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Capitulo XXI

Ruptura.

13:00 P.M. D&H, Corporation Shields, oficina del Presidente.

Habían pasado un fin de semana excepcional y Serena parecía haberse olvidado de todo, de su pasado, de sus miedos. No estaba seguro, pero tenía una teoría: ella había comenzado a descargar su ira reprimida, una rabia que había estado conteniendo demasiado tiempo, y esa podría ser la razón del porqué no había mejorado nada en los últimos años; no había tenido con quien descargarse, y cuando apareció él y ella obtuvo una confianza ilimitada, sin darse cuenta, comenzó a ser egoísta, a no guardarse nada, a decir lo que pensaba de verdad y a imponer sus sentimientos antes que los de otros.

Lo había hecho con su madre, con el bastardo que la tocó, y aunque nunca había hablado de su padre, estaba seguro que con él también lo había hecho, porque la conocía, había aprendido a conocerla, a saber cómo pensaba, y cómo sentía. No puede negar que los últimos meses habían sido extraños, complejos e inclusive cansados, pero daba la sensación de que ambos habían aprendido muchas cosas sobre el otro, y eso ya era una recompensa para él.

Su mujer le había contado que Ryuto no pensaba jugar más con ella, pues le había dicho que comenzarían un nuevo tratamiento que incluía sesiones donde ella terminaría cabreada y agotada mentalmente. Él había asentido a sus palabras y ella le aclaró que le estaba avisando para que cuando llegase el día, si se desquitaba con él, no se lo tomara a mal. Él había sonreído, diciéndole que existía una forma deliciosa de quitarse el estrés; ella había sonreído de oreja a oreja y le prometió que lo dejaría hacerle el amor, tantas veces como él quisiera, lo que lo dejó tan impresionado que no supo que decir durante media hora.

Sin embargo, tenía esa extraña sensación, esa que te da cuando todo te va tan bien, cuando sientes que tú vida comienza a tener sentido y comienzas a sentirte pleno, pero sabes que en el fondo, algo malo está por pasar, solo porque sí; porque al parecer, al destino le gusta joder la existencia de las personas para su propia diversión. Inclina la cabeza en el respaldo de la silla, y a pesar de que había trabajado toda la mañana, aún se sentía bien, se sentía satisfecho; sonríe pensando que debía ser porque su mujer lo había dejado hacerle el amor en la mañana, dos veces.

Mira el techo y siente el estómago revuelto por unos nervios que no tienen fundamento. Intenta despejar su cabeza pero no lo consigue, suspira en silencio y rememora en su cabeza lo que había pasado el sábado y el domingo, sobre todo el domingo, cuando no habían hecho nada, excepto entregarse una y otra vez, viéndola tan liberada y coqueta, risueña y sensual. No sabía que había pasado para que se pusiera así, y no es que se quejara, pero había algo. Se mueve incómodo, otra vez esa sensación. Se pone derecho cuando siente que alguien abre la puerta, solo para gruñir al ver a cierto rubio.

—Jedite, que seamos amigos no te da derecho a entrar así —se queja.

—¿Por qué? Siempre he hecho lo mismo y nunca te has quejado, ¿Qué ha cambiado ahora? —pregunta, entrando igualmente y ocupando el asiento frente al pelinegro.

—Nada —gruñe, y se vuelve a recostar contra el respaldo.

—¿Estás bien? —pregunta ladeando la cabeza y mirándolo atentamente.

—No lo sé, siento nauseas —murmura. A pesar de eso, el rubio lo escucha claramente y sonríe de lado.

—Ya la embarazaste, ¿eh? —mueve sus cejas de arriba a abajo, ocasionando que su mejor amigo se ría.

—Ella no puede embarazarse —dice. El rubio se detiene y lo mira un poco asustado.

—¿Cómo que no puede? —pregunta, sin entender —¿Tiene algún problema de fertilidad?

—Nada de eso, pero existe algo que se llaman anticonceptivos, Jedite, lo que las mujeres usan para evitar embarazarse y quedarse con un niño sin padre.

—¿Ella se cuida? —pregunta impresionado.

—Sí, se cuida —dice suspirando y mirando de nuevo el techo.

—No te esperabas eso, ¿no es así? —le pregunta, compadeciéndose de él.

—No, no me lo esperaba y la verdad es que me sorprendí cuando me lo dijo. Tenía la esperanza de que un día llegara a casa y me dijera que estaba esperando un hijo mío y que como hombre, debía hacerme cargo.

—Vaya, lo malo es que ni siquiera puedes evitarlo —lo mira un momento —. Salvo que consigas cambiarlas y darle otra cosa.

—No voy a hacer eso. Ella dice que los tendremos, pero más adelante.

—Adelante, ¿cuándo?

—No lo sé, cuando esté lista, supongo —responde.

—Bueno, supongo que es mejor así —el pelinegro lo mira sin comprender. El rubio rueda los ojos —. Así disfrutarán más como pareja y no estarán deteniéndose en sus encuentros amatorios por el llanto del niño.

—Sí, en eso tienes razón, un niño es mucha responsabilidad. Ha de ser por eso que ella aún quiere esperar.

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09:00 A.M. Universidad, cerca de la cafetería.

—Serena, ¿podemos hablar un momento? —pregunta la castaña, observándola con el ceño fruncido y la mirada enojada. La rubia suspira y asiente, porque sabe que no le queda de otra.

—Claro —murmura y la sigue hasta la cafetería de la universidad.

—Quiero una disculpa —dice, nada más al sentarse. Serena alza una ceja y espera una explicación —. No tenías por qué decir lo que dijiste, Serena, me avergonzaste frente a los chicos.

—Bien, te concedo eso, pero antes quiero una disculpa por tu parte —la castaña frunce aún más el ceño y la rubia procede a explicar —. Tú no tienes por qué meterte en mi relación con Darien. Él y yo somos los únicos interesados, así que no deberías entrometerte.

