Capitulo 3

Un nuevo Ron y definitivamente una nueva Hermione se habían despertado. Y literalmente era así.

Ron despertó cuando sintió que algo se movía debajo de sus sábanas y realmente abrió los ojos cuando notó que ese algo tomaba posesión de su erección matutina.

Levantó la tela y vio a Hermione, lamiendo, besando y tomando posesión dentro de su boca a su amiguito.

Se dejó estimular un rato, era una sensación fantástica, Hermione lo había hecho pocas veces, pero como él creía que no le agradaba y no se lo pedía. Pero ahora podía ver que su mujer disfrutaba lo que hacía.

Tiró de ella hacia arriba.

- Nunca dijiste que te levantabas así a la mañana.

- Es que corro al baño a darme una ducha y me… - Y cayó – Lo siento – se disculpó avergonzado al notar que Hermione había comprendido la incompleta infidencia.

- Yo lo siento, siento todas esas duchas innecesarias. Ya no más – Y tomó la erección del pelirrojo y se dejó penetrar.

- ¡Cuidado! – Intentó detenerla Ron, esa postura le iba a doler pero para su asombro Hermione estaba totalmente lubricada y dejó salir un gemido cuando sintió que entraba totalmente dentro de ella.

- No hay nada más estimulante que complacerte – le decía ella moviéndose sobre él.

- Hermione, yo…- Pero no podía razonar en ese momento, se sentía en el séptimo cielo, se aferró a la cadera de ella moviéndola enérgicamente, podía escuchar los jadeos cada vez más profundos de su mujer confundiéndose con los suyos.

- Te amo – Le decía ella al llegar ambos al orgasmo plegándose sobre él. Ron acariciaba su espalda dulcemente, movió su cadera lentamente y ella se quejó

- ¿Estás bien? – La miró preocupado.

- Si – Decía ella intentando sonreír, pero se la notaba un poco adolorida.

-No tienes que hacer esto – Giró saliendo de ella y levantándose.

- ¿Qué?

- Lastimarte, para satisfacerme.

- No es así, es normal, y ya me acostumbraré a la fricción, además me encanta, ahora, si a ti yo no te gusto – Hermine comenzó a llorar.

- ¿No gustarme? ¡No gustarme! ¡Me fascinas! ¡Me encantas! ¡Me alucinas! – Le decía abrazándola – Pero no a costa de…

- ¡A costa de nada! Yo estoy tan satisfecha o más que tú – ella se ruborizaba pero siguió hablando – Hemos perdido mucho tiempo por miedos e inseguridades, por falta de confianza y… de experiencia de mi parte.

- Yo no soy un amante experimentado tampoco - Acotaba Ron.

- Podrías serlo – Bromeó la castaña aún cayéndole algunas lágrimas.

- Sólo contigo.

- Más te vale. – Ella tomó el rostro de él entre sus manos – Pero ya no más, no más miedos – y lo llenaba de besos – Me enloquece cuando me llenas, no hay sensación más plena que sentirte dentro de mi completamente.

Ron correspondía los besos absorbiendo las pocas gotas saladas que aún había en su rostro.

- No llores más, desde ahora reiremos. ¿Si? – Y la miró con sus chispeantes ojos azules.

- Si – contestaba ella.

- Bueno, voy a ducharme – Se levantó y al llegar a la puerta del baño escuchó la sexy voz de Hermione que le preguntaba.

- ¿Quieres compañía o tal vez necesitas alguien que te lave esa hermosa espalda que tienes?

- Ambos – Contestó, y al instante ella apareció a su lado completamente desnuda.

- ¿Me devolverías el favor y enjabonarías la mía?

- Y más – respondía él mordiéndole el hombro.

- ¡Ron! – gritó ella.

- Voy a comerte – le decía dándole pequeños mordiscos en el cuello.

- ¡Ron! – Ahora jadeaba Hermione - ¡Auch! – le gritó cuando el ejerció más presión en la mordida.

