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Capitulo XX
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Sin nombre. Mi cabeza ha colapsado y no puede más.
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Mira hacia un lado, suspira y espera con paciencia la comida. Se siente incómoda y extrañamente sola; no es como si su hombre estuviera ignorándola adrede, o al menos esperaba eso, pero el atractivo moreno había desaparecido con el resto del grupo. Lo único bueno, era que Kou ya se había ido. Nerviosa, se voltea y lo ubica entre los chicos, lo recorre descaradamente con la mirada y se detiene con picardía en su trasero… ¡Y madre mía, que trasero! Recuerda lo que habían estado haciendo en la tarde y ronronea por lo bajo. Se sonroja cuando al alzar los ojos, observa al moreno viéndola de aquella forma, y se vuelve una cereza. Este le guiña el ojo y regresa a la conversación con los chicos.
—Está bueno, ¿verdad? —pregunta la castaña.
—Sí. Está muy, muy bueno… y es mío —se pasa la lengua en su labio inferior. Lo observa de nuevo y a pesar de la vergüenza y la sensación de pena que siente, continúa observándolo, junto a sus queridas amigas.
—¿No te molesta eso? —pregunta la morena de larga cabellera, señalando con la cabeza, a un trio que está comiéndose con la mirada al pelinegro. La peli azul la secunda y asiente con la cabeza.
—Richard es guapo, pero no estoy ciega y veo lo atractivo que es Darien. Y no es que me interese. —aclara cuando ve la mirada de desagrado en la rubia.
—Sere, yo que tú, lo marcaría de alguna forma. Esas chicas de allá, han estado comiéndoselo con los ojos, desde que entramos —señala disimuladamente la morena, terminando con lo antes dicho.
—¿Qué zorras? —pregunta, cabreándose y encendiéndose como una llama.
—Serena, yo aún tengo una duda. Ustedes, ¿ya son novios? —pregunta la castaña. La rubia perdió el color del rostro.
—Eso me parece que no, ¿O sí? —Amy la mira de forma conciliadora.
—Es un poco complicado.
—Oh, vamos, ¿Qué es lo complicado? Serena, por Dios, viven juntos, hacen el amor quien sabe cuántas veces, el tipo te mantiene. Ustedes son más que novios. ¡Prácticamente están casados!
Lita estaba enfadada y Serena lo sabía. La había frustrado y lo sentía por ella, Pero, ¿qué podía hacer?
—Lita, estamos bien como estamos. No te pongas así.
—¿Cómo quieres que me ponga, Serena? No soy él, pero estoy frustrada, Dios mío. Si te soy sincera, no sé cómo puede soportarte, es decir, mira, esas chicas son lindas. Si cualquiera de ellas, o cualquiera en realidad, se lo propone, podría quitártelo.
—Lita, no digas eso, no creo que Darien...
—Oh, por favor Amy, no seas tan mojigata. El problema no es él y lo sabemos. Serena, ya va siendo hora que enfrentes tus miedos; no puedes ir por la vida, mostrándote como la niña que necesita una palmadita; como una niña que para hacer algo, deba ser recompensada. Has tenido mucha suerte al encontrarlo.
—Eso ya lo sé, Lita —susurra la rubia. No está enfadada con nadie, pero siente una fuerte opresión en el pecho.
—Sabes que te quiero, tanto como puede quererte una amiga, pero de verdad, es mejor que comiences a superar ese miedo tuyo. Llevas cuatro años con un psiquiatra y no has avanzado nada —la castaña, que está dos asientos a su lado, la observa fijamente. La rubia asiente y comienza a rezar para que el moreno llegue cuanto antes, mientras tanto, se distrae acariciando al cachorro.
La mesa se queda en silencio, uno incómodo y molesto. Rei y Amy observan a Lita, enfadadas, regañándola con la mirada, mientras que esta se mantiene firme y no decae. Ya estaba cansada de que su querida amiga no hiciera nada para cambiar su situación y sabía que, en parte, era culpa de ellos, por no hacer nada y por dejarla encerrarse en su caparazón, que debían de haberla empujado a superarse. Justo cuando la peli azul iba a hablar, llegaron los chicos.
—Hola nenas —suelta Tony, riendo y se sienta a lado de la castaña, dejando espacio para el moreno.
—¿Qué pediste? —pregunta Rei a su novio.
—Tallarines japoneses con salsa tailandesa —dice enseñándole el recibo pues había pedido lo mismo para ambos. La parejita a su lado, también había ordenado igual.
—Veo que ya descubriste su pequeña adicción por el picante —señala el rubio, el pedido de Darien. Este se ríe entre dientes.
—Sí, he visto como acaba con su paladar, más veces de lo que creí posible.
—Ehh… está muy bueno así —se le hace agua la boca —. Ardiente.
—Pequeña loca —dice la castaña. Todos en la mesa se ríen, y por todos, entiéndase los hombres; las otras dos chicas medio rieron, la castaña sonrió, pero la rubia apenas y mostró gesto alguno. Nadie se dio cuenta, porque la comida había llegado en ese momento, haciendo saltar, muertos de hambre, a todos en la mesa.
—Dios, esto está buenísimo. Sinceramente es el único lugar que conozco que tiene buen precio, calidad y cantidad.
—Es decir, es el único lugar donde consigues saciarte, ¿no, Nick? —bromea su novia.
—¡Eh, Sere piensa igual! ¿No? —pregunta este, solo para hacer que todos se dieran cuenta de que la rubia está perdida en sus pensamientos; estaba jugando con la comida y ni siquiera había escuchado su nombre. Darien se la queda mirando y con cuidado, para no sobresaltarla, aprieta ligeramente su pierna. Esta, al sentir el calor de su mano y el apretón, se voltea y lo observa. Darien le sonríe.