—Vamos, Serena, ¿sabes lo frustrante que es verte?

—No comprendo.

—Por favor. El hombre es millonario, guapo, te quiere, da todo por ti y tú solo vas por allí correteando a su alrededor cuando quieres algo; pero cuando no lo necesitas, te alejas como si el tipo fuera la peste.

—¿Esa es la impresión que te doy, Lita? ¿Así es como me conoces? ¿Crees que soy ese tipo de persona? —pregunta, manteniendo la calma y hablando con normalidad.

—Pues eso es lo que parece. Puede que no te veas a ti misma, pero la mayor parte del tiempo haces ver patético al hombre. Si estuviera en tu lugar, no me comportaría de esa forma.

Entonces la rubia lo comprende y recuerda fugazmente todas las veces que su mejor amiga parecía interesada en el moreno, aquellas veces que había desechado la idea, por considerarla absurda. Es su mejor amiga y ella no podía hacerle eso; pero recuerda la primera vez que lo vieron, las dos lo habían visto. Niega con la cabeza, sonriendo, dándose cuenta que eso venía desde hace años.

—¿Te gusta Darien, Lita? —pregunta, viéndola a los ojos; sabe la respuesta antes de que ella la diga, pero aun así la escucha.

—No es que me guste precisamente él, pero me atrae lo que representa —sonríe de lado. La rubia asiente con la cabeza, cuidadosamente y se pregunta desde cuando su amiga se había vuelto así; piensa con tristeza, que tal vez siempre había sido de ese modo, pero era ella la que no había querido verlo. Además sabía que mentía, y eso le dolió aún más. Su querida Lita deseaba al único hombre que ella podía amar.

—No creo que sea buena idea que sigamos viéndonos, ya sabes, sería incomodo —murmura mirando la mesa, escuchándola respirar fuerte.

—Otra vez esa pose de niña víctima. Por favor, Serena, ya para con eso. Te violaron, ¿hace cuánto? ¿Diez, trece años? Supéralo de una vez y vive con ello. Te vuelves insoportable cuando te pones así, agachando la mirada. Si no quieres mi amistad, solo dilo, de frente; di que no me quieres cerca, porque temes que cuando Darien se canse de ti y mire a su alrededor, yo esté ahí para él.

Las pupilas de sus ojos se dilatan hasta casi hacer desaparecer el azul cielo de su mirada, alza la cabeza y la observa, y aún no puede creer que ella haya dicho eso. Su corazón se oprime con fuerza.

—¿Desde cuándo piensas así Lita? ¿Desde cuándo tanto resentimiento hacia mí? ¿Qué te he hecho? —pregunta sin entender. Siente como sus ojos pican, pero respira, pues no quiere llorar frente a ella.

—¿Qué me has hecho? ¿De verdad no lo sabes? —pregunta con odio. La rubia traga grueso negando con la cabeza, y la castaña se ríe irónica —¿Sabes que hiciste? Joderme la vida. Cuando era una adolescente, me hiciste cargar con tu secreto, hiciste que te defendiera de todo el mundo, de todos esos chicos tan guapos, que de no haber sido por ti, hubieran salido conmigo; pero claro, como siempre, te lo pedían a ti primero y yo intervenía, porque, Oh pobrecita la niña, ella no podía ni decirles que no, por miedo.

—¿Por algo como eso? —pregunta, sintiendo la garganta seca.

—De verdad eres el colmo, Tsukino. No, no solo por eso, ¿Recuerdas a Malachite? —la rubia asiente despacio —. Yo lo quería para mí y todo iba bien hasta que tú tuviste ese estúpido ataque de pánico. Lo peor es que no fue la gran cosa, pero él te vio.

—¿Te dejó porque pensó que yo era rara? —pregunta sorprendida, abriendo los ojos al escuchar la risa de Lita.

—Eso al menos no me hubiera dolido tanto... No, Serena, él se enamoró de ti. Vio en ti a la damisela en apuros, a la chica que necesitaba ser salvada, y por tu culpa, el dejó de verme a mí, para solo querer pasar tiempo contigo. Pero claro, tú ni enterada, y al final, el pobre imbécil desistió.

—No puedes culparme por eso, yo no lo sabía —intenta con todas sus fuerzas defenderse, pero para la castaña solo existe una culpable y es ella.

—Claro que no. Tú eres la niña que vive en su propio mundo —murmura con rencor.

—Sí tanto daño te hacía, podías haberte alejado y habérmelo dicho. Yo nunca he querido imponerle a nadie que esté conmigo… Por Dios, Lita, creía que éramos amigas —susurra, llena de tristeza.

—Somos amigas, pero las amigas no se cuentan todo, Serena.

—Se supone que las amigas no deben odiarse —sonríe con tristeza.

—Puede ser, pero supongo que simplemente llegamos al punto culminante de esta amistad.

—No lo creo —murmura —. Creo que tú ya no puedes más.

—Exacto. Ya me cansé de ser tu protectora, de ser tu "mamá osa", porque no es mi culpa que te haya tocado una madre como la mierda. Creo que es hora de que empieces a valerte por ti misma —dice con la voz clara, directa y ruda. La muchacha frente a ella, asiente viendo la nada, sintiéndose una miseria.

—Está bien, disculpa por las molestias, por lo del fin de semana —se levanta, sintiéndose mareada, con el estómago revuelto y la cabeza pesada —, y por lo de toda tu vida. Disculpa, a partir de ahora, ya no te molestaré más.

—Perfecto —sonríe, levantándose —. Supongo que ya no nos veremos, no vaya a ser que te quite a tu hombre —se ríe, descarada —. En cuanto a los chicos, bueno, no te preocupes yo me encargaré, una vez más, de explicar todo por ti.

