Capítulo 2
Si bien le agradeció y se sorprendió por la cena apenas sentarse a la mesa no paró de hablar de todo lo que le había pasado en el trabajo.
Que el cadete se había equivocado de papeles, que debió cruzar toda la ciudad para buscarlos, que su jefe casi la mata, y bla, bla, bla.
Lo único que pasaba por la mente de Ron era
-"aburrido, aburrido" - Entonces habló por primera vez en toda la noche. - Me gustó el hecho que ayer no tuvieras tus braguitas puestas. – Incluso él se llevó la mano a la boca por el cometario, ni decir de la cara de Hermione, aún trataba de descifrar si era sorpresa, vergüenza o ambas, bajó la mirada porque en realidad era él el avergonzado y no volvió a levantarla, jugaba con la comida meditando que decir, notaba que ella se movía aparentemente nerviosa en la silla.
Para cuando iba a pedir disculpas escuchó la sensual voz de Hermione.
- Ahora tampoco – Levantó la vista y la vio sosteniendo su ropa interior con su dedo índice, meciéndola y mirándolo sensualmente.
Antes de poder decir nada ella le arrojó las bragas a la cara y él las atajó y sin más olió su fragancia, ella como única respuesta pasó la lengua por sus labios.
El se levantó y rápidamente la tomó entre sus brazos y la tiró sobre la mesa, no sin antes tirar todo al piso. A Hermione no pareció importarle un ápice el desorden sólo atinó a sonreír, le arrancó la camisa y comenzó a besar sus pechos por sobre el sostén y a tocarlos con una mano, mientas que con la otra le desabrochaba la prenda despojándola de ella, los pezones de Hermione se endurecieron rápidamente al tacto.
Pensó que lo iba a matar por arruinar su camisa, pero para su asombro ella lo imitó haciendo lo mismo con la suya y pasó la lengua por su pecho, para luego morderlo suavemente.
La castaña bajó los brazos y desabrochó el pantalón de Ron y lo bajó junto a su ropa interior, tomó su miembro y lo acarició aferrándolo con toda su mano en un movimiento de vaivén que pronto lo enervó aún más de lo que ya estaba.
- Tómame Ron, ahora – Imploraba a la vez que dirigía la erección del pelirrojo a su entrada.
- Pero… - Él dudó, Hermione era estrecha, a pesar de haber tenido dos hijos, era estrechísima, o tal vez él era muy grande, al menos siempre le hacían bromas por eso en Hogwarts. Lo cierto era que en gran medida sus relaciones se veían aminoradas por ello, a Hermione le dolía, él disfrutaba como un condenado demonio, pero ella terminaba adolorida. Luego aprendió a estimularla para hacer más placentera la relación pero aún así las mismas no habían aumentado.
Recordó su primera vez, aunque prefería no hacerlo, tampoco podía olvidarla, fue un total y completo desastre.
La inexperiencia de ambos, y la inseguridad llevaron al fracaso el suceso.
Si bien él había noviado con Lavander, no había pasado de algunos besos y algunas caricias poco subidas de tono.
En cuanto al tema sexual, estaba perdido, sumido en la total oscuridad, ni siquiera el libro regalado por sus hermanos lo pudo ayudar y demás estaba decir que no se atrevía a preguntarle a ninguno, ni siquiera a George quien era con quién más confianza tenía en ese momento, ya que cuando en alguna oportunidad se animó a preguntarle a Percy como solucionar su urgencia sexual, si bien lo asesoró estuvo burlándose junto a todos sus hermanos por dos meses seguidos, con lo cual ni loco le preguntaría sobre un tema aún más delicado y que además inmiscuía a Hermione, ella no se lo perdonaría. Harry por ese entonces quedaba totalmente descartado, ya que preguntarle algo llevaba a asociarlo directamente con su hermana y en ese momento eso era inaceptable. Con su padre había tenido una charla más del tipo preventivo aunque él ya sabía como prevenirse y dudaba mucho que el consejo de su padre fuera del todo efectivo, ya que su progenitor evidentemente no había tenido mucho éxito en el control de natalidad, para su suerte Hermione había consultado con un médico que le recetó unas pastillas y confiando plenamente en ella lo dejó a su control. Sabía que iba a ser doloroso para ella y de hecho que incluso sangraría, eso lo ponía nervioso pero a la vez estaba tan excitado que pensó que sería apenas un pequeño instante, estaba equivocado.