- Lo siento – decía el poniendo un inocente rostro. Hermione se miró al espejo el cuello

- ¡Agradece que estamos en invierno y puedo usar una camisa de cuello alto, sino te mataría – le decía ella al corroborar que la mordida comenzaba a amoratarse.

- Te dije que lo sien…- Pero ahora los labios de Hermione se posaban en el cuello y también mordían - ¡Auch! – gritó él, ella le guiñó un ojo al tiempo que giraba a abrir la ducha.

- ¡Mi amor! ¡Yo no puedo hacer uso de la moda! ¡Debo ir en traje!

- ¡Oh! Siento que la mala suerte esté de tu lado – le decía verificando el agua aún sin voltear – la verdad es una lásti…- Entonces sintió un mordisco en su trasero - ¡Ron! – gritó dando un brinco.

- Pienso dejarte toda marcada en venganza – Le decía al tiempo de morder su espalda, hombros, la volteó y mordió su pecho, su abdomen – Toda – decía mordiendo sus muslos Hermione daba pequeños y sensuales grititos que lo enloquecían.

- Toda no vas a poder – le decía – pero yo sí - Y sin más lo levantó, mordió sus hombros, su pecho, su abdomen, y luego tomó su miembro

- No te atrevas – la amenazaba.

- Despacito – le decía acercándose más.

- No te… - Un gemido salió de su boca cuando ella aprisionó su virilidad entre los labios y lo mordía suavemente, ella se entretuvo un rato jugando con la erección de su marido y luego siguió su camino por los masculinos muslos, las piernas, giró y mordió también sus glúteos terminando en su espalda.

- te lo dije – le decía mordiendo su oreja – Yo puedo morderte todo, pero tú no.

- ¿Quieres apostar? – Reía él aún componiéndose de la sensual caricia que había recibido y sin más la tomó entre sus brazos y la sentó en el mármol del lavado.

- ¡Que…! - pero Ron levantó sus piernas y bajaba a su sexo, acercando su rostro y sin más dio un suave mordisco en sus labios vaginales, Hermione tembló y un ahogado suspiro salió de su boca, él pasó luego su lengua y ella comenzó a jadear.

- ¿Decías? – preguntaba él levantándose y besando su abdomen y pechos.

- Ganaste – le decía ella casi sin poder respirar.

- No, ganamos – Contestó él - ¿Dónde estuviste todo este tiempo?

- Perdida en mis innecesarias preocupaciones, alejándome de ti, pero no más.

- No más – repetía él penetrándola lentamente. Hermione jadeaba abrazándolo y acercándose más a él, que correspondía el abrazo aferrándola fuertemente sin dejar de moverse en forma rítmica. El vapor los envolvía y los cuerpos estaban sudorosos, ella se divertía lamiendo el cuello marcado por donde caían pequeñas gotas de agua y sudor.

- Si Ron si, así – gemía ella. Ron se separó un poco para poder observarla, Hermione tenía los ojos cerrados y cuando notó que él se separaba los abrió

- Te amo – le decía él.

- Yo también mi amor – Y ambos llegaron al paraíso.

De repente un llanto los hizo separar abruptamente

- ¡Hugo! – Dijeron al unísono, Hermione tomó su bata y poniéndosela salió, Ron iba a seguirla pero ella lo detuvo.

- Duchate, yo puedo llegar un poco tarde pero tu no. – Ron asintió quedándose en el baño.

Al salir de la ducha se acercó al cuarto de Hugo y visualizó la más hermosa estampa que jamás había visto en su vida.

Hermione, sentada en la mecedora con Hugo entre sus brazos acariciándolo y cantándole una canción de cuna para calmarlo. Cuando ella reparó en él le dijo por lo bajo

- Una pesadilla – él asintió le tiró un beso y fue a terminar de cambiarse.

Mientras se iba al colegio solo pasaba una cosa por su mente.

Era un hombre nuevo.

Los días sucedieron así, seduciéndose mutuamente y llevándose a los máximos placeres que hubieran experimentado jamás.