—No hace falta, cuando los vea, yo misma hablaré con ellos —dice, mirándola por última vez a la cara. Todos aquellos hermosos recuerdos que tenía junto a Lita, comienzan a pasar frente a ella y al mismo tiempo, a perderse en su memoria —. Será como una ruptura limpia, ya sabes, sin sangre no hay culpa.

—Pero la hubo, Tsukino. Hubo sangre, y mucha —dice haciendo una mueca de asco con los labios.

—Lo siento —dice, se inclina levemente, despidiéndose, y se da la media vuelta.

—Tsukino —la llama y la rubia se voltea —. Cuando nos veamos por ahí, finge que no nos conocemos, ¿harías eso por mí?

—Claro —asiente y vuelve a emprender su camino, sin mirar ni una sola vez atrás.

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10:00 A.M. Afueras de la Universidad, carretera.

No podía detener las lágrimas que no le daban tregua y caían una tras otra, como un grifo abierto, intentando inútilmente, tapar los sollozos con sus manos pero consiguiendo llorar aún más; caminando como muerta, sin poder creer que sea cierto. Nunca, jamás, en los diez años de amistad que tenían, creyó que algo como eso podía pasarles; nunca había pensado que le estaba haciendo daño a Lita, nunca fue su intención.

Camina tan fuera de sí, que no nota que alguien la estaba observando, y que con intención, se acerca a ella; solo sale de sus recuerdos cuando ve un pañuelo de seda frente a ella, alza el rostro, sorprendida y los abre aún más cuando ve a la persona que tiene en frente.

—Minako —susurra, acongojada. No puede más de nuevo, se siente rota y se abalanza sobre ella, abrazándola, llorando frente a alguien, por segunda vez en su vida. Minako la abraza y la deja llorar en su hombro, acariciando con cuidado su cabello y a pesar de que no comprende qué pasa, siente que no hay necesidad de preguntar. Habrán estado así unos diez minutos, hasta que la rubia, un poco más calmada, se aleja de la otra rubia —. Lo siento, creo que me rompí justo ahora.

—Está bien, Serena, eres humana —dice, sonriéndole de lado —¿A dónde ibas? Por aquí no hay nada —señala a su alrededor.

—A algún sitio —responde —. Pero no a la universidad, hoy no tengo ánimos y no creo que pueda hoy.

—Genial, yo tampoco puedo, ¿Qué tal si nos vamos a Barcelona? Quiero comprar algo, pero no tenía con quien ir. ¿Vienes? —pregunta, sonriéndole. Serena la mira sorprendida —. Mira, que hayas estado llorando como si el mundo se acabara y te haya consolado, no significa que tenga que preguntar qué pasó. Hay veces en que una necesita llorar porque sí, y a lo mejor tú estás en esos días y lo comprendo.

—Lita me dijo que me odiaba —dice y no da más detalles.

—¿Así que te lo dijo, eh? —comienzan a caminar a paso lento, sin prisas, pues tienen como mínimo quince minutos hasta llegar de nuevo a los trenes. Serena la mira, estupefacta.

—¿Tú lo sabías?

—Sí —se encoge de hombros —. No la toleraba por eso, es decir, Rei, Amy y tú me caían bien, pero a ella, simplemente no la soportaba.

—¿Por qué? —pregunta sin entender. Su otra igual rueda los ojos.

—Ella iba por Anthony —Serena la mira con la boca abierta.

—Eso no puede ser, a ella no le gusta. A ella le gusta Darien —dice, aún después de como la trato, como intentando defenderla. Supuso que era un hábito.

—Por favor, Serena, no seas ingenua. A ella no le gusta ninguno de los dos; no como nosotras claro, ella solo quiere el dinero que ellos tienen —Serena la mira sin dar crédito a lo que oye —. Mira, puede que a ti no te interese, pero Tony, o más bien su familia, tiene mucho, mucho dinero.

—¿En serio?

—No me sorprende que no sepas. Tony parece tenerlo como un secreto de estado, pero creo que es porque no quiere que nadie se le acerque por interés. A mí, la verdad, no me interesa su dinero.

—Vaya, realmente no lo sabía.

—Tú no, y puede que el resto tampoco, pero Lita sí y es por eso que, cuando se enteró, quiso ir tras él, pero la descubrí enseguida y por eso obligaba a Tony a no ir con ustedes.

—Creía que era porque nos odiabas. Vaya, parecía que me odiabas con toda tu alma.

—No te odiaba, en realidad solo estaba molesta contigo. Me preguntaba, con lo lista que eres, como era que no te habías dado cuenta de quien estaba a tu lado —eso le caló hondo a Serena.

—Supongo que cuando quieres a alguien, no puedes ver más allá de lo que esa persona quiere.

—Supongo, pero aun así no podía perdonarte. Del resto me daba igual, pero sabía que tú pasabas mucho tiempo con ella, así que… mira, lo siento, pero no te soportaba por eso.

—Está bien. Yo ahora mismo me siento un poco estúpida, incluso tuvo que decírmelo ella misma o sino nunca lo hubiera creído.

—Lo sé —ambas entran con sus tarjetas y bajan rápidamente cuando escuchan que están por salir los trenes. Entran justo a tiempo y sonríen en complicidad, se sientan y continúan charlando.

—Por cierto, ¿cómo te va con Darien? —le pregunta, despreocupada, sacando unas chucherías de su bolsa y dándole a Serena también. Ella lo acepta y agradece.

—Bien, todo va muy bien —se sonroja. Minako sonríe.

—Me alegro por ustedes y te admiro por haberte ido a vivir con él, eso es valiente. Yo no me creo capaz.

—Más bien, eso se debió a las circunstancias.

—Da igual el motivo. Decidiste compartir tu vida con él y yo aún no me veo preparada para eso.