Entonces allí estaban, por supuesto que ni hablar que era su noche de bodas, ya que Hermione se rehusó completamente a tener relaciones antes de ese día. Incluso sus encuentros previos a la misma no habían pasado de algunos apasionados besos y algunas caricias más puritanas que las que alguna vez le hubiese dado a Lavander.
Ambos estaban nerviosos, se recostaron en la cama, apagaron las luces, y luego de un instante se atrevió a acercarse. Sintió que ella temblaba como una hoja en el viento y no sabía como confortarla, así que lo único que pudo decirle fue.
- Tranquila, te amo. Yo te cuidaré.
- Yo también te amo, es que…
- Lo sé, yo estoy igual – No quería decirle pero debía – Si no quieres, podemos esperar…
- Ron, soy tu esposa, se supone que…
- Lo sé pero, si tienes miedo.
- No, no tengo miedo, estoy nerviosa – Y la oyó reír. Entonces se acercó y la besó poniéndose sobre ella y aplastándola con su cuerpo. Él estaba más que enervado y en cuanto ella sintió su erección pareció quedarse sin respiración. – Es enorme – la escuchó decir y fue él quien rió.
- Gracias – Llegó a bromear pero notó que ella no respondía al gracioso comentario, entonces encendió la luz. La miró, estaba pálida y sudorosa. – Te repito si quieres…
- No – decía ella cerrando los ojos y respirando profundamente – Vamos a hacerlo. – Así como si estuvieran practicando un nuevo hechizo de la clase de defensa contra las artes oscuras.
Decididamente no era lo más estimulante del mundo, pero el estaba más que enamorado y sobre todo había plasmado millones de veces ese momento y no veía la hora de hacer el amor con ella, pero definitivamente no estaba resultando como lo imaginó.
Se levantó apenas y le sacó lentamente las bragas y su ropa interior, dejándolos parcialmente desnudos, luego comenzó a besar su cuello y a tocar sus senos; eso pareció relajar un poco a Hermione quien comenzó a respirar agitadamente y entonces tomó de su miembro, lo dirigió a su entrada y comenzó a penetrarla lentamente.
La primera reacción de ella fue clavarle las uñas en la espalda, él intentó no emitir ningún sonido de dolor, más aún al ver que ella hacía el mismo esfuerzo para evitar demostrar el suyo; podía notar en su rostro que le dolía, puesto que mientras ella continuaba con los ojos cerrados él decidió mirarla, porque le parecía la mujer más hermosa sobre la tierra y además estaba disfrutando demasiado de ese momento.
Lamentaba que a ella no le estuviese pasando lo mismo, pero a medida que más avanzaba, más lo estimulaba, pero a ella parecía no acabársele nunca el rictus de dolor, entonces se detuvo, esperando que menguara.
Luego de unos instantes este pareció ceder y continuó, pero nuevamente ella clavó sus uñas en la espalda y en esta oportunidad no pudo evitar gruñir.
- Perdón – dijo ella aflojando el agarre – pero pensé que habías terminado.
- ¿Terminado? Pero es que… recién empiezo – Se atrevió a decir y ella largó un angustioso suspiro. Comenzó a salir – Mira, lo dejamos para más adelante.- Pero ella levantó las piernas y lo retuvo aferrándolas a su cadera.
- No Ron, por favor. – Sin darse cuenta esa posición facilitó más la entrada y ante la súplica el prosiguió, la verdad era que no quería dejar de hacerlo, pero ya no estaba complacido, estaba angustiado.
Lentamente aceleró el ritmo y comenzó a sentir que Hermione gemía y parecía que el dolor había cesado, entonces avanzó un poco más, esta vez la humedad era mayor y fue más fácil, aún así ella volvió a apretar los puños en la sábana, donde los había ubicado al notar que lo había lastimado con sus uñas en la espalda.