—¿Ocurre algo? —pregunta bajo, pero, a pesar de eso, algunos lo escuchan claramente, puesto que la atención de la mesa, está en ellos.
—No es nada —le sonríe de lado.
La rubia alza la mirada y observa a todo el mundo.
— ¿Qué ocurre?
—Estabas distraída.
—Estoy bien, solo estaba pensando en que Brownie debe de tener hambre —explica, viendo en el suelo, al perro que la está observando.
—Brownie parece estar bien Serena, come tu comida —la castaña la regaña, y la rubia, otra vez siente esa palpitación en el pecho.
—No tengo tanta hambre como creía —explica, a pesar de que está pensando en que no tiene por qué darle ninguna explicación.
—Debes de comer ahora, o sino cuando llegues a la casa de Darien, te entrarán ganas de comer y será muy tarde, y luego te levantarás, sintiéndote enferma.
—Entonces me tomaré una pastilla y listo —dice entre dientes, y otra vez está allí, esa punzada, solo que más fuerte.
—Solo cómetelo ahora y no tendrás que tomar nada —las chicas miran la escena sin saber cómo proceder. Los chicos tienen la boca completamente cerrada, ya que su instinto les dice que es mejor que la mantengan así.
—Será mi problema, Lita.
—Es por tu bien, no seas testaruda.
—No eres mi madre —gruñe entre dientes, en voz tan baja que apenas y se entendió. La castaña, a la distancia en la que estaba y con el ruido del lugar, simplemente no logró entender lo que le dijo. Lo que no sabía es que su pregunta, la haría estallar.
—¿Qué dijiste? —preguntó y Serena vio todo rojo. Ese tono, odiaba ese tono. Era el mismo que usaba su madre.
—Dije, que no eres la puta de mi madre —dijo en voz fuerte. No gritando, ni chillando, sino lo suficientemente fuerte para que el mensaje llegara claro y fuerte en toda la mesa; eso y el hecho de que se había levantado, dejando los palillos en la mesa.
—¿Qué te pasa Serena? ¿Es por lo que dije antes? —pregunta, ofendida —. Quiero ayudarte, pero esa actitud es la que molesta a todo el mundo.
La rubia no dice nada, sino que comienza a moverse, alejándose de la mesa, y agarra con fuerza la correa de Brownie, haciéndolo moverse de inmediato. De la misma forma, el moreno se levanta y se coloca detrás de ella.
—¡Oh, vamos! ¡¿Vas a hacer esto?! ¿Acaso eres una niña? —pregunta, enfadada.
—¿Sabes, Lita? Lo que a mí me parece, es que estás celosa —dice la rubia, volteándose.
—¿Perdón?
—Sí, celosa, porque mientras yo no buscaba a nadie y estaba feliz como estaba, fui afortunada y encontré a un hombre que me ama, mientras que tú, que estás obsesionada con encontrar al "hombre ideal", aún estás sola. ¿Te jode que tenga a alguien? ¿O te molesta el haberte acostado con el primero que se te pasaba por delante, mientras que yo no he tenido que pasar por tantas pollas?
—¿Estás diciendo que soy una puta?
—No, claro que no. Para ser puta hay que cobrar y tú te abrías gustosa. Y no te critico, ya que a fin de cuentas, es tu cuerpo y tú sabrás que hacer con él, pero no te metas en mi relación. Yo nunca te he dicho nada, inclusive cuando te liaste con ese profesor, que era un hombre casado; así que a mí no me jodas, si es que voy lento o rápido.
Comenzó a caminar con rapidez, alejándose en minutos del grupo, que impactados, se habían quedado sentados sin decir ni media palabra. Darien siguió a su mujer, sin creer que hubiera dicho todo eso. No está seguro de cómo proceder, pero sabe que es mejor dejar que se tranquilice, pues no vaya a ser que la bomba estalle sobre él.
—Es una maldita envidiosa. Que más le da si no tenemos un título, además, no es como si necesitaramos eso. ¿Cuántas personas viven juntas sin casarse civilmente? ¡Mierda! ¿Cuántas personas follan, se ríen juntas, y no tienen un puto título de novios? ¿Acaso es necesario? —se voltea enojada, preguntándole directamente al hombre detrás suyo —¿Lo necesitas, Darien? ¿Es imprescindible para ti, que tengamos ese título?
—Bueno, yo... —se queda en silencio, mirándola. Frunce el ceño, piensa, la mira fijamente y observa como ella está esperando respuesta —. No lo sé —dice sinceramente. La rubia entrecierra los ojos.
—¿No lo sabes? —pregunta, poniéndose aún más roja, apretando la correa. El moreno traga grueso —¿No sabes si quieres algo formal conmigo?
—Quiero algo formal contigo ¡Dios, si por mí fuera, ya tendrías un anillo en el dedo y una barriga que demuestre que me perteneces! —gruñe.
—¿Una barriga? —pregunta, viéndolo confusa.
—Sí, bueno, no es que hayamos estado como conejos, pero las veces que hemos estado juntos, no nos hemos protegido —ella lo observa. Darien la mira, nota su incomodidad, su miedo y la falta de color en su hermoso rostro —¿Qué ocurre? ¿Pasa algo?
—Yo no puedo quedar embarazada, Darien —dice, con voz monótona.
—¿Qué? —pregunta. Parpadea varias veces, tratando de despejar su mente y comprender el porqué de sus palabras —¿Cómo? ¿No puedes tener hijos?
—No es que no pueda, yo... —mira hacia un lado, toma aire y vuelve a verlo —. Por Dios, Darien, estamos en pleno siglo veintiuno, y que una mujer no se cuide, sería una verdadera estupidez.
—¿Te cuidas? —ella asiente —. Es decir, ¿tomas anticonceptivos?
—Sí, Darien. Una pastillita diaria.