—Gracias —se rasca la cabeza sin saber que decir —, creo.

—Estás nerviosa. Tú estás un paso por delante, ya tienes un hogar y además, ya queda tan poco para que se acaben las clases. Dentro de nada, seremos personas listas para trabajar en la sociedad —se retuerce las manos.

—Creí que ibas a trabajar en la empresa de tu familia —Minako asiente.

—Eso solo le pone más presión y no quiero defraudar a mis padres —Serena asiente y por primera vez se da cuenta de que no debió haberla juzgado. Suspira recordando que Lita fue quien llenó su cabeza de artimañas contra la muchacha, y el que ella se portara como una perra con ella, tampoco ayudó en nada.

—No creo que los defraudes. He visto tus bocetos, son increíbles —la elogia. Mina se sonroja.

—Gracias —murmura —Y tú ¿qué harás?

—Clínica Veterinaria de Barcelona. Ya tengo un puesto allí —dice con modestia.

—¿En serio? ¿Pero cuándo lo conseguiste? —en su voz se escucha la sorpresa, pero parece de verdad, alegre por ella.

—Cuando terminé mis prácticas, me ofrecieron un puesto. En realidad, eres la primera persona a quien le digo.

—¿Ni siquiera a Darien? —pregunta, alzando su perfecta y dorada ceja.

—Quiero sorprenderlo —sonríe risueña.

—Felicidades, entonces.

—Gracias.

Ambas continúan conversando, y sin darse cuenta, no solo llegan a la ciudad, sino que además compran varias cosas. La rubia decide olvidar que las tarjetas que lleva no son suyas y las usa como la señora Chiba; compra varias cosas, ropa que le hace falta y uno que otro conjunto sexy que su, al parecer, nueva amiga le recomienda. Pasan horas, hasta que Minako le informa que debe marcharse por un problema en una de las sucursales de su madre. Serena entiende y se despide de ella; la rubia, al verse sola en plena ciudad, decide hacerle una visita sorpresa al moreno.

—Son casi las dos. Él debe estar allí.

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13:30 P.M. D&H, Corporation Shields, oficina del Presidente.

—¿Aún conservas todas esas fotos? —pregunta Jedite, al verlo sacar un montón de portafolios de un cajón.

—No puedo botarlas. Se ve tan hermosa que no puedo —dice, sonriendo y viendo cada una de las fotos de su hermosa mujer.

—Dios, Darien, era una niña, además ahora vive contigo, no veo la necesidad de que guardes aún esas cosas. Madre mía, ¿Aún conservas cada informe del detective?

—Me gusta releerlos —dice y se lleva una mano al estómago —¡Joder, qué hambre! Esta mañana no pude comer nada.

—¿Por qué? —pregunta inocente, y se arrepiente enseguida al ver la mirada y la sonrisa de su amigo —. Vaya, veo que desayunaste otra cosa.

—Y no me arrepiento, pero ahora necesito comida. Vamos, yo invito —le informa, levantándose de la silla.

—Bien, ¿Dejarás eso allí? —pregunta, volteándose y viendo todo sobre el escritorio.

—Está bien. Aquí no entra nadie.

—Tu secretaria —dice, murmurando y dando a entender que no confía en ella.

—Debe estar comiendo. Mira, no está —señala el lugar vacío —. Además, le tengo prohibido entrar en mi oficina cuando no estoy, y sabes que puedo darme cuenta si alguien ha tocado mis cosas.

—Bien, bien. Vamos, entonces.

Ambos salen de la empresa y se van a un restaurante cerca. Lo que nunca imaginó el moreno, es que tendría que haber escuchado a su amigo.

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13:45 P.M. D&H, Corporation Shields, recepción.

—Hola, buenas tardes —saluda la rubia, a la morena frente suyo que la mira extrañada.

—Buenas tardes, señorita, ¿En qué puedo ayudarla? —pregunta, viéndola a la cara, sonriendo.

—Verá, busco al señor Chiba —la morena asiente, sin embargo, ya se imagina lo que va a decir.

—Lo siento, señorita, pero el Señor no está, además, necesita cita previa para verlo —le sonríe conciliadoramente.

—¿No se encuentra? —pregunta confundida.

—Salió con el señor Jedite a comer —Serena asiente —. Si me deja sus datos, puedo concertarle una cita.

—No hace falta, verá, soy su mujer —le dice, sonriendo mientras un fuerte sonrojo se instala en sus mejillas.

—¿Su mujer? —pregunta, impresionada; asiente, pero duda —. Necesito comprobar eso.

—Tengo fotos —se ríe—. Es decir, no soy su esposa, pero ya vivimos juntos y eso.

—Aun así, usted comprenderá que no puedo permitirle el paso a cualquiera —intenta no ofenderla. La rubia entiende.

—Tengo sus tarjetas de crédito —murmura.

—Bien, eso puede funcionar. Déjeme alguna de ellas —Serena sonríe y le pasa una de las tarjetas platino que tiene en su poder. La joven revisa en el ordenador y parece convencida cuando descubre que la cuentas de su jefe, tiene una línea separada, que le permite a la rubia, acceder a ella, así que presupone que debían tener algo más que un noviazgo —. Bien, use esto y vaya a la última planta. No estoy segura de que su secretaria se encuentre, pero si gusta, puede entrar a su oficina y esperarlo. En cuanto llegue, yo le informo que se encuentra aquí.

—Preferiría que no hiciera eso. En realidad, quiero darle una sorpresa —se sonroja, y la mujer le sonríe, entendiendo la situación.

—De acuerdo.