- Hermione – la llamó pero ella seguía sin abrir los ojos – Hermione mírame. – Ella obedeció abriendo los ojos – Te amo – Le decía – Te adoro, esto es lo más grande que alguien ha hecho por mi jamás.
- Yo también te amo Ron. – Y se besaron, él llegó al orgasmo pero ella no. Intentó ayudarla de alguna manera pero ninguno de los dos sabía que hacer.
Nunca le preguntó como era que ella solventaba sus urgencias sexuales aunque intuyó que ella tal vez nunca las tuvo, pero ella era una mujer, no un robot, debería saberlo pero seguramente le daba vergüenza decírselo.
Estaba desolado, ella estaba adolorida, apenas podía moverse, había sangrado bastante y se asustó, sin embargo a pesar de esa angustia estaba maravillado, para él fue lo más intenso del mundo, debía averiguar como hacer que Hermione también lo disfrutara y pensó que tal vez al ser la primera vez era dolorosa pero luego sería más placentero.
Al día siguiente otra vez le hizo el amor, pero ella seguía con las mismas molestias. Y desistió de tocarla nuevamente disfrutando únicamente de las excursiones del viaje de bodas.
Terminada la luna de miel, se decidió a hablar con George, pero primero le pidió por favor que le prometiera no burlarse de él o Hermione, que era algo muy serio y por eso le preguntaba a él.
Su hermano aceptando el juramento le indicó unos libros para leer, y allí aprendió a estimularla para que fuera placentero.
Finalmente logró que ella llegara a un orgasmo, previo estimularla y se había convertido en una especie de ritual antes de hacer el amor, pero a la vez era mecánico y continuaba siendo doloroso, con lo cual desistió y decidió autosatisfacerse, lo que menos quería era lastimar a Hermione, y se conformaba con tenerla abrazada hasta dormirse por las noches, sólo le requería cuando era demasiada extrema la urgencia, puesto que la masturbación no era satisfactoria en lo absoluto, o cuando ella lo incitaba que estaba de humor para ello.
- ¡Por favor Ron! – la súplica de Hermione lo sacó de sus pensamientos, la vio tan deseosa que empujó enérgicamente y los jadeos de ambos no tardaron en escucharse. Hermione acariciaba la espalda de él, al principio sintió la fricción y comenzó a dudar haciendo el movimiento más lento y suave, pero notó que ella se relajó, como no lo hacía nunca y la fricción se hizo menor pero no por ello menos placentera.
- ¿Estás bien? – preguntaba besando y mordiendo suavemente sus senos, estaba enloqueciéndose.
- Me encanta, hazlo más fuerte – Y las embestidas aumentaron - ¡Más! – Gritaba Hermione, Ron plegó su cuerpo sobre el de su mujer, apoyó los codos delante de los hombros de ella sobre la mesa y estiró los antebrazos tomándose del borde de la mesa, atrapando el cuerpo de la castaña entre sus brazos y su cadera penetrándola más profundamente, nunca antes agradeció por ser tan alto, como en ese maravilloso momento.
No podía creer lo que estaba viviendo, sentir el cuerpo de ella vibrar debajo del suyo era la experiencia más estimulante del mundo, se dio cuenta que nunca le había hecho el amor hasta ese preciso momento.
- ¿Te gusta? – Llegó a preguntar lamiendo su cuello.
- Me encanta esto.
- ¿Qué? ¿Qué es lo que te encanta? – Preguntaba mordiendo su cuello expectante a la respuesta que buscaba.
- Que me ames salvajemente.- Jadeaba Hermione mientras llevaba las manos a los glúteos masculinos ejerciendo más presión. Ron gruñó y luego sensualmente replicó.
- Alguien pretende ser mala hoy – Y arremetió más fuerte dentro de ella.
De repente sintió un cambio en Hermione, sintió su cuerpo cambiar al igual que su ropa.
- Si profesor, he sido una niña mala. ¡Castígueme! – El pelirrojo se incorporó levemente y vio a Susan bajo su cuerpo, cerró los ojos.
- No – llegó a mal decir, no quería ver a nadie más que a Hermione en este momento, no quería a nadie más, nunca lo quiso, volvió a abrir los ojos pero la chica continuaba allí, intentó levantarse pero la muchacha lo atrapó con sus piernas y ante sus ojos se transformó en Hermione.