Ambos se quedan en silencio, mirando hacia la nada con una sensación extraña sobre ellos. Ella, sintiéndose culpable, pues sinceramente, no esperaba que él quisiera hijos, ya que aún no se conocían lo suficiente como para pensar en traer una nueva vida al mundo. Él, pensando que había sido un estúpido por creer que iba a obtener las cosas fáciles; se muerde el labio, frustrado por la situación, ya que tenía la esperanza de haberla dejado embarazada, en las ocasiones que estuvieron juntos.
—¿Estás enfadado? —pregunta nerviosa, viéndolo y estrujando la correa por los nervios. Él, busca su mirada y ve como ésta, sonríe ligeramente.
—Enfadado, no es la palabra. Es solo que... esperaba que... bueno, no lo sé —susurra lo último, y extrañamente, siente un nudo en la garganta, el cual intenta disipar.
—No estoy diciendo que no vayamos a tener hijos —intenta contentarlo.
—Dijiste que podías dejarme por uno de tu edad —otra vez ese nudo. Ella abre los ojos, sorprendida.
—¿Sabes? Para tener ese tipo de personalidad, tan fuerte y seguro de ti mismo, es extraño cuando te pones así, y no sé qué hacer contigo. No entiendo cómo puedes creer que voy a dejarte —ella se acerca y él está allí, sin moverse. Es la primera vez que la ve venir hacia él, aproximarse y envolverlo en sus brazos, recostando la cabeza en su fornido pecho —. Era una broma. No voy a dejarte Darien.
—¿En serio? —pregunta. Ella lo siente muy cerca, como si estuviera entregándole su corazón en esa pregunta y escuchando su fuerte palpitar. Emocionada, siente como el suyo se pone a la par que el de él.
—Sí, no creo que pueda dejarte ahora, Darien. Creo que me has destruido por completo —susurra entre sus brazos —. Es por eso, que no veo necesario un título, ni ponernos un nombre. Estamos juntos y con eso me basta, ¿A ti, no?
—Yo solo quiero estar a tu lado, pero... —respira hondo, ella alza la cabeza y él acaricia su rostro —. Sí, quiero verte vestida de blanco, caminando hacia mí.
—Darien, yo no tengo miedo al compromiso. Puedo hacer eso —él le sonríe —, pero ahora es muy, muy pronto.
—Bien, pero realmente lo harás, ¿no? —ella asiente, riendo —. Promételo —suplica.
—Lo prometo —dice y se apega a él, poniéndose a un lado y agarrando su brazo —. Vamos a caminar un poco, aún sigo molesta por lo que dijo Lita.
—Por cierto, ¿qué pasó hace un momento? Creí que ustedes tenían ese tipo de amistad, que nada ni nadie puede separar.
—Tenemos ese tipo de amistad, pero realmente me molestó lo que dijo. Yo nunca la he criticado por el tipo de vida que lleva, así que esperaba el mismo tipo de respeto.
—¿Es cierto que se lio con un profesor?
—Fue más complicado que eso. El tipo estaba casado y con un hijo en camino, pero nunca la critiqué, aunque tampoco la apoyé. Simplemente no le dije nada.
—Vaya —caminan despacio, admirando las tiendas que aún seguían abiertas —. No me lo esperaba de ella, se ve bastante seria.
—Lo es, pero cuando se trata de encontrar a su hombre ideal, pierde la noción de todo. No lo aparenta y jamás hablamos del tema, pero ella tiene la estúpida teoría de que con sexo encontrará a su hombre; así que se acuesta con los que le gusta, creyendo que, probando qué tal les va, encontrará al indicado.
—¿Ella solo está pasando el rato? —pregunta contrariado.
—No, no entiendes. Ella está buscando a alguien a quien amar —intenta simplificar el asunto.
—No creo que acostándose con todo mundo, sea la mejor solución —intenta ser cortés.
—Lo sé, pero es su vida, y no pienso meterme en eso. No quiero que el día de mañana, me critique a mí —el moreno se le queda mirando.
—Amor, tú solo te vas acostar conmigo. ¿En qué rayos puede criticarte?
—Ella está convencida de que, en cuanto supere "mi miedo", me volveré una adicta al sexo —lo mira de reojo y sonríe de lado.
—Bien, de esa frase me gusta lo de que te vuelvas adicta al sexo, pero espero que solo sea conmigo.
—En eso, Lita y tú difieren. Ya ves, ella cree que somos iguales.
—Parecen muy buenas amigas —susurra.
—Lo somos, pero no somos iguales.
—La amistad entre mujeres es complicada —no pregunta, afirma. La rubia asiente, contundentemente.
—Como el amor, supongo.
—Entre nosotros no tiene por qué ser complicado —le sonríe, mostrándole todos su blancos y perfectos dientes. Ella le devuelve la sonrisa.
Caminan pegados, uno al lado del otro. La rubia, de vez en cuando, cierra los ojos, dejándose guiar por él; está más tranquila, aunque algo preocupada, pues sabe que terminará hablando con la castaña del asunto y eso hace que se le revuelva el estómago. Además, aún sigue carcomiéndose el cerebro, intentando pensar en donde había visto al moreno. No había podido quitarse de la cabeza, la idea de que se conocían de algún lado, desde siempre, teniendo aquella sensación extraña. Sacude ligeramente su cabeza, pensando que era normal que comenzara a alucinar, por todo lo que estaba atravesando.
—¿Tienes hambre?
—¿Qué? —sale de sus pensamientos, y se lleva una mano a la cabeza.
—¿Te duele la cabeza? —pregunta preocupado.
—Es la migraña —dice, sin querer dar explicaciones. No vaya a ser que la considere más rota mentalmente, de lo que ya está.
—Es porque no has comido bien. Ven, vamos, conozco un buen restaurante que está muy cerca de aquí.
—Lo siento —se disculpa, haciendo un adorable puchero.