—Gracias —se inclina y se aleja de allí para tomar el ascensor y se marea un poco por el movimiento, pero lo culpa al hecho de que no ha comido; suspira, pensando que hubiera podido comer con Darien, pero que ahora, evidentemente, no iba a ser así. Sonríe, sintiéndose nerviosa y entusiasmada, pues es la primera vez que entra al lugar y encuentra que la estructura es impresionante y moderna. Cuando llega a la planta, mira alrededor, el lugar parece un poco desierto, pero siente que es mejor así; se alegra al ver que la oficina del presidente es la única en esa planta, por lo que se ríe como una chiquilla y entra.

La impresión la hace abrir la boca. El lugar es increíble y espacioso, viéndose muy moderno y masculino. Entra y cierra la puerta detrás suyo y se empapa de todo lo que hay alrededor hasta llegar al escritorio, ve los enormes cristales, se acerca, admira la hermosa vista de la ciudad que ofrece, se voltea de nuevo, toca la silla de cuero y se recuesta. Es entonces, que fija su mirada en el escritorio y la sonrisa desaparece de golpe.

Frunce el ceño, viéndose a sí misma, pero con quince o dieciséis años. Se sienta en la silla, toma la foto entre sus manos y no comprende, vuelve la vista a la mesa y recoge la pila de fotografías, una por una. Todas son de ella, en una que otra aparecen los chicos a su lado, en otras sale con algunos hombres; hace memoria, son aquellos chicos que intentaron ligar con ella, inclusive, hay fotos actuales de ella con Seiya. Niega con la cabeza y comienza a escuchar un pitido en la sien.

Coge los otros papeles. En estos no hay fotos pero sí escritos, todo sobre ella. Hay una hoja con su informe de vida, fecha de nacimiento, color favorito, signo zodiacal, grupo sanguíneo, de cuando tenía catorce años. Hay más, en una hoja describe lo que hacía en un día de preparatoria, y mientras seguía revisando, era como si alguien le estuviera contando lo que hacía, día a día: salidas, días de instituto, su primer día en la universidad, las cosas que había comprado y cuando comía fuera. Siente náuseas, se levanta, se agarra de la silla e intenta con todas sus fuerzas mantenerse en pie, pero no puede y se desploma contra el suelo.

Mira la nada y solo entonces lo entiende todo: el por qué el pelinegro hablaba como si la conociera de años. Muchas veces, sabía cosas que ella jamás había dicho, cada detalle, cada minúsculo comentario, y ahora comprende que él había estado vigilándola. Recuerda la salida del sábado, cuando lo recordó por fin, la mirada de pánico que puso, inclusive por qué tomó en la madrugada: estaba asustado, asustado de que ella se diera cuenta. Se levanta, tambaleándose y siente miedo. Mira de nuevo las fotos y un escalofrío la recorre; todas esas llamadas que había recibido durante toda su vida, o aquellas veces en que se sentía observada, no habían sido imaginaciones suyas, alguien de verdad había estado acechando sus pasos.

Se endereza, sintiendo que tiene que salir de allí cuanto antes. Corre, aferrando con fuerza todo lo que lleva, presiona el botón del ascensor y ruega porque llegue cuanto antes. Se le hace una eternidad volver a la planta baja y cuando lo hace, la morena la observa asustada.

—Lo siento, me han llamado y tengo prisa —intenta explicar.

—Está bien, señorita —dice, pero la rubia se aleja y ya no la escucha.

Llega a la calle, toma un taxi que pasaba en ese momento y le indica la dirección, mientras en su mente comienza a pensar en lo que tiene que hacer. Lo primero, era alejarse de allí, ir a esa casa, tomar algunas cosas, libros de la universidad, todos sus documentos, algo de ropa y salir rápido del lugar. Gime al recordar a Brownie, pero solo tiene que sacar sus cosas y luego ir por su perro al lugar en donde está; respira, pues sabe que debe mantener la calma. Cuando llega, paga en efectivo y agradece mentalmente a Darien, que siempre insistía en que debía llevar efectivo encima, pero recuerda las fotos, su vida en un papel y otra vez las náuseas vuelven a ella. Sube rápido, abre, busca una maleta y mete todo cuanto puede, pues sabe que no tiene tiempo.

Le toma quince minutos inspeccionar todo y hacer su maleta. Primero, deja sobre el escritorio las tarjetas y busca en uno de los cajones, el efectivo que había estado guardando. El moreno le había abierto una cuenta donde cada mes le depositaba dinero, pero ella aún temerosa, sacaba todo el efectivo y lo guardaba a buen recaudo; no le da tiempo para contar pero sabe que tiene más que suficiente para un tiempo.

Sale de la casa y llama otro taxi; esta vez no fue tan fácil, pero cuando lo consigue, le suplica que tome el camino más rápido pues necesita ir por su pequeño. El taxista, creyendo quizás de que se trataba de un niño, se apresura y llega en veinte minutos. Serena paga y agradece, se baja y sudando por el miedo y la prisa, entra a buscarlo. Mira el reloj y ya son las dos y cuarenta de la tarde; traga saliva asustada y solo espera que el moreno aún siga comiendo.

—Buenas tardes, señorita ¿qué desea? —pega un brinco al escuchar esa voz, se voltea con la mano en el corazón, sintiendo como palpita; abre la boca y toma una bocanada de aire.

—Vengo por mi perro —dice.

—Aún no termina el entrenamiento —dice, con el ceño fruncido.

—No importa, es una emergencia. Debo salir del país y tengo que llevármelo —dice, viendo hacia atrás, casi esperando que el pelinegro aparezca de repente. El hombre frente a ella, asiente.

—Déjeme su tarjeta de identificación —la rubia obedece, entrega su D.N.I. y la tarjeta donde consta que es dueña de Brownie —. Bien, conozco al perro. Iré por él.

—Gracias —susurra.