- ¡Tú! Eras tú. Lo supuse por un instante.
- Sí – reía Hermione sin dejar que él saliera de dentro de ella y aferrándolo más. - ¿Me va a castigar profesor, si o no?
- ¡Claro que te castigaré! – Y volvió a embestirla, ambos llegaron a un orgasmo tan pleno como nunca habían sentido.
Ron se incorporó saliendo de ella para sentarse en una silla detrás de él, arrastrando a Hermione quien se sentó a horcajadas sobre él, mientras besaba sus labios, rostro y cuello.
- ¿Por qué? – Preguntaba el pelirrojo ya más calmado - ¿Acaso dudabas de mí?
- No – respondió Hermione – Tú dudabas cuando te disfrazaste como cadete de la firma hace tres años atrás.– Ron rió.
- Así que te diste cuenta.
- Pudiste ocultar tus facciones, pero tu mirada no, no inmediatamente, pero como me pareció tan rara la atracción que sentía comencé a fijarme en ti y luego lo deduje.
- Podría decirte lo mismo, pero no quisiera mentirte, la verdad me sentí fatal al verme seducido por una menor.
- pero era yo, tal vez con un poco más de tiempo tu también lo hubieses descubierto.
- pero no lo hice.
- tal vez no concientemente.
- ¿Cuándo los congelé…?
- ¿No me sentiste temblar? – reía Hermione comenzando a friccionar su cuerpo al de Ron.
- ¿También tienes los mismos poderes?
- Si.
- No me has dicho porque lo has hecho. ¿Acaso dudabas de mi fidelidad?
- ¿Tú lo hacías cuando fingiste en mi empresa?
- No realmente, es que siempre llegabas cansada del trabajo y… - Pensó en que decir, no quería confesarle sus desahogos sexuales – Nada, eran inseguridades mías, ya me conoces.
- No, no te conozco en absoluto. – La declaración lo sorprendió – O sea – ella se explicaba – Nos conocemos a la perfección como amigos, como compañeros, como esposos, pero no como amantes. – Ron tembló ante el escalofrío que recorrió todo su cuerpo, definitivamente la palabra amante en los labios de Hermione sonaban más sensuales de lo que se imaginaba.
- Yo te amo.
- Yo también y te deseo, con todas las fibras de mi ser. – Ron temía hablar, temía intentar averiguar, temía que al hacerlo se despertara y descubriera que había sido sólo un sueño, o que estuviera alucinando, si así fuera definitivamente prefería la locura a toda costa, pero haciendo acopio de valentía repreguntó.
- No me has dicho porqué lo has hecho.
- Para esto – y Hermione continuó la fricción de ambos cuerpos – Estábamos perdiéndonos. Por mi culpa.
- No.
- Si, por mi culpa, no intentes contradecirme. Pero quiero que sepas que no hay nada que me guste más que hacer el amor contigo.
- ¿Nada? – preguntó él abrazándola y apretando la unión agradeciendo a Merlín por ese milagro que en ese momento le lamía el cuello y rasguñaba su espalda llevándolo nuevamente a su punto máximo de excitación.
- Nada – respondió ella en un gemido al sentir nuevamente la erección de Ron.
- ¿Ni leer?
- Esa era mi pasión, antes de descubrirte a ti.
Durante toda la noche se redescubrieron y reafirmaron el amor que ambos se tenían.
El lunes Hermione llegó a su oficina resplandeciente, había utilizado una poción para alisar su cabello y se veía radiante, Margaret, su asistente, rápidamente se lo hizo notar.
- Parece que alguien ha tenido una muy buena noche. – declaró pícara, sabiendo que a su jefa esas cosas no le gustaban, pero le aceptaba sus bromas.
- No – viró Hermione antes de entrar en su oficina – Un maravilloso fin de semana – declaró sin sonrojarse cerrando la puerta tras de sí y dejando a Margaret boquiabierta.
Se sentó frente al escritorio y encendió la computadora, mientras esta se iniciaba, miró las fotos familiares sobre la mesa, una donde estaban Ron, Rose Hugo y ella, otra con todos los Weasley, Harry, sus padres y una de ellos dos solos, por supuesto que en su casa estaban las mismas fotos pero mágicas.
