascensor, van directo al estacionamiento y esta vez, por comodidad, elige el Opel Mokka. El animal se sienta en la parte trasera y saca la cabeza con la lengua afuera. Ambos se acomodan y se dirigen a su destino; la rubia se recuesta, enciende la radio, y los dos se dejan envolver por la romántica canción, aunque cada uno sumido en sus pensamientos. No se dicen nada, pero no es incómodo, pues ambos están preocupados a su manera. El moreno sigue sin comprender porque últimamente se le escapan muchas cosas; la rubia sigue torturando a su mente para recordar si lo había visto antes y descarta lugares como loca, pues después de todo, él es un hombre millonario y ella, una simple plebeya, así que sin lugar a dudas, los lugares debían ser reducidos.
Antes de darse cuenta, ya habían llegado, y encontrar donde aparcar había sido el reto. Perdieron más tiempo buscando un sitio y al final, el pelinegro decidió que lo mejor era pagar por un parking y dejar de dar vueltas. Cuando ya iban de camino para encontrarse con los chicos, el móvil de la rubia comenzó a sonar como loco; ella simplemente rodó los ojos y ni se molestó en ver los mensajes, pero no pudo ignorar la llamada.
—Hola —susurra con cuidado. El pelinegro observa como aleja de golpe el móvil de su oreja, frunciendo el ceño —. No grites Nick, por Dios, no eres mi padre. Sí, voy tarde, pero adivina qué, sí ustedes recién llaman significa que llevan como mucho, cinco minutos esperando, y teniendo en consideración que son las seis y media, supongo que llegaron con un retraso de veinte minutos, como siempre; así que deja de joderme y espérenme unos putos cinco minutos, que ya estoy llegando.
Darien la mira de reojo. Una extraña mueca surca su rostro pero recoloca una buena expresión cuando la rubia se voltea a verlo; ella entrecierra los ojos y decide ignorarlo, y observa como prefiere darle atención al monstruo. El moreno se percata de un grupo más o menos grande y sonríe de lado al identificarlos, pero esa sonrisa desaparece de inmediato, al ver al estorbo que los acompaña: Kou.
—No sabía que vendría tu amiguito —gruñe. La rubia lo mira confundida y busca a los chicos. Se ríe entre dientes al ver a Seiya.
—Sí, bueno, es del grupo y los chicos ya lo han perdonado.
—¿Y tú también? —pregunta enojado.
—Bueno, perdonar es una opción no un sentimiento —le explica. El moreno le dirige una mirada oscura y la rubia siente otra vez aquella sensación extraña; siente un escalofrío que la recorre por completo, asustándola, pero la deja pasar, pues sabe que él nunca le haría daño. Además, una mirada asesina, no mataría a nadie.
—Lo siento, por ser incapaz de perdonar y seguir odiando a alguien que insultó a mi mujer. Debo de ser idiota —la rubia no tuvo tiempo de decir nada porque ya los tenía en frente.
—¡Hola, chicos! —saluda efusivamente, contrariada y todavía incómoda por lo que le dijo el moreno.
—Buenas tardes —saluda en general ,el moreno, sonriéndole a casi todo el mundo… a casi.
—Vaya, llegan tarde, ¿Qué? ¿Haciendo la faena? —pregunta un pícaro Tony. El resto del grupo se sorprendió al escuchar la risa del moreno, confirmando la suposición del rubio.
—Bueno, ya estamos aquí. Que tal si nos ponemos a ello —dice la rubia, roja como un tomate, rogando para que dejaran pasar el asunto.
—Por mí, bien, pero ¿dónde vas a dejar eso? —la castaña señala al labrador.
—Uhh… no lo sé —mira al moreno, esperando una solución. Este le alza la ceja y ella se da cuenta de que aún sigue mosqueado por el tema de Seiya.
—Supongo que puedo esperarlos afuera. Yo cuidaré de tu mascota, Bombón —la solución del pelinegro de larga cabellera es oída por todos, generando diferentes reacciones; pero la más importante para la rubia, era la del moreno. Este se tensó tanto, que Serena temió por un momento, que su pareja le saltara encima al otro hombre; sin embargo, al final, no hubo esa reacción. Ella, con timidez, buscó su mirada, pero este simplemente la ignoró. Una parte de ella se encogió, sintió como si su corazón se hubiera quebrado un poco; él, realmente estaba evitando su mirada y lo peor, era que parecía que no estaba viendo a nadie en particular.