Los diez minutos que el hombre demoró, se le hicieron una eternidad a la rubia, que asustada, seguía volteándose cada dos minutos; sin embargo, el miedo disminuyó un poco cuando escuchó el ladrido de su cachorro, quien se desesperó y jaloneó con fuerza para que lo dejen libre. Cuando el hombre llegó hasta ella, Brownie se lanzó sobre su dueña, llenándola de besos.

—Oh, mi amor, ¿Me extrañaste? —acaricia su cabeza —. Ahora no tenemos tiempo, debemos irnos.

—Bien, aquí tiene sus documentos —se los entrega. La rubia asiente con la cabeza, le agradece y sale del lugar. Otra vez necesita un taxi, pero esta vez tiene la cabeza en blanco, pues no tiene ningún lugar a donde ir.

—Mierda, ¿ahora qué hago? —se lamenta, pero el solo recordar todo lo que vio, la pone con los nervios de punta; mira alrededor, sabiendo que no debería quedarse allí, entonces recuerda a una persona —. ¡Diablos! no creí que alguna vez fuera a necesitar su ayuda.

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15:00 P.M. D&H, Corporation Shields, oficina del Presidente.

—¿Has hablado con tus padres?

—Sí, todos los sábados en la tarde —hace una mueca con sus labios.

Abordan el ascensor después de saludar a la castaña, que les sonríe amablemente.

—Vaya ¿y ese cambio? —pregunta, sorprendido y ya imaginándose por qué.

—Al parecer, antes de marcharnos, mi madre le hizo prometer a Serena, que llamaríamos cada fin de semana. Ahora, ella me hace cumplir y mamá está feliz, y aunque me cueste admitirlo, eso parece que gustarle a mi mujer.

—Es como matar dos pájaros de un tiro —dice Jedite, sonriendo de lado. Él y Darien llegan a la planta, avanzan hasta la oficina, y antes de entrar, saludan con la cabeza a la mujer, que le sonríe coqueta al moreno —. Ella no desiste.

—Es molesta —gruñe y se va directo a su asiento, frunciendo el ceño al ver la posición extraña de los documentos —. Alguien ha entrado aquí.

—¿Qué? —pregunta su amigo, asustado —¿No me digas que fue Sophie?

—Como haya sido ella, la despido —gruñe, se levanta cabreado y abre la puerta de un golpe, asustando a las tres mujeres que recién estaban llegando, pero más a su secretaria.

—¡Sophie! ¡¿Has entrado en mi oficina?! —grita. Las otras mujeres lo miran, sorprendidas, pues nunca lo habían visto así de enfadado.

—No, señor, yo no he entrado —dice nerviosa, viendo a sus compañeras.

—¿Quién fue? —se voltea y mira al resto —¡¿Quién de ustedes entró?! —chilla. Jedite sale al escucharlo y ve el rostro pálido de todas las chicas.

—No fuimos nosotras señor, acabamos de llegar. Estábamos todas juntas y recién regresamos de almorzar, señor —todas miran el reloj de pared, que marca las tres y cinco minutos; están nerviosas y no entienden que pasa. Ellas habían llegado puntuales y nadie había entrado.

—¡Maldita sea! —gruñe, entra a la oficina y marca con rabia el número de la recepción —. Carolina, ¿alguien ha venido a verme?

—No, señor, no que yo sepa. Espere un minuto —susurra asustada, después de escuchar la voz enojada de su jefe.

—Tranquilízate, Darien. Nadie puede entrar aquí sin que se sepa, espera un momento.

Al cabo de unos minutos, se escucha de nuevo el teléfono. El moreno presiona el botón y se escucha la voz nerviosa de otra chica.

—Dígame, señor Chiba —su voz tartamudea un poco.

—Kary, ¡¿quién rayos ha venido a mi oficina hoy?! —grita. Jedite le dirije una mirada de advertencia, pues sabe que la muchacha es buena en su trabajo.

—Lo siento señor, ¿Pasó algo? —pregunta asustada, esperando que esa mujer no se haya llevado nada.

—¡¿Quién demonios fue, Kary, y por qué dejaste que entrara en mi ausencia?! —le reclama.

—Lo siento, señor. Dijo que era su mujer y no pensé que estuviera mintiendo. Revisé las tarjetas que me presentó —decía ella, sin ver cómo su jefe, iba palideciendo poco a poco. El rubio lo miraba asustado.

—¿Te dijo como se llamaba, Kary?

—En su tarjeta de identificación constaba como Serena Tsukino. Pero le juro que no sabía que no era nada suyo, yo…

—Es mi mujer, Kary. Está bien, no importa. Lo siento, sigue con tu trabajo —dice, con voz monótona, casi muerta.

—Entonces, ¿sí es su mujer? Me quede un poco preocupada porque la vi bajar a los quince minutos, muy nerviosa y pensé que había hecho algo, pero…

—Está bien, sigue con lo tuyo —cuelga el teléfono.

—Joder —susurra Jedite —. Joder, Darien, vio las fotos, lo vio todo.

—Tengo que irme, tengo que buscarla, necesito explicarle —traga saliva para pasar la bilis que tiene en la garganta —. Ella debe de estar asustada.

—En ese estado no puedes ir a ningún lado, Darien, deja que te lleve —el moreno asiente, más por inercia que por otra cosa, se van directo al aparcamiento y salen del lugar —. Llámala, Darien, intenta explicarle.

El moreno asiente y busca su móvil, le da a marcado y la llama, más el teléfono se va directo al buzón de voz. Gruñe con fuerza.

—Joder, lo tiene apagado —explota —¡Joder, Jedite, apresúrate!

—Eso hago Darien.

Se demoraron más de lo esperado, pues habían salido en hora pico y todo estaba abarrotado de coches. En cuanto llegaron, el pelinegro no perdió tiempo y abrió con rapidez la puerta, fue directo a la habitación y se le cortó la respiración al ver todo hecho un desastre: los armarios estaban abiertos y la cama desordenada, como si alguien con mucha prisa, hubiera apurado su rápida huida.