Suspiró recordando el fin de semana, antes de ir a su casa ella habló con su madre para que se quedara todo el fin de semana con los chicos, sin saber la sorpresa de Ron y su madre tampoco lo descubrió, a veces le parecía que era más cómplice de él que de ella, pero la verdad que lo era de ambos.
Le sorprendió la sorpresa, pero siguió con su plan, necesitaba que Ron tomara la iniciativa, por suerte no tardó mucho porque ella estaba al borde de abalanzársele encima, volvió a reír.
Nunca dejaría de agradecer a Ginny por sus consejos, más que nunca reafirmó que toda esa inteligencia que poseía no dejaban de hacerla una tonta para las cuestiones sexuales. ¿Cómo nunca se dio cuenta que estaba muerta en vida, que estaba viviendo una vida sin sentido? No era que descartara todo por lo que había luchado, su trabajo, su familia y por sobre todo sus hijos y Ron que eran lo más importante, pero por primera vez en su existencia se dio cuenta que era una mujer a medias, ni siquiera a medias, a cuartos, pero su amiga la ayudó en algunas cosas que ella hacía pero sin darse cuenta cuanto gustaban a los hombres.
Recordó aquella tarde.
Había ido a visitar a su cuñada a Grimauld Place, la veía radiante mientras que ella se veía fatal y por primera vez en mucho tiempo se atrevió a preguntar.
- ¿Cómo haces para estar tan rozagante? ¿Alguna crema? ¿Algo mágico? – Ginny rió.
- ¿Realmente quieres saber mi secreto?
- ¡Por favor! – casi le imploró.
- Yo hago el amor todos los días con Harry. – Confesó tranquilamente como si le dijera que acababa de comenzar a llover.
Hermione la miró boquiabierta intentando procesar si lo que había escuchado era correcto y para asegurarse preguntó
- ¿Todos los días?
- Si. Que quieres que te diga – Ginny se señaló – Genes Weasley - y largó una sonrisa cantarina.
Hermione cerró la boca para no parecer una idiota pero ya comenzaba a pensar que realmente lo era, y no sólo eso sino una completa ignorante de la sexualidad que una pareja debía tener.
- Bien – Atinó a decir.
- Igualmente me imagino que tú estás igual que yo. – Afirmaba la pelirroja – Cuando nos reunimos con los chicos y se pasan de copas, Dean y Seamus siempre recuerdan las bromas que le hacían a Ron. – Hermione la miró interrogante - ¡Las bromas! – Repetía Ginny, pero al darse cuenta que la castaña no entendía acotó – Que estaba todo el día listo para el servicio.
- ¿Servicio?
- Para el ataque, para la acción – Pero Hermione seguía sin entender. - ¡Qué estaba todo el día con el amiguito parado!
- ¿Amiguito? ¿Harry?
- ¡Hermione! ¿Acaso no...? – Pero hizo silencio intuyendo que su amiga no tenía idea de lo que estaba hablando y decidió explicárselo científicamente, entonces serenamente dijo – Que estaba todo el día con el pene erecto ¿Así lo entiendes? – Hermione se llevó una mano a la boca, Ginny realmente lamentaba tener que hacer esto pero desde que había hablado con Harry sobre la situación de Ron y Hermione, que estaba cada vez peor en cuanto a la pasión, se decidió a solucionarlo a como de lugar y debía olvidar lo reservada y tímida que era su amiga para hacerlo, es por eso que agregó – Y dicho sea de paso ¡Qué amiguito! No es que alguna vez lo haya visto – aclaró – no quiero sonar incestuosamente pervertida, pero todos coincidían en que era enorme. – Ginny la miró como esperando que se lo confirmara.
- ¿Qué? – Preguntó la castaña.
- ¿Y?
- ¡No pienso hablar de mi intimidad! – Renegaba Hermione poniéndose de pie.
- No quise ofenderte, pensé que al ser adultas, hablar de estos temas era normal.
Hermione se largó a llorar y Ginny preocupada se acercó a su amiga y la abrazó.