—¿Por qué? —pregunta confundido. Ella le sonríe, lamentándose.
—Te hice comprar la cena y mira, nos fuimos de allí sin comer.
—Está bien, ya no importa. Estoy seguro que entre Nick y Tony, acabaron con lo que dejamos —sonríe tranquilizadoramente.
—Es lo más seguro —se ríe a carcajada limpia.
—El que debe estar muriendo, es Brownie —mira hacia abajo. El animal caminaba con la lengua afuera y babeando, pero aparte de eso, parecía bastante contento.
—Le di la cena antes de salir.
—Eres una buena madre. Si fuera por mí, ya estaría muriendo. No había pensado en eso.
—Tuvimos suerte de que los chicos hayan tenido hambre, y solo demoráramos una hora en la tienda de comics; supongo que es por eso que aún sigue todo abierto, aunque estarán por cerrar, supongo.
—El restaurante donde vamos estará abierto, pero ahora dudo de que nos dejen entrar con Brownie. Tal vez no sea tan buena idea ir allí.
—Entonces ¿qué haremos? —pregunta, viéndolo.
—En esa zona hay más restaurantes al aire libre. Ese es cerrado, pero te traeré otro día —le promete. Ella asiente y suspira, recostándose de nuevo a su lado.
—Bien —susurra.
Siguen caminando en silencio, sintiendo el calor del otro y el aire primaveral, envolviéndolos. El calor ya comenzaba a sentirse y la cómoda ropa, ayudaba a no sentir calor en exceso. Él vestía ropa de marca: botines negros, unos jeans apretados y un polo oscuro, y ella, un vestido primaveral con medias panties y unas bailarinas.
—Se siente bien —le dice, sonriendo embobado —. No creí que podría estar así contigo.
Ella lo mira de reojo. Otra vez, se dice a sí misma. Él siempre hablaba como si se conocieran de años y hubieran tenido una larga amistad. Si hubiese sido así, ella le hubiera dado la oportunidad de comenzar algo. Todo eso solo la confunde aún más. Frunce el ceño, al comenzar a reconocer las calles.
—Estamos en La Rambla —dice, sin darse cuenta de que habían llegado hasta allí —. Pero, estábamos lejos...
—Eso era cuando estábamos en Arco, amor. Como cogimos el coche, nos acercamos más por esta zona. Tomé un pequeño atajo.
—¡Vaya! Dios, si me dejas aquí, me pierdo, Darien. Y no es broma, así que no te rías —le dice, al verlo riéndose.
—Lo sé, y me rio precisamente por eso. Si te dejara con un mapa, solo Dios sabe dónde terminarías —se sigue riendo.
—Eres cruel —dice, escondiendo su rostro con su larga cabellera, haciendo un puchero.
—No te enfades, amor —pero a pesar de eso no puede contener la risa y la suelta estruendosamente.
—Malo —gruñe.
—Es que... no puedo... —continúa.
—Oh, por favor, solo me pasó una vez. Ya deja de pensar en eso —dice al verlo totalmente rojo e intentando, inútilmente, respirar por la boca.
—Amor, te dejé a dos bloques. No sé cómo fue que terminaste en la otra punta —y la risa comenzó de nuevo, llamando la atención de la gente que pasaba a su lado. Ella solo sonreía, cortésmente.
—Me confundí, Chiba. A cualquiera le puede pasar —dice ente dientes.
—No creo —continuó riendo, pero poco a poco, la risa cesó. La rubia, de vez en cuando, lo miraba de reojo, y en cuanto sus miradas chocaban, él comenzaba de nuevo, sonrojándola en el acto.
—Bien, espero que ya te haya pasado —dice, al cabo de unos cinco minutos. De pronto, se voltea y se queda viendo una tienda —. Creo que ya he estado por aquí antes y creo que he entrado en esa tienda —la señala.
—¿Una tienda de piercings y tatuajes? No creo, amor.
—Lo sé, pero estas calles me parecen conocidas. Creo que he estado aquí, antes —la rubia seguía viendo alrededor.
—Bueno, es lo más seguro. Es La Rambla, después de todo.
—No lo sé, supongo que habré venido con las chicas.
—Seguro —sonríe al verla.
—Chiba, si comienzas de nuevo, ya te puedes olvidar que se repetirá lo de la tarde, y se convertirá en un regalo ocasional —el moreno palideció ante la idea y la risa murió instantáneamente.
—Bien —tose para acomodar su voz —. Te amo.
—Lo sé.
Al cabo de unos minutos, el moreno dobla en una esquina, que los lleva directamente a la calle principal. La rubia reconoció el lugar y supo que había estado allí antes. A medida que avanzaban, más recuerdos llegaban a la mente de la rubia. Una salida, en verano, con ropa pequeña, pegada al cuerpo y Lita a su lado en las mismas condiciones, caminando en la misma dirección, con un objetivo: comprar ese vestido que habían visto, online. Frunce el ceño, su corazón se acelera sin motivo aparente, y lo recuerda: vestigios de lo que pasó ese día, llegan a ella, y escucha la voz del moreno.
—Es aquí. Vaya, está lleno. Supongo que cuando vengamos, habrá que hacer una reservación —le dice, pero ella está en otra época, en otro día y en otra situación.
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Inicio del Flashback.
—¿Estás segura que es Breshka? —le pregunta a su amiga, alzando la cabeza, pues se había estirado casi diez centímetros, mientras que ella, seguía exactamente igual.
—Sí, solo tenemos que bajar un poco más.
—¡¿Qué?! Hemos estado caminando más de media hora bajo este sol, Lita. Estoy muriendo —se pasa la mano por la frente, recogiendo el sudor —. Dios, me estoy derritiendo.
—¿Crees que yo no? Pero eres tú la que quiere ese vestido, y si venias sola, quien sabe dónde terminarías.