—Se ha ido Jedite, me dejó.

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17:00 Cerca de su futura residencia.

Frunce el ceño con más fuerza de la necesaria, es decir, ella amaba la lluvia y nunca le había molestado, pero ¿por qué rayos tenía que llover cuando ella descubre que el hombre con el que vive, es un maldito acosador? Ahora, no solo ella sino también su bebé, están empapados por la fuerte lluvia.

—Maldita sea —murmura, mientras camina con pasos rápidos —. Lo único bueno es que la estúpida maleta es de plástico y no dejará pasar el agua —el perro a su lado ladra y trota junto a ella —. Siento hacerte pasar por esto, amor —el animal parece más feliz que otra cosa, inclusive se sacude para eliminar el agua, para que cuando vuelva a caer sobre él, repita la acción. Brownie parecía estarlo pasando bien, jugando con el agua.

Se detiene debajo de una parada de autobús, ya que solo conoce el camino hasta allí. Se arrepiente mentalmente por no haberlas visitado más seguido, aunque por el momento, solo hace falta esperar a que llegue esa persona.

—Por favor, no me abandones ahora, no tengo a nadie —recuerda a los chicos y rueda los ojos —. No creo que puedan ayudarme, quien sabe que cosas les habrá dicho Lita de mí a estas alturas. ¿Verdad, bebe? ¿Tú tampoco te diste cuenta, no? Al parecer tu madre es más estúpida de lo que creía, es decir, tener una dizque amiga que en realidad me odia, y otra que, en realidad, solo estaba molesta porque no me daba cuenta; y para ponerle la cereza al pastel, dejé que mi acosador me follara, pero eso no es lo peor, lo malo es que lo disfruté. Tu madre evidentemente está maldita porque esto no puede ser normal, tengo que haber matado a alguien muy importante en alguna vida pasada, ¿no, mi amor?, no puede ser que…

—¡Joder, Tsukino, no paras, eh! —la rubia se voltea al escuchar esa voz y sonríe al verla.

—¡Haruka! —se lanza sobre ella, empapándola en el acto.

—Vamos, vamos, tranquila —le dice, mientras la saluda —. No me dijiste que venías con alguien —señala acusatoriamente al perro.

—Es mi hijo, ¿qué quieres que haga? —hace un adorable puchero, pues sabe que con eso ya la tiene asegurada.

—Vaya, así que has decidido huir de casa —niega con la cabeza, mientras se siente feliz por dentro, ya que estaba esperando por esa llamada durante años —. Ya era hora, aunque me tienes que explicar que era eso que decías, sobre amigas y acosadores.

—Oh, Ruka, no me lo vas a creer —murmura, y es que ni ella misma puede creérselo. Si alguien le contara una historia como la suya, no se lo creería, y pensaría que sufre de alguna enfermedad mental, donde toda su vida es simplemente una historia de chiflados.

—¿Qué pasó? —pregunta, mientras entran en el coche.

—El hombre con el que vivía, vamos, el primer hombre con el que estoy, es un maldito enfermo —murmura, sintiendo aun vértigos al recordar todas esas fotos; pero no quiere sentirse de esa forma, y recuerda su forma de cuidarla, de amarla, Darien nunca había dado indicios de que pudiera hacerle daño.

—Espera un momento —la mira de reojo, mientras enciende el motor —¿Un hombre? ¿Quién?

—El que esperaba fuera el amor de mi vida —susurra —, pero debo de tener alguna maldición, Haruka. Nada me sale bien, nada.

De nuevo, las lágrimas. La rubia junto a ella, no sabe qué hacer, nunca supo consolarla por lo que solo se queda allí, sin decir nada. Avanza para llegar cuanto antes y reza para que Michiru sea capaz de ayudarla, pues estaba segura que ella podría. Al cabo de unos quince minutos, llegan a la finca, la rubia alta la ayuda con la maleta, mientras Serena por su propio pie, sale del auto y saca a Brownie, y se echa de nuevo a llorar.

—Lo siento, Brownie ha ensuciado tu hermoso coche —llora aún más fuerte. Haruka niega con la cabeza, divertida.

—Veo que no has cambiado nada, cabeza de bombón, no pasa nada. Vamos, que Michiru nos debe estar esperando con un chocolate caliente.

Subir al piso de ambas fue más agradable y menos incómodo de lo que esperaba. Habían construido un hermoso lugar al que podían llamar hogar y verlo, solo le hizo sentir alegría y tristeza, porque sentía que podía haber tenido eso con su atractivo moreno. Luego de saludar a la Michiru, la rubia de nuevo se echó a llorar; entre sollozos y lamentos les cuenta, desde como lo había conocido, como se fue a vivir a su casa, todo, incluyendo el sexo salvaje -a lo que Ruka pusó cara de asco y Michiru sonrío- hasta ese nefasto día, en que descubrió que su mejor amiga era una maldita perra y el moreno la había estado vigilando desde que tenía catorce años. Ambas mujeres la miraron y escucharon sin poder creer todo lo dicho; al parecer los acontecimientos del día habían sido uno tras otro.

—Rota, estoy malditamente rota.

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Nota de Autora:

Hola mis hermosas nenas, se que algunas ya andaban desesperadas por la actualización. Pues aquí la tienen, hace menos de media hora que Kary -nuestra hermosa editora- me lo entrego y en cuanto antes, lo he subido. Espero que hayan disfrutado del capitulo.

Nadie se esperaba esto? Tranquilas, lo sé -me encogo de hombros- No se puede hacer nada jajajajajaja (vale, vale, creo que he comido mucho dulce hoy).

Bien, lo de Darien, sí eso sí...mientras escribia el capitulo pensaba, lo de Dar se lo esperan, ohh pero lo de Lita sera dinamita.