- Soy una idiota, una frígida, mojigata y egoísta. – Lloraba la castaña angustiada, la pelirroja la consolaba, no pensó que fuera para tanto, que Harry exageraba las conversaciones que tenía con Ron, pero verla tan desconsolada le daba a entender que era más serio de lo que ella misma pensaba.
Decididamente fue la mejor solución tomar las riendas en el asunto, no dudaba que ambos se amaban con locura, pero ahora había que trasladar esa locura a la cama.
- Cálmate.
-¡Calmarme! ¿Calmarme? ¡Tu hermano debe estar padeciendo una tortura física! ¡Debe estar todo el día autosatisfaciéndose! ¡Cuando debería ser yo quien lo cuide y atienda! O peor – Hermione la miró preocupada – Tal vez tenga una amante.
- ¡No seas tarada! – Le gritó Ginny dándole una palmada en la nuca.
- ¡Auch! – Gritó Hermione tomándose la zona golpeada.
- Mi hermano te ama, y fuimos criados con valores morales y familiares muy fuertes, nunca te engañaría. Ahora – acotó – lo del autoservicio… - Y la miró con circunstancia.
- ¡Esto tiene que terminar!
- ¡Por fin! – Resoplaba Ginny.
- Hay un problema.
- ¿Problema?
- Es que lo que has dicho es verdad – la pelirroja la miró interrogante – Ron es… - bajo los ojos – grande – Ginny rió - ¡No te rías! – La retó.
- Lo siento – se disculpó la chica tapándose la boca con la mano.
- Y yo soy – Hermione miró a ambos lados y bajó la voz como si alguien pudiera escucharla- estrecha – Ginny abrió los ojos – Y a veces duele – la castaña estaba colorada asemejándose a toda una Weasley y Ginny no pudo evitar echarse a reír a carcajadas incluso de atragantó, Hermione la asistió.
-¡Oh amiga! – Le decía ya repuesta – No sabes la suerte que tienes, no te das cuenta que eres la envidia de todas las mujeres - Hermione la miró interrogante - ¿Es que nunca hablabas de sexo en Hogwarts?
- ¡Por si no te diste cuenta estábamos luchando en una guerra? – rezongó Hermione
- ¿Y tú no tenías hormonas, o qué?
- ¡Si! Pero yo no tenía amigas, sólo estaba con Harry y Ron y precisamente no iba a hablar con ellos, entonces,… lo anulé – Ginny se lamentó por ella, lo cierto era que tenía toda la razón.
- Bueno, soy tu amiga y debo decirte que tengo bastante experiencia, vamos a tomar otro té y a charlar de sexo. Lo más importante es relajarte y gozar. Si piensas que te dolerá que vas a sufrir ya empiezas mal, lo mejor es concentrarte en el placer que te da la relación y además en darlo también, ya sabes dar y recibir.
- No soy tan estúpida, llevo catorce años casada, algo hacemos con tu hermano, no al nivel tuyo, veo que tengo bastante que aprender.
- Tienes lo más importante.
- ¿Qué? ¿Lo grande y poderoso? – Se burlaba Hermione.
- ¡Si! – reía Ginny de verla más despreocupada – pero en realidad me refería al amor.
- ¡Lo decía yo! Quince minutos hablando contigo de sexo y ya me estás pervirtiendo.
- Eso es bueno, pervertirse un poco.
- ¿Y los valores morales?
- ¿Acaso no estás enamorada de Ron?
- ¡Cómo el primer día!
- Entonces la perversión no existe.
- Eso me da una idea, para reavivar la llama.
- ¡Lo sabía! Tú eres la bruja más inteligente que conozco, sabía que se te iba a ocurrir algún plan rápidamente.
Luego de charlar un rato más y agradecerle todos sus consejos, se despidió, practicó su poder de trasformarse sin poción multijugos y bueno, el resto fue maravilloso.
La música de inicio del sistema operativo la sacó de los pensamientos, definitivamente la charla con Ginny fue lo mejor que le paso.
¡No! Lo mejor que le pasó fue la consecuencia y sonrió recordando el fin de semana extraordinario que había pasado pervirtiéndose con su marido hasta el cansancio.