—No me gusta salir —le saca la lengua.
—Niñita —le dice riendo entre dientes, parándose aún más recta y sintiéndose más grande que ella, más adulta.
—¡Woo, qué hermoso restaurante! —mira frente a ellas. En toda la esquina, hay un restaurante con cristales inmensos, que permiten ver toda la dinámica desde afuera.
—Se ve que es muy caro, ni en sueños podemos entrar allí. Está zona es muy cara —dice la castaña, sonando como si fuera mayor y entendiera la situación.
—Ya sé que es caro, pero quisiera, al menos una vez, poder comer allí —ambas se habían detenido para admirar el lugar, donde el lujo y la elegancia, exudaban por todas partes. Lita rueda los ojos ante sus palabras.
—No digas tonterías —dice, mientras mira hacia dentro. Ve a un hombre sentado junto a un rubio. Observa al rubio y le sonríe, coqueta; este alza una ceja y se la queda viendo, extrañado; también, puede ver como el hombre a su lado, está viendo a Serena —. Oye Sere, ese hombre te está viendo.
La rubia, distraída por el hermoso lugar, no se había percatado de los dos hombres sentados que desayunaban. Solo cuando escucha a su amiga, se percata y mira fijamente la mesa; los adornos, la tela, la comida, las copas llenas de zumo de naranja, el hombre rubio y atractivo, y a su lado, un moreno también atractivo que la observa encantado, recorriéndola sugestivamente con la mirada, y deteniéndose en sus piernas, expuestas por lo corto del short.
—Me está mirando —susurra. Un extraño calor la recorre, su cuerpo se calienta más, pero tontamente, lo confunde por estar mucho tiempo paradas bajo el sol. Lo que no puede evitar sentir, es como su parte más íntima se contrae de forma exquisita; siente que él la está llamando, para el sexo.
—Es guapísimo, Sere —dice emocionada.
—Vamos —la coge del brazo y la arrastra, alejándose del lugar y evitando la mirada azul oscuro de ese hombre, de ese espécimen que la había encendido. Traga saliva, sin comprender que le pasa, pues nunca antes había sentido eso. Se sintió rara y asustada.
—Yo me lo follaría —se ríe.
—¿Qué dices? —medio chilla, asustada —. Es un hombre mayor, Lita. Tenemos catorce años.
—Por favor Serena, no seas mojigata, la mayoría de la clase ya lo ha hecho. Solo somos como tres o cuatro, las que aún seguimos siendo vírgenes.
—Pero... —la cortó.
—Pero nada. Es normal y con un hombre como ese, encantada me dejo hacer lo que quiera.
La rubia guarda silencio pues no quería saber nada del asunto; no quería ser tocada por nadie de esa forma, no cuando ya había vivido eso. Mira a la castaña y no logra comprender porque quiere ser tocada; se preocupa y entiende que a lo mejor su mejor amiga no comprende que los hombres se vuelven incontrolables y animales, cuando quieren tener sexo, y ella era testigo de eso. Frunce el ceño, no quiere eso, no quiere que ningún hombre vuelva a tocarla o verla como lo hacía ese asqueroso, viéndola de aquella horrible forma. Se estremece y se pasa la mano por la boca, queriendo eliminar los rastros de su sabor, cuando aquella vez le había robado un beso, su primer beso, dejándole el sabor de lo que había comido. Siente náuseas, pero las olvida cuando la castaña, emocionada, la arrastra dentro de la tienda.
Fin del flashback.
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—Dios bendito —susurra, con los ojos bien abiertos, parándose en seco, con la boca abierta y las pupilas completamente dilatadas. Darien se detiene, la observa y ve al frente.
—¿Qué pasa?¿No te gusta? —pregunta, sin comprender lo que le pasa.
—Era Jedite, el hombre con el que... Dios… Yo te vi, aquí —hablaba entre dientes. El pelinegro no comprende nada de lo que dice —. Estabas allí, desayunando… Dios, yo...
—Serena, amor, ¿qué te pasa? —pregunta, al verla confusa, perdida y hablando para sí misma. Ella alza la mirada y se lo queda viendo directamente a los ojos, asustada y temerosa de su propio recuerdo.
—Yo te vi antes —dice claramente, con la voz ronca y llena de sentimientos. El moreno palidece de golpe, mira hacia el frente, a los cristales y el aire se le queda atascado en la garganta. El primer lugar donde nos vimos, piensa; la mira a ella y sus labios se vuelven una línea recta —. Aquí, estabas con Jedite, estabas allí. ¡Tú me viste! Te quedaste viéndome.
—Amor, yo no… no sé de qué hablas —le dice, intentando con toda sus fuerzas, que su voz salga lo más normal posible. Ella lo mira, respirando superficialmente, aferrándose a la correa. El perro, recostado en el suelo, no comprende la batalla que está librando su madre, en su cabeza.
—Me viste Darien, estabas con un traje, un esmoquin oscuro, azul oscuro, y llevabas una corbata a juego. Tenías el cabello peinado hacia un lado, tomando zumo de naranja, incluso, recuerdo las copas. Jedite se estaba riendo, pero tú me estabas mirando, me estabas recorriendo con la mirada; viste mis piernas, recuerdo eso —él niega con la cabeza, frenético —¿No lo recuerdas? ¿No me recuerdas? —las lágrimas llenan los ojos de la rubia —. Me viste —susurra.
Darien está allí, viéndola. Mira del restaurante a ella, de hito en hito; no sabe qué hacer, no sabe cómo reaccionar, no sabe si confirmar sus recuerdos o dejarlo pasar. Ella lo mira fijamente, esperando un mínimo destello de que él la recuerda, pero ¿cómo decirle que más que recordarla, allí fue donde todo comenzó? que allí fue donde la vio por primera vez, donde lo embrujó con su pequeño cuerpo, sus vibrantes y vivos ojos, y su melena larga y suelta que jugaba con la poca brisa que corría. Cómo decirle que fue allí, donde cayó a sus pies. ¿Cómo?