Bueno, quejas, amenazas de muerte para con Kino, por favor dejarlo en los reviwes, ella los leera...cuando termine de follarse a algún hombre por allí.

No creo que este tan mal la idea, sí bien es cierto que les hice creer que la mala era Mina, bueno al final salio esa vena mia, la muchacha me cae bien, lo siento.

Quiero agradecer como siempre a nuestra querida Kary, muchas gracias, de verdad, las chicas y yo te lo agradecemos mucho, por el esfuerzo que le dedicas a esto, muchas gracias, de todo corazón.

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Reviews:

mayilu : Muchas gracias, nunca espere que alguien considerara mi historia, como un buen material de lectura, muchas gracias. Por otra parte, lo de Lita fue algo casi involuntario, en realidad cuando escribo, no tengo nada planeada (a excepcion de algunas cosas claro) pero los personajes en sí y como seran y lo que haran, son cosas que no controlo, lo de Lita ha salido de esta forma, ya vez. Los padre de Dar, ellos saldran mas adelante, tranquila! ^^

Pao Tsukino: jajajajajaja si no tuviera buena memoria, me temo que no funcionaria la historia, pero en realidad es algo que ha tenido metido en la cabeza, ya bastante tiempo, en realidad ha estado pensando en ello desde el principio. Recuerda todas esas veces que Darien metio la pata, el tampoco no era muy cuidadoso que digamos XDD

giselamoon : jajajajajaja me mataste, bueno hay que convencerla...XDD no creo que le falte mucho..

yesqui2000 : Cierto, puede que no tendrian que haberse dicho esas cosas delante de todo mundo, pero hay situaciones en las que una no puede más, y lo de Darien, bueno ya tienes aqui su reaccion, tal vez si debio contarle todo, es una pena que el "hubiera" ya no es posible.

SELENE 333: hahahahahaa lo siento, muchas esperaban ese embarazo, mas adelante entenderas porque de mi retraso en cuanto al asunto, como serena le dice a Dar, no es que no vayan a tenerlos, pero no por el momento, solo espera y veras, mi historia tendra un final rosa, despues de todo soy yo...soy asi de cursi ^^

ANYACHIBA: lo se -_-...y ahora ella tambien lo sabe...supongo que tendran que esperar al siguiente cap XDD jajajaja lo siento, me salio la vena mala XDD

C-ELF : Woooo la sorprendida he sido yo unnie, encontrarme con una elf, aqui y que tambien sea fan de Mamochan, así casi una alucinacion XD jajajaja y comparto tu opinion, hoy se ha dicho todo, en el siguiente cap, veremos como les va a los dos por separado ^^.

yssareyes48: a veces una pregunta o una sola frase puede descencadenar una tragedia inmensa, como lo de lita, por ejemplo, si ella no hubiera dicho todo lo que dijo, serena no hubiera terminado llorando y encontrandose con mina, que a su vez no la hubiera llevado a barcelona, y esta no se hubiera decidido a visitar a darien y por tanto no hubiera descubierto su pasado...son cosas que pasan. Ahora solo falta esperar a ver el resto, la conclusion es muy simple en realidad, espero que sigas leyendome, ya falta poco para que se acabe ^^

Miriam Ortiz: lo se, sí darien se hubiera decidido a decirle la verdad, a lo mejor esto no hubiera pasado, pero a lo mejor si.

GiuliiVazquez: hahahaahahahaha dios brownie tiene el sueño pesado XDDD jajajajaaja...tiene que ser, pense en ello, pero me dije, serena entra le da place a darien y en medio de la escritura pongo: Brownie al escuchar tanto jaleo sale de la habitacion? jajajajaja como que mataba el momento XDD jajajajajaja eres una pillina jajajaja no se si son buenos o no...uhhh pero trato de hacerlos emocionales y pasionales...espero estar haciendolo bien ^^

Natsuki: hoy has de ser feliz, espero que disfrutes el capitulo de hoy...aunque claro con lo que hay...puede que no...tal vez si lloras un poquito...o puede que no...XDD lo siento ando media perdida.

Badu: Hola cariño, sí y con justa razon, lo que mas temia ha pasado, pero era algo que se veia venir. Bueno en cuanto a las veces que ocurrio el "evento", lo cierto es que Serena a veces desbaria con su pasado, debes recordar que no esta del todo cuerda, su mente ha creado un mecanismo de defensa, y este es uno de ellos, sus recuerdos estan tan mezclados que a veces cuando se expresa de ello, lo cambia ella misma...ademas de que hay cosas que aun no he desbelado ^^ jojojojo gracias por leerme ^^

USAGUI MICHIRU : Bueno, mas que recordar esos hermosos ojazos azules, ha pasado esto, TODO esto, que tal? como lo llevas'?

Jan: Lo siento, recien ahora he podido subirlo...ya ha pasado, la bomba ha explotado...estas bien? -_- soy la que escribe, pero a veces yo tampoco se cuando pasaran estas cosas, pero bueno...^^ jojojojo dime que tal!

Maria paolini: Claro cariño, supongo que para cuando estes leyendo esto, ya te habre etiquetado ^^. Espero que te guste la historia al completo, que te parecio lo que he revelado hoy? Impactante?

princessqueen : Un mundo de un grano de arena, me temo, pero bueno mujer, hay privilegios de los que gozas eh eh eh...jajajaja bueno, bueno sabes como son este par, si no es el uno, es el otro, pero bueno...ya enenderan porque de todo esto ^^

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Bien, espero que hayan disfrutado de este capitulo, o bueno, no es que sea bueno en cuanto a sentimientos...Sí estan tristes por Mamochan, lo siento, prometo que todo se solucionara ^^.

Pero tendrán que esperar para ello.