—Claro, supongo que está bien —susurra, nada convencida de sus palabras. Le entrega a Seiya, la correa del perro, con cuidado de no rozar siquiera sus dedos, sin embargo, el animal reaccionó como lo tendría que haber hecho su padre; lanzó un fuerte gruñido en su dirección, poniéndose en posición de ataque, listo para morder a Seiya, si llegaba a tocar a su ama —¡Brownie, para!
El grito de la rubia pareció llamar la atención de su mascota, que enseguida dejó de ladrar. La rubia volvió a estirar la mano y esta vez el animal no hizo ninguna protesta. El único que se veía un poco pálido, era Seiya, en cuyo rostro estaba escrito el arrepentimiento de haberse ofrecido. El resto del grupo no había presenciado del todo el espectáculo, porque ya se habían adelantado lo suficiente para no saber por qué el animal ladró; los únicos que sabían con exactitud fueron Serena, Lita y los dos morenos. Al final tres de ellos siguieron al resto, dejando a un indefenso hombre, cuidando de un animal que estaba más que dispuesto a morderlo.
—Vaya, debe de odiarlo —bromeó Lita, esperando aligerar el ambiente —. Supongo que en eso se parece a su padre.
Pero la pareja no río, ni siquiera hizo el amago de fingir una sonrisa de cordialidad por su intento, antes de entrar a la tienda. La rubia se volteó por última vez para observar la mirada de tristeza de su hijo y la cara de miedo de Seiya, pero al final, terminó entrando junto a un hombre que parecía estar completamente dispuesto a ignorarla y una amiga que no comprendía lo que pasaba. No pudiendo más con la presión del ambiente, la muchacha se alejó de ellos, caminando con la sensación de tener el cuerpo pesado. El moreno iba detrás de ella, sin alejarse, pero no viéndola.
La rubia deambuló unos quince minutos por la tienda, sin ver nada realmente, hasta que no pudo más y decidió volverse. El moreno como siempre, siguió sus pasos y se sorprendió cuando se dio cuenta de que su mujer había ido directo a la salida.
—¡Eh, mi amor! —gritó, haciendo que el animal alzara la cabeza y comenzara a mover la cola como un desesperado. Ella sonrió y se acercó trotando hacia él —. Seiya, puedes entrar. No estoy muy interesada en lo que hay allí dentro.
—¿Segura? Puedo cuidarlo, no hay ningún problema —se ofreció de nuevo, con el único propósito de agradarle, más no por simpatía verdadera.
—Está bien, nosotros nos quedaremos aquí; además es nuestro hijo. Entra —lo indujo a que se fuera. Al final le hizo caso y se alejó, no sin antes dirigirle una mirada al otro moreno. Serena no perdió detalle de ese gesto y soltó un gran suspiro.
Se acercó a su cachorro y se puso de cuclillas para estar a su altura. El animal lamió su cara, demostrándole lo emocionado y contento que se encontraba, por tener de vuelta a su madre.
—¿Me extrañaste, amor? —el animal lanzó un ladrido, respondiéndole.
—Ya regreso, voy por algo —escuchó la voz del moreno a sus espaldas, ronca, contenida, molesta; pero antes de poder ver su rostro, él ya se había dado la vuelta.
—Tú padre está muy enfadado conmigo —su estado de ánimo decayó considerablemente y se dio cuenta de que otra vez estaba jodiendo las cosas.
Recordó las veces que salía con su madre y siempre parecía arruinar sus planes, pues cuando regresaban a casa, parecía enfadada y ella se sentía miserable por haber arruinado la vida de su joven y hermosa madre. Los recuerdos la golpearon de pronto, recordando que las salidas con su padre, siempre terminaban más o menos igual, pero con la diferencia de un moretón en el brazo o la espalda. Una lágrima se escapó de su celeste mirada y se pasó con rapidez la mano para limpiarla, pero habían varios testigos de esa solitaria lágrima derramada, entre ellos, el moreno, que había vuelto a tiempo para ver un rostro lleno de tristeza y cuya prueba irrefutable de ello, era aquella gota de agua salada.
—Amor, no llores —se arrodilló a su lado, enseguida. La rubia alza la mirada y retrocede un paso, alejándose de él, más por inercia que por otra cosa.
—Darien —su voz salió rota. El pelinegro siente ganas de golpearse por haberle hecho eso.
—No llores, cielo, no lo hagas. Fui un imbécil, perdóname —le suplicó, con la voz aún más ronca, pero no por el enfado, ya que se notaba el miedo en ella.
—Te fuiste enfadado —dice. Su pecho sube y baja con fuerza, y solo entonces, se da cuenta de que había estado respirando superficialmente, y que con la vuelta del moreno, había requerido más oxígeno.