—Yo… —ella sigue esperando. Él mira el suelo y sus manos se vuelven puños por la frustración.
—¿De verdad, no me recuerdas? —siente tristeza. Esperaba que él también la recordara —. Llevaba una blusa fucsia con corazones y palabras en blanco que decían "I love" y un…
—Short blanco, muy pequeño y pegado a ese redondo culo que tienes, y unas Convers blancas… Si, lo recuerdo —dice mirando al suelo, avergonzado.
—¿Desde cuándo me recuerdas? —pregunta contrariada. El moreno había dado una descripción más que acertada de ella, cuando era una niña.
—Yo... —respira hondo, alza sus ojos y la ve. Ella tiene una expresión clara de confusión, pintada en su delicado rostro.
—¿Hace cuánto? —pregunta de nuevo. Él no responde, no sabe que decir —¿Por qué no lo dijiste?
—No quería asustarte —dice al fin —. Es que… es… com-
—Es raro, lo sé —dice por él, sin dejarlo terminar lo que iba a decir, y se ríe de forma nerviosa —. Dios, nos vimos hace ¿Cuánto? ¿Seis años? Tenía catorce en aquel entonces. Era una niña y tú estabas allí, viéndome.
—Lo sé, pero en ese momento, para mí, tú parecías más una mujer que una niña. Lo siento —se disculpa de forma sincera.
—Está bien, pero tendrías que haberlo dicho antes. Estaba matando a mis neuronas, porque sabía que te había visto en alguna parte, pero no recordaba dónde, y como nunca suelo venir por aquí… Es más, creo que han sido solo unas tres o cuatro veces, las que he venido.
—¿No estás molesta? —ella niega con la cabeza, se acerca y lo abraza. Él se queda petrificado pero corresponde a su abrazo, preocupado, pues ella no sabe para nada la verdad. Siente miedo, el miedo latente de su gran y gorda mentira; siente que ha perdido la oportunidad perfecta para explicarle, que ha estado más tiempo presente en su vida, de lo que podría creer.
—Es... —se ríe —... será el destino —una emoción la llena, la inunda y la pone del revés. El moreno también siente que todo se le pone de cabeza, solo que para él, todo puede terminar mal; el miedo lo golpea, pues ella había estado pensando que se conocían, y tan lejos de la situación, no estaba. Un sudor frío baja por su espalda, cierra los ojos y la abraza con más fuerza.
—Te amo —susurra. Se quedan así unos minutos, disfrutando del otro, de la emoción que los envuelve. Ella se separa y le sonríe risueña, feliz.
—Vamos a comer, me ha dado hambre.
Corre un poco, alejándose de él, como una colegiala, como una adolescente enamorada. Su corazón se estremece al verla así, porque siente que con cada paso que da, se aleja de él de forma permanente; estira su mano y la agarra, aferrándola a su lado. Ella se voltea, le sonríe y se vuelve a poner a su lado, abrazándose a él.
Llegan a un restaurante que está a pocos metros del lujoso en el que pensaban entrar. En este pueden comer fuera. Hay otras parejas, una familia, y todos ríen y parecen felices. Ella también los acompaña en el sentimiento, y por primera vez en mucho tiempo, siente que algo en su vida tiene un poco de sentido y lógica. Ordenan cuando el camarero aparece por segunda vez, disfrutan de la comida, y esta vez, no coloca ni una gota de picante, ya que quiere saborear la comida de verdad, deleitándose del sabor. Suspira de placer, incitándolo y mirándolo de vez en cuando, rozando su pierna contra la suya, calentándolo.
Él la observa, sonríe de lado, aparentando a medias; está feliz pero muere de miedo a la vez. Ella está jugando con él, pasa su mano cerca de su entrepierna; él está sorprendido, pero no lo demuestra. Ella continúa, parece tan... ella, tan libre de pensamientos, de esos que la atormentan.
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La sentía tan cerca, tan excitada cuando se abalanzó sobre él, en el ascensor. Lo besó y él abrió a tientas la puerta del piso; ella dejó caer la correa del cachorro, y este corrió a su cama a dormir, mientras, ellos comenzaron una batalla de amor en la puerta. Sus lenguas se entrelazaban, bailando, pegándose, tocándose, amándose; él la alza y la pega a la puerta mientras devora sus labios y sus pechos. Vuelve a ponerla en el suelo, se arrodilla frente a ella, alza el vestido y rompe las finas medias; le baja las bragas, hunde su rostro en su sexo y ella grita, al sentirlo mover su lengua dentro de ella, retorciéndose y sintiendo que las piernas no van a sostenerla por mucho tiempo.
—Darien, por favor —susurra —. No puedo más, por favor.
Él se levanta, se abre la bragueta y saca su miembro; la agarra del trasero y la alza en vilo. Ella envuelve sus piernas en su cadera y él, de una sola estocada, se hunde en ella, que suspira, gime y aúlla de placer con cada movimiento que hace. Está tan mojada que él, prácticamente, nada dentro de ella; sus cuerpos chocan, sus respiraciones se entrelazan, se besan y gimen al unísono. Él gruñe y la azota más fuerte cuando siente que se va a correr; ella se arquea y se deja ir por las emociones y sensaciones que le produce. Al final, el moreno se corre con fuerza dentro de ella, llenándola de su esencia, de su ser.
Ambos se quedan allí. Él pega su frente a la suya, buscando oxigeno como dos condenados a muerte, abrazándose con fuerza.
—Llévame a la habitación —le dice al oído, mordisqueando su oreja. Él gime y cumple con la orden. En la alcoba, ya desnudos y recostados, se tocan de forma lenta, como si esa noche quisieran grabarse a fuego en sus mentes. Se besan, hacen el amor una vez más y al final, se duermen en los brazos del otro.