Las duchas no habían cesado, pero ahora las hacía acompañado por ella y eran maravillosas.

Cierta mañana estaba sentado en su escritorio leyendo unos papeles, mientras los alumnos resolvían unos problemas y alguien golpeó a la puerta.

- Adelante – Dijo y apareció Hermione. Unos silbidos se escucharon. – Respeto que es la señora Weasley.- Dijo poniéndose de pie.

- Perdón profesor – Dijo un alumno pero uno más osado llegó a decir

- Muy buen gusto, profesor. – Y ante la mirada de él sólo aclaró – Señor, profesor.

- Buen día – Saludó Hermione sonriente.

- Que sorpresa – se acercó él dándole un beso apenas rozando sus labios y un murmullo llenó la clase. – Basta – dijo él mirando a los alumnos.

- Vine a almorzar contigo. ¿Te espero en la cafetería?

- Bien. Aún queda media hora de clase.- Declaró mirando su reloj.

- No hay problema. Adiós chicos.

- Adiós – Saludaron todos a coro.

Ron regresó a su escritorio.

Hermione salió, pero, si bien había ido allí con la idea de sorprender a su marido, no era con el almuerzo precisamente y agradeció que las condiciones fueran favorables.

El escritorio de Ron era de los antiguos, con cajones al frente y totalmente cubierto en su parte trasera, con lo cual se apareció en el centro del mismo, no pudiendo ser vista por los alumnos y justo en medio de las piernas de él.

Ron aún estaba impactado con la grata sorpresa de Hermione, la verdad que cada vez era más la urgencia de tenerla cerca y estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no notó que alguien lo tocaba hasta que rozaron sus partes privadas.

Entonces miró hacia abajo y la vio a ella, maliciosamente sonriente, bajando su cierre e inmediatamente notó lo que iba a hacer.

Comenzó a temblar, eso no era propio, no era correcto, no era…

¡Maldición! La boca de ella era deliciosa. ¡Al carajo lo propio o correcto! Además ella era su esposa y eso era algo totalmente natural, no la situación, pero si lo que ella estaba haciendo con su amiguito.

Tosió y tomó un libro y lo levantó aparentando leer y la miró suplicante pero ella sonrió aún más dándole a entender que llegaría al final.

- Profesor.

- No – Llegó a decir por lo bajo. –"No ahora" – Pensó pero sacó fuerzas y llegó a articular un - ¿Sí? – un poco más agudo de lo común, carraspeó y repitió - ¿Sí?

- El tercer ejercicio, no lo entiendo. – definitivamente no iba a levantarse a explicarlo pero luego otro alumno levantó la mano.

- Yo tampoco.

– "Maldita sea" -Creyó que iba a dar la respuesta, entonces una idea surgió, increíble que aún su cerebro continuara pensando porque él estaba pensando con otra cabeza en ese momento.

- Pónganse en grupos, corran los bancos e intenten resolverlo juntos y al final los corregimos. – Por suerte la solución era doble, ya que los chicos estaban haciendo un ruido fuerte al mover los pupitres y él aprovechó a levantar nuevamente el libro y mirar a Hermione – Por favor - le decía cerrando los ojos. Ella ejercía más presión y aceleró el movimiento – No soporto más – llegó a jadear y no pudo evitar temblar ante el orgasmo, pero mordió sus labios y ahogó el gemido y sus convulsiones aferrándose más al libro.

Pensó que ya todo había terminado pero el ver a Hermione saboreando el resultado de su habilidosa tarea y relamerse al hacerlo lo enervó de nuevo.

- ¿Otra vez? – Llegó a leerle los labios.

- No – gritó, sin darse cuenta que los alumnos ya estaban resolviendo los problemas.

- ¿No que profesor?– preguntó uno

- Nada, recordé algo – salió airoso, para cuando subió otra vez el libro y miró hacia abajo ella ya había desaparecido. Bajó el libro y se pasó las manos por los cabellos varias veces, esperó unos minutos para calmarse y luego verificó que estuviera en orden para levantarse.