—Lo siento, estaba molesto y necesitaba respirar un poco, pero no quería arremeter contra ti. Soy un cabrón celoso y controlador, pero no quería asustarte —explica.
—Pero tienes razón. Tendría que haber pensado en tus sentimientos pero yo simplemente...—fue callada, de la forma más dulce y pura: un suave y delicado beso, en el lugar menos esperado; el moreno posó con suavidad y cuidado, sus labios sobre su frente, deteniéndose allí, varios segundos, tal vez incluso minutos. Un sentimiento de tranquilidad, inundó el frágil y, ya de por sí, roto corazón de la mujer, dueña de todos sus pensamientos.
—Te amo —susurra —. Y lo siento mucho. No quiero verte llorar nunca, odio verte así. No tienes idea de lo despreciable que me siento, cuando te hago sentir mal. Soy un monst…
—¡No digas eso! Tú me cuidas Darien. Me das de todo, cuando no es tu obligación ni tu responsabilidad y yo, en vez de sentirme agradecida, solo me la paso insultándote y jodiéndote. Deberías odiarme y no amarme.
La rubia tiene los ojos cerrados. El pelinegro acuna su rostro con sus manos. Poco les importa a ambos, estar dando un espectáculo. Que el resto del mundo los vea, si quieren.
—No sabes la dicha que me das, cuando me dejas consentirte; no te haces una idea de lo feliz que soy cuando te veo sonreír por algo que he podido ofrecerte. No te recrimines… chíllame, critícame, enfádate conmigo, no tienes por qué temer porque yo no te voy a alejar. Ya te lo he dicho, hasta que tú no me eches, seguiré pegado a tú lado, amándote y cuidándote. Si me enfado, no es contigo, es con el resto de hombres que piensan que pueden tenerte. A veces, quisiera poder ser capaz de marcarte de alguna manera, hacerles saber que ya tienes un dueño, alguien que te protege y que no estás sola.
—¿Vas a mearme encima? —pregunta medio en broma. El moreno le sonríe de lado.
—Me gustaría que fuera así de fácil —le responde. Ambos se abrazan, ella hunde su rostro en el pecho de su hombre; él le acaricia la espalda, agradecido de que haya parado el llanto. Ambos se quedan unos minutos así, hasta que escuchan al perro ladrar, llamando la atención de sus dueños.
—Bebé ¿qué ocurre? ¿Tienes hambre? —pregunta.
—Amor, Brownie siempre tiene hambre —se ríe de su propia frase. La rubia, medio lo secunda.
—Él aún está en fase de crecimiento, es normal —asegura.
—Dios mío, ¿tiene que crecer más? —pregunta sorprendido.
—Te dije que se haría enorme.
—Sí, pero no esperaba que se convirtiera en Godzilla.
—No digas eso —le da un golpecito. Al final, se levantan de la posición en la que se encontraban, quejándose al unísono —. Dios mío, estamos viejos.
—Amor, tú eres una bebé, no puedes estar vieja. En cambio yo, sí soy un vejestorio —niega con la cabeza, en son de pesadumbre.
—Discúlpeme, ancestro del pasado. No sabía que me estaba follando a un viejo, ¿Será que pronto necesitarás un tanque de oxígeno? —pregunta molestándolo. Él coloca una mano bajo su barbilla, simulando pensar.
—Bueno, si sigues jodiéndome de esa forma, lo más seguro es que sí —el sonrojo que adorno el rostro de la rubia, lo hizo reír a él —. Eres adorable.
—Eh, chicos, ¿qué pasa? —Richard se acerca a ellos.
—Nada —responden a la vez, queriendo que su juego quede solo entre los dos. El castaño entrecierra los ojos, dudando.
—Bien, lo que digan. ¿Por qué salieron?
—Estábamos aburridos —responde la rubia por ambos —¿Y tú?
—Un poco más de lo mismo. Me temo que el resto sigue allí por Tony. Ya sabes cómo se pone.
—Lo sé —rueda los ojos —, pero no vuelvo a ese sótano nunca más. La última vez, casi muero asfixiada.
—Sí, lo recuerdo.
—¿Cuándo? —pregunta el moreno, curioso.
—Hace cosa de unos tres meses, más o menos —responde el muchacho por ella, consiguiendo que el moreno se confundiera aún más.
—¿Eso cuándo fue? —se lo pregunta directamente a ella, esperando que el intruso comprendiera, que quería una respuesta de su mujer.