A media noche, él se despierta, respirando superficialmente y la aprieta junto a su cuerpo. Cierra los ojos con fuerza, pues había tenido una pesadilla, pero ella seguía allí. Su mente comienza a pensar en mil excusas para la situación que había soñado: ella descubriendo la verdad, dejándolo por ello y refugiándose en los brazos de otro hombre, confiando en alguien que no era él.
Mira hacia la nada, la habitación está en penumbras y el silencio pasa a ser su único amigo. Ella respira acompasadamente, su pecho sube y baja y él puede sentirlo, pues está pegada a él, como una enredadera. Cierra sus ojos ya que la preocupación lo envuelve, haciéndolo sentir mareos y náuseas; no quiere perderla y se arrepiente de no haber dicho nada esa noche, pero también sabe que solo hubiera significado, adelantar los hechos.
Piensa con cuidado, tratando de recordar sus palabras. Ella había estado buscando en sus recuerdos, algún posible encuentro con él, y lo había encontrado. Él ni siquiera se imaginaba que ella era consciente de un dudoso encontronazo con él; jamás se le había pasado por la cabeza aquella posibilidad, y se preocupa aún más. ¿Y si ella lo había visto en otra ocasión? ¿Y si no había sido lo suficientemente cuidadoso y se había dejado ver?
Es decir, la primera vez era imposible evitarlo. Él se la había quedado viendo, porque en cuanto posó sus ojos sobre ella, le había pertenecido; eso había sido inevitable, pero... ¿Y las otras veces que la había seguido, las veces que la miraba desde lejos y creía que no había sido detectado? Encontraba imposible que ella solo creyese que había sido solo un encuentro, pues nadie se planteaba el haber conocido a alguien en el pasado, solo por una vez. Si solo se hubieran visto una vez y se hubiera vuelto a encontrar con ella, no lo recordaría, así que para él, existía una alta probabilidad de que ella lo hubiera visto en más de una ocasión, y que si bien no lo recordaba, era porque no habían salido mucho.
¿Qué pasaría si él la llevaba a otro lugar? ¿A aquella playa donde la siguió para controlar que no se enrollara con nadie? ¿Y si también lo había visto? ¿O aquel viaje a la montaña, o las veces que la siguió al cine? Existían numerosas ocasiones donde no se había podido aguantar y se había acercado más de la cuenta. Su mente se colapsa y comienza a sentir punzadas como cuchillos clavándosele en toda la frente; respira, se levanta con cuidado y la acomoda, y aunque ama tenerla de esa forma, necesita levantarse por un trago.
Va directo a la sala y ve al perro durmiendo en su cama. Las luces de la ciudad le permiten divisar con claridad, la tranquilidad de la calle. Luego, coloca en un vaso, un poco del amargo licor, se lo lleva a la boca y de un solo trago, bebe el líquido que rueda por su garganta, y aunque le quema, se sirve otro; se sienta en la mesa con la botella de cristal en mano, pasándose, desesperado, su otra mano por sus azabaches cabellos, desordenándolos aún más. Su pecho se oprime, se sirve otro trago y gruñe al sentir el líquido, recorrer su garganta. No la siente, no la nota, pero se sobresalta cuando siente su pequeña mano en su hombro; la rubia no dice nada, observa la botella y luego a él; sus ojos se oscurecen, y luego, ella lo toca, allí.
Lo acaricia, lo incita, le hace el amor con la boca y cuando ya no puede más, se sienta sobre él. Ambos gimen, se funden, se vuelven uno. Ella se balancea sobre él, lo ama, le hace el amor, a veces rápido, a veces suave y lento; él lo disfruta, lo goza, respirando ambos, el mismo aire. Ella se aferra a la mesa, se desespera sobre él y lo monta con fuerza; él gruñe, la pasión lo azota con la misma fuerza, la levanta y la tumba sobre la mesa, follándola con ganas, entrando y saliendo de ella como un animal. El calor y el sudor de sus cuerpos, los ayuda a moverse, y justo cuando no creían poder sentir más, ambos se corren a la vez, llegándoles el nirvana por igual.
—Te amo, Serena Tsukino, te amo. Y que el mundo me odie por toda la mierda que he hecho, pero tú no, por favor. Te necesito —dice, entre cada bocanada de aire que se lleva a los pulmones. Ella no entiende, pues está más dormida que otra cosa, y gruñe bajito. Él la observa y sonríe nostálgico, la alza y la lleva en brazos, la recuesta junto a él y por esa noche, decide disfrutar de su compañía y de su amor, porque ella le había hecho el amor y había conseguido que no pensara en absolutamente nada —. Juro que no te haré daño, nunca Serena, nunca. Pase lo que pase en el futuro, cada decisión que tomé, cada movimiento que hice, fue con el único propósito de cuidarte, de protegerte y amarte —le susurra. Al final, el cansancio hace mella en él y se deja arrastrar por la inconsciencia, deseando soñar con un futuro feliz junto al amor de su vida, junto a ella.
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Nota de Autora:
Hola mis hermosas señoritas, espero que esten disfrutando de sus calurosos días, o soy la unica que esta en verano? derritiendose como un helado? Bueno en tal caso, espero que esten disfrutando de sus dias, ya sea que esten en vacaciones, trabajando o en clases, o lo que sea que hagan XD.
Como hay comentado en facebook (por cierto, tengo otro "apellido" en face, lo siento antes habia dicho que era el mismo de aqui, error mio, lo siento, ahí soy Gisella Choi, échenle la culpa a Siwon de Super junior, grupo que recomiendo, son hermoso, un poco locos, pero hermosos y son como familia, mi familia, al igual que ustedes.