Terminó con la clase y se dirigió volando a la cafetería; allí, por supuesto lo esperaba ella, estaba bebiendo un café.

- Señora – Le dijo sentándose al lado.

-¿Te gustó la sorpresa? – preguntó ella sonriente.

- Me encantó. ¿Y a ti? – Ella se mordió los labios, era la primera vez que saboreaba la esencia de Ron, la verdad que no había sido la mejor experiencia de su vida pero tampoco tan horripilante como se había imaginado así que decidió responder.

- Eres tan dulce que debí ponerle cuatro terrones de azúcar al café para igualarte, si se entera mi madre, me mata.

- Tú madre te mataría si se entera lo que acabas de hacer.

- Si, poner cuatro terrones de azúcar al café. – Dijo burlona Hermione pero sabiendo bien a lo que se refería Ron.

- Hola señora Weasley - Se les acercó uno de los otros profesores.

- Buen día saludo ella.

- ¿Dándole una sorpresa a su marido?

- Por supuesto que sí – respondió ella, el hombre se marchó y luego ambos se miraron y se rieron.

Por la noche Ron la retribuyó por la grata sorpresa de la mañana y le avisó que la venganza sería aún peor.

Habían pasado un par de días, Hermione entraba a su oficina luego de una junta y pensaba terminar una demanda que debía presentar al día siguiente; culminó de redactarla y cuando se dispuso a imprimirla notó que la primer hoja salió con poca tinta, verificó el estado de los cartuchos y pudo ver que ya estaban vacíos, llamó a Margaret pero luego recordó que la había enviado a realizar una diligencia entonces se dirigió al depósito.

El lugar era enorme, allí había una fotocopiadora y luego varios estantes de metal con resmas de hojas y diferentes papelería que utilizaba la firma, además de todos los accesorios para las diferentes máquinas.

Encendió la primera luz que iluminaba la fotocopiadora, las otras dos que hacían lo propio con los estantes, estaban aparentemente rotas.

Mal dijo por dentro, cerró la puerta, se acercó a los estantes, sacó su varita, a la cual ella tampoco había renunciado, y dijo

- Lumus – El haz de luz iluminó los estantes y comenzó a buscar el cartucho compatible con su impresora.

De repente alguien entró y exclamó.

– Nox – apagando la mágica luz, quedando en la completa penumbra, era una persona del sector contable que comenzó a sacar fotocopias. Pronto sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad, cuando de repente sintió que alguien la tomaba por la cintura y luego cubría su boca para que no pudiera gritar.

Intentó liberarse pero su opresor era demasiado fuerte, más no dejó de forcejear para escapar, temiendo las intenciones de su atacante y comenzó a darle golpes y patadas, las cuales fueron, no sin dolor soportadas por el hombre.

Cuando él la viró para que lo viera al rostro pudo reconocer a Ron que la miraba con ganas de matarla ya que uno de los golpes dio certero en las partes privadas.

De inmediato se calmó y él sacó la mano de su boca, pero no la soltó de la cintura, sin embargo la subió sobre él, demostrando que estaba recuperado del golpe y la aplastó contra la primera pared que tenía cerca.

El muchacho sintió el golpe, miró hacia atrás

-¿Hay alguien? – preguntó, pero por supuesto, nadie contestó, intentó encender las luces pero al estas no hacerlo se levantó de hombros, concluyó su tarea y se marchó.

Ron continuaba con su labor, había corrido la ropa intima de Hermione y bajándose apenas el pantalón la penetró, haciendo que ella largara un intenso gemido.

- Aquí nadie nos verá. – Dijo ella dándole a entender que el lugar era poco visitado.

- Hoy sí – respondió Ron y nuevamente la puerta se abrió, era otro contable y nuevamente comenzó a fotocopiar, Hermione debió ahogar un gemido ya que Ron no dejaba de embestirla.