—Cuando tuviste una reunión muy importante. Los chicos querían venir y había ofertas. Tony casi muere si le decíamos que no, inclusive recurrió al soborno, cosa rara en él.
—Uhuh.
—Sí, "Uhuh". No te preocupes, solo vinimos los chicos y yo. Nadie "externo".
—Uhuh.
—Los celos terminarán volviéndote viejo, Chiba.
—No me importa. Eres tú la que va a ver las canas que me sacas, no yo —le sonríe juguetón. Ella suelta un suspiro, fingiendo resignación.
—Sí, supongo, a menos que te deje por uno de mi edad —esperaba que el moreno se riera, pero frunció el ceño al ver la palidez de Darien. Iba a decir que era una broma, cuando el resto apareció, a excepción claro, del rubio.
—Ya no podíamos estar más tiempo allí. El asunto da miedo —expone la castaña.
—¿Tan malo se ha puesto? —pregunta Richard, acercándose a su novia.
—Mucho peor. Al parecer, los frikis han crecido y ahora traen a sus hijos, haciendo el asunto aún más intenso allí abajo.
—Bueno, bueno, algún día ustedes también tendrán hijos, y querrán traerlos aquí —dice la rubia.
—Amor, para eso usaremos a la niñera —dice el moreno.
—¿Niñera? —pregunta la rubia. El moreno asiente de forma contundente. El otro moreno de larga cabellera, no pierde ningún detalle, gesto o mirada que se dirigen entre ellos.
—Amor, te vi adentro respirando superficialmente, eso sin contar que no soportas los lugares cerrados y mucho menos con muchas personas. Te crees capaz de venir con ¿Dos, tres niños a la vez y poder disfrutar de la salida?
—¿Tres? —las cerezas ya podían sentir envidia de la jovencita. El resto de sus amigos se mordían los labios para contener la risa.
—¿Quieres cuatro? —pregunta el moreno, al ver la cara de duda en la rubia.
—Creo que tres ya es bastante excesivo, en realidad.
—Pero, amor, ¿no quieres llenar la casa? —pregunta sonriendo, risueño.
—No hay muchas habitaciones —intenta zanjar el tema.
—Compraré una casa más grande —da la solución.
—En realidad, me gustaría adoptar un bebé coreano, de ser posible —dice, esperando espantarlo. Él sonríe aún más.
—Genial, entonces hacemos cuatro, nosotros mismos y adoptamos ¿Cuántos?... Uno, ¿dos tal vez? —el resto comienza a reírse por lo bajo, al ver la cara de terror que pone la rubia. Seiya endurece sus gestos al ver el jueguecito de los dos.
—Te volverás pobre con tantos hijos.
—Lo dudo. Entre lo que yo tengo y la herencia de mis padres, tenemos para alimentar al menos, unos diez hijos —le sonríe descaradamente.
—Dios me libre de tener diez hijos. ¡Dios mío!, ni siquiera creo que pueda con uno, ¿Qué haría con diez? —no pregunta a nadie, simplemente suelta eso, respirando con dificultad.
—Amarlos, por supuesto — el moreno le da la solución. Serena, al final, lo mira a los ojos y comprende que puede que esté jugando con ella; pero sabe que si esos diez hijos aparecen, él no se irá a ninguna parte, sino que más bien, les dará todo lo que tenga, de la misma forma que lo hace con ella, dándole todo el amor que posee en él.
—¿Ah, sí?
—Por supuesto, son tus hijos amor, ¿Cómo no podrías amarlos? —pregunta, sonriéndole con los ojos.
—Uh, tienes razón. Como podría no amar a tus hijos —ella le dice lo mismo, provocando una felicidad aún más inmensa en el pelinegro, que se acerca a ella y la besa castamente. Las chicas suspiran, al ver la escena de amor puro frente a ellas; los chicos voltean el rostro y se hacen los desentendidos, pues ellos, definitivamente no quieren diez hijos. El único que permanece inmóvil, con la mirada fría y los labios en línea recta, tragándose su veneno, es Seiya.
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Nota de Autora:
Woo lo se, lo se, no recuerdo cuando fue la última vez que publique, aunque me parece que no hace mucho. Nenas por cualquier cosa, no duden en preguntar, a veces mientras escribo me dijo: Tengo que aclarar esto, a lo mejor no lo saben, por frases de aqui (españa) y otras cosillas, entonces me dijo, a lo mejor no entienden la gracia...por favor diganmelo.
Espero que os guste el capitulo, como dije en mi facebook, el cual tiene el mismo nombre de este alias, ya falta muy poco para el final, mi meta es terminarlo antes de que se acaben las vacaciones de verano.