Como pueden notar, ando sentimental, supongo que por andar en esos dias tan hermosos, sin dolor -notese el sarcasmo, esos dias perfectos.
Bueno, he aqui un nuevo capitulo y retomando lo de antes, vaya mia me estoy volviendo más despistada, el punto es que está historia esta por llegar a su fin, mi limite seran 25 capitulos, luego me tomare unas semanas de descanso y volvere ^^. Espero que me sigan esperando para entonces, ya que como saben con el accidente de mi madre y por otros motivos, no he podido disfrutar de mis vacaciones como yo hubiera querido, la idea original era escribir tanto como pudiera, pero ya ven.
Espero que este capitulo les guste. Otra cosita, no se sí me mal entendieron la otra vez, pero aclaro, no las estaba regañando ni usando psicología barata sobre el asunto de los reviews, lo prometo, no soy ese tipo de persona, XD, solo quería que supieran mi preocupación en cuanto a aclaraciones sobre el fic, que seguramente hay y muchas. Es vuestra decisión dejarme o no un comentario, no pasa nada chicas o chicos, está bien ^^ me contento con saber que la gente me lee -tengo ese contador que me lo dice jajajajaja
Y como siempre, la corrección y edición del capitulo corrió por cuenta de nuestra querida Kary Moon, la pueden encontrar en facebook, así es pueden acosarla y todo (lo siento hermosa, estoy dando tu nombre y todo) por si se les antoja ser como cierto acosador, muchas gracias cariño, gracias a tu paciencia y dedicación, las chicas pueden disfrutar de un capitulo con elegancia, estilo y una caligrafía hermosa. La mía da pena.
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Reviews:
yesqui2000 : jajajajaja esa era la idea con tenerlo en una escuela, Brownie continua yendo, pero claro no puedo estar escribiendo la ruta diría que hacen...bueno si podria, pero seria aburrido XD
USAGUI MICHIRU : jajajajaja tranquila cariño, tu sigue leyendo, no solo falta poco para que termine, sino que además saldrán muchas cosas a la luz...tu usa tú imaginación, al menos hasta que publique otro cap ^^
princessqueen : jajajajajaja es cierto, Darien es muy, muy paciente; la unica cosa que no puede controlar son los celos, pero quien puede? No te preocupes, yo tambien odio a la ardilla...bueno siempre la he odiado, aqui, alla...más alla XD jajajajaja
Carmenn: Gracias, mi madre y yo estamos mejor, digamos que ahora todo esta tomando de nuevo el curso de antes, y sí, pronto todo se desvelara, muy pronto en realidad...`pero creo que no puedo hacerlo tardar más, Darien constantemente esta metiendo la pata, y serena no es tonta, el capitulo de hoy es la muestra de ello...el lado oscuro de Darien, ohhh te aseguro que saldra.
yssareyes48: jajajajajajajaja dios me has matado mujer, mejor dejemos que la ardilla se muerda la lengua haber si así para un poco, y sí tienen que hablarlo como dos adultos, tu tranquila, que eso tiene que pasar si o si...
ANYACHIBA : Gracias...amiga no eres la unica que quiere un hombre así.
Miriam Ortiz: jajajajaaj sí Brownie es amor puro, bueno Darien la ama, así que encuentra logico amar a sus hijos. ^^ el tambien es amor puro.
Natsuki: jajajajaja me has hecho reir, jajajaja que le den a la ardilla -Kou, y por cierto, gracias, casi nadie -me parece que nadie en realidad- me habia dicho sobre lo de Darien soltando la lengua a veces, creía que o lo estaba expresando mal o simplemente lo estaban dejando pasar, Serena no, eso es obvio, espero te guste el cap de hoy ^^
Jan: Muchas gracias por tu comentario y como escribi arriba, te prometo que no estaba intentando nada, luego he leído los comentarios y me he quedado con la sensación de: Se sienten regañadas? Yo no quería eso. Y bueno por eso he dejado una nota sobre el asunto, que yo comprendo que muchas veces no se pueda, por ejemplo había veces que leía en mi movil y así imposible dejar un reviews al menos mi movil no me deja. Bueno muchas gracias por leerme, se agradece, jajajaja Darien es un amor, ya sabes como es el hombre, tu sigue leyendo y entenderas todo ^^ al final siempre hay sorpresas, no lo olvides.
maysierra81 : Debes estar feliz, hay actualizacion! Yeahhhh jajajajaa espero te guste este cap...las cosas están avanzando, no te pierdas como terminara ^^
GiuliiVazquez: Que bien que te guste...pillina! jajajaja ellos son amor, así se lo demuestran, hay que tener en cuenta que Darien hizo voto de castidad por ella y Serena con su pasado, habia estado embotellando sus hormonas adolescentes; por otra parte, sí lo e Serena se veia venir desde el primero capitulo, por eso lo hice saber rapido, no le veia sentido a demorar lo evidente. Gracias por leerme y espero te guste este capitulo.
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Una cosa, Kary me pregunto sobre una cosa, que seguramente si ella me lo pregunto es porque se da para dar dudas, la diferencia de edad de Darien y Serena, que no recuerdo si ya la he aclarado sino, son 11 años.
Ahora bien, siempre Darien dice que tenía quince cuando la conoció, él tiene esa idea porque cuando comenzó a investigarla ya tenia esa edad. Pero en realidad cuando la vio la primera vez tenia 14 años.
Así Darien tenía 25 años cuando la vio y cuando la "encontró de nuevo" tenia 26 y Serena ya los 15. Ellos se conocieron un día a principios de junio, y cuando nuestro querido Darien la encontró ya habían pasado tres meses; lo que dio tiempo a que ambos pasaran sus respectivos cumpleaños y he ahí, lo extraño de sus edades, que no es tan extraño en realidad. Espero me hayan comprendido, sin más, hasta el próximo capitulo ^^.