Él parecía disfrutar del momento, pero ella miraba al ejecutivo esperando no la escuchara. Se mordía los labios para ahogar sus jadeos, no pudiendo hacerlo del todo, pero por suerte la máquina era un poco ruidosa, con lo cual tapaba un poco sus suspiros, pero intentaba manejarlo.

Entonces Ron la sostuvo sólo con un brazo y con el otro comenzó a abrir su camisa.

- No – Llegó a decir y nuevamente el hombre que fotocopiaba giró; esta vez ni siquiera preguntó, simplemente se alzó de hombros, culminó su tarea y se marchó.

En ese momento Hermione soltó un profundo gemido ya que Ron le estaba lamiendo sus senos y eso la enloquecía.

Pero nuevamente debió callar al entrar otra persona. Le parecieron eternos los minutos que tardó en irse y cuando este lo hizo exclamó

- ¡Maldición! ¿Qué sucede hoy? ¿Todo el mundo necesita sacar fotocopias?

- Parece que alguien les hizo pensar en sacar fotocopias de un importante reporte. – Declaraba Ron lamiendo su cuello, cosa que ahora sabía la sacaba de quicio. – Y no maldigas, está muy mal hacerlo – Bromeaba.

- ¡Ronald Weasley! – Lo retó ella - ¿Utilizaste un imperio en los ejecutivos contables de la firma?

-¿Yo? – Y la miró con una cara de fingida inocencia.

- Te voy a denunciar al ministerio. – Le decía jadeando – vas a ir a Askaban.

- ¿Y te quedarías sin esto? – Y la embistió nuevamente. Ella gimió más fuerte.

- Pero lo que has hecho es ilegal.

- Lo que hiciste tú también. Fíjate que nos descubriera alguno de mis alumnos.

- Pero fue excitante.

- Esto también ¿O no?

- Si – Suspiraba. De repente otra persona abrió la puerta.

- ¿Hermione? – Llamó Margaret. Ahora sí ella se congeló y Ron no pudo evitar largar una risita pero ella le tapó la boca, mirándolo suplicante - ¿Hermione? – Repitió la muchacha pero ella ya no la escuchaba, observaba los azules ojos que brillaban más que nunca debido a la excitación y ella no pudo evitar llegar a un orgasmo más que pleno al mirarlo directo a ellos, sin poder evitar lanzar un sonoro y largo gemido de placer. Para su suerte la muchacha ya había cerrado la puerta tras ella al notar que su jefa no estaba.

- Te mataré – Le decía una vez que su respiración se calmó cuando Ron comenzó a bajarla de esa posición.

- Eso espero – respondió Ron esperando que la amenaza fuera total y absolutamente sexual y no literal como parecía.

- No has llegado a tu clímax.

- Es más difícil en esta posición, necesito más tiempo, ahora si quieres.- Declaró intentando alzarla nuevamente.

- ¡Si! ¡No! Ve a casa, nos vemos allí. – Él la bajó al piso totalmente y ambos se acomodaron las ropas.

- ¿Te gustó mi sorpresa? – La besaba en los labios.

- Me encantó – respondía ella entre sus labios. Iba a marcharse cuando Ron la llamó, viró y él le arrojó una pequeña caja.

- Toma – le dijo – es lo que estabas buscando y desapareció.

Cuando ella observó la caja notó que era un cartucho de tinta para su impresora. Sonrió y se dirigió a su oficina.

- Hermione – la llamó su asistente – aquí tienes lo que me pediste.

- gracias Margaret. – Tomó el expediente.

- ¿Encontraste el cartucho? Podrías haberme esperado y yo hubiese ido por él.

- No, está bien, no te preocupes. ¿Cómo supiste que buscaba un cartucho para la impresora?

- Porque dejaste la tapa de la impresora abierta. Pero… - la chica dudó –no estabas en el depósito, yo fui a buscarte.