Espero vuestros comentarios, y muchas gracias!
Y como siempre, esta inconsciente casi se olvida de agradecer a Kary Moon, dios amo a esta niña, de verdad muchas gracias por todo, el trabajo que haces se agradece, a pesar de que no tienes que hacerlo, muchas, muchas gracias ^^
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Reviews:
mayilu : Hola cariño, vaya, este visita de parte de la familia de Dar? uhhh ahora mismo eso es casi imposible, pero no dudo que pasara, vamos pasara pero ahora no, padres cariñoso para serena?...te refieres a que quieres que los padres de Darien la traten asi...o a sus propios padres?...porque si es asi, tenemos un gran problema XDD jajajajajaja
giselamoon: yo tambien quiero un brownie, dios lo cree, porque amo los labradores! ^^ son amor puro.
SELENE 333: jajajajajajaja me hiciste reir XDD dios, todas ya quisieramos un hombre así, justo así como Darien...pero bueno...yo por mi parte me contento con mi sexy y caliente Siwon XDD al menos el es de carne y hueso.
Cotita83: si, exacto, ese quiebre tiene que existir, estoy trabajando en ello...y me he dado cuenta de que se me va hacer mas dificil de lo esperado, pero bueno en eso estoy ^^ Espero que te guste este cap!
yssareyes48 : si tienes razon, queria hacerlo celoso, muy celoso, pero entonces me di cuenta que eso no ayudaria a Serena en nada, complicaria las cosas, asi que lo hice lo justo para que ella se vuelva loca de amor, ademas a ella le gusta XDD
USAGUI MICHIRU: mi madre esta mejor, gracias, estoy avanzando todo lo que pueda XDD jajajajaja como he dicho quiero acabarla antes de se termine el verano. ^^
Pao Tsukino: muchas gracias ^^...si bueno ellos se aman...Dar la ama, ella...ella solo es terca XDD pero tu tranquila, que yo pronto le dare un zape en toda la cabeza.
princessqueen: jajajajaajaj dios si no leo el comentario de nuevo me olvido, soy un asco de persona...espera...(escribiendo el agradecimiento) bueno, tu sabes como son ese par, XD y tú más que nadie sabe que está pasando, supongo que son los beneficios de tu trabajo XDD jajajajaja muchas gracias por todo.
flor. : mujajajajajaja cursi? jajajajajajaj joder, y yo partiendome el cerebro con cada escena de miel, que me cuestan eh! dios soy mala con esas escenas, es por eso que tengo problemas con el final...que aun no esta...por lo mismo motivo de lo cursi...pero aun falta! bien estoy desvariando...lo sientooo, espero que disfrutes este cap!
Zury Bello: Pequeña amo tus comentarios, me dejas con esa sensacion de: dios me recuerda a mi hace años! jajajajaja te agradezco todo lo que dices, tu tranquila que yo en la vida real, tampoco paro de hablar, mi madre se cabrea conmigo XDD dice que la vuelvo loca jajajaja y si, yo tambien muero por un delicioso hombre de cabellos morenos y ojos oscuros, estamos en el mismo barco, tambien quiero un brownie, debo admitir que ese sueño era muy mio, jajajajajaja espero que tambien disfrutes de este capitulo, lo dije antes, pero te lo dijo a ti especialmente, me puedes encontrar en face con el nombre de Gisella Choi...antes era chiba, pero por cosas de infidelidades y demas decidi ponerme mi otro apellido de casada...ahora le pertenezco a Choi Siwon, buscalo, es hermoso! *-*
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Bueno una ultima cosita, la verdad es que habia pasado de eso por completo, pero la otra vez leyendo un fic, esta persona comento que si al menos dejaran un "genial" "bien" como comentario, que no te tomaria ni un minuto, ella sabria a ciencia cierta cuanta gente la lee, porque adivinen que? Hay un contador señoritas o jovenes (?) ¬¬...y el mio (que lo rebice) tampoco me cuadra...XDD ahora sí bien es cierto, yo tampoco voy a exigir que me dejen comentarios, no dire: si no llega a...200 (?) por decir un numero, no actualizo...-estoy rodando los ojos- NO HARE ESO!
Pero si agradeceria que me dijeran que al menos les gusta lo que leen, a veces me quedo con el: les gusto, de verdad? O algo no entendieron?.
Son dudas que siempre ando teniendo, que no me molesta que me pregunten! ^^
Con esto, espero que disfruten del capitulo! Nos leemos en el siguiente!