- Pasé por contaduría, tenía que ver a una de las chicas – Mintió, colocando el cartucho en la impresora, la cual continuó con la operación de imprimir al bajar la tapa. – Mira, debo irme, por favor vigila que esto esté concluido y luego cierras mi oficina.

- Si, hasta mañana.

- Hasta mañana - y se marchó, esperó el ascensor pero se desapareció a su casa apenas este ponerse en movimiento.

Margaret confirmó que el escrito se completara y notó que Hermione se había olvidado su cartera, llamó a seguridad de la planta baja.

- Hola Eric, soy Margaret de jurídico.

- Hola ¿Cómo estás? – Le preguntó el chico.

- Bien. ¿Y tú?

- Genial.

- Mira, la señora Weasley está bajando por el ascensor cuatro, por favor dile que olvidó su cartera.

- Espera que se lo digo ya mismo – replicó el muchacho notando que el ascensor se abría, pero para su sorpresa no había nadie dentro – Margaret ¿Será otro ascensor? Porqué en el cuatro no hay nadie.

- No, estoy segura – decía la chica. – Descuida, me habré confundido.

Hermione ya se abalanzaba sobre su esposo, cuando su celular sonó, refunfuñando por haberse olvidado de apagarlo lo contesto.

- Hola.

- Hola Hermione, es Margaret.

- Hola Margaret ¿Todo en orden?

- Si, es que olvidaste tu cartera y… - la chica hizo una pausa – cuando llamé a seguridad ya no estabas en el ascensor. – Hermione se levantó de la cama de un salto y Ron se asustó.

- Es que… es que volví a contables para concluir el tema anterior y luego bajé por las escaleras y salí por el estacionamiento – Mintió tomándose la cabeza por el error.

- Perdón por la intromisión, es que me preocupé si tenías dinero para viajar.

- Gracias Margaret, tengo algo de cambio en mi chaqueta, eres una asistente de lujo. – Le decía.- ¿Algo más?

- No, buenas noches.

- Igual tú – Contestó Hermione y colgó apagando luego el celular.

Margaret se levantó de hombros, no era la primera vez que notaba cosas raras, pero Hermione era una jefa excelente y muy buena así que, no pensó más en el asunto y cerró la oficina con llave, para luego dirigirse a su escritorio.

- ¿Qué pasó? – Le preguntó Ron y le comentó todo.

- Estamos saliendo de control – decía ella sentándose en la cama.

- ¿Por qué?

- Tú utilizando imperios, yo desapareciéndome y poniéndome en peligro de ser descubierta. Recuerda que el trato fue no utilizar la magia salvo extrema necesidad.

- Pero no fue para algo malo.

- No, pero se empieza de esa manera.

- Prometo intentar no utilizar la magia al menos que sea extremadamente necesario.

- ¿Por qué no prometes no usarla? – Hermione sonó un poco molesta.

- Porque sería una promesa imposible de cumplir. Yo soy mago. – Contestaba Ron también enseriándose – Puedo haber decidido ser profesor y me gusta, pero soy mago y nunca dejaré de serlo. No hacer magia sería ir en contra de mi propia naturaleza. Ya bastante… - Y cayó, no quería lastimar a Hermione, no con un tema que había quedado en el pasado hacía mucho tiempo.

- Con integrarte al mundo muggle y abandonar el mágico. – Completó la frase Hermione.

- No es eso. – Él se levantó y la abrazó – Nunca me arrepentí ni me arrepentiré de estos años, lo más importante para mi es estar contigo y punto. Además me gusta mucho lo que hago, y más ahora. ¿Podemos olvidar esta conversación? ¿Por favor? – Suplicó mirándola con una sonrisa y sus ojos brillantes.

- Perdón – Le dijo ella correspondiendo el abrazo. Se besaron y Ron la acarició.

- ¿En qué estábamos antes de la fastidiosa llamada? – preguntó besando el cuello de Hermione. Ella lo empujó haciendo que cayera sobre la cama.

- En esto – Contestó arrojándosele encima